Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

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Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

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EXPEDICION

DE CATALANES Y ARAGONESES

AL ORIENTE

por

D. FRANCISCO DE MONCADA

BIBLIOTECA MILITAR ECONOMICA

EXPEDICION

DE CATALANES Y ARAGONESES

AL ORIENTE

BIBLIOTECA MILITAR ECONOMICA

COLECCIÓN

DE LOS

MEJORES AUTORES MILITARES

ANTIGUOS Y MODERNOS, NACIONALES Y EXTRANJEROS

Y DE ALGUNOS OTROS DE

CIENCIA E HISTORIA MILITAR.

PUBLICADA

Bajo los auspicios

DEL EXCMO. SR. TENIENTE GENERAL

D. Eduardo Fernández de San Roman
Marqués de San Roman

Director.

D. Emilio Valverde Y Alvarez

Cuarta seccion.

OBRAS DE HISTORIA MILITAR

Expedicion de Catalanes y Aragoneses, contra Turcos Y Griegos.

POR D. FRANCISCO DE MONCADA

EDICION DE 1777.

A DON JUAN DE MONCADA.

ARZOBISPO DE TARRAGONA

Por obedecer á V.S. Ilustrísima he puesto en órden esta breve Historia,
que la soledad de una aldea me la puso entre las manos con el deseo
natural de conservar memorias casi muertas de la patria, que merecen
eterna duracion. Recogí lo que pude de papeles antiguos de Cataluña, y
ayudado de sus escritores y de los Griegos he procurado sacar esta
EXPEDICION que los nuestros hicieron á Levante, libre de dos terribles
contrarios, descuido de los naturales y propios hijos, y malicia de los
extranjeros, enemigos de nuestro nombre y gloria, que parece que andaban
á porfia cual de ellos seria el autor de su muerte. Halléme desocupado;
y así reconocí por obligacion el salir á su defensa; si esta ha sido
bastante no lo puedo asegurar, porque las armas, que son las antiguas
memorias y autores, con que me opuse, andan tan confusos y faltos, que
apenas me dieron el socorro necesario. Pero ya que no se entera, ni como
ella fué descrita á la posteridad, quedará por lo menos renovada con mas
larga relacion de la que los antiguos Catalanes nos dejaron; cuyo
descuido nació de parecerles que los hechos tan esclarecidos la fama los
conservara con mayor estimacion que la Historia, y que el tiempo no las
pudiera oscurecer.

Guárdeme Dios á V.S. Ilustrísima muy largos años.

Barcelona 3 de Noviembre de MDCXX.

EL CONDE DE OSONA

AL LECTOR

Si no tuviéramos tan repetidas pruebas del descuido, con que antes de
ahora se han mirado los mas preciosos monumentos de nuestros mejores
Escritores, pudiera serla la presente obra, á quien ni la dignidad de su
Autor, ni la grandeza del asunto, ni la elegancia del estilo pudieron
eximir de la fatal suerte que otras de no inferior mérito han
experimentado. Lo cierto es que desde el año de MDCXXIII en que salió á
luz, no ha vuelto á imprimirse; y así por su rareza solo era conocida de
algunos curiosos con no poco menoscabo de la gloria inmortal que por su
esfuerzo invencible supieron adquirirse los Catalanes y Aragoneses en su
famosa Expedicion contra Turcos y Griegos. Hazañas tan memorables
merecían una pluma delicada que las escribiese segun correspondia. Tal
era la de DON FRANCISCO DE MONCADA, no menos célebre por la espada, que
por la pluma; y digno de ser tan conocido, como merece la grandeza de su
ingenio y de su alto nacimiento. Y así nos parece muy debido no omitir
en este lugar las curiosas noticias, que de su vida y escritos nos dejó
recogidas DON VICENTE JIMENO en los Escritores del Reino de Valencia (t.
i. p. 326 y 327.) obra trabajada con mucha puntualidad, erudicion y
juicio. ¡Ojala tuviéramos otras iguales á esta de los demás Reinos de
España!. Dice pues:

DON FRANCISCO DE MONCADA, tercero Marqués de Aytona, Conde de Osona,
Señor de las Baronias de Oz, Aljafarin, Callosa, Tarbena, y otras:
segundo Julio César en la valentía de la Espada y rasgo de la pluma;
nació en la ciudad de Valencia, siendo su abuelo Don Francisco, primer
Marqués de Aytona, Virrey de este Reino; y fué bautizado en la Iglesia
Parroquial de San Esteban Protomartyr en la pila de San Vicente Ferrer,
Lunes á 29 de Diciembre del año 1586. Fueron sus padres Don Gaston de
Moncada, segundo Marqués de Aytona, Virrey de Cerdeña y Aragon,
Embajador en la Córte de Roma; y Doña Catalina de Moncada, Baronesa de
Callosa. Desde sus tiernos años se habia dedicado D. FRANCISCO al
estudio de las letras, y de las lenguas Latina y Griega. Casón con Doña
Margarita de Castro y Alagón, Baronesa de Laguna, y Vizcondesa de Isla;
y tuvieron por hijo y sucesor á Don Guillén Ramon de Moncada, á quien D.
Nicolás Antonio llama, no Oton como dice Rodríguez sino Gaston, (lo
corrige después en el mismo tomo, llamándole Guillén Ramon) el cual fué
Virrey de Galicia, Gobernador de la Corona en la menor edad de Cárlos II
y Escritor como Don Francisco su Padre-.

Fué D. FRANCISCO Consejero de Estado y Guerra, Embajador Real en la
Córte de Alemania, cerca del emperador Ferdinando II. Mayordomo Mayor de
Doña Isabel Clara Eugenia, Infanta de España, Señora propietaria de los
Estados de Flandes, y despues de la muerte de esta Princesa Gobernador
de los mismos Estados por el Rey Felipe IV, y Generalísimo de sus Armas,
mientras no fué á gobernarlas el Cardenal Infante Don Fernando, hermano
del Rey. Los elogios que se mereció con sus valerosas hazañas y
acreditado gobierno fueron tantos, que apenas hay historiador que le
mencione, que no prorrumpa en alabanzas suyas. Murió de enfermedad; pero
coronado de laureles y en brazos de la fama, en el campo de Goch de la
Provincia de Cleves en el año 1635, después de haber derrotado dos
ejércitos enemigos, á los 49 años de edad. Las obras que escribió son
estas.

Expedicion de Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos. En
Barcelona por Lorenzo Deu 1623 en 4.º La publicó siendo Conde de Osona,
que era el Título del Mayorazgo de su Casa.

Vida de Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio. Se imprimió despues de
la muerte del Autor en Francfort por Gaspar Rotelio 1642 en 16.

Genealogía de la Casa de los Moncadas. La insertó Pedro de Marca, Autor
Francés, grave y noticioso en su Historia de Bearne, impresa en París el
año 1640 como atestigua el Maestro Fray Joseph Gomez de Porres,
Carmelita. El mismo Conde la envió á Pedro de Marca el cual imprimió
tambien dos Cartas latinas que el Conde le habia escrito. Esta
Genealogía, en la cual habla de los Condes de Bearne, son las Notas MSS
que le atribuye D. Nicolás.

Antigüedad del Santuario de Monserrate. Acuerdan esta obra Gomez y
Rodriguez.

Hasta aquí JIMENO. A cuyas noticias, si no temiéramos alargar demasiado
esta prefacion, pudiéramos añadir otras y varios elogios de nuestro
Autor, que pueden verse en la Biblioteca Valentina del citado M. Fray
Joseph Rodriguez; sin embargo no podemos dejar de admirar, que ni estos
dos eruditos, ni Nicolás Antonio, que en su Biblioteca Española apenas
deja de dar á cada obra y Autor el merecido elogio no le hiciesen de las
del nuestro con la debida puntualidad; acaso porque no lograrian
leerlas, por ser tan raras. La que ahora vuelve á salir á luz, merece
con razon el elogio que le dá el Marqués de Mondéjar en la carta á la
Duquesa de Averio, en que hace juicio de los más principales
Historiadores de España, impresa por Don Gregorio Mayans al fin de las
Advertencias de Mondéjar á Mariana, §. XIX. P. 114 llamándola cultísimo
libro. A la verdad yo no hallo ninguno, que en su género le haga
ventaja; aunque entre en su número el de la Guerra de Granada de D.
DIEGO DE MENDOZA; porque si se consideran las prendas que deben adornar
una historia, en ambas se hallan en sumo grado; si la elegancia y pureza
de estilo, en que algunos dan el primer lugar á MENDOZA entre los
Escritores Españoles, no es inferior en esto MONCADA; antes bien me
parece el de este mas dulce y sin mezcla de afectacion alguna. De suerte
que el primero parece haberse propuesto imitar á Salustio y Tacito; y
así unas veces ama la oscuridad, y otras deja dislocadas y sin sentido
las clausulas; sino es que esto sea mas bien vicio de los Codices que
del Autor; pero MONCADA imitando á Julio César en la pluma, como lo
habia hecho con la espada, es tan puro y elegante como él; porque
nuestra lengua como hija de la Latina es capaz de admitir todos sus
primores; y no le es inferior en la ciencia militar, y en los consejos
políticos que á menudo mezcla con oportunidad.

En el Prólogo al Lector, que preceda á la primera edicion, advierte el
impresor, que por ausencia del Autor se habian cometido algunos
defectos, que solo su presencia podia haber remediado; en esta se ha
procurado enmendarlos en lo posible, sin faltar á la exactitud y
circunspecion, con que debe procederse en los trabajos ajenos.

LIBRO PRIMERO.

PROEMIO.

Mi intento es escribir la memorable Expedicion y Jornada, que los
Catalanes y Aragoneses hicieron á las Provincias de Levante, cuando su
fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y
estimacion, llamados por Andronico Paleologo Emperador de Griegos, en
socorro y defensa de su imperio y casa. Favorecidos y estimados en tanto
que las armas de los Turcos le tuvieron casi oprimido, y temió su
perdicion y ruina; pero despues que por el esfuerzo de los nuestros
quedó libre de ellas, mal tratados y perseguidos con gran crueldad y
fiereza bárbara; de que nació la obligacion natural de mirar por su
defensa y conservacion, y la causa de volver sus fuerzas invencibles
contra los mismos Griegos, y su Príncipe Andronico; las cuales fueron
tan formidables, que causaron temor y asombro á los mayores Príncipes de
Asia y Europa, perdicion y total ruina á muchas naciones y Provincias, y
admiracion á todo el mundo. Obra será esta, aunque pequeña por el
descuido de los antiguos, largos en hazañas, cortos en escribirlas,
llena de varios y estraños casos, de guerras continuas en regiones
remotas y apartadas con varios Pueblos y gentes belicosas, de
sangrientas batallas y victorias no esperadas, de peligrosas conquistas
acabadas con dichoso fin por tan pocos y divididos Catalanes y
Aragoneses, que al principio fueron burla de aquellas Naciones, y
despues instrumento de los grandes castigos que Dios hizo en ellas.
Vencidos los Turcos en el primer aumento de su grandeza Othomana,
desposeidos de grandes y ricas Provincias de la Asia menor, y á viva
fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en lo mas áspero y
desierto de los montes de Armenia. Después vueltas las armas contra los
Griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de una afrentosa muerte, y
vengar agravios que no se pudieran disimular sin gran mengua de su
estimacion y afrenta de su nombre. Ganados por fuerza muchos Pueblos y
Ciudades, desbaratados y rotos poderosos ejércitos, vencidos y muertos
en campo Reyes y Príncipes, grandes Provincias destruidas y desiertas,
muertos, cautivos, ó desterrados sus moradores; venganzas merecidas mas
que licitas. Thracia, Macedonia, Tesalia, y Beocia penetradas y pisada á
pesar de todos los Príncipes y fuerzas del Oriente, y últimamente muerto
á sus manos el Duque de Athenas con toda la nobleza de sus vasallos, y
de los socorros de Franceses y Griegos ocupado su estado, y en él
fundado un nuevo señorío. En todos estos sucesos no faltaron traiciones,
crueldades, robos, violencias, y sediciones, pestilencia comun, no solo
de un ejército colecticio y débil por el corto poder de la suprema
cabeza, pero de grandes y poderosas Monarquias. Si como vencieron los
Catalanes á sus enemigos, vencieran su ambicion y codicia, no excediendo
los límites de lo justo, y se conservarán unidos, dilataran sus armas
hasta los últimos fines del Oriente, y viera Palestina y Jerusalen,
segunda vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina militar,
su constancia en las adversidades, sufrimiento en los trabajos,
seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, y otras virtudes
militares las tuvieron en sumo grado, en tanto que la ira no las
pervirtió. Pero el mismo poder que Dios les entregó para castigar y
oprimir tantas naciones, quiso que fuese el instrumento de su propio
castigo. Con la soberbia de los buenos sucesos, desvanecidos con su
prosperidad, llegaron á dividirse en la competencia del gobierno;
divididos á matarse, con que se encendió una guerra civil, tan terrible
y cruel, que causó sin comparacion mayores daños y muertes, que las que
tuvieron con los extraños.

CAPITULO I.

Estado de los Reinos y Reyes de la casa de Aragon por este tiempo.

Antes de dar principio á nuestra historia, importa para su entera
noticia decir el estado en que se hallaban las provincias y Reyes de
Aragon, sus ejércitos y armadas, sus amigos y enemigos; principios
necesarios para conocer donde se funda la principal causa de esta
expedicion. El Rey Don Pedro de Aragon, á quien la grandeza de sus
hechos dió renombre de Grande, hijo de Don Jaime el Conquistador fué
casado con Gostanza hija de Manfredo Rey de Sicilia, á quien Cárlos de
Anjou con ayuda del Pontífice Romano, enemigo de la sangre de Federico
Emperador, quitó el Reino y la vida. Quedo Cárlos con su muerte Príncipe
y Rey de las dos Sicilias, y más después que el infeliz Coradino, último
Príncipe de la casa de Suevia, roto y deshecho, vino preso á sus manos,
y por su órden y sentencia, se le cortó la cabeza en público cadahalso,
para eterna memoria de una vil venganza, y ejemplo grande de la variedad
humana. Don Pedro Rey de Aragon no se hallaba entónces con fuerzas para
poder tomar satisfacion de la muerte de Manfredo y Coradino, ni después
de ser Rey le dieron lugar las guerras civiles, porque los Moros de
Valencia andaban levantados, y los Barones y Ricos hombres d Cataluña
estaban desavenidos y mal contentos; y tambien porque mostrándose
enemigo declarado de Cárlos, provocaba contra sí las armas de Francia, y
las de la Iglesia, formidables por lo que tienen de divinas; los Reinos
de Sicilia y Nápoles lejos de los suyos, sus armas ocupadas en
defenderse de los enemigos mas vecinos. Todas estas dificultades
detenian el ofendido ánimo del Rey, pero no de manera, que borrasen la
memoria del agravio. En unas vistas que tuvo con el Rey de Francia
Filipe su cuñado, entrevino Cárlos hijo del Rey de Nápoles, y deseando
el Rey de Francia que fuesen amigos y se hablasen, siempre Don Pedro se
escusó, y mostró en el semblante el pesar y el disgusto que tenia en el
corazon, de que todos quedaron mal satisfechos y desabridos, y sin duda
entónces Cárlos se previniera y armara, si creyera que las fuerzas del
Rey de Aragon fueran iguales á su ánimo y pensamiento. Pero el cielo se
las dió bastantes para tomar entera y justa satisfacion de la sangre
inocente de Coradino por medios tan ocultos, que no se supieron hasta
que la misma ejecucion los publicó.

Los míseros Sicilianos incitados de la insolencia Francesa, desenfrenada
en su afrenta y deshonor, tomaron las armas, y con aquel famoso hecho
que comunmente llaman Vísperas Sicilianas, sacudieron de la cerviz
pública el insufrible yugo de los Franceses, y de Cárlos, que
injustamente los opremia, dejándoles al arbitrio y sujecion de ministros
injustos; causa que las mas veces produce mudanzas en los estados, y
casos miserables en sus Príncipes. Acudió luego Cárlos con poderoso
ejército á castigar el atrevimiento y rebeldía de los súbditos. Ellos
viendo cerrada la puerta á toda piedad y clemencia, pusieron la
esperanza de su remedio y amparo en Don Pedro Rey de Aragon, que en esta
sazon se hallaba en Africa, como verdadero Príncipe Christiano, con
ejército victoriso y triunfante de muchos Jeques y Reyes de Berbería,
asistidos de la mayor parte de la nobleza y soldados de sus Reinos.
Llegaron ante su presencia los Embajadores de Sicilia, llenos de
lagrimas, luto y sentimiento; bastantes con esta triste demostracion á
mover no solo el ánimo de un Rey ofendido por particular agravio, pero
el de cualquier otro que como hombre sintiera. Acordaronle la muerte
desdichada de Manfredo, y la afrentosa de Coradino, facilitaronle la
venganza con ayuda de los pueblos de Sicilia, tan aficionados á su
nombre y enemigos del de Francia. Ultimamente le propusieron el estado
peligroso de su libertad, vidas y haciendas, si no les amparaba su
valor; por que ya Cárlos estaba sobre Mecina, y amenazaba el rigor de su
castigo un lastimoso fin á todo el Reino. Movido de estas razones y de
las que su venganza le ofrecia, acudió antes que su fama á Trapana con
todo su poder, y fué con tanta presteza sobre su enemigo, que apenas
supo Cárlos que venia, cuando vió sus armas, y se halló forzado á
levantar el sitio y retirarse afrentosamente á Calabria.

Con este hecho el Pontifice como amigo, y el Rey de Francia como deudo,
descubiertamente se mostraron favorecedores de Cárlos, y enemigos de Don
Pedro, y tomaron contra él las armas. El Rey de Castilla que por el
deudo y amistad debiera ayudarle, se salió á fuera, y se inclinó á
seguir el mayor poder. Don Jaime Rey de Mallorca, su hermano, tambien le
desamparó, dando ayuda y paso por sus estados á sus contrarios, aunque
se escusó con las débiles fuerzas de su Reino, desiguales á la defensa y
oposicion de tan poderoso enemigo; disculpa con que muchas veces los
Príncipes pequeños, encubren lo mal hecho, atribuyendo á la necesidad lo
que es ambicion. Don Pedro con esto se halló sin amigos, solo acompañado
de su valor, fortuna, y razon de satisfacer el ultraje y afrenta de su
casa. Al tiempo que le juzgaron todos por perdido, venció á sus enemigos
varias veces, reforzados de nuevas ligas y socorros, todo los deshizo y
humilló en mar, en tierra. Mantuvo el nombre de Aragon en gran
reputacion y fama, y fué el primer Rey de España, que puso sus banderas
vencedoras en los Reinos de Italia, sobre cuyo fundamento hoy se mira
levantada su Monarquía. Hechado Cárlos de Sicilia, intentó con mayor
poder reducirla á su obediencia, y en esta hubo grandes y notables
acontecimientos; pero siempre la casa de Aragon, se aseguró en el Reino
con victorias, no solo contra el poder de Cárlos, pero de todos los
mayores Príncipes de Europa que le ayudaban.

Murieron ambos Reyes competidores en la mayor furia y rigor de la
guerra, y por derecho de sucesion heredó á Cárlos Rey de Nápoles, su
hijo primogénito del mismo nombre, que en este tiempo se hallaba preso
en Cataluña. A Don Pedro Rey de Aragon sucedieron sus dos hijos, Alfonso
mayor en los Reinos de España, Jaime en el de Sicilia. Prosiguiose la
guerra hasta la muerte de Alfonso, que por morir sin hijos fué Don Jaime
llamado á la sucesion, y hubo de venir á estos Reinos, dejando en
Sicilia á Don Fadrique su hermano, para que la gobernase y defendiese en
su nombre. Después de su vuelta á España Don Jaime, recuperadas algunas
fuerzas de sus Reinos, renunció el de Sicilia á la Iglesia, temiendo que
las armas Castellanas, Francesas y Eclesiásticas á un mismo tiempo no le
acometiesen, y persuadido de su madre Gostanza, que como mujer de
singular santidad, quiso más que su hijo perdiese el Reino, que alargar
más tiempo el reconciliarse con la Iglesia. Enviaronse á Sicilia para
poner en efecto la renunciacion Embajadores de parte de Don Jaime y de
Gostanza, y entregar el Reino á los Legados del Pontífice Romano. Pero
la gente de guerra y los naturales indignados de la facilidad, con que
su Rey renunciaba lo que con tanto trabajo y sangre se habia adquirido y
sustentado, y les entregaba tan sin piedad á sus enemigos, de quien
forzosamente habian de temer servidumbre y muerte; pareciéndoles á los
Sicilianos cierto el peligro, y á los Catalanes y Aragoneses mengua de
reputacion, que lo que no pudieron las armas de sus contrarios alcanzar
en tantos años, se alcanzase por una resolucion de un Rey mal
aconsejado, volvieron á tomar las armas, y oponiéndose á los Legados,
persuadieron á Don Fadrique como verdadero sucesor del padre y del
hermano, que se llamase Rey, y tomase á su cargo la defensa comun.

Fué facil de persuadir un Príncipe de ánimo levantado, en lo mas florido
de su juventud, y que por otro medio no podia dejar ser vasallo y sujeto
á las leyes del hermano: ocasion bastante, cuando no fuera ayudada de
tanta razon, á precipitar los pocos años de Don Fadrique. Llamose Rey, y
como á tal le admitieron y coronaron. Prevínose para la guerra cruel que
le amenazaba, asistido de buenos soldados, y del Pueblo fiel y pronto á
su conservacion, teniéndole por segundo libertador de la Patria. Opusose
luego á Cárlos su mayor y mas vecino enemigo, al Papa que amparaba y
defendia su causa, y al Rey Don Jaime, que de hermano se le declaró
enemigo, cuyas fuerzas juntas le acometieron y vencieron en batalla
naval, con que la guerra se tuvo por acabada, y Don Fadrique por
perdido. Pero la oculta disposicion de la providencia Divina, que
algunas veces fuera de las comunes esperanzas muda los sucesos para que
conozcamos que sola ella gobierna y rige, Don Fadrique se mantuvo en su
Reino, con universal contento de los buenos, asombro y terror de sus
enemigos, y gloria de su nombre.

Deshizose poco después la liga, por apartarse de ella Don Jaime Rey de
Aragon, con gran sentimiento y quejas de sus aliados, porque sin las
fuerzas de Aragon parecia cosa fatal y casi imposible vencer un rey de
su misma casa, y la experiencia lo mostró, pues apartado Don Jaime de la
liga, siempre los enemigos de Don Fadrique fueron perdiendo, y él
acreditándose con victorias, hasta forzarles á tratar de paces
quedándose con el Reino; cosa que de solo pensarla se ofendian.
Concluyéronse después de algunas contradicciones, y se establecieron con
mayor firmeza con el casamiento, que luego se hizo de Leonor hija de
Cárlos con Don Fadrique, con que el Reino quedó libre y sin recelo de
volver á la servidumbre antigua, y el Rey pacífico señor del estado que
defendió con tanto valor. El Rey Don Jaime su hermano sustentaba sus
Reinos de Aragon, Cataluña, y Valencia con suma paz y reputacion, amado
de los súbditos, temido de los infieles, poderoso en la mar, servido de
famosos capitanes, aguardando ocasion de engrandecer su corona á
imitacion d sus pasados. El Rey de Mallorca Príncipe el menor de la casa
de Aragon gozaba pacíficamente el señorío de Mompeller, Condados de
Rocellon, Cerdaña, y Conflent, difíciles de conservar, por esta
divididos, y tener vecinos mas poderosos, entre quien siempre fueron
fluctuando sus pequeños Reyes; pero por este tiempo vivia con
reputacion, y con igual fortuna que los otros Reyes de su casa.

CAPITULO II.

Eleccion de General.

Tenian los Reinos de Aragon, Mallorca y Sicilia el estado que habemos
referido, cuando los soldados viejos, y Capitanes de opinion, que
sirvieron al gran Rey Don Pedro, á Don Jaime su hijo, y últimamente á
Don Fadrique en esta guerra de Sicilia, juzgándola ya por acabada,
hechas las paces mas seguras por el nuevo casamiento de Leonor con
Fadrique, vínculo de mayor amistad entre los poderosos, en tanto que el
interés y la ambicion no le disuelven y deshacen, deshecho causa de mas
viva enemistad y odios implacables, pareciéndoles que no se podia
esperar por entónces ocasion de rompimiento y guerra, trataron de
emprender otra nueva contra infieles y enemigos del nombre cristiano en
Provincias remotas y apartadas. Porque era tanto el esfuerzo y valor de
aquella milicia, y tanto el deseo de alcanzar nuevas glorias y triunfos,
que tenian á Sicilia por un estrecho campo para dilatar engrandecer su
fama; y así, determinaron de buscar ocasiones arduas, trances
peligrosos, para que esta fuese mayor y mas ilustre.

Ayudaban á poner en ejecucion tan grandes pensamientos dos motivos,
fundados en razón de su conservacion. El primero fué la poca seguridad
que habia de volver á España su patria, y vivir con reputacion ella, por
haber seguido las partes de Don Fadrique con tanta obstinacion contra
Don Jaime su Rey y señor natural; que auque Don Jaime no era Príncipe de
ánimo vengativo, y se tenía por cierto, que pues en la furia de la
guerra contra su hermano no consintió que se diesen por traidores los
que le siguieron, menos quisiera castigar á sangre fria lo que pudo, y
no quiso en el tiempo que actualmente le estaban ofendiendo, siguiendo
las banderas de su hermano contra las suyas. Pero la Majestad ofendida
del Príncipe natural, aunque remita el castigo, queda siempre viva en el
ánimo la memoria de la ofensa; y aunque no fuera bastante para hacerles
agravios, por lo menos impidiera el no servirse de ellos en los cargos
supremos: cosa indigna de lo que merecían sus servicios, nobleza y
cargos administrados en paz y guerra. El segundo motivo, y el que mas le
obligó á salir de Sicilia, fué ver al Rey imposibilitado de poderles
sustentar con la largueza que antes, por estar la hacienda Real y Reino
destruidos por una guerra de veinte años, y ellos acostumbrados á gastar
con exceso la hacienda ajena como la propia cuando les faltaban despojos
de pueblos y ciudades vencidas. Como entre ambas cosas cesaron hechas
las paces, y fenecida la guerra, juzgaron por cosa imposible reducirse á
vivir con moderacion.

El Rey Don Fadrique, y su padre y hermano, con su asistencia en la
guerra, y como testigos de las hazañas, industria y valor de los
súbditos, pocas veces se engañaron en repartir las mercedes; porque
dieron más crédito á sus ojos, que á sus oidos, y siempre el premio á
los servicios, y no al favor. Con esto faltaban en sus Reinos quejosos y
mal contentos, pero no pudieron dar á todos los que le sirvieron estados
y haciendas, con que algunos quedaron con menos comodidad que sus
servicios merecian. Pero como vieron que los Reyes dieron con suma
liberalidad y grandeza lo que lícitamente pudieron á los mas señalados
Capitanes, atribuyeron solo á su desdicha, y á la virtud, y valor
incomparable de los que fueron preferidos, el hallarse inferiores.

Estas fueron las causas que movían los ánimos en comun para tratar de
engrandecer en nuevas empresas y conquistas. Los más principales
Capitanes que animaban y alentaban á los demás, fueron cuatro, debajo de
cuyas banderas, sirvieron Roger de Flor Vicealmirante de Sicilia,
Berenguer de Entenza, Ferran Jimenez de Arenós, ambos ricos hombres, y
Berenguer de Rocafort; todos conocidos y estimados por soldados de
grande opinion. Comunicaron sus pensamientos entre sus valedores y
amigos, y hallándoles con buena disposicion y ánimo de seguirles en
cualquier jornada, se resolvieron de emprender la que pareciese más útil
y honrosa. Para la conclusion de este trato se juntaron en secreto, y
antes de discutir sobre su expedicion, quisieron darle cabeza; porque
sin ella fuera inútil cualquier consejo y determinacion, faltando quien
puede y debe mandar. Con acuerdo comun de los que para esto se juntaron,
fué nombrado por General Roger de Flor Vicealmirante, poderoso en la
mar, valiente y estimado soldado, práctico y bien afortunado marinero,
persona que en riquezas y dinero excedia á todos los demas Capitanes;
causa principal de ser preferido.

CAPITULO III.

Quien fué Roger de Flor.

Nació Roger de Flor, á quien los nuestros eligieron pro General y
suprema cabeza, en Brindiz de padres nobles, su padre fué Alemán,
llamado Ricardo de Flor, cazador del Emperador Federico su madre
Italiana, y natural del mismo lugar. Murió Ricardo en la batalla que
Cárlos de Anjou tuvo con Coradino, cuyas partes seguia, por ser nieto de
Federico su Príncipe y señor. Cárlos insolente con la victoria, después
de haber cortado la cabeza á Coradino, confiscó las haciendas de todos
los que tomaron las armas en su ayuda. Con esta pérdida quedó Roger y su
madre con suma pobreza, y con la misma se crió hasta la edad de quince
años, que un caballero Francés, religioso del Temple, llamado Yassaill,
se le aficionó con ocasion de asistir en Brindiz, con el Alcon nave del
Temple, cuyo Capitan era. Navegó juntamente con él Roger algunos años, y
ganó tan buena opinion en el ejercicio que profesaba, que la Religion le
recibió por suyo, dándole el hábito de fray sargento, en aquel tiempo
casi igual al de caballero. Con el Roger comenzó á ser conocido y temido
en todo el mar de Levante, al tiempo que Prolemayde, dicha por otro
nombre Acre, se rendió á las armas de Melech Taseraf Sultan de Egipto,
Roger, como refiere Pachimerio, era uno de los asistian en un Convento
del Temple; y viendo que la ciudad no se podia defender, recogió muchos
Cristianos en un navío, con la hacienda que pudieron escapar de la
crueldad y furia de los Bárbaros.

No le faltaron á Roger enemigos de su misma Religion, que envidiosos de
sus buenos sucesos, le descompusieron con su Maestre, haciéndole cargo
que se habia aprovechado por caminos no debidos á su profesion, y
defraudado los derechos comunes, y alzádose con todos los despojos de
sacó de Acre; que como ya esta célebre y famosa Religion se hallaba en
su última vejez, y cerca de su fin, sus partes se habian enflaquecido
con los vicios de la mucha edad y tiempo. La envidia, la avaricia, y
ambicion habian ocupado sus ánimos en lugar del antiguo valor, y de la
mucha conformidad, y piedad Cristian, que los hizo tan estimados y
venerados en todas las Provincias.

Quiso el Maestre con esta primera acusacion prenderle, pero Roger tuvo
alguna noticia de estos intentos, y conociendo la codicia de su cabeza,
y ruindad de sus hermanos, no le pareció aguardar en Marsella, donde á
la sazon se hallaba, sino retirarse á lugar más seguro, y dar tiempo á
que la falsa y siniestra acusacion se desvaneciese. Retiroso á Génova,
donde ayudado de sus amigos, y particularmente de Ticin de Oria, armó
una galera, y con ella fué á Nápoles, y ofreciese al servicio de Roberto
Duque de Calabria, á tiempo que se prevenia y armaba para la guerra
contra Don Fadrique. Hizo Roberto poco caso de su ofrecimiento, y del
ánimo con que se le ofrecía, juzgándole por tan corto como el socorro.
Obligó á Roger este desprecio á que se fuese á servir á Don Fadrique su
enemigo, de quien fué admitido con muchas muestras de amor y
agradecimiento: efectos no solo de su ánimo generoso, y condicion
apacible para con los soldados, pero de la fuerza de la necesidad de la
guerra; porque no fuere cordura desechar al que voluntariamente ofrece
su servicio en tiempos tan apretados, como en los que corren riesgo la
vida y libertad, y cuando se apartan los mayores amigos, y obligados. El
que llega á ser amigo en los peligros y cuando el Príncipe es acometido
de armas mas poderosas, sin obligacion de naturaleza y fidelidad de
súbdito, debe ser admitido y honrado, aunque le traiga su propio
interés, ó algun desprecio, ó agravio del contrario, que cuanto más
ofendido, más util y seguro será su servicio.

Fuese luego encendiendo la guerra entre Roberto y Fadrique, y Roger
acreditose en ella con importantes servicios, socorriendo diversas veces
plazas apretadas del enemigo, y con la pequeña armada, que llevaba á su
cargo, impidiendo la libre navegacion de los mares y costas de Nápoles,
con que llegó á ser Vicealmirante, y en menos de tres años hizo cosas
tan señaladas, que fué una de las mas principales causas de conservar á
su Príncipe en Sicilia, alcanzando juntamente para sí nombre inmortal, y
riquezas mas que de vasallo. En este estado se hallaba Roger cuando le
tomaron los Catalanes y Aragoneses por General en la empresa que
intentaban.

CAPITULO IV.

Determinan los capitales su jornada, y suplican al Rey les favorezca.

Los Capitanes trataron con el nuevo General cual sería la más
conveniente y provechosa empresa, y resolvieron de comun parecer de
ofrecerse al Emperador de los Griegos Andronico Paleólogo casi oprimido
de las armas de los turcos; porque á mas de que Andronico se tenía por
cierto que buscaba socorros de naciones extranjeras, dudoso de la
fidelidad de los suyos, era Príncipe que tenía poca correspondencia con
el Papa, á quien Roger temia por haber maltratado en tiempo de guerra
las Provincias de la Iglesia, y siempre vivía con recelos de que el Papa
pidiese á Don Fadrique su persona como de Religioso Templario, para
vengarse de él entregándole á su Maestre y Religion. Y aunque no se
podia esperar de la grandeza de Don Fadrique hecho tan feo, pero como
los Reyes alguna veces no miden sus intereses con lo que deben á su
estimacion y fama, olvidan con facilidad los servicios por otras mayores
conveniencias. Y pudiera ser que rehusando Don Fadrique el entregar á
Roger, fuera ocasion de rompimiento y guerra; y así no quiso Roger poner
á Don Fadrique en nuevos cuidados, ni su libertad en peligro si se
quedára en Sicilia. Pachimerio dice que el Papa se le pidió á Don
Fadrique, y que juzgando no ser justo entregar á quien tambien le habia
servido, ofreció entonces de escribir y rogar al Emperador Andronico le
trajese á su servicio; porque de esta manera saldria honrado de sus
tierras, y el Papa no podria quejarse de que él amparaba los fugitivos
de las Religiones. Pero en este caso me parece dar más crédito á
Montaner; porque al principio de este capítulo escribe Pachimerio, que
si en esta relacion se apartáre de la verdad, no tendrá la culpa el
escritor, sino la fama de quien él lo supo, y como la que corria entre
los Griegos de nuestras cosas, era siempre falsa, no se le debe de dar
crédito en lo que difiere de Montaner, y facilmente en este caso les
podemos conciliar; porque solo difieren, en que Pachimerio dá por
constante que el Papa pidió la persona de Roger á Don Fadrique, y
Montaner dice que se temió el caso, pero no que sucedió; y así no fué
mucho que la fama de tan lejos añadiese lo demás.

Después de haber resuelto todos la jornada, y platicado por algunos dias
los medios más convenientes para su ejecucion, dieron cargo á Roger que
hablase á Don Fadrique, y le descubriese sus intentos, y le suplicase de
parte de todos que los favoreciese, porque no fuera justo que se trátara
públicamente, sin haber precedido su consentimiento y gusto. Roger vino
á Mesina, donde el Rey estaba, poco después de concluido su casamiento
con Leonor hija de Cárlos; y acabadas las fiestas y regocijos de las
bodas, hablando en secreto con el Rey, le dijo, como los Catalanes y
Aragoneses se querian salir de Sicilia, y pasar á Levante, no tanto por
el beneficio comun de todos ellos, como por la quietud y provecho que le
resultaría si le dejaban un Reino tan trabajado por las guerras pasadas
libre de carga tan molesta y pesada, como eran ellos en tiempos de paz:
que sus personas las tendria siempre á su devocion, y que cuando
importase, le vendrían á servir de los últimos fines de la tierra; pero
que por entónces le suplicaban facilitase su jornada, y les ayudase con
su autoridad y fuerzas; paga bien merecida á sus servicios.

Respondió el Rey, que advirtiesen que la resolucion que habian tomado de
salir de Sicilia aunque le estaba bien para su conservacion, no para su
fama, porque muchos podrian entender que su salida era trazada por su
órden, para quedar libre de sus obligaciones; y que eran de tal calidad
las que él reconocia, que por este medio no se podia librar de ellas sin
conocida nota de ingrato. Pero si la esperanza de mayores
acrecentamientos les llamaba á nuevas empresas, y estaban resueltos, que
él les asistiria y ayudaria con sus fuerzas, con que ellos fuesen
testigos y publicasen la verdad del hecho, y que primero aventurará el
Reino y la vida, que faltara á la obligacion de tan señalados servicios;
pero que la estrecheza del tiempo por los excesivos gastos de la guerra,
no daba lugar á que el premio igualase á su deseo. Digna respuesta de
Príncipe tan esclarecido, tanto más de estimar, cuando es más rara en
los Príncipes la virtud del agradecimiento, y satisfacer grandes
servicios cuando son tales que no se pueden pagar con ordinarias
mercedes. Roger estimó en nombre de todos tan señalado favor, y la honra
que les hacia, y fuese luego á dar razon á los Capitanes de lo que el
Rey habia respondido, y entendido por ellos, lo celebraron y
agradecieron con alabanzas.

Fué Don Fadrique uno de los más señalados Príncipes de aquella edad, por
la grandeza de su ánimo, y gloria de sus hechos, cuyo valor deshizo y
quebrantó las fuerzas unidas para su ruina de Italia, Francia, y España,
y el que á pesar de todos sus competidores quedó con el Reino de Sicilia
para sí, y su posteridad, en quien hoy felizmente se conserva. No pudo
suceder á Don Fadrique cosa que más le importarse para la seguridad y
quietud de su nuevo reinado, que librar á su pueblo de las
contribuciones y alojamientos de huéspedes tan molestos, como suelen ser
los soldados mal pagados. Después que las paces y parentesco desterraron
la guerra, por mantenerla daban los pueblos de Sicilia con mucha
liberalidad sus haciendas á los soldados, que los defendian y amparaban
contra Cárlos á quien temian; pero despues que con la paz se les quitó
este miedo, comenzaron á sentir la mala vecindad de los soldados, y á
desavenirse con ellos; disgustos que forzosamente habian de causar daños
gravísimos, si la nueva expedicion no les atajara.

CAPITULO V.

Embajada de los nuestros al Emperador Andronico, y su respuesta.

Roger y las demás cabezas principales del ejército resolvieron, que
luego se enviasen dos Embajadores al Emperador Andronico á proponerle su
servicio. Hiciéronse las instrucciones, asistiendo á ellas con otros
Capitanes Ramon Montaner, uno de los escritores de mayor crédito, que
intervino siempre en los consejos y ejecuciones más graves de esta
expedicion. Entregáronse á dos caballeros, cuyos nombres el tiempo y el
descuido dejaron envueltos en tinieblas, para que luego partiesen á
Constantinopla, y diesen su embajada de parte de toda la nacion.
Llegaron en breves dias con una galera reforzada de Roger. Sabida su
venida, y con alguna noticia de la Embajada que traian, fueron recibidos
de Andronico con agradecido semblante y muestras de mucho amor. Propuso
uno de los dos Embajadores, el más antiguo en años, su embajada: que los
Catalanes y Aragoneses después de hechas las paces entre Cárlos Rey de
Nápoles, y Don Fadrique Rey de Sicilia, á quien ellos servian,
determinaron no buscar reposo en su patria, sino acrecentar con nuevos
hechos la gloria militar y fama adquirida en las pasadas guerras: que
tenían para esto fuerzas bastantes en número y valor, soldados
ejercitados por una larga y peligrosa guerra, Capitanes conocidos por
sus victorias y nobleza de sangre; que en nombre de todos ellos le
ofrecían su ayuda contra los Turcos con doblado gusto y aficion, por
ocupar sus armas á favor de la casa de los Paleólogos, amigos únicos de
la de Aragon, cuando sus partes estaban muy caidas, y dilatar su
Imperio, destruyendo juntamente el de los enemigos del nombre Cristiano,
que con tanta audacia y orgullo le querian establecer en las Provincias
usurpadas al Imperio Griego.

Quedaron los Emperadores contentísimos con la no esperada embajada y
ofrecimiento de los Catalanes, á su parecer tan importante á sus
intereses, porque entendieron que aquellos mismos, que se les venían á
ofrecer, eran los que con tanto espanto y temor de toda Italia ganaron y
sustentaron el Reino de Sicilia. Agradeció con palabras magníficas el
gusto con que toda la nacion le ofrecía servir, y con el mismo les
recibió. Quiso que luego se platicasen las condiciones con que habian de
militar; y así los Embajadores pidieron conforme sus instrucciones el
sueldo para la gente de guerra, y que á Roger se le diese el título de
Megaduque, y por muger una de sus nietas, porque queria con tales
prendas asegurarse más en su servicio. Andronico sin alterar ni mudar
cosa de las que le pidieron, las concedió, sin reparar en la calidad y
estado de Roger desigual al de su nieta; pero toda esta desigualdad pudo
igualar la reputacion de la gente, que como General gobernaba, y verse
el Griego tan oprimido de las armas de los Turcos, y poco seguro de la
fidelidad de los suyos.

Vivía ciego y desterrado en una aldea Bitinia Juan Lascar, legitimo
sucesor del Imperio, y aunque inútil para ocuparle, viviendo él, era la
posesion de Andronico tiránica, y causa muy justificada para tomar las
armas los mal contentos del gobierno presente; y así lleno de temores y
recelos, le fué forzoso valerse de naciones extranjeras para la guerra y
defensa de su persona. Recibió en su servicio diez mil Massegatas, á
quien el vulgo llama Alanos, gente bárbara de costumbres, Cristianos en
la fé mas que en las obras. Tenian su morada de la otra parte del
Danubio, y reconocían por señores á los Scitas de Europa. Embiaron
primero al Emperador su embajada ofreciendo servirle. Nicephoro Gregoras
Autor Griego de aquellos tiempos refiere lo mucho que Andronico la
estimó con estas mismas palabras: Fuéle tan agradable al Emperador como
si viniera del cielo. Decia que todos los Griegos le eran sospechosos y
enemigos, y así continuamente procuraba amistades y ligas con los
extraños, que ojalá nunca lo hiciera. Tambien recibió en su ejército
muchas compañias de Turcoples que dejaron á Sultan Azan, y se
bautizaron. Todas estas ayudas las deseaba Andronico, y las estimaba
como grandes; y así la que los nuestros le ofrecían no se puede con
palabras encarecer la estimacion que hizo de ella, por ser de gente tan
aventajada á las demás que le servian, y tan temida en aquellos tiempos.
Remitió Andronico los dos Embajadores á Roger concertando el casamiento,
y le llevaron las insignias de Megaduque, que es lo mismo entre nosotros
General de la mar: dignidad grande de aquel Imperio, pero no de las
mayores.

CAPITULO VI.

Señala sueldo el Emperador á la gente de guerra, y hace muchas honras y
mercedes á su Capitanes.

Señaló Andronico las pagas segun la diferencia de las armas y ocupacion,
cuatro onzas de plata cada mes á los hombres de armas, á los caballos
lijeros dos, y lo mismo á los pilotos y gente de mandoneros una onza, y
que siempre que llegasen á la costa de alguna Provincia del Imperio, se
les diesen cuatro pagas, y cuando quisiesen volver á sus casas juntos, ó
divididos, se le librasen dos para el viaje. George Pachimerio Autor
Griego, cuyos fragmentos ilustran mucho esta relacion, aunque enemigo
grande de los Catalanes, dice, que las pagas de los Catalanes eran
doblado mayores que las de los Turcoples, y Massagetas: con que
claramente se muestra la estimacion que se hizo de la milicia Catalana y
Aragonesa, pues con tan excesiva diferencia la aventajaron á todos los
que servian en su Imperio. De las pagas, entretenimientos y ventajas que
ofreció á la nobleza y Capitanes, no señalan los Historiadores cosa con
particularidad, solo el oficio y dignidad de Megaduque de Roger, y el de
Senescal en Corberan de Alet. De donde sospecho que su gusto era el que
limitaba sus pagas y sueldo; porque segun adelante veremos, los
Generales pedian á su voluntad el dinero, con solo señalar la cantidad,
sin que para esto hubiesen de dar cuenta á los contadores, y ministros
de la hacienda de Andronico.

Los embajadores volvieron á Sicilia, y hallaron á Roger en Licata donde
aguardaba su vuelta, y sabido el buen despacho que traian se fué luego á
ver con el Rey, á darle razon del honroso acogimiento que Andronico hizo
á sus Embajadores y cuan largo andaba en ofrecerles mercedes. Publicóse
la jornada, y los Capitanes recogieron su gente en Mecina, donde la
armada se aprestaba, que en pocos dias estuvo en órden para navegar. Era
la armada de treinta y seis velas, y entre ellas habia diez y ocho
galeras, y cuatro naves gruesas, la mayor parte armadas con dinero del
Rey, y de Roger, que para la ejecucion de esta jornada gastó la hacienda
que adquirió en las guerras pasadas, y tomó veinte mil ducados de los
Genoveses en nombre del Emperador Andronico. Fué mucho ménos el número
de la gente de lo que se creyó; por que los dos Berengueres de Entenza,
y Rocafort no pudieron juntarse con Roger, ni seguirle, porque
difirieron su partida para el siguiente año. Berenguer de Entenza
esperaba nuevas compañias de gentes de Cataluña para acrecentar sus
fuerzas, y pasar con mayor reputacion. Berenguer de Rocafort se detenia
en unos Castillos de Calabria, y reusaba el entregarlos al Rey Cárlos de
Nápoles, hasta quedar enteramente satisfecho de lo que se le debia por
razon de su sueldo. Roger aunque le falta de estos dos Capitanes le
pudiera con justa causa detener, por ser una de las mas principales
partes de su ejercito, determinó partirse, y embarcó su gente el dia que
tenía aplazado. El Rey, á mas de los navíos y galeras que les dió para
su viaje, les mando proveer de vituallas y bastimentos, y el dinero que
pudo, un Príncipe que el reinar solo conoció las fatigas y peligros.

Este fué el premio que se dió á la milicia mas invencible y victoriosa
de aquella edad, y que sirvió por largos veinte años á tres Reyes,
Pedro, Jaime y Fadrique, alcanzando de sus enemigos cinco victorias
navales, tres en tierra, sin otros encuentros notables, y sin las
expugnaciones de fuertes y grandes pueblos, y otros defendidos con
loable obstinacion y valor increíble. Tal era la moderacion de aquellos
tiempos, bien diferente de lo que hoy tenemos, pues vemos soldados que
apenas han visto al enemigo, cuando ya juzgan por cortas las mayores
mercedes.

CAPITULO VII.

Parte de Sicilia la armada, y que gente y milicia fué la de los
Almugavares.

Embarcose toda la gente en el puerto de Mecina, y antes de salir del
Faro, se tomó muestra general, y se hallaron según Montaner, efectivos
1500 hombres de cabo para el servicio de la armada, sin los oficiales, y
cuatro mil infantes Almugavares. Nicéforo Gregoras, Autor poco fiel en
algunos de estos sucesos, dice, que Roger pasó solo mil hombres á
Grecia, pero George Pachimerio ya concuerda con Montaner, y afirma que
fueron ocho mil los que pasaron. Este, á mi parecer, es el verdadero
número; porque seis mil y quinientos soldados de paga, es cierto que
llegaron hasta el número de ocho mil con los criados y familia de los
Capitanes, y Ricos hombres. Y aunque estos dos Autores no concordarán,
la fé de Nicéforo fuera siempre dudosa; porque á Roger siendo Capitan de
solos mil hombres, no me puedo persuadir que Andronico le hiciera
Megaduque, y le casára con su nieta, sin haber precedido servicios. No
parecerá ageno del intento, pues toda nuestra infantería fué de
Almugavares, decir algo de su origen.

La antigüedad madre del olvido, por quien han perecido claros hechos y
memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido el origen
de los Almugavares; pero según lo que yo he podido averiguar, fué de
aquellas naciones bárbaras que destruyeron el Imperio y nombre de los
Romanos en España, y fundaron el suyo, que largo tiempo conservaron con
esplendor y gloria de grande majestad, hasta que los Sarracenos en menos
de dos años le oprimieron, y forzaron á las reliquias de este universal
incendio, que entre lo más áspero de los montes, buscase su defensa,
donde las fieras muertas por su mano les dieron comida y vestido. Pero
luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y delicias tenian
sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró, y les hizo dejar las
selvas y bosques, y convertir sus armas contra Moros, ocupadas antes en
dar muerte á fieras.

Con la larga constumbre de ir divagando, nunca edificaron casas, ni
fundaron posesiones en la campaña, y en las fronteras de enemigos tenian
su habitacion y el sustento de sus personas y familias: despojos de
Sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, sin otra
arte ni oficio mas que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban
las que sus Reyes hacian, con cabezas y caudillos particulares corrian
las fronteras, de donde vinieron á llamar los antiguos el ir á las
correrias, ir en almugaveria. Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos
de su gloria, ó afrenta, y como los Alemanes en todos tiempos lo han
usado, el vestido de pieles de fieras, abarcas, y antiparas de lo mismo.
Las armas una red de hierro en la cabeza á modo de casco, una espada, y
un chuzo algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de
arcabuceros, pero la mayor parte llevaban tres ó cuatro dardos
arrojadizos. Era tanta la presteza y violencia con que los despedian de
sus manos, que atravesaban hombres y caballos armados, cosa al parecer
dudosa si Desclot y Montaner no lo refirieran, autores graves de
nuestras historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden
igualar con los muy celebrados de Romanos y Griegos.

Cárlos Rey de Nápoles, puesto ante su presencia algunos prisioneros
Almugavares, admirando de la vileza del traje, y de las armas, al
parecer inútiles contra los cuerpos de hombres y caballos armados, dijo
con algun desprecio, que si eran aquellos los soldados con que el Rey de
Aragon piensa hacer la guerra. Replicóle uno de ellos, libre siempre el
ánimo para la defensa de su reputacion; Señor, sin tan viles te
parecemos, y estimas en tan poco nuestro poder, escoje un caballero de
los mas señalados de tu ejército, con las armas ofensivas y defensivas
que quisiere, que yo te ofrezco con sola mi espada y dardo de pelear en
campo con él. Cárlos con deseo de castigar la insolencia del Almugavar,
aplazó el desafío, y quiso asistir y ver la batalla. Salió un Francés
con su caballo armado de todas piezas, lanza, espada, y dardo. Apenas
entraron en la estacada cuando le mató el caballo, y queriendo hacer lo
mismo de su dueño, la voz del Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por
libre.

Otro Almugavar en esta misma guerra, á la lengua del agua, acometido de
veinte hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros
muchos hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra
historia, el tratar de otra largamente. La duda que se ofrece solo es
del nombre, si fué de nacion, ó de milicia en sus principios. Tengo por
cosa cierta que fué de nacion, y para asegurarme mas en esta opinion,
tengo á George Pachimerio autor Griego, cuyos fragmentos dan mucha luz á
toda esta historia, que llama á los Almugavares descendientes de los
Avares, compañeros de los Hunos, y Godos, y aunque no se hallará autor
que opuestamente lo contradiga, por muchas leyes de las partidas se
colige claramente, que el nombre de Almugavar era nombre de milicia, y
el ser esto verdad no contradice lo primero, porque entre ambas cosas
puede haber sido.

En su principio, como Pachimerio dice, fué de nacion, pero después como
no ejercitaban los Almugavares otra arte ni oficio, vinieron ellos á dar
nombre á todos los que servian en aquel modo de milicia, así como muchas
artes y ciencias tomaron el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho
que hubiese quien se agregase á los Almugavares, milicia de tanta fatiga
y peligro, sin ser de su nacion, porque la inclinacion natural les hacia
seguir la profesion de los padres; ni hay hombre que pudiendo escoger
siguiese milicia, que desde la primera edad se ocupase con tanto riesgo
de la vida, descomodidad, y continuo trabajo. Nicephoro Gregoras dice,
que Almugavar es nombre que dan á toda su infantería los Latinos; así
llaman los Griegos á todas las naciones que tienen á su Poniente, pero
no hay para que contradecir con razones falsedad tan manifiesta, y más
contra un autor tan poco advertido en nuestras cosas como Nicephoro.

Salió la armada de Mecina, y con próspera navegacion llegó á Malvacia
puerto de la Morea, donde fueron bien recibidos y ayudados con algun
refresco por órden del Emperador. Antes de salir llegaron cartas suyas
en que mandaba á Roger que apresurase la navegacion. Partió alegre la
gente con el refresco, y en pocos dias la armada arribó á
Constantinopla, por el mes de Enero indicion segunda, segun Pachimerio,
con universal regocijo de la ciudad viendo las armas que les habian de
amparar, y defender. Andronico, y Miguel Emperadores, y toda la nobleza
Griega, con mucho amor y muestras de sumo agradecimiento les recibieron,
y honraron. Mandó luego Andronico desembarcar toda la gente, y que
alojase dentro de la Ciudad en el barrio que llamaban de Blanquernas, y
el siguiente dia se repartieron cuatro pagas como estaba concertado.

CAPITULO VIII.

Roger Se casa. Pelean Catalanes y Genoveses dentro de Constantinopla.

Parecióle al Emperador Andronico que convenia á su seguridad y crédito,
dar á entender que los ofrecimientos hechos á los nuestros se habian de
cumplir con mucha puntualidad, y para que esto se mostrase luego con las
obras, dió principio por lo que parecia mas difícil, que fué el
casamiento de Roger con su sobrina María, con que todos quedaron
satisfechos, juzgando por ciertas las demás mercedes como inferiores y
más fáciles de cumplir. Hiciéronse las bodas con la solemnidad de
personas Reales; porque el valor de Roger pudo igualar la nobleza de la
mujer. Era María hija de Azan Príncipe de los Búlgaros, y de Trene
hermana de Andronico, de quince años de edad, hermosa y por extremo
entendida. Entre el mayor placer y gusto por la boda, sucedió un
alboroto y pendencia entre Catalanes y Genoveses, que casi fué batalla
muy sangrienta, nacida como muchas veces acontece de pequeña causa, y
aunque Pachimerio dice, que fué sobre la cobranza de los veinte mil
ducados que prestaron á Roger en Sicilia, y que por sosegarlos ofreció
el Emperador de pagarlos, pero la más cierta ocasion de la pendencia
fué, que un Almugavar discurriendo por la ciudad dió ocasion á dos
Genoveses, viéndole solo, que se burlasen con mucha risa de su traje, y
figura; pero el ánimo militar del Almugavar mal sufrido en los donaires
y motes cortesanos, mas osado de manos que de lengua, les acometió con
la espada, y travó la pendencia. Acudieron de una y otra parte valedores
y amigos, estando ya los ánimos prevenidos y alterados como sospechosos,
y con esto las fuerzas de entre ambas naciones se encontraron para su
total ruina y perdicion. Los Genoveses sacaron su bandera ó guion, y
acometieron los cuarteles de los Almugavares repartidos en el barrio de
Blanquernas. Nuestra caballería reconociendo el peligro de sus
Almugavares, dividida en tropas, cerró con la gente Genovesa mal
ordenada. Con esto se dió lugar á que los Almugavares saliesen de sus
alojamientos, y se juntasen para tomar satisfacion de quien tan
injustamente los maltrataba. Peleose de una y otra parte con
obstinacion, hasta que los Genoveses, muerto su Capitan Roseo del Final,
se fueron retirando con notable pérdida y daño.

Andronico de las ventanas de su Palacio atento y con gusto miraba la
pendencia cuando los Genoveses levemente fueron mal tratados, y algunos
muertos, y con palabras mostró su ánimo mal afecto contra ellos; pero
cuando vió que los Almugavares con su acostumbrado rigor iban degollando
cuanto se les ponia delante, temió que todos los Genoveses de
Constantinopla no muriesen aquel dia; cosa peligrosa para su
conservacion, porque dependia de ellos la paz de su Imperio. Tiénese por
cierto que Andronico quisiera sacudirse el yugo de Genoveses si pudiera
con seguridad, pero era difícil por tener ellos el poder dividido para
que se pudiera oprimir á un tiempo, y si consintiera que los de
Constantinopla perecieran, fuera irritar las otras fuerzas que quedaban
enteras; y así con ruegos y promesas pidió á los Capitanes que
recogiesen y retirasen los suyos, y George Pachimerio refiere, que mandó
Andronico á Estéban Marzala gran Drungario y Almirante, que fuese á
quietar el tumulto, y apaciguar las partes, y que fúe muerto y
despedazado. Finalmente la presencia y autoridad de Roger, y de los
otros Capitanes pudo tanto, que obedecieron todos, y con mucho peligro
les retiraron, porque habian sacado sus banderas con ánimo de acometer á
Pera, y saquearla, juntando á su venganza su codicia.

Era esta poblacion de Genoveses, dividida por un estrecho cerco del mar
de la Ciudad de Constantinopla, llamado de los antiguos Cuerno de
Bisancio, y hoy de los Turcos y Griegos Galata. Retirados y sosegados
los nuestros, les mandó el Emperador en agradecimiento de su puntual
obediencia librar una paga. Quedaron muertos de los Genoveses en la
Ciudad cerca de tres mil, y aunque lo peor llevaron ellos entónces, fué
causa de mayores daños en lo venidero para los nuestros, porque con esto
quedó irritada una nacion émula y poderosa, que importaba su amistad
para conservar nuestras armas en aquel Imperio; porque en estos tiempos
era grande y temido su poder en todo el Oriente, arbitros de la paz y la
guerra. Tenian ilustres Colonias y Presidios en Grecia, en Ponto, en
Palestina, armadas poderosas, poseian muchas riquezas adquiridas con su
industria y valor, y absolutamente eran dueños del trato universal de
Europa, con que mantenian fuerzas iguales á las de los mayores Reyes, y
Repúblicas. Con esto llegaron á ser casi dueños del Imperio Griego. En
este tiempo cuando los Catalanes llegaron á Constantinopla, y
reconociendo las fuerzas que traian, les pareció á los Genoveses
peligrosa la vecindad de sus armas; y así siempre se mantuvo entre estas
dos naciones aborrecimiento y enemistad implacable que duró muchas
edades, hasta que el valor de entre ambos se fué perdiendo, juntamente
con el Imperio del mar, y cesó la emulacion por cuya causa muchas veces
con varia fortuna se combatió.

CAPITULO IX.

Pasa la armada á la Natolia, y hecha la gente en el cabo de Artacio.

Con el peligro de la pendencia entre Catalanes y Genoveses, advirtió
Andronico los que pudieran suceder, por tener dentro de la Ciudad
diferentes y varias naciones armadas, y ofendidas, que con ménos ocasion
que la vez pasada vinieran sin duda á rompimiento. Llamó á nuestros
Capitanes, y les explicó brevemente el fusto que tendría de ver sus
armas en el Asia, amparando su miserables y Cristianos pueblos,
oprimidos de los Turcos, y quitada la ocasion de nuevas pendencia y
desórdenes. Roger con sus Capitanes ofreció que embarcaría su gente
luego. Pero para que su partida fuese con más gusto, y el ejército
quedase satisfecho, y seguro de tener en la armada ciertos los socorros
y retiradas, le suplicaron nombrase por General de ella algun Caballero,
ó Capitan que fuese de su nacion, para que dependiesen de ellos,
temiendo que Andronico diese este cargo á Griegos ó Genoveses; y fuera
cosa peligrosa para su seguridad tener el socorro en poder de gente
extraña, con quien siempre hay emulacion y competencias; ocasion de
graves pendencias y daños, y más en los socorros de mar, tan sujetos á
las mudanzas del tiempo, que puede la ruindad y malicia de un General
retardar el socorro, y hallar razon que disculpe y apruebe lo mal hecho,
atribuyendo al tiempo y á peligros imaginados su tardanza. Andronico
cumplidamente satisfizo á la demanda, dando el cargo de General de la
armada con título de Almirante á Fernando de Aones Caballero de conocida
sangre, y gallardo por su persona, y juntamente quiso que se casase con
una parienta suya, para que el nuevo parentesco diese más autoridad á su
cargo. El título de Almirante en aquel Imperio no era tan supremo como
lo fué entre nosotros, por que estaba sujeto al Megaduque, y de él
recibia las órdenes. Mando el Emperador, que un insigne Capitan de
Romeos que se llamaba Marulli, hombre de sangre y estado, fuese
siguiendo las banderas de Roger con su gente, y Gregorio con la mayor
parte de los Alanos hiciese lo mismo. Embarcose el ejército en los
navíos y galeras de su armada, y atravesando el mar de Propontide, dicho
hoy de Marmora, tomaron tierra en el cabo de Artacio, poco mas de cien
millas lejos de Constantinopla, lugar acomodado para la desembarcacion
de la caballería. A este cabo llama Montaner Artaqui, y los antiguos
Artacio, no lejos de las ruinas de la famosa ciudad de Cizico.

Llegó Roger con la armada, y supo que los Turcos aquel mismo dia habian
querido ganar una muralla, ó defensa de media milla de largo, puesta en
la parte que el cabo se continua con la tierra firme, y que dejaron el
combate, mas por la fortaleza del sitio, que por el valor de los que la
defendían. Estiéndese este cabo, desde esta defensa, ó muralla algunas
leguas dentro del mar, y en él hay muchas poblaciones, y abundantes
valles, fértiles colinas. Era en los tiempos antiguos Isla, pero después
se vino á cerrar con las arenas.

Con el aviso cierto que Roger tuvo, de que los Turcos habian acometido
el reparo y defensa del cabo, y que no podian estar muy lejos, dióse
prisa á desembarcar la gente, y envió luego á reconocer el campo de los
enemigos, y dentro de pocas horas se supo como estaban alojados seis
millas lejos entre dos arroyos, con sus mugeres, hijos y haciendas. En
aquel tiempo los Turcos, no olvidados aún de las costumbres de los
Scitas, de quíen se precian suceder, vivian la mayor parte, y la más
belicosa en la campaña, debajo de tiendas y barracas, mudándose según la
variedad del tiempo, y comodidades de la tierra. Tenian puesta su mayor
fuerza en la caballería, gobernada por Capitanes y Príncipes de valor,
no de sangre, á quien obedecían más por gusto que por obligacion. Tenian
perpetua guerra con los vecinos, sin órden militar, á imitacion de los
Alarabes, que hoy poseen el Africa. Esta forma de vivir tuvieron, desde
que dejaron las riveras del rio Volga, y entraron en la Asia menor,
hasta que la vileza de las naciones de la Asia, y Grecia les dió crédito
y reputacion. A las Monarquias y naciones, sucede lo mismo que á los
hombres que nacen, crecen y mueren. Nació Grecia cuando se defendió de
Jerjes, y cuando su valor deshizo el poder de tan numerosos ejércitos, y
forzó al bárbaro Monarca, que se retirase vencido, y pasase el estrecho
de mar del Helesponto en una pequeña barca, que poco antes soberbio y
desvanecido humilló con puente. Tuvo su aumento, cuando las armas de
Alejandro pasaron más allá del Ganges, y los límites y fines inmensos de
la misma naturaleza no lo fueron de su ambicion. Fué su muerte, cuando
las armas de los Bárbaros, por flojedad de sus Príncipes, y poca
fidelidad de sus Capitanes, le pusieron en dura servidumbre.

En este tiempo que Andronico ocupaba el Imperio de Oriente, los Turcos
se dividieron, y hubo entre ellos algunas guerras civiles, pero por el
consejo y autoridad de Orthogules se sosegaron, remitiendo á la suerte
sus pretensiones, que como reviere Gregoras, y Chalchondilas, se
dividieron por suerte las Provincias entre siete Capitanes, pretensores
todos al gobierno universal. Dio la suerte á Caramano la parte
mediterranéa de la Provincia de Frigia hasta Cilicia, y Philadelphia,
aunque algun autor quiere, que este no fuese de los siete Capitanes, y
que solo reinó en Caria: á Carcano la parte Frigia, que se estiende
hasta Esmirna: á Calami y á su hijo Carasi, la Lidia hasta Misia
Bitinia, y las demás Provincias junto al monte Olimpo, cayeron en la
suerte de Otomano, que en aquella edad comenzó á ser temido, y á
levantar poco después su Monarquía, venciendo y sujetando los demás
Tiranos de las Provincias que vamos nombrando; con que quedó absoluto
señor y Príncipe de todas ellas. La Patagonia, y las demás tierras que
caen á la parte del Ponto Euino, las ocuparon los hijos de Amurat. En
esta forma hallaron los nuestros repartida el Asia, y á los Turcos
señores de ella: que fué grande ayuda para nuestras victorias el estar
sus fuerzas divididas.

CAPITULO X.

Vencen los Catalanes y Aragoneses á los turcos.

Por el aviso que Roger tuvo de como los Turcos estaban cerca, temiendo
perder tan buena ocasion si advertidos de la llegada de los nuestros se
previnieran, ó retiraran, juntó el campo, y en una breve platica les
dijo, como el siguiente dia queria da sobre los alojamientos de los
enemigos, fáciles de romper por estar descuidados. Propusoles la gloria
que alcanzarian con vencer, y que de los primeros sucesos nacía el
miedo, ó la confianza, y que la buena ó mala reputacion pendia de ellos.
Mandó que no se personase la vida sino á los niños, porque esto causase
más temor en los Bárbaros, y nuestros soldados peleasen sin alguna
esperanza d que vencidos pudiesen quedar con vida. Dispuesto el órden
con que se habia de marchar, dió fin á la platica. Oyéronle con mucho
gusto, y aquella misma noche partieron de sus alojamientos á tiempo que
al amanecer pudiesen acometer á los Turcos. Guiaba Roger con Marulli la
vanguardia con la caballería, y llevaba solos dos estandartes, en el uno
las armas del Emperador Andronico, y en el otro las suyas. Seguia la
infantería hecho un solo escuadron de toda ella, donde gobernaba
Corbarán de Alet Senescal del ejército. Llevaba en la frente solas dos
banderas, contra el uso comun de nuestros tiempos, que suelen ponerse en
medio del escuadron como lugar más fuerte y defendido. La una bandera
llevaba las armas del Rey de Aragon Don Jaime, y la otra las del Rey de
Sicilia Don Fadrique; porque entre las condiciones que por parte de los
Catalanes se propusieron al Emperador, fué de las primeras, que siempre
les fuese lícito llevar por guia el nombre y blason de sus Príncipes,
porque querian que adonde llegasen sus armas, llegase la memoria y
autoridad de sus Reyes, y porque las armas de Aragon lastenian por
invencibles. De donde se puede conocer el grande amor y veneracion que
los Catalanes y Aragoneses tenian á sus reyes, pues aún sirviendo á
Príncipes extraños, y en Provincias tan apartadas, conservaron su
memoria, y militaron debajo de ella: fidelidad notable, no solo conocida
en este caso, pero en todos los tiempos. Porque no se vió de nosotros
Príncipe desamparado por malo y cruel que fuese, y quisimos más sufrir
su vigor y aspereza, que entregarnos á nuevo señor. No fué preferido el
segundo al primogénito. Siempre seguimos el órden que el cielo, y
naturaleza dispuso, ni se alteró por particular aborrecimiento ó
aficion, con no haber apenas Reino donde no se hayan visto estos
trueques y mudanzas.

Pasaron los nuestros á media noche la muralla, ó reparo que divide el
cabo de tierra firme, y al amanecer se hallaron sobre los Turcos, que
como en parte segura, y á su parecer lejos de enemigos, estaban sin
centinelas, reposando dentro de sus tiendas con descuido y sueño. Cerró
Roger y Marulli con la caballería, metiéndose por las tiendas y flacos
reparos que tenian con grande ánimo. Siguiéronle los Almugavares con el
mismo, dando un sangriento y dichoso principio á la nueva guerra. Los
Turcos á quien la furia y rigor de nuestras espadas no pudo oprimir en
el sueño, al ruido de las armas y voces despertaron, y con la turbacion
y miedo que semejantes asaltos suelen causar en los acometidos, tomaron
las armas para su defensa, pero fueron pocos, divididos y desarmados,
con que su resistencia fué inútil y sin provecho contra el esfuerzo y
gallardia de nuestra gente, que ya lo ocupaba todo. Pelearon los Turcos
con desesperacion, viendo á sus ojos despedazar y degollar á sus más
caras prendas, de gente que ni aún por el nombre conocían. Alcanzose
cumplidísima victoria, dejando en el campo muertos de los Turcos tres
mil caballo, y diez mil infantes. Los que quedaron vivos fueron los que
reconociendo con tiempo el desorden y pérdida, y que los Catalanes eran
impenetrables á los golpes de sus dardos, se pusieron en seguro con la
huida, y el que querer muchos hacer lo mismo después les causó mas
presto la muerte, por que ocupados en retirar sus hijos y mujeres,
dejaban la batalla, y luego perecian. La presa fué grande, y los niños
cautivos muchos. Refiere Nicéforo, Griego de nacion, y enemigo declarado
de la nuestra, el espanto y terror que causó en los Turcos este primer
acometimiento con estas mismas palabras: «Como los Turcos vieron el
ímpetu feroz de los Latinos, (que así llama á los Catalanes) su valor,
su disciplina militar, y sus lucidas y fuertes armas, atónitos y
espantados huyeron, no solo lejos de la ciudad de Constantinopla, pero
más adentro de los antiguos límites de su Imperio.» Nuestra gente siguió
el alcance poco rato, por no tener la tierra conocida, y volvieron
aquella misma noche al cabo, por tener el alojamiento reconocido y
seguro.

CAPITULO XI.

Retirase el ejército par invernar en el cabo de Artacio sus
alojamientos.

Dieron aviso al Emperador del buen suceso de su victoria, enviando
cuatro galeras con riquísimos presentes para entre ambos Príncipes,
Andronico y Miguel, y en nombre de los soldados se envió á María muger
del Megaduque Roger lo más precioso y rico de la presa. Causó notable
admiracion entre los Griegos la brevedad con que se alcanzó tan señalada
victoria, y el pueblo la celebró con alabanzas, libre del temor de los
Turcos, que insolentes con las victorias alcanzadas de los Griegos de la
otra parte del estrecho amenazaban la Ciudad, con los alfanges desnudos;
pero casi toda la nobleza, que como fuera justo debiera mostrarse más
agradecida á tan grande beneficio, manifestó el veneno de sus ánimos,
que la envidia de la agena felicidad no dió lugar á que se pudiese mas
encubrir. Los privados de Andronico, y las personas de mayor estimacion
de su nacion, comenzaron á temer nuestras fuerzas, juzgándolas por
superiores á las que ellos tenian, y que dentro de casa tanto poder en
manos de extranjeros era cosa peligrosa. Estas platicas y discursos las
alentaba el Emperador Miguel, incitado de un oculto sentimiento que
causó en su ánimo la victoria, porque algunos meses antes habia pasado
el estrecho con un ejército poderosísimo, y por miedo de los Turcos ó
poca seguridad de los suyos, se retiró con gran pérdida de su
reputacion, sin travar ni aún una pequeña escaramuza con el enemigo; y
como los Catalanes siendo tan pocos vencieron á los que él no se atrevió
acometer con tan excesivo número de gente, de esto nació su corrimiento,
y de él un grande aborrecimiento y deseo de nuestra perdicion. Los
Príncipes sienten mucho que haya quien se les iguale en valor, y aún en
la dicha aborrecen á quien se les aventaja, porque el poder no sufre
virtud y partes aventajadas en ageno sujeto, y más cuando en su
competencia sucede el aventajarse. Si una baja y vil emulacion de un
Príncipe en hacer versos causó la muerte á Lucano, ¿Cuánto mayor fuera
si de valor y fortuna se compitiera? Y así no se debe tener por Captan
cuerdo el que intenta una empresa errada por su Príncipe, si ya n quiere
competir con el del Imperio.

Con el buen suceso que tuvieron no trataron de pasar adelante, ni seguir
la victoria: cosa que les hizo perder reputacion, y fué ocasion de hacer
muchos excesos en aquella comarca, que irritaron gravemente el ánimo de
los naturales y Griegos. Cuando quisieron entrar la tierra á dentro,
comenzó el primer dia de Noviembre á entrar con tanto rigor el invierno,
con vientos frios y agua que les detuvo. Los rios por sus crecientes sin
poderse vadear, la campaña esteril llena de enemigos, los caminos
difíciles por donde se habia de marchar para socorrer á Philadelphia,
eran causas bastantes para diferir cualquier empresa. Roger con el
parecer y consejo de sus Capitanes se resolvió de invernar en Cizico,
lugar acomodado por la fortaleza del sitio, y abundancia de las
vituallas, y porque el año siguiente fuese menos embarazosa la salida
que si hubieran de partir de Grecia, y embarcar y desembarcar la
caballería tantas veces, cosa de suyo tan molesta. Dieron luego aviso al
Emperador de esta resolucion y aprobóla con mucho gusto, porque era lo
que más le convenia, por tener el ejército alojado en la frente del
enemigo, y apartado de Constantinopla y de los demás pueblos Griegos,
donde no faltáran quejas y pesadumbre, aunque cerca de tres meses
anduvieron alojados por Asia sin efecto, trabajando la tierra con
insoportables contribuciones. Mandó Andronico que con mucha diligencia
se llevasen por mar las vituallas que no se hallaban en el cabo, con que
pasaron los nuestros un invierno muy apacible. El Megaduque Roger envió
con cuatro galeras por su mujer María. El órden que se tuvo en los
cuarteles para escusar pendencias entre los soldados y sus huéspedes,
fué el siguiente. Los soldados nombraron seis de su parte, y los de la
tierra otros tantos, para que de comun parecer y acuerdo se pusiese
precio á las vituallas: porque encareciéndose más de lo justo fuera gran
descomodidad para los soldados, y dándose á un precio muy bajo no
resultase en notable daño de los huéspedes, á más que faltára el
comercio y provision ordinaria que acudia de todas partes con
abundancia. Ordenose á Fernando Aones Almirante, que con la armada fuese
á invernar á la isla de Jio, puerto seguro y vecino de las Costas
enemigas. Es el Jio isla de las más señaladas del mar Egeo, por nacer en
ella sola el Almaste, cosa que negó naturaleza á las demás partes de la
tierra.

CAPITULO XII.

Ferran Jimenez de Arenós se aparta de los suyos.

Las cosas de mar y tierra, concertadas en la forma dicha, se pasaba el
invierno con sosiego y mucha conformidad, pero luego nuestras fuerzas se
fueron enflaqueciendo con algunas divisiones y discordias civiles.
Ferran Jimenez de Arenós, caballero de gran linage, y buen soldado, se
desavino con Roger sobre el gobierno de sus gentes, y pareciéndole
desigual la competencia, se apartó del ejército con los suyos, y
volviéndose á Sicilia, pasando por Athenas se quedó á servir á su Duque,
que le recibió agradecido, y honró con cargos militares, en cuyo
servicio se detuvo hasta que la necesidad de sus amigos en Galípoli le
llamó y volvió á juntarse con ellos, aventurando como buen caballero la
libertad y la vida. Pachimerio dice, que la ocasion de apartarse Ferran
Jimenez de Roger fué, porque muchas veces le advirtió que reprimiese y
castigase los soldados, y como vió que en esto no andaba como debia, se
apartó de su compañía con los que le quisieron seguir. ¡Notable fuerza
de inclinacion, que apenas se apartaba el peligro de las armas
extranjeras, cuando ya las competencias y guerras civiles se encendian
entre ellos!.

En abriendo el tiempo, el Megaduque Roger, y su muger María se fueron á
Constantinopla con cuatro galeras á tratar con el Emperador de la
jornada, y á pedirle dinero para hacer pagamento general antes que el
ejército saliese en campaña. Miguel estaba en Constantinopla, y
queriendo Roger visitarle y darle razon de lo que pensaba hacer aquel
año, no le dió lugar, porque se tenía por ofendido del mal tratamiento
que habia hecho á los de Cizico sus vasallos. Esto dice Pachimerio. Lo
cierto es, que Roger alcanzó de Andronico el dinero con tanta largueza,
que pudo dar dobladas pagas; liberalidad grande, si la falta de hacienda
y dinero con que se hallaba, permitiera que se le pudiera dar este
nombre. Tiénese por virtud heróica en un Príncipe la liberalidad si en
ella concurren dos calidades, tener que dar, y que se lo merezca á quien
se dá, y cualquiera de estas dos que falte no es liberalidad sino
injusticia; y así aunque Andronico repartió las mercedes en personas de
grandes merecimientos, como le faltó la primera calidad, que es tener
que dar, túvose por muy excesivo este donativo, y por hierro muy grave,
porque estaba el fisco y cámara Imperial tan destruida, que no podia
acudir á las pagas ordinarias, ni á otros gastos forzosos del Imperio.
No hay cosa mas perniciosa que el dinero recogido para la defensa comun,
desperdiciarle en gastos voluntarios, y cuando la necesidad aprieta,
acudir á nuevas impuestos y pechos, dando por razon y causa justa el
aprieto la falta que nace de sus excesos y demasías. Las imposiciones
son justas, cuando es forzosa la necesidad que obliga á ponerlas, pero
cuando el Príncipe consume la hacienda con dádivas ó gastos impertinente
y excesivos, ninguna justificacion pueden tener, pues solo proceden de
sus desórdenes ó descuidos.

Trataron Roger, y el Emperador de cómo se habia de hacer la guerra aquel
año, y Andronico solo le encargó el socorro de Philadelphia, lo demás
dejó al arbitrio de los demas Capitanes y suyo; porque desde lejos y
antes de las ocasiones mal se puede ordenar lo que conviene, ni tomar
parecer cierto en cosas tan inciertas y varias como se ofrecen en una
guerra. Dejó Roger á su mujer María en Constantinopla, y navegó con sus
cuatro galeras la vuelta del cabo el primer dia de Marzo del año mil
trescientos tres. Luego que llegó se pasaron las cuentas con los
huéspedes, tomose muestra general, y se halló que los soldados en poco
más de cuatro meses, que fué el tiempo que invernaron, habian gastado
las pagas de ocho, y algunos de un año. Sintió Roger el exceso y
desorden de los soldados, que como Capitan prudente y práctico, conoció
el mal, aunque como dependia su autoridad del arbitrio de los soldados,
no se atrevió á poner el remedio que convenia, porque no se disminuyese
ó perdiese. Mal puede un Capitan conservar un ejército con puntual y
estrecha obediencia, si el poder y fuerzas con que los ha de castigar le
dan ellos mismo; de que nace la insolencia y libertad.

Roger conociendo el tiempo, satisfizo los huéspedes, pagando todo lo que
habian gastado en mantener los soldados, y no quiso se les descontase de
su sueldo; y así les quedó libre el dinero de las cuatro pagas, que
luego les dió, y tomando Roger sus libros de las raciones y cuentas,
donde constaba de los gastos excesivos que los soldados habian hecho,
los quemó en la plaza pública de Cizico, con que quedaron todos
obligados y agradecidos á su liberalidad. Los autores Griegos dicen que
Cizico y toda su comarca quedó destruida por las crueldades y robos de
los Catalanes, y que temiendo el Emperador Andronico que Roger no
alargase el salir en campaña, por la mala disciplina y poca obediencia
de los soldados, envió su hermana á los últimos de Marzo á Cizico, para
que exhortase á Roger su yerno saliese con el ejército, pues el tiempo y
la ocasion convidaban á la guerra, y los soldados recien pagados
saliesen con más gusto.

CAPITULO XIII.

Parte el ejército á socorrer á Philadelphia y vencen á Caramano Turco
General de los que la tenian sitiada.

El deseo que tenía Roger de salir en campaña, ayudado de la persuasion
de su suegra, hizo que luego se pusiese en ejecucion la salida, y así se
señalo para los nueve de Abril. Estando apercibiéndose ya todos para el
viaje, dos Massagetas ó Alanos esperando en un molino que les moliesen
un trigo, llegaron algunos Almugavares á tratar con descompostura una
mujer que estaba dentro á tomar la harina, salieron á la defensa los
Alanos, y entre otras razones que dieron contra Roger su capitan fué
decir: que si les daban tales ocasiones, harian del Megaduque Roger lo
que hicieron del gran doméstico. Este fué Alejos Raul, que en una fiesta
militar le mataron estos á traicion de un flechazo. Refirieron estas
palabras á Roger, y por su mandado ó consentemiento aquella misma noche
los Almugavares dieron sobre los Alanos, y si la oscuridad de la noche y
el cuidado de los vecinos nos les defendiera, los degolláran todos.
Murieron muchos, y entre ellos un mozo valiente hijo de George, cabeza
de los Alanos. A la mañana volvieron á troparse, y quedaron los
Catalanes superiores habiendo muerto más de 300 Alanos; y si no temiera
á los vecinos de Cizico, á quien por los malos tratamientos tenian
irritados, que no tomasen las armas, y se pusiesen de parte de los
Alanos, lo hubieran sin duda degollado á todos. Por este caso se apartó
la mayor parte de los Alanos del ejército de Roger; solo quedaron con él
hasta mil, que con promesas y ruegos los detuvieron. Roger quiso con
dinero aplacar al padre por la muerte del hijo, pero Gregorio
menospreció el dinero, y al agravio del hijo muerto se añadió la afrenta
del ofrecimiento: con que el bárbaro quedó irritado, aunque encubrió la
ofensa para mayor venganza.

Este suceso alargó la partida hasta los primeros de Mayo, que salieron
de Cizico seis mil con nombre de Catalanes, mil Alanos, y las compañias
de Romeos debajo del gobierno de Marulli; pero todos sujetos, y á órden
de Roger. Iva tambien Nastago gran Primicerio. Llegaron con estas
fuerzas á Anchirao, y de allí con gran valor y confianza, que sí lo dice
Pachimerio, fueron á sitiar á Germe; lugar fuerte donde los Turcos
estaban, y entendida por ellos la resolucion, con sola la fama de su
venida dejaron el lugar, y se retiraron. Pero no pudo ser esto tan á
tiempo, que su retaguardia no fuese gravemente ofendida de los
Catalanes. De allí pasaron á otro lugar que la historia de Pachimerio no
le nombra, solo dice que estaba dentro para su defensa Sausi Crisanislao
famoso soldado y Capitan de Búlgaros, á quien mandó ahorcar con doce de
sus soldados los más principales, sin decir con certeza la ocasion de
este castigo; solo se presume, que habrian defendido mal algun lugar que
estaba á su cargo, ó entregado alguna fortaleza, y queriendo Sausi
disculparse atravesó razones con Roger, que le movieron á meter mano á
la espada, y herirle, y después fué entregado á los que le habian de
ahorcar. Los Capitanes Griegos detuvieron la ejecucion, y alcanzaron de
Roger el perdon; porque le advirtieron el disgusto que tendria el
Emperador Andronico si castigase un hombre de tanta calidad, y tan buen
soldado, sin haberle dado razon. Era Crisanislao uno de los capitanes
Búlgaros que prendió Miguel padre de Andronico en la guerra de la Chana,
y detenido gran tiempo en prision fué puesto en libertad por Andronico,
y honrado en cargos militares, y en gobiernos de Provincias, y entónces
se hallaba en esta parte de Frigia ocupado en servicio del Emperador.
Luego de allí pasó el ejército á Geliana camino de Philadelphia, donde
le llego aviso á Roger de algunos lugares fuertes que ocupaban los
Turcos, significándole la violencia que padecían, y por carta le
suplicaban les ayudase, pues eran Romeos que se dieron á la fuerza del
tiempo, y que se querian levantar contra los enemigos.

Roger les respondió que estuviesen de buen ánimo, que él les socorrería.
Con esto pasó adelante á meter el socorro en Philadelphia, que era el
principal intento que llevaban, Caramano Alisurio que la tenía sitiada,
cuyo gobierno se extendía por esta Provincia, con el aviso que tuvo de
la venida del ejército de los Catalanes, levantó el sitio con la mayor
parte de su ejército, y caminó la vuelta de ellos, con deseo de vengar
la rota del año antes que los Catalanes dieron á sus compañeros. Esto
pareció que le convenia, y no aguardarlos sobre Philadelphia; ciudad
grande, y con gente armada, que animada del ejército amigo saldria á
pelear. Dejó algunos fuertes guarnecidos, con que le pareció que los de
la ciudad no intentarian el salir, pero dos millas lejos al amanecer se
reconocieron de una y otra parte, y se pusieron en órden para pelear. El
ejército de los Turcos llegaba á ocho mil caballos y doce mil infantes
Caramanos todos, los mas valientes y temidos de toda la nacion,
superiores en número á los nuestros, pero muy inferiores en el valor, en
la disciplina, en la ordenanza militar, y en las armas ofensivas y
defensivas; solo habia igualdad en el ánimo y deseo de pelear. Roger
dividió en tres tropas su caballería, Alanos, Romeos y Catalanes, y
Corbaran de Alet, á cuyo cargo estaba la infantería, la dividió en otros
tantos escuadrones, y hecha señal de acometer se envistieron con
gallardo ánimo y bizarría. Travóse la batalla muy sangrienta para los
Turcos, por que los Catalanes más prácticos en herir, y más seguros por
las armas de ser ofendidos, hacian grande daño en ellos con muy poco
suyo. Junto á los conductos de la ciudad fué donde más reciamente se
envistieron. Pero los Turcos valientes y atrevidos no dejaban por todos
los caminos que podian de ofender á los nuestros, y poner en duda la
victoria, que hasta al medio dia anduvo varia; pero el valor
acostumbrado de los Catalanes la hizo declarar por su parte con notable
daño de los Turcos. Escaparonse huyendo hasta mil caballos, de ocho mil
que entraron en la batalla, y solos quinientos infantes, y Caramano
Alisurio se retiró herido. De los nuestros perecieron ochenta caballos,
y cien infantes. Rehechos sus escuadrones, pasaron la vuelta de
Philadelphia, siguiendo lentamente al enemigo, y temiendo alguna gran
emboscada de sus copiosos ejércitos. Los Turcos de los fuertes, sabida
la rota, los desampararon, y fueron siguiendo su Capitan vencido. Fué la
presa y lo que se ganó en esta batalla, segun Montaner, de mucha
consideracion.

Con esta victoria comenzaron á levantar cabeza las ciudades de Asia,
viendo que los nuestros habian dado principio á su libertad, que los
Turcos tenian tan oprimida. Llegó esta opresion á tanto extremo, que les
quitaban las mujeres y los hijos para instruirles en su secta.
Profanaban los templos y monasterios tan antiguos, donde habia
depositados tantos cuerpos de Santos, y grande memoria de nuestra
primitiva Iglesia que tanto floreció en aquellas Provincias, trocando el
verdadero culto en falsa y abominable adoracion de su profeta. Pero como
por los justos juicios de Dios estaba ya determinada la destruicion y
servidumbre de todo aquel Imperio y nacion, fué de poco provecho para
alcanzar entera libertad todo lo que los nuestros hicieron, antes parece
que se confirmó con esto su perdicion; pues cuando los grandes remedios
no curan la dolencia porque se dan, es casi cierta la muerte. Nuestros
Capitanes se detuvieron antes de entrar en Philadelphia, reconociendo
algunos lugares vecinos adonde se pudieron haber retirado y rehecho;
pero todo lo hallaron libre de los Turcos; á quien el miedo hizo alargar
muchas leguas.

CAPITULO XIV.

Entra en Philadelphia el ejército victorioso. Ganánse algunos fuertes
que el enemigo tenía cerca de la ciudad, y dan segunda rota á los Turcos
junto á Tiria.

Libres los de Philadelphia del sitio, que tan apretados les tuvo por el
valor de las armas de los Catalanes, salieron á recibir el ejército los
magistrados y el pueblo, con Teolepto su Obispo, varon de rara santidad,
y por cuyas oraciones se defendió Philadelphia más que por las armas del
ejército que la guardaba. Entraron las tropas de nuestra caballería
primero, con los estandartes vencidos y ganados de los Turcos. Seguían
después el carruaje lleno de los Despojos enemigos, y gran número de
mujeres y niños cautivos, y algunos mozos reservados para el triunfo de
la entrada. Las compañías de infantería eran las últimas, y en medio de
ellas las banderas y los Capitanes más señalados, con lucidísimas armas
y caballos, que como cosa nunca vista de los de Asia, les causó grande
admiracion. No hubo en aquella entrada soldado por particular que fuese,
que no vistiese seda ó grana, aunque en aquel tiempo los Turcos no
usaban trajes costosos, pero entre los despojos de los Griegos habian
alcanzado gran cantidad de ropa y vestidos de mucho precio, que en esta
victoria se cobraron. Detuviéronse quince dias en la ciudad,
entretenidos con las fiestas y regocijos que se les hicieron; porque fué
cosa notable el amor y el respecto con que les trataron los naturales,
como quien reconocia de ellos la libertad y la vida que tan aventuradas
las tuvieron. La necesidad siempre es agradecida, pero con el beneficio
que recibe, seacaba.

Roger salió de Philadelphia á poner en libertad á algunos pueblos de que
estaban apoderados los Turcos, y entre otros á Culla algunas leguas mas
adelante hacia el Levante de la Ciudad; pero sabida la retirada y huida
de su ejército, se retiraron los turcos. Los naturales los recibieron
abiertas las puertas, como quien escapaban de tan dura servidumbre,
pareciéndoles que con esto alcanzarian perdon de haberse entregado antes
fácilmente á los Turcos. Roger perdonó la multitud del pueblo, pero
castigó gravemente á muchos. Cortó la cabeza al Gobernador, y al más
principal viejo del regimiento condenó á la horca. Estuvo un rato
pendiente de ella sin morir, y atribuyendolo á milagro cortaron la soga
los que estaban presente, y le libraron.

Volvió el ejército á Philadelphia, y según Pachimerio dice, Roger
recogió muchos ducados, y se hizo contribuir más de lo que debiera; por
sentirse ya en la Ciudad la falta de bastimentos, por ser muy populosa
de suyo, y tener dentro el ejército, después de haber padecido un largo
sitio que fué tan apretado que una cabeza de jumento se vendió por un
precio increíble. Nastago Duque y Primicerio del Imperio, que militaba
en este ejército con Roger, se apartó de él y se fué á Constantinopla,
porque no podia ver como Griego maltratar á los naturales, y las
demasías que Roger hacia con ellos; y así llegado á Constantinopla quiso
que el Emperador le yese, y como esto se le negó por los deudores y
amigos de la mujer del Megaduque, á l que yo puedo entender, se fué al
Patriarca, y por su medio el Emperador dió oidos á las quejas que traia
contra Roger, de que se encendió en el Palacio una gran discordia entre
los amigos y émulos del Megaduque.

Pareció á los Capitanes del ejército que convenia hechar primero al
enemigo de las Provincias marítimas, porque no quedase poderoso á las
espaldas, y porque la vecindad de su armada les diese más fuerzas y
seguridad. Con esta determinacion partieron luego de Philadelphia para
Niza, Ciudad de Licia, y de allí á Magnesia la que está en la ribera del
rio Meandro, donde apenas llegó Roger cuando dos ciudadanos de Tiria
vinieron á pedirle socorro diciendo; que la Ciudad no estaba
bastantemente fortificada que pudiese defenderse de los terribles
asaltos del enemigo, y que si el socorro se tardaba, era cierto el
perderse: que los Turcos con poco cuidado se podian coger á tiempo que
estuviesen derramados por aquellas vegas, y hacer alguna buena suerte,
con grande honra del ejército y provecho suyo: que en llegando la noche
se retiraban á los bosques, y salido el sol volvían á talar y destruir
la campaña. Roger con la mayor presteza y diligencia que pudo tomó la
gente más desembarazada y suelta, y fué la vuelta de Tiria para meterse
dentro de ella antes del dia. Llegó á ser tan buen tiempo, que los
Turcos ni le pudieron descubrir, ni sentir, habiendo caminado treinta y
seis millas en diez y siete horas.

Vino la mañana, y los Turcos comenzaron á bajar á la llanura, y llegarse
á la ciudad, y ya estaban cerca de las puertas para hacer sus
acostumbrados acometimientos, cuando Corbaran de Alet Senescal salió á
rebatirlos con doscientos caballos y mil infantes. Cargó sobre ellos con
tanta gallardia, que les rompió y degolló la mayor parte, pero la que
quedaba entrera en reconociendo á los nuestros se fué retirando hacia la
aspereza de la montaña. Corbaran les siguió con parte de la caballería;
pero como los caballos de los turcos estaban desembarazados, y los
nuestros cargados con el peso de las armas, llegaron á la falda del
monte á tiempo que los Turcos temerosos y cuidadosos solo de sus vidas,
habian dejado los caballos, y mejorándose de puesto, porque tomaron los
altos de donde mejor se podian guardar y ofender, impidiendo la subida á
sus enemigos. El Senescal con mejor ánimo que consejo, mandó que se
apeasen los suyos, y él hizo lo mismo, y acometió segunda vez á los
Turcos; pero como ellos estaban en lo alto, y tenian algunos reparos con
piedras, y flechazos defendían la subida, y tiraban golpes más seguros y
ciertos á los que más se señalaban, Corbarán, como valiente y esforzado
caballero, era de los que más les apretaban por su persona, y para subir
con más ligereza, y andar más suelto, se quitó las armas, después el
morrion, ocasion de su muerte; porque le dieron un flechazo en la
cabeza, de que luego murió, con cuya pérdida los demás se retiraron.

Con la muerte de tal Capitan trocóse la victoria de este dia en tristeza
y sentimiento; porque perder una buena cabeza suele causar algunas veces
inconvenientes y daños de mayor consideracion, que no lo es el provecho
que resulta de la victoria que se adquiere con su muerte. Sintiólo Roger
mucho, que le tenia concertado de casar con una hija suya, y puesta en
su persona su mayor esperanza. Perdio la vida Corbarán con más honroso
fin, que los demás Capitanes, porque cayó con la espada en la mano, y en
la misma victoria, y no por manos de traidores como otros compañeros
suyos. Es corto el discurso de los hombres que se tiene por gran
desdicha lo que se pudiera contar entre los prósperos sucesos de la
vida. Prévinole á Corbarán una muerte honrada á otra cruel y afrentosa,
pues corriera, como es de creer, el mismo riesgo que los demás
Capitanes. Enterrándole en un templo dos leguas de Tiria, á donde dice
Montaner, que estaba el cuerpo de San Jorge. Hiciéronle compañía diez
Cristianos, que solos murieron en aquel encuentro. Levantáronle un
sepulcro de mármol, y honráronle con grandes obsequias, pues solo para
cumplir con su memoria se detuvieron ocho dias. De Tiria despacharon
órden á su armada, que estaba en la Isla del Jio, para que lo más presto
que pudiese pasase á Tierra firme de la Asia, y que se detuviese en Ania
aguardando segunda órden.

CAPITULO XV.

Llega Berenguer de Rocafort con su gente á Constantinopla, y por órden
del Emperador se junta con Roger en Epheso.

Berenguer de Rocafort llegó de Sicilia por este tiempo á Constantinopla
con algunos vajeles y dos galeras, y con dos cientos hombres de á
caballo, y mil Almugavares, habiendo cobrado ya del Rey Cárlos el dinero
que le debia, y restituido los castillos de Calabria que estaban en su
poder. Mandóle luego Andronico, que navegando la vuelta de la Asia,
procurase juntar sus fuerzas con las de Roger; y así con mucha brevedad
llegó al Jio, adonde halló á Fernando Aones de partida, y juntos
llegaron á Ania, de donde avisaron á Roger don dos caballos ligeros de
la venida de Rocafort con los suyos. Llegó esta nueva antes de salir de
Tiria, y causó generalmente en todo el campo grandísimo contento, así
por la gente que Rocafort traía, que era mucha y escogida, como por la
opinion que tenía de muy valiente y esforzado Capitan. Envió luego Roger
á visitarle con Ramon Montaner, y con órden de que se partiese luego de
Ania, y viniese á Epheso, dicha por otro nombre Altobosco. Partió
Montaner con una tropa hasta de veinte caballos, y con alguna gente
practica, para que le guiasen por caminos desviados, por no encontrarse
con los Turcos, que ordinariamente corrian la tierra, y salteaban los
caminos más pasageros. Valióle á Montaner poco esta diligencia y
cuidado, porque muchas veces hubo de abrir camino con la espada; llegó
al fin á la Ciudad de Ania libre de estos peligros. Dio á Rocafort la
bien venida de parte de los suyos, y le dijo lo que Roger ordenaba
acerca de su partida. Rocafort obedeció, y dejando para la guarnicion de
la armada quinientos Almugavares, con lo restante de la gente tomó el
camino de Epheso, adonde llegó acompañado de Montaner dentro de dos
dias. Esta ciudad es una de las más señaladas de toda el Asia por su
famoso templo dedicado á la diosa Diana. Fué no solamente reverenciada
de los romanos, pero de los Persas y Macedones, que tuvieron antes el
Imperio, y todos conservaron sus inmunidades y derechos, sin que se
mudasen jamás mudándose los Imperios: tanto era el respecto con que
veneraban los antiguos las cosas que se persuadian que tenian algo de
divinidad y religion. Pero el mayor título que esta Ciudad tiene para
ser famosa y célebrada, es haber puesto en ella el Apóstol y Evangelista
San Juan los primeros fundamentos de la fé. De este Santo referiré lo
que Montaner escribe, que por referirlo en esta misma historia, no
parece ageno de la nuestra.

Dicen que en esta Ciudad de Epheso está el sepulcro donde San Juan se
encerró cuando desapareció de los mortales, y que poco después vieron
levantar una nube en semejanza de fuego, y que creyeron que en ella fué
arrebatado su cuerpo, porque después no pareció. La verdad de esto no
tiene otro fundamento mayor que la tradicion de aquella gente, referida
por Montaner. El dia antes de San Juan, cuando se dicen las vísperas del
Santo, sale un maná por nueve agujeros de un mármol que esta sobre el
sepulcro, y dura hasta poner del sol del otro dia, y es tanta cantidad,
que sube un palmo sobre la piedra, que tiene doce de largo y cinco de
ancho. Curaba este maná de muchas y graves dolencias, que con
particularidad las refieren Montaner.

Después de cuatro dias que Rocafort y Montaner llegaron á Epheso, entró
tambien Roger con todo el ejército. Alegráronse todos de ve á Rocafort
amigo y compañero en todas las guerras de Sicilia, por el socorro que
les traia, que hallándose lejos y en tierras enemigas fué de grande
importancia, y aumentó mucho las fuerzas de los Aragoneses. Diósele
luego el oficio de Senescal que vacó por muerte de Corbarán, y para que
en todo le sucediese, le dió Roger su hija por mujer, habiendo sido
primero concertada con Corbarán; porque con este nuevo parentesco
aseguraba Roger la condicion y aspereza de Rocafort, aparejada para
intentar cosas nuevas. Dióle cien caballos para la gente que traía, con
armas de á caballo, y cuatro pagas. En Epheso, dice Pachimerio, que
Roger y los Catalanes hicieron notables crueldades para sacar dinero,
cortando miembros, atormentando, degollando los desdichados Griegos, y
que en Metellin un hombre rico y principal llamado Macrami fué
degollado, porque prontamente no quiso dar cinco mil escudos que le
pidieron: licencia militar y atrevimiento ordinario en gente de guerra
mal disciplinada.

Roger, todo el dinero, caballos y armas que recogió de las
contribuciones de las ciudades vecinas envió á Magnesia con una buena
escolta; porque en esta ciudad como la más fuerte de aquellas
provincias, determinó poner su asiento para invernar. De Epheso se
fueron todos juntos á la Ciudad de Ania, adonde estaba Fernando Aones
con la armada. Hiciéronles un grande recibimiento á Roger y á Rocafort
los soldados que se hallaban en Ania, saliéndoles á recibir con grande
alegria y regocijo; porque ya les parecia que juntos eran bastantes á
recuperar el Asia, hechando de ella á los Turcos. Roger agradeció y
satisfizo este buen recibimiento, dando una paga á todos los soldados de
la armada; y porque Tiria quedaba desarmada y sin defensa, determinaron
que se enviase alguna gente para su seguridad. Fué Diego de Orós hidalgo
Aragones, buen soldado, con treinta caballos y cien infantes; porque con
esto les parecia que quedaria en defensa la Ciudad y su comarca, fiando
más en la reputacion de sus armas, que en el número de la gente: que
muchas veces alcanza la reputacion lo que no pueden las fuerzas.

CAPITULO XVI.

Reprimen los nuestros el atrevimiento de Sarcano Turco. Llegan nuestras
banderas á los confines de la Natolia y Reino de Armenia.

Tuvieron nuestros Capitanes consejo del camino que tomarian, y
concordaron todos en que volviesen otra vez hácia las Provincias
Orientales y pasados los montes, entrasen en Pámphila, adonde les
pareció que estarian las mayores fuerzas de los Turcos, y habria ocasion
de venir con ellos á batalla, que este fué siempre el intento principal
que se llevaba; porque siendo nuestro ejército tan pequeño, no se podia
hacer la guerra á lo largo, y ocupar Ciudades y lugares, habiendo de
dejar en ellas guarnicion, porque era dividir y deshacer sus fuerzas; y
así pareció siempre acertado caminar la vuelta de los Turcos, y pelear
con ellos. Pero en tanto que se trataba de poner en ejecucion la salida,
Sarcano Turco con saber que el ejército de los Catalanes estaba dentro
de la Ciudad, se atrevió á correr su vega llevando á sangre y fuego
cuanto se le puso delante. Pagó presto su atrevimiento y locura; porque
salieron los nuestros sin aguardar órden, ni esperar los Capitanes:
tanto les ofendia la osadía de este Bárbaro, y dieron con tanta presteza
sobre él y los suyos, que aunque luego quiso retirarse, no pudo sin
mucho daño, porque se halló tan empeñado que hubo de pelear para huir.
Siguieron los nuestros el alcance hasta la noche, y volvieron á la
Ciudad con nuevos brios, dejando muertos en la campaña de los enemigos
mil caballos y dos mil infantes: cosa apenas creida de los que quedaron
dentro de la ciudad, porque la salida fué muy tarde, y con mucho
desorden.

Roger y los demas Capitanes considerando cuán dañosa les pudiera ser la
detencion, si los soldados advirtieran el peligro de la jornada y camino
que intentaban, con el gusto de la victoria pasada, quisieron que dentro
de seis dias marchase el campo. Partieron de Ania, y atravesaron la
Provincia de Caria, y todo aquel inmenso espacio de Provincias que están
entre la Armenia y el mar Egeo, sin que hubiese enemigo que se les
opusiese. Marchaba el campo según la comodidad de los lugares muy de
espacio, consolando los pueblos Cristianos, y animándoles á su defensa,
y con universal admiracion de todos los fieles eran recibidos los
nuestros, alegrándose de ver armas Cristianas tan á dentro, las cuales
los que entonces vivian jamás vieron en sus Provincias, aunque su deseo
siempre las llamaba y esperaba; pero la flojedad de los Griegos nunca
les dió lugar á que las viesen, hasta que el valor de los Catalanes y
Aragoneses se las mostró.

CAPITULO XVII.

Pelean con todo el poder de los Turcos los Catalanes y Aragoneses en las
faldas del monte Tauro, y alcanzan de ellos señaladísma victoria.

Poco antes que llegasen á las faldas del monte Tauro, que divide la
Provincia de Cicilia de Armenia la menor, hicieron alto, y trataron de
que primero se reconociesen las entradas y pasos peligrosos, sospechando
siempre, como sucedió, que el enemigo no les aguardase. En tanto que
esto se consultaba, nuestra caballería que reconocia la campaña,
descubrió el ejército enemigo que aguardaba el nuestro entre los valles
de las faldas del monte. Tocóse arma en ambos ejércitos, y los Turcos
viéndose descubiertos, y que su traza habia salido vana y sin fruto, se
resolvieron luego de salir á lo llano, y acometer á los nuestros que
venian algo fatigados del camino, antes que pudiesen descansar ni
mejorar de puesto. Había en el campo de los Turcos veinte mil infantes,
y diez mil caballos, y la mayor parte de ellos eran de los que habian
escapado de las rotas pasadas. Tendióse su caballería por el lado
izquierdo, y la infantería por el derecho la vuelta del campo Cristiano.
Opusose Roger con su caballería á la del enemigo, que por la frente y
costado cerró con la nuestra. Rocafort con su infantería, y Marulli hizo
lo mismo, habiendo primero los Almugavares hecho su señal acostumbrada
en los encuentros más arduos, que era dar con las puntas de las espadas
y picas por el suelo, y decir: despierta hierro; y fué cosa notable lo
que hicieron aquel dia, que antes de vencer, se daban unos á otros la
enhorabuena, y se animaban con cierta confianza del buen suceso.

Travóse la batalla en puesto igual para todos, con grandes y várias
voces, peleándose valerosamente, porque pendia la vida y libertad de
entre ambas partes de la victoria de aquel dia. Si los nuestros quedáran
vencidos por ser poco prácticos en la tierra, y tener tan lejos la
retirada, fuera cierta su muerte, ó lo que se tuviera por peor quedar
cautivos en poder de aquellos Bárbaros ofendidos. Los Turcos tenian
tambien igual peligro; porque los naturales de aquellas Provincias
Cristianas á donde estaban, viéndoles rotos y vencidos, les acabáran sin
duda, satisfaciendo en ellos una justa venganza. En el primer encuentro,
por la multitud y número infinito de los Bárbaros, se corrió gran
riesgo, y estuvo la victoria muy dudosa, pero cobraron nuevo ánimo y
vigor; porque los Capitanes repitieron segunda vez el nombre de Aragon,
y desde entonces parece que esta voz infundió en los enemigos temor, y
en los nuestros un esfuerzo nunca visto. Y como ya de una y otra parte
se habia llegado á los golpes de alfanjes y espadas, en que los nuestros
tenian tanta ventaja por las armas defensivas, luego se comenzó á
inclinar la victoria por nuestra parte. Los Catalanes ejecutaban en los
vencidos su rigor y furia acostumbrada en las guerras contra los
infieles, que aquel dia en los Turcos todo fué desesperacion,
ofreciéndose á la muerte con tanta determinacion y gallardia, que no se
conoció en alguno de ellos muestras de quererse rendir, ó fuese por
estar resueltos de morir como gente de valor, ó porque desesperaron de
hallar en los vencedores piedad. En tanto que sus brazos pudieron herir
siempre hicieron lo que debian, y cuando desfallecían con el semblante y
los ojos mostraban que el cuerpo era el vencido, no el ánimo. Los
nuestros no contentos de haberlos hecho desamparar el campo, les
siguieron con el mismo rigor que pelearon en la batalla. La noche y el
cansancio de matar dió fin al alcance. Estuvieron hasta la mañana con
las armas en la mano. Salido el sol, descubrieron la grandeza de la
victoria, grande silencia en todas aquellas campañas, teñida la tierra
en sangre, por todas partes montones de hombre y caballos muertos, que
afirma Montaner, que llegaron á número de seis mil caballos, y doce mil
infantes, y que aquel dia se hicieron tantos y tan señalados hechos en
armas, que apenas se pudieran ver mayores; y con encarecer esto no
refiere alguno en particular, con grande injuria y agravio de nuestros
tiempos, pues tales hazañas merecieran perpetua memoria.

Quedó con tanto brio nuestra gente después de esta victoria, y tan
perdido el miedo á las mayores dificultades, que pedian á voces que
pasasen los montes, y entrasen en la Armenia, porque querian llegar
hasta los últimos fines del Imperio Romano, y recuperar en poco tiempo
lo que en muchos siglos perdieron sus Emperadores; pero los Capitanes
templaron esta determinacion tan temeraria, midiendo, como era justo,
sus fuerzas con la dificultad de la empresa.

CAPITULO XVIII.

Con la entrada del invierno vuelven los nuestros á las Provincias
marítimas. Rebelanse los de Magnesia, poneles sitio Roger, pero llamado
de Andronico, le levanta, y llega á la boca del estrecho con todo el
ejercito.

Detuviéronse ocho dias en el lugar de la victoria, y fueron pocos para
recoger la presa. Prosiguieron su camino hasta un lugar que Montaner
llama Puerta del hiero; término, y raya de la Natolia y Armenia.
Detúvose tres dias Roger dudoso del camino que tomarian, pero al fin
viendo cerca el Otoño, y hallándose tan á dentro de las Provincias que
aún no estaban bien aseguradas á su devocion, se resolvió con el parecer
de sus Capitanes, de volver á la Ciudad de Ania, y pasar en ella el
invierno, hasta que fuese tiempo de salir en campaña; pues aquel año se
habia roto cuatro veces al enemigo, y recuperado tantas Provincias.
Nicephoro dice, que por faltar las espías y gente práctica en la tierra
dejaron de pasar adelante; porque sin ella fuera cosa muy peligrosa, y
Roger era tan diestro Capitan, que no se aventurára temerariamente.
Hacinase las jornadas muy cortas, porque no pareciese que la retirada
era por algun temor, caminando por los puestos que tenian ya reconocidos
á la ida. En esta retirada cargan los Historiadores Griegos á los
nuestros de insolentes y crueles, que hicieron más daño en las Ciudades
de Asia que los Turcos enemigos del nombre Cristiano; y aunque creo que
fueron algunos los daños, pero no tantos como ellos lo encarecen. Porque
el tiempo que los nuestros estuvieron en Asia, fué muy poco, y éste le
ocuparon siempre en vencer y alcanzar señaladas victorias de sus
enemigos, de donde les resultaba infinita ganancia de las presas que
hacian, que eran tantas, que algunas veces las dejaban, ó por no
poderlas llevar, ó por estimarlas en poco; pero yo doy por verdadero lo
que dicen los Griegos, más no por eso se les puede quitar la gloria de
sus victorias. ¿Qué ejército se ha visto que diese ejemplo de moderacion
y templaza, y más el que alcanza muy á tarde sus pagas? No hay duda que
un ejército amigo mal disciplinado, es tan dañoso en una Provincia como
el del enemigo; y así los Griegos la mayor parte de sus historias
entretienen en las quejas de estos daños, encareciéndolos más de lo que
debe un Historiador.

Veniáse el ejército retirando hácia Magnesia, donde Roger tenía la mayor
parte de sus riquezas y tesoro, cuando les llegó aviso de los de
Magnesia, como Ataliote su Capitan se habia rebelado; y degollado la
guarnicion de los Catalanes que Roger habia dejado, y alzádose con sus
tesoros que habia recogido dentro de la Ciudad. El caso pasó de esta
manera.

Magnesia era una Ciudad fuerte y grande, y por entre ambas cosas difícil
de ganar si los ánimos de los naturales estaban unidos. Sucedió que
Roger mal advertido les entró á pedir, que para cuando él volviese le
tuviesen á punto caballos y dinero para socorrer su gente. Ellos
valiéndose del aborrecimiento que los Alanos, que estaban dentro, tenian
á los Catalanes, y movidos de la codicia de hacerse dueños de los
tesoros que Roger habia recogido, se resolvieron de tomar las armas, y
rebelarse. Comunicado su consejo con Ataliote, y aprobado por él, les
pareció ponerle en ejecucion; porque como antes vivian á modo de Ciudad
libre, temian venir en sujecion. Los ciudadanos eran muchos y armados,
los Alanos tambien, y los graneros con abundancia de trigo, armas,
dineros y otros pertrechos militares; finalmente recibiendo fé y
juramento entre sí de valerse unos á otros, pasaron á cuchillo parte de
los Catalanes que estaban dentro, parte prendieron, y los pusieron en
cárceles muy seguras. Con esto se confirmaron en su rebelion; porque no
hay cosa que más la asegure un hecho semejante, cuando la atrocidad
quita la esperanza del perdon. Este hecho no le parece al Griego
Pachimerio que lo refiere digno de vituperio, antes lo aprueba y alaba;
con que claramente se debe tener por apología más que por historia la
suya.

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