Autor: Editor

  • Buena Nueva de acuerdo a Marcos Traducción de dominio público abierta a mejoras

    Buena Nueva de acuerdo a Marcos Traducción de dominio público abierta a mejoras

    Aproximadamente 14.820 palavras.

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    esta traducción, a mejorarla pero sobre todo a colaborar en la
    construcción del Reino de Dios que creemos se logra haciendo la
    voluntad de Dios, siguiendo a Jesús.

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    Buena Nueva de acuerdo a Marcos

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    [1]

    1

    001:001 El comienzo de la Buena Nueva de Jesús Cristo, el Hijo de
    Dios.
    001:002 Como está escrito por el profeta Isaías[2]
    «Observa, yo envió mi mensajero antes de tu gracia. Quien
    preparará tu camino antes de ti[3].
    001:003 Una voz [4] gritando en el desierto `¡Preparen el camino del
    Señor!¡Hagan sus caminos rectos[5]!´»
    001:004 Juan estuvo bautizando[6] en el desierto, anunciando el
    bautizo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
    001:005 Toda la gente de Judea y todos los de Jerusalén fueron a él.
    Fueron bautizados por él en el río Jordán mientras confesaban
    sus pecados.
    001:006 Juan se vestía con piel de camello y un cinturón de cuero
    alrededor de su cintura. Comía grillos y miel salvaje.
    001:007 Predicaba diciendo, « Después de mí viene el que es más fuerte
    que yo, ante quien no soy digno de inclinarme a desamarrar las
    cintas de sus sandalias.
    001:008 Yo los bauticé en[7] agua, pero él los bautizará en el
    Espíritu Santo. »

    001:009 Sucedió en esos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y
    fue bautizado por Juan en el Jordán.
    001:010 Cuando se levantaba del agua, Juan vio el cielo dividirse, y
    el Espíritu descendiendo sobre Jesús como una paloma.
    001:011 Una voz salió del cielo, «Tu eres mi Hijo amado, en quien yo
    estoy bien complacido.»

    001:012 Después el Espíritu dirigió a Jesús al desierto.
    001:013 Estuvo en el desierto cuarenta días tentado por el demonio.
    Estuvo con los animales salvajes; y los ángeles le sirvieron.

    001:014 Después que Juan fue detenido[8], Jesús llegó a Galilea,
    anunciando la Buena Nueva de el Reino de Dios
    001:015 y diciendo, «¡El tiempo se ha completado, y el Reino de Dios
    está a la mano[9]! Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva.»

    001:016 Pasando por el lago de Galilea[10], vio a Simón y a Andrés, el
    hermano de Simón, pescando con una red, pues ellos eran
    pescadores.
    001:017 Jesús les dijo, «Síganme, y los haré pescadores de
    hombres[11].»

    001:018 Inmediatamente ellos dejaron sus redes, y lo siguieron.
    001:019 Andando un poco más, vio a Santiago el hijo de Zebedeo, y a
    Juan, su hermano, quienes también estaban en el bote
    arreglando las redes.
    001:020 Entonces Él los llamó, y ellos dejaron a su padre, Zebedeo, en
    el bote con sus empleados y fueron tras Jesús.
    001:021 Fueron a Capernaum, y al siguiente día sabático [12] entró a
    la sinagoga y enseñó.
    001:022 La gente estaba asombrada por su enseñanza, porque enseñaba
    con autoridad, y no como los escribas [13]
    001:023 Había en la sinagoga un hombre con un espíritu impuro, y
    gritaba,
    001:024 diciendo, «¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús, tu Nazareno?
    ¿Has venido a destruirnos? Yo se quien eres tu: ¡El Santo de
    Dios!»

    001:025 Jesús lo reprendió, diciendo, «¡Cállate, y sal de él!»

    001:026 El espíritu impuro, haciéndolo convulsionar y chillando con
    fuerte voz, salió de él.
    001:027 Todos estaban asombrados, se cuestionaban entre ellos
    diciendo, «¿Qué es esto? ¿Una nueva enseñanza? ¡Con autoridad
    Él ordena incluso a los espíritus impuros, y ellos le
    obedecen!»
    001:028 La noticia sobre Jesús se difundió inmediatamente en toda la
    región de Galilea y las áreas vecinas[14 ].

    001:029 Después cuando habían salido de la sinagoga, entraron a la
    casa de Simón y Andrés, con Santiago y Juan.
    001:030 La mamá de la esposa de Simón yacía enferma con fiebre, y le
    contaron sobre ella.
    001:031 Él vino, la tomó de la mano, y la levantó. La fiebre la
    abandonó, y ella los atendió.
    001:032 Por la tarde, cuando el sol se había ocultado, le trajeron a
    todos los enfermos, y aquellos que estaban poseídos por
    demonios.
    001:033 Toda la ciudad estaba reunida en la puerta.
    001:034 Jesús sanó muchos que sufrían diversas enfermedades, y expulso
    muchos demonios. A los demonios no les permitió hablar, porque
    ellos lo conocían

    001:035 Temprano por la mañana, mientras todavía estaba oscuro[15], Él
    se levantó y salió, se dirigió a un lugar desierto, y rezó
    allí.
    001:036 Simón y los que estaban con Él fueron tras Él;
    001:037 lo encontraron y le dijeron, «Todos te están buscando.»

    001:038 Él les dijo, «Vayamos a otros lugares en los siguientes
    pueblos, para que yo pueda predicar allá también, porque por
    esta razón he venido.»
    001:039 Fue a las sinagogas de toda Galilea, evangelizando y
    expulsando los demonios

    001:040 Un leproso vino a Él, suplicándole, arrodillado ante Él, y
    diciéndole, «Si quieres, puedes hacerme limpio.»

    001:041 Jesús tuvo compasión de él[16], estiró su mano, lo tocó, y le
    dijo, «Yo quiero. ¡Queda limpio!»
    001:042 Cuando dijo esto, de inmediato la lepra lo abandonó, y quedó
    limpio.
    001:043 Inmediatamente le mando irse, y le advirtió estrictamente
    001:044 diciéndole, «No se lo digas a nadie, pero muéstrate al
    sacerdote, y ofrece por tu limpieza las cosas que Moisés
    ordenó, como un testimonio para ellos.»

    001:045 Pero él salió y comenzó a anunciarlo y ha difundir lo
    acontecido, así que Jesús ya no podía entrar abiertamente a
    una ciudad, pero se quedaba afuera en sitios desiertos, y
    venían a Él de todas partes.

    2

    002:001 Cuando volvió a entrar en Capernaum después de algunos días,
    se escuchó que estaba en la casa.
    002:002 Entonces muchos se juntaron, de forma que no quedo espacio, ni
    siquiera cerca a la puerta; y Él les decía la palabra.
    002:003 Cuatro personas fueron hacia Él, cargando un paralítico.
    002:004 Cuando no pudieron acercarse más por la multitud, subieron al
    techo[17], quitaron el techo de donde Él estaba. Cuando lo
    habían descubierto, bajaron la camilla en la que estaba el
    paralítico acostado.
    002:005 Jesús, viendo su fe, le dijo al paralítico, « Hijo, tus
    pecados te son perdonados.»

    002:006 Pero había algunos escribas[18] sentados allí, pensando en sus
    corazones,
    002:007 «¿Por qué dice este hombre blasfemias como esa? ¿Quién puede
    perdonar pecados sino solo Dios?»

    002:008 Inmediatamente Jesús, percibió en su espíritu lo que estaban
    pensando, en su interior, y les dijo, «¿Por qué piensan estas
    cosas en sus corazones?
    002:009 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico, `Tus pecados son
    perdonados;´ o decir, `Levántate, toma tu cama, y camina?´
    002:010 Pero sepan que el Hijo del Hombre tiene la autoridad[19] en la
    tierra para perdonar pecados» le dijo al paralítico
    002:011 «Yo te digo, levántate, toma tu camilla, y ve a tu casa.»

    002:012 Él se levantó, e inmediatamente tomó la camilla, y salió en
    frente de todos; todos estaban asombrados, y daban gloria a
    Dios, diciendo, «¡Nunca vimos algo como esto!»

    002:013 Jesús salió de nuevo a la orilla del lago. Toda la multitud
    vino hacia Él, y Él les enseño.
    002:014 Al pasar, vio a Levi, el hijo de Alfeo, sentado en la oficina
    de impuestos [20], y le dijo, « Sígueme.» Y él se levantó y lo
    siguió.

    002:015 Sucedió, que estando sentado en la mesa de su casa, muchos
    recolectores de impuestos y pecadores se sentaron con Jesús y
    sus discípulos, porque había muchos que lo seguían
    002:016 Cuando los escribas y los fariseos vieron que estaba comiendo
    con pecadores y recolectores de impuestos, dijeron a sus
    discípulos, «¿Por qué es esto, que Él come y bebe con
    recolectores de impuestos y pecadores? »

    002:017 Cuando Jesús los escuchó, les dijo, «Aquellos que son
    saludables no tienen necesidad de un médico, sino aquellos que
    están enfermos. No vine a llamar al arrepentimiento a los
    justos sino a los pecadores.»

    002:018 Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando,
    algunas personas fueron y le preguntaron, «¿Por qué los
    discípulos de Juan y los fariseos ayunan pero tus discípulos
    no ayunan?»

    002:019 Jesús les dijo, «¿Pueden los invitados a la boda ayunar
    mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con
    ellos, no pueden ayunar.
    002:020 Pero vendrán días en los que les quitarán al novio, y tendrán
    que ayunar ese día.
    002:021 Nadie coce un parche nuevo[ 21] sobre un vestido viejo, porque
    el parche encoge y se separa del viejo, y se hace un hueco
    peor.
    002:022 Nadie pone vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo
    romperá el cuero, y el vino se derramará, y el cuero quedará
    destruido; en cambio ponen vino nuevo en odres frescos.»

    002:023 Sucedió que Jesús caminaba un día de reposo por los sembrados
    de granos, y sus discípulos comenzaron, mientras los cruzaban,
    a arrancar las espigas.
    002:024 Los fariseos le dijeron, «Observa, ¿Por qué ellos hacen eso,
    que no es legal el día sabático?»

    002:025 Él les contesto, «¿No leyeron lo que David hizo, cuando él
    tuvo necesidad, y estaban hambrientos él y los que estaban con
    él?
    002:026 ¿ Cómo él entró a la casa de Dios cuando Abiatar era un alto
    sacerdote, y comió pan sagrado, lo cual no era permitido sino
    para los sacerdotes, y también le dio a los que estaban con
    él?»
    002:027 Él les dijo, «El día sabático fue hecho para los hombres, no
    los hombres para el día sabático.
    002:028 Así que el Hijo del Hombre es señor incluso del día sabático.

    3

    003:001 Jesús entró de nuevo a la sinagoga, había allí un hombre que
    tenía una mano tullida.
    003:002 Ellos lo miraban pues si lo sanaba el día sabático, podían
    acusarlo.
    003:003 Él le había dicho al hombre que tenía la mano tullida,
    «Levántate.»
    003:004 Jesús les dijo, «¿Es legal en el día sabático hacer el bien, o
    herir? ¿Salvar una vida, o matar?» Pero ellos callaban.
    003:005 Después de mirarlos con indignación, apenado por la dureza de
    sus corazones, le dijo al hombre, «Estira tu mano.» Él la
    estiró, y su mano quedo curada, tan sana como la otra[22].
    003:006 Los fariseos salieron, y junto con los seguidores de Herodes
    conspiraron para destruirlo.

    003:007 Jesús fue al lago con sus discípulos, y una gran multitud lo
    siguió de Galilea, de Judea,
    003:008 de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de Tiro y
    Sidón. Una gran multitud que había escuchado las cosas
    grandiosas que hacía, vino a Él.
    003:009 Jesús habló con sus discípulos para que tuvieran un pequeño
    bote preparado cerca para que la multitud no lo aplastara.
    003:010 Muchos había sanado, por esto todos los enfermos lo
    presionaban para poder tocarlo.
    003:011 Cuando los que estaban poseídos por espíritus impuros[23], lo
    veían, se postraban a sus pies y gritaban, «¡Tu eres el hijo
    de Dios!»
    003:012 Jesús les prohibió estrictamente dar a conocer quien era.

    003:013 Jesús subió a la montaña y llamó a los que había elegido, y
    ellos fueron a Él.
    003:014 Fueron doce, los que pudieron ser elegidos por Él y a quienes
    enviaría a evangelizar,
    003:015 con autoridad para curar enfermedades y sacar demonios:
    003:016 Simón, a quien le dio el nombre de Pedro;
    003:017 Santiago hijo de Zebedeo; Juan, el hermano de Santiago, los
    llamo Boanegres, que significa hijos del trueno;
    003:018 Andrés; Felipe; Bartolomé; Mateo; Tomás; Santiago el hijo de
    Alfeo; Tadeo; Simón el celote;
    003:019 y Judas Iscariote quien después lo traicionó
    Jesús entró a una casa.
    003:020 La multitud se reunió nuevamente, hasta el punto en que no los
    dejaban comer pan.
    003:021 Cuando sus familiares escucharon esto, fueron a llevárselo:
    diciendo, «Él está loco.»
    003:022 Los maestros de la ley que llegaron de Jerusalén dijeron,
    «Tiene a Beelzebú,» y «con la ayuda del príncipe de los
    demonios expulsa demonios.»

    003:023 Él los llamó, y les enseño en forma de parábolas, «¿Como puede
    Satanás expulsarse a si mismo?
    003:024 Si un reino está dividido en contra de si mismo, ese reino no
    podrá mantenerse.
    003:025 Si un hogar está dividido, ese hogar no podrá mantenerse.
    003:026 Si Satanás está en contra de si mismo y dividido, no podrá
    mantenerse, y tendrá su fin.
    003:027 Pero nadie puede entrar a la casa de un hombre fuerte a robar,
    a no ser de que antes ate al hombre fuerte; entonces podrá
    robar su casa.
    003:028 Yo les aseguro, todos los pecados del hombre le serán
    perdonados, incluyendo sus blasfemias;
    003:029 Pero quien blasfeme contra del Espíritu Santo nunca tendrá
    perdón, es culpable de un pecado eterno[24].»
    003:030 porque ellos dijeron, «Él tiene un espíritu impuro.»

    003:031 La madre y los hermanos de Jesús llegaron y desde afuera lo
    mandaron a llamar.
    003:032 Una multitud estaba sentada alrededor de Jesús y le dijeron,
    «Mira, tu madre, tus hermanos[25] y tus hermanas[26] están
    afuera buscándote.»

    003:033 Él les contestó, «¿Quienes son mi madre y mis hermanos?»
    003:034 Mirando a quienes se sentaban a su alrededor, dijo «¡Miren, mi
    madre y mis hermanos!
    003:035 Todo aquel que haga la voluntad de Dios, es también mi
    hermano, mi hermana y madre.»

    4

    004:001 Nuevamente comenzó a enseñar a la orilla del lago. Una gran
    multitud estaba a su alrededor, así que subió a un bote en el
    lago y se sentó. Toda la multitud estaba a la orilla del lago.
    004:002 Él les enseñaba muchas cosas en parábolas, y les decía en sus
    enseñanzas,
    004:003 «¡Escuchen! Un campesino salió a sembrar,
    004:004 y ocurrió, mientras sembraba, que algunas semillas cayeron
    sobre el camino, y los pájaros [27] vinieron y las devoraron.
    004:005 Otras cayeron sobre suelo pedregoso, con poca tierra, e
    inmediatamente brotaron, porque la tierra no era profunda.
    004:006 Cuando el sol subió las quemó; y como no tenían raíz se
    secaron.
    004:007 Otras cayeron entre las espinas, las espinas crecieron, las
    sofocaron y no dieron fruto.
    004:008 Otras cayeron en tierra buena, y dieron fruto, creciendo y
    aumentando. Algunas dieron treinta veces más, algunas sesenta
    veces más, y algunas cien veces más.»
    004:009 Y dijo, «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»

    004:010 Cuando estaba sólo, aquellos que estaban a su alrededor con
    los doce le preguntaron sobre las parábolas.
    004:011 Jesús les dijo, «A ustedes se les dan los misterios del Reino
    de Dios, pero para quienes están afuera, todo se hace en
    parábolas,
    004:012 porque `viendo pueden ver, y no percibir; y oyendo pueden oír,
    y no entender; a menos que cambiaran, y sus pecados les serían
    perdonados.´»

    004:013 Les dijo, «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo entenderán
    entonces todas las parábolas?
    004:014 El campesino siembra la palabra.
    004:015 Hay las que caen en el camino, cuando la palabra es sembrada;
    y cuando algunos la han oído, inmediatamente viene Satanás, y
    se lleva la palabra que ha sido sembrada en ellos[28].
    004:016 De forma similar hay las que son sembradas en lugares
    pedregosos, aquellos, que cuando escuchan la palabra la
    reciben con alegría.
    004:017 No tiene raíces en ellos mismos, y duran poco tiempo. Cuando
    la opresión o la persecución llega a causa de la palabra,
    inmediatamente tropiezan.
    004:018 Otras son las sembradas entre espinas. Estos son quienes han
    escuchado la palabra,
    004:019 y las preocupaciones de este mundo[29], el engaño de la
    riqueza, y los deseos por otras cosas entran a sofocar la
    palabra, y se vuelve infértil.
    004:020 Las que fueron sembrados en tierra buena: aquellos que cuando
    escuchan la palabra, la aceptan, y dan fruto, algunos treinta
    veces, otros sesenta veces, y algunos cien veces.»

    004:021 Jesús les dijo, «¿Se trae la lampara para ponerla debajo de un
    cajón[30] o debajo de una cama? ¿No es para ponerla sobre una
    base?
    004:022 Porque no hay nada escondido, que no llegue a ser
    conocido[31]; ni nada se hizo secreto, que no sea sacado a la
    luz[32].
    004:023 Si alguien tiene oídos para oír, que oiga.»

    004:024 Él les dijo, «Pongan atención a lo que escuchan. Con la medida
    que midan, serán medidos y mas se te dará a ti que escuchas.
    004:025 Pues a quien tenga mas se le dará, y a quien no tenga a ese se
    le quitará incluso lo que tenga.»

    004:026 Jesús dijo, «El Reino de Dios es como si un hombre regara
    semillas sobre la tierra,
    004:027 debe dormir y levantarse noche y día, y la semilla brotará y
    crecerá[33] y el hombre no sabe como.
    004:028 Pues la tierra da frutos: primero la hoja, luego la espiga y
    después el grano completo en la espiga.
    004:029 Pero cuando el fruto está maduro, inmediatamente él saca la
    hoz, porque la cosecha ha llegado.»

    004:030 Jesús dijo, «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con que
    parábola lo ilustraremos?
    004:031 Es como una semilla de mostaza, que cuando es sembrada en la
    tierra, es menos que todas las semillas[34 ] que hay en la
    tierra,
    004:032 pero cuando es sembrada y crece, llega a ser más grande que
    todas las hierbas, y extiende grandes ramas para que los
    pájaros del cielo puedan alojarse bajo su sombra.»

    004:033 Con muchas de tales parábolas les dijo la palabra,
    parábolas[35] que ellos podían escucharla.
    004:034 Sin una parábola Él no les hablaba; pero en privado le
    explicaba todo a sus discípulos.

    004:035 Ese día, cuando atardeció, les dijo, «Vámonos al otro lado.»
    004:036 Dejando la multitud, se lo llevaron tal como estaba, en el
    bote. Otros botes pequeños lo acompañaban.
    004:037 Una gran tormenta se levantó, las olas golpeaban el bote, una
    gran parte del bote ya estaba lleno de agua.
    004:038 Jesús se encontraba en la popa dormido sobre una almohada, lo
    despertaron y le dijeron, «Maestro, ¿no te preocupa que nos
    estamos muriendo?»

    004:039 Jesús despertó, y reprendió al viento, y le dijo al mar «¡Paz!
    ¡ Quédate quieto!» El viento cesó, y hubo una gran calma.
    004:040 Jesús les dijo, «¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es eso,
    que no tienen fe? »

    004:041 Ellos estaban muy asustados y se dijeron unos a otros, «¿Quien
    es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

    5

    005:001 Llegaron al otro lado del lago, a la región de Gerasa[36].
    005:002 Cuando había bajado del bote, de las tumbas salió a su
    encuentro un hombre con un espíritu impuro,
    005:003 el hombre tenía por casa las tumbas. Nadie podía atarlo, ni
    siquiera con cadenas,
    005:004 aunque a menudo lo habían atado con lazos y cadenas, él rompía
    las cadenas, y hacía pedazos los lazos. Nadie tenía la fuerza
    para dominarlo.
    005:005 Siempre, día y noche, en las tumbas y en las montañas, él
    chillaba, y se cortaba con piedras.
    005:006 Cuando vio a Jesús desde lejos corrió y se inclinó ante Él,
    005:007 y gritando con fuerte voz, decía «¿Qué tengo que ver contigo,
    Jesús, tu hijo del altísimo Dios? Te pido por Dios, no me
    atormentes.»
    005:008 Jesús le había dicho, «espíritu impuro ¡sal de este hombre!»

    005:009 Jesús le preguntó, «¿Cuál es tu nombre?»,
    él le contestó, «Mi nombre es legión, porque somos muchos.»
    005:010 El espíritu le suplicaba que no lo enviará fuera de la región.
    005:011 Había sobre el lado de una montaña una gran piara de cerdos
    alimentándose.
    005:012 Todos los demonios le suplicaban diciendo, « Envianos a esos
    cerdos, para que podamos entrar en ellos[37].»

    005:013 Una vez Jesús les dio permiso. Los espíritus impuros salieron
    del hombre y entraron a los cerdos. El rebaño de
    aproximadamente dos mil cerdos se lanzó al lago desde un
    acantilado y los cerdos se ahogaron en el lago.
    005:014 Quienes los alimentaban huyeron, y contaron esto en la ciudad
    y en el campo.
    La gente vino a ver que era lo que había ocurrido.
    005:015 Fueron donde Jesús, y vieron al que había estado poseído por
    demonios, sentado, vestido y cuerdo, aquel que había tenido la
    legión; y se asustaron.
    005:016 Quienes lo vieron, declararon lo que había ocurrido al que
    estaba poseído por demonios y a los cerdos.
    005:017 La gente comenzó a pedirle a Jesús que abandonara la zona.

    005:018 Cuando Jesús entró al bote, el hombre que había estado poseído
    por demonios le pidió que le permitiera ir con Él.
    005:019 Él no se lo permitió, pero le dijo «Ve a tu casa, donde tus
    amigos, y cuéntales las grandes cosas que el señor ha hecho
    por ti, y como Él ha tenido piedad contigo.»

    005:020 Se fue y comenzó a proclamar en Decapolis[38] como Jesús había
    hecho grandes cosas por él, y todos se maravillaban.

    005:021 Cuando Jesús había vuelto a la otra orilla, una gran multitud
    se le acercó; Él estaba en el lago.
    005:022 Sucedió que uno de los dirigentes de la sinagoga, de nombre
    Jairo, vino; y viéndolo calló a sus pies,
    005:023 y le suplicó diciendo, «Mi pequeña hija está a punto de morir.
    Por favor ven y pon tus manos sobre ella, para que pueda ser
    saludable y viva.»

    005:024 Jesús fue con él, una gran multitud lo siguió y lo presionaban
    por todas partes.
    005:025 Cierta mujer, que tenía un hemorragia desde hacía doce años,
    005:026 que había sufrido mucho con muchos médicos, y que había
    gastado todo lo que tenía, y no mejoraba, sino al contrario
    empeoraba,
    005:027 habiendo oído lo que se decía de Jesús, fue tras Él entre la
    multitud, y tocó sus ropas.
    005:028 Pues se había dicho, «Si tan sólo toco su vestido, me
    aliviaré[39].»
    005:029 Inmediatamente el flujo de sangre se detuvo, y ella sintió en
    su cuerpo que su enfermedad había sido sanada

    005:030 Entonces Jesús, al percibir que había salido poder de Él, se
    volteó hacia la multitud, y preguntó, «¿Quien tocó mi ropa?»

    005:031 Sus discípulos le dijeron, «Mira la multitud presionándote,
    Como dices, `¿Quien me tocó?´»

    005:032 Él miró a su alrededor para ver a la que había hecho esto.
    005:033 Pero la mujer, temerosa y temblando, sabiendo lo que le había
    ocurrido, vino y cayó frente a Él, y le dijo la verdad.

    005:034 Él le dijo, «Hija, tu fe te ha hecho bien. Ve en paz, y queda
    curada de tu enfermedad.»

    005:035 Mientras Él aún hablaba, vinieron de la casa del dirigente de
    la sinagoga diciendo, «Tu hija está muerta. ¿Para qué
    incomodar más al Maestro?»

    005:036 Pero Jesús, al oír el mensaje, inmediatamente dijo al
    dirigente de la sinagoga, «No tengas miedo, sólo cree.»
    005:037 Él no permitió que lo siguieran, excepto Pedro, Santiago y
    Juan el hermano de Santiago.
    005:038 Entró a la casa del dirigente de la sinagoga y encontró
    conmoción, llanto y un gran lamento.
    005:039 Cuando había entrado, les dijo, «¿Por qué están conmovidos y
    lloran? La niña no esta muerta, sino dormida.»

    005:040 La gente lo ridiculizó. Pero Él, habiéndolos sacado a todos,
    tomó al padre de la niña a su madre y a los que estaban con
    él, y entró donde yacía la niña.
    005:041 Tomándola por la manó, le dijo, «Talitha cumi;»[40] que
    traducido significa, «Niña, te digo, levántate.»
    005:042 Inmediatamente la niña se levanto y caminó, ella tenía doce
    años. Ellos estaban asombrados, y profundamente admirados.
    005:043 Él les ordenó estrictamente que nadie debía saber esto, y
    dijo[41] que algo debía dársele de comer a la niña.

    6

    006:001 Jesús salió de allí. Llegó a su propia tierra, y sus
    discípulos lo siguieron.
    006:002 Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la
    sinagoga, muchos al escucharlo quedaban asombrados y decían,
    «¿De donde sacó éste hombre estas cosas?» y «¿Cuál es la
    sabiduría que fue dada a éste hombre para que tantas obras
    poderosas salgan de sus manos?
    006:003 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de
    Santiago, José, Judas y Simón? ¿Acaso no están sus hermanas
    acá con nosotros?» La gente estaba ofendida con Él.

    006:004 Jesús les dijo, «Un profeta no queda sin ser honrado, excepto
    en su propia tierra, entre sus parientes y en su propio
    hogar.»
    006:005 Jesús no pudo hacer obras poderosas allí, sólo puso sus manos
    sobre algunas personas enfermas y las sanó.
    006:006 Estaba asombrado de su incredulidad.
    Fue a los pueblos de los alrededores enseñando.
    006:007 Llamó a los doce, y los comenzó a enviar de dos en dos; les
    dio autoridad para expulsar espíritus impuros[42].
    006:008 Les ordenó no llevar cosa alguna en su viaje, solo un bastón,
    ningún pan, ninguna bolsa, ni tampoco dinero en sus carteras,
    006:009 que utilizaran sandalias y que no llevaran dos túnicas.
    006:010 Él les dijo«En la casa que entren quédense hasta que partan
    del lugar.
    006:011 Donde quiera que no los reciban ni los escuchen, cuando salgan
    de allí, sacudan el polvo de sus pies como testimonio contra
    ellos. Ciertamente, les digo, ¡será más tolerable para Sodoma
    y Gomorra en el día del juicio que para esa ciudad![43] »

    006:012 Salieron y predicaron que la gente debía arrepentirse.
    006:013 Sacaron muchos demonios, y a muchos enfermos los ungieron con
    aceite y los sanaron.
    006:014 El rey Herodes escuchó esto, porque el nombre de Jesús se
    había hecho conocido, y dijo, «Juan el Bautista ha vuelto de
    la muerte, y por esto esos poderes obran en Él.»
    006:015 Pero otros decían, «Es Elías.» Otros decían, «Es el profeta, o
    como uno de los profetas.»
    006:016 Pero Herodes, cuando oyó esto dijo, «Es Juan, a quien yo
    decapité. Él ha vuelto de la muerte.»
    006:017 Porque Herodes mismo había ordenado arrestar a Juan, y lo
    mantuvo en prisión por deseo de Herodías, la esposa de su
    hermano Felipe, con quien él se había casado.
    006:018 Pues Juan le había dicho a Herodes, «No es permitido para ti,
    tomar la esposa de tu hermano.»
    006:019 Herodías se puso en contra de él, y deseaba matarlo, pero no
    podía,
    006:020 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que él era un hombre
    correcto y santo, y lo mantenía seguro. Cuando lo escuchaba,
    hacía muchas cosas, y lo escuchaba gustoso[44].

    006:021 Entonces vino un día conveniente, en el que Herodes en su
    cumpleaños hizo una cena para sus nobles, los altos oficiales,
    y los dirigentes de Galilea.
    006:022 Cuando la hija de Herodías vino y danzó, agradó a Herodes y a
    quienes se sentaban con él. El rey le dijo a la joven, «Pídeme
    lo que desees y yo te lo daré.»
    006:023 Le juró ,«Lo que me pidas, te lo daré, hasta la mitad de mi
    reino.»

    006:024 Ella salió, y le dijo a la madre, «¿Qué debo pedir?»
    Ella le dijo, «La cabeza de Juan el Bautista.»

    006:025 La joven fue de prisa donde el rey, y le pidió, «Deseo que me
    des ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en una
    bandeja.»

    006:026 El rey estaba demasiado apenado, pero a causa de su juramento,
    y de los invitados a su cena, no quiso negárselo.
    006:027 Entonces el rey envió a un soldado de su guardia, y le ordenó
    traer la cabeza de Juan, y él fue, decapitó a Juan en la
    prisión,
    006:028 trajo su cabeza en una bandeja, y la entregó a la joven; y la
    joven la entregó a su madre.

    006:029 Cuando los discípulos de Juan oyeron esto, fueron, tomaron su
    cuerpo y lo pusieron en una tumba.

    006:030 Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le dijeron todo lo que
    habían hecho y todo lo que habían enseñado.
    006:031 Él les dijo, «Vamos a un lugar apartado[45], para descansar
    por un momento.» Pues habían muchos que iban y venían, y no
    tenían tiempo libre ni para comer.
    006:032 Se fueron en el bote a un lugar desierto.
    006:033 La gente[46] los vio andando, y muchos reconocieron a Jesús y
    corrieron allí desde todas las ciudades. Llegaron antes que
    ellos y fueron donde Jesús.
    006:034 Jesús salió, vio la gran multitud, y tuvo compasión de ellos,
    porque eran como ovejas sin un pastor, y comenzó a enseñarles
    muchas cosas.
    006:035 Cuando se hizo tarde llegaron sus discípulos y le dijeron,
    «Este lugar está deshabitado y es tarde.
    006:036 Diles que se marchen, así pueden ir a los pueblos y
    alrededores a comprarse pan, pues no tienen nada de comer.»

    006:037 Pero Él les contesto «Denles ustedes algo de comer.»
    Ellos le preguntaron,«¿Deberíamos ir a comprar doscientos
    denarios[ 47] de pan, para darles de comer?»

    006:038 Él les dijo, «¿Cuántos panes tienen? Vayan a mirar.»
    Cuando ellos supieron, dijeron, «Cinco y dos pescados.»

    006:039 Él les indicó sentarse en grupos sobre el pasto verde.
    006:040 Se sentaron en grupos[48], de a cien y de a cincuenta.
    006:041 Jesús tomó los 5 panes y los dos pescados, y mirando al cielo,
    los bendijo y cortó los trozos de pan, y dio los pedazos a sus
    discípulos para que los repartieran, y dividió los pescados
    entre todos.
    006:042 Todos comieron, y todos quedaron satisfechos.
    006:043 Recogieron doce canastos llenos de los trozos cortados y de
    pescado.
    006:044 Los que comieron los trozos de pan fueron[49] cinco mil
    hombres.

    006:045 Después Jesús hizo que sus discípulos subieran al bote y
    fueran al otro lado a Betsaida, mientras Él despedía la
    multitud.
    006:046 Después de despedirse de ellos subió a la montaña a orar.

    006:047 Cuando llego la tarde el bote se encontraba en la mitad del
    lago, y Él estaba solo en tierra.
    006:048 Jesús al ver los discípulos remando con dificultad, pues el
    viento estaba en contra, a la madrugada[50] llegó donde ellos
    caminando sobre el lago, y el hubiera seguido,
    006:049 pero cuando lo vieron caminando sobre el lago creyeron que era
    un fantasma y gritaron;
    006:050 pues todos lo vieron y estaban asustados. Pero Jesús
    inmediatamente habló con ellos y les dijo, «¡Anímense! ¡ Soy
    yo! No tengan miedo.»
    006:051 Subió al bote con ellos; y el viento cesó, los discípulos
    estaban muy asombrados entre ellos y maravillados;
    006:052 pues no habían comprendido lo de los panes, y sus corazones
    estaban endurecidos.

    006:053 Cuando cruzaron, fueron a tierra en Genesaret, y amarraron el
    bote a tierra[51].
    006:054 Cuando habían salido del bote, la gente lo reconoció
    006:055 y corrieron por toda la región, y comenzaron a traer a quienes
    estaban enfermos sobre sus camillas, donde oían que Él estaba.
    006:056 En cualquier parte que el entrara, en villas, o en ciudades, o
    en el campo, la gente sacaba a los enfermos a las plazas, y le
    rogaban que les permitiera tocar sólo el borde de su vestido;
    y todos los que lo tocaban sanaban.

    7

    007:001 Los fariseos y algunos de los escribas que llegaron de
    Jerusalén fueron donde Jesús.
    007:002 Cuando vieron a algunos de los discípulos de Jesús comiendo
    pan con manos impuras, es decir, sin lavárselas, lo
    encontraron errado.
    007:003 (Pues los fariseos, y todos los judíos, no comen sin lavar
    antes sus manos y antebrazos, manteniendo la tradición de los
    ancianos.
    007:004 No comen cuando vienen de la plaza de mercado, sin antes
    bañarse[52], y hay muchas otras cosas, que han recibido y
    mantenido: lavado de copas, jarras, recipientes de bronce y
    camas.)
    007:005 Los fariseos y los escribas le preguntaron, «¿Por qué tus
    discípulos no andan de acuerdo a la tradición de los ancianos,
    y comen[53] sin lavarse las manos?»

    007:006 Él les contestó, «Bien hizo Isaías profecías sobre su
    hipocresía, como está escrito,
    `Esta gente me honra con sus labios, Pero su corazón está
    lejos de mi.
    007:007 Pero en vano me alaban mientras enseñan como doctrinas los
    mandamientos de los hombres.´
    007:008 «Pues ustedes dejan de lado los mandamientos de Dios, y siguen
    estrictamente la tradición de los hombres; el lavado de jarras
    y copas, y hacen muchas otras de tales cosas.»
    007:009 Él les dijo, « Rechazan por completo los mandamientos de Dios,
    para poder mantener su tradición.
    007:010 Moisés dijo, `Honra a tu padre y a tu madre;´ y, `Quien
    maldiga a su padre o a su madre, que sea condenado a muerte. ´
    007:011 Pero ustedes dicen, `Si un hombre dice a su padre o su madre,
    « Cualquier ganancia que pudieras haber recibido de mi es
    Corban[54], es decir, es dada a Dios[55];»´
    007:012 y así ustedes no le permiten a alguien hacer algo por su padre
    o su madre,
    007:013 anulando la palabra de Dios por su tradición, que han
    continuado. Ustedes hacen muchas cosas como esta.»

    007:014 Jesús llamó la multitud y les dijo, «Escúchenme, todos y
    entiendan.
    007:015 No hay nada de afuera del hombre, que pueda entrar y hacerlo
    impuro; pero lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro.
    007:016 Si alguno tiene oídos para escuchar, ¡escuche!»

    007:017 Cuando se alejó de la multitud y entró a la casa, sus
    discípulos le preguntaron sobre la parábola.
    007:018 Él les dijo, «¿No comprenden ustedes tampoco? ¿No se dan
    cuenta que todo lo que entra de afuera del hombre no lo puede
    hacer impuro,
    007:019 porque no va a su corazón, sino a su estomago, y entonces a la
    letrina, haciendo así que todas las comidas sean puras?»
    007:020 Dijo, «Es lo que sale del hombre, lo que lo hace impuro.
    007:021 Porque de adentro, de los corazones de los hombres, proceden
    malos pensamientos, adulterios, pecados sexuales, asesinatos,
    robos,
    007:022 codicia, inmoralidad, fraudes, deseos lujuriosos, malos ojos,
    blasfemia, vanidad y estupidez.
    007:023 Todas estas cosas malas vienen de adentro, y hacen impuro al
    hombre.»

    007:024 Jesús se fue de allí a los límites de Tiro y Sidón[56]. Entró
    a una casa y aunque no deseaba que nadie lo supiera, no pudo
    evitar que se dieran cuenta.
    007:025 Una mujer cuya pequeña hija estaba poseída por un espíritu
    impuro escuchó sobre Jesús, llego donde Él y se arrojo a sus
    pies.
    007:026 La mujer era griega[57], una sirofenicia de nacimiento. Le
    suplicó que expulsara al demonio fuera de su hija.
    007:027 Pero Jesús le dijo, «Deja que los niños se llenen primero,
    pues no es apropiado quitarles el pan y dárselo a los
    perritos.»

    007:028 Pero ella le contestó, «Si Señor. Pero hasta los perritos
    debajo de la mesa comen de las migajas de los niños.»

    007:029 Él le dijo, «Por lo que has dicho, ve por tu camino. El
    demonio ha salido de tu hija.»

    007:030 Ella se fue para su casa, y encontró a la niña que había
    yacido en cama, con el demonio ya expulsado.

    007:031 Nuevamente el partió de los límites de Tiro y Sidón, y fue
    hacia el lago de Galilea, cruzando la región de Decapolis[58].
    007:032 La gente le llevo a un sordo que también tenía impedimento
    para hablar. Le rogaron que pusiera su mano sobre él.
    007:033 Él lo condujo lejos de la multitud, en privado, puso sus dedos
    sobre sus oídos, escupió saliva y tocó su lengua.
    007:034 Mirando al cielo, suspiró, y le dijo, «¡ Ephphatha!» que
    significa, «¡Ábrete!»
    007:035 Inmediatamente sus oídos se abrieron, y el impedimento de su
    lengua quedo liberado, y habló claramente.
    007:036 Jesús les indico que no debían decirlo a nadie, pero entre más
    les indicaba, más ampliamente lo proclamaban.
    007:037 La gente estaba asombrada fuera de toda medida y decía, «¡Él
    ha hecho todo bien. Ha hecho que los sordos oigan, y que los
    mudos hablen!»

    8

    008:001 En aquellos días, se reunió una gran multitud, y no había nada
    para comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo,
    008:002 «Tengo compasión de la multitud, porque se ha quedado conmigo
    ya tres días, y no tiene nada que comer.
    008:003 Si los envió en ayunas a sus casas, se debilitarán en el
    camino, porque algunos han venido por un camino largo.»

    008:004 Sus discípulos le contestaron, «¿De donde podríamos satisfacer
    a estas personas con pan en un lugar desierto[59]?»

    008:005 Él les preguntó, «¿Cuántos pedazos de pan tienen?»
    Ellos dijeron, «Siete.»

    008:006 Jesús ordenó a la multitud sentarse en el piso, y tomó los
    siete pedazos. Habiendo dado gracias[60], los partió, y los
    dio a sus discípulos para servirlo, y ellos sirvieron a la
    multitud.
    008:007 Tenían unos pocos pescados pequeños. Habiéndolos bendecido,
    dijo que también los sirvieran.
    008:008 La gente comió y quedo satisfecha. Recogieron hasta siete
    canastos de los pedazos de pan que sobraron.
    008:009 Los que comieron eran cerca de cuatro mil. Entonces los envió
    a sus casas[61].

    008:010 Después Jesús subió al bote con sus discípulos, y llegaron a
    la región de Dalmanuta.
    008:011 Los fariseos salieron y comenzaron a cuestionarlo[62] buscando
    de Él una señal del cielo, y probándolo.
    008:012 Jesús suspiró profundamente en su espíritu, y dijo, «¿Por qué
    esta generación[63] busca una señal? Con certeza les digo,
    ninguna señal le será dada a esta generación.»

    008:013 Los dejó, y nuevamente subiendo al bote, partió a la otra
    orilla.
    008:014 Olvidaron subir pan; y en el bote no tenían más que un pedazo
    consigo.
    008:015 Los instruyó diciendo«Estén atentos: cuídense de la levadura
    de los fariseos y de la levadura de Herodes.»

    008:016 Razonaron entre ellos diciendo «Es porque no tenemos pan.»

    008:017 Jesús, percibiéndolo, les dijo, «¿Por qué piensan que es
    porque no tienen pan? ¿No se dan cuenta aún, ni entienden?
    ¿Están sus corazones aún endurecidos?
    008:018 ¿Teniendo ojos, no ven? ¿Teniendo oídos, no escuchan? ¿No
    recuerdan
    008:019 cuando repartí los cinco panes entre cinco mil, cuántos
    canastos llenos de pedazos recogieron?
    Ellos le dijeron, «Doce.»

    008:020 «Cuando los siete panes alimentaron a cuatro mil, ¿Cuántos
    canastos llenos de pedazos recogieron?»
    Le dijeron, «Siete.»

    008:021 Él les preguntó, «¿No entienden aún?»

    008:022 Llegó[64] a Betsaida. Le llevaron un hombre ciego, y le
    rogaron que lo tocara.
    008:023 Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevo fuera del pueblo.
    Después de humedecerle los ojos con saliva y colocar sus manos
    sobre él, le preguntó si veía algo.

    008:024 Alzó la mirada y dijo, «Veo hombres; los veo como arboles
    caminando.»

    008:025 Nuevamente puso sus manos sobre los ojos del ciego. Él miró
    fijamente, y quedó sano, y vio a todo el mundo claramente.
    008:026 Jesús lo mando para su casa diciéndole, «No entres al pueblo,
    ni le digas a nadie del pueblo.»

    008:027 Jesús se fue con sus discípulos a las aldeas de Cesarea
    Filipo. En el camino les preguntó a sus discípulos, «¿Quién
    dicen los hombres que soy yo?»

    008:028 Ellos le dijeron, «Juan el bautiza, otros dicen Elías, y otros
    que alguno de los profetas.»

    008:029 Jesús les dijo, «¿Pero ustedes quién dicen que soy yo?»
    Pedro contestó, «Tu eres el Mesías[65].»

    008:030 Jesús les ordenó no contarle a nadie sobre Él.
    008:031 Comenzó a enseñarles que el hijo del hombre debería sufrir
    muchas cosas y sería rechazado por los ancianos, los jefes de
    los sacerdotes y los escribas, sería asesinado y luego de tres
    días resucitaría.
    008:032 Jesús les habló abiertamente. Pedro lo apartó de los demás y
    comenzó a reprenderlo.
    008:033 Jesús volteándose y mirando a sus discípulos reprendió a Pedro
    diciéndole, «¡Aléjate de mi, Satanás! Pues tienes en la mente
    no las cosas de Dios sino las del hombre.»

    008:034 Llamó hacia Él a la multitud junto con sus discípulos, y les
    dijo, «Quien desee seguirme, nieguese a si mismo, tome su cruz
    y sígame.
    008:035 Pues quien quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su
    vida a causa mía y la de la Buena Nueva la salvará.
    008:036 Pues ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si
    pierde la vida?
    008:037 ¿Qué dará un hombre a cambio de su vida?
    008:038 De quien se apene de mi y de mis palabras en esta generación
    adultera y pecadora, el Hijo del Hombre también se apenará,
    cuando venga en la gloria del Padre con sus ángeles
    sagrados.»

    9

    009:001 Les dijo, «Con seguridad les digo, hay algunos aquí presentes
    que no probarán de forma alguna la muerte hasta que vean venir
    el Reino de Dios con todo su poder.»

    009:002 Después de seis días Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y
    Juan y los llevo a una montaña alta donde estaban en privado,
    y la forma de Jesús cambió en frente de ellos.
    009:003 Su ropa se volvió brillante, excesivamente blanca, como la
    nieve, como ningún lavandero sobre la tierra puede
    blanquearla.
    009:004 Elías y Moisés aparecieron ante ellos, y hablaron con Jesús.

    009:005 Pedro le dijo a Jesús, «Rabí, es muy bueno para nosotros estar
    aquí. Hagamos tres tiendas: una para ti, una para Moisés y una
    para Elías»
    009:006 Porque él no sabía que decir, pues estaban muy asustados.

    009:007 Una nube llegó y los cubrió y una voz salió de la nube, «Este
    es mi Hijo amado. Escúchenlo.»

    009:008 De repente al mirar alrededor, ya no vieron a nadie más con
    ellos, sólo a Jesús

    009:009 Cuando bajaban de la montaña, Jesús les indicó no contar lo
    que habían visto, sino hasta que el Hijo del Hombre se hubiera
    levantado de la muerte.
    009:010 Ellos mantuvieron estas palabras en si mismos, cuestionándose
    el significado de «levantado de la muerte»

    009:011 Le preguntaron «¿Por qué los escribas dicen que Elías debe
    venir primero?»

    009:012 Él les contesto«Elías de hecho vino primero, y restauró[66]
    todo. ¿Por qué está escrito sobre el Hijo del Hombre, que debe
    sufrir muchas cosas y ser despreciado[67]?
    009:013 Pero les digo que Elías ha venido, y ellos han hecho con él lo
    que han querido, así como está escrito sobre él.»

    009:014 Cuando volvió donde los discípulos, vio una gran multitud
    alrededor de ellos, y escribas cuestionándolos.
    009:015 Entonces, cuando la multitud lo vio quedó asombrada, y corrió
    hacia Él para saludarlo.
    009:016 Él preguntó a los escribas, «¿Qué están preguntándoles?»

    009:017 Uno de la multitud respondió, «Maestro, te he traído mi hijo
    quien tiene un espíritu mudo;
    009:018 y siempre que lo toma lo tira al suelo, vota espuma por la
    boca, rechinan sus dientes y queda exhausto. He pedido a tus
    discípulos que lo expulsen, pero ellos no pudieron.»

    009:019 Jesús le contesto, «Generación poco creyente, ¿Cuánto tiempo
    debo estar con ustedes? ¿Cuánto tiempo debo cargarlos?
    Traíganmelo.»

    009:020 Se lo trajeron, y cuando lo vio de inmediato el espíritu lo
    hizo convulsionar, y cayo a tierra, revolcándose y votando
    espuma por la boca.

    009:021 Jesús le preguntó al padre, «¿Cuánto tiempo ha pasado desde
    que esto le ha ocurrido?»
    Él le contestó, «Desde niño.
    009:022 A menudo lo ha tumbado tanto en el fuego como en el agua, para
    destruirlo. Pero si tu puedes hacer algo, ten compasión de
    nosotros y ayúdanos.»

    009:023 Jesús le dijo, «Si puedes creer, todo es posible para el que
    cree.»

    009:024 Inmediatamente el padre del niño dijo con lágrimas, «¡Yo creo.
    Ayuda a mi falta de fe!»

    009:025 Cuando Jesús vio a la multitud que venía corriendo en grupo,
    reprendió al espíritu impuro, diciéndole, «¡Tú espíritu mudo y
    sordo, te ordeno salir de él, y nunca más volver a entrar en
    él!»

    009:026 Habiendo chillado y convulsionado fuertemente, salió de él. El
    niño quedó como muerto; tanto que algunos decían, «Está
    muerto.»
    009:027 Pero Jesús lo tomo de la mano, lo levantó; y él se
    levantó[68].

    009:028 Cuando Jesús había entrado a la casa, sus discípulos le
    preguntaron en privado, «¿Por qué no pudimos sacarlo?»
    009:029 Él les dijo, «Este tipo no puede salir con nada, excepto con
    oración y ayuno.»

    009:030 Salieron de allí, y pasaron por Galilea. Él no quería que la
    gente lo supiera.
    009:031 Estaba enseñando a sus discípulos y les decía « El Hijo del
    Hombre está siendo pasado a manos de los hombres, y ellos lo
    matarán; y después de muerto, al tercer día se levantará de
    nuevo.»

    009:032 Pero ellos no entendieron lo que decía, y les asustaba
    preguntarle.

    009:033 Jesús llegó a Capernaum, y cuando estaba en la casa les
    preguntó, «¿Qué estaban discutiendo entre ustedes en el
    camino?»

    009:034 Pero ellos estaban silencioso, porque en el camino habían
    estado discutiendo unos con otros sobre quien era el más
    grande.

    009:035 Él se sentó, y llamó a los doce; y les dijo«Si algún hombre
    desea ser el primero, debe ser el último de todos, y servirlos
    a todos.»
    009:036 Tomó a un pequeño niño, y lo puso en el medio de ellos.
    Tomándolo en sus brazos, les dijo,
    009:037 «Cualquiera que reciba uno de estos pequeños en mi nombre, me
    recibe a mí, y quien me recibe a mí no me recibe a mí, sino al
    que me envió.»

    009:038 Juan le dijo, «Maestro, vimos a alguien que no nos sigue
    expulsando demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque
    él no nos sigue.»

    009:039 Pero Jesús dijo, «No se lo prohíban, porque no hay nadie que
    haga un trabajo maravilloso, y que rápidamente pueda hablar
    mal de mí.
    009:040 Porque cualquiera que no esté contra nosotros está a nuestro
    lado.
    009:041 Y cualquiera que les de un vaso de agua para beber en mi
    nombre, porque ustedes son de Cristo, con seguridad les digo,
    que él no perderá su recompensa.
    009:042 Cualquiera que haga que uno de estos pequeños que creen en mí
    se equivoque, sería mejor para él ser arrojado al mar con una
    piedra atada al cuello.
    009:043 Si tu mano te hace errar, córtatela. Es mejor para ti entrar a
    la vida mutilado, que teniendo tus dos manos ir a la
    Gehena[69], en el fuego inextinguible,
    009:044 `donde su remordimiento no muere, y el fuego no se apaga.´
    009:045 Si tu pie te hace errar, córtatelo. Es mejor para ti entrar a
    la vida cojo, que tener tus dos pies y ser expulsado a la
    Gehena, en el fuego que nunca se extingue.
    009:046 `donde su remordimiento no muere y el fuego no se apaga.´
    009:047 Si tu ojo te hace errar, sácatelo. Porque es mejor para ti
    entrar al Reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser
    expulsado a la Gehena de fuego,
    009:048 `donde su remordimiento no muere, y el fuego no se apaga.´
    009:049 Porque todos serán salados con fuego[70], y todo sacrificio
    será sazonado con sal.
    009:050 La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿Con qué la
    sazonarás? Tengan sal en ustedes mismos, y estén en paz unos
    con otros.»

    10

    010:001 Jesús se levanto de allí y fue a los límites de Judea y más
    allá del Jordán. Multitudes fueron a Él nuevamente. Y de nuevo
    les enseñó como usualmente hacia.
    010:002 Los fariseos fueron donde Jesús para probarlo, y le
    preguntaron, «¿Es legal para un hombre divorciarse de su
    esposa?»

    010:003 Él contestó, «¿Qué les ordenó Moisés?»

    010:004 Ellos dijeron, «Moisés permitió que se escribiera un
    certificado de divorcio, para separarse de ella.»

    010:005 Pero Jesús les dijo, «Por la dureza de sus corazones, él les
    escribió esa orden.
    010:006 Pero desde el comienzo de la creación, `Dios los hizo hombre y
    mujer.
    010:007 Por esto un hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá
    a su esposa,
    010:008 y los dos serán una carne,´ así que ya no son dos, sino una
    carne.
    010:009 Entonces lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.»

    010:010 En la casa, sus discípulos le preguntaron nuevamente sobre el
    asunto.
    010:011 Él les dijo, «Cualquiera que se divorcie de su esposa, y se
    case con otra, comete adulterio contra ella.
    010:012 Si una mujer se divorcia de su esposo y se casa con otro, ella
    comete adulterio.»

    010:013 La gente le estaba trayendo niños pequeños, para que Él los
    tocara, pero los discípulos reprendieron a quienes los estaban
    trayendo.
    010:014 Cuando Jesús lo vio se indigno y les dijo, «¡Dejen que los
    niños pequeños vengan a mi! No se lo prohíban, porque el Reino
    de Dios pertenece a aquellos como estos[71].
    010:015 Con seguridad les digo, quien no reciba el Reino de Dios como
    un niño pequeño, no entrará de forma alguna.»
    010:016 Los tomó en sus brazos, y los bendijo, poniendo sus manos
    sobre ellos.

    010:017 Cuando salía hacia el camino, alguien corrió donde estaba, se
    arrodilló ante Él y le preguntó, «Buen Maestro, ¿Qué debo
    hacer para heredar la vida eterna?»

    010:018 Jesús le dijo, «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno
    excepto el único Dios.
    010:019 Tu sabes los mandamientos: `No mates,´ `No cometas adulterio,´
    `No robes,´ `No des testimonio falso,´ `No engañes,´ `Honra a
    tu padre y a tu madre.´»

    010:020 Él le dijo, «Maestro, he hecho todas estas cosas desde mi
    juventud.»

    010:021 Jesús mirándolo, lo amó[72] y le dijo, «Una cosa te hace
    falta. Ve, vende lo que tengas y dalo a los pobres, y tendrás
    un un tesoro en el cielo; y ven, sígueme cargando tu
    cruz[73].»

    010:022 Pero su cara se entristeció con esas palabras, y se fue
    apenado, porque tenía muchas posesiones.
    010:023 Jesús miró alrededor, y les dijo a sus discípulos, «¡Que
    difícil es para los que tienen riquezas entrar en el Reino de
    Dios!»

    010:024 Los discípulos estaban desconcertados por sus palabras. Pero
    Jesús les dijo de nuevo, «Hijos, ¡que duro es para los que
    confían en las riquezas entrar en el Reino de Dios!
    010:025 Es más fácil para un camello[74] pasar por el ojo de una[75]
    aguja que para un rico entrar al Reino de Dios.»

    010:026 Los discípulos estaban extremadamente asombrados, y le decían,
    « Entonces ¿Quién puede salvarse[76]?»

    010:027 Jesús mirándolos, dijo«Con hombres es imposible, pero no con
    Dios, porque todas las cosas son posibles con Dios.»

    010:028 Pedro comenzó a decirle, «Observa, nosotros hemos dejado todo
    y te hemos seguido.»

    010:029 Jesús le dijo, «Con seguridad te digo, no hay quien haya
    dejado su casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o
    esposa, o hijos, o tierra, por mi causa, y por causa de la
    Buena Nueva,
    010:030 sin recibir cien veces más. Ahora en este tiempo casas,
    hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierra con persecuciones;
    y en la época que viene: vida eterna.
    010:031 Y muchos de los que son primeros serán los últimos; y los
    últimos serán primeros.»

    010:032 Estaban en el camino a Jerusalén; y Jesús andaba al frente de
    ellos, y ellos estaban maravillados; y los que los seguían
    estaban asustados. Él nuevamente tomó a los doce y comenzó a
    decirles cosas que iban a ocurrirle.
    010:033 «Observen, vamos a Jerusalén. El Hijo del Hombre será
    entregado a los jefes de los sacerdotes y escribas. Ellos lo
    condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles.
    010:034 Ellos se burlarán de Él, lo escupirán, lo azotarán, y lo
    matarán. Al tercer día Él resucitará de nuevo.»

    010:035 Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron, diciendo,
    « Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te
    pidamos.»

    010:036 Él les dijo, «¿Qué quieren que haga por ustedes?»

    010:037 Ellos le contestaron, «En tu gloria, concédenos que podamos
    sentarnos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

    010:038 Pero Jesús les dijo, «No saben lo que están pidiendo. ¿Pueden
    ustedes beber la copa que yo bebo, y ser bautizados con el
    bautismo que yo soy bautizado?»

    010:039 Ellos le dijeron, «Si podemos.»
    Jesús les dijo, «Ustedes de hecho beberán de la copa que yo
    bebo, y serán bautizados con el bautismo que yo soy bautizado;
    010:040 pero no está en mí conceder sentarse a mi derecha o a mi
    izquierda, excepto para quienes esto ha sido preparado.»

    010:041 Cuando los diez oyeron, comenzaron a indignarse con Santiago y
    Juan.

    010:042 Jesús los llamó y les dijo, «Ustedes saben que aquellos que
    son reconocidos como mandatarios sobre las naciones las
    gobiernan y ejercen su poder sobre ellas.
    010:043 Pero no será así entre ustedes, el que quiera ser más que el
    otro será su sirviente.
    010:044 El que quiera de ustedes ser el primero, deberá ser el
    sirviente de todos.
    010:045 Pues también el hijo del hombre no vino a ser servido sino a
    servir y a dar su vida para la redención de muchos.»

    010:046 Llegaron a Jericó. Al salir de Jericó con sus discípulos y una
    gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo quien era un mendigo
    ciego estaba sentado al lado del camino.
    010:047 Cuando escuchó que era Jesús el Nazareno comenzó a gritar y
    decía, «¡Jesús, hijo de David ten piedad de mi!»
    010:048 Muchos lo reprendían diciéndole que debía hacer silencio, pero
    el gritaba aun más, «¡Tu hijo de David, ten piedad de mi!»

    010:049 Jesús se detuvo, y dijo «Llámenlo.»
    La gente llamó al ciego, diciéndole, «¡Alégrate! Levántate.
    ¡Jesús te está llamando!»

    010:050 Él, votando su manta, saltó y fue donde Jesús.

    010:051 Jesús le preguntó, «¿Qué quieres que haga por ti?»
    El ciego le dijo, «Raboni[77], que yo pueda ver de nuevo.»

    010:052 Jesús le dijo, «Ve por tu camino. Tu fe te ha hecho bien.» De
    inmediato él recibió su vista, y siguió a Jesús en el
    camino[78].

    11

    011:001 Cuando se acercaron a Jerusalén, en Betfagé y Betania, en el
    Monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,
    011:002 y les dijo, «Sigan el camino hasta el pueblo que está
    enfrente[79]. Cuando entren encontrarán un burro joven
    amarrado sobre el que nadie se ha sentado. Desamárrenlo, y
    traíganlo.
    011:003 Si alguien les pregunta, `¿Por qué están haciendo eso?´ digan,
    `El señor lo necesita y pronto lo enviará de regreso aquí.´»

    011:004 Fueron y encontraron un burro joven atado a una puerta sobre
    la calle, y lo desataron.
    011:005 Algunos de los que estaban allí les preguntaron «¿Qué están
    haciendo, desamarrando el burro?»
    011:006 Les dijeron tal como Jesús les había dijo, y ellos los dejaron
    ir.

    011:007 Llevaron el burro donde Jesús, le pusieron sus capas y Jesús
    se sentó sobre este.
    011:008 Muchos pusieron sus vestidos sobre el camino y otros cortaron
    ramas de los árboles, y las esparcieron por el camino.
    011:009 Los que iban al frente y los que los seguían, decían, «¡
    Hosanna! ¡Bendito es el que viene en el nombre del Señor!
    011:010 ¡ Bendito es el reino de nuestro padre David que esta viniendo
    en el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto!»

    011:011 Jesús entró en el templo en Jerusalén; después de haber mirado
    todo alrededor, cuando se hizo tarde fue a Betania con los
    doce.

    011:012 Al día siguiente, cuando habían vuelto de Betania, tuvo
    hambre.
    011:013 Viendo a cierta distancia una higuera con hojas, se acercó
    para ver si podía encontrar algo en ella. Cuando estuvo cerca,
    no encontró más que hojas, porque no era época de higos.
    011:014 Jesús le dijo, «¡Que nadie pueda volver a comer frutos de ti!»
    y sus discípulos lo escucharon.

    011:015 Fueron a Jerusalén[80], Jesús entró al templo, y comenzó a
    expulsar a los que vendían y compraban en el templo, y tumbó
    las mesas de los que cambiaban dinero, y las sillas de
    aquellos que vendían palomas.
    011:016 Tampoco permitía que alguien cargara un recipiente[81] por el
    templo.
    011:017 Enseñaba, diciéndoles «¿No está escrito, `Mi casa será llamada
    una casa de oración para todas las naciones?´ ¡Pero ustedes la
    han convertido en una cueva de ladrones!»

    011:018 Los jefes de los sacerdotes y de los escribas lo escucharon, y
    buscaron como podrían destruirlo. Porque le temían, pues toda
    la multitud estaba asombrada con su enseñanza.

    011:019 Cuando llegó la noche, salió de la ciudad.
    011:020 En la mañana cuando pasaban, vieron la higuera seca desde la
    raíz.
    011:021 Pedro, recordando, lo que Jesús había dicho, le dijo «¡Rabí,
    mira! La higuera que maldijiste se secó.»

    011:022 Jesús les contesto, «Tengan fe en Dios.
    011:023 Con seguridad les digo, quien le diga a esta montaña,
    `Levántate y arrójate al mar, y no dude en su corazón, sino
    que crea que lo que dice está pasando; tendrá cualquier cosa
    que diga.
    011:024 Por eso les digo, todas las cosas por las que recen y pidan,
    crean que las han recibido, y las tendrán.
    011:025 Siempre que se detengan a orar, perdonen, si tienen algo
    contra alguien; para que su Padre, que está en el cielo, pueda
    también perdonarlos por sus transgresiones.
    011:026 Pero si ustedes no perdonan, su Padre en el cielo tampoco
    perdonará sus transgresiones.»

    011:027 Regresaron a Jerusalén otra vez y cuando Jesús estaba
    caminando en el templo, los jefes de los sacerdotes, los
    escribas y los ancianos se le acercaron.
    011:028 y comenzaron a decirle, «¿Con qué autoridad haces estas cosas?
    o ¿Quién te dio la autoridad para hacer estas cosas?»

    011:029 Jesús les dijo, «Yo les haré una pregunta. Contéstenme y yo
    les diré con que autoridad hago estas cosas.
    011:030 ¿El bautizo de Juan era del cielo o de los hombres?
    Contéstenme.»

    011:031 Razonaron entre ellos, diciendo, «Si contestáramos, `Del
    cielo;´ Él dirá, `¿Por qué no le creyeron?´»
    011:032 Si contestaban, `De hombres´ temían a la gente, porque todos
    todos tenían a Juan como un profeta.
    011:033 Ellos le contestaron a Jesús, «No sabemos.»
    Jesús les dijo, «Tampoco les diré con que autoridad hago estas
    cosas.»

    12

    012:001 Comenzó a hablarles en parábolas. «Un hombre plantó una viña,
    puso una cerca a su alrededor, cavó un hoyo para la prensa de
    vinos, construyó una torre, la rentó a algunos campesinos[82]
    y se fue a otro país[83].
    012:002 Cuando fue el tiempo, envió a un sirviente donde los
    campesinos para tomar su parte de los frutos de la viña.
    012:003 Lo tomaron, lo golpearon, y lo sacaron con las manos vacías.
    012:004 Nuevamente, les envió otro siervo; y ellos lo apedrearon, lo
    hirieron en la cabeza[84], y lo sacaron tratándolo
    aberrantemente.
    012:005 Nuevamente envió otro; y ellos lo mataron; así como a muchos
    otros, golpeando algunos, y matando a otros.
    012:006 Entonces aún teniendo otro, a su hijo amado, se los envió por
    último diciendo, `Ellos respetarán a mi hijo.´
    012:007 Pero los campesinos dijeron entre ellos, `Este es el heredero.
    Vengan, matémoslo y la herencia será nuestra. ´
    012:008 Ellos lo tomaron, lo mataron y lo sacaron de la viña.
    012:009 ¿Qué hará entonces el señor de la viña? Vendrá y destruirá a
    los campesinos, y dará la viña a otros.
    012:010 ¿No han leído esta Escritura
    `La piedra que los constructores rechazaron, La misma fue
    convertida en cabeza de la esquina.
    012:011 Esto fue del Señor, Es maravilloso ante nuestros ojos´?»
    012:012 Ellos trataban de apresarlo, pero temían a la multitud; porque
    percibieron que con la parábola Él hablaba en contra de ellos.
    Lo dejaron, y se fueron.
    012:013 Le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para
    que le pusieran una trampa con sus palabras.
    012:014 Cuando llegaron, le preguntaron, «Maestro, sabemos que eres
    honesto y no defraudas a nadie; porque no estás parcializado
    por alguien, sino que verdaderamente enseñas el camino de
    Dios. ¿Está permitido pagar impuestos al Cesar o no?
    012:015 ¿Debemos darlos o no darlos?»
    Pero Él conociendo su hipocresía les dijo, «¿Por qué me
    prueban? Traíganme un denario, para poder verlo.»

    012:016 Ellos lo trajeron.
    Él les dijo, «¿De quien es esta imagen y esta inscripción?»
    Ellos le contestaron, «Del Cesar.»

    012:017 Jesús les contestó, «Den al Cesar las cosas que son del Cesar,
    y a Dios las cosas que son de Dios.»
    Se maravillaron grandemente de Él.

    012:018 Allí llegaron a Él unos Saduceos, quienes sostenían que no hay
    resurrección. Le preguntaron,
    012:019 «Maestro, Moisés nos escribió, `Si el hermano de un hombre
    muere, y deja una esposa tras él, y no deja niños, su hermanos
    deben tomar la esposa, y continuar la familia por su hermano.´
    012:020 Había siete hermanos. El primero tomó una esposa, y al morir
    no dejó descendencia.
    012:021 El segundo la tomó, y murió, sin dejar hijos tras él. El
    tercero de la misma forma;
    012:022 y los siete la tomaron sin dejar hijos. La mujer fue la ultima
    en morir.
    012:023 En la resurrección, [85]¿De cuál de todos será esposa? Pues
    los siete la tuvieron como esposa.»

    012:024 Jesús les contestó, «¿No es esto porque ustedes están
    equivocados, sin conocer las escrituras, ni el poder de Dios?
    012:025 Pues cuando resuciten de los muertos no estarán casados ni se
    entregarán en matrimonio, sino que son como los ángeles en el
    cielo.
    012:026 Acaso sobre la resurrección de los muertos; ¿No han leído en
    el libro de Moisés sobre la zarza, como Dios le habló,
    diciendo, `Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el
    Dios de Jacob?´
    012:027 Él no es el Dios de los muertos, sino de los vivos. Ustedes
    por lo tanto están realmente equivocados.»

    012:028 Uno de los escribas fue y los escuchó discutiendo juntos.
    Sabiendo que Jesús les había contestado bien le pregunto,
    «¿Cuál mandamiento es el más importante de todos?»

    012:029 Jesús contestó, «El más importante es, `Escucha Israel, El
    Señor nuestro Dios el Señor es uno:
    012:030 amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,
    con toda tu mente y con toda tu fuerza. ´ Este es el primer
    mandamiento.
    012:031 El segundo es así, `Amarás a tu prójimo como a ti mismo.´ No
    hay otros mandamientos más importante que estos.»

    012:032 El escriba le dijo a Jesús, «Realmente maestro, haz dicho bien
    que Él es uno y que no hay otro sino Él,
    012:033 y amarlo con todo el corazón, todo el entendimiento, todo el
    alma y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo
    son más importante que todas las ofrendas que se queman y los
    sacrificios.»

    012:034 Cuando Jesús vio que contestó sabiamente le dijo, «Tú no estás
    lejos del Reino de Dios.»
    Nadie se atrevió a hacerle más preguntas después de esta.
    012:035 Jesús dijo mientras enseñaba en el templo, «¿Cómo es que los
    escribas dicen que el Cristo es el hijo de David?
    012:036 Pues David mismo dijo inspirado por el Espíritu Santo,
    `El Señor le dijo a mi Señor, Siéntate a mi mano derecha,
    Hasta que haga de tus enemigos un estrado para tus pies.´
    012:037 Entonces David mismo lo llama Señor, así que ¿Cómo puede ser
    Él su hijo?»
    La gente común lo escuchó con agrado.
    012:038 En su enseñanza les decía, «Tengan cuidado de los escribas, a
    quienes les gusta caminar con mantos largos y ser saludados en
    las plazas,
    012:039 ocupar los mejores lugares en las sinagogas, y ocupar los
    mejores puestos en los banquetes:
    012:040 aquellos que devoran en las casas de las viudas y pretenden
    hacer largas oraciones, serán los que reciban mayor condena.»

    012:041 Jesús se sentó al frente del deposito para limosnas, y observó
    como la multitud ponía dinero allí. Muchos que eran ricos
    ponían mucho.
    012:042 Una viuda pobre fue y puso dos pequeñas monedas de cobre, [86]
    que equivalían a una moneda cuadrante. [87]
    012:043 Jesús llamó a los discípulos y les dijo «Con seguridad les
    digo, esta pobre viuda dio más que todos los que están dando
    limosna,
    012:044 porque todos ellos dieron de su abundancia, pero ella, de su
    pobreza, dio todo lo que tenía para vivir.»

    13

    013:001 Cuando salía del templo, uno de sus discípulos le dijo,
    «Maestro, ¡mira que clase de piedras y que clase de
    construcciones!»

    013:002 Jesús le dijo, «¿Ves estos grandes edificios? No quedara una
    piedra sobre otra, cada una será derribada.»

    013:003 Mientras se sentaba en el Monte de los Olivos al frente del
    templo, Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron en
    privado,
    013:004 «Dinos, ¿Cuándo ocurrirán esas cosas? ¿Cuál será la señal de
    que estas cosas están cerca de ocurrir?»

    013:005 Jesús, contestando, comenzó a decirles, «Cuiden que nadie los
    guié para perderlos.
    013:006 Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo, ¡Yo soy Él![88]´
    y harán perder a muchos.

    013:007 «Cuando escuchen de guerras y rumores de guerras, no se
    perturben. Porque eso debe ocurrir, pero no será el fin.
    013:008 Porque unas naciones se alzarán contra otras, y unos reinos
    contra otros. Habrá terremotos en varias partes. Habrá
    hambrunas y problemas. Estas cosas son el comienzo de los
    dolores del parto.
    013:009 Pero cuídense a si mismos, porque la gente los enviará a los
    consejos. Serán golpeados en las sinagogas. Estarán frente a
    mandatarios y reyes por mi causa, para dar testimonio ante
    ellos.
    013:010 Primero la Buena Nueva[89] debe ser predicada en todas las
    naciones.
    013:011 Cuando los conduzcan y los entreguen, no tengan ansiedad
    antes, ni premediten lo que dirán, pero digan lo que les será
    dado en esa hora. Porque no serán ustedes quienes hablen sino
    el Espíritu Santo

    013:012 «Un hermano enviará a su hermano a la muerte, y un padre a su
    hijo. Los hijos se levantarán contra sus padres, y causarán
    que sean enviados a la muerte.
    013:013 Ustedes serán odiados por todos los hombres por causa de mi
    nombre, pero aquel que persevere hasta el fin, lo mismo será
    salvado.
    013:014 Y cuando vean la abominación y la desolación, de la que
    hablaba Daniel el profeta, estando donde no debería (que el
    lector entienda), entonces que aquellos que estén en Judea
    huyan a las montañas,
    013:015 y aquel que este en la azotea de la casa que no baje, ni
    entre, para sacar algo de su casa.
    013:016 Aquel que esté en el campo que no regrese a recoger su abrigo.
    013:017 ¡Pero pobres de quienes estén con niños[90] o de las que
    amamanten bebes en esos días!
    013:018 Rueguen para que su huida no sea en invierno.
    013:019 Porque en esos días habrá opresión[91], como no la ha habido
    hasta ahora desde el comienzo de la creación que Dios hizo, y
    como no la habrá nunca más.
    013:020 Si no fuera porque el Señor acortara esos días, no se salvaría
    carne alguna; pero por causa de los elegidos, que Él
    escogiera, Él acortará esos días.
    013:021 Entonces si alguien les dice, `¡Miren, aquí está Cristo!´ o,
    `¡Miren, ahí!´ no le crean.
    013:022 Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y
    mostrarán señales y maravillas, que podrán guiar para perder,
    si es posible, incluso a los elegidos.
    013:023 Pero estén atentos.
    «Observen, que les he dicho todo esto con anterioridad.
    013:024 Y en esos días después de la opresión, el sol se oscurecerá,
    la luna no dará su luz,
    013:025 las estrellas caerán del cielo, y los poderes que están en los
    cielos se agitarán.
    013:026 Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en nubes con gran
    poder y gloria.
    013:027 Entonces Él enviará a sus ángeles, y agrupará a sus elegidos
    desde los cuatro vientos, desde los confines de la tierra y
    los confines del cielo.

    013:028 «Ahora de la higuera, aprendan esta parábola. Cuando la rama
    se ponga suave, y salgan sus hojas, ustedes sabrán que el
    verano está cerca;
    013:029 lo mismo será con ustedes, cuando vean que estás cosas están
    por ocurrir, sepan que está cerca, en la puerta.
    013:030 Con seguridad les digo, esta generación[92] no pasará sin que
    todo esto ocurra.
    013:031 Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
    013:032 Pero el día y la hora nadie los conoce, ni siquiera los
    ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
    013:033 Observen, estén alerta, y recen; porque ustedes no saben
    cuando sea el tiempo.

    013:034 «Es como un hombre, que viaja a otro país, dejando su casa, y
    dando autoridad a sus siervos, y a cada uno su trabajo, y
    también ordenará al portero estar atento.
    013:035 Entonces estén atentos, porque ustedes no saben cuando llega
    el Señor de la casa, si en la tarde, o a media noche, o cuando
    el gallo cante, o en la mañana;
    013:036 que no los encuentre durmiendo si llega de repente.
    013:037 Lo que les digo, se lo digo a todos: Estén atentos.»

    14

    014:001 Faltaban en ese entonces dos días para la fiesta de pascua y
    de los panes sin levadura, y los jefes de los sacerdotes y de
    los escribas buscaban como podían hacerlo caer con algún
    fraude y como matarlo.
    014:002 Porque habían dicho, «No durante la fiesta, porque la gente
    podría rebelarse.»

    014:003 Mientras estaba en Betania, en la casa de Simón el leproso,
    cuando se sentaba a la mesa, llegó una mujer con una jarra de
    alabastro con un aceite de nardo puro, muy costoso. Rompió el
    jarro, y lo vertió sobre la cabeza de Jesús.
    014:004 Pero algunos[93] se indignaron entre ellos, diciendo, «¿Por
    qué se ha gastado este aceite?
    014:005 Se hubiera podido vender por más de trecientos denarios[94], y
    darlos a los pobres.» Ellos murmuraban contra ella[95].

    014:006 Pero Jesús dijo, «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan?
    Ella ha hecho un buen trabajo conmigo.
    014:007 Porque siempre tendrán a los pobres con ustedes y siempre que
    lo deseen pueden hacerles el bien; pero no siempre me tendrán.
    014:008 Ella ha hecho lo que ha podido[96]. Ha preparado con aceite mi
    cuerpo antes del entierro.
    014:009 Con seguridad les digo, donde quiera que esta Buena Nueva se
    predique en el mundo, lo que está mujer ha hecho también será
    dicho en conmemoración de ella.»

    014:010 Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue donde los jefes
    de los sacerdotes, diciéndoles que él podía entregarles a
    Jesús.
    014:011 Cuando ellos lo escucharon, se alegraron, y prometieron darle
    dinero. Él buscó como podría entregarlo convenientemente.
    014:012 El primer día de pan sin levadura, cuando ofrecían la Pascua,
    sus discípulos le preguntaron, «¿Donde quieres que vayamos a
    preparar la cena de Pascua?»

    014:013 Él envió a dos de sus discípulos, y les dijo, «Vayan a la
    ciudad, allí encontrarán un hombre cargando un jarro de agua.
    Síganlo,
    014:014 y donde él entre, díganle al dueño de la casa, `Él Maestro
    dice «¿ Donde está el cuarto de invitados, donde podré hacer
    la cena de Pascua con mis discípulos?»´
    014:015 El mismo les mostrará en el piso de arriba una habitacíon
    grande, amoblada y lista. Alístenla para nosotros.»

    014:016 Sus discípulos fueron, llegaron a la ciudad y encontraron las
    cosas tal como Él les había dicho, y prepararon la Pascua.

    014:017 Cuando atardeció, Él llegó con los doce.
    014:018 Mientras se sentaban y cenaban, Jesús les dijo, «Con seguridad
    les digo, uno de ustedes me traicionará, uno que come
    conmigo.»

    014:019 Ellos comenzaron a preocuparse, y preguntaban uno a uno[97],
    «¿ Seguramente no so yo?» Y otro decía, «¿Seguramente no soy
    yo?»

    014:020 Él les contestó, «Es uno de los doce, que remoja su comida
    conmigo en el plato.
    014:021 Porque con el Hijo del Hombre sucede tal y como está escrito
    sobre Él, pero ¡pobre de aquel por quien el Hijo del Hombre es
    traicionado! Sería mejor para ese hombre si no hubiera
    nacido.»

    014:022 Mientras comían, Jesús tomo pan, y tras bendecirlo, lo partió
    y lo entregó, diciendo, «Tomen, coman. Este es mi cuerpo.»

    014:023 Tomó la copa, y después de dar gracias, se las entregó. Todos
    tomaron de la copa.
    014:024 Les dijo, «Esta es mi sangre de la nueva alianza, que es
    derramada por muchos.
    014:025 Con seguridad les digo, no volveré a beber del fruto de la
    vid, hasta el día que lo tome de nuevo en el Reino de Dios.»
    014:026 Después de que habían cantado un himno[98], fueron al Monte de
    los Olivos

    014:027 Jesús les dijo, «Todos ustedes habrán de tropezar por mi causa
    esta noche, porque está escrito, `Golpearé al pastor, y las
    ovejas se dispersarán.´
    014:028 Sin embargo, después de que resucité, iré ante ustedes en
    Galilea.»

    014:029 Pero Pedro le dijo, «Aún cuando todos tropiecen, yo no lo
    haré.»

    014:030 Jesús le dijo, «Con seguridad te digo, que tú, hoy, incluso
    esta noche, antes de que el gallo cante dos veces, me habrás
    negado tres veces.»

    014:031 Pero él agregó, «Aún si tengo que morir contigo, no te
    negaré.» Todos ellos dijeron lo mismo.

    014:032 Llegaron a un lugar llamado Getsemaní. Él le dijo a sus
    discípulos, «Siéntense aquí, mientras oro.»
    014:033 Él tomó consigo a Pedro, Santiago y a Juan, y comenzó a
    afligirse y perturbarse.
    014:034 Él les decía, «Mi alma está extremadamente apenada, a causa de
    la muerte. Quédense aquí, y estén atentos.»

    014:035 Jesús se alejó un poco, y cayó a tierra, rezaba diciendo que
    si era posible, que la hora pasara lejos de Él.
    014:036 Decía, «Abba, Padre, todo es posible para ti. Por favor aleja
    esta copa de mí. Pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que
    tu deseas.»

    014:037 Fue y encontró a los discípulos durmiendo, y le dijo a Pedro,
    « Simón, ¿Estás durmiendo? ¿No pudiste estar atento una hora?
    014:038 Estén atentos y oren, para que no caigan en tentación. De
    hecho, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»

    014:039 Nuevamente se fue y oró, diciendo las mismas palabras.
    014:040 Nuevamente regresó y los encontró durmiendo, pues sus ojos
    estaban muy pesados, y ellos no sabían que decirle.
    014:041 Fue por tercera vez donde ellos, y les dijo, «Duerman ahora, y
    tomen su descanso. Es suficiente. La hora ha llegado.
    Observen, el Hijo del Hombre es traicionado y entregado a
    manos de los pecadores.
    014:042 Levántense, vámonos. Observen, él que me traiciona está a la
    mano.»

    014:043 De inmediato, mientras Jesús aún hablaba, Judas, uno de los
    doce, llegó junto con una multitud con espadas y palos, eran
    enviados de los jefes de los sacerdotes, los escribas y los
    ancianos.
    014:044 El que lo traicionó, les había dado una señal diciendo, «Al
    que yo bese, ese es. Atrápenlo y llévenlo con seguridad.»
    014:045 Cuando había llegado, inmediatamente fue donde Él, y le dijo,
    «¡Rabí! ¡Rabí!» y lo besó.
    014:046 Ellos pusieron sus manos sobre él, y lo apresaron.
    014:047 Pero uno de los que allí estaban sacó su espada, y le dio a un
    siervo del sumo sacerdote, cortándole una oreja.

    014:048 Jesús les dijo, «¿Han venido, como contra un ladrón, con
    espadas y palos para apresarme?
    014:049 Estuve diariamente con ustedes en el templo enseñando, y
    ustedes no me arrestaron. Pero es así, como las Escrituras
    deben cumplirse.»

    014:050 Todos[99] lo abandonaron, y huyeron.
    014:051 Cierto joven que lo seguía, tenía una túnica como vestido,
    sobre su cuerpo desnudo. Al joven lo atraparon,
    014:052 pero él dejo la túnica, y huyó desnudo.
    014:053 Condujeron a Jesús donde el sumo sacerdote. Todos los
    sacerdotes jefes, los ancianos, y los escribas fueron junto
    con él.

    014:054 Pedro lo había seguido a cierta distancia, hasta que llegó a
    la corte del sumo sacerdote. Estaba sentado con los oficiales,
    calentándose a la luz del fuego.
    014:055 Entonces los jefes de los sacerdotes y el consejo completo
    buscó testigos contra Jesús para condenarlo a muerte, pero no
    encontraron.
    014:056 Porque muchos dieron falso testimonio contra Él, pero los
    testimonios de unos no coincidían con los de otros[100].
    014:057 Algunos se levantaron , y dieron falso testimonio contra Él,
    diciendo,
    014:058 «Lo escuchamos decir, `Destruiré este templo que está hecho
    con manos, y en tres días construiré uno hecho sin manos.´»
    014:059 Pero aún así, sus testimonios no coincidían.

    014:060 El sumo sacerdote se paró en la mitad y preguntó a Jesús, «¿No
    tienes respuesta? ¿Qué es con estos que testifican contra
    ti?»
    014:061 Pero Él se mantuvo en silencio, y no contestaba. Nuevamente el
    sumo sacerdote le pregunto, «¿Eres tu Cristo, el Hijo del
    Bendecido?»

    014:062 Jesús dijo, «YO SOY. Verás al Hijo del Hombre sentando a la
    mano derecha del Poder, y viniendo con las nubes del cielo.»

    014:063 El sumo sacerdote rasgo su vestido, y dijo, «¿Para qué
    necesitamos más testigos?
    014:064 ¡Ustedes han escuchado la blasfemia! ¿ Qué piensan?» Todos lo
    condenaron a merecer la muerte.
    014:065 Algunos comenzaron a escupirlo, a cubrir su rostro, a
    golpearlo con sus puños, y a decirle «¡Profetiza!» Los
    oficiales lo golpeaban con la palma de las manos.

    014:066 Mientras Pedro estaba en el patio, una de las empleadas del
    sumo sacerdote llegó,
    014:067 y viendo a Pedro calentádose, lo miró, y le dijo, «¡Tu también
    estabas con el Nazareno, Jesús!»

    014:068 Pero él lo negó, diciendo, «No conozco, ni entiendo lo que
    dices. » Fue al pórtico, y el gallo cantó.

    014:069 La empleada lo vio, y nuevamente comenzó a decirle a los que
    estaban allí, «Este es uno de ellos.»
    014:070 Pero él nuevamente lo negó. Después de un tiempo, nuevamente
    algunos de los que estaban allí le dijeron a Pedro,
    «Verdaderamente tu eres uno de ellos, porque tu eres un
    Galileo, y tu forma de hablar lo muestra.»
    014:071 Pero el comenzó a maldecir, y a jurar, «¡No conozco a este
    hombre del que hablan!»
    014:072 El gallo cantó por segunda vez. Pedro recordó las palabras que
    Jesús le había dicho, «Antes de que el gallo cante dos veces,
    tu me habrás negado tres.» Cuando pensó sobre esto, lloró.

    15

    015:001 En la mañana el jefe de los sacerdotes, con los ancianos y los
    escribas, y con el consejo entero, se reunió, ataron a Jesús y
    lo llevaron, para entregarlo a Pilato.
    015:002 Pilato le preguntó, «¿Eres tú el Rey de los Judíos?
    Él contesto, «Tal como dices.»

    015:003 Los jefes de los sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
    015:004 Pilato nuevamente le preguntó «¿No tienes respuesta? ¡Mira
    cuantas cosas testifican en contra tuya!»

    015:005 Pero Jesús no dio más respuestas, así que Pilato se
    maravillo.

    015:006 Durante la fiesta él solía liberar a uno de los prisioneros,
    aquel que le pidieran.
    015:007 Había uno llamado Barrabas, atado con algunos que habían hecho
    insurrección, los hombres de la insurrección habían cometido
    asesinato.
    015:008 La multitud, gritando, comenzó a pedirle que hiciera lo que
    siempre hacía por ellos.
    015:009 Pilato les contestó diciendo, «¿Quieren que libere para
    ustedes al Rey de los Judíos?»
    015:010 Porque él percibió que los jefes de los sacerdotes se lo
    habían enviado por envidia.
    015:011 Pero los jefes de los sacerdotes agitaron a la multitud, para
    que en cambio les liberara a Barrabas.
    015:012 Pilato nuevamente les preguntó «¿Qué debo hacer entonces con
    el que llaman el Rey de los Judíos?»

    015:013 Ellos gritaron de nuevo, «¡Crucifícalo!»

    015:014 Pilato les dijo, «¿Por qué, qué mal ha hecho?»
    Pero la gente grito aún más, «¡Crucifícalo!»

    015:015 Pilato, queriendo complacer a la multitud, les liberó a
    Barrabas, y les entregó a Jesús después de azotarlo para que
    fuera crucificado.
    015:016 Los soldados lo condujeron dentro de la corte, en la tienda
    del pretor; y reunieron la cohorte [101] completa.
    015:017 Lo vistieron con un manto purpura, y tejieron una corona de
    espinas que pusieron sobre Él.
    015:018 Comenzaron a saludarlo, «Saludos, ¡Rey de los Judíos!»
    015:019 Golpeaban su cabeza con una vara, lo escupían, y doblando sus
    rodillas, le hacían homenaje.
    015:020 Después de haberlo ridiculizado, le quitaron el manto purpura,
    y le pusieron su propia ropa. Lo condujeron afuera para
    crucificarlo.
    015:021 Obligaron a uno de los que pasaban, uno que venía del campo,
    Simón de Cirenea, el padre de Alexander y Rufus, a ir con
    ellos, para que cargara la cruz.
    015:022 Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido es, «El
    sitio de la calavera.»
    015:023 Le ofrecieron para beber vino mezclado con mirra, pero él no
    lo tomó.

    015:024 Crucificándolo, se repartieron sus ropas entre ellos, echando
    suertes para decidir que debería tomar cada uno.
    015:025 Era la tercera hora[102], cuando lo crucificaron.
    015:026 La inscripción de su acusación estaba escrita sobre Él, «EL
    REY DE LOS JUDÍOS.»
    015:027 Con Él crucificaron a dos ladrones; uno a su derecha y el otro
    a su izquierda.
    015:028 Se cumplieron las Escrituras que dicen, «Él fue contado con
    transgresores.»

    015:029 Los que pasaban blasfemaban, inclinando sus cabezas y diciendo
    «¡ Ha! Tu que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres
    días,
    015:030 ¡ sálvate a ti mismo y baja de la cruz!»

    015:031 Así mismo, los jefes de los sacerdotes ridiculizando entre
    ellos con los escribas decían, «Él salvó[103] a otros. Pero no
    se puede salvar a si mismo.
    015:032 Que el Cristo, el Rey de Israel, baje de la cruz, para que
    podamos ver y creerle. [104]» Los que estaban crucificados con
    Él lo insultaban.

    015:033 Cuando llegó la sexta hora[105], hubo una oscuridad sobre toda
    la tierra hasta la novena hora. [106]
    015:034 A la novena hora Jesús gritó fuertemente, «Eloi, Eloi, ¿lama
    sabachthani?» que significa, «Dios mio, Dios mio, ¿Por qué me
    has abandonado?»

    015:035 Algunos de los que estaban allí, cuando lo escucharon,
    dijeron, « Observen, Él está llamando a Elías.»

    015:036 Uno de ellos corrió y llenando una esponja de vinagre la puso
    en un vara y se la dio para beber, diciendo, «Dejémoslo.
    Veamos si Elías viene a bajarlo.»

    015:037 Jesús gritó con fuerte voz, y entregó el espíritu.
    015:038 La cortina del templo se rasgó en dos de arriba hasta abajo.
    015:039 Cuando el centurión, que estaba al frente de Él, vio la forma
    como gritaba y como dio su último suspiro, dijo,
    «¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!»

    015:040 También había mujeres mirando de lejos, entre quienes estaban
    ambas María Magdalena, y María la madre de Santiago el menor y
    de José, y Salomé;
    015:041 quienes, cuando Él estaba en Galilea, lo seguían, y servían; y
    muchas otras mujeres que llegaron con Él a Jerusalén.

    015:042 Cuando atardeció, como era el Día de Preparación, es decir, el
    día antes del Sabático,
    015:043 José de Arimatea, un prominente miembro del consejo quien
    también buscaba el Reino de Dios, llegó. Él valientemente fue
    donde Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús.
    015:044 A Pilato le asombró que ya hubiera muerto; y citando al
    centurión, le pregunto si llevaba muerto bastante tiempo.
    015:045 Cuando se informó del centurión, le concedió el cuerpo a José.
    015:046 Él compró una túnica, y bajándolo, lo envolvió en la túnica, y
    lo puso en una tumba que había sido sacada de una roca. Y rodó
    una piedra contra la puerta de la tumba.
    015:047 María Magdalena y María la Madre de José, vieron donde Jesús
    fue puesto.

    16

    016:001 Cuando el sabático pasó, María Magdalena y María la madre de
    Santiago y Salomé llevaron especias, las cuales podrían
    aplicar a Jesús.
    016:002 Muy temprano el primer día de la semana, llegaron a la tumba
    al amanecer.
    016:003 Ellas decían entre sí, «¿Quién rodará la piedra de la puerta
    de la tumba para nosotras?»
    016:004 Pues era muy grande. Al mirar se dieron cuenta de que la
    piedra estaba rodada.

    016:005 Entrando a la tumba vieron a un hombre joven sentado al lado
    derecho, vestido en un manto blanco, ellas estaban asombradas.
    016:006 Él les dijo, «No se asombren. Ustedes buscan a Jesús el
    Nazareno, quien ha sido crucificado. Él ha resucitado. No está
    acá. ¡Observen el lugar donde lo pusieron!
    016:007 Pero vayan a decirle a sus discípulos y a Pedro `Él va antes
    que ustedes a Galilea. Allá ustedes lo verán como él les
    dijo.´»

    016:008 Ellas salieron[107] y huyeron de la tumba pues estaban
    temblando y asombradas. No dijeron nada a nadie; pues estaban
    asustadas. [108].
    016:009 Temprano, cuando resucitó el primer día de la semana, se le
    apareció primero a María Magdalena de quien había expulsado
    siete demonios.
    016:010 Ella fue y les dijo[109] a los que lo habían acompañado,
    mientras ellos estaban tristes y llorando.
    016:011 Cuando escucharon que Jesús estaba vivo y que había sido visto
    por ella, no le creyeron.
    016:012 Después de estos acontecimientos se le mostró en otra forma a
    dos de ellos mientras caminaban hacia el campo.
    016:013 Ellos fueron a decirles al resto. Pero tampoco les creyeron.

    016:014 Luego se mostró a los once mientras estaban sentados en la
    mesa y los reprendió por su falta de fe y dureza de corazón,
    porque ellos no le creyeron a los que lo habían visto después
    de su resurrección.
    016:015 El les dijo, «Vayan a todo el mundo y prediquen la Buena Nueva
    a toda la creación.
    016:016 Aquel que crea y sea bautizado será salvado; pero el que no
    crea será condenado.
    016:017 Estas señales acompañarán a aquellos que crean: en mi nombre
    expulsarán demonios; hablarán con nuevas lenguas;
    016:018 manejarán serpientes; y si toman alguna bebida mortal no los
    lastimará de ninguna forma; pondrán sus manos sobre los
    enfermos y ellos sanarán.»

    016:019 Entonces el Señor Jesús después de haber hablado con ellos fue
    recibido en el cielo, y se sentó a la mano derecha de Dios.
    016:020 Ellos salieron y predicaron en todas partes, el Señor
    trabajando con ellos y confirmando la palabra con las señales
    que le seguían. Amen.

    ————–

    [1] Versión: 0.9. Damos gracias a Dios. Traducción basada
    especialmente en [WEB]. Los nombres a español han sido tomados
    de [
    DiosHablaHoy]. Algunos cambios en la traducción (anotados en
    pies
    de página) se basan en [DieBibel], [DiosHablaHoy] y
    [Peshitta]. Las
    comparaciones con [TR], [NU] y [MT] son tomadas de [WEB] y
    fueron
    realizadas por Michael Jhonson. Hasta el momento han
    colaborado
    traduciendo a español, comparando y corrigiendo: Melissa
    Giraldo y
    Vladimir Támara. Puede buscar una versión más actualizada en
    http:/
    /de.geocities.com/nuestroamigojesus/bdp o ayudar a mejorar
    esta
    traducción en la lista evangelios-dp a la que puede
    suscribirse en:
    http://groups.yahoo.com/group/evangelios-dp

    [2] En [WEB] dice `en los profetas.´

    [3] [Peshitta] dice `para que prepare tu camino.´

    [4] Ver notas al pie de Lucas 3,4. [WEB] dice `La voz de uno.´

    [5] [DiosHablaHoy] dice `ábranle un camino recto,´ [DieBibel]
    dice
    `Aplánenle los caminos.´

    [6] Bautizar significa sumergir en (o empapar y lavar con)
    agua (o
    fuego). Este bautizo no es sólo para limpiarse el cuerpo, sino
    un
    signo de limpieza espiritual interior y de compromiso.

    [7] La palabra griega (en) se tradujo aquí como «en» también
    pudo
    traducirse como «con» en algunos contextos.

    [8] [Peshitta] dice `entregado´

    [9] [Peshitta] dice `ha llegado.´

    [10] [WEB] y [Peshitta] se refieren en esta y otras partes de
    este
    evangelio al `mar de Galilea.´ [DiosHablaHoy] dice `lago de
    Galilea.´

    [11] [Peshitta] dice `hijos de hombres´

    [12] Día de descanso. Entre Judíos es el sábado.

    [13] Escriba: Interprete de la ley entre hebreos.

    [14] [Peshitta] no dice `y las áreas vecinas.´

    [15] [Peshitta] no dice `mientras todavía estaba oscuro.´

    [16] [WEB] dice `moviendo por la compasión,´ [Peshitta] dice
    'tuvo
    compasión de él´

    [17] Ni [DiosHablaHoy], ni [DieBibel], ni [WEB] dicen
    `subieron al
    techo.´ Si lo dice [Peshitta].

    [18] [Peshitta] agrega `y fariseos.´

    [19] [Peshitta] dice `es legal.´

    [20] Los judíos en la época de Jesús pagaban impuestos al
    imperio
    romano.

    [21] [WEB] dice `un pedazo de tela sin encoger,´ [Peshitta]
    dice
    `un parche nuevo,´ [DiosHablaHoy] dice `remiendo de tela
    nuevo.´

    [22] Ni [DiosHablaHoy], ni [Peshitta], ni [DieBibel] dicen
    `tan
    sana como la otra.´

    [23] [DiosHablaHoy] y [WEB] dice `Cuando los espíritus impuros
    lo
    veían,´ [DieBibel] y [Peshitta] dice `Cuando los que tenían
    espíritus impuros.´

    [24] [Peshitta] dice `ante el juicio que es eterno.´

    [25] De acuerdo al comentario en Mateo 12,35 de [DieBibel],
    `la
    palabras "hermano" y "hermana" por su uso en arameo, hebreo y
    griego, puede ser abreviación de familiar (e.g primo).´

    [26] [TR], [DieBibel] y [Peshitta] omiten «tus hermanas.»

    [27] [TR] agrega «del aire.»

    [28] [Peshitta] dice `en sus corazones.´

    [29] [WEB] dice `esta época,´ [Peshitta], [DieBibel] y [
    DiosHablaHoy] dicen `de este mundo.´

    [30] literalmente un modion, un canasto para realizar medidas
    en
    seco, su capacidad es de aproximadamente 9 litros.

    [31] [WEB] dice `excepto lo que debe darse a conocer,´
    [Peshitta]
    dice `que no sea revelado,´ [DieBibel] dice `que no sea
    publicado,´
    [DiosHablaHoy] dice `que no llegue a descubrirse.´

    [32] [WEB] dice `aunque debe sacarse a la luz,´ [Peshitta]
    dice
    `que no sea revelado.´

    [33] [WEB] dice `debería brotar y crecer,´ [Peshitta] dice
    `brotará
    y crecerá.´

    [34] [Peshitta] dice `es más pequeña.´

    [35] [WEB] no dice `parábolas,´ [Peshitta] si dice.

    [36] [WEB] y [Peshitta] dicen `Gadarenes,´ [DieBibel] y [
    DiosHablaHoy] dice `Gerasa.´

    [37] [Peshitta] dice `atacar.´

    [38] [Peshitta] dice `en las diez ciudades.´

    [39] [Peshitta] dice `viviré.´

    [40] [Peshitta] dice `niña levántate´ sin la frase que sigue.
    [
    DieBibel], [WEB] y [DiosHablaHoy] dicen `Talita cumi´ y la
    explicación.

    [41] [WEB] y [DiosHablaHoy] dicen `mandó,´ [Peshitta] y
    [DieBibel]
    dice `dijo.´

    [42] [DiosHablaHoy] y [WEB] dice `sobre espíritus impuros,´ [
    Peshitta] y [DieBibel] dice `para expulsar espíritus impuros.´

    [43] La oración sobre Sodoma y Gomorra no aparece en
    [DiosHablaHoy]
    ni en [DieBibel], pero si en [Peshitta] y [WEB]

    [44] [DieBibel] dice `quedaba intranquilo y perplejo,´ [
    DiosHablaHoy] dice `se quedaba sin saber que hacer.´

    [45] [DiosHablaHoy] dice `un lugar tranquilo,´ [Peshitta] dice
    `al
    desierto.´

    [46] En lugar de `La gente´ [WEB] dice `Ellos,´ [TR] dice `Las
    multitudes.´

    [47] 200 denarios eran aproximadamente 7 o 8 meses de sueldo
    para
    un agricultor.

    [48] [WEB] dice `hileras,´ [Peshitta] dice `grupos.´

    [49] [TR] agrega «cerca.»

    [50] [WEB], [Peshitta] y [DieBibel] dicen `a la cuarta vigilia
    de
    la noche,´ [DiosHablaHoy] dice `a la madrugada.´

    [51] Esta parte no aparece en [Peshitta]

    [52] [Peshitta] dice `no comen bienes de la plaza de mercado a
    menos que estén lavados´

    [53] [DieBibel] y [Peshitta] agregan `pan.´

    [54] Corban es una palabra Hebrea que designa una ofrenda
    ofrecida
    a Dios.

    [55] [Peshitta] dice `mi ofrenda es lo que haz ganado de mí.´

    [56] [DiosHablaHoy] y [DieBibel] dicen sólo `Tiro´

    [57] [Peshitta] y [DieBibel] dicen `pagana,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `extranjera.´

    [58] [Peshitta] dice `de las diez ciudades´

    [59] [Peshitta] dice `en el desierto.´

    [60] [Peshitta] dice `los bendijo.´

    [61] En [Peshitta] estar parte aparece en 8,10.

    [62] [Peshitta] dice `a disputar con Él.´

    [63] La palabra traducida como «generación» aquí (genea)
    también se
    pudo traducir como «gente,» «raza», o «familia.»

    [64] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen `Llegaron.´

    [65] [Peshitta] agrega `el Hijo del Dios vivo.´

    [66] [Peshitta] dice `para preparar todo.´

    [67] En [Peshitta] dice `y como está escrito con respecto al
    Hijo
    del Hombre que Él sufrirá mucho y será rechazado.´

    [68] [Peshitta] no dice `y él se levantó.´

    [69] Gehena es una palabra para infierno, que se origina en el
    nombre de un lugar donde bebes vivos era arrojados llorando al
    fuego bajo los brazos del ídolo, Moloch, para que murieran.
    Este
    lugar era tan desprestigiado por la gente después de que el
    justo
    rey Josia abolió esta horrorosa práctica, que no sólo fue
    convertido en una montón de basura, sino que los cuerpos
    muertos de
    animales enfermos y criminales ejecutados eran arrojados y
    quemados
    allí.

    [70] [Peshitta] dice `todo será evaporado con fuego.´

    [71] [Peshitta] dice `existe para quienes son como estos.´

    [72] [Peshitta] y [WEB] dicen `lo amo,´ [DiosHablaHoy] dice
    `lo
    miró con cariño,´ [DieBibel] dice `y porque lo amaba.´

    [73] [WEB] dice `la cruz,´ [Peshitta] dice `tu cruz.´ Ni
    [DieBibel
    ], ni [DiosHablaHoy] dicen esta parte.

    [74] [Peshitta] dice `una cuerda.´

    [75] o "la"

    [76] [Peshitta] dice `ganar la vida.´

    [77] Raboni es una transliteración de una palabra hebrea que
    significa «gran maestro.»

    [78] [Peshitta] dice `y se fue por el camino.´

    [79] [Peshitta] dice `al otro lado.´

    [80] [Peshitta] agrega esta parte al versículo anterior.

    [81] [Peshitta] dice `posesiones,´ [DiosHablaHoy] dice
    `cosas.´

    [82] [WEB] dice `a un campesino,´ [Peshitta] dice `a algunos
    campesinos.´

    [83] [Peshitta] dice `se fue.´

    [84] [Peshitta] dice `lo hirieron.´

    [85] [WEB] agrega `cuando resuciten.´

    [86] Literalmente, lepton. Lepton era una moneda de cobre muy
    pequeñas cuyo valor es medio cuadrante, que es un cuarto de
    Asarion. El valor de un lepta es menos del 1% del jornal
    diario de
    un trabajador agrícola. [Peshitta] dice `dos minas, que son
    dos
    pequeñas monedas.´

    [87] Un cuadrante es un moneda cuyo valor es 1/64 de un
    denario. Un
    denario es aproximadamente el jornal de un trabajador
    agrícola.

    [88] Literalmente, «¡YO SOY!»

    [89] [Peshitta] dice `mi Esperanza,´ [DiosHablaHoy] dice `el
    mensaje de salvación.´

    [90] [Peshitta] dice `las embarazadas.´

    [91] [Peshitta] y [DiosHablaHoy] dicen `sufrimiento,´
    [DieBibel]
    dice `pobreza.´

    [92] La palabra traducida como «generación» (genea) también
    podría
    traducirse como «raza», «familia», o «gente.»

    [93] [Peshitta] dice `algunos de los discípulos.´

    [94] 300 denarios eran cerca de un año de ingresos de un
    trabajador
    del campo.

    [95] [Peshitta] dice `y ellos estaban de mal genio con Él,´ [
    DiosHablaHoy] dice `y criticaban a esa mujer,´ [DieBibel] dice
    `y
    recriminaban a la mujer.´

    [96] [Peshitta] no dice `Ella ha hecho lo que ha podido.´

    [97] [Peshitta] dice `y cada uno decía ¿Soy yo?.´

    [98] [Peshitta] dice `Ellos ofrecieron oración.´

    [99] [Peshitta] dice `Los discípulos.´

    [100] [Peshitta] dice `pero sus testimonios no eran válidos.´

    [101] Unidad táctica del ejercito romano compuesta por 500 o
    600
    soldados.

    [102] 9:00 A.M

    [103] [Peshitta] dice `dio vida.´

    [104] [TR] dice «creer» en lugar de «creerle.»

    [105] o, mediodía.

    [106] 3:00 PM

    [107] [TR] añade «rápidamente.»

    [108] De acuerdo a [DieBibel], los versículos 9 a 20 no se
    encuentran en los textos antiguos. Es un resumen del siglo 2
    de las
    apariciones e instrucciones de Jesús resucitado.

    [109] [Peshitta] dice `les llevo esperanza.´

    Bibliografía

    [DieBibel] Einheitsübersetzung der Heiligen Schrift. Die
    Bibel.
    Gesamtausgabe. Otto Knoch, Heinrich Arenhe, Gerhard Barth, et
    al.
    Verlag Katholissches Bibelwerk GmbH. 1980. Todos los derechos
    reservados.

    [DiosHablaHoy] Dios Habla Hoy. La Biblia. Sociedades bíblicas
    unidas. 1995. Todos los derechos reservados.

    [Peshitta] Peshitta Aramaic/English Interlinear New Testament.
    Paul
    D. Younan. http://www.peshitta.org/ Permite uso o reproducción
    de
    cualquier parte en cualquier forma sin permiso previo.

    [WEB] World English Bible Michael Johnson con base en American
    Standard Bible de 1911. http://www.ebible.org 2002. Dominio
    público.

    [Elberfelder] Johannes Evangelium: mit Erklärungen von Werner
    Heukelbach. Elberfelder. Missionswerk Werner Heukelbach. Todos
    los
    derechos reservados.

    [esv] Las sagradas Escrituras Versión Antigua. Russell Martin
    Stendal. Copyright (c) 1999. Puede ser usada libremente
    siempre y
    cuando su contenido no sea alterado.

    [TR] Textus Receptus. Greek New Testament underlying the King
    James
    Version.

    [NU] Nestle-Aland ed. 27/UBS ed. 4.

    [MT] Majority Text Greek New Testament.

    ——————————————————————-

  • Buena Nueva de acuerdo a Lucas Traducción de dominio público abierta a mejoras

    Buena Nueva de acuerdo a Lucas Traducción de dominio público abierta a mejoras

    Aproximadamente 25.603 palavras.

    Development site http://de.geocities.com/nuestroamigojesus/bdp

    ——————————————————————-

    Esta traducción se basa especialmente en la biblia World English
    Bible – WEB (http://www.ebible.org). Así como la biblia World
    English Bible, esta traducción y sus fuentes se liberan al dominio
    público. En particular están permitidos por siempre el uso
    ilimitado, la redistribución, reproducción y retransmisión por
    cualquier medio conocido o por conocer así como su modificación.
    Nosotros, los traductores, no ofrecemos garantía alguna, sólo
    quisiéramos hacer la voluntad de Dios (aunque no estamos seguros de
    estar haciéndola bien). Sin los conocimientos, ni autoridad que
    requiere una traducción de un texto inspirado por Dios, nos
    atrevimos a comenzar porque no habíamos encontrado una versión de
    este texto en español y de dominio público. Probablemente al
    traducir hemos introducido errores y eventualmente la versión en la
    que nos basamos también tenga (aunque hemos procurado comparar con
    otras traducciones). Quien movido por su fe en Jesús desee mejorar
    esta traducción está cordialmente invitados al grupo virtual
    evangelios-dp http://groups.yahoo.com/group/evangelios-dp Puede
    buscar actualizaciones o citar como fuente de la traducción:
    http://de.geocities.com/nuestroamigojesus/bdp
    Lo invitamos a difundir
    esta traducción, a mejorarla pero sobre todo a colaborar en la
    construcción del Reino de Dios que creemos se logra haciendo la
    voluntad de Dios, siguiendo a Jesús.

    ——————————————————————-

    ——————————————————————-

    Buena Nueva de acuerdo a Lucas

    ——————————————————————-
    [1]

    1

    001:001 Como muchos han decidido poner en orden una narración sobre
    los temas que hemos tratado,
    001:002 de acuerdo a como nos los enviaron quienes desde el comienzo
    fueron testigos presenciales y ministros de la palabra,
    001:003 también me pareció bueno, después de haber rastreado el
    transcurso de todo con precisión desde el primer momento,
    escribirte en orden, excelente Teófilo;
    001:004 para que puedas conocer la verdad de algunos temas en los que
    fuiste instruido.

    001:005 Hubo en los días de Herodes, el rey de Judea, cierto sacerdote
    de nombre Zacarías, de la división de sacerdotes de Abias. Él
    tenía una esposa de las hijas de Aaron, y su nombre era
    Isabel.
    001:006 Ambos eran justos ante Dios, caminando sin culpa entre los
    mandamientos y ordenanzas[2] del Señor.
    001:007 Pero no tenían niños, porque Isabel era estéril, y ambos eran
    de edad avanzada.
    001:008 Ocurrió, mientras él realizaba el oficio de sacerdote ante
    Dios en la orden de su división,
    001:009 de acuerdo a la costumbre de los oficios sacerdotales, que por
    sorteo le correspondió entrar al templo del Señor y quemar
    incienso.
    001:010 La multitud entera estaba afuera, orando a la hora del
    incienso.

    001:011 Un ángel del Señor se le apareció a la derecha del altar de
    incienso.
    001:012 Zacarías se perturbó cuando lo vio, y el miedo se apoderó de
    él.
    001:013 Pero el ángel le dijo, «No tengas miedo, Zacarías, porque tu
    petición ha sido escuchada, y tu esposa Isabel, te dará un
    hijo, y tu debes llamarlo Juan.
    001:014 Tendrás alegría y satisfacción; y muchos se alegrarán por su
    nacimiento.
    001:015 Porque él será grande ante la vista del Señor, y no beberá
    vino ni bebidas fuertes. Él estará lleno de Espíritu Santo,
    incluso desde el vientre de su madre.
    001:016 Él convertirá a muchos hijos de Israel al Señor, su Dios.
    001:017 Él ira delante de él en el espíritu y poder de Elías, `para
    voltear los corazones de los padres hacia los niños,´ y al
    desobediente a la sabiduría del justo; y alistará gente
    preparada[3] para el Señor.»

    001:018 Zacarías le dijo al ángel, «¿Cómo puedo estar seguro de esto?
    Porque soy un hombre viejo, y mi esposa ya está avanzada en
    años.»

    001:019 El ángel le respondió, «Soy Gabriel, que está en la presencia
    de Dios. Fui enviado para hablarte, y traerte esta buena
    noticia.
    001:020 Observa, quedarás en silencio y no podrás hablar, hasta el día
    que estas cosas ocurran, porque no creíste mis palabras, que
    se cumplirán en el tiempo apropiado.»

    001:021 La gente estaba esperando a Zacarías, y se asombraban por la
    demora en el templo.
    001:022 Cuando él salió, no podía hablarles, y ellos percibieron que
    él había tenido una visión en el templo. El continuó
    haciéndoles señales, y permaneció mudo.
    001:023 Ocurrió, cuando los días de su servicio se completaron, que él
    partió a su casa.
    001:024 Después de esto Isabel, su esposa, concibió, y se escondió 5
    meses, diciendo,
    001:025 «Porque el Señor ha hecho esto, en los días que me ha mirado,
    para alejar mi pena ante los hombres.»

    001:026 En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a la
    ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
    001:027 donde una virgen comprometida en matrimonio con un hombre de
    nombre José, de la casa de David. El nombre de la virgen era
    María.
    001:028 Habiendo llegado, el ángel le dijo, «¡Alégrate, tu
    inmensamente favorecida[4]! El Señor está contigo. ¡Bendita
    eres entre las mujeres!»

    001:029 Pero cuando ella lo vio, se perturbo con lo que decía, y se
    preguntó el significado de aquel tipo de saludo.
    001:030 El ángel le dijo «No te asustes María, porque has encontrado
    gracia de Dios.
    001:031 Observa, concebirás en tu vientre, y traerás un hijo, y le
    pondrás por nombre `Jesús.´
    001:032 Él será grande, y será llamado el Hijo del Más Alto. El Señor
    Dios le dará el trono de su padre, David,
    001:033 y reinará sobre la casa de Jacob por siempre. No habrá fin
    para su Reino.»

    001:034 María le dijo al ángel, «¿Cómo puede ser esto, considerando
    que no me ha conocido hombre alguno[5]?»

    001:035 El ángel le respondió, «El Espíritu Santo vendrá a ti, y el
    poder del Más Alto te cubrirá. Por eso también el santo que
    nacerá de ti será llamado el Hijo de Dios.
    001:036 Observa, Isabel, tu pariente, también ha concebido un hijo a
    su avanzada edad; y este es el sexto mes para la que era
    llamada estéril.
    001:037 Porque nada es imposible para Dios[6] .»

    001:038 María dijo, «Observa, soy la sierva del Señor; que se cumpla
    en mí de acuerdo a tu palabra.» Entonces el ángel se alejó de
    ella.

    001:039 María se levanto en esos días y fue con afán a la región
    montañosa, a una ciudad de Judea,
    001:040 y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
    001:041 Sucedió que cuando Isabel escuchó el saludo de María, el bebe
    saltó en su vientre, e Isabel se llenó del Espíritu Santo.
    001:042 Ella llamó con fuerte voz y dijo, «¡Bendita eres entre las
    mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!
    001:043 ¿Por qué soy tan favorecida para que la madre del Señor venga
    a mi?
    001:044 ¡Porque, cuando la voz de tu saludo llegó a mis oídos, el bebé
    saltó en mi vientre de felicidad!
    001:045 ¡Bendita es la que ha creído, porque se cumplirán las cosas
    que le han sido dichas por el Señor!»

    001:046 María dijo,
    «Mi alma alaba al Señor.
    001:047 Mi espíritu se ha regocijado en el Señor mi Salvador,
    001:048 Porque Él ha mirado el humilde estado de su sierva. Porque
    desde ahora, todas las generaciones me llamarán bendita.
    001:049 Porque, aquel que es poderoso ha hecho grandes cosas por mi.
    Santo es su nombre.
    001:050 Su piedad es de generación en generación para aquellos que le
    temen.
    001:051 Él ha mostrado fuerza con su brazo[7]. Ha esparcido el orgullo
    en la imaginación de sus corazones[8].
    001:052 Él ha destronado a poderosos[9]. Y ha exaltado a los bajos.
    001:053 Él ha llenado a los hambrientos de cosas buenas. Él ha enviado
    a los ricos con las manos vacías.
    001:054 Ha ayudado a Israel, su servidor, para que pueda recordar la
    piedad[10],
    001:055 Como habló con nuestros padres, a Abraham y a su semilla[11]
    por siempre.»
    001:056 María se quedó con ella aproximadamente tres meses, y luego
    regresó a su casa.
    001:057 Ocurrió que el tiempo para dar a luz de Isabel se había
    completado, y tuvo un hijo.
    001:058 Sus vecinos y sus parientes escucharon que el Señor había
    aumentado su piedad por ella, y se alegraron con ella.
    001:059 Al octavo día fueron a circuncidar al niño; y lo querían
    llamar Zacarías, como su padre.
    001:060 Su madre contestó, «No así; él se llamará Juan.»

    001:061 Ellos le dijeron, «No hay ningún familiar[12]de ustedes que se
    llame así.»
    001:062 Le hicieron señales a su padre, para saber como lo llamaría
    él.

    001:063 Él pidió una tableta para escribir, y escribió, «Su nombre es
    Juan.» Todos quedaron maravillados.

    001:064 Su boca se abrió de inmediato, su lengua se liberó y habló
    bendiciendo a Dios.
    001:065 El temor se apoderó de todos los que vivían alrededor de ellos
    y todos estos acontecimientos fueron contados por toda la
    región montañosa de Judea.
    001:066 Todos los que los escucharon se cuestionaban en su corazón,
    diciendo, «¿Qué será de este niño?» La mano de Dios estaba con
    él.
    001:067 Su padre, Zacarías, estaba lleno del Espíritu Santo y
    profetizó diciendo

    001:068 «Bendecido sea el Señor, el Dios de Israel, Pues el ha
    visitado y ha obrado la redención para su pueblo;
    001:069 Y ha alzado un cuerno de salvación para nosotros[13] en la
    casa de su siervo David.
    001:070 (Cómo ha dicho por boca de sus santos profetas quienes han
    estado desde la antigüedad),
    001:071 Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que
    nos odian;
    001:072 Y ha mostrado piedad hacia nuestros padres, Y ha recordado su
    santa alianza,
    001:073 Y nos daría[14] el juramente que le ha hecho a Abraham,
    nuestro padre,
    001:074 Para permitir, siendo liberados de nuestros enemigos, que le
    sirvamos sin temor,
    001:075 En santidad y rectitud ante Él todos los días de nuestra
    vida.
    001:076 Y tu, niño, serás llamado un profeta del Más Alto, Pues irás
    antes de la gracia del Señor para preparar su camino[15],
    001:077 Para dar a conocer la salvación[16] a su gente mediante la
    redención de sus pecados,
    001:078 Por la protectora piedad de nuestro Dios, por la que el
    amanecer[17] desde lo alto nos visitará,
    001:079 Para brillar sobre los que se sientan en la oscuridad y en la
    sombra de la muerte; Para guiar nuestro pie por la senda de la
    paz.»
    001:080 El niño crecía, se hacia fuerte en espíritu, y permaneció en
    el desierto hasta el día de su aparición pública ante Israel.

    2

    002:001 Ocurrió en esos días, que salió un decreto de Cesar Augusto
    indicando que toda la gente de su dominio[18] debía
    registrarse.
    002:002 Este fue el primer censo realizado cuando Cireneo era
    gobernador de Siria.
    002:003 Todos fueron a registrarse, cada uno a su propia ciudad.
    002:004 José también salió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a
    Judea a la ciudad de David, que es llamada Belén, porque él
    era de la casa y de la familia de David;
    002:005 para registrarse junto con Maria, quien estaba comprometida
    con él en matrimonio y estaba embarazada.

    002:006 Ocurrió, mientras estaban allá, que llegó el día en el que
    ella debía dar a luz.
    002:007 Ella trajo a su primogénito, y lo envolvió en bandas de
    algodón, y lo acostó en un establo, porque no había espacio
    para ellos en la posada.
    002:008 Había pastores en la misma región que permanecían en el campo,
    y cuidaban su rebaño durante la noche.
    002:009 Entonces, un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del
    Señor brilló a su alrededor, ellos estaba muy asustados.
    002:010 El ángel les dijo, «No se asusten, porque les traigo una buena
    noticia de gran regocijo, que será para toda la gente.
    002:011 Porque les ha nacido, este día, en la ciudad de David, un
    Salvador, quien es Cristo el Señor.
    002:012 Esta es la señal para ustedes: encontrarán un bebe envuelto en
    mantas de algodón, acostado en un establo.»
    002:013 De repente, apareció con el ángel una multitud del ejercito
    celestial alabando a Dios y diciendo,

    002:014 «Gloria a Dios en lo más alto, Sobre la tierra paz, buena
    voluntad hacia los hombres[19].»
    002:015 Ocurrió, cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el
    cielo, que los pastores se dijeron entre sí, «Vamos a Belén,
    ahora, a ver esto que ha ocurrido, y que el Señor nos ha hecho
    saber.»
    002:016 Fueron de prisa y encontraron a Maria, a José y al Bebe
    acostado en el establo.
    002:017 Cuando lo vieron, publicaron ampliamente el mensaje que les
    había sido dicho sobre este niño.
    002:018 Todos los que los oían se admiraban de las cosas que los
    pastores les decían.
    002:019 Y Maria mantenía todas estos mensajes, considerándolos en su
    corazón.
    002:020 Los pastores volvieron, glorificando y orando a Dios por todas
    las cosas que habían oído y visto, tal como les fue dicho.

    002:021 Cuando pasaron ocho días para la circuncisión del niño, se le
    llamó Jesús, como fue dado por el ángel antes de que fuera
    concebido en el vientre.

    002:022 Cuando los días de su purificación se completaron de acuerdo a
    la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén, para
    presentarlo ante el Señor
    002:023 (como está escrito en la ley del Señor, «Todo varón que abra
    el vientre debe ser llamado santo para el Señor»),
    002:024 y para ofrecer un sacrificio de acuerdo a lo que está dicho en
    la ley del Señor, «Un par de tórtolas o dos pichones de
    paloma.»

    002:025 En Jerusalén había un hombre llamado Simeón. Este hombre era
    justo y devoto, esperaba la consolidación de Israel, y el
    Espíritu Santo estaba en él.
    002:026 Se le había rebelado por intermedio del Espíritu Santo que no
    vería la muerte antes de ver al Cristo[20] del Señor.
    002:027 Él llegó en el Espíritu al templo. Cuando los padres trajeron
    al niño, Jesús, para obrar con Él de acuerdo a la costumbre de
    la ley,
    002:028 él recibió al niño en sus brazos, bendijo a Dios y dijo,

    002:029 «Ahora estás liberando tu siervo, Maestro, De acuerdo a tu
    palabra, en paz;
    002:030 Pues mis ojos han visto tu salvación[21],
    002:031 que has preparado ante los rostros de todas las
    naciones[22];
    002:032 Una luz de revelación para los gentiles[23], y la gloria de tu
    pueblo Israel.
    002:033 José y su madre estaban maravillados de las cosas que estaban
    diciéndose sobre Él,
    002:034 y Simeón los bendijo y dijo a María su madre, «Esté niño está
    puesto para la caída y surgimiento de muchos en Israel y como
    una señal de disputa[24].
    002:035 Si, una espada atravesará tu propia alma, para que los
    pensamientos de muchos corazones puedan ser revelados.»

    002:036 Había una Ana, una profetiza, la hija de Fanuel, de la tribu
    de Aser (ella tenía muchos años, habiendo vivido con un marido
    siete años desde su virginidad,
    002:037 y siendo viuda por casi ochenta y cuatro años), que no salía
    del templo, alabando a Dios con ayuno y oración[25] noche y
    día.
    002:038 Llegó justo en ese momento, ella dio gracias al Señor, y habló
    de Él a todos los que buscaban redención en Jerusalén.

    002:039 Cuando habían cumplido con todas las cosas de acuerdo a la ley
    del Señor, retornaron a Galilea, a su propia ciudad, Nazaret.
    002:040 El niño crecía y se hacía fuerte en espíritu, llenándose de
    sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre él.
    002:041 Sus padres[26] iban cada año a Jerusalén para la Pascua.

    002:042 Cuando Jesús tenía doce años, fueron a Jerusalén como de
    costumbre a la fiesta,
    002:043 y cumplidos los días, cuando estaban regresando, el niño Jesús
    se quedo en Jerusalén. José y su madre no lo sabían,
    002:044 porque suponían que estaba en el grupo, viajaron durante un
    día y entonces lo buscaron entre sus familiares y conocidos.
    002:045 Como no lo encontraron regresaron a Jerusalén, buscándolo.
    002:046 Sucedió que después de tres días lo encontraron en el templo,
    sentado en medio de los maestros, tanto escuchándolos como
    formulándoles preguntas.
    002:047 Todos los que lo escuchaban se asombraban de su sabiduría[27]
    y de sus respuestas.
    002:048 Cuando lo vieron, se sorprendieron y su madre le dijo «Hijo,
    ¿Por qué nos has tratado de esta forma? Mira, tu padre y yo
    estábamos buscándote ansiosamente.»

    002:049 Él les dijo, «¿Por que me buscaban? ¿No sabían que yo debo
    estar en la casa de mi Padre?»
    002:050 Ellos no entendieron las palabras que Él les dijo.
    002:051 Jesús se fue con ellos, y llegaron a Nazaret. Él fue obediente
    con ellos, y su madre guardó todas estas palabras en su
    corazón.
    002:052 Y Jesús creció en sabiduría y estatura, y estaba en favor con
    Dios y con los hombres.

    3

    003:001 Entonces en el decimoquinto año del reinado del Cesar Tiberio,
    siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes siendo
    tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de la región
    de Iturea y Traconite y Lisanias tetrarca de Abilinia,
    003:002 siendo los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios
    llego a Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
    003:003 Fue a las regiones alrededor del Jordán, predicando el
    bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
    003:004 Como está escrito en el libro de las palabras de Isaías el
    profeta,
    «Una voz[28] gritando en el desierto ¡Preparen el camino del
    señor! ¡Hagan sus caminos rectos!
    003:005 Todo valle será llenado. Toda montaña y colina bajará. Lo
    torcido se hará recto[29], Y los caminos abruptos se
    aplanaran[30],
    003:006 Toda carne verá la salvación[31] de Dios.´»
    003:007 Por esto le decía a las multitudes que iban a ser bautizadas
    por él, «A ustedes raza de víboras, ¿Quién les ha dicho que
    huyeran del castigo que vendrá?
    003:008 Así que traigan frutos de arrepentimiento valederos, y no
    comiencen a decir entre ustedes, `Tenemos a Abraham como
    padre'; ¡porque les digo que Dios puede levantar hijos de
    Abraham de estas piedras!
    003:009 Justo ahora el hacha está en la raíz de los árboles. Y todo
    árbol que no de buenos frutos será cortado, y arrojado al
    fuego.»

    003:010 Las multitudes le preguntaban, «¿Qué debemos hacer?»

    003:011 Él les contestaba, «Aquel que tenga dos cabras, que le de al
    que no tiene. Aquel que tenga comida, que haga lo mismo.»

    003:012 Los recolectores de impuestos también vinieron a ser
    bautizados, y le decían, «Maestro, ¿Qué debemos hacer?»

    003:013 Él les decía, «No recolecten más de lo que les está
    establecido.»

    003:014 Unos soldados también le preguntaron, «¿Qué sobre nosotros?
    ¿Qué debemos hacer?» Él les dijo, «No ejerzan violencia sobre
    nadie, ni acusen a nadie erradamente. Estén contentos con su
    salario.»

    003:015 Como la gente estaba a la expectativa, todas las personas
    razonaban en sus corazones con respecto a Juan, si quizás él
    fuera el Cristo,
    003:016 Juan les contestaba a todos, «Yo de hecho los bautizo con
    agua, pero Él vendrá, quien es más fuerte que yo, a quien no
    soy digno de amarrar los cordones de las sandalias. Él los
    bautizará en el Espíritu Santo y en fuego,
    003:017 el rastrillo está en su mano, y Él limpiará su piso para
    separar granos, y reunirá el trigo en su granero; pero quemará
    el bagazo con fuego inextinguible.»

    003:018 Y con muchas otras exhortaciones predicaba la buena nueva a la
    gente[32],
    003:019 pero Herodes el tetrarca, era reprobado por Juan a causa de
    Herodías, la esposa de su hermano[33] y por todas las cosas
    malas que había hecho Herodes,
    003:020 agregando a todas ellas que encerró a Juan en prisión.
    003:021 Sucedió cuando todas las personas eran bautizadas, que Jesús
    también fue bautizado. Mientras oraba[34] el cielo se abrió,
    003:022 y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal como
    una paloma; y una voz salió del cielo diciendo, «Tu eres mi
    hijo amado. En ti estoy bien complacido.»

    003:023 Cuando Jesús comenzó a enseñar, tenía casi treinta años, era
    hijo (como se suponía) de José, el hijo de Eli,
    003:024 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana,
    hijo de José,
    003:025 hijo de Matatias, hijo de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Esli,
    hijo de Nagai,
    003:026 hijo de Mat, hijo de Matatias, hijo de Semei, hijo de José,
    hijo de Judá,
    003:027 hijo de Joanán, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de
    Salatiel, hijo de Neri,
    003:028 hijo de Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmadam,
    hijo de Er,
    003:029 hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat,
    hijo de Levi,
    003:030 hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam,
    hijo de Eliaquim,
    003:031 hijo de Melea, hijo de Mena, hijo de Matata, hijo de Natan,
    hijo de David,
    003:032 hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo
    de Naasón,
    003:033 hijo de Aminadab, [35]hijo de Arni, hijo de Esrom, hijo de
    Fares, hijo de Judá,
    003:034 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré,
    hijo de Nacor
    003:035 hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber,
    hijo de Sala,
    003:036 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé,
    hijo de Lamec,
    003:037 hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de
    Mahalaleel, hijo de Cainán,
    003:038 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios[36].

    4

    004:001 Jesús lleno del Espíritu Santo regresó del río Jordán, y fue
    guiado por el Espíritu al desierto
    004:002 por cuarenta días, allí fue tentado por el diablo[37]. No
    comió nada durante esos días. Luego cuando se completaron tuvo
    hambre.
    004:003 El diablo le dijo, «Si eres el hijo de Dios, ordena a esta
    piedra que se convierta en pan.»

    004:004 Jesús le contestó, «Esta escrito, ´El hombre no debe vivir
    sólo de pan, sino de cada palabra de Dios.´»

    004:005 El diablo guiándolo a una montaña alta le mostró todos los
    reinos del mundo en un momento.
    004:006 El diablo le dijo, «Yo te daré toda esta autoridad y su
    gloria, pues me ha sido entregada a mi; y yo se la doy a quien
    yo quiera.
    004:007 Si me adoras todo será tuyo.»

    004:008 Jesús le contesto, «¡Aléjate de mí Satanás![38] Pues está
    escrito, `Adorarás a tu Señor Dios y sólo a Él servirás.´»

    004:009 Lo condujo a Jerusalén, lo puso en la torre del templo, y le
    dijo, «Si eres el hijo de Dios, lánzate desde aquí,
    004:010 porque está escrito,
    `Él le dará a sus ángeles un encargo con respecto a ti, que te
    cuiden;´
    004:011 y,
    `En sus manos ellos te cargarán,' `Para evitar que tu pie
    pueda tropezar contra una piedra.´
    004:012 Jesús contestándole, le dijo, «Ha sido dicho, `No tentarás al
    Señor tu Dios.´»

    004:013 Cuando el diablo había completado cada tentación, se alejo de
    Él por cierto tiempo.

    004:014 Jesús retornó a Galilea, en el poder del Espíritu, y las
    noticias sobre Él se difundieron por todas las áreas vecinas.
    004:015 El enseñaba en las sinagogas, y era glorificado por todos.

    004:016 Llegó a Nazaret, donde Él había crecido. Entró, como era su
    costumbre, a la sinagoga el día sabático, y se levantó a leer.
    004:017 El libro del profeta Isaías le fue entregado. Abrió el libro,
    y encontró el lugar donde estaba escrito,

    004:018 «El Espíritu del Señor está en mí, Porque me ha ungido para
    predicar la buena nueva al pobre. Él me ha enviado a sanar a
    los que tiene el corazón roto, A proclamar la liberación e los
    cautivos, Devolver la vista a los ciegos, Para rescatar a
    aquellos que son oprimidos[39],
    004:019 Y para proclamar el glorioso año del Señor»
    004:020 Cerró el libro, lo devolvió a quienes asistían, y se sentó.
    Los ojos de todos los que estaban en la sinagoga estaban fijos
    en Él.
    004:021 Jesús comenzó a decirles, «Hoy, la Escritura se ha cumplido en
    lo que han oído.»

    004:022 Todos lo atestiguaron, y se preguntaban sobre las palabras
    llenas de gracia que procederían de su boca, y decían, «¿No es
    este el hijo de José?»

    004:023 Él les dijo, «Sin duda ustedes me dirán esta parábola,
    `Médico, ¡ sánate a ti mismo! lo que hayas hecho en Capernaum,
    hazlo también aquí en tu pueblo.´»
    004:024 Les dijo «Con seguridad les digo, ningún profeta es bienvenido
    en su propio pueblo.
    004:025 Pero en verdad les digo, había muchas viudas en Israel en los
    días de Elías, cuando el cielo se cerró tres años y seis
    meses, cuando hubo una gran hambruna en toda la tierra.
    004:026 Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a Sarapeta, en
    la tierra de Sidón, a una mujer que era viuda.
    004:027 Había muchos leprosos en Israel en el tiempo del profeta
    Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, excepto Naaman, de
    Siria.»

    004:028 Todos en la sinagoga se llenaron de ira, cuando oyeron estas
    cosas
    004:029 Se levantaron, lo sacaron de la ciudad, y lo llevaron al borde
    de la colina sobre la que su ciudad estaba construida, para
    lanzarlo por el precipicio.
    004:030 Pero Él, pasando por en medio de ellos, siguió su camino.

    004:031 Bajó a Capernaum, una ciudad de Galilea. Él estaba enseñando
    el día sabático
    004:032 y la gente se maravillaba de su enseñanza, porque sus palabra
    tenía autoridad.
    004:033 En la sinagoga había un hombre que tenía un espíritu de un
    demonio impuro, y gritaba con fuerte voz,
    004:034 «¡Ah! ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has
    venido a destruirnos? Se quien eres: ¡El Santo de Dios!»

    004:035 Jesús lo reprendió, diciendo, «Quédate en silencio y sal de
    él!» Cuando el demonio lo había tirado al suelo en medio de
    ellos, salió de él, sin haberle hecho daño.

    004:036 Todos se asombraron, y se hablaban unos a otros, diciendo,
    «¿Qué es esta palabra? ¡Pues con autoridad y poder da ordenes
    a los espíritus impuros, y ellos salen!
    004:037 Las noticias sobre Él se difundieron en todos los alrededores
    de la región.

    004:038 Él salió de la sinagoga, y entró a la casa de Simón. La suegra
    de Simón sufría de una gran fiebre, y le rogaron por ella.
    004:039 Él se le acercó, y reprendió a la fiebre, y esta la abandonó.
    Inmediatamente ella se levantó y les sirvió.
    004:040 Cuando el sol se estaba poniendo, todos los que tenían alguna
    enfermedad fueron llevados donde Él; y Jesús ponía sus manos
    sobre cada uno de ellos, y los sanaba.
    004:041 También salían demonios de muchos de ellos, gritando, «¡Tu
    eres el Cristo, el Hijo de Dios!» Reprendiéndolos, Él no los
    dejaba hablar, porque ellos sabían que Él era el Cristo.

    004:042 Cuando amaneció salió y fue a un lugar inhabitado, y las
    multitudes lo buscaban, y llegaron donde Él. Lo querían
    retener, para que no se fuera lejos de ellos.
    004:043 Pero Él les dijo, «Debo predicar la buena nueva del Reino de
    Dios en otras ciudades también. Porque por esa razón he sido
    enviado.»
    004:044 El enseñaba en las sinagogas de Galilea.

    5

    005:001 Ocurrió mientras estaba en le lago de Genesaret, que la gente
    lo presionaba[40] mientras escuchaba la palabra de Dios.
    005:002 Él vio dos botes en el lago, los pescadores habían salido, y
    estaban lavando sus redes.
    005:003 Entró en uno de los botes, que era de Simón, y le pidió que lo
    alejará un poco de la tierra. Se sentó y enseño a las
    multitudes desde el bote.
    005:004 Cuando había terminado de hablar, le dijo a Simón, «Ve a lo
    profundo, y lanza tu redes para pescar.»

    005:005 Simón le dijo, «Maestro, trabajamos toda la noche sin pescar
    nada; pero por tu palabra lanzaré la red.»
    005:006 Cuando hicieron esto, cogieron una cantidad tan grande de
    pescados, que su red estaba por romperse.
    005:007 Acudieron a sus compañeros de otro bote, para que les
    ayudaran. Fueron y llenaron ambos botes, tanto que casi se
    hundían.
    005:008 Pedro Simón, cuando vio esto, cayó ante los pies de Jesús,
    diciendo, «Aléjate de mí Señor, porque soy un pecador.»
    005:009 Porque él estaba asombrado, así como los que estaba con él,
    por la pesca que habían hecho;
    005:010 y también así estaban Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que
    eran compañeros de Simón.
    Jesús le dijo a Simón, «No te asustes. Desde ahora pescarás
    gente viva[41].»

    005:011 Después de llevar sus botes a tierra, dejaron todo, y lo
    siguieron.
    005:012 Ocurrió, mientras que estaban en una de las ciudades, que
    había un hombre lleno de lepra. Cuando vio a Jesús, cayó ante
    su rostro, y le rogó, diciendo «Señor, si tu quiere, puedes
    hacerme limpio.»

    005:013 Jesús estiró su mano, y lo tocó, diciendo, «Yo lo quiero.
    Queda limpio.» Y de inmediato la lepra lo abandonó.

    005:014 Jesús le encargo no decirle a nadie, «Pero sigue tu camino, y
    muéstrate al sacerdote, y haz una ofrenda por tu limpieza de
    acuerdo a los mandamientos de Moisés, como testimonio para
    ellos.»
    005:015 Pero la noticia sobre el caso se difundió ampliamente, y
    grandes multitudes se reunieron para oír a Jesús y para que
    sanara sus enfermedades.
    005:016 Pero Jesús se retiró al desierto y oró.

    005:017 Ocurrió que uno de esos días, cuando Él estaba enseñando; que
    había fariseos y maestros de la ley sentados, quienes habían
    llegado de todas las villas de Galilea, Judea y Jerusalén. El
    poder del Señor estaba con Él para sanarlos.
    005:018 Algunas personas le trajeron un hombre paralítico sobre una
    camilla, y buscaron ponerlo frente a Jesús.
    005:019 Como no encontraron camino debido a la multitud, subieron al
    techo, y lo deslizaron por entre las tejas con su camilla en
    el medio, frente a Jesús.
    005:020 Viendo su fe, Él le dijo, « Hombre, tus pecados te son
    perdonados.»

    005:021 Los escribas y los fariseos comenzaron a razonar, diciendo, «¿
    Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar
    pecados sino sólo Dios?»

    005:022 Pero Jesús, percibiendo sus pensamientos, les contesto, «¿Por
    qué piensan así en sus corazones?
    005:023 ¿Qué es más fácil decir,`Tus pecados te son perdonados´ o
    decir `Levántate y camina´?
    005:024 Pero sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad sobre la
    tierra para perdonar pecados» le dijo al hombre paralítico,
    «Te digo, levántate, toma tu camilla y ve a tu casa.»

    005:025 Inmediatamente se levantó frente a Él, tomó su camilla, y
    partió a su casa, dando gloria a Dios.
    005:026 El asombro se apoderó de todos, y glorificaron a Dios. Estaban
    llenos de miedo y decían, «Hemos visto cosas extrañas[42]
    hoy.»

    005:027 Después de esto Él salió, vio un recolector de impuestos de
    nombre Levi sentando en la oficina de impuestos, y le dijo, «¡
    Sígueme!»

    005:028 Él dejó todo, se levantó y lo siguió.
    005:029 Levi hizo un gran banquete para Jesús en su casa. Había una
    multitud de recolectores de impuestos y otros que se
    reclinaban con ellos.
    005:030 Los escribas y los fariseos murmuraban contra sus discípulos,
    diciendo, «¿Por qué ustedes comen y beben con recolectores de
    impuestos y pecadores?»
    005:031 Jesús les contestó «Aquellos que están saludables no necesitan
    un médico, pero si quienes están enfermos.
    005:032 No he venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a
    los pecadores.»

    005:033 Ellos le dijeron, «¿Por qué los discípulos de Juan ayunan y
    oran continuamente, así como los discípulos de los fariseos,
    pero los tuyo comen y beben?

    005:034 Él les dijo, «¿Pueden ustedes hacer que los amigos[43] del
    novio ayunen, mientras el novio está con ellos?
    005:035 Pero vendrán días cuando les quitarán al novio. Entonces ellos
    ayunarán esos días.»
    005:036 También les dijo una parábola. «Nadie pone un retazo de un
    vestido nuevo sobre un vestido viejo, o de lo contrario se
    romperá el nuevo, y el pedazo nuevo no se ajustará al viejo.
    005:037 Nadie pone vino nuevo en odres viejos, o de lo contrario el
    vino nuevo romperá el cuero, se regará, y los cueros se
    destruirán.
    005:038 Así que el vino nuevo debe ponerse en odres frescos, y ambos
    serán preservados.
    005:039 Ningún hombre que ha tomado vino añejo, desea de inmediato el
    nuevo, porque dice, `El añejo es mejor.´»

    6

    006:001 Ocurrió en el segundo día sabático[44], que iban por los
    campos de grano. Sus discípulos arrancaban las espigas de los
    granos, y comían, frotándolas entre sus manos.
    006:002 Pero algunos de los fariseos les decían, «¿Por qué hacen eso
    que no es permitido hacer en el día sabático?»

    006:003 Jesús, contestándoles, dijo, «¿No han leído lo que David hizo
    cuando estuvo hambriento, él y los que estaban con él;
    006:004 como él entró en la casa de Dios, y tomó y comió el pan
    sagrado[45], y lo dio también a los que estaban con él, pan
    que no es permitido comer excepto para los sacerdotes?
    006:005 Les dijo, «El Hijo del Hombre es señor del día sabático.»

    006:006 También ocurrió otro día sabático que Él entró a la sinagoga y
    enseñó. Había allí un hombre cuya mano derecha estaba tullida.
    006:007 Los escribas y los fariseos lo miraban, para ver si lo sanaría
    en el día sabático, y así podrían encontrar una acusación
    contra Él.
    006:008 Pero Él conocía sus pensamientos; y le dijo al hombre que
    tenía la mano tullida, «Levántate, y párate en la mitad.» Él
    se levantó y se mantuvo de pie.
    006:009 Entonces Jesús les dijo, «Les preguntaré algo: ¿Es legal en el
    día sabático hacer el bien, o hacer daño? ¿Salvar una vida, o
    matar?
    006:010 Miro a todos a su alrededor, y le dijo al hombre, «Estira tu
    mano.» Así lo hizo, y su mano fue restaurada tan sana como la
    otra.
    006:011 Pero los escribas y los fariseos se llenaron de ira, y
    hablaron entre ellos sobre lo que podrían hacer a Jesús.

    006:012 Ocurrió en esos días, que salieron a una montaña a orar, y Él
    continuó toda la noche en oración a Dios.
    006:013 Cuando se hizo de día, Él llamó a sus discípulos, y de entre
    ellos escogió a doce, a quienes también llamó apóstoles:
    006:014 Simón, a quien también llamó Pedro; Andrés, su hermano;
    Santiago; Juan; Felipe; Bartolomé;
    006:015 Mateo; Tomas; Santiago, el hijo de Alfeo; Simón, quien era
    llamado el Celote;
    006:016 Judas el hijo de Santiago; y Judas Iscariote, quien se haría
    traidor.
    006:017 Jesús bajó con ellos a un lugar plano repleto de sus
    discípulos, y un gran número de personas de toda Judea y
    Jerusalén, y de las costas de Tiro y Sidón, quienes fueron a
    oírlo y a ser sanados de sus enfermedades[46];
    006:018 así como aquellos que eran afligidos por espíritus impuros, y
    estaban siendo sanados.
    006:019 Toda la multitud buscaba tocarlo, porque de Él salia un poder
    que los sanaba a todos.

    006:020 El levanto sus ojos a sus discípulos, y les dijo,
    «Benditos son ustedes que son pobres Porque de ustedes es el
    Reino de Dios.
    006:021 Benditos sean ustedes que tienen hambre hoy, Porque serán
    saciados. Benditos son ustedes que lloran ahora, porque
    reirán.
    006:022 Benditos son ustedes cuando a causa del Hijo del Hombre, sean
    odiados por hombres, cuando los excluyan, los insulten[47] y
    desprecien sus nombres como malos.
    006:023 Alégrense en ese día, y salten de felicidad, porque sepan, que
    su recompensa en el cielo es grande, porque sus padres
    hicieron lo mismo con los profetas.
    006:024 «¡Pero pobres de ustedes que son ricos! Porque ustedes ya han
    recibido su consuelo.
    006:025 ¡Pobres de ustedes, que están llenos hoy! Porque ustedes
    tendrán hambre. ¡Pobres de ustedes que ríen ahora! Porque
    ustedes se lamentarán y llorarán después.
    006:026 ¡Pobres,[48] cuando,[49] los hombres hablen bien de ustedes!
    Porque sus padres hicieron lo mismo con los falsos profetas.
    006:027 «Pero les diré a ustedes que oyen: amen a sus enemigos, hagan
    el bien a aquellos que los odian,
    006:028 bendigan a los que los maldigan, y oren por aquellos que los
    maltratan.
    006:029 A aquel que te golpea en la mejilla, ofrécele también la otra;
    y a aquel que te quita el abrigo, no le retengas tu túnica.
    006:030 Da a todo el que te pida, y no le reclames al que te ha
    quitado bienes para que te los devuelva.

    006:031 «Lo que desean que la gente haga con ustedes, hagan
    exactamente eso con ellos.
    006:032 Si aman a aquellos que los aman, ¿qué bendición esperan[50]?
    Si incluso los pecadores aman a los que los aman.
    006:033 Si hacen el bien a aquellos que les hacen el bien, ¿qué
    bendición esperan? Si incluso los pecadores hacen lo mismo.
    006:034 Si le prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué
    bendición es para ustedes? Si incluso los pecadores le prestan
    a pecadores, para que les devuelvan lo mismo.
    006:035 Pero amen a sus enemigos, y hagan el bien, presten sin esperar
    a cambio[51]; y su recompensa será grande y serán hijos del
    Más Alto; porque Él es benévolo con el desagradecido y el
    malo.

    006:036 Por eso sean piadosos, así como su Padre también es piadoso.
    006:037 No juzguen y no serán juzgados. No condenen y no serán
    condenados. Liberen y serán liberados.
    006:038 «Den, y les darán: en buena medida, recortado, vibrante y
    desbordante, se les dará a ustedes[52] Porque con la misma
    medida que midan, ustedes serán medidos.»
    006:039 Jesús les dijo una parábola. «¿Puede un ciego guiar a otro
    ciego? ¿No se caerán ambos a un hoyo?
    006:040 Un discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el
    que este completamente entrenado[53] será como su maestro.
    006:041 ¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano, pero no
    consideras el tronco que está en tu propio ojo?
    006:042 ¿O cómo le puedes decir a tu hermano, `Hermano, déjame quitar
    la paja de tu ojo´; cuando tu mismo no te vez el tronco que
    tienes en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Primero quita el tronco
    de tu propio ojo y luego puedes ver claramente para remover la
    paja del ojo de tu hermano,
    006:043 Pues no hay buen árbol que de frutos podridos; ni tampoco un
    árbol podrido que de frutos buenos.
    006:044 Pues cada árbol se reconoce por sus propios frutos. La gente
    no recoge higos de espinos, ni tampoco uvas de zarzas.
    006:045 El hombre bueno saca del buen tesoro de su corazón lo que es
    bueno, y el hombre malo saca del mal tesoro de su corazón lo
    que es malo, pues de lo que abunda en el corazón, habla la
    boca.
    006:046 ¿Porqué me llaman `Señor, Señor,´ y no hacen las cosas que yo
    les digo?
    006:047 Les voy a mostrar a quien se parece todo el que venga a mi,
    escuche mis palabras y las practique.
    006:048 Es como un hombre que construyó una casa, que cavó profundo y
    puso la base sobre la roca. Cuando hubo una inundación la
    corriente golpeó la casa y no la pudo mover, porque su base se
    encontraba sobre la roca.
    006:049 Pero aquel que escucha y no practica, es como el hombre que
    construyó una casa sobre la tierra sin una base, contra la
    cual golpeó la corriente e inmediatamente cayó y la ruina de
    esa casa fue grande.»

    7

    007:001 Tras haber terminado de hablar al pueblo, entró a Capernaum.
    007:002 Cierto siervo de un centurión, que era apreciado por su amo,
    estaba enfermo a punto de morir.
    007:003 Cuando oyó sobre Jesús, le envió a los ancianos de los Judíos,
    para que le pidieran ir y salvar[54] al siervo.
    007:004 Cuando llegaron donde Jesús, le rogaron fervientemente,
    diciendo «Vale la pena que hagas esto por él,
    007:005 porque ama nuestra nación, y construyó la sinagoga para
    nosotros.»
    007:006 Jesús salió con ellos. Cuando estaba no lejos de la casa, el
    centurión le envió amigos a decirle, «Señor, no te molestes,
    porque no soy digno de que entres bajo mi techo.
    007:007 Por eso ni yo mismo pensaba que fuera digno de venir a ti;
    pero dí una palabra, y mi siervo será sanado.
    007:008 Pues yo también soy un hombre[55] puesto bajo autoridad,
    teniendo a mis ordenes soldados. Le digo a este, `¡Ve!´ y él
    va; y a este otro, `¡Ven!´ y el viene; y a mi siervo, `Haz
    esto´ y él lo hace.»

    007:009 Cuando Jesús oyó esto, se maravilló de él, se volteó y dijo a
    la multitud que lo seguía, «Les digo, que en Israel no he
    encontrado una fe tan grande.»
    007:010 Los que fueron, al regresar a la casa, encontraron bien al
    siervo que había estado enfermo.

    007:011 Ocurrió poco después, que fue a una ciudad llamada Nain.
    Muchos de sus discípulos junto con una gran multitud, fueron
    con Él.
    007:012 Cuando se acercó a la puerta de la ciudad, un hombre que
    estaba muerto era sacado, era hijo único de su madre, quien
    era viuda. Mucha gente de la ciudad estaba con ella.
    007:013 Cuando el Señor la vio, tuvo compasión de ella y le dijo, «No
    llores.»
    007:014 Él se acercó y tocó el cofre, mientras que quienes lo cargaban
    se detenían. Dijo, «Joven, te digo, ¡Levántate!»
    007:015 Aquel que estaba muerto, se sentó, y comenzó a hablar. Y Jesús
    lo entregó a su madre.

    007:016 El temor se apoderó de todos, y glorificaron a Dios diciendo
    «¡Un gran profeta se ha levantado entre nosotros!» y «¡Dios ha
    visitado a su gente!»
    007:017 Esta noticia sobre Él se difundió por toda Judea, y por todas
    las regiones alrededor.

    007:018 Los discípulos de Juan le contaron sobre todas estas cosas.
    007:019 Juan, llamando a dos de sus discípulos, los envió a Jesús,
    diciendo, «¿Eres tu el que está por venir, o debemos buscar
    otro?»
    007:020 Cuando los hombres llegaron a Él le dijeron, «Juan el Bautista
    nos ha enviado a ti, para decirte, `¿Eres tu el que está por
    venir, o debemos buscar otro?´»

    007:021 En ese momento Él curaba muchas enfermedades, plagas y malos
    espíritus, y a muchos ciegos les daba vista.
    007:022 Jesús les contesto, «Vayan y digan a Juan las cosas que han
    visto y oído: los ciegos reciben la vista, los inválidos
    caminan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los
    muertos se levantan, y los pobres reciben la buena nueva.
    007:023 Bendito aquel que no es ofendido por mí[ 56].»

    007:024 Cuando los mensajes de Juan se habían ido, Él comenzó a
    decirle a las multitudes sobre Juan, «¿Qué fueron a ver al
    desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
    007:025 ¿Pero qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido en ropas suaves?
    Porque, aquellos que se visten hermosamente, y viven
    delicadamente, están en las cortes de los reyes.
    007:026 ¿Pero qué fueron a ver? ¿Un profeta? Si, se los digo, mucho
    más que un profeta.
    007:027 Este es aquel de quien está escrito,
    `Observa, yo envío mi mensajero antes de tu gracia, Quien
    preparará tu camino antes de ti.´
    007:028 «Porque les digo, entre aquellos que son nacidos de mujer no
    hay un profeta más grande que Juan el Bautista, y aún así
    aquel que es menos en el Reino de Dios es más grande que él.»

    007:029 Cuando toda la gente y los recolectores de impuestos oyeron
    esto, declararon que Dios era justo, habiendo sido bautizados
    con el bautizo de Juan.
    007:030 Pero los fariseos y los maestros de la ley rechazaron la
    voluntad[57] de Dios, al no ser bautizados por él.

    007:031 Y el Señor dijo,[58]«¿Con qué compararé la gente de esta
    generación? ¿Cómo que son?
    007:032 Son como niños sentados en una plaza de mercado, que se llaman
    unos a otros, diciendo, `Tocamos la flauta para ti, y ustedes
    no bailaron. Nos lamentamos, y ustedes no lloraron.´
    007:033 Porque Juan el bautista vino sin comer pan ni beber vino y
    ustedes le dijeron, `Él tiene un demonio.´
    007:034 El Hijo del Hombre ha venido comiendo y bebiendo, y ustedes
    dicen, `Observen, un glotón y un bebedor; ¡un amigo de
    recolectores de impuestos y pecadores!´
    007:035 Aunque la sabiduría es justificada por todas sus obras[59].»

    007:036 Uno de los fariseos lo invitó a comer con él. Jesús entró en
    la casa del fariseo, y se sentó a la mesa.
    007:037 Ocurrió que una mujer de la ciudad, que era una pecadora,
    cuando supo que Él se reclinaba en la casa del fariseo, llevó
    un jarro de alabastro con aceite.
    007:038 Quedándose detrás, a sus pies, sollozando, comenzó a mojar sus
    pies con sus lágrimas, y a secarlos con el cabello de su
    cabeza, besaba sus pies, y los ungía con el aceite.
    007:039 Cuando el fariseo que lo había invitado vio esto, se dijo a si
    mismo, «Si este hombre fuera un profeta, habría percibido
    quien y que clase de mujer lo toca, porque ella es una
    pecadora.»

    007:040 Jesús le dijo, «Simón, tengo algo que decirte.» Él le
    contestó, « Maestro, dí.»

    007:041 «Cierto prestamista que tenía dos deudores. Uno le debía
    quinientos denarios, y el otro cincuenta.
    007:042 Cuando ambos no pudieron pagar, él los perdonó a los dos.
    ¿Cuál de ellos lo amará más?»

    007:043 Simón contestó, «Supongo, que aquel a quien perdonó más.»
    Jesús le dijo, «Haz juzgado correctamente.»
    007:044 Volteándose hacia la mujer, le dijo a Simón, «¿Ves esta mujer?
    Yo entré a tu casa y tu no me has dado agua para mis pies,
    pero ella ha mojado mis pies con sus lágrimas, y los ha secado
    con su cabello.
    007:045 Tu no me has besado, pero ella, desde que he llegado, no ha
    cesado de besar mis pies.
    007:046 Tu no ungiste mi cabeza con aceite, pero ella a ungido mis
    pies con aceite[60].
    007:047 Por eso te digo, sus pecados, que son muchos, son perdonados,
    porque ella ha amado tanto. Pero a aquel que poco se le
    perdona, también ama poco.»
    007:048 Él le dijo a ella, «Tus pecados son perdonados.»

    007:049 Aquellos que se sentaban a la mesa comenzaron a decir entre
    ellos, «¿Quien es este que hasta perdona pecados?»

    007:050 El le dijo a la mujer, «Tu fe te ha salvado. Ve en paz.»

    8

    008:001 Sucedió que después Jesús fue por ciudades y pueblos,
    predicando y llevando la Buena Nueva del Reino de Dios. Con Él
    estaban los doce,
    008:002 y ciertas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y
    sus enfermedades: María a quien llamaban Magdalena, de quien
    habían salido siete demonios;
    008:003 y Juana la esposa de Cuza, quien era administrador de Herodes;
    Susana y muchas otras que los[61] apoyaban con sus bienes.
    008:004 Cuando una gran multitud se reunió y personas de cada ciudad
    fueron donde Jesús, Él les habló con una parábola.
    008:005 «Un campesino salió a sembrar su semilla. Al sembrar algunas
    cayeron en la carretera; fueron pisoteadas y se las comieron
    los pájaros del cielo.
    008:006 Otras semillas cayeron encima de la roca, tan pronto como
    crecieron se secaron porque no tenían humedad.
    008:007 Otras cayeron entre los espinos, y los espinos crecieron con
    estas y las sofocaron.
    008:008 Otras cayeron en tierra buena; crecieron y dieron fruto, cien
    veces mas.» Después de decir estas cosas gritó, «¡Aquel que
    tiene oídos para escuchar, que escuche!»

    008:009 Entonces sus discípulos le preguntaron, «¿Qué significa esta
    parábola?»

    008:010 Él dijo, «A ustedes se les concede conocer los misterios del
    Reino Dios, pero al resto en parábolas; porque `viendo no
    pueden ver, y escuchando no pueden entender.'
    008:011 La parábola es esto: La semilla es la palabra de Dios.
    008:012 Las que están sobre el camino son los que escuchan, y después
    viene el diablo, y se lleva la palabra de su corazón, para que
    no pueda creer y salvarse.
    008:013 La que está encima de la roca son aquellos, que cuando la
    escuchan, reciben la palabra con alegría; pero no tiene
    raíces, aquellos creen por un rato, pero caen en el tiempo de
    la tentación.
    008:014 La que cae entre las espinas es quienes escuchan, y mientras
    van por su camino son sofocados por las preocupaciones, las
    riquezas y los placeres de la vida, y no dan fruto que madure.
    008:015 La que cae en tierra buena es la gente honesta y de buen
    corazón, que habiendo oído la palabra, la siguen
    estrictamente, y dan fruto con paciencia.

    008:016 «Nadie, cuando tiene una lampara, la cubre con un recipiente,
    o la pone debajo de una mesa; sino que la pone sobre un
    estante, para que quienes entren puedan ver la luz.
    008:017 Porque no hay nada escondido, que no vaya a ser revelado; ni
    nada secreto, que no vaya a ser conocido y llegue a la luz.
    008:018 Por eso sean cuidados en su forma de oír. Porque a quien
    tiene, se le dará más; y a quien no tiene se le quitará
    incluso lo que piensa que tiene.»

    008:019 Su madre y sus hermanos llegaron donde Él estaba, pero no
    pudieron acercarse debido a la multitud.
    008:020 Alguien le dijo, «Tu madre y tus hermanos están afuera,
    deseando verte.»

    008:021 Pero Él les contestó, «Mi madre y mis hermanos son quienes
    escuchan la palabra de Dios, y la practican.»

    008:022 Ocurrió uno de esos días, que Jesús entró en un bote junto con
    sus discípulos, y les dijo, «Vamos a la otra orilla del lago.»
    Así que comenzaron a andar[62].
    008:023 Pero después de zarpar Él se quedó dormido. Una tempestad
    llegó al lago, y estaban recibiendo cantidades peligrosas de
    agua.
    008:024 Fueron a Él, y lo despertaron, diciendo, «¡Maestro, maestro,
    estamos muriendo!» El despertó, reprendió al viento y a la
    furia del agua, y ambos cesaron y hubo calma.
    008:025 Él les dijo, «¿Donde está su fe?» Llenos de miedo se
    maravillaron, diciéndose unos a otros, «¿Quién es este,
    entonces, que ordena incluso a los vientos y al agua, y ellos
    le obedecen?»
    008:026 Llegaron al país de Gerasa, que está al lado opuesto de
    Galilea.

    008:027 Cuando Jesús desembarcó, cierto hombre de la ciudad que tenía
    demonios desde hacía mucho tiempo fue donde Él. No tenía ropa,
    y no vivía en una casa, sino en las tumbas.
    008:028 Cuando vio a Jesús, chillo, y cayó ante Él, y con fuerte voz
    le dijo, «¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, tu hijo del Más
    Alto Dios? ¡Te ruego, no me atormentes!
    008:029 Porque Jesús estaba ordenando al espíritu impuro salir del
    hombre. Pues el espíritu impuro se apoderaba con frecuencia de
    él. Tenía que ser mantenido bajo guardia, y atarse con cadenas
    y grilletes. Pero los rompía, y era llevado por el demonio al
    desierto.

    008:030 Jesús le preguntó, «¿Cuál es tu nombre?»
    Contestó «Legión», porque muchos demonios habían entrado en
    él.
    008:031 Le rogaban que no les ordenara ir al abismo.
    008:032 Había allí una piara de muchos cerdos que se alimentaba en la
    montaña, y ellos le rogaron que les permitiera entrar en
    estos. Jesús se los permitió.
    008:033 Los demonios salieron del hombre, y entraron a los cerdos, y
    la piara se precipitó por el barranco en el lago, y se
    ahogaron los cerdos.
    008:034 Cuando quienes los alimentaban, vieron lo que ocurrió,
    huyeron, y dijeron en la ciudad y en el campo.

    008:035 La gente salió para ver lo que había ocurrido. Fueron donde
    Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los
    demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y con su mente
    lucida; y tuvieron miedo.
    008:036 Quienes vieron contaron como el que había estado poseído por
    demonios fue sanado.
    008:037 Toda la gente de las regiones que rodeaban Gadares le pidió
    que se fuera de allí, porque estaban muy asustados. Jesús
    subió al bote y regresó.
    008:038 El hombre de quien habían salido los demonios le suplicaba que
    le permitiera ir con Él, pero Jesús lo envió, diciendo,
    008:039 «Regresa a tu casa, y declara las grandes cosas que Dios ha
    hecho por ti.» Él siguió su camino, proclamando por toda la
    ciudad las grandes cosas que Jesús había hecho por él.

    008:040 Ocurrió que Jesús regresó, y que la multitud le dio la
    bienvenida, porque todos lo estaban esperando.
    008:041 Llegó un hombre llamado Jairo que era mandatario de la
    sinagoga. Cayó ante los pies de Jesús, y le rogó que fuera a
    su casa,
    008:042 porque tenía sólo una hija, de unos doce años, y ella estaba
    muriendo. Mientras Jesús iba, la multitud lo presionaba.
    008:043 Una mujer que tenía un flujo de sangre por más de doce años,
    que había gastado toda su vida en médicos, pero no había
    podido ser sanada por ellos,
    008:044 llegó detrás de Jesús, tocó el borde de su túnica y de
    inmediato el flujo se detuvo.
    008:045 Jesús dijo, «¿Quién me tocó?»
    Como todos lo negaban, Pedro y los que estaban con Él dijeron,
    « Maestro, la multitud te presiona y empuja, y dices, `¿Quién
    me tocó?´»

    008:046 Pero Jesús dijo, «Alguien me tocó, porque percibí un poder que
    salía de mí.»
    008:047 Cuando la mujer vio que no estaba escondida, se acercó
    temblando, y cayo ante Él declarándole en presencia de toda la
    gente la razón por la que lo había tocado, y como fue sanada
    de inmediato.
    008:048 Jesús le dijo, «Hija, alégrate. Tu fe te ha hecho bien. Ve en
    paz.»

    008:049 Mientras Jesús aún hablaba llegó uno de la casa del jefe de la
    sinagoga, diciéndole, «Tu hija esta muerta. No molestes al
    maestro. »

    008:050 Pero Jesús escuchó y le dijo, «No tengas miedo. Solo cree y
    ella será sanada[63].»

    008:051 Cuando llegó a la casa no permitió que nadie entrará, excepto
    Pedro, Juan, Santiago, el padre y la madre de la niña.
    008:052 Todos lloraban y se lamentaban por ella, pero Jesús dijo, «No
    lloren. Ella no está muerta solo está durmiendo.»

    008:053 Ellos lo ridiculizaban, sabiendo que ella estaba muerta.
    008:054 Pero Él los puso a todos afuera[64] y tomando a la niña de la
    mano, llamó diciendo, «¡Niña levántate!»
    008:055 Su espíritu regresó[65] y ella se levantó inmediatamente. Él
    mando que algo se le diera de comer.
    008:056 Sus padres estaban asombrados pero Jesús les pidió no decirle
    a nadie lo que había pasado.

    9

    009:001 Él reunió a los doce[66] y les dio poder y autoridad sobre
    todos los demonios y para curar enfermedades.
    009:002 Los mandó a predicar el Reino de Dios y a sanar los enfermos.
    009:003 Jesús les dijo, «No lleven nada para su viaje, ni bastón, ni
    billetera, ni pan, ni dinero; ni lleven dos abrigos.
    009:004 A cualquier casa que entren, quédense allí y salgan de allí.
    009:005 Si alguien no los recibe, cuando salgan de esa ciudad
    sacúdanse hasta el polvo de los pies como testimonio en contra
    de ellos.»

    009:006 Ellos salieron y fueron por todas los pueblos[67] predicando
    la Buena Nueva y curando en todas partes.
    009:007 Herodes el tetrarca escuchó todo lo que estaba siendo hecho
    por Jesús[68], y estaba perplejo porque algunos decían que
    Juan había resucitado de entre los muertos,
    009:008 otros decían que Elías había aparecido y otros que uno de los
    profetas antiguos había resucitado.
    009:009 Herodes dijo, «A Juan yo lo he decapitado, pero ¿quien es este
    de quien oigo tales cosas?» Él buscaba como verlo.
    009:010 Cuando los apóstoles regresaron, le contaron las cosas que
    habían hecho.
    Él los reunió, y se retiró a un lugar desierto de una ciudad
    llamada Betsaida.
    009:011 Pero las multitudes al percibirlo, lo siguieron. Él les dio la
    bienvenida, y les hablo del Reino de Dios, y curó a quienes
    necesitaban sanación.
    009:012 El día comenzó a apagarse; y los doce fueron y le dijeron,
    «Envía a la multitud de regreso, para que puedan ir a los
    pueblos de los alrededores a descansar y a comer, porque
    estamos en un lugar desierto.»

    009:013 Pero Él les dijo, «Ustedes, denles algo de comer.»
    Dijeron, «No tenemos más que cinco pedazos de pan y dos
    pescados, tendríamos que ir a comprar comida para todas estas
    personas.»
    009:014 Porque eran cerca de cinco mil personas.
    Él le dijo a sus discípulos, «Hagan que se sienten en grupos
    de unos cincuenta cada uno.»
    009:015 Así lo hicieron, e hicieron que todos se sentaran.
    009:016 Él tomó los 5 pedazos de pan y los dos pescados, y mirando al
    cielo, los bendijo, y los partió, y los dio a los discípulos
    para repartir entre la multitud.
    009:017 Comieron, y quedaron llenos. Reunieron doce canastos de los
    pedazos que quedaron.

    009:018 Ocurrió, mientras él rezaba sólo, que los discípulos estaban
    con Él y Él les preguntó «¿Quién dicen las multitudes que soy
    yo?»

    009:019 Ellos contestaron, «`Juan el Bautista,´ pero otros dicen,
    `Elías´ y otros, que uno de los antiguos profetas que ha
    resucitado.»

    009:020 Él les dijo, «Pero ¿quién dicen ustedes que soy yo?»
    Pedro contestó, «El Cristo de Dios.»

    009:021 Entonces Él les advirtió, y les ordenó no decir esto a nadie,
    009:022 diciendo, «El Hijo del Hombre debe sufrir muchas cosas, y será
    rechazado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y los
    escribas, será asesinado, y al tercer día se levantará.»[69]

    009:023 Les dijo a todos, «Si alguien desea venir tras de mi, renuncie
    a si mismo, cargue su cruz diariamente[70] y sígame.
    009:024 Porque quien quiera salvar su vida la perderá[71], pero quien
    pierda su vida por mi causa, lo mismo la salvará.
    009:025 Porque ¿de qué le vale a un hombre, si gana el mundo entero,
    pero se pierde o se perjudica a si mismo[72]?
    009:026 Quien se avergüence de mí y de mis palabras, de Él se
    avergonzará el Hijo del Hombre, cuando llegue a su gloria y a
    la gloria del Padre, y de los santos ángeles.
    009:027 Les diré la verdad: Hay algunos de los que están aquí, que de
    ninguna forma probarán la muerte, hasta que vean el Reino de
    Dios.»

    009:028 Ocurrió como ocho días después de haber dicho esto, que Jesús
    salió con Pedro, Juan y Santiago, y fue a una montaña a orar.
    009:029 Mientras oraba, la apariencia de su rostro se alteró, y su
    vestido se hizo blanco y brillante.
    009:030 Dos hombre estaban hablando con Él, ellos eran Moisés y Elías,
    009:031 quienes aparecieron en la gloria[73], y hablaban de su
    partida,[74] la cual Jesús estaba por cumplir[75] en
    Jerusalén.

    009:032 Pedro y los que lo acompañaban estaban pesados por el sueño,
    pero cuando estuvieron totalmente despiertos, vieron su
    gloria, y a los dos hombres que estaban con Él.
    009:033 Ocurrió, mientras que se alejaban de Él, que Pedro le dijo a
    Jesús, «Maestro, es bueno que estemos aquí. Hagamos tres
    tiendas: una para ti, una para Moisés y una para Elías» sin
    saber lo que decía.

    009:034 Mientras decía estas cosas, una nube vino y los cubrió, y
    tuvieron miedo cuando entraron[76] en la nube.
    009:035 Una voz salió de la nube diciendo, «Este es mi Hijo amado.
    ¡Escúchenlo!»
    009:036 Cuando la voz se fue, encontraron sólo a Jesús. Quedaron en
    silencio, y no le contaron a nadie en esos días sobre las
    cosas que habían visto.

    009:037 Ocurrió al día siguiente de haber bajado de la montaña, que
    una gran multitud lo encontró.
    009:038 Un hombre de la multitud llamó, diciendo, «Maestro, te ruego
    que mires a mi hijo, porque es mi único hijo.
    009:039 Un espíritu lo toma, repentinamente chilla y lo hace
    convulsionar, bota espuma, y difícilmente parte de él,
    hiriéndolo severamente.
    009:040 Yo rogué a tus discípulos que lo sacaran, pero ellos no
    pudieron.»

    009:041 Jesús contestó, «Generación perversa y sin fe, ¿Cuánto tiempo
    debo estar con ustedes y cargarlos? Trae aquí a tu hijo.»

    009:042 Mientras que venía, el demonio lo derribó y lo hizo
    convulsionar violentamente. Pero Jesús reprendió al espíritu
    impuro, sanó al niño, y lo dio de vuelta a su padre.
    009:043 Todos estaban asombrados por la majestad de Dios.
    Mientras todos se maravillaban por las cosas que Jesús hacia,
    Él dijo a sus discípulos,
    009:044 «Que estas palabras se sumerjan en sus oídos, porque el Hijo
    del Hombre será entregado a manos de los hombres.»
    009:045 Pero ellos no entendieron lo que decía. Estaba oculto para
    ellos, porque no percibían, y les asustaba preguntarle sobre
    sus palabras.

    009:046 Ocurrió una discusión entre los discípulos[77] sobre cual de
    ellos era el más grande.
    009:047 Jesús al percibir el razonamiento de sus corazones, tomo a un
    niño pequeño, lo puso a su lado,
    009:048 y les dijo, «Quien reciba a este pequeño en mi nombre, me
    recibe a mí. Quien me recibe a mí, recibe al que me envió.
    Porque quien sea menos entre todos ustedes, ese será grande.»

    009:049 Juan le contestó, «Maestro, vimos que alguien expulsaba
    demonios en tu nombre y se lo prohibimos, porque él no nos
    sigue.»

    009:050 Jesús le dijo, «No se lo prohíban, porque quien no está contra
    nosotros[78] está con nosotros.»

    009:051 Ocurrió, cuando se acercaba el día en el que debía ser
    entregado, que Jesús fijo su rostro hacia Jerusalén,
    009:052 y envió mensajeros antes que Él. Ellos fueron y entraron a un
    pueblo de Samaritanos, preparándolo para Jesús.
    009:053 Pero en el pueblo no lo recibieron, porque viajaba hacía
    Jerusalén.
    009:054 Cuando sus discípulos, Santiago y Juan, vieron esto, dijeron,
    «Señor, ¿deseas que ordenemos bajar fuego del cielo, y
    destruirlos, tal como Elías hizo?»

    009:055 Pero Él se dio vuelta y los reprendió, «No saben de que clase
    de espíritu son.
    009:056 Porque el Hijo del Hombre no vino a destruir vidas de hombres,
    sino a salvarlas.»[79]
    Y fueron a otra villa.
    009:057 Mientras iban por el camino, cierto hombre le dijo, «Quiero
    seguirte a donde quiera que vayas, Señor.»

    009:058 Jesús le dijo, «Los zorros tienen madrigueras, y los pájaros
    del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene un
    lugar para recostar su cabeza.»

    009:059 Él le dijo a otro, «¡Sígueme!»
    Él le dijo, «Señor, permíteme primero ir a enterrar a mi
    padre.»

    009:060 Pero Jesús le dijo, «Deja que los muertos entierren a sus
    muertos, pero tu ve y anuncia el Reino de Dios.»

    009:061 Otro también dijo, «Quiero seguirte, Señor, pero primero
    permíteme ofrecer una despedida a quienes están en mi casa.»

    009:062 Pero Jesús le dijo, «Nadie, que habiendo puesto su mano en el
    arado mire hacia atrás, es digno del Reino de Dios.»

    10

    010:001 Después de estas cosas, el Señor también señaló a otros
    setenta[80 ], y los envió de dos en dos delante de Él[81] a
    toda ciudad y lugar donde Él estaba por llegar.
    010:002 Entonces Jesús les dijo, «La cosecha es ciertamente abundante
    pero los trabajadores son pocos. Recen al Señor de la cosecha
    para que pueda mandar trabajadores a su cosecha.
    010:003 Vayan por sus caminos[82]. Los mando como ovejas entre lobos.
    010:004 No lleven bolso, ni billetera ni sandalias. No saluden a nadie
    en el camino.
    010:005 En cualquier casa que entren, digan primero `La paz esté en
    esta casa.´
    010:006 Si allí hay un hijo de la paz, tu paz descansará sobre él;
    pero si no es así regresará a ti.
    010:007 Quédense en la misma casa, comiendo y tomando lo que les den,
    pues el trabajador tiene derecho a su paga. No vayan de casa
    en casa.
    010:008 En cualquier ciudad que ustedes entren, y los reciban, coman
    las cosas que se les ofrezcan.
    010:009 Sanen a los enfermos que allí estén, y díganles `El Reino de
    Dios se ha acercado a ustedes.´
    010:010 Pero en toda ciudad que entren y no sean recibidos, vayan a
    las calles y digan,
    010:011 `Hasta el polvo de su ciudad que se nos pega, lo limpiamos
    para devolvérselo. Sin embargo sepan esto, que el Reino de
    Dios se ha acercado a ustedes.
    010:012 Les digo, será más tolerable en ese día para Sodoma que para
    esa ciudad.

    010:013 «¡Pobre de ti, Corazín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si las
    obras poderosas que fueron hechas en ustedes se hubieran hecho
    en Tiro y Sidón, ya se habrían arrepentido hace tiempo,
    sentándose en sacos de penitencia y cenizas.
    010:014 Pero será más tolerable para Tiro y Sido en el juicio que para
    ustedes.
    010:015 Ustedes, gente de Capernaum, que son exaltados al cielo, serán
    arrojados al Hades.[83 ]
    010:016 Quien los escuche a ustedes, me escucha a mí, y quien los
    rechace, me rechaza a mí. Quien me rechace a mí, rechaza a
    quien me envió.»

    010:017 Los setenta volvieron con alegría diciendo, «Señor, ¡incluso
    los demonios nos obedecen en tu nombre!»

    010:018 Él les dijo, «Vi a Satanás cayendo como rayo del cielo.
    010:019 Observen, les doy autoridad para caminar entre serpientes y
    escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo. Nada, en
    ninguna forma los herirá.
    010:020 Sin embargo, no se regocijen por esto, que los espíritus los
    obedezcan, sino alégrense porque sus nombres están escritos en
    el cielo.»

    010:021 En la misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y
    dijo, «Te agradezco, O Padre, Señor del cielo y de la tierra,
    que has ocultado estas cosas para el sabio y entendido, y las
    has revelado a los niños pequeños. Si, Padre, porque así
    estuvo bien ante tu vista.»

    010:022 Dirigiéndose a los discípulos, Él dijo, «Todo me ha sido
    enviado por mi Padre. Nadie sabe quien es el Hijo, excepto el
    Padre, ni quien el Padre es, excepto el Hijo, y a quien el
    Hijo desee revelárselo.»

    010:023 Volteándose a sus discípulos, les dijo en privado, «Benditos
    son los ojos que ven lo que ustedes ven,
    010:024 porque les digo, que muchos profetas y reyes deseaban ver lo
    que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes
    escuchan y no lo escucharon.»

    010:025 Ocurrió que cierto maestro de la ley[84] se levantó y lo puso
    a prueba diciendo, «Maestro, ¿Qué debo hacer para heredar la
    vida eterna?»

    010:026 Él le dijo, «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lo lees?»

    010:027 Él contestó, «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
    toda tu alma, con toda tu fuerza, y toda tu mente; y a tu
    prójimo como a ti mismo.»

    010:028 Jesús le dijo, «Has contestado correctamente. Haz eso y
    vivirás.»

    010:029 Pero él deseando justificarse, le preguntó a Jesús, «¿Quién es
    mi prójimo?»

    010:030 Jesús le contestó, «Cierto hombre iba de Jerusalén a Jericó,
    pero cayo entre ladrones, quienes lo despojaron y golpearon, y
    se fueron dejándolo medio muerto.
    010:031 Por casualidad cierto sacerdote estaba pasando por ese camino.
    Cuando lo vio, pasó por el otro lado.
    010:032 De la misma forma un Levita, cuando llegó al lugar, y lo vio,
    paso por el otro lado.
    010:033 Pero cierto Samaritano, mientras viajaba, llegó donde él
    estaba. Cuando lo vio, fue movido por la compasión,
    010:034 fue donde él, y vendó sus heridas, derramando aceite y vino.
    Lo puso sobre su propio burro[85], lo llevó a una posada, y lo
    cuidó.
    010:035 Al día siguiente, cuando se fue, tomó dos denarios, y se los
    dio al dueño de la posada, y le dijo `Cuídalo. Lo que tengas
    que gastar además de esto, te lo pagaré cuando regrese.´
    010:036 ¿Cuál de estos tres, piensas que pareció ser un prójimo del
    que cayo entre los ladrones?»

    010:037 Él contesto, «Aquel que le mostró compasión.»
    Entonces Jesús le dijo, «Ve y haz lo mismo.»

    010:038 Ocurrió mientras iban por su camino, que Jesús entró a cierta
    villa, y cierta mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
    010:039 Tenía una hermana llamada Maria, quien entonces se sentó a los
    pies de Jesús, y escuchó su palabra.
    010:040 Pero Marta estaba distraída, sirviendo muchas cosas, se acercó
    a Él y dijo, «Señor, ¿no te preocupa que mi hermana me deje
    sirviendo sola? Pídele entonces que me ayude.»

    010:041 Jesús le contestó, «Marta, Marta, estás ansiosa y preocupada
    por muchas cosas,
    010:042 pero una cosa se necesita. Maria ha elegido la parte buena,
    que no podrá ser alejada de ella.»

    11

    011:001 Ocurrió, cuando Él terminaba de orar en cierto lugar, que uno
    de sus discípulos le dijo, «Señor, enséñanos a orar, así como
    Juan también le enseñó a sus discípulos.»

    011:002 Él les dijo, Cuando ustedes oren digan,
    `Nuestro Padre[86] en el cielo, Que tu nombre se mantenga
    santo [87]. Que tu reino venga. Que se haga tu voluntad en la
    tierra, como en el cielo[88].
    011:003 Danos día a día nuestro pan diario.
    011:004 Perdona nuestros pecados, Porque nosotros mismos también
    perdonamos a todos los que nos han ofendido[89]. No nos
    lleves a la tentación[90], Pero líbranos del malo[91].´
    011:005 Él les dijo, «¿Qué hará alguno de ustedes si[92] va donde un
    amigo a media noche y le dice, `Amigo, préstame tres panes,
    011:006 pues un amigo mio que ha llegado a mi de viaje y no tengo nada
    para ofrecerle,´
    011:007 y él desde adentro contesta, `No me molestes. La puerta está
    ahora cerrada y mis hijos están conmigo acostados. No puedo
    levantarme para dártelos.´?
    011:008 Yo les digo, aunque él no se levante a dárselos por ser su
    amigo lo hará por su insistencia, él se levantará y le dará
    tanto como necesite.

    011:009 «Les digo, manténganse pidiendo[93], y se les dará.
    Manténganse buscando y encontrarán. Manténganse golpeando y se
    les abrirá.
    011:010 Porque todo el que pide recibe. El que busca encuentra. Al que
    golpea la puerta se le abrirá.

    011:011 «¿Cuál de ustedes padres, si su hijo les pide un pan, le dará
    una piedra? ¿O si le pide un pescado, no le dará una serpiente
    en vez del pescado, cierto?
    011:012 ¿O si le pide un huevo, no le dará un escorpión, cierto?
    011:013 Si ustedes entonces, siendo malos, saben como dar buenos
    regalos a sus hijos, ¿cuánto más Espíritu Santo dará su Padre
    celestial a quienes le pidan?»

    011:014 Estaba sacando un demonio a un mudo. Y ocurrió, cuando el
    demonio se había ido, que el mudo habló; y las multitudes se
    maravillaron.
    011:015 Pero algunos de ellos decían, «Expulsa demonios por Beelzebú,
    el príncipe de los demonios.»
    011:016 Otros, lo probaban, buscando de Él una señal del cielo.
    011:017 Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo, «Todo reino
    dividido contra si mismo se llevado a la desolación. Una casa
    dividida contra si misma cae.
    011:018 Si Satanás también se divide contra si mismo, ¿Cómo se
    mantendrá su reino? Porque ustedes dicen que yo expulso
    demonios por Beelzebú.
    011:019 Pero si yo expulso demonios por Beelzebú, ¿Por quién los
    expulsarán los hijos de ustedes? Pues ellos serán sus jueces.
    011:020 Pero si yo por el dedo de Dios expulso demonios, entonces el
    Reino de Dios ha venido a ustedes[94].

    011:021 «Cuando el hombre fuerte, fuertemente armado, cuida su propia
    casa, sus bienes están seguros.
    011:022 Pero cuando alguien más fuerte lo ataca y lo subyuga, le quita
    su armadura completa, en la que él confiaba, y divide el
    botín.

    011:023 «El que no está conmigo está contra mí. El que no recoge
    conmigo, dispersa.
    011:024 El espíritu impuro, cuando ha salido del hombre, pasa por
    lugares secos buscando descanso y al no encontrar, dice,
    `Regresaré a la casa de la que he salido.´
    011:025 Cuando retorna, la encuentra barrida y ordenada.
    011:026 Entonces va, y toma otros siete espíritus más malos que el
    mismo, entran y habían allí. El estado final del hombre es
    peor que el inicial.»

    011:027 Ocurrió, mientras que decía estas cosas, que cierta mujer de
    la multitud alzó su voz, y le dijo, «¡Bendito es el vientre
    del que naciste, y los senos que te alimentaron!»

    011:028 Pero Él dijo, «Benditos[95] son los que escuchan la palabra de
    Dios y la siguen.»

    011:029 Cuando las multitudes se estaban reuniendo alrededor de Él,
    Jesús comenzó a decir, «Esta es una generación mala. Buscan
    una señal. Ninguna señal les será dada más que la señal de
    Jonas, el profeta.
    011:030 Porque así como Jonas llego a ser una señal para los
    Ninevitas, así también el Hijo del Hombre será para esta
    generación.
    011:031 La Reina del Sur se levantará en el día del juicio junto con
    los hombres de esta generación, y los condenará: porque ella
    vino de los confines del mundo para oír la sabiduría de
    Salomón; y observen que uno más grande que Salomón está aquí.
    011:032 Los hombres de Ninive se levantarán en el juicio con esta
    generación, y la condenarán: porque ellos se arrepintieron con
    la prédica de Jonas, y observen que uno más grande que Jonas
    está aquí.

    011:033 «Ningún hombre, cuando ha encendido una lampara, la pone en un
    sótano[96], ni bajo un recipiente, sino en un estante, para
    que quienes entren puedan ver la luz.
    011:034 La lampara del cuerpo es el ojo. Entonces cuando tu ojo es
    bueno, tu cuerpo entero también está lleno de luz; pero cuando
    es malo, tu cuerpo también está lleno de oscuridad[97].
    011:035 Entonces miren que la luz que hay en ustedes no sea oscuridad.
    011:036 Si tu cuerpo entero está lleno de luz, sin tener parte oscura,
    estará tan completamente lleno de luz, como cuando la lampara
    con su brillo te da luz.

    011:037 Mientras hablaba, cierto fariseo le pidió que almorzara con
    él. Él fue y se sentó a la mesa.
    011:038 Cuando el fariseo lo vio, se maravillo porque Jesús no se
    había lavado antes de comer.
    011:039 El Señor le dijo, «En cuanto a ustedes fariseos limpian el
    exterior de la copa y los platos, pero su parte interior está
    llena de extorsión y maldad.
    011:040 Ustedes necios, ¿quien hizo el exterior no hizo el interior
    también?
    011:041 Pero den como regalos a los necesitados las cosas que están
    adentro, y así, todas las cosas les quedarán limpias.
    011:042 ¡Pobres de ustedes fariseos! Porque pagan la décima parte de
    la menta, de la ruda y de toda hierba, pero ignoran la
    justicia y el amor de Dios. Deberían hacer esto, y no dejar de
    hacer lo otro.
    011:043 ¡Pobres de ustedes fariseos! Porque aman los mejores asientos
    en las sinagogas, y los saludos en la plaza de mercado.
    011:044 ¡Pobres de ustedes Fariseos, hipócritas! Porque son como
    tumbas ocultas, y los hombres que caminan sobre ellas no lo
    saben.»

    011:045 Uno de los maestros de la ley[98] le contesto, «Maestro, en
    tus palabras también nos insultas a nosotros.»

    011:046 Él dijo, «¡También pobres de ustedes maestros de la ley!
    Porque cargan a los hombres con pesos difíciles de cargar, y
    ustedes mismos no levantan un dedo para ayudar a cargar esos
    pesos.
    011:047 ¡ Pobres de ustedes! Porque construyen las tumbas de los
    profetas, y sus padres los mataron.
    011:048 Así dan testimonio y consienten las obras de sus padres.
    Porque ellos los mataron y ustedes construyen sus tumbas.
    011:049 Por esto también dijo la sabiduría de Dios, `Les envío
    profetas y apóstoles; y a algunos los mataran y los
    perseguirán,
    011:050 que la sangre de todos los profetas, que fue derramada desde
    la fundación del mundo, sea reclamada a esta generación.
    011:051 desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, quien fue
    asesinado[99] entre el altar y el santuario.´ Si, les dijo,
    será reclamada a esta generación.
    011:052 ¡Pobres de ustedes maestros de la ley! Porque tomaron la llave
    del conocimiento. No entraron ustedes mismo, y se lo
    impidieron a quienes estaban entrando.»

    011:053 Mientras les decía estas cosas, los escribas y los fariseos
    comenzaron a enfurecer terriblemente, y a criticar sus
    palabras[100 ];
    011:054 planeando en contra de Él y buscando atraparlo en algo que
    pudiera decir, para poder acusarlo.

    12

    012:001 Mientras tanto, cuando una multitud de varios miles se agrupó
    tanto que se pisoteaban unos a otros, comenzó Jesús a decirle
    a sus discípulos primero[101], «Tengan cuidado con la levadura
    de los fariseos, que es hipocresía.
    012:002 Pues no hay nada cubierto que no será revelado, ni nada
    escondido que no se llegue a saber.
    012:003 Por lo tanto, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad
    será escuchado en la luz. Lo que ustedes hayan hablado en el
    oído en el recinto interno será proclamado desde los techos de
    las casas.

    012:004 «Yo les digo mis amigos, no tengan miedo de aquellos que matan
    el cuerpo y después no tienen nada más que puedan hacer.
    012:005 Pero les voy a advertir a quien le deben tener miedo. Ténganle
    miedo a aquel que después de matar tiene poder para enviar a
    Gehena[102] Si, les digo ténganle miedo.

    012:006 «¿No son cinco gorriones vendidos por dos monedas
    asarión?[103] Ninguno de ellos es olvidado[104]olvidado por
    Dios.
    012:007 Pero hasta los cabellos de su cabeza están enumerados. Por eso
    no tengan miedo. Ustedes valen mas que muchos gorriones.

    012:008 «Yo les digo todo el que me reconoce a mi ante los hombres, a
    él también el Hijo del Hombre lo reconocerá ante los ángeles
    de Dios;
    012:009 pero aquel que me niega en la presencia de los hombres será
    negado en la presencia de los ángeles de Dios.
    012:010 Todo el que diga una palabra en contra del Hijo del Hombre
    será perdonado, pero los que blasfemen en contra del Espíritu
    Santo no serán perdonados.
    012:011 Cuando los lleven ante las sinagogas, los gobernantes y las
    autoridades no se preocupen sobre cómo o que van a
    contestar[105], o lo que van a decir;
    012:012 pues el Espíritu Santo les enseñara en ese momento lo que
    deben decir.»

    012:013 Uno de la multitud le dijo, «Maestro, dile a mi hermano que
    divida la herencia conmigo.»

    012:014 Pero Él le dijo, «Hombre, ¿Quién me hizo juez o árbitro sobre
    ustedes?
    012:015 Él les dijo, «¡Estén atentos! Cuídense de la codicia, porque
    la vida del hombre no consiste en la abundancia de las cosas
    que posee.»

    012:016 Él les contó una parábola, diciendo, «La tierra de cierto
    hombre rico, produjo abundantemente.
    012:017 Él razonaba consigo mismo diciendo, `¿Qué haré? pues no tengo
    espacio para almacenar mis frutos´
    012:018 Dijo, `Esto es lo que haré. Derribaré mis graneros, y
    construiré unos más grandes, y allí almacenaré todos mis
    granos y mis bienes.
    012:019 Y me diré a mí mismo, «Tienes muchos bienes amontonados por
    años. Toma tu descanso, come, bebe, se feliz.»´

    012:020 «Pero Dios le dijo, `Tu necio, esta noche será solicitada tu
    alma. ¿Para que serán las cosas que has preparado?´
    012:021 Así es con quien ha amontonado un tesoro para si mismo, y no
    es rico ante Dios.»

    012:022 Le dijo a sus discípulos, «Por eso les digo, no estén
    preocupados por su vida, con que comerán, ni por su cuerpo,
    con que vestirán.
    012:023 La vida es más que comida, y el cuerpo es más que vestido.
    012:024 Consideren los cuervos: ellos no cultivan, no recogen, no
    tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuanto más
    valiosos son ustedes que los pájaros!
    012:025 ¿Cuál de ustedes preocupándose puede aumentar en un codo su
    estatura[106]?
    012:026 Entonces si no pueden hacer siquiera las cosas mínimas, ¿cómo
    están preocupados por el resto?
    012:027 Consideren los lirios, como crecen. No se esfuerzan, ni tejen;
    pero les digo, ni Salomón en toda su gloria estuvo adornado
    como una de estas.
    012:028 Pero si así es como Dios viste el pasto en el campo, que hoy
    existe, y que mañana es arrojado al horno, ¿cuánto más los
    vestirá a ustedes, gente de poca fe?
    012:029 No busquen lo que comerán o lo que beberán; ni estén
    ansiosos[107].
    012:030 Porque las naciones del mundo buscan después de todo estas
    cosas, pero su Padre sabe que ustedes necesitan estas cosas.
    012:031 Pero busquen el Reino de Dios, y todas estas cosas se les
    añadirán.
    012:032 No estén asustados, pequeño rebaño, porque es un buen placer
    para su Padre darles el Reino.
    012:033 Vendan lo que tienen, y den regalos a quien los necesita.
    Hagan para ustedes mismos monederas que no envejecen, un
    tesoro en los cielos que no falla, donde ningún ladrón se
    aproxima, ni la polilla destruye.
    012:034 Porque donde este su tesoro, allí estará su corazón también.

    012:035 «Que su cintura esté vestida y sus lamparas encendidas.
    012:036 Sean como hombres que vigilan esperando a su señor, cuando él
    retorna de la fiesta de matrimonio; que cuando llegue y
    golpee, que puedan abrirle de inmediato.
    012:037 Benditos son esos siervos, a quienes el señor encuentre
    vigilando cuando llegue. Con seguridad les digo, que él se
    vestirá a si mismo, y los hará reclinar y vendrá y les
    servirá.
    012:038 Ellos serán bendecidos si él llega a la segunda o tercera
    hora, y los encuentra así.
    012:039 Pero sepan esto, si el señor de la casa hubiera sabido a que
    hora llegaba el ladrón, habría vigilado, y no habría permitido
    que entrará a su casa.
    012:040 Por esto, estén atentos también, porque el Hijo del Hombre
    viene a un hora que no lo esperan.»

    012:041 Pedro le dijo, «Señor, ¿Nos estás diciendo esta parábola a
    nosotros, o a todos?»

    012:042 El Señor le dijo, «¿Quién es el criado[108] sabio y con fe, a
    quien el señor pondrá en su casa, para darles su porción de
    comida a los demás a la hora correcta?
    012:043 Bendito es el siervo a quien el señor encuentre haciendo esto,
    cuando llegue.
    012:044 En verdad les digo, que lo pondrá sobre todo lo que tiene.
    012:045 Pero si el siervo dice en su corazón, `Mi señor tardará en
    llegar', y comienza a golpear a los siervos y siervas, a
    comer, a beber, y a embriagarse[109],
    012:046 entonces el señor de ese siervo vendrá en un día cuando él no
    lo espere, y a una hora que él no conoce, y lo dividirá[110],
    y pondrá su porción con los que no tienen fe.
    012:047 El siervo, que conocía la voluntad de su señor, y no se
    preparó, ni hizo lo que Él quería, será golpeado con muchas
    correas,
    012:048 pero él que no lo sabía e hizo cosas que merezcan correas,
    será golpeado con pocas correas. A quien mucho se le de, de él
    mucho se esperará; y a quien mucho se le confía, de él mucho
    se pedirá.

    012:049 «Vine a lanzar fuego sobre la tierra. Desearía que ya
    estuviera encendido.
    012:050 Pero tengo un bautizo con el que seré bautizado, y ¡ como
    estoy de afligido hasta cumplirlo!
    012:051 ¿Piensan que he venido a dar paz[111] en la tierra? Les digo,
    no, por el contrario división.
    012:052 Porque desde ahora, habrá cinco en una casa divididos, tres
    contra dos, y dos contra tres.
    012:053 Ellos se dividirán, padre contra hijo, e hijo contra padre;
    madre contra hija, e hija contra su madre; suegra contra su
    nuera, y nuera contra su suegra.»

    012:054 Le dijo a las multitudes también, «Cuando ustedes ven una nube
    levantándose desde el oeste, inmediatamente dicen `Viene
    lluvia,´ y así ocurre.
    012:055 Cuando un viento del sur sopla, ustedes dicen `Habrá un calor
    quemador,´ y así ocurre.
    012:056 ¡Ustedes hipócritas! Saben como interpretar la apariencia de
    la tierra y del cielo, ¿Pero cómo es que no interpretan este
    tiempo?
    012:057 ¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que está bien?
    012:058 Pues cuando vayas con tu adversario frente al magistrado,
    durante el camino trata diligentemente de ser liberado por él,
    o tal vez él podría llevarte ante el juez, y el juez te
    enviaría al oficial, y el oficial te echaría a la prisión.
    012:059 Les digo, no saldrán de ahí por medio alguno, hasta que hayan
    pagado hasta el último centavo[112].»

    13

    013:001 Ocurrió que había algunos presentes en ese momento, quienes le
    contaron sobre los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado
    con sus sacrificios.
    013:002 Jesús les contesto, «¿Piensan que estos Galileos eran peores
    pecadores que todos los demás Galileos, porque sufrieron tal
    cosa?
    013:003 Les digo, no, pero a menos que se arrepientan perecerán de la
    misma forma.
    013:004 O esos dieciocho, sobre quienes cayó la torre de Siloé, y los
    mató; ¿piensan ustedes que eran peores pecadores que todos los
    hombres que habitan en Jerusalén?
    013:005 Les digo, no, pero a menos que se arrepientan perecerán de la
    misma forma.»

    013:006 Él dijo esta parábola «Cierto hombre que tenía una higuera
    plantada en su viña, llego buscando frutos de esta, y no
    encontró.
    013:007 Le dijo al viñador[113], `Observa, estos tres años he venido
    buscando frutas de la higuera, y no he encontrado. Córtala.
    ¿Para qué gastar la tierra?
    013:008 Él le contestó, `Señor, déjala sola este año también, hasta
    que yo cabe a su alrededor y la fertilice.
    013:009 Si trae frutos, bien; pero si no, después de esto[114], tu
    podrás cortarla. ´»

    013:010 Estaba enseñando en una de las sinagogas en el día sabático.
    013:011 Ocurrió que había una mujer que tenía un espíritu de
    enfermedad por dieciocho años, y ella estaba encorvada, y no
    conseguía enderezarse de forma alguna.
    013:012 Cuando Jesús la vio, la llamó, y le dijo, «Mujer, estás
    liberada de tu enfermedad.»
    013:013 Él puso sus manos sobre ella, e inmediatamente se levanto y
    enderezó, y dio gloria a Dios.

    013:014 El dirigente de la sinagoga estando indignado porque Jesús
    había sanado en día sabático, le dijo a la multitud, «Hay seis
    días en los que el hombre debe trabajar. ¡Así que vengan en
    esos días y sean sanados[115], pero no en día sabático!»

    013:015 Entonces el Señor le contestó, «¡Ustedes hipócritas! ¿Acaso
    cada uno de ustedes no libera su buey o su burro de su establo
    el día sabático, y lo lleva a beber agua?
    013:016 en cambio esta mujer, que siendo hija de Abraham, a quien
    Satanás había doblado durante dieciocho años, ¿No debió ser
    liberada de su esclavitud en el día sabático?

    013:017 Mientras decía estas cosas, todos sus adversarios quedaron
    desilusionados, y toda la multitud se regocijó por todas las
    cosas gloriosas que habían sido hechas por Él.

    013:018 Dijo, «¿Cómo qué es el Reino de Dios? ¿Con qué lo compararé?
    013:019 Es como un grano de la semilla de mostaza, que un hombre tomó,
    y puso en su propio jardín. Creció y se convirtió en un gran
    árbol, y los pájaros del cielos descansaban en sus ramas.»

    013:020 Nuevamente dijo, «¿Con qué compararé el Reino de Dios?
    013:021 Es como levadura, que una mujer toma y esconde en tres
    medidas[116] de harina, hasta que toda queda impregnada.»

    013:022 Siguió su camino por ciudades y villas, enseñando, y viajando
    hacía Jerusalén.
    013:023 Alguien le dijo, «Señor, ¿Son pocos lo que se salvan[117]?» Él
    les dijo,
    013:024 «Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque muchos,
    les digo, buscarán entrar, y no podrán.
    013:025 Una vez el Maestro de la casa se haya levantado, y haya
    cerrado la puerta, y ustedes comiencen a quedar afuera, y a
    golpear la puerta, diciendo, `¡Señor, Señor ábrenos!´ entonces
    Él les contestará y dirá, `No los conozco, ni se de donde
    provienen.´
    013:026 Entonces ustedes comenzarán a decir, `Comimos y bebimos en tu
    presencia, y enseñaste en nuestras calles.´
    013:027 Él les dirá, `Les digo, no se de donde vienen. Aléjense de mí,
    trabajadores de la injusticia[118].´
    013:028 Habrá sollozos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham,
    Isaac, Jacob y a todos los profetas, en el Reino de Dios, y a
    ustedes mismo siendo tirados afuera.
    013:029 Vendrán del este, oeste, norte y sur y se sentarán en el Reino
    de Dios.
    013:030 Observen, hay algunos que son últimos y que serán los
    primeros, y hay algunos que son los primeros y serán los
    últimos.»

    013:031 El mismo día, algunos Fariseos llegaron, diciéndole, «Sal de
    aquí, y vete, porque Herodes quiere matarte.»

    013:032 El les dijo, «Vayan y díganle a ese zorro, `Observa, expulso
    demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día,
    completo mi misión.
    013:033 Sin embargo, debo seguir mi camino hoy y mañana y el día
    siguiente, porque no puede ser que un profeta muera fuera de
    Jerusalén.´

    013:034 «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a
    quienes te son enviados! Que tanto quise reunir a tus hijos,
    como una gallina reúne sus polluelos bajo sus alas, ¡Y tu te
    negaste!
    013:035 Observa, tu casa queda desolada. Te digo, no me verás, hasta
    que digas, `¡Bendito es el que viene en el nombre del
    Señor!´»

    14

    014:001 Ocurrió que lo observaban, cuando fue a la casa de uno de los
    mandatarios de los fariseos en un día sabático a comer pan.
    014:002 En frente de Él estaba un hombre que tenía hidropesía.
    014:003 Jesús, dijo a los maestros de la ley y Fariseos, «¿Es legal
    curar en día sabático?»

    014:004 Pero ellos se mantuvieron en silencio.
    Él lo tomó, lo sanó, y lo dejó ir.
    014:005 Entonces Él les dijo, «¿Cuál de ustedes, si su hijo[119] o un
    buey cae en un pozo en el día sabático, no lo sacaría
    inmediatamente?»

    014:006 Ellos no pudieron responder con respecto a estas cosas.

    014:007 Él dijo una parábola a aquellos que estaba invitados, cuando
    notó como escogían los mejores asientos, y les dijo,
    014:008 «Cuando ustedes sean invitados por alguien a una fiesta de
    matrimonio, no se sienten en los mejores asientos, porque tal
    vez alguien más honorable que ustedes pudo haber sido
    invitado,
    014:009 y aquel que los invitó a los dos vendría y te diría, `Haz
    espacio para esta persona.´ Entonces tu comenzarías, con pena,
    a tomar un puesto más bajo[120].
    014:010 Por el contrario cuando seas invitado, ve y siéntate en el
    puesto más bajo, así cuando quien te invitó llegué, podrá
    decirte, `Amigo, muévete más arriba.´ Entonces serás honrado
    en presencia de todos los que se sientan a la mesa contigo.
    014:011 Porque todo el que se exalte a si mismo será humillado, y
    quien se humille a si mismo será exaltado.»

    014:012 También le dijo al que lo había invitado, «Cuando hagas un
    almuerzo o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus
    hermanos, ni a tus familiares, ni a vecinos ricos, porque
    quizás ellos podrían retornarte el favor, y recompensarte.
    014:013 Cuando hagas una fiesta, llama al pobre, al mutilado, al
    inválido, o al ciego;
    014:014 serás bendecido, porque ellos no tienen los recursos para
    recompensarte. Porque se te recompensará en la resurrección de
    los justos.»

    014:015 Cuando uno de los que estaban sentados a la mesa con Él oyó
    estas cosas, le dijo, «¡Bendito es el que festejará en el
    Reino de Dios!»

    014:016 Pero Él le dijo, «Cierto hombre hizo una gran cena, e invitó a
    mucha gente.
    014:017 Envió a su siervo a la hora de la cena para decirle a quienes
    estaba invitados. `Vengan, porque todo está listo ahora.´
    014:018 Todos a la vez comenzaron a darle excusas.
    «El primero dijo, `He comprado un terreno, y debo ir a verlo.
    Por favor excúseme.´

    014:019 «Otro dijo, `He comprado cinco yugos de bueyes, y debo ir a
    ensayarlos. Por favor excúseme.´

    014:020 «Otro dijo, `Me he casado con mi esposa, y por tanto no puedo
    ir. ´

    014:021 «El siervo fue, y le dijo a su señor estas cosas. Entonces el
    dueño de la casa, estando de mal genio, le dijo a su siervo,
    `Sal rápidamente a las calles y pasadizos de la ciudad, y trae
    a los pobres, a los mutilados, a los ciegos y a los
    inválidos.´

    014:022 «El siervo dijo, `Señor, está hecho como ordenaste, y aún hay
    espacio.´

    014:023 «El señor dijo al siervo, `Sal a los caminos y resguardos, y
    exhórtalos para que vengan, para que mi casa pueda estar
    llena.
    014:024 Porque te digo que ninguno de estos hombres a quienes he
    invitado probará mi sopa.´»

    014:025 Ocurrió que grandes multitudes iban a Él. Él se dio vuelta y
    les dijo,
    014:026 «Si alguien viene a mí, y no me ama más que[121] a su propio
    padre, madre, esposa, hijos, hermanos y hermanas, si, y más
    que a su propia vida también, entonces no puede ser mi
    discípulo.
    014:027 Quien no cargue su propia cruz, y venga tras de mí, no puede
    ser mi discípulo.
    014:028 Porque ¿Cuál de ustedes, deseando construir una torre, no se
    sienta primero y cuenta el costo, para ver si tiene suficiente
    para completarla?
    014:029 O tal vez cuando ha puesto una base, y no puede terminarla,
    todo el que vea comenzará a ridiculizarlo,
    014:030 diciendo, `Este hombre comenzó a construir, y no pudo
    terminar.´
    014:031 ¿O que rey, mientras va al encuentro de otro rey en guerra, no
    se sentará primero y considerará si es capaz con diez mil de
    encontrarse con el que viene contra él con veinte mil?
    014:032 O también, mientras el otro está aún a gran distancia, envía
    un mensajes, y pide condiciones de paz.
    014:033 Por tanto cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que
    tiene, no puede ser mi discípulo.
    014:034 La sal es buena, pero si la sal se vuelve insípida, ¿con que
    sazonarán?
    014:035 No sirve ni para tierra ni para fertilizar. Es arrojada lejos.
    El que tenga oídos para escuchar, que escuche.»

    15

    015:001 Ahora todos los recolectores de impuestos y pecadores se
    acercaban a Él para escucharlo.
    015:002 Los fariseos y los escribas murmuraron, « Este hombre da la
    bienvenida a pecadores y come con ellos.»

    015:003 Él les contó esta parábola.
    015:004 «¿Cuál hombre de ustedes, si tuviera cien ovejas y perdiera
    una no dejaría las noventa y nueve en el bosque para ir a
    buscar la perdida hasta encontrarla?
    015:005 Cuando la encuentra, con felicidad la carga en sus hombros.
    015:006 Cuando regresa a casa llama a todos sus amigos y vecinos
    diciéndoles, `¡Alégrense conmigo, pues he encontrado mi oveja
    perdida!´
    015:007 Yo les digo que así habrá mas felicidad en el cielo por un
    solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve
    personas correctas que no necesitan arrepentirse.
    015:008 O ¿Cuál mujer si tuviera diez monedas dracma,[122] si perdiera
    una, no prendería una lampara, barrería la casa y buscaría
    cuidadosamente hasta encontrarla?
    015:009 Cuando ella la encuentra, llama a sus amigas y vecinos
    diciendo, alégrense conmigo pues he encontrado mi Dracma
    perdido.
    015:010 Así mismo yo les digo, hay felicidad en la presencia de los
    ángeles de Dios por un pecador arrepintiéndose.»

    015:011 Jesús dijo, «Cierto hombre tenía dos hijos.
    015:012 El más joven dijo a su padre, `Padre, dame la parte que me
    corresponde de tu propiedad. ´ Él dividió sus pertenencias
    entre ellos.
    015:013 Pocos días después, el hijo menor junto todas las cosas y
    viajó a un país lejano. Allí gasto todas sus propiedades con
    una vida de excesos.
    015:014 Cuando había gastado todo, hubo un hambre severa en ese país y
    comenzó a tener necesidad.
    015:015 Él fue donde uno de los ciudadanos de ese país y aquel lo
    envió a trabajar a sus campos alimentando cerdos.
    015:016 Él quería llenarse el estómago con el pienso que comían los
    cerdos pero nadie le daba.
    015:017 Entonces cuando cayó en cuenta dijo, `Cuantos siervos
    contratados de mi padre tienen suficiente pan para guardar, ¡Y
    yo muriendo de hambre!
    015:018 Me levantaré e iré a la casa de mi padre, y le diré, «Padre,
    he pecado contra el cielo, y ante tus ojos.
    015:019 No merezco ser llamado tu hijo. Hazme uno de tus siervos
    contratados.» ´

    015:020 «Se levantó y fue donde su padre. Pero mientras iba y aún
    estaba lejos, su padre lo vio, y fue movido por la compasión,
    corrió y se arrojó a su cuello y lo besó.
    015:021 El hijo le dijo, `Padre, he pecado contra el cielo, y ante tus
    ojos. No merezco ser llamado tu hijo.´

    015:022 «Pero el padre le dijo a sus siervos, `Traigan el mejor
    vestido y pónganselo. Pongan un anillo en su mano, y zapatos
    en sus pies.
    015:023 Traigan el ternero engordado, mátenlo, comamos y celebremos;
    015:024 porque este, mi hijo, estaba muerto y vive de nuevo. Estaba
    perdido y fue encontrado.´ Entonces comenzaron a celebrar.

    015:025 «Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando llegó cerca a la
    casa, escuchó música y baile[123].
    015:026 Llamó a uno de los siervos, y le preguntó que ocurría.
    015:027 Él le dijo, `Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el
    ternero engordado, porque ha recibido a tu hermano sano y
    salvo.
    015:028 Pero él estaba enojado, y no entraría. Su padre salió, y le
    rogó.
    015:029 Pero él le contestó a su padre, `Mira todos estos años que te
    he servido, y nunca he desobedecido una de tus ordenes, pero
    nunca me diste una cabra, para celebrar con mis amigos.
    015:030 Pero cuando este, tu hijo, viene, él que se ha devorado tu
    fortuna con prostitutas, matas el ternero engordado para él.´

    015:031 «Él le dijo, `Hijo, siempre estás conmigo, y todo lo que es
    mio es tuyo.
    015:032 Pero era apropiado celebrar y estar contentos, porque este, tu
    hermano, estaba muerto, y vive de nuevo. Estaba perdido, y fue
    encontrado.´»

    16

    016:001 Jesús también le dijo a sus discípulos[124], «Había cierto
    hombre rico quien tenía un administrador. Se le hizo una
    acusación, que este administrador estaba malgastando sus
    posesiones.
    016:002 Él lo llamó y le dijo, `¿Qué es eso que escucho de ti? Dame
    cuentas de tu administración, pues no puedes ser más mi
    administrador.´

    016:003 «El administrador se dijo a si mismo, `¿Qué voy a hacer ya que
    mi amo me esta quitando el puesto de administrador? No tengo
    fuerzas para cavar[125]. Me da vergüenza pedir limosna.
    016:004 Ya se lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la
    administración ellos me reciban en sus casas.´
    016:005 Llamando a cada uno de los deudores de su amo le dice al
    primero, `¿Cuánto le debes a mi amo?´
    016:006 Él dice, `cien batos[126] de aceite.´ Le dijo `Toma tu recibo,
    siéntate rápido y escribe cincuenta.´
    016:007 Entonces le dijo a otro, `¿Cuánto debes?´ Él dijo, `cien
    cores[127] de trigo.´ Él le dijo, `Toma tu recibo y escribe
    ochenta.´

    016:008 «Su amo reconoció al administrador deshonesto porque había
    actuado sabiamente, porque[128] los niños de este mundo son,
    en su propia generación, mas sabios que los niños de la luz.
    016:009 Les digo, háganse amigos por medio de riquezas injustas, así
    cuando caigan, los podrán recibir en los campamentos eternos.
    016:010 Aquel que es honesto en lo poco es honesto en lo mucho. El que
    es deshonesto en lo poco también es deshonesto en lo mucho.
    016:011 Así, si ustedes no han sido honestos con el dinero injusto,
    ¿Quién les confiará las riquezas verdaderas[129]?
    016:012 Si no han sido honestos con aquello que es de otro, ¿Quién les
    dará lo que es propio de ustedes?
    016:013 Ningún siervo[ 130] puede servir a dos maestro, porque bien
    odiará uno y amará al otro; o bien se apegará a uno, y
    despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las
    riquezas.»

    016:014 Los fariseos, que era amantes del dinero, también escucharon
    estas cosas, y se burlaron de él.
    016:015 Él les dijo, «Ustedes son aquellos que se justifican ante los
    ojos de los hombre, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo
    que es exaltado entre los hombres es abominable ante los ojos
    de Dios.
    016:016 La ley y los profetas fueron hasta Juan. De ahí en adelante la
    Buena Nueva del Reino de Dios es predicada y todos están
    forzando su camino hacia él.
    016:017 Pero es más fácil que el cielo y la tierra dejen de existir, a
    que un pequeño trazo de tinta[131] caiga de la ley.
    016:018 Todo aquel que se divorcie de su esposa y se case con otra
    comete adulterio. Aquel que se casa con una que está
    divorciada de su esposo comete adulterio.

    016:019 «Había cierto hombre rico que vestía de púrpura y con ropas
    finas, vivía lujosamente todos los días.
    016:020 Cierto mendigo llamado Lázaro se postró en su puerta lleno de
    llagas,
    016:021 deseoso por alimentarse de las boronas que caían de la mesa
    del rico. Sí, hasta los perros llegaban y le lamían las
    llagas.
    016:022 Sucedió que un día murió el mendigo y fue llevado por los
    ángeles al cuidado de Abraham. Él rico también murió y fue
    enterrado.
    016:023 En el hades, estando en el tormento, levantó sus ojos, y vio a
    Abraham lejos, y a Lázaro a su cuidado.
    016:024 Lloró y dijo, `¡Padre Abraham, ten piedad de mí, y envía a
    Lázaro, para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque
    mi lengua! porque estoy sufriendo en estas llamas.´

    016:025 «Pero Abraham le dijo, `Hijo, recuerda que tu en tu vida,
    recibiste cosas buenas y Lázaro, mientras tanto, cosas malas.
    Pero ahora aquí él está confortado y tu en sufrimiento.
    016:026 Además de esto, entre nosotros y tu hay un gran abismo fijado,
    quienes quieren pasar de aquí hacía ti no pueden, y nadie
    pueda cruzar de allá hacía nosotros.´

    016:027 «El le dijo, `Entonces te pido, padre, que lo envíes a la casa
    de mi padre;
    016:028 porque tengo cinco hermanos, para que él pueda darles
    testimonio, para que no vayan a llegar a este sitio de
    tormento.´

    016:029 «Pero Abraham le dijo, `Ellos tienen a Moisés y a los
    profetas. Que los escuchen.´

    016:030 «El le dijo, `No, padre Abraham, pero si uno va desde la
    muerte, ellos se arrepentirán.´

    016:031 «Él le dijo, `Si no escuchan a Moisés ni a los profetas,
    tampoco los persuadirá uno que se levante de la muerte.´»

    17

    017:001 Jesús dijo a sus discípulos, «Es imposible que no lleguen
    ocasiones para tropezar[132], ¡Pero pobre de aquel por quien
    llegan!
    017:002 Sería mejor para él si una piedra de un molino[133] se le
    colgara al cuello y fuera lanzado al mar, en vez de que haga
    que alguno de estos pequeños tropiece.
    017:003 Ten cuidado. Si tu hermano peca contra ti, repréndelo. Si se
    arrepiente, perdónalo.
    017:004 Si peca en tu contra siete veces al día y regresa siete veces
    diciendo, `Me arrepiento[134],´ perdónalo.»

    017:005 Los apóstoles le dijeron al Señor, «Aumenta nuestra fe.»

    017:006 El Señor dijo, «Si tuvieran fe como la semilla de un grano de
    mostaza, le podrían decir a este sicómoro[135],
    `Desentiérrate, y plántate en el océano´ y les obedecería.
    017:007 ¿Pero quién es entre ustedes, el que teniendo un siervo para
    sembrar o cuidar ovejas, le dirá cuando vuelva del campo, `Ven
    inmediatamente y siéntate a la mesa´
    017:008 en lugar de decirle, `Prepara mi sopa, vístete apropiadamente,
    y sírveme, mientras como y bebo. Después podrás comer y
    beber´?
    017:009 ¿Agradece al siervo porque hizo las cosas que le fueron
    ordenadas? Pienso que no.[136]
    017:010 Incluso ustedes también, cuando hayan hecho todo lo que tenían
    ordenado, digan, `Somos siervos que no lo merecemos. Sólo[137]
    hemos hecho nuestra labor.´»

    017:011 Ocurrió mientras estaba en su camino a Jerusalén, pasando por
    los bordes de Samaria y Galilea[138].
    017:012 Cuando entraba a cierto pueblo, diez hombres que eran
    leprosos, lo encontraron, y se detuvieron a cierta distancia.
    017:013 Elevaron sus voces, diciendo, «¡Jesús, Maestro, ten piedad de
    nosotros!»

    017:014 Cuando Él los vio, les dijo, «Vayan y muéstrense ante los
    sacerdotes.» Ocurrió mientras que iban, que fueron limpiados.
    017:015 Uno de ellos, cuando vio que estaba sano, se dio vuelta,
    glorificando a Dios con fuerte voz.
    017:016 Cayó con su rostro frente a los pies de Jesús, agradeciéndole;
    él era un Samaritano.
    017:017 Jesús contestó, «¿No fueron limpiados diez? ¿Pero donde están
    los nueve?
    017:018 ¿No se halló ninguno, regresando a dar gloria a Dios, excepto
    este extranjero?
    017:019 Entonces le dijo, «Levántate, y sigue tu camino. Tu fe te ha
    sanado.»

    017:020 Siendo cuestionado por los fariseos sobre cuando vendría el
    Reino de Dios, Él les contesto, «El Reino de Dios no viene con
    la observación;
    017:021 ni dirán, `¡Miren, aquí!´ o, `¡Miren allá!´ porque sepan que
    el Reino de Dios está entre ustedes»[139]

    017:022 Le dijo a los discípulos «Vendrán los días, que desearán ver
    uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo verán.
    017:023 Les dirán, `¡ Miren, aquí!´ o `¡Miren, allá!´ No vayan, ni los
    sigan,
    017:024 porque como el rayo, cuando se enciende en una parte del
    cielo, brilla la otra parte del cielo[140]; así será el Hijo
    del hombre en su día.
    017:025 Pero primero, debe sufrir muchas cosas y ser rechazado por
    esta generación.
    017:026 Como ocurrió en los días de Noé, así será en los días del Hijo
    del Hombre.
    017:027 Comían, bebían, se casaban, se entregaban en matrimonio, hasta
    el día en que Noe entró al arca, y la inundación vino, y los
    destruyó a todos.
    017:028 De la misma forma, como ocurrió en los días de Lot: comían,
    bebían, compraban y vendían, plantaban, construían;
    017:029 pero en el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre
    del cielo, y los destruyó a todos.
    017:030 Será de la misma forma el día que el Hijo del Hombre sea
    revelado.
    017:031 En ese día, el que esté en la parte alta de la casa, y sus
    bienes estén en la casa, que no baje a tomarlos. De la misma
    forma, quien esté en el campo que no regrese.
    017:032 ¡Recuerden a la esposa de Lot!
    017:033 Quien busque salvar su vida, la pierde, pero quien pierda su
    vida la preserva.
    017:034 Les digo, en esa noche de dos personas en una cama, uno será
    tomado, y el otro será dejado.
    017:035 De dos mujeres que estén moliendo granos juntas[141]. Una será
    tomada, y la otra será dejada.»
    017:036 _[142]

    017:037 Ellos preguntaron, «¿Dónde, Señor?»
    Él les dijo, «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán
    los buitres.»

    18

    018:001 También les dijo una parábola para que siempre rezaran, y no
    se rindieran,
    018:002 dijo, «Había un juez en cierta ciudad que no temía a Dios y
    que no respetaba a los hombres.
    018:003 Una viuda estaba en la ciudad, y con frecuencia iba a él y le
    decía, `¡Defiéndeme de mi adversario!´
    018:004 Por un tiempo él no lo haría[143], pero después se dijo,
    `Aunque yo no temo a Dios ni respeto a los hombres,
    018:005 como esta viuda me incomoda, la defenderé, o de lo contrario
    me desgastará con sus visitas continuas[144].´»

    018:006 El Señor dijo, «Escuchen lo que el juez injusto dice.
    018:007 ¿No defenderá[145] Dios a sus escogidos, quienes están
    gritándole día y noche sino que ejercerá paciencia con
    ellos[146]?
    018:008 Yo les digo que Él los defenderá[147] rápidamente. Sin
    embargo, ¿Encontrará el hijo del hombre fe en la tierra cuando
    venga?»

    018:009 Jesús contó está parábola a ciertas personas que estaban
    convencidas de su propia rectitud y despreciaban a todos los
    otros.
    018:010 «Dos hombres fueron al templo a rezar; uno era un fariseo y el
    otro un recolector de impuestos.
    018:011 El fariseo se puso de pie y rezó de la siguiente forma:`Dios,
    te agradezco que no soy como el resto de los hombres,
    extorsionadores, injustos, adúlteros ni como este recolector
    de impuestos.
    018:012 Ayuno dos veces a la semana. Doy el diezmo de todo lo que
    recibo.´
    018:013 Pero el recolector de impuestos que estaba lejos ni siquiera
    levantaba los ojos hacia el cielo, se golpeaba el pecho
    diciendo, `¡Dios, se piadoso conmigo que soy pecador!´
    018:014 Yo les digo, este hombre regresó a su casa perdonado[ 148] en
    lugar del otro; pues todo aquel que se exalta será humillado
    pero aquel que se humilla será exaltado.»

    018:015 También le estaban llevando niños para que los tocara. Pero
    los discípulos vieron esto y los reprendieron.
    018:016 Jesús los llamó diciendo, «Permitan que los niños vengan a mi,
    no se los impidan pues el Reino de Dios pertenece a los que
    son como ellos.
    018:017 Con seguridad les digo, quien no recibe el Reino de Dios como
    un niño, no entrará en él de ninguna manera.»

    018:018 Cierto dirigente le preguntó diciendo, «Maestro bueno, ¿Qué
    debo hacer para heredar la vida eterna?»

    018:019 Jesús le preguntó, «¿Porqué me llamas bueno? Nadie es bueno
    con excepción del único Dios.
    018:020 Tu conoces los mandamientos:`No cometas adulterio,´ `No
    mates,´ `No robes,´ `No des falsos testimonios,´ `Honra a
    padre y madre.´»

    018:021 Él dijo, «Todo esto lo he cumplido desde mi juventud.»

    018:022 Cuando Jesús escuchó esto le dijo, «Todavía te falta una cosa.
    Vende todo lo que tienes y distribúyelo a los pobres. Tendrás
    tesoros en el cielo. Ven, sígueme.»

    018:023 Pero cuando escuchó estas cosas se puso muy triste, pues era
    muy rico.

    018:024 Jesús viendo que se había entristecido mucho, dijo, «¡Que
    difícil es para quienes tienen riquezas entrar en el Reino de
    Dios!
    018:025 Es más fácil para un camello[149] pasar por el ojo de una
    aguja, que para un rico entrar en el Reino de Dios.»

    018:026 Los que lo oyeron dijeron, «¿Entonces quién puede
    salvarse[150]?»

    018:027 Pero Él contestó, «Las cosas que son imposibles con los
    hombres son posibles con Dios.»

    018:028 Pedro dijo, «Mira, hemos dejado todo, y te hemos seguido.»

    018:029 Él les dijo, «Con seguridad les digo, no hay quien haya dejado
    su casa, o esposa, o hermanos, o padres, o hijos, por causa
    del Reino de Dios,
    018:030 que no reciba muchas veces más en este tiempo, y en el mundo
    que vendrá, vida eterna.»

    018:031 Él reunió a los doce y les dijo, «Observen, vamos a Jerusalén
    y todas las cosas que están escritas a través de los profetas
    con respecto al hijo del hombre se cumplirán.
    018:032 Porque Él será entregado a los gentiles, será ridiculizado,
    tratado de forma aberrante y escupido[151].
    018:033 Lo castigarán y lo matarán. Al tercer día, resucitará de
    nuevo.»

    018:034 Ellos no entendía estas cosas. Sus palabras estaban ocultas
    para ellos y no entendían lo que decía.
    018:035 Ocurrió, cuando se acercaba a Jericó, que cierto hombre estaba
    sentado en el camino, mendigando.
    018:036 Al escuchar una multitud que pasaba, él pregunto que
    significaba.
    018:037 Le dijeron que Jesús de Nazaret estaba pasando.
    018:038 El ciego gritó, «¡Jesús, tu hijo de David, ten piedad de mí!»
    018:039 Los que iban adelante lo reprendieron, para que se quedara
    callado; pero el gritaba más fuerte, «¡Tu hijo de David, ten
    piedad de mí!»

    018:040 Deteniéndose, Jesús ordenó llevarlo a Él. Cuando estuvo cerca,
    le preguntó,
    018:041 «¿Qué quieres que haga por ti?»
    Él dijo, «Señor, que yo pueda ver de nuevo.»

    018:042 «Recibe tu vista. Tu fe te ha sanado[152].»

    018:043 Inmediatamente recibió su vista, y lo siguió, dando gloria a
    Dios. Toda la gente, cuando lo vio, alabó a Dios.

    19

    019:001 Cuando entró y pasó por Jericó,
    019:002 había cierto hombre llamado Zaqueo que era jefe de los
    recolectores de impuestos y muy rico.
    019:003 Él intentaba ver quien era Jesús, y no podía a causa de la
    multitud, pues él era bajo.
    019:004 Se adelantó corriendo y se subió a un sicomoro para verlo,
    porque iba a pasar por ese camino.
    019:005 Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba, lo vio y le
    dijo, «Zaqueo, apúrate y baja, porque hoy debo quedarme en tu
    casa.»
    019:006 El se apuró, bajo, y lo recibió lleno de felicidad.
    019:007 Cuando vieron eso murmuraron diciendo, «Él ha ido a alojarse
    donde un hombre pecador. »

    019:008 Zaqueo se levantó y le dijo al Señor, «Mira Señor, la mitad de
    mis bienes se lo doy a los pobres. Si he cobrado
    incorrectamente cualquier cosa de cualquier persona, se los
    restauraré cuatro veces mas.»

    019:009 Jesús le dijo, «Hoy ha llegado la salvación[153] a esta casa,
    porque él también es hijo de Abraham.
    019:010 Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar[154] lo que
    estaba perdido.»

    019:011 Mientras escuchaban estas cosas, Jesús comenzó a decir una
    parábola, porque se encontraba cerca de Jerusalén y ellos
    suponían que el Reino de Dios sería revelado inmediatamente.
    019:012 Entonces Él les dijo, «Cierto hombre de la nobleza fue a un
    país lejano a recibir un reino para después regresar.
    019:013 Llamó a diez de sus sirvientes y les dio diez monedas
    mina,[155] y les dijo, `Hagan negocios hasta que yo venga.´
    019:014 Pero sus ciudadanos lo odiaban y mandaron una
    comisión[156]detrás de él diciendo, `No queremos que este
    hombre reine sobre nosotros.´

    019:015 «Sucedió cuando regresó otra vez, habiendo recibido el reino
    mandó llamar a los sirvientes a quienes les había entregado el
    dinero, quería saber cuanto habían ganado en los negocios que
    habían hecho.
    019:016 El primero llegó donde él diciéndole, `Señor su mina ha hecho
    diez minas más.´

    019:017 «Él le dijo, `¡Bien hecho buen sirviente! Porque fuiste fiel
    con tan poco tendrás autoridad sobre diez ciudades[157].´

    019:018 «El segundo vino y le dijo, `Su mina, señor, ha hecho cinco
    minas.´

    019:019 «Así que él le dijo, `y tu tendrás autoridad sobre cinco
    ciudades.´
    019:020 Otro llego diciendo, `Señor, mira tu mina que mantuve guardada
    en un pañuelo[158],
    019:021 pues tuve miedo de usted, porque usted es un hombre severo.
    Toma de lo que no puso, y recoge lo que no sembró.´

    019:022 Él le dijo, `¡De tu propia boca te juzgaré, malvado sirviente!
    Tu sabías que yo era un hombre severo, que toma de lo que no
    puso y recoge de lo que no sembró.
    019:023 Entonces ¿porque no depositaste mi dinero en el banco[159] y a
    mi llegada podría haber ganado intereses?
    019:024 Le dijo a los que estaban, `Tomen la mina que él tiene, y
    dénsela al que tiene diez minas.´

    019:025 «Ellos le dijeron, `¡Señor, él tiene diez minas!´
    019:026 `Porque les digo que a todo el que tiene, se le dará más; pero
    al que no tiene, incluso se le quitara lo que tenga.
    019:027 Pero traigan esos enemigos mios que no quiere que reine sobre
    ellos, y mátenlos frente a mí.´»
    019:028 Habiendo dicho esto, siguió adelante, andando hacía
    Jerusalén.

    019:029 Sucedió cuando estaba cerca de Betfagé[160] y Betania en la
    montaña llamada de los olivos[161], que mandó a dos de sus
    discípulos
    019:030 diciendo, «Vayan al pueblo del otro lado, en el cual al entrar
    encontrarán un burro amarrado que nadie ha montado.
    Desamárrenlo y traíganlo.
    019:031 Si alguien les pregunta, `¿Porqué están desamarrándolo?´
    díganle `El Señor lo necesita.´»

    019:032 Los enviados partieron y encontraron todo como Él les había
    dicho.
    019:033 Mientras estaban desamarrando al burro, los dueños les
    dijeron, «¿Porqué están desamarrando al burro?»
    019:034 Ellos les dijeron, «El Señor lo necesita.»
    019:035 Lo llevaron a Jesús. Colocaron sus ropas sobre el burro y
    montaron a Jesús.
    019:036 Mientras avanzaban, colocaban sus ropas en el camino.
    019:037 Cuando se acercaba al descenso del Monte de los Olivos, toda
    la multitud de discípulos comenzó a gritar alegremente y a
    alabar a Dios por todas las obras grandiosas [162] que habían
    visto,
    019:038 diciendo, «¡Bendito es el Rey que viene en el nombre del
    Señor! ¡Paz en el cielo, y gloria al altísimo!»

    019:039 Algunos de los fariseos de la multitud le dijeron, «¡Maestro,
    reprende a tus discípulos!»

    019:040 Él les contestó, «Les digo que si estos hombre callaran, las
    piedras gritarían.»

    019:041 Cuando estaba cerca, vio la ciudad y lloró por ella,
    019:042 diciendo, «¡Si tu, incluso tu, hubieras sabido hoy las cosas
    que son para tu paz[163]! Pero ahora, están escondidas a tus
    ojos.
    019:043 Porque vendrán los días sobre ti, en los que tus enemigos
    levantarán una barricada contra ti[164], te rodearán,
    acorralándote por todos lados,
    019:044 y los tirarán a ustedes y sus hijos con ustedes contra el
    piso. No dejarán una piedra sobre otra, porque ustedes no
    supieron la hora de su visita.»

    019:045 Entró al templo, y comenzó a sacar a los que compraban y
    vendían allí,
    019:046 diciéndoles, «Está escrito, `Mi casa es casa de oración,´ ¡
    pero ustedes la han convertido en `cueva de ladrones´!

    019:047 Él enseñaba a diario en el templo, pero los jefes de los
    sacerdotes y los líderes entre la gente[165] buscaban
    destruirlo.
    019:048 Ellos no podían encontrar como poder hacerlo, porque toda la
    gente se ceñía a cada palabra que decía[166].

    20

    020:001 Ocurrió en uno de esos días, que enseñaba a la gente en el
    templo y predicaba la Buena Nueva[167], que los
    sacerdotes[168] y escribas vinieron a Él con los ancianos.
    020:002 Le preguntaron, «Dinos: ¿Con que autoridad haces estas cosas?
    ¿O quien te está dando esta autoridad? »

    020:003 Él les contesto, «Yo también les haré una pregunta. Díganme:
    020:004 ¿El bautismo de Juan, era del cielo o de los hombres?»

    020:005 Ellos razonaron entre sí, diciendo, «Si decimos, `Del cielo´
    Él dirá `¿Por que no creyeron en él?´
    020:006 Pero si decimos, `De los hombres´ la gente nos apedreará,
    porque están persuadidos que Juan era una profeta.»
    020:007 Contestaron que no sabían de donde era.

    020:008 Jesús les dijo, «Tampoco les digo con que autoridad hago estas
    cosas.»

    020:009 Comenzó a decirle a la gente esta parábola. «Un[169] hombre
    plantó una viña, y la rentó a algunos campesinos, y se fue a
    otro país por un largo tiempo.
    020:010 En la estación apropiada, envió a un siervo donde los
    campesino para recolectar su parte del fruto de la viña. Pero
    los campesinos lo golpearon, y lo echaron con las manos
    vacías.
    020:011 Él entonces envió otro siervo, y ellos también lo golpearon,
    lo trataron de forma degradante y lo echaron con las manso
    vacías.
    020:012 Envió, incluso, un tercero, y también lo hirieron y lo
    expulsaron.
    020:013 El señor de la viña dijo, `¿Qué debo hacer? Enviaré a mi hijo
    amado. Puede ser que al verlo, lo respeten.´

    020:014 «Pero cuando los campesinos lo vieron, razonaron entre ellos,
    diciendo `Este es el heredero. Vengan, matémoslo, para que la
    herencia sea nuestra.´
    020:015 Lo sacaron de la viña y lo mataron. ¿ Entonces qué les hará el
    señor de la viña?
    020:016 Él vendrá y destruirá a estos campesinos, y le dará la viña a
    otros.»
    Cuando lo oyeron, dijeron, «¡Que no pueda ser!»

    020:017 Pero Él los miró, y dijo, «Entonces ¿Qué es esto que está
    escrito,
    `La piedra que los constructores rechazaron, la misma fue
    hecha piedra fundamental´?
    020:018 «Todo el que caiga sobre esta piedra será quebrado en pedazos,
    Y aplastará en el polvo a cualquiera sobre quien caiga.»
    020:019 Los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban poner sus
    manos sobre Él en ese momento, pero temían a la gente porque
    sabían que Él había dicho esta parábola en contra de ellos.
    020:020 Lo observaban, y enviaron espías, que pretendían ser justos,
    para que pudieran atraparlo en algo que dijera, para así
    enviarlo al poder[ 170] y autoridad del gobernador.
    020:021 Le preguntaron, «Maestro, sabemos que dices y enseñas lo que
    es correcto, y no estás parcializado por nadie[171], sino que
    verdaderamente enseñas el camino de Dios.
    020:022 ¿Es legal para nosotros pagar los impuestos al Cesar, o no?»

    020:023 Pero el percibió sus intenciones, y les dijo, ¿Por qué me
    prueban?
    020:024 Muéstrenme un denario. ¿De quien es la imagen y la inscripción
    sobre este?
    Ellos le contestaron, «del Cesar»

    020:025 Él les dijo, «Entonces denle al Cesar lo que es del Cesar y a
    Dios lo que es de Dios.»

    020:026 No fueron capaces de atraparlo por sus palabras[172] ante las
    personas. Estaban maravillados por su respuesta y callaron.
    020:027 Algunos de los saduceos fueron donde Él, aquellos que niegan
    que existe la resurrección.
    020:028 Le preguntaron, «Maestro, Moisés nos escribió que si el
    hermano de un hombre muere dejando una esposa y no tiene
    hijos, el hermano debería tomar la esposa y criar hijos para
    su hermano.
    020:029 Habían siete hermanos. El primero tomo a la esposa y murió sin
    hijos.
    020:030 El segundo la tomó como esposa y murió sin hijos.
    020:031 El tercero la tomó al igual que los otros, ninguno dejó hijos
    y murieron.
    020:032 Luego la mujer también murió.
    020:033 Entonces en la resurrección, ¿De quién será esposa la mujer?
    Pues los siete la tuvieron como esposa.»

    020:034 Jesús les dijo, «Los hijos de este mundo[173] se casan y son
    dados en matrimonio.
    020:035 Pero aquellos que son considerados merecederos de llegar a ese
    mundo y a la resurrección de los muertos ni se casan ni son
    dados en matrimonio.
    020:036 Pues ellos no pueden morir más, son como los ángeles y son
    hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.
    020:037 Pero que los muertos resucitan, incluso lo mostró Moisés en la
    zarza, cuando llamó al Señor `El Dios de Abraham, Isaac y
    Jacob.´
    020:038 Porque Él no es Dios de los muertos, sino de los vivos, pues
    todos están vivos para Él.»

    020:039 Algunos de los escribas contestaron, «Maestro, tu hablas
    bien.»
    020:040 Y no se atrevieron a hacerle más preguntas.

    020:041 Él les dijo, «¿Por qué dicen que el Cristo es hijo de David?
    020:042 David mismo dice en el libro de los Salmos,
    `El Señor dijo a mi Señor, «Siéntate a mi mano derecha,
    020:043 Hasta que yo haga de tus enemigos un estrado para tus
    pies.»´
    020:044 «Así que David lo llama Señor, entonces ¿Cómo puede ser su
    hijo?»

    020:045 Cuando toda la gente escuchaba, Él dijo a los discípulos,
    020:046 « Cuídense de los escribas, a quienes les gusta caminar en
    largos y adornados vestidos, y aman los saludos en las plazas
    de mercado, las mejores sillas en las sinagogas, y los mejores
    lugares en los banquetes;
    020:047 que devoran las casas de las viudas, y por pretensión hacen
    largas oraciones: estos recibirán la mayor condena[174].»

    21

    021:001 Levantó la vista y vio a la gente rica que ponía sus regalos
    en el tesoro.[175]
    021:002 Vio cierta viuda pobre echando dos pequeñas monedas[ 176].
    021:003 Él dijo, «En verdad les digo, esta pobre viuda pone más que
    todos ellos
    021:004 porque todos estos ponen regalos para Dios de su abundancia,
    pero ella, de su pobreza pone todo lo que tiene para vivir.»

    021:005 Mientras algunos estaban hablando sobre el templo y como
    estaba decorado con bellas piedras y regalos, Él dijo,
    021:006 «En cuanto a estas cosas que ven, vendrán los días, en los que
    no quedará aquí una piedra sobre otra sin ser derribada.»

    021:007 Le preguntaron, «Maestro, entonces ¿cuándo serán estas cosas?
    ¿ Cuál será la señal de que las cosas están por ocurrir?»

    021:008 Él dijo, «Estén alerta para que no se dejen perder, porque
    muchos vendrán en mi nombre, diciendo, `YO SOY[177],´ `El
    tiempo está a la mano.´ Entonces no los sigan.
    021:009 Cuando escuchen de guerras y disturbios, no se aterroricen,
    porque estas cosas deben pasar primero, pero el fin no vendrá
    inmediatamente.»

    021:010 Entonces Él les dijo[178], «Nación se levantará contra nación,
    y reino contra reino.
    021:011 Habrán grandes terremotos, hambrunas y plagas en varios
    lugares. Habrá terror y grandes señales del cielo[179].
    021:012 Pero antes de todas estas cosas, pondrán sus manos sobre
    ustedes y los perseguirán, llevándolos a las sinagogas y
    prisiones, llevándolos frente a reyes y gobernantes por causa
    de mi nombre.
    021:013 Se convertirá en un testimonio para ustedes.
    021:014 Establezcan entonces en sus corazones no meditar por
    anticipado como contestar,
    021:015 porque les daré una boca y sabiduría que todos sus enemigos no
    podrán resistir ni contradecir.
    021:016 Serán entregados[180] incluso por padres, hermanos, parientes
    y amigos. Ellos harán que algunos de ustedes sean llevados a
    la muerte[181].
    021:017 Serán odiados por todos los hombres a causa de mi nombre.
    021:018 Pero ningún cabello de su cabeza perecerá.

    021:019 Por su resistencia ganarán sus vidas[182].

    021:020 «Y cuando vean a Jerusalén rodeada por ejércitos, sepan que la
    desolación está a mano.
    021:021 Entonces los que están en Judea huyan a las montañas. Los que
    estén en medio de esta que partan. Los que estén en el campo
    que no entren.
    021:022 Porque estos son días de venganza, para que todas las cosas
    que están escritas se cumplan.
    021:023 ¡Pobres de aquellas que estén embarazadas y de aquellas que
    amamanten niños en esos días! Porque habrá gran angustia en la
    tierra, e ira hacia esta gente.
    021:024 Caerán por el filo de la espada, y serán mantenidos en
    cautiverio en todas las naciones. Jerusalén será amenazada por
    los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles se cumpla.
    021:025 Habrá señales en el cielo, luna y estrellas; y en la tierra
    ansiedad de naciones, y perplejidad por el rugido del mar y
    las olas;
    021:026 los hombres desmayarán de miedo, y por la expectativa de las
    cosas que vienen al mundo: porque los poderes de los cielos se
    agitarán.
    021:027 Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con
    poder y gran gloria.
    021:028 Pero cuando estas cosas comiencen a pasar, miren, y levanten
    sus cabezas, porque su redención está cerca.»

    021:029 Él les dijo una parábola. «Vean la higuera y todos los otros
    árboles.
    021:030 Cuando ya están brotando ustedes la ven y saben que el verano
    ya está cerca.
    021:031 Así mismo, cuando ustedes vean estas cosas pasar sepan que el
    Reino de Dios está cerca.
    021:032 Con seguridad les digo, esta generación no pasará hasta que
    todas las cosas se hayan cumplido.
    021:033 El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán por
    medio alguno.

    021:034 «Así que tengan cuidado, o sus corazones serán cargados con
    vicios, embriaguez y las preocupaciones de esta vida y ese día
    les vendrá de repente.
    021:035 Pues vendrá como una trampa para todos aquellos que se
    encuentran en la superficie de la tierra.
    021:036 Así que tengan cuidado siempre, recen para ser contados como
    dignos de escapar a todas estas cosas que pasarán, y para
    estar frente al Hijo del Hombre.»

    021:037 Todos los días estaba Jesús enseñando en el templo, y todas
    las noches iba y pasaba la noche en el monte llamado
    Olivos[183].
    021:038 Todas las personas llegaban temprano en la mañana al templo
    para escucharlo.

    22

    022:001 Ahora estaba cerca la festividad en la que se come pan sin
    levadura y que es llamaba fiesta de la Pascua.
    022:002 Los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban como
    podrían matarlo, pues le tenían miedo a la gente.
    022:003 Satanás entró en Judas que también era llamado Iscariote y que
    estaba contado entre los doce.
    022:004 Fue, y habló con los jefes de los sacerdotes[184] y capitanes
    sobre la forma como podría entregarlo.
    022:005 Ellos se alegraron, y acordaron darle dinero.
    022:006 El aceptó, y buscó una oportunidad para entregarlo en ausencia
    de la multitud.
    022:007 Llegó el día del pan sin levadura, en el cual el cordero de
    Pascua[185] debe ser sacrificado.
    022:008 Jesús envió a Pedro y Juan, diciendo, «Vayan y preparen la
    Pascua para nosotros, para que podamos comer.»

    022:009 Ellos le dijeron, «¿Donde deseas que la preparemos?»

    022:010 Él les dijo, «Observen, cuando hayan entrado a la ciudad, se
    encontrarán con un hombre que carga una jarra de agua. Síganlo
    a la casa en la que entre.
    022:011 Díganle al dueño de la casa, `El Maestro te dice, «¿Donde está
    el cuarto para invitados, donde podré comer el cordero de
    Pascua con mis discípulos?»´
    022:012 Él les mostrará un cuarto en el segundo piso, amplio y
    amoblado. Hagan los preparativos allí. »

    022:013 Ellos fueron, encontraron las cosas como Jesús había dicho, y
    prepararon la Pascua.
    022:014 Cuando la hora había llegado se sentó con los doce apóstoles.
    022:015 Les dijo, «Realmente he deseado comer esta cena de pascua con
    ustedes antes de sufrir,
    022:016 porque les digo, no volveré a comer de esta por medio alguno
    hasta que se cumpla en el Reino de Dios.»
    022:017 Recibió una copa, y cuando había dado gracias, dijo, «Tomen
    esto, y compártanlo entre ustedes[186],
    022:018 porque les digo, no beberé más del fruto de la vid, hasta que
    venga el Reino de Dios[187].»

    022:019 Tomó pan, y cuando había dado gracias, lo partió, y se los
    entregó, diciendo, «Este es mi cuerpo que es entregado por
    ustedes. Hagan esto en memoria mía.»
    022:020 De la misma forma, tomó la copa después de la cena, diciendo,
    «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que será
    derramada por ustedes.
    022:021 Pero observen, la mano del que me traiciona está conmigo en la
    mesa.
    022:022 El Hijo del Hombre de hecho se va, como ha sido determinado,
    ¡Pero pobre del hombre por intermedio del cual Él es
    traicionado!»

    022:023 Comenzaron a cuestionarse entre ellos, cual de ellos era quien
    haría esto.
    022:024 Allí se levantó también una controversia entre ellos, sobre
    cual de ellos era considerado el más grande.
    022:025 Jesús les dijo, «Los reyes de las naciones[188] reinan sobre
    ellas, y los que tienen autoridad sobre estas son llamados
    `benefactores.´
    022:026 Pero no es así con ustedes. Sino quien es el mayor entre
    ustedes, que se convierta como el más joven, y quien gobierna
    que sea como quien sirve.
    022:027 Porque ¿quién es más grande, el que se sienta a la mesa, o el
    que la sirve? ¿No es el que se sienta en la mesa? Pero yo
    estoy en medio de ustedes como quien sirve.
    022:028 Pero ustedes son los que han continuado conmigo en mis
    pruebas.
    022:029 Yo confiero en ustedes un reino[189], así como mi Padre me
    confirió uno,
    022:030 para que ustedes puedan comer y beber en mi mesa en mi Reino.
    Ustedes se sentarán en tronos, juzgando a las doce tribus de
    Israel.»

    022:031 El Señor dijo, «Simón, Simón, mira Satanás ha pedido tenerte
    para colarte como harina,
    022:032 pero recé por ti para que tu fe no te falle. Cuando hayas
    regresado de nuevo, fortalece a tus hermanos[190].»

    022:033 Él le dijo, «¡Señor, estoy listo para ir contigo tanto a la
    prisión como a la muerte!»

    022:034 Él dijo, «Yo te digo Pedro, el gallo de ninguna forma cantará
    hoy hasta que hallas negado conocerme tres veces.»

    022:035 Él les dijo, «Cuando los envié sin cartera, ni billetera y sin
    zapatos ¿Les hizo falta algo?»
    Ellos dijeron, «Nada.»

    022:036 Entonces Él les dijo, «Pero ahora, quien tiene una cartera que
    se la lleve y lo mismo con una billetera. El que nada tiene,
    que venda su abrigo y se compre una espada.
    022:037 Porque les digo que esto que está escrito aún debe cumplirse
    en mi: `Fue contando entre los ilegales.´ Porque lo que
    concierne a mí tiene un objetivo[191].»

    022:038 Ellos dijeron, «Señor, observa, aquí hay dos espadas.»
    Él les dijo, «Basta ya[192].»

    022:039 Salió, y fue, como era su costumbre, al Monte de los Olivos.
    Sus discípulos también lo siguieron.
    022:040 Cuando estaba en el lugar, les dijo, «Oren para que no caigan
    en tentación.»

    022:041 Se alejó de ellos tanto como una piedra que se lanza, se
    arrodilló y oró
    022:042 diciendo, «Padre, si tu lo deseas, quita esta copa de mi. Sin
    embargo que no se haga mi voluntad sino la tuya.»

    022:043 Un ángel del cielo se le apareció, fortaleciéndolo.
    022:044 Estando en agonía Él oraba con más fuerza. Su sudor se hizo
    como grandes gotas de sangre que caían sobre la tierra.

    022:045 Cuando se levantó de su oración, fue donde los discípulos, y
    los encontró durmiendo a causa de la preocupación
    022:046 y les dijo, «¿Por qué duermen? Levántense y recen para que no
    caigan en tentación.»

    022:047 Mientras aún hablaba, llegó una multitud, y el que era llamado
    Judas, uno de los doce, la encabezaba. Se acercó a Jesús para
    besarlo[193].
    022:048 Pero Jesús le dijo, «Judas, ¿Traicionas al Hijo del Hombre con
    un beso?»

    022:049 Cuando los que estaba a su alrededor vieron lo que iba a
    ocurrir, le dijeron, «¿Señor, debemos golpear con la espada?»
    022:050 Y uno de ellos golpeó al siervo del sumo sacerdote, y le cortó
    su oreja derecha.

    022:051 Pero Jesús contestó, «¡Basta[194]!» y tocó su oreja, y lo
    sanó.
    022:052 Jesús les dijo a los jefes de los sacerdotes, a los lideres
    del templo y a los ancianos, que habían ido en contra de Él,
    «¿Han venido como contra un ladrón, con espadas y palos?
    022:053 Cuando estaba con ustedes en el templo diariamente, no
    estiraron sus manos contra mi. Pero esta es su hora, y la del
    poder de la oscuridad[195].»

    022:054 Lo apresaron y lo condujeron[196] a la casa del sumo
    sacerdote. Y Pedro los siguió a cierta distancia.
    022:055 Cuando habían encendido un fuego en medio del patio, y se
    habían sentado, Pedro se sentó entre ellos.
    022:056 Cierta sierva joven lo vio cuando se sentaba a la luz, y
    mirándolo fijamente, dijo, «Este hombre también estaba con
    Él.»

    022:057 Él negó a Jesús, diciendo, «Mujer, no lo conozco.»

    022:058 Después de un tiempo cuando otro lo vio, dijo, «¡Tu también
    eres uno de ellos[197]!»
    Pero Pedro contesto, «¡Hombre, yo no soy!»

    022:059 Después de que había pasado como una hora, otro dijo con
    seguridad, «¡En verdad este hombre también estaba con Él,
    porque es de Galilea! »

    022:060 Pero Pedro dijo, «¡Hombre, no se de lo que estás hablando!» De
    inmediato, mientras aún hablaba, cantó un gallo.
    022:061 El Señor dio la vuelta y miró a Pedro. Entonces Pedro recordó
    la palabra del Señor, cuando le dijo, «Antes de que el gallo
    cante me negarás tres veces. »
    022:062 El se fue, y lloró amargamente.

    022:063 Los hombres que tenían a Jesús lo ridiculizaban y lo
    golpeaban[ 198].
    022:064 Habiéndole tapado los ojos, lo golpeaban en la cara y le
    preguntaban, «¡Profetiza! ¿Quién es el que te golpea?»
    022:065 Decían[199 ] muchas otras cosas contra Él, insultándolo.

    022:066 Tan pronto como amaneció, la asamblea de los ancianos del
    pueblo se reunió con ambos, con jefes de sacerdotes y con
    escribas, y lo condujeron a su consejo, diciendo,
    022:067 «Si tu eres el Cristo, dinos.»
    Pero Él les dijo, «Si les digo, no me creerán,
    022:068 y si les pregunto, ustedes no me contestarán de forma alguna
    ni me dejarán ir.
    022:069 Desde ahora, el Hijo del Hombre se sentará a la mano derecha
    del Poder de Dios.»

    022:070 Todos le dijeron, «¿Eres tu entonces el Hijo de Dios?»
    El les dijo, «Ustedes lo dicen, porque YO SOY.»

    022:071 Ellos dijeron, «¿Para qué necesitamos más testigos? ¡Cuando
    nosotros mismos lo hemos escuchado de su boca!»

    23

    023:001 La compañía completa se levantó y lo llevó ante Pilato.
    023:002 Comenzaron a acusarlo, diciendo, «Encontramos a este hombre
    pervirtiendo la nación, prohibiendo pagar impuestos al Cesar,
    y diciendo que Él mismo es Cristo, un rey.»

    023:003 Pilato le preguntó, «¿Eres el Rey de los Judíos?»
    Él le contestó, «Tal como dices.»

    023:004 Pilato dijo al jefe de los sacerdotes y a las multitudes, «No
    encuentro bases para hacer un cargo en contra de este
    hombre.»

    023:005 Pero ellos insistieron, diciendo, «Él perturba a la gente,
    enseñando por toda Judea, comenzando en Galilea y hasta este
    lugar. »
    023:006 Cuando Pilato escuchó Galilea mencionado, preguntó si el
    hombre era de Galilea.
    023:007 Cuando encontró que era de la jurisdicción de Herodes, se lo
    envió a Herodes, quien también estaba en Jerusalén en esos
    días.

    023:008 Cuando Herodes vio a Jesús, estaba excesivamente contento,
    porque había querido verlo por largo tiempo, pues había
    escuchado muchas cosas sobre Él. Esperaba ver algunos
    milagros[200] que Él hiciera.
    023:009 Lo cuestionaba con muchas palabras, pero Jesús no daba
    respuestas.
    023:010 Los jefes de los sacerdotes y los escribas se mantenían
    acusándolo vehementemente.
    023:011 Herodes con sus solados lo humillaron y lo ridiculizaron.
    Vistiéndolo con vestidos lujosos[201], lo enviaron de vuelta a
    Pilato.
    023:012 Herodes y Pilato se hicieron amigos desde ese preciso día,
    porque antes de eso eran enemigos el uno del otro[202].

    023:013 Pilato llamó a los jefes de los sacerdotes, a los mandatarios
    y a la gente[203],
    023:014 y les dijo, «Ustedes me trajeron a este hombre como a uno que
    corrompe a la gente, y vean, lo he examinado delante de
    ustedes y no he encontrado bases para hacer un cargo contra
    este hombre por los hechos por los que lo acusan.
    023:015 Tampoco Herodes, porque los envié con él, y vean, Él no ha
    hecho nada que lo haga merecedor de la muerte.
    023:016 Por lo tanto lo azotaré y lo soltaré.»

    023:017 Ocurrió que él tenía que liberarles un prisionero en la
    fiesta[ 204].
    023:018 Y todos gritaron juntos, diciendo «¡Llévese a ese hombre! ¡
    Libérenos a Barrabás!»
    023:019 uno que había sido metido en la cárcel por cierta revuelta en
    la ciudad y asesinato.

    023:020 Entonces Pilato habló con ellos de nuevo, queriendo liberar a
    Jesús,
    023:021 pero ellos gritaron, diciendo, «¡Crucifixión! ¡ Crucifícalo!»

    023:022 Él les dijo por tercera vez, «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho este
    hombre? No he encontrado ningún delito capital en Él. Por lo
    tanto lo azotaré y lo liberaré.»
    023:023 Pero ellos presionaban con voces duras, pidiendo que fuera
    crucificado. Sus voces y las voces de los jefes de los
    sacerdotes lo convencieron.
    023:024 Pilato ordenó que se hiciera lo que pedían.
    023:025 Él libero al que había sido encarcelado por insurrección y
    asesinato, el que la gente había pedido, pero les dio a Jesús
    como querían.

    023:026 Cuando lo conducían afuera, cogieron a uno, a Simón de
    Cirenea, que venía del campo, y cargaron sobre él la cruz,
    para que la llevara detrás de Jesús.
    023:027 Una gran multitud de gente lo siguió, incluyendo mujeres que
    también lloraban y se lamentaban por Él.
    023:028 Pero Jesús, volteándose hacia ellas, les dijo, «Hijas de
    Jerusalén, no lloren por mí, pero lloren por ustedes y por sus
    hijos.
    023:029 Porque observen, vendrán los días en los que ellos dirán,
    `Benditos son las estériles, los vientres que nunca engendran,
    y los pechos que nunca alimentan.´
    023:030 Entonces comenzarán a decir a las montañas, `¡Caigan sobre
    nosotros!´ y decir a las colinas `Cubranos.´
    023:031 Porque si hacen estas cosas al árbol verde, ¿Qué se le hará al
    seco?»

    023:032 También había dos criminales que iban con Él para ser
    ejecutados.
    023:033 Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera lo crucificaron
    allí con los criminales, uno al lado derecho y el otro al
    izquierdo.

    023:034 Jesús dijo, «Padre perdónalos, pues no saben lo que están
    haciendo.»
    Echaron suertes para dividir su ropa entre ellos.
    023:035 La gente estaba de pie mirando. Las autoridades que estaban
    con ellos también lo ridiculizaban diciendo, «Él salvo[205] a
    otros. ¡Que se salve el mismo si este es el Cristo de Dios, su
    escogido!»

    023:036 Los soldados también se burlaron de Él, acercándose y
    ofreciéndole vinagre,
    023:037 y diciendo, «¡Si eres el Rey de los Judíos sálvate!»

    023:038 Se escribió una inscripción sobre Él con letras en Griego,
    Latín y Hebreo: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.»

    023:039 Uno de los criminales que estaba colgado lo insulto[206]
    diciendo, «¡Si eres el Cristo, sálvate y sálvanos!»

    023:040 Pero el otro contestó y lo reprendió diciendo, «¿Ni si quiera
    le temes a Dios, viendo que estás bajo la misma condena?
    023:041 Y nosotros en realidad justamente, porque recibimos la
    recompensa merecida por nuestros actos, pero este hombre no ha
    hecho nada malo.»
    023:042 Le dijo a Jesús, «Señor, recuérdame cuando entres a tu
    Reino.»

    023:043 «Con seguridad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

    023:044 Era casi la sexta hora[207], vino una oscuridad sobre toda la
    tierra hasta la novena hora. [208]
    023:045 El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó en dos.
    023:046 Jesús, grito con fuerte voz, diciendo, «¡Padre, en tus manos
    encomiendo mi espíritu!» Diciendo esto, dio su último
    suspiro[209].

    023:047 Cuando el centurión vio lo que ocurrió, dio gloria a Dios,
    diciendo, «Ciertamente este era un hombre correcto.»
    023:048 Todas las multitudes que vinieron a verlo, cuando vieron lo
    que se hizo, regresaron a sus casas golpeando sus pechos.
    023:049 Todas las personas cercanas a Él, y las mujeres que lo seguían
    desde Galilea, se mantuvieron a distancia, viendo estas
    cosas.

    023:050 Un nombre llamado José, que era miembro del consejo[210],
    quien era justo y correcto
    023:051 (no había estado de acuerdo con el consejo y el resultado),
    que era de Arimatea, una ciudad de los Judíos, también
    esperaba el Reino de Dios:
    023:052 este hombre fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
    023:053 Lo bajó, y lo envolvió en un vestido de lino, y lo puso en una
    tumba cavada en un piedra, donde nadie había yacido antes.
    023:054 Era el día de la preparación[211], y el día sabático se estaba
    acercando.
    023:055 Las mujeres que habían venido con Él desde Galilea, lo
    siguieron, y vieron la tumba, y como su cuerpo era puesto.
    023:056 Regresaron, y prepararon especias y ungüentos. El día sabático
    descansaron de acuerdo al mandamiento.

    24

    024:001 El primer día de la semana, temprano al amanecer, ellas y
    otros[ 212] fueron a la tumba, llevando la especias que habían
    preparado.
    024:002 Encontraron la piedra rodada lejos de la tumba.
    024:003 Entraron y no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
    024:004 Ocurrió, mientras aún estaban perplejas por esto, que dos
    hombres aparecieron junto a ellas en vestidos muy brillantes.
    024:005 Llenas de terror, inclinaron sus caras hacia la tierra.
    Ellos les dijeron, «¿Por qué buscan al vivo entre los
    muertos?»
    024:006 Él no está aquí, sino que ha resucitado. ¿Recuerdan lo que les
    dijo cuando aún estaba en Galilea?
    024:007 Que el Hijo del Hombre debía ser entregado a manos de hombres
    pecadores, y ser crucificado y al tercer día resucitaría de
    nuevo»

    024:008 Ellas recordaron sus palabras,
    024:009 regresaron de la tumba, y le contaron todas estas cosas a los
    once, y a todo el resto.
    024:010 Eran María Magdalena, Juana y Maria la madre de Santiago. Las
    otras mujeres que estaban con ellas contaron estas cosas a los
    apóstoles[ 213].
    024:011 Estas palabras les parecieron sin sentido, y no les creyeron.
    024:012 Pero Pedro se levantó y corrió a la tumba. Al detenerse y
    mirar, vio sólo las tiras de lino, y partió a su casa,
    preguntándose que había ocurrido.

    024:013 Ocurrió que dos de ellos fueron justamente ese día a un pueblo
    llamado Emmaus, que estaba a sesenta estadios[214] de
    Jerusalén.
    024:014 Hablaban entre ellos sobre todas las cosas que habían
    ocurrido.
    024:015 Ocurrió, mientras hablaban y se cuestionaba, que Jesús mismo
    se les acercó y anduvo con ellos.
    024:016 Pero sus ojos les impidieron reconocerlo.
    024:017 Él les dijo, «¿De que hablan mientras caminan entristecidos?

    024:018 Uno de ellos, llamado Cleofas, le contestó, «¿Eres tu el único
    extranjero en Jerusalén que no sabe las cosas que han ocurrido
    en estos días?»

    024:019 Él les dijo, «¿Qué cosas?»
    Ellos le dijeron, «Lo concerniente a Jesús, el Nazareno, que
    era un profeta poderoso en acción y palabra ante Dios y ante
    toda la gente;
    024:020 y como los jefes de los sacerdotes y nuestros gobernantes lo
    entregaron para condenarlo a muerte y crucificarlo.
    024:021 Pero esperábamos que fuera Él quien redimiera a Israel. Si y
    además, ahora es el tercer día desde que estas cosas
    ocurrieron.
    024:022 También, ciertas mujeres de nuestra compañía, nos
    sorprendieron, pues habiendo llegado temprano a la tumba;
    024:023 al no encontrar su cuerpo, vinieron diciendo que habían visto
    una visión de ángeles, que decían que Él estaba vivo.
    024:024 Algunos de nosotros[215]fuimos a la tumba, y la encontramos
    tal como las mujeres habían dicho, pero no lo vimos.»

    024:025 Él les dijo, «¡Hombres necios, y lentos de corazón para creer
    todo lo que los profetas han hablado!
    024:026 ¿No tuvo Cristo que sufrir todas estas cosas para entrar en su
    gloria?»
    024:027 Comenzando desde Moisés y todos los profetas, les explicó los
    hechos concernientes a Él en todas las Escrituras.
    024:028 Se acercaron al pueblo al que ellos iban, y Él hizo como si
    fuera más adelante[216].

    024:029 Ellos lo convencieron, diciendo, «Ven con nosotros, porque ya
    casi es noche y el día termina.»
    Él fue a quedarse con ellos.
    024:030 Ocurrió, que cuando Él se sentó a la mesa con ellos, tomó el
    pan y dio las gracias. Partiéndolo, se los entrego.
    024:031 Los ojos de los discípulos se abrieron, y lo reconocieron, y
    Él desapareció de su vista.
    024:032 Se dijeron unos a otros, «¿No estaban nuestros corazones
    quemándonos, mientras hablaba en el camino, y mientras nos
    explicaba las escrituras?»
    024:033 Se levantaron en aquel momento, y regresaron a Jerusalén, y
    encontraron a los once reunidos, y a quienes estaban con
    ellos,
    024:034 les dijeron, «¡El Señor ha resucitado en realidad, y se ha
    aparecido a Simón!
    024:035 Contaron lo que había ocurrido durante el camino, y como lo
    reconocieron cuando partía el pan.

    024:036 Mientras decían estas cosas, Jesús mismo apareció entre ellos,
    y les dijo, «La Paz esté con ustedes[217].»

    024:037 Pero ellos estaban aterrorizados y llenos de miedos, y
    suponían que habían visto un espíritu.

    024:038 Él les dijo, «¿Por qué están preocupados? ¿Por qué se levantan
    dudas en sus corazones?
    024:039 Miren mis manos y mis pies, soy en verdad yo. Toquen y vean,
    porque un espíritu no tiene carne y huesos, como ustedes ven
    que yo tengo.»
    024:040 Después de decir esto, les mostró sus manos y sus pies.
    024:041 Mientras que aún no podían creerlo de la felicidad y se
    cuestionaba, Él les dijo, «¿Tienen aquí algo para comer?»

    024:042 Le dieron un pedazo de pescado cocido y algo de miel[218].
    024:043 Él los tomó y los comió frente a ellos.
    024:044 Les dijo, «Esto es lo que les había dicho, mientras estuve con
    ustedes, que todas las cosas que están escritas en la ley de
    Moisés, los profetas y los salmos, con respecto a mí deben
    cumplirse.»

    024:045 Entonces abrió sus mentes, y ellos pudieron entender las
    Escrituras.
    024:046 Les dijo, «Así que esto estaba escrito, y entonces era
    necesario para el Cristo sufrir y resucitar de entre los
    muertos al tercer día,
    024:047 y el arrepentimiento y el perdón de los pecados debe ser
    predicado en su nombre por todas las naciones, comenzando en
    Jerusalén[219].
    024:048 Ustedes son testigos de estas cosas.
    024:049 Observen, yo envío sobre ustedes la promesa de mi Padre. Pero
    esperen en la ciudad de Jerusalén hasta que estén revestidos
    de poder desde lo alto.»

    024:050 Los guió hasta Betania, y levantó sus manos, y los bendijo.
    024:051 Ocurrió, mientras los bendecía, que fue tomado de su lado, y
    fue llevado al cielo.
    024:052 Ellos lo alabaron, y regresaron a Jerusalén con gran alegría,
    024:053 y estuvieron continuamente en el templo, alabando y
    bendiciendo a Dios. Amen.

    ————–

    [1] Versión: 0.9. Damos gracias a Dios. Traducción basada
    especialmente en [WEB]. Los nombres en español han sido
    tomados de
    [DiosHablaHoy]. Algunos cambios en la traducción (anotados en
    pies
    de página) se basan en [DieBibel], [DiosHablaHoy] y
    [Peshitta].
    Hasta el momento han colaborado traduciendo a español,
    comparando y
    corrigiendo: Melissa Giraldo y Vladimir Támara. Las
    comparaciones
    con [TR], [NU] y [MT] son tomadas de [WEB] y fueron realizadas
    por
    Michael Jhonson. Puede buscar una versión más actualizada en
    http:/
    /de.geocities.com/nuestroamigojesus/bdpo ayudar a mejorar esta
    traducción en la lista evangelios-dp a la que puede
    suscribirse en:
    http://groups.yahoo.com/group/evangelios-dp

    [2] [Peshitta] dice `en la rectitud.´

    [3] [Peshitta] dice `perfecta.´

    [4] [Peshitta] dice `Paz contigo, llena de gracia.´

    [5] [DieBibel] dice `que soy virgen,´ la traducción escogida
    es
    tomada de [Peshitta].

    [6] [WEB] dice `Porque todo lo que es dicho por Dios es
    posible,´
    la traducción escogida concuerda con [Peshitta], [DieBibel] y
    [
    DiosHablaHoy].

    [7] [Peshitta] dice `ha logrado la victoria con su brazo,´ [
    DieBibel] dice `Con su brazo realiza obras poderosas,´ [
    DiosHablaHoy] dice `Actuó con todo su poder.´

    [8] [Peshitta] dice `pensamiento´ en lugar de `imaginación,´ [
    DieBibel] dice `Destruye a los que están llenos de orgullo en
    el
    corazón,´ [DiosHablaHoy] dice `deshizo los planes de los
    orgullosos.´

    [9] [WEB] dice `príncipes.´ `poderosos´ concuerda con
    [Peshitta] y
    [DieBibel], [DiosHablaHoy] dice `reyes.´

    [10] [Peshitta] dice `y Él ha recordado su piedad,´
    [DiosHablaHoy]
    dice `y no se olvido de tratarlo con misericordia,´ [DieBibel]
    dice
    `y piensa en su piedad.´

    [11] [DiosHablaHoy] y [DieBibel] dicen `descendientes.´

    [12] [Peshitta] dice `ninguno de su clan.´

    [13] Esta traducción coincide con la de [WEB] y [Peshitta]. [
    DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen `Nos ha enviado un poderosos
    salvador.´

    [14] `Y nos daría,´ no aparece en [WEB], pero si en
    [Peshitta].

    [15] [Peshitta] y [DieBibel] dicen `su camino,´ [WEB] y [
    DiosHablaHoy] dicen `sus caminos.´

    [16] [Peshitta] dice `la vida.´

    [17] [Peshitta] dice `un rayo.´

    [18] [WEB] y [DiosHablaHoy] dicen `todo el mundo,´ [DieBibel]
    dice
    `los habitantes del reino,´ la traducción escogida es de
    [Peshitta]

    [19] [Peshitta] dice `esperanza a los buenos hijos del
    hombre,´ [
    DiosHablaHoy] dice `entre los hombres que gozan de Su favor,´
    [
    DieBibel] dice `a los hombres de Su gracia.´

    [20] «Cristo» (Griego) y «Mesías» (Hebreo) significan «El
    Ungido.»

    [21] [Peshitta] dice `piedad.´

    [22] [WEB] y [DiosHablaHoy] dice `personas,´ [DieBibel] dice
    `pueblos,´ [Peshitta] dice `naciones.´

    [23] [WEB] y [DiosHablaHoy] dicen `todas las naciones,´
    [Peshitta]
    y [DieBibel] dicen `los gentiles.´

    [24] [WEB] dice `que habla en contra,´ [DiosHablaHoy] dice
    `que
    muchos rechazarán,´ [DieBibel] dice `contradictoria.´

    [25] [WEB] dice `peticiones,´ [DieBibel], [DiosHablaHoy] y [
    Peshitta] dicen `oración.´

    [26] [Peshitta] dice `su gente.´

    [27] [DieBibel] y [WEB] dicen `entendimiento,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `inteligencia,´ [Peshitta] dice `sabiduría.´

    [28] [WEB] dice `La voz de uno gritando en el desierto,´
    [Peshitta
    ], [DiosHablaHoy] y [DieBibel] dicen `Una voz.´

    [29] [DiosHablaHoy] dice `los caminos torcidos serán
    enderezados,´
    [Peshitta] dice `lo abrupto se suavizará.´

    [30] [Peshitta] dice `y la tierra difícil se hará plana.´

    [31] [Peshitta] dice `vida,´ [DieBibel] dice `santidad,´ [WEB]
    y [
    DiosHablaHoy] dicen `salvación.´

    [32] [Peshitta] dice `también enseñaba muchas otras cosas y
    declaraba ante la gente,´ [DieBibel] dice `Con estas y muchas
    otras
    palabras aconsejaba al pueblo en su predica,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `de este modo y con muchos otros consejos, Juan anunciaba las
    buenas noticias a la gente.´

    [33] [TR], [DiosHablaHoy] y [Peshitta] dicen `de su hermano
    Felipe.
    ´

    [34] [WEB] une `y oraba´ a la oración anterior.

    [35] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] agregan Admin como padre de
    Aminadab e hijo de Arni. La genealogía presentada concuerda en
    [WEB
    ] y [Peshitta]. [WEB] agrega como nota al pie de página
    `Algunos
    textos agregan, «el hijo de Joram.»´

    [36] [DieBibel] dice `de la estirpe de Dios,´ [Peshitta] dice
    `que
    era de Dios.´

    [37] [Peshitta] dice `el acusador.´

    [38] Esta parte no aparece en [Peshitta].

    [39] [Peshitta] agrega `con perdón.´

    [40] [Peshitta] dice `se reunía a su alrededor.´

    [41] [Peshitta] dice `los hijos del hombre serán pescados para
    la
    vida.´

    [42] [Peshitta] y [DiosHablaHoy] dicen `maravillas,´
    [DieBibel]
    dice `cosas increíbles.´

    [43] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen `invitados a la boda,´
    [
    Peshitta] dice `hijos.´

    [44] [WEB] dice `el segundo sabático después del primero.´ Ni
    [
    Peshitta], ni [DieBibel], ni [DiosHablaHoy] mencionan
    `segundo.´

    [45] [WEB] dice `el pan para exhibir,´ [Peshitta] dice `el pan
    de
    la mesa del Señor,´ [DieBibel] dice `sagrado,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `consagrado a Dios.´

    [46] En [Peshitta] y [DieBibel] está parte aparece en el
    versículo
    18.

    [47] [WEB] dice `ridiculicen,´ `insulten´ aparece en
    [DiosHablaHoy]
    y [DieBibel]. [Peshitta] dice `reprochen.´

    [48] [TR] agrega «de ustedes.»

    [49] [TR] agrega «todos.»

    [50] [Peshitta] dice `que bendición es para ustedes,´
    [DiosHablaHoy
    ] dice `que hacen de extraordinario,´ [DieBibel] dice `que
    gracias
    esperan.´

    [51] [Peshitta] dice `y no corten las esperanzas de los
    hombres.´

    [52] Literalmente, en sus pechos. [DiosHablaHoy] dice `en sus
    bolsas.´

    [53] [Peshitta] dice `que sea perfecto.´

    [54] [WEB] y [DieBibel] dicen `salvar,´ [DiosHablaHoy] dice
    `sanar,
    ´ [Peshitta] dice `dar vida.´

    [55] [Peshitta] agrega `siervo.´

    [56] [DiosHablaHoy] dice `Dichoso aquel que no pierda su
    confianza
    en mí,´ el mismo sentido tiene [DieBibel].

    [57] [WEB] dice `autoridad.,´ [Peshitta] y [DieBibel] dicen
    `voluntad.´

    [58] Así dice en [TR]. [MT], [DieBibel], [DiosHablaHoy] y
    [Peshitta
    ] omiten «Y el Señor dijo.»

    [59] [WEB] y [DieBibel] dicen `sus hijos,´ [Peshitta] y [
    DiosHablaHoy] dicen `obras.´

    [60] [Peshitta] dice `aceite de incienso.´

    [61] [TR] dice «lo» en vez de «los.»

    [62] Esta parte no aparece en [Peshitta].

    [63] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dice `salvada,´ [Peshitta]
    dice
    `vivirá.´

    [64] En [DiosHablaHoy] y [DieBibel] no dice que los puso a
    todos
    afuera.

    [65] En [DiosHablaHoy] dice `ella volvió a la vida,´ en
    [DieBibel]
    dice `la vida regreso a ella.´

    [66] [TR] dice «sus doce discípulos» en vez de «los doce.»

    [67] [Peshitta] agrega `y ciudades.´

    [68] [Peshitta] dice `por sus manos´ (las de los apóstoles).

    [69] En [Peshitta] esta parte aparece pero no como palabras de
    Jesús.

    [70] [WEB] no dice `diariamente,´ aunque si lo dicen TR, [NU],
    [
    Peshitta], [DieBibel] y [DiosHablaHoy] lo agregan.

    [71] [Peshitta] dice `hacer vivir su alma la destruirá.´

    [72] [Peshitta] dice `destruye o pierde su alma.´

    [73] [DieBibel] dice `resplandeciente luz,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `rodeados de un resplandor glorioso.´

    [74] Literalmente «éxodo.»

    [75] [Peshitta] dice `estaba por cumplirse.´

    [76] [Peshitta] dice `cuando Moisés y Elías entraron a la
    nube.´

    [77] [Peshitta] dice `entró un pensamiento en ellos.´

    [78] [Peshitta] y [DieBibel] dicen `ustedes.´

    [79] La frase «No saben de que clase de espíritu son. Porque
    el
    Hijo del Hombre no vino a destruir vidas de hombres, sino a
    salvarlas.» no aparece ni en [DieBibel] ni en [DiosHablaHoy],
    aunque [DieBibel] tiene una nota de pie de página que dice que
    algunos textos la añaden.

    [80] [Peshitta] agrega `de sus discípulos,´ [DieBibel] y [
    DiosHablaHoy] dicen `setenta y dos.´

    [81] literalmente, «antes de su rostro»

    [82] [Peshitta] sólo dice `vayan.´

    [83] Hades es la región más baja de la muerte, o infierno.

    [84] [WEB] dice `abogado.´

    [85] [WEB] dice `animal,´ [Peshitta] dice `burro,´
    [DiosHablaHoy] y
    [DieBibel] dicen `cabalgadura.´

    [86] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen sólo `Padre.´

    [87] En [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dice `santificado sea tu
    nombre.´

    [88] En [DieBibel] y [DiosHablaHoy] no dice esta oración.
    [Peshitta
    ] y [WEB] si la incluyen.

    [89] [WEB] dice `están en deuda con nosotros,´ [DieBibel] y [
    DiosHablaHoy] dicen `a todos los que nos han hecho mal.´

    [90] [Peshitta] dice `no nos guíes a pruebas.´

    [91] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] no dicen esta parte,
    [Peshitta]
    dice `sálvanos del malo.´

    [92] [WEB] y en [Peshitta] dicen `Cuál de ustedes', [DieBibel]
    dice
    `Cuando uno de ustedes', [DiosHablaHoy] dice `Supongamos que
    uno de
    ustedes'.

    [93] [Peshitta] dice `pidan.´

    [94] [Peshitta] dice `se ha acercado a ustedes.´

    [95] [WEB] comienza con `Por el contrario,´ [DieBibel] dice
    `Más
    benditos,´ [DiosHablaHoy] dice `dichosos más bien.´

    [96] [Peshitta] y [DiosHablaHoy] dicen `lugar escondido,´
    [DieBibel
    ] dice `esquina escondida.´

    [97] [DieBibel] dice `tu ojo da luz a tu cuerpo, cuando el ojo
    está
    sano entonces también el cuerpo entero será claro. Pero cuando
    esté
    enfermo el cuerpo estará en oscuridad.´

    [98] [WEB] dice `abogados,´ [Peshitta] dice `escribas,´
    [DieBibel]
    y [DiosHablaHoy] dicen `maestros de la ley.´

    [99] [WEB] dice `pereció,´ [Peshitta] dice `fue asesinado.´

    [100] [WEB] dice `a sacar muchas cosas de Él,´ [DieBibel] y [
    DiosHablaHoy] dicen `comenzaron a molestarlo con muchas
    preguntas,´
    [Peshitta] dice `a criticar sus palabras.´

    [101] En [Peshitta] lo que Jesús dice a sus discípulos
    comienza con
    `primero que todo.´

    [102] o infierno

    [103] Un asarión era un pequeña moneda de cobre que equivalía
    aproximadamente a una hora de pago por el trabajo de un
    agricultor.

    [104] [Peshitta] dice `perdido ante Dios.´

    [105] [Peshitta] dice `cómo van a respirar,´ [DiosHablaHoy] y
    [
    DieBibel] dicen `cómo van a defenderse.´

    [106] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen puede alargar un
    instante/
    una hora su vida.

    [107] [Peshitta] añade `por estas cosas.´

    [108] [DieBibel] dice `administrador,´ [DiosHablaHoy] dice
    `mayordomo.´

    [109] [Peshitta] dice `intoxicarse´

    [110] [WEB] dice `cortará en dos,´ [Peshitta] dice `dividirá,´
    [
    DiosHablaHoy] dice `lo castigará,´ [DieBibel] dice `lo cortará
    en
    pedazos.´

    [111] [WEB], [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen `paz,´
    [Peshitta]
    dice `tranquilidad.´

    [112] Literalmente `lepton.´ Un lepton es una moneda Judía muy
    pequeña de cobre y zinc, cuyo valor es medio cuadrante romano,
    que
    es un cuarto de un asarión de cobre.

    [113] [Peshitta] dice `a los trabajadores.´

    [114] [Peshitta] dice `el próximo año.´

    [115] En [DieBibel] dice `no permitan ser sanados en día
    sabático.´

    [116] literalmente, tres sata. 3 sata son cerca de 39 litros.

    [117] [Peshitta] dice `vivirán.´

    [118] [Peshitta] dice `trabajadores de la falsedad,´
    [DiosHablaHoy]
    dice `malhechores,´ [DieBibel] `todos ustedes que han hecho
    injusticias.´

    [119] [TR] dice «burro» en lugar de «hijo»

    [120] [DieBibel] dice `el puesto más bajo.´

    [121] En [WEB], [Peshitta] dice 'no odia'. La traducción aquí
    escogida 'no me ama más que' es tomada de [DiosHablaHoy].

    [122] Un moneda dracma equivalía aproximadamente al sueldo de
    dos
    días de trabajo agrícola.

    [123] [Peshitta] dice `de muchos.´

    [124] [Peshitta] agrega `una parábola.´

    [125] [DieBibel] dice `para trabajo pesado no sirvo,´
    [DiosHablaHoy
    ] dice `no tengo fuerzas para trabajar la tierra,´ [Peshitta]
    dice
    `no puedo cavar.´

    [126] 100 batos son aproximadamente 395 litros, 104 galones
    E.U.A.
    o 87 galones imperiales.

    [127] 100 cores son aproximadamente 3,910 litros.

    [128] En [DieBibel] dice `él dijo.´

    [129] [Peshitta] dice `verdaderamente les creerá.´

    [130] [DieBibel] dice `esclavo.´

    [131] [WEB] dice `trazo de esfero,´ [Peshitta] dice `una
    letra.´

    [132] [Peshitta] dice `ofensas.´

    [133] [Peshitta] agrega `de un burro.´

    [134] En [DiosHablaHoy] dice `no lo volveré a hacer,´
    [DieBibel]
    dice `cambiaré.´

    [135] [Peshitta] dice `árbol,´ [DiosHablaHoy] dice `morera´

    [136] Ni [DieBibel] ni [DiosHablaHoy] dicen 'Pienso que no'.

    [137] Ni [WEB], ni [Peshitta] dicen `Sólo.´

    [138] [Peshitta] dice `se cruzó con los samaritanos de
    Galilea.´

    [139] [WEB] y [Peshitta] dicen `dentro de ustedes,´ [DieBibel]
    dice: "El Reino de Dios está (ya) entre ustedes", con nota de
    pie
    de página que dice que hay otras posibilidades de traducción:
    "El
    Reino de Dios está un día/repentinamente entre ustedes", o "El
    Reino de Dios está en ustedes". Dice que la última forma no
    concuerda con la forma de nombrar las obras de Dios en el
    interior
    de los hombres en los evangelios. [DiosHablaHoy] dice "entre
    ustedes" con nota al pie de página que dice otra posibilidad
    de
    traducción "dentro de ustedes".

    [140] [Peshitta] dice `brilla todo el cielo.´

    [141] [WEB] dice `De dos,´ [Peshitta], [DiosHablaHoy] y
    [DieBibel]
    dicen `De dos mujeres.´

    [142] Algunos manuscritos en griego y [Peshitta] agregan como
    versículo 36: «De dos que estén en el campo, uno será tomado y
    el
    otro dejado.»

    [143] [Peshitta] dice `Él no deseaba.´

    [144] [DieBibel] agrega `O de lo contrario al final vendrá y
    me
    golpeará la cara.´

    [145] [Peshitta] dice `vengará.´

    [146] [Peshitta] dice `y su largo sufrimiento con ellos,´
    [DieBibel
    ] dice `no los ayudará sino dudará en hacerlo?´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `¿Los hará esperar?´

    [147] [Peshitta] dice `vengará.´

    [148] [Peshitta] dice `más recto.´

    [149] [Peshitta] dice `cuerda.´

    [150] [Peshitta] dice `vivir.´

    [151] [Peshitta] no dice `tratado de forma aberrante´ sino `lo
    escupirán en su cara.´

    [152] [Peshitta] dice `te ha dado vida.´

    [153] [DieBibel] dice `se ha regalado santidad,´ [Peshitta]
    dice
    `vida.´

    [154] [Peshitta] dice `hacer vivir.´

    [155] 10 minas eran mas de tres años de paga de un agricultor.

    [156] [Peshitta] dice `embajadores.´

    [157] [Peshitta] dice `talentos.´

    [158] [Peshitta] dice `monedero.´

    [159] [Peshitta] dice `a intercambio´

    [160] En la versión en inglés dice «Bethsphage», mientras que
    [TR]
    y [NU] dicen «Bethpage.»

    [161] [Peshitta] dice `Beth Zayteh.´

    [162] [Peshitta] dice `milagros.´

    [163] [WEB] dice `hacen parte de tu paz,´ [Peshitta] dice
    `eran
    para tu paz.´

    [164] [Peshitta] no dice esto.

    [165] [Peshitta] dice `los escribas y los ancianos del
    pueblo.´

    [166] [DieBibel] dice `la gente lo oía gustosa.´

    [167] [Peshitta] no dice `Buena Nueva.´

    [168] [TR] y [Peshitta] dicen "jefes de los sacerdotes".

    [169] [NU] (en paréntesis cuadrados), [TR] y [Peshitta]
    agregan «
    cierto.»

    [170] [Peshitta] dice `juicio.´

    [171] [Peshitta] dice `no eres hipócrita.´

    [172] [Peshitta] dice `de obtener de él una palabra.´

    [173] [WEB] dice `esta época,´ [Peshitta], [DieBibel] y [
    DiosHablaHoy] dicen `mundo.´

    [174] [DieBibel] y [Peshitta] dicen `un juicio más severo.´

    [175] Se refiere a la urna para ofrendas del templo.

    [176] En [WEB] dice `dos pequeñas monedas de cobre y zinc,´ y
    una
    nota al pie de página que dice, `literalmente «dos lepta.» 2
    lepta
    eran cerca del 1% del jornal diario de un trabajador
    agrícola.´

    [177] [Peshitta] dice `Yo soy el Mesías.´

    [178] [Peshitta] no dice esto

    [179] [Peshitta] agrega `y los inviernos serán severos.´

    [180] [Peshitta] dice `traicionados.´

    [181] [Peshitta] dice `y ellos matarán a algunos de ustedes.´

    [182] [Peshitta] dice `almas.´

    [183] [Peshitta] dice `Casa de los Olivos.´

    [184] [Peshitta] agrega `y los escribas.´

    [185] En [WEB] y [Peshitta] dice `en el que la Pascua debe ser
    sacrificada.´

    [186] 22,17 es omitido en [Peshitta].

    [187] 22,18 omitido en [Peshitta].

    [188] [Peshitta] dice `los reyes de los gentiles son sus
    señores´

    [189] [Peshitta] dice `les prometo así como el padre me ha
    prometido.´

    [190] La palabra para «hermanos» acá también puede traducirse
    correctamente como «hermanos y hermanas.»

    [191] [DieBibel] y [Peshitta] dicen `porque todo lo que está
    dicho
    sobre mí debe cumplirse.´

    [192] [WEB] dice `es suficiente,´ [Peshitta] dice `son
    suficientes,
    ´ [DiosHablaHoy] dice `basta ya.´

    [193] [Peshitta] agrega «pues esta era la señal que él les
    había
    dado `al que bese, ese es.´»

    [194] [WEB] dice `Al menos déjenme hacer esto´; [DieBibel]
    dice
    `Basta de eso!´; [DiosHablaHoy] dice `Déjenlos; ya basta´; [
    Peshitta] dice `Eso es suficiente.´

    [195] [DieBibel] dice `ahora la oscuridad tiene el poder.´

    [196] [WEB] agrega `y lo llevaron´

    [197] [Peshitta] dice `también estás con ellos.´

    [198] [Peshitta] no dice `y lo golpeaban.´

    [199] [Peshitta] dice `blasfemaban.´

    [200] [Peshitta] dice `algunas señales.´

    [201] [Peshitta] dice `un vestido púrpura.´

    [202] [Peshitta] dice `eran enemigos desde el comienzo.´

    [203] [Peshitta] dice `mandatarios de la gente.´

    [204] [DieBibel] no dice esta parte, aunque la agrega en un
    pie de
    página indicando que algunos textos la incluyen. [Peshitta]
    dice
    `Era una costumbre que les liberara a un preso en la fiesta.´

    [205] [Peshitta] dice `hizo vivir a otros.´

    [206] [Peshitta] dice `blasfemaba y le dijo.´

    [207] El tiempo se contaba desde la salida del sol, así que la
    sexta hora esa cerca del mediodía.

    [208] 3:00 PM

    [209] [Peshitta] dice `y se terminó.´

    [210] [Peshitta] agrega `de Arimatea, una ciudad de Judea.´

    [211] [Peshitta] dice `el día se estaba terminando.´

    [212] [DieBibel] no dice `y otros.´

    [213] En [DiosHablaHoy] dice `Las que llevaron la noticia a
    los
    apóstoles fueron María Magdalena, Juana, María madre de
    Santiago y
    las otras mujeres.´

    [214] 60 estadios = cerca de 11 kilómetros o cerca de 7
    millas.

    [215] [Peshitta] dice `Algunas de nuestras mujeres.´

    [216] [Peshitta] dice `y el los hizo suponer que iba a un
    lugar
    distante.´

    [217] [Peshitta] agrega `Soy yo, no tengan miedo.´

    [218] [DieBibel] no menciona la miel.

    [219] [DieBibel] dice `predicar para la conversión y así el
    perdón
    de los pecados.´

    Bibliografía

    [DieBibel] Einheitsübersetzung der Heiligen Schrift. Die
    Bibel.
    Gesamtausgabe. Otto Knoch, Heinrich Arenhe, Gerhard Barth, et
    al.
    Verlag Katholissches Bibelwerk GmbH. 1980. Todos los derechos
    reservados.

    [DiosHablaHoy] Dios Habla Hoy. La Biblia. Sociedades bíblicas
    unidas. 1995. Todos los derechos reservados.

    [Peshitta] Peshitta Aramaic/English Interlinear New Testament.
    Paul
    D. Younan. http://www.peshitta.org/ Permite uso o reproducción
    de
    cualquier parte en cualquier forma sin permiso previo.

    [WEB] World English Bible Michael Johnson con base en American
    Standard Bible de 1911. http://www.ebible.org 2002. Dominio
    público.

    [Elberfelder] Johannes Evangelium: mit Erklärungen von Werner
    Heukelbach. Elberfelder. Missionswerk Werner Heukelbach. Todos
    los
    derechos reservados.

    [esv] Las sagradas Escrituras Versión Antigua. Russell Martin
    Stendal. Copyright (c) 1999. Puede ser usada libremente
    siempre y
    cuando su contenido no sea alterado.

    [TR] Textus Receptus. Greek New Testament underlying the King
    James
    Version.

    [NU] Nestle-Aland ed. 27/UBS ed. 4.

    [MT] Majority Text Greek New Testament.

    ——————————————————————-

  • Buena Nueva de acuerdo a Juan Traducción de dominio público abierta a mejoras

    Buena Nueva de acuerdo a Juan Traducción de dominio público abierta a mejoras

    Aproximadamente 20.281 palavras.

    Development site http://de.geocities.com/nuestroamigojesus/bdp

    ——————————————————————-

    Esta traducción se basa especialmente en la biblia World English
    Bible – WEB (http://www.ebible.org). Así como la biblia World
    English Bible, esta traducción y sus fuentes se liberan al dominio
    público. En particular están permitidos por siempre el uso
    ilimitado, la redistribución, reproducción y retransmisión por
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    Nosotros, los traductores, no ofrecemos garantía alguna, sólo
    quisiéramos hacer la voluntad de Dios (aunque no estamos seguros de
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    requiere una traducción de un texto inspirado por Dios, nos
    atrevimos a comenzar porque no habíamos encontrado una versión de
    este texto en español y de dominio público. Probablemente al
    traducir hemos introducido errores y eventualmente la versión en la
    que nos basamos también tenga (aunque hemos procurado comparar con
    otras traducciones). Quien movido por su fe en Jesús desee mejorar
    esta traducción está cordialmente invitados al grupo virtual
    evangelios-dp http://groups.yahoo.com/group/evangelios-dp Puede
    buscar actualizaciones o citar como fuente de la traducción:
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    Lo invitamos a difundir
    esta traducción, a mejorarla pero sobre todo a colaborar en la
    construcción del Reino de Dios que creemos se logra haciendo la
    voluntad de Dios, siguiendo a Jesús.

    ——————————————————————-

    ——————————————————————-

    Buena Nueva de acuerdo a Juan

    ——————————————————————-
    [1]

    1

    001:001 Al comienzo estaba la Palabra[2] la cual estaba con Dios y la
    Palabra era Dios [3].
    001:002 Lo mismo era al comienzo con Dios [4].
    001:003 Todas las cosas fueron creadas a través de Él. Sin Él no se
    habría creado nada de lo que se ha creado.
    001:004 En Él estaba la vida, y la vida fue la luz de los hombres.
    001:005 La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la
    subyugó[5].
    001:006 Llegó un hombre enviado por Dios cuyo nombre era Juan.
    001:007 El mismo vino como un testigo, para atestiguar sobre la luz
    para que todos pudieran creer a través de él.
    001:008 Él no era la luz, pero fue enviado para poder dar testimonio
    sobre la luz.
    001:009 La luz verdadera que ilumina a todos estaba llegando al
    mundo[6].

    001:010 Él estaba en el mundo y el mundo fue hecho a través de Él, y
    el mundo no lo reconoció.
    001:011 Él vino a sus propios y aquellos que eran sus propios no lo
    recibieron.
    001:012 Pero a cuantos lo recibieron, a ellos les dio el derecho[7] de
    convertirse en hijos de Dios, aquellos que creyeron en su
    nombre:
    001:013 quienes no nacieron de la sangre, ni del deseo de carne, ni
    del deseo del hombre sino de Dios.
    001:014 La palabra se convirtió en carne y vivió entre nosotros. Vimos
    su gloria, tal gloria como la del único Hijo del Padre, lleno
    de gracia y verdad.
    001:015 Juan dio testimonio de Él. Gritó diciendo « Este es aquel del
    que yo decía, `Él que viene detrás mi me sobrepasa porque Él
    estaba antes que yo.´»
    001:016 De su abundancia todos hemos recibido gracia sobre gracia[8].
    001:017 Pues la ley fue dada a través de Moisés. La gracia y la
    verdad[9] llegaron a través de Jesús Cristo.
    001:018 Nadie ha visto a Dios en ningún momento. El único Hijo[10],
    que esta en el corazón del Padre, Él lo ha declarado.

    001:019 Este es el testimonio de Juan, cuando los Judíos mandaron
    sacerdotes y Levitas de Jerusalén a preguntarle, «¿Quien
    eres?»

    001:020 El confesó, y no lo negó, sino que declaró, «Yo no soy el
    Cristo. »

    001:021 Ellos le preguntaron, «¿Entonces quién? ¿Eres Elías?»
    Él dijo, «Yo no soy.»
    «¿Eres tu el Profeta?»
    Él contestó, «No»

    001:022 Ellos le dijeron entonces, «¿Quién eres? Danos una respuesta
    para llevarla a los que nos enviaron. ¿Qué dices sobre ti
    mismo?»

    001:023 Él dijo, «Soy la voz de alguien que grita en el desierto,
    `Enderecen el camino del Señor,´ como el profeta Isaías
    dijo.»

    001:024 Los que habían sido enviado eran de los fariseos.
    001:025 Le preguntaron, «¿Por qué bautizas, si no eres Cristo, ni
    Elías, ni el Profeta?»

    001:026 Juan les contestó, «Yo bautizo en agua, pero entre ustedes hay
    uno que ustedes no conocen.
    001:027 Él es quien viene después de mí, pero que está antes de
    mi[11], de quien no soy digno de amarrar sus sandalias.»
    001:028 Estas cosas ocurrieron en Betania más allá del Jordán [12] ,
    donde Juan estaba bautizando.

    001:029 Al día siguiente,vio a Jesús llegando donde él, y le dijo, «¡
    Observen, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!
    001:030 Este es de quien yo he dicho, `Después de mi viene un hombre
    que es preferido sobre mi, porque Él estaba antes que yo.´
    001:031 No lo conocía, pero por esta razón yo vine bautizando con
    agua: para que Él fuera revelado a Israel.»
    001:032 Juan dio testimonio diciendo, «He visto al Espíritu
    descendiendo como una paloma del cielo, y permaneció sobre Él.
    001:033 Yo no lo reconocía, pero aquel que me envió a bautizar en
    agua, me dijo, `En quien veas al Espíritu descendiendo y
    permaneciendo sobre Él, será el mismo que bautiza en el
    Espíritu Santo.´
    001:034 Yo he visto, y doy testimonio que este es el Hijo de Dios.»

    001:035 Nuevamente al día siguiente[13], Juan se encontraba con dos de
    sus discípulos,
    001:036 vio a Jesús cuando se acercaba y dijo, «¡ Observen, el Cordero
    de Dios!»
    001:037 Los dos discípulos lo escucharon hablar, y siguieron a Jesús.
    001:038 Jesús se dio vuelta, los vio siguiéndolo, y les dijo, «¿Qué
    están buscando?»
    Ellos le dijeron, «Rabí» (lo cual se interpreta como
    Maestro[14]) « ¿Dónde te estás quedando?»

    001:039 Él les dijo, «Vengan y vean.»
    Fueron y vieron donde se estaba quedando, y se quedaron con Él
    ese día. Era aproximadamente la décima hora[15].
    001:040 Uno de los dos que habían escuchado a Juan, y lo había seguido
    era Andrés, hermano de Simón Pedro.
    001:041 Primero encontró a su propio hermano Simón y le dijo «Hemos
    encontrado al Mesías!» (que se interpreta como Cristo [16]).
    001:042 Lo llevo donde Jesús. Jesús lo miró, y dijo, «Tu eres Simón,
    el hijo de Jonás[17] . Tu serás llamado Cefas» (que se
    interpreta como Pedro [18]).
    001:043 Al día siguiente, estaba determinado a ir a Galilea, y
    encontró a Felipe. Jesús le dijo, «Sígueme.»
    001:044 Ocurría que Felipe era de la ciudad de Betsaida[19], de la
    ciudad de Andrés y Pedro.
    001:045 Felipe encontró a Natanael, y le dijo, «Lo hemos encontrado, a
    aquel sobre quienes escribieron los profetas y Moisés en la
    ley: Jesús de Nazaret, el hijo de José.»

    001:046 Natanael le dijo, «¿Puede algo bueno venir de Nazaret?»
    Felipe le dijo, «Ven y ves.»

    001:047 Jesús vio a Natanael acercándose, y le dijo, «¡Observen, un
    Israelita de verdad, en quien no hay fraude!

    001:048 Natanael le dijo, «¿Cómo me conoces?»
    Jesús le contestó, «Antes de que Felipe te llamara, cuando
    estabas debajo del árbol de higos, te vi.»

    001:049 Natanael le contestó, «Rabí, ¡Tu eres el Hijo de Dios! ¡Tu
    eres el Rey de Israel!»

    001:050 Jesús le contestó, «¿Crees porque te dije, `Te vi debajo del
    árbol de higos´? ¡Verás cosas más grande que estas!»
    001:051 Le dijo, « Con seguridad, te digo, desde ahora verás el cielo
    abierto, y a los ángeles de Dios ascendiendo y descendiendo
    sobre el Hijo del Hombre.»

    2

    002:001 Al tercer día, hubo una boda en Caná de Galilea. La madre de
    Jesús estaba allí.
    002:002 Jesús también fue invitado a la boda junto con sus discípulos.
    002:003 Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo, « No
    tienen más vino.»

    002:004 Jesús le dijo, «Mujer, ¿Qué tiene que ver eso contigo o
    conmigo[20 ]? Mi hora aún no ha llegado.»

    002:005 Su madre le dijo a los criado, «Lo que sea que él les diga,
    háganlo.»
    002:006 Habían seis jarras de piedra ubicadas de acuerdo a la forma
    Judía de purificar[21], contenían dos o tres metretes [22]
    cada una.
    002:007 Jesús les dijo, «Llenen las jarras con agua.» Ellos las
    llenaron hasta el borde.
    002:008 El les dijo, «Ahora saquen algo, y llévenlo al anfitrión de la
    fiesta.» Entonces así lo hicieron.
    002:009 Cuando el anfitrión de la fiesta probó el agua, entonces
    convertida en vino, sin saber de donde venia (aunque los
    criados que habían tomado el agua lo sabían), llamó al recién
    casado,
    002:010 y le dijo, «Todos sirven el vino bueno primero, y cuando los
    invitados han bebido libremente[23], el que es peor. ¡Tu has
    guardado el vino bueno hasta ahora!»
    002:011 Esto da comienzo a las señales que Jesús hizo en Caná de
    Galilea, y reveló su gloria; y sus discípulos creyeron en Él.

    002:012 Después de esto, siguió hacia Capernaum, Él, su madre, sus
    hermanos[24] , y sus discípulos; y permanecieron allí algunos
    días.
    002:013 La Pascua de los Judíos estaba a mano, y Jesús se dirigía a
    Jerusalén.
    002:014 En el templo encontró a algunos que vendían bueyes, ovejas y
    palomas y a cambiadores de dinero sentados.
    002:015 Hizo una correa con cuerdas, y los sacó a todos del templo,
    junto con ovejas y bueyes, regó el dinero de los cambiadores y
    y volteó sus mesas.
    002:016 A los que vendían palomas, les dijo, «¡Saquen de aquí estas
    cosas! ¡No hagan de la casa de mi Padre un mercado!
    002:017 Sus discípulos recordaron que estaba escrito «El fervor por tu
    casa me consume.»

    002:018 Los Judíos entonces le dijeron, «¿Qué señal nos muestras, en
    vista de que haces estas cosas?»

    002:019 Jesús les contestó, «Destruyan este templo, y en tres días lo
    levantaré.»

    002:020 Los Judíos entonces le dijeron, «Este templo estuvo en
    construcción durante cuarenta y seis años, ¿Y tu lo levantarás
    en tres días?»
    002:021 Pero Él hablaba del templo de su cuerpo.
    002:022 Después, cuando se levantó de entre los muertos, sus
    discípulos recordaron que había dicho esto, y creyeron en la
    Escritura, y en la palabra que Jesús había dicho.

    002:023 Cuando estuvo en Jerusalén en la Pascua, durante la fiesta,
    muchos creyeron en su nombre, al ver las señales que hacía.
    002:024 Pero Jesús no se confiaba de ellos, porque los conocía a todos
    002:025 y porque no necesitaba que alguien diera testimonio sobre los
    hombres; porque Él mismo conocía lo que estaba dentro de los
    hombres.

    3

    003:001 Ocurrió que había un hombre de los fariseos llamado Nicodemo,
    un dirigente de los Judíos.
    003:002 El mismo fue donde Jesús en la noche, y le dijo, «Rabí,
    sabemos que eres un maestro venido de Dios, porque nadie puede
    hacer estas señales que haces, a menos que Dios esté con él.»

    003:003 Jesús le contestó, «Con seguridad, te digo, a menos que se
    nazca de nuevo[25], no es posible ver el Reino de Dios.»

    003:004 Nicodemo le dijo, «¿Cómo puede un hombre nacer cuando es
    viejo? ¿ Puede entrar una segunda vez al vientre de su madre y
    nacer?»

    003:005 Jesús le contestó, «Con seguridad te digo, a menos que se
    nazca de agua y espíritu, ¡No se puede entrar al Reino de
    Dios!
    003:006 Porque lo que nace de carne es carne. Lo que nace del Espíritu
    es espíritu.
    003:007 No te maravilles porque te digo, `Debes nacer de nuevo.´
    003:008 El viento[26] sopla donde quiere, y tu escuchas su sonido,
    pero no sabes de donde viene ni a donde va. Así es todo aquel
    que nace del Espíritu.»

    003:009 Nicodemo le contestó, «¿Cómo pueden ser estas cosas?»

    003:010 Jesús le contestó, «¿Eres el profesor de Israel, y no
    entiendes estas cosas?
    003:011 Con seguridad te digo, hablamos de aquello que conocemos, y
    damos testimonio de aquello que hemos visto, y tu no haz
    recibido nuestro testimonio.
    003:012 Si yo les digo cosas terrenales y ustedes no creen, ¿Cómo
    creerán si les digo cosas del cielo?
    003:013 Nadie ha ascendido al cielo, excepto aquel que descendió del
    cielo, el Hijo del Hombre, quien está en el cielo[27].
    003:014 Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe
    ser levantado el Hijo del Hombre,
    003:015 para que cualquiera que crea en Él no perezca, sino que tenga
    vida eterna.
    003:016 Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su único Hijo,
    para que cualquiera que crean en Él no perezca, sino que tenga
    vida eterna.
    003:017 Porque Dios no envió su Hijo al mundo a juzgarlo[28], sino a
    que el mundo fuera salvado[29] por intermedio de Él.
    003:018 Aquel que cree en Él no es juzgado. Aquel que no crea ya ha
    sido juzgado, porque no ha creído en el nombre del único Hijo
    de Dios.
    003:019 Este es el juicio, que la luz ha venido al mundo, pero los
    hombres amaban la oscuridad en lugar de la luz; pues sus obras
    eran malas.
    003:020 Porque todo aquel que hace el mal odia la luz, y no viene a la
    luz por temor a que sus obras queden expuestas.
    003:021 Pero aquel que practica la verdad viene a la luz, para que sus
    obras puedan ser reveladas, pues han sido hechas en Dios.»

    003:022 Después de estas cosas, Jesús fue con sus discípulos a la
    tierra de Judea. Allí se quedaron, y bautizaron.
    003:023 Juan también estaba bautizando en Enón cerca de Salim, porque
    había mucha agua allí. Ellos fueron para ser bautizados[30].
    003:024 Porque Juan aún no había sido arrojado a la prisión.
    003:025 Allí se llego a una pregunta por parte de los discípulos de
    Juan[31]con algunos judíos [32] sobre la purificación.
    003:026 Llegaron donde Juan y le dijeron, «Rabí, aquel que estaba
    contigo mas allá del Jordán,[33] de quien has dado testimonio,
    bautiza también y todos van a Él.»

    003:027 Juan contestó, «Un hombre no puede recibir nada si no le ha
    sido dado por el cielo.
    003:028 Ustedes dan testimonio por lo que dije, `Yo no soy el Cristo,´
    sino[34] que, `he sido enviado antes de Él.´
    003:029 Aquel que tiene la novia es el novio; pero el amigo del novio,
    que se mantiene a la escucha, se alegra con la voz del novio.
    Esta, mi felicidad, está entonces completa.
    003:030 El debe crecer mientras que yo debo disminuir.
    003:031 Aquel que viene de arriba está arriba de todos. Aquel que es
    de la tierra pertenece a la tierra y habla sobre ella. Aquel
    que viene del cielo está sobre todos.
    003:032 Lo que Él ha escuchado y visto, de eso da testimonio; pero
    nadie recibe su testimonio.
    003:033 Aquel que reciba su testimonio ha puesto su sello en esto, que
    en verdad es Dios. [35]
    003:034 Porque aquel al que Dios ha enviado habla las palabras de
    Dios; pues Dios da Espíritu sin medida.
    003:035 El Padre ama al Hijo, y le ha dado todas las cosas en su mano.
    003:036 Quien cree en el Hijo tiene vida eterna, pero quien
    desobedece[36] al Hijo no verá la vida, sino que la
    indignación de Dios permanecerá en Él.»

    4

    004:001 Así que cuando el Señor[37] supo que los fariseos habían oído
    que Él estaba haciendo y bautizando más discípulos que Juan
    004:002 (aunque Jesús mismo no los bautizaba, sino sus discípulos),
    004:003 dejó Judea, y salió hacia Galilea.
    004:004 Necesitó pasar por Samaria.
    004:005 Así que fue a una ciudad de Samaria, llamada Sicar, cerca a la
    parcela de tierra que Jacob dio a su hijo, José.
    004:006 El pozo de Jacob[38] estaba allí. Jesús entonces, cansado de
    su viaje, se sentó cerca al pozo. Era cerca de la sexta
    hora[39].
    004:007 Una mujer de Samaria vino a sacar agua. Jesús le dijo, «Dame
    de beber.»
    004:008 Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar
    alimentos.

    004:009 Entonces la mujer samaritana le dijo, «¿Cómo es esto que tu,
    siendo Judío, me pides de beber a mí, una mujer samaritana?»
    (Porque los Judíos no tenían trato con los samaritanos.)

    004:010 Jesús le contestó, «Si tu conocieras los regalos de Dios,[40]
    y quien es quien te dice, `Dame de beber,´ le habrías pedido y
    Él te habría dado agua viva.»

    004:011 La mujer le dijo, «Señor, tu no tienes con que sacarla, y el
    pozo es profundo. ¿De donde entonces tienes agua viva?
    004:012 ¿Eres más grande que nuestro padre, Jacob, quien nos dio este
    pozo, y bebió de aquí él mismo, como hicieron sus niños, y sus
    rebaños?»

    004:013 Jesús le contestó, «Todo aquel que beba de esta agua volverá a
    tener sed,
    004:014 pero aquel que beba del agua que yo le de, no volverá a tener
    sed; sino que el agua que yo le de será en él una fuente de
    agua que salta a la vida eterna [41].»

    004:015 La mujer le dijo, «Señor, dame de esa agua, para no tener sed
    de nuevo, y para no tener que recorrer todo el camino hasta
    aquí a sacar.»

    004:016 Jesús le dijo, «Ve, llama a tu marido, y vuelve.»

    004:017 La mujer le contestó, «No tengo marido.»
    Jesús le dijo, «Dijiste bien, `No tengo marido,´
    004:018 porque tuviste 5 maridos; y con el que estás ahora no es tu
    marido. Esto que has dicho es verdad.»

    004:019 La mujer le dijo, «Señor, percibo que eres un profeta.
    004:020 Nuestros padres alabaron en estas montañas, y ustedes los
    Judíos dicen que en Jerusalén es el sitio donde la gente
    debería adorar.»

    004:021 Jesús le dijo «Mujer, creeme, vendrá la hora, cuando ni en
    esta montaña, ni en Jerusalén, alabarán al Padre [42].
    004:022 Ustedes alaban lo que no conocen. Nosotros alabamos lo que
    conocemos; porque la salvación es de los Judíos.
    004:023 Pero la hora llega, y ahora es, cuando el verdadero adorador
    alabará al Padre en espíritu y verdad; porque el Padre busca
    aquellos para que sean quienes lo alaben[43].
    004:024 Dios es Espíritu, y aquellos que lo alaban, deben alabar en
    espíritu y verdad.»

    004:025 La mujer le dijo, «Yo se que el Mesías viene,» (aquel que es
    llamado Cristo[44]). «Cuando venga, nos declarará todas estas
    cosas.»

    004:026 Jesús le dijo, «Yo soy Él. Quien contigo habla.»
    004:027 Entonces llegaron sus discípulos. Se maravillaron porque Él
    hablaba con una mujer; aunque ninguno dijo, «¿Qué estás
    buscando?»[45] o «¿Por qué hablas con ella?»
    004:028 Así que la mujer dejó su jarra de agua, y fue a la ciudad, y
    le dijo a la gente,
    004:029 «Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que he
    hecho. ¿Puede este ser el Cristo?»

    004:030 La gente salió de la ciudad, y fue donde Él.
    004:031 Mientras tanto, los discípulos lo apuraron diciendo, «Rabí,
    come.»

    004:032 Pero Él les dijo, «Tengo alimento para comer[46], del que
    ustedes no saben»

    004:033 Los discípulos entonces se dijeron unos a otros, «¿Alguien le
    ha traído algo de comer?»

    004:034 Jesús les dijo, «Mi alimento es hacer la voluntad del que me
    envió, y completar su trabajo[47].
    004:035 ¿No dicen ustedes, `Aún quedan cuatro meses para la cosecha?´
    Observen, les digo levanten sus ojos y vean los campos que ya
    están blancos[48] para la cosecha.
    004:036 Aquel que recoge recibe jornal, y recoge fruto para la vida
    eterna; para que tanto el que cultiva como el que recoge
    puedan disfrutar juntos.
    004:037 Porque esta frase es cierta, `Uno siembra, y otro recoge. ´
    004:038 Los envié a recoger aquello por lo que no han trabajado. Otros
    lo han trabajado, y ustedes han entrado en su trabajo.»

    004:039 Muchos de la ciudad de los Samaritanos creyeron en Él por las
    palabras de la mujer que había dado testimonio, «Me dijo todo
    lo que había hecho.»
    004:040 Así que cuando los samaritanos fueron donde Él, le rogaron
    quedarse con ellos. Él se quedó allí dos días.
    004:041 Muchos más creyeron por causa de su palabra.
    004:042 Le dijeron a la mujer, « Ahora creemos, no por lo que has
    dicho; sino porque lo hemos oído por nosotros mismos, y
    sabemos que de hecho este es el Cristo[49], el Salvador del
    mundo.»

    004:043 Después de dos días Él salio de allí y fue a Galilea.
    004:044 Porque Jesús mismo dio testimonio que un profeta no tiene
    honor en su propia tierra.
    004:045 Así que cuando fue a Galilea, la gente de Galilea lo recibió,
    habiendo visto todas las cosas que hizo en Jerusalén durante
    la fiesta, porque ellos también habían ido a la fiesta.
    004:046 Entonces Jesús fue de nuevo a Cana en Galilea, donde había
    convertido el agua en vino. Había cierto hombre noble[50] cuyo
    hijo estaba enfermo en Capernaum.
    004:047 Cuando escuchó que Jesús había salido de Judea hacia Galilea,
    fue donde Él, y le rogó que viniera y sanara a su hijo, porque
    estaba a punto de morir.
    004:048 Jesús entonces le dijo, «A menos que ustedes vean señales y
    maravillas, no creerán de forma alguna.»

    004:049 El hombre noble le dijo, «Señor, ven antes de que mi niño
    muera.»
    004:050 Jesús le dijo, «Ve por tu camino. Tu hijo vive.» El hombre
    creyó la palabra que Jesús le había dicho, y fue por su
    camino.
    004:051 Mientras se acercaba, sus siervos lo encontraron y le
    reportaron «¡Tu hijo vive!»
    004:052 Así que Él les preguntó la hora a la que había empezado a
    mejorar. Ellos entonces le dijeron, «Ayer a la séptima
    hora[51] la fiebre lo abandonó.»
    004:053 Así que el padre sabiendo que esa era la hora en la que Jesús
    le había dicho, «Tu hijo vive.» Creyó, así como su casa
    entera[52].
    004:054 Es es nuevamente la segunda señal que Jesús hizo, saliendo de
    Judea hacia Galilea.

    5

    005:001 Después de esto, hubo una fiesta de los Judíos, y Jesús fue a
    Jerusalén.
    005:002 En Jerusalén por la puerta de las ovejas[53], hay una
    piscina[54], llamada en Hebreo, «Betesda[55],» la cual tiene
    cinco pórticos.
    005:003 En estos yacía una gran multitud de enfermos, ciegos,
    inválidos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua;
    005:004 porque un ángel del Señor bajaba en ocasiones a la piscina, y
    agitaba el agua. Quien entrara primero después de la agitación
    quedaba limpio de cualquier enfermedad que tuviera. [56]
    005:005 Cierto hombre estaba allí, había estado enfermo por treinta y
    ocho años.
    005:006 Cuando Jesús lo vio yaciendo allí, y supo que había estado
    enfermo por un largo tiempo, le preguntó, «¿Deseas ser
    sanado?»

    005:007 El hombre enfermo le contestó, «Señor, no tengo nadie que me
    ponga en la piscina cuando el agua se agita, mientras llego
    otro entra antes que yo.»

    005:008 Jesús le dijo, «Levántate, toma tu camilla y camina.»

    005:009 Inmediatamente, el hombre sanó, tomó su camilla y caminó.
    Ocurrió que ese día era sabático[57].
    005:010 Así que los Judíos le dijeron al que había sino sanado, «Es el
    día sabático. No es permitido para ti cargar la camilla.»

    005:011 Él les contestó, «Aquel que me sanó, también me dijo, `Toma tu
    camilla y camina.´»

    005:012 Después ellos le preguntaron, «¿Quién es el hombre que te
    dijo, `Toma tu camilla y camina´?»

    005:013 Pero aquel que fue curado no sabía quien lo había hecho,
    porque Jesús se había ido[58] y había una multitud en el
    lugar.

    005:014 Luego Jesús lo encontró en el templo, y le dijo «Pon atención,
    ya estas sano, no peques más, para que nada peor te suceda.»

    005:015 El hombre se fue, y le dijo a los judíos que había sido Jesús
    quien lo había sanado.
    005:016 Por esto los judíos persiguieron a Jesús, y buscaban matarlo,
    porque hizo estas cosas el día sabático.
    005:017 Pero Jesús les contestó, «Mi Padre aún está trabajando, así
    que yo estoy trabajando, también.»
    005:018 Por esta razón los judíos buscaban aún más matarlo, porque no
    sólo rompía el día sabático, sino también llamaba su Padre a
    Dios, haciéndose Él mismo igual a Dios.
    005:019 Jesús entonces les contestó, «Con seguridad, les digo, el Hijo
    no puede hacer nada por si mismo, sino lo que ve hacer al
    Padre. Porque cualquier cosa que Él haga, así mismo las hace
    el Hijo.
    005:020 Porque el Padre tiene afecto por el Hijo, y le muestra todas
    las cosas que Él mismo hace. Él le mostrará obras más grandes
    que está, para que puedan maravillarse.
    005:021 Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da vida,
    también el Hijo le da vida a quien Él desee.
    005:022 Porque el Padre no juzga a nadie, pero le ha dado todo juicio
    al Hijo,
    005:023 para que todos puedan honrar al Hijo, así como alaban al
    Padre. Aquél que no honre al Hijo no honra al Padre que lo
    envió.

    005:024 «Con seguridad les digo, aquel que escuche mi palabra, y
    creerá en quien me envió, tiene vida eterna, y no va a
    juicios, sino que ha pasado de muerto a vivo.
    005:025 Con seguridad les digo, llega la hora, y es ahora, cuando los
    muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y aquellos que escuchen
    vivirán.
    005:026 Porque así como le Padre tiene vida en si mismo, así le dio al
    Hijo también para tener vida en si mismo.
    005:027 También le dio su autoridad para ejercer juicios, porque Él es
    un hijo de hombre[59].
    005:028 No se maravillen de esto, porque la hora llega, en la que
    todos los que están en las tumbas oirán su voz,
    005:029 y saldrán; aquellos que han hecho bien, a la resurrección de
    la vida; y aquellos que han hecho mal, a la resurrección del
    juicio.
    005:030 Por mi mismo no puedo hacer nada. Cuando escucho[60], juzgo, y
    mi juicio es justo; porque no busco mi propia voluntad, sino
    la voluntad de mi Padre quien me envió.

    005:031 «Si doy testimonio sobre mi mismo, mi testimonio no es
    válido.
    005:032 Es otro quien da testimonio sobre mi. Se que el testimonio que
    da sobre mí es cierto.
    005:033 Ustedes han sido[61] enviados a Juan, y él ha dado testimonio
    a la verdad.
    005:034 Pero el testimonio que recibo no es de hombres. Aunque, digo
    estas cosas para que se puedan salvar.
    005:035 Él era la lampara brillante y encendida, y ustedes estaban
    ansiosos por alegrarse un tiempo en su luz.
    005:036 Pero el testimonio que tengo es más grande que el de Juan,
    pues los trabajos que el Padre me dio para cumplir, los
    trabajos precisos que hago, dan testimonio sobre mi: que el
    Padre me ha enviado.
    005:037 El Padre mismo, quien me envió, ha dado testimonio sobre mí.
    Ustedes no han oído su voz en momento alguno, ni han visto su
    forma.
    005:038 Ustedes no tienen su palabra viva en ustedes; porque no creen
    en aquel que Él envío.

    005:039 «Buscan las Escrituras, porque piensan que en ellas tienen
    vida eterna; y estas son las que dan testimonio sobre mí.
    005:040 Pero ustedes no desean venir a mí[62], para poder tener vida.
    005:041 No recibo gloria de los hombres.
    005:042 Pero se, que ustedes no tienen el amor de Dios en ustedes
    mismos.
    005:043 Yo he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben.
    Si otro viene en su propio nombre, ustedes lo recibirán.
    005:044 ¿Cómo pueden ustedes creer, que reciben gloria quienes se
    alaban unos a otros[63], y no buscan la gloria que viene del
    único Dios?

    005:045 «No piensen que los acusaré ante el Padre. Hay uno que los
    acusará, Moisés[64], en quien ustedes han puesto su
    esperanza.
    005:046 Porque si creyeran en Moisés, creerían en mí, pues él escribió
    sobre mi.
    005:047 Pero si no creen sus escritos, ¿Cómo creerán mis palabras?»

    6

    006:001 Después de estas cosas, Jesús fue al otro lado del lago[65]
    Galilea, que también es llamado el Lago de Tiberias[66].
    006:002 Una gran multitud lo seguía, porque habían visto los milagros
    que hizo con quienes estaban enfermos.
    006:003 Jesús subió a una montaña, y se sentó allí con sus discípulos.
    006:004 Ocurría que la Pascua, la fiesta de los Judíos, estaba a mano.
    006:005 Jesús entonces levantando sus ojos, y viendo que una gran
    multitud venía a Él, le dijo a Felipe, «¿Dónde vamos a comprar
    pan, para que estos puedan comer?»
    006:006 Esto lo dijo para probarlo, porque el mismo sabía lo que
    haría.

    006:007 Felipe contestó, «Doscientos denarios en pan no serían
    suficientes para que cada uno de ellos reciba un poco.»

    006:008 Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Pedro, le dijo,
    006:009 «Hay un niño aquí que tiene cinco panes de cebada[67] y dos
    pescados, pero ¿Qué es esto para tantos?»

    006:010 Jesús dijo, «Hagan que la gente se siente.» En ese lugar había
    mucho espacio en el pasto. Así que los hombres se sentaron,
    quienes eran alrededor de cinco mil.
    006:011 Jesús tomó los pedazos, y habiendo dado gracias, comenzó a
    distribuirlos a los discípulos, y los discípulos a los que
    estaban sentados[68]; de la misma forma con los peces tanto
    como ellos deseaban.
    006:012 Cuando estuvieron llenos, le dijo a sus discípulos, «Recojan
    los pedazos que quedaron, para que nada se pierda.»
    006:013 Así que los recolectaron, y llenaron doce canastos con los
    restos de las cinco tajadas, que habían dejado los que habían
    comido[69].
    006:014 Entonces cuando la gente vio las señales que Jesús hizo,
    dijeron, «Este es verdaderamente el profeta que viene al
    mundo.»
    006:015 Entonces Jesús, percibiendo que iban a ir y tomarlo por la
    fuerza, para hacerlo rey, se retiró a la montaña. [ 70]

    006:016 Cuando se hizo noche, sus discípulos fueron al lago
    006:017 entraron al bote y fueron por el lago hacia Capernaum. Estaba
    oscuro y Jesús aún no había ido donde ellos.
    006:018 El lago era agitado por un gran viento que soplaba.
    006:019 Entonces, cuando habían remado cerca de veinticinco o treinta
    estadios[71] vieron a Jesús caminando sobre el lago, y
    acercándose al bote; y tuvieron miedo.
    006:020 Pero Él les dijo, «SOY YO. No tengan miedo.»
    006:021 Entonces deseaban recibirlo en el bote. Y de inmediato el bote
    quedó en tierra en el sitio al que se dirigían.

    006:022 Al día siguiente, la multitud que estaba al otro lado del lago
    vio que no habían más botes allí excepto en el que se habían
    embarcado los discípulos, y que Jesús no había entrado con sus
    discípulos en el bote, sino que ellos se habían ido solos.
    006:023 Sin embargo llegaron botes de Tiberia cerca al sitio donde
    comieron pan después de que el Señor había dado gracias.
    006:024 Entonces cuando la multitud vio que Jesús no estaba allí, ni
    sus discípulos, ellos mismos entraron en los botes, y fueron a
    Capernaum, buscando a Jesús.
    006:025 Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron,
    «Rabí, ¿Cuándo viniste aquí?»

    006:026 Jesús les contestó, «Con seguridad les digo, me buscan, no
    porque vieron señales, sino porque comieron pan y quedaron
    llenos.
    006:027 No trabajen por la comida que perece, sino por la comida que
    permanece en la vida eterna, de la cual el Hijo del Hombre les
    dará. Porque Dios el Padre se lo ha concedido.»

    006:028 Ellos entonces le dijeron, «¿Qué debemos hacer, para poder
    realizar los trabajos de Dios?»

    006:029 Jesús les contestó, «Este es el trabajo de Dios, que ustedes
    crean en aquel que Él ha enviado.»

    006:030 Entonces ellos le dijeron, «¿Qué señal haces para que podamos
    ver y creerte? ¿Qué obras realizas?
    006:031 Nuestros padres comieron mana en el desierto. Como está
    escrito, `Él les dio pan del cielo[72] para comer.´»

    006:032 Jesús entonces les dijo, «Con seguridad, les digo, no fue
    Moisés quien les dio pan del cielo, sino mi Padre da el
    verdadero pan del cielo.
    006:033 Porque el pan de Dios es quien viene del cielo, y da vida a
    este mundo.»

    006:034 Entonces le dijeron, «Señor, danos siempre de este pan.»

    006:035 Jesús les dijo, «Soy el pan de la vida. Quien venga a mi no
    tendrá hambre, y aquel que crea en mi nunca estará sediento.
    006:036 Pero ya les dije, que ustedes me han visto, y aún no creen en
    mí.
    006:037 Todos aquellos que mi Padre me de, vendrán a mí. A aquel que
    venga a mí de ninguna forma lo rechazaré.
    006:038 Porque he venido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
    voluntad de quien me envió.
    006:039 Esta es la voluntad de mi Padre que me ha enviado, que de
    todos los que me ha entregado, no debo perder nada[73], sino
    resucitarlos el último día.
    006:040 Esta es la voluntad del que me envió, que todo el que vea al
    Hijo y crea en Él, tendrá vida eterna; y yo lo resucitaré el
    último día.»

    006:041 Entonces los Judíos murmuraron contra Él, porque dijo, «Soy el
    pan que bajó del cielo.»
    006:042 Dijeron, «¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y
    madre conocemos? ¿Cómo entonces es que Él dice, `Yo he venido
    del cielo?´»

    006:043 Entonces Jesús les contestó, «No murmuren entre ustedes.
    006:044 Nadie puede venir a mí a menos que mi Padre que me envió, lo
    traiga, y yo lo resucitaré en el último día.
    006:045 Está escrito en los profetas, `Todos serán enseñados por
    Dios.´ Así que todo el que oiga del Padre, y haya aprendido,
    viene a mí.
    006:046 Nadie ha visto al Padre, excepto aquel que es de Dios[74]. Él
    ha visto al Padre.
    006:047 Con seguridad, les digo, [75] tiene vida eterna.
    006:048 Soy el pan de la vida[76].
    006:049 Sus padres comieron el mana del desierto, y murieron.
    006:050 Este es el pan que viene del cielo[77], para que cualquiera
    pueda comerlo y no morir.
    006:051 Soy el pan viviente que bajó del cielo. Si alguien come de
    este pan, vivirá por siempre. Si, el pan por el cual le daré
    la vida al mundo es mi carne.»

    006:052 Entonces los Judíos discutieron unos con otros, diciendo,
    «¿Cómo puede este hombre darnos su carne para comer?»

    006:053 Así que Jesús les dijo, «Con seguridad les digo, a menos que
    coman de la carne del Hijo del Hombre y beban su sangre,
    ustedes no tendrán vida en ustedes mismos.
    006:054 Aquel que coma mi carne y beba mi sangre tiene vida eterna, y
    lo resucitaré en el último día.
    006:055 Porque en verdad mi carne es comida, y en verdad mi sangre es
    bebida.
    006:056 Aquel que coma mi carne y beba mi sangre vive en mí[78], y yo
    en él.
    006:057 Así como el Padre me envió, y yo vivo gracias al Padre; así
    mismo él que se alimente de mí, también vivirá gracias a mí.
    006:058 Este es el pan que bajó del cielo, no es como con el mana que
    nuestros padres comieron y murieron. Aquel que coma este pan
    vivirá por siempre.»
    006:059 Jesús dijo esto en la sinagoga, mientras enseñaba en
    Capernaum.

    006:060 Entonces muchos de sus discípulos, cuando lo escucharon,
    dijeron, «¡Estas son palabras fuertes! ¿Quién puede
    escucharlas?»[79]

    006:061 Pero Jesús sabiendo en su interior lo que los discípulos
    murmuraban sobre esto, les dijo, «¿Esto los perturba?[80]
    006:062 ¿Cómo sería si vieran al Hijo del Hombre ascendiendo al sitio
    donde estaba antes?
    006:063 Es el Espíritu quien da vida. La carne no da ganancia
    alguna[81]. Las palabras que les digo son espíritu, y son
    vida.
    006:064 Pero hay algunos de ustedes que no creen.» Porque desde el
    comienzo Jesús sabía quienes eran, quienes no creían, y quien
    sería el que lo traicionaría.
    006:065 Él dijo, «Por esto les he dicho que nadie viene a mi, a menos
    que le haya sido dado por el Padre.»

    006:066 En esto, muchos de sus discípulos regresaron, y no caminaron
    más con Él.
    006:067 Entonces Jesús les dijo a los doce, «Ustedes no quieren irse,
    ¿O si quieren?»

    006:068 Simón Pedro le contesto, «Señor, ¿A quien iríamos? Tu tienes
    las palabras de la vida eterna.
    006:069 Hemos llegado a creer y sabemos que tu eres Dios
    bendito[82].»

    006:070 Jesús les contesto, «¿No los escogí a los doce? Y uno de
    ustedes un demonio»
    006:071 Él hablaba de Judas, el hijo de Simón Iscariote, porque este
    era el que lo traicionaría, y era uno de los doce.

    7

    007:001 Después de estas cosas, Jesús anduvo por Galilea, no iba por
    Judea, porque los Judíos buscaban matarlo.
    007:002 Ocurría que la fiesta de los Judíos estaba a mano, la fiesta
    de Enramadas.
    007:003 Entonces sus hermanos[83] le dijeron, «Partan de aquí y vayan
    a Judea, para que tus discípulos también puedan ver las obras
    que haces.
    007:004 Porque nadie hace nada en secreto, y cada cual busca ser
    conocido ampliamente[84]. Si haces esto, te das a conocer al
    mundo.»
    007:005 Porque incluso sus hermanos no creían en Él.

    007:006 Entonces Jesús les dijo, «Mi hora no ha llegado, pero su
    tiempo siempre está listo.
    007:007 El mundo no puede odiarlos, pero me odia, porque doy
    testimonio de este, que sus obras son malas.
    007:008 Vayan ustedes a la fiesta. Pero yo no voy a esta fiesta,
    porque mi tiempo aún no se ha cumplido.»

    007:009 Habiéndoles dicho estas cosas, se quedó en Galilea.
    007:010 Pero cuando sus hermanos se habían ido a la fiesta, Él también
    fue, no públicamente sino en secreto.
    007:011 Los Judíos entonces lo buscaron en la fiesta, y dijeron,
    «¿Donde está Él?»
    007:012 Había muchos comentarios entre la multitud con respecto a Él.
    Algunos decían, «Él es un buen hombre.» Otros decían «No es
    así, sino que pierde a la multitud.»
    007:013 Pero nadie hablaba abiertamente de Él por temor a los Judíos.
    007:014 Y cuando estaban en la mitad de la fiesta, Jesús fue al templo
    y enseñó.
    007:015 Los Judíos entonces se maravillaron diciendo, «¿Cómo puede
    conocer este las letras[85], cuando nunca ha sido educado?»

    007:016 Jesús entonces les contestó, «Mi enseñanza no es mía, sino de
    aquél que me envió.
    007:017 Si alguien desea hacer su voluntad, sabrá reconocer la
    enseñanza, bien si viene de Dios, o si hablo por mi mismo.
    007:018 Aquel que habla de si mismo busca su propia gloria, pero aquel
    que busca la gloria del que lo envío es verdad[86], y no hay
    error en Él.
    007:019 ¿Acaso no les dio Moisés la ley, y sin embargo ninguno de
    ustedes acata la ley? ¿Por qué buscan matarme?

    007:020 La multitud le contestó, «¡Tienes un demonio! ¿Quién busca
    matarte?»

    007:021 Jesús les contestó, «Hice una obra, y todos ustedes se
    maravillaron de esta.
    007:022 Moisés les ha dado circuncisión (eso no es de Moisés, sino de
    los padres), y en el día sabático ustedes circuncidan un niño.
    007:023 Si un niño recibe circuncisión el día sabático, sin que la ley
    de Moisés sea quebrantada, ¿Acaso se enojan conmigo porque
    sané a un hombre por completo[87]en el día sabático?
    007:024 No juzguen por las apariencia, en cambio hagan juicios
    justos.»

    007:025 Entonces algunos de los de Jerusalén dijeron, «¿No es este al
    que buscan matar?
    007:026 Observen, habla abiertamente, y no dicen nada de Él. ¿Puede
    ser que los dirigentes de hecho saben que este verdaderamente
    es el Cristo?
    007:027 Sin embargo sabemos de donde viene este hombre, pero cuando el
    Cristo venga, nadie sabrá de donde viene.»

    007:028 Jesús entonces gritó en el templo, enseñando y diciendo,
    «Ustedes me conocen, y saben de donde vengo. No he venido por
    mi mismo, sino verdaderamente por quien me envió[88], a quien
    ustedes no conocen.
    007:029 Lo conozco porque vengo de Él, y Él me envió.»

    007:030 Entonces ellos querían atraparlo, pero nadie puso una mano
    sobre Él, porque su hora aún no había llegado.
    007:031 Pero de la multitud, muchos creían en Él. Decían, «Cuando el
    Cristo venga, no hará más señales que las que ha hecho este
    hombre, ¿No es así?»
    007:032 Los fariseos escucharon a la multitud murmurando estas cosas
    sobre Él, y los sacerdotes jefes y los fariseos enviaron
    oficiales para arrestarlo.

    007:033 Entonces Jesús dijo,
    007:034 «Estaré con ustedes un poco más de tiempo, entonces iré donde
    quien me envió. Me buscarán y no me encontrarán; y donde yo
    esté, ustedes no podrán ir.»

    007:035 Los Judíos entonces dijeron entre ellos, «¿A donde irá este
    hombre para que no podamos encontrarlo? ¿Irá a la diáspora[89]
    de los griegos, y les enseñará a los griegos?
    007:036 Cual es está palabra[ 90]que el ha dicho, `Me buscarán y no me
    encontrarán; y donde yo esté, ustedes no podrán ir?´

    007:037 Ocurrió que el último y más importante día de la fiesta, Jesús
    se levantó y gritó, «Si alguien está sediento, ¡Que venga a mí
    y beba!
    007:038 De aquel que crea en mí[91], como dicen las Escrituras,
    brotarán ríos de agua viva.»
    007:039 Pero el hablaba sobre el Espíritu, que quienes creían en Él
    estaba por recibir. Porque el Espíritu Santo aún no había sido
    dado, pues Jesús aún no había sido glorificado.

    007:040 Muchos de la multitud entonces, cuando escucharon estas
    palabras dijeron, «Este es verdaderamente un profeta.»
    007:041 Otros dijeron, « Este es el Cristo.» Pero algunos dijeron,
    «¿Acaso el Cristo viene de Galilea?
    007:042 ¿No ha dicho la escritura que el Cristo vendrá de la semilla
    de David, y de Belén, la villa donde David estaba?»
    007:043 Así que se creó un división entre la multitud por causa de
    Él.
    007:044 Algunos de ellos lo hubieran arrestado, pero nadie le puso las
    manos encima.
    007:045 Los oficiales, entonces, fueron donde los sacerdotes jefes y
    los fariseos, y ellos les dijeron, «¿Por qué no lo llevaron?»

    007:046 Los oficiales contestaron, «¡Ningún hombre ha hablado antes
    como este hombre!»

    007:047 Los fariseos entonces les contestaron, «¿Acaso se están
    dejando perder ustedes también?
    007:048 ¿Alguno de los dirigentes o de los fariseos ha creído en Él?
    007:049 Pero esta multitud que no conoce la ley está maldita.»

    007:050 Nicodemo (quien había buscado a Jesús[92], y siendo uno de
    ellos[ 93]) les dijo,
    007:051 «¿Juzga nuestra ley a un hombre, sin escucharlo personalmente
    primero y saber lo que hace?»

    007:052 Le contestaron, «¿También eres de Galilea?» Busca y
    observa[94] que ningún profeta ha salido de Galilea.»

    007:053 Todos se fueron a sus casas,

    8

    008:001 pero Jesús se fue al Monte de los Olivos[95].
    008:002 Bien temprano por la mañana regresó al templo de nuevo, y
    todos fueron a Él. Él se sentó y les enseñó.
    008:003 Los Escribas y los fariseos trajeron una mujer que había
    cometido adulterio. Habiéndola colocado en la mitad
    008:004 le dijeron, «Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo
    adulterio, en el acto mismo.
    008:005 En nuestra ley, Moisés nos ordenó apedrear a estas. dices de
    ella?»
    008:006 Lo hicieron para probarlo, y así poder acusarlo de algo.
    Pero Jesús se agacho y escribió con el dedo en el suelo.
    008:007 Cuando continuaron preguntándole, alzó la mirada y les dijo,
    «Aquel de ustedes que este libre de pecado que lance la
    primera piedra.»
    008:008 De nuevo se agachó y escribió con su dedo en el suelo,

    008:009 Cuando escucharon esto, condenados por su conciencia[96],
    salieron uno por uno comenzando por los más ancianos hasta el
    último. Jesús fue dejado solo con la mujer, la cual se
    encontraba aún en la mitad.
    008:010 Jesús levantándose la miró y dijo, «Mujer, ¿Dónde están los
    que te acusan?[97] ¿Nadie te condenó?»

    008:011 Ella dijo, «Nadie Señor.»
    Jesús dijo, «Yo tampoco te condeno. Ve por tu camino. Desde
    ahora no peques más.»

    008:012 En otra ocasión Jesús les habló diciéndoles[98], «Yo soy la
    luz del mundo. El que me siga no caminará en la oscuridad,
    tendrá la luz de la vida.»

    008:013 Los fariseos entonces le dijeron, «Das testimonio de ti mismo.
    Tu testimonio no es válido.»

    008:014 Jesús les contestó, «Aún cuando doy testimonio de mi mismo, mi
    testimonio es cierto, porque se de donde vengo, y a donde voy;
    pero ustedes no saben de donde vengo ni a donde voy.
    008:015 Ustedes juzgan de acuerdo a la carne[99]. Yo no juzgo a nadie.
    008:016 Incluso si juzgo, mi juicio es cierto, porque no estoy sólo,
    sino con mi Padre quien me ha enviado.
    008:017 También está escrito en la ley que el testimonio de dos
    personas es válido.
    008:018 Yo soy uno de los que da testimonio de mi mismo, y el Padre
    que me envió da testimonio sobre mí.»

    008:019 Entonces le dijeron, «¿Donde está tu Padre?»
    Jesús les contestó, «Ustedes no me conocen ni tampoco a mi
    Padre. Si me conocieran, también sabrían quien es mi Padre.»
    008:020 Jesús dijo esto en el salón de la urna, mientras enseñaba en
    el templo. Aunque nadie lo arrestó porque su hora aún no había
    llegado.
    008:021 Jesús les dijo de nuevo, «Me voy, y ustedes me buscarán y
    morirán en sus pecados. A donde yo voy ustedes no podrán ir.»

    008:022 Los Judíos entonces dijeron, «¿Se matará a si mismo? pues
    dice, `A donde yo vaya ustedes no podrán ir.´»

    008:023 Él les dijo, «Ustedes son de abajo. Yo soy de arriba. Ustedes
    son de este mundo. Yo no soy de este mundo.
    008:024 Por eso les digo que ustedes morirán en sus pecados; a no ser
    de que ustedes crean que YO SOY Él[100], ustedes morirán en
    sus pecados.»

    008:025 Entonces ellos le dijeron, «¿Quién eres tu?»
    Jesús les dijo,«Lo que les he estado diciendo desde el
    principio[ 101].
    008:026 Tengo muchas cosas por decir[102] y por juzgar con respecto a
    ustedes. Sin embargo quien me envió es verdad[103]; y las
    cosas que oigo que Él, son las que digo al mundo.»

    008:027 Ellos no entendían que les hablaba acerca del Padre.
    008:028 Entonces Jesús les dijo, «Cuando ustedes hayan levantado al
    Hijo del Hombre, entonces sabrán que YO SOY Él, y que no hago
    nada por mi mismo, sino que digo estas cosas como mi Padre me
    ha enseñado.
    008:029 Aquel que me envió está conmigo. El Padre no me ha dejado
    sólo, porque siempre he hecho lo que le complace.»

    008:030 Mientras hablaba estas cosas, muchos creyeron en Él.
    008:031 Entonces Jesús les decía a los Judíos que habían creído en Él,
    «Si permanecen en mi palabra, entonces ustedes serán
    verdaderamente mis discípulos.
    008:032 Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»

    008:033 Le contestaron, «Somos la semilla de Abraham, y nunca hemos
    sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices, `Ustedes serán
    liberados?´»

    008:034 Jesús les contestó, «Con seguridad les digo, todo aquel que
    cometa pecado es esclavo del pecado.
    008:035 Un esclavo no vive en una casa[104] por siempre. Un hijo
    permanece por siempre.
    008:036 Entonces si el Hijo los hace libres, ustedes serán de hecho
    liberados.
    008:037 Se que son la semilla de Abraham, pero buscan matarme, porque
    mis palabras no encuentran lugar en ustedes[105].
    008:038 Digo las cosas que he visto con mi Padre; y ustedes también
    hacen las cosas que han visto con[ 106] sus padres.»

    008:039 Le contestaron, «Nuestro padre es Abraham.»
    Jesús les dijo, «Si fueran hijos de Abraham, harían las obras
    de Abraham.
    008:040 Pero ahora ustedes buscan matarme, a un hombre que les ha
    dicho la verdad, verdad que he oído de Dios. Abraham no hizo
    esto.
    008:041 Ustedes hacen las obras de su padre.»
    Le dijeron, «No fuimos nacidos de inmoralidad sexual. Tenemos
    un Padre: Dios.»

    008:042 Entonces Jesús les dijo, «Si Dios fuera su padre, me amarían,
    porque he salido y he venido de Dios[107]. Pues no he venido
    de mi mismo[108], sino del que me envió.
    008:043 ¿Por qué no entienden lo que digo? Porque ustedes no están en
    capacidad[109] de oír mi palabra.
    008:044 Ustedes son de su padre, el diablo, y ustedes quieren hacer
    los deseos de su padre. El diablo fue un asesino desde el
    comienzo, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad
    en él. Cuando dice una mentira, habla por si mismo; porque es
    un mentiroso, y el padre de las mentiras[110].
    008:045 Pero como digo la verdad, ustedes no me creen.
    008:046 ¿Cuál de ustedes me acusa de pecado? ¿Si les digo la verdad,
    por qué no creen en mí?
    008:047 Él que es de Dios escucha las palabras de Dios. Por esto
    ustedes no oyen, porque ustedes no son de Dios.»

    008:048 Entonces los Judíos le contestaron, «¿No decimos bien que tu
    eres un Samaritano, y tienes un demonio?»

    008:049 Jesús contestó, «No tengo un demonio, sino que honró a mi
    Padre, y ustedes me deshonran.
    008:050 Pues yo no busco mi propia gloria. Hay alguien que la busca y
    que juzga[111].
    008:051 Con seguridad les digo, si una persona sigue mi palabra, nunca
    verá la muerte.»

    008:052 Entonces los Judíos le dijeron, «Ahora sabemos que tienes un
    demonio. Abraham y los profetas murieron; y tu dices, `Si un
    hombre sigue mi palabra, nunca probará la muerte.´
    008:053 ¿Eres más grande que nuestro padre, Abraham, quien murió? Los
    profetas murieron. ¿Quien pruebas ser?

    008:054 Jesús les contestó, «Si me doy gloria a mi mismo, mi gloria es
    nada. Es mi Padre quien me glorifica, de quien ustedes dicen:
    Él es nuestro Dios.
    008:055 Ustedes no lo han conocido, pero yo lo conozco. Si yo dijera,
    `No lo conozco,´ sería como ustedes, un mentiroso. Pero lo
    conozco, y sigo su palabra.
    008:056 Su padre Abraham se regocijó al ver mi día. Lo vio, y se
    alegró.»

    008:057 Entonces los Judíos le dijeron, «Aún no tienes cincuenta años,
    ¿ Pero ya has visto a Abraham?»

    008:058 Jesús les dijo, «Con seguridad, les digo, antes de que Abraham
    llegara a existir, YO ESTOY[112].»

    008:059 Entonces ellos cogieron piedras para arrojarle, pero Jesús fue
    escondido y salió del templo, pasando por en medio de ellos, y
    así continuando[113].

    9

    009:001 Mientras continuaba,vio a un hombre ciego de nacimiento.
    009:002 Sus discípulos le preguntaron, «Rabí, para que este hombre
    naciera ciego, ¿Quién pecó, él o sus padres?»

    009:003 Jesús le contestó, «No pecó este hombre, ni sus padres; sino
    es para que las obras de Dios puedan ser reveladas en él.
    009:004 Debo realizar las obras de aquel que me envió, mientras que es
    de día. Se acerca la noche, cuando nadie puede trabajar.
    009:005 Mientras yo esté en el mundo, soy la luz del mundo.»
    009:006 Mientras decía esto, ponía saliva en la tierra, hizo barro con
    su saliva, y ungió los ojos del ciego con el barro,
    009:007 y le dijo, «Ve, lávate en la piscina de Siloé» (que significa
    «Enviado»)[114]. Así que él fue, se lavó, y volvió viendo.
    009:008 Entonces los vecinos, y aquellos que vieron que estaba ciego
    antes[115], dijeron, «¿No es este el que estaba sentado y
    mendigaba?»
    009:009 Otros decían, «Es él.» Aún otros decían, «Se parece a él.»
    Él decía, «Soy ese.»
    009:010 La gente entonces le preguntó, «¿Cómo se abrieron tus ojos?»

    009:011 Él contestó, «Un hombre llamado Jesús hizo barro, ungió mis
    ojos, y me dijo, `Ve a la piscina de Siloé, y lávate.´ Así que
    fui, me lave y recibí la vista.»

    009:012 Entonces le preguntaron, «¿Dónde está Él?»
    Él dijo, «No lo se.»

    009:013 Llevaron al que había estado ciego[116] donde los fariseos.
    009:014 Era día sabático cuando Jesús hizo barro y abrió sus ojos.
    009:015 De nuevo le preguntaron los fariseos como había recibido la
    vista. Él les dijo, «Él puso barro en mis ojos, me lavé, y
    veo.»

    009:016 Entonces algunos de los Fariseos dijeron, «Ese hombre no es de
    Dios, porque no sigue el día sabático.» Otros decían, «¿Cómo
    puede un hombre pecador hacer tales señales?» Había división
    entre ellos.
    009:017 Entonces algunos de los Fariseos dijeron, «¿Qué dices sobre
    Él, pues Él ha abierto tus ojos?»
    Él dijo, «Es un profeta.»

    009:018 Los Judíos entonces no creyeron lo concerniente a él, que
    había estado ciego, ni que había recibido la vista, hasta que
    llamaron a los padres del que había recibido la vista,
    009:019 y les preguntaron, «¿ Es este su hijo, quien ustedes dicen que
    nació ciego? ¿Cómo entonces es que él ve ahora?»

    009:020 Sus padres les contestaron, «Sabemos que este es nuestro hijo,
    y que nació ciego;
    009:021 pero que ahora como ve, no lo sabemos; ni conocemos a quien
    abrió sus ojos. Él es de edad. Pregúntenle. Hablará por si
    mismo.»
    009:022 Sus padres dijeron estas cosas porque temían a los Judíos;
    pues los Judíos ya habían acordado expulsar de la sinagoga a
    quien confesara que Él era Cristo.
    009:023 Por esto sus padres dijeron, «El es de edad. Pregúntenle.»

    009:024 Así que llamaron al que había estado ciego por segunda vez, y
    le dijeron, «Da gloria a Dios[117]. Sabemos que este hombre es
    un pecador.»

    009:025 Él contestó, «No se si es un pecador. Una cosa se: que aunque
    yo estaba ciego, ahora veo.»

    009:026 Le dijeron nuevamente, «¿Qué te hizo? ¿Cómo abrió tus ojos?»

    009:027 Él les contestó, «Ya les dije, y ustedes no escuchan. ¿Por qué
    quieren oír de nuevo? ¿Es que también desean hacerse
    discípulos de Él?»

    009:028 Lo insultaron y dijeron, «Tú eres su discípulo, pero nosotros
    somos discípulos de Moisés.
    009:029 Sabemos que Dios ha hablado a Moisés. Pero con respecto a este
    hombre, no sabemos de donde viene.»

    009:030 El hombre les contestó, «¡Que sorprendente! No saben de donde
    viene, aunque ha abierto mis ojos.
    009:031 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero si alguien
    adora a Dios[118], y hace su voluntad, Él lo escucha.
    009:032 Desde que el mundo comenzó, no se ha oído de alguien que
    abriera los ojos a un ciego de nacimiento.
    009:033 Si este hombre no fuera de Dios, Él no podría hacer nada.»

    009:034 Le contestaron, «Tu naciste por completo en pecado[119] ¿Pero
    nos enseñas?» Y lo expulsaron.

    009:035 Jesús escuchó que lo habían expulsado, y encontrándolo[120],
    le dijo, «¿Crees en el Hijo de Dios?»

    009:036 Él le contestó, «¿Quién es él, Señor, para que yo pueda
    creer?»

    009:037 Jesús le dijo, «Tu ya los has visto, y es quien habla
    contigo.»

    009:038 Él dijo, «¡Señor, yo creo!» y lo alabó[121].

    009:039 Jesús dijo, «Vine a este mundo a juzgar, para que aquellos que
    no ven puedan ver; y que aquellos que ven queden ciegos.»

    009:040 Algunos de los fariseos que estaban con Él, escucharon estas
    cosas, y le dijeron, «¿Estamos nosotros también ciegos?»

    009:041 Jesús les dijo, «Si estuvieran ciegos, no pecarían; pero ahora
    dicen `Vemos.´ Entonces sus pecados permanecen.»

    10

    010:001 «Con seguridad les digo, aquel que no entre por la puerta al
    rebaño de ovejas, sino que escale de alguna otra manera, es
    tanto un estafador como un ladrón.
    010:002 Pero quien entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
    010:003 El portero abre la puerta para él, y las ovejas escuchan su
    voz. Él llama sus ovejas por su nombre y las saca.
    010:004 Siempre que él saca sus ovejas, va delante de ellas, y las
    ovejas lo siguen porque conocen su voz.
    010:005 De ningún modo seguirán a un extraño, sino que huirán de él;
    porque no conocen la voz de extraños.»
    010:006 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no entendieron lo que
    les decía.

    010:007 Jesús entonces les dijo de nuevo, «Con seguridad, les digo,
    soy la puerta de las ovejas.
    010:008 Todos los que vinieron antes de mi son estafadores y ladrones,
    pero las ovejas no los escucharon[122].
    010:009 Soy la puerta. Si alguien entra por mi, será salvado, y
    entrará y saldrá, y encontrará alimento.
    010:010 El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Vine para que
    puedan tener vida, y para que la tengan en abundancia.
    010:011 Soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
    010:012 El que es empleado contratado en lugar de pastor, y a quien no
    le pertenezcan las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y
    huye. El lobo roba las ovejas, y las dispersa[123 ].
    010:013 El que es empleado contratado huye porque es contratado, y no
    le importan las ovejas.
    010:014 Soy el buen pastor. Conozco las mías, y soy conocido por las
    mías;
    010:015 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre. Yo entrego
    mi vida por las ovejas.
    010:016 Tengo otras ovejas, que no son de este rebaño. También debo
    traerlas, y escucharán mi voz. Se convertirán en un rebaño con
    un pastor.
    010:017 Por esto el Padre me ama, porque entrego mi vida, para poderla
    tomar de nuevo.
    010:018 Nadie me la quita, sino que la entrego yo mismo. Tengo el
    poder para entregarla, y tengo poder para tomarla de nuevo.
    Recibí este mandamiento de mi Padre.»

    010:019 Entonces se creó una división entre los Judíos a causa de
    estas palabras.
    010:020 Muchos de ellos decían, «¡Tiene un demonio y está loco! ¿Por
    qué lo escuchan?»
    010:021 Otros decían, «Estas no son las palabras de alguien poseído
    por un demonio. ¿Acaso es posible para un demonio abrir los
    ojos de los ciegos?»

    010:022 Era la Fiesta de la Dedicación[124] en Jerusalén.
    010:023 Era invierno, y Jesús estaba caminando en el templo, en el
    pórtico de Salomón.
    010:024 Entonces los Judíos lo rodearon y le dijeron, «¿Cuanto tiempo
    nos mantendrás en suspenso? Si tu eres el Cristo, dínoslo
    directamente. »

    010:025 Jesús les contestó, «Yo ya les dije, y ustedes no me creen.
    Las obras que hago en nombre de mi Padre, dan testimonio sobre
    mí.
    010:026 Pero ustedes no creen, porque ustedes no son de mis ovejas,
    como les dije.
    010:027 Mis ovejas escucha mi voz, yo las conozco, y me siguen.
    010:028 Les doy vida eterna. Nunca perecerán, y nadie podrá
    arrebatarlas de mi mano.
    010:029 Mi Padre, quien me las ha dado, es más grande que todos[125].
    Para nadie es posible arrebatarlas de las mano de mi Padre.
    010:030 Yo y el Padre somos uno.»

    010:031 Entonces los Judíos tomaron piedras nuevamente para
    apedrearlo.
    010:032 Jesús les contestó, «Les he mostrado muchas obras buenas de mi
    Padre. ¿Por cuál de esas obras desean apedrearme?»

    010:033 Los Judíos le contestaron, «No te apedreamos por una buena
    obra, sino por blasfemia: porque tu, siendo un hombre, te
    crees Dios.»

    010:034 Jesús les contestó, «¿No está escrito en su ley, `Les dije,
    ustedes son dioses?´
    010:035 Si llama[126] dioses a aquellos a quienes la palabra de Dios
    llega (y la Escritura no puede quebrantarse),
    010:036 ¿ Cómo dicen `Blasfemas´ a aquel a quien el Padre
    santificó[127] y envió al mundo, porque les dije `Soy el Hijo
    de Dios?´
    010:037 Si yo no hago las obras de mi Padre[128], no me crean.
    010:038 Pero si yo las hago, aunque no me crean a mi, crean en las
    obras; para que puedan saber y creer que el Padre está en mí y
    yo en el Padre.»

    010:039 Nuevamente intentaron atraparlo, pero Él se alejo de su
    alcance.
    010:040 Se fue de nuevo más allá del Jordán[129] al lugar donde Juan
    estuvo bautizando al comienzo, y allí se quedó.
    010:041 Muchos vinieron a Él. Decían, «En realidad Juan no hizo
    señales, pero todo lo que Juan dijo sobre este hombre es
    verdad.»
    010:042 Muchos creyeron en Él allí.

    11

    011:001 Cierto hombre estaba enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de
    Maria y su hermana, Marta.
    011:002 Era aquella María que había ungido al Señor con aceite, y que
    había limpiado sus pies con el cabello, quien estaba enfermo
    era su hermano Lázaro.
    011:003 Las hermanas le mandaron decir, «Señor, observa, aquel por
    quien tienes gran afecto está enfermo.»
    011:004 Cuando Jesús lo escuchó, dijo, «Esta enfermedad no es mortal
    sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios pueda
    ser glorificado con esta.»
    011:005 Ocurría que Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
    011:006 Aunque[130] cuando supo que estaba enfermo, se quedó dos días
    más en el lugar donde estaba.
    011:007 Tras lo cual le dijo a los discípulos, «Vayamos de nuevo a
    Judea.»

    011:008 Los discípulos le dijeron, «Rabí, los Judíos están tratando de
    apedrearte, ¿Pero vas de nuevo allá?»

    011:009 Jesús les contestó, «¿No hay doce horas de luz al día? Si un
    hombre camina en el día, no tropieza, porque ve la luz de este
    mundo.
    011:010 Pero si un hombre camina en la noche, tropieza, porque la luz
    no está en él.»
    011:011 Dijo estas cosas, y después, les dijo « Nuestro amigo Lázaro
    yace dormido, pero voy a ir para poder despertarlo de su
    sueño.»

    011:012 Entonces los discípulos dijeron, «Señor, si yace dormido, se
    recobrará.»

    011:013 Jesús hablaba de su muerte, pero ellos pensaban que hablaba de
    descansar durmiendo.
    011:014 Así que Jesús les dijo directamente, «Lázaro está muerto.
    011:015 Por el bien de ustedes, me alegra no haber estado allí, para
    que puedan creer. Por esto, vamos donde él.»

    011:016 Entonces Tomas, que era llamado dídimo[131], dijo a los
    discípulos, «Vayamos también, para poder morir con Él.»

    011:017 Así que cuando Jesús fue, encontró que Lázaro ya llevaba
    cuatro días en la tumba.
    011:018 Betania estaba cerca a Jerusalén, como a quince estadios[132]
    de distancia.
    011:019 Muchos de los Judíos se habían unido a las mujeres que
    rodeaban a Marta y Maria, para consolarlas por lo concerniente
    a su hermano.
    011:020 Entonces cuando Marta escucho que Jesús venía, fue a
    encontrarlo, pero Maria se quedó en la casa.
    011:021 Entonces Marta le dijo a Jesús, «Señor, si hubieras estado
    aquí, mi hermano no hubiera muerto.
    011:022 Aunque yo ahora se, que cualquier cosa que le pidas a Dios,
    Dios te la concederá.»
    011:023 Jesús le dijo, « Tu hermano resucitará.»

    011:024 Marta le dijo, «Se que él resucitará en la resurrección del
    último día.»

    011:025 Jesús le dijo, «Yo soy la resurrección y la vida. Aquel que
    crea en mí vivirá, incluso si muere.
    011:026 Cualquier que viva y crea en mí no morirá nunca. ¿Crees
    esto?»

    011:027 Ella le dijo, «Si, Señor. He llegado a creer que tu eres
    Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.»

    011:028 Cuando había dicho esto, se fue, y llamó en secreto a María,
    su hermana, diciendo, «El Maestro está aquí, y te está
    llamando.»

    011:029 Cuando ella escucho esto, se levantó rápidamente y fue donde
    Él.
    011:030 Jesús aún no había llegado a la villa, sino que estaba en el
    sitio en el que Marta lo había encontrado.
    011:031 Entonces cuando los Judíos que estaba con ella en la casa, y
    que la consolaba, vieron que Maria se levantaba rápidamente y
    salia, la siguieron, diciendo, «Va a la tumba a llorara allí.»
    011:032 Entonces cuando Maria fue donde Jesús estaba, y lo vio, cayó a
    sus pies, diciéndole, «Señor, si hubieras estado aquí, mi
    hermano no hubiera muerto.»

    011:033 Cuando Jesús la vio llorando, junto con los Judíos que venían
    llorando con ella, suspiró en el espíritu, se conmovió,
    011:034 y dijo, « ¿Donde lo han dejado?»
    Le dijeron, «Señor, ven y mira.»

    011:035 Jesús lloró.

    011:036 Entonces los Judíos dijeron, «¡Miren cuanto afecto tenía por
    él!»
    011:037 Algunos de ellos dijeron, «¿No podría este hombre, que abrió
    los ojos del que estaba ciego, también haber evitado que este
    hombre muriera?»

    011:038 Jesús entonces, nuevamente suspirando en su interior, fue a la
    tumba, que estaba tapada con una piedra.
    011:039 Jesús dijo, «Retiren la piedra.»
    Marta, la hermana del que estaba muerto, le dijo, «Señor, en
    este momento debe oler mal, porque lleva cuatro días muerto.»

    011:040 Jesús le dijo, «¿No te dije que si creías, verías la gloria de
    Dios?»

    011:041 Así que corrieron la piedra del sitio donde el muerto yacía.
    Jesús levantó sus ojos, y dijo, «Padre, te agradezco por
    haberme escuchado.
    011:042 Se que siempre me escuchas, pero a causa de la multitud que me
    rodea digo esto, para que puedan creer que Tu me enviaste.»
    011:043 Después de decir esto, grito con fuerte voz, «¡Lázaro, sal!»

    011:044 El que había estado muerto salió, con manos y pies envueltas
    en vendas y su rostro envuelto en tela.
    Jesús les dijo, «Libérenlo, y permítanle andar.»

    011:045 Así que muchos de los Judíos que fueron donde María y vieron
    lo que Jesús hizo, creyeron en Él.
    011:046 Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos, y les
    contaron lo que habían hecho Jesús.
    011:047 Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos se
    reunieron en un consejo y dijeron, «¿Que vamos a hacer? Pues
    este hombre hace muchas señales.
    011:048 Si lo dejamos sólo así, todos creerán en Él, y los romanos
    vendrán y nos arrebatarán tanto nuestro sitio[133] como
    nuestra nación.»

    011:049 Pero uno de ellos, Caifás, siendo el sumo sacerdote ese año,
    les dijo, «No saben nada,
    011:050 ni consideran que es ventajoso para nosotros[134] que un
    hombre muera por la gente, para que la nación entera no
    perezca.»
    011:051 Él no hablaba por si mismo, sino que siendo sumo sacerdote ese
    año, profetizaba[135] que Jesús moriría por la nación,
    011:052 y no solamente por la nación, sino que agruparía en uno a los
    hijos de Dios que están dispersos.
    011:053 Así que desde ese día decidieron que lo matarían.
    011:054 Entonces Jesús no volvió a caminar abiertamente entre los
    Judíos, sino que salió de allí a una tierra cercana en el
    desierto, a una ciudad llamada Efraín. Allí se quedó con sus
    discípulos.

    011:055 Ocurrió que la pascua de los judíos estaba cerca. Muchos
    fueron de los campos a Jerusalén antes de la pascua, para
    purificarse.
    011:056 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros, mientras estaban en
    el templo, «Qué piensas, ¿Será que viene a la fiesta?»
    011:057 Los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían ordenado que
    si alguno sabía donde estaba Él, debía reportarlo, para poder
    capturarlo.

    12

    012:001 Seis días antes de la Pascua, Jesús fue a Betania, donde
    estaba Lázaro, el que había estado muerto, y fue resucitado de
    la muerte.
    012:002 Así que le hicieron una cena allí. Marta sirvió, mientras
    Lázaro era uno de los que se sentaron a la mesa con Él.
    012:003 María, entonces tomó una libra[136] de ungüento de nardo puro,
    muy costoso, y ungió los pies de Jesús, y seco los pies con su
    cabello. La casa se llenó de la fragancia del ungüento.
    012:004 Entonces Judas Iscariote, el hijo de Simón, uno de sus
    discípulos, quien lo traicionaría, dijo,
    012:005 «¿Por qué no fue vendido este ungüento por trescientos
    denarios[137], para darlo a los pobres?»
    012:006 Dijo esto, no porque le importaran los pobres, sino porque era
    un ladrón, y teniendo la caja del dinero, solía robar lo que
    allí se ponía.
    012:007 Pero Jesús le dijo, «Déjala en paz. Ella ha guardado esto para
    el día de mi entierro.
    012:008 Porque siempre tendrán a los pobres con ustedes, pero no
    siempre me tendrán a mí.»

    012:009 Entonces una gran multitud de los judíos se enteró de que Él
    estaba allí y fueron, no solo por Jesús sino porque de pronto
    podrían ver a Lázaro a quien Jesús había resucitado de la
    muerte.
    012:010 Pero los jefes de los sacerdotes conspiraban para asesinar
    también a Lázaro,
    012:011 porque por él muchos de los judíos se separaron y creyeron en
    Jesús.

    012:012 Al día siguiente una gran multitud fue a la fiesta. Cuando
    escucharon que Jesús iba hacia Jerusalén,
    012:013 tomaron ramas de las palmeras, y salieron a encontrarlo,
    gritando, «!Hosanna! !Bendito es el que viene en el nombre del
    Señor, el Rey de Israel!»

    012:014 Jesús, habiendo encontrado un burro joven, se sentó en este.
    Como está escrito,
    012:015 «No te asustes, hija de Sión[138]. Observa, tu Rey viene,
    sentado sobre un burro joven.»
    012:016 Sus discípulos no entendieron estas cosas al comienzo, pero
    cuando Jesús fue glorificado, recordaron que estas cosas
    estaban escritas sobre Él, y que ellos habían hecho esto[139].
    012:017 La multitud que había estado con Él cuando llamó a Lázaro para
    que saliera de la tumba y lo resucitó de la muerte, estaba
    dando testimonio de esto.
    012:018 También por esta razón mucha gente fue a encontrarlo, porque
    habían escuchado que Él había realizado tal señal.
    012:019 Los Fariseos entonces se dijeron entre ellos, «Miren como no
    han logrado nada. Observen, el mundo vas tras Él.»

    012:020 Ocurrió que había algunos griegos[140] entre la gente que
    habían ido a alabar durante la fiesta.
    012:021 Estos, entonces, fueron donde Felipe, quien era de Betsaida de
    Galilea, y le pidieron «Señor, queremos ver a Jesús.»
    012:022 Felipe fue y le contó a Andrés y él fue con Felipe a
    contárselo a Jesús.
    012:023 Jesús les contestó, «El tiempo para que el hijo del hombre sea
    glorificado ha llegado.
    012:024 Yo les aseguro, a no ser que un grano de trigo caiga en la
    tierra y muera, permanecerá solo. Pero si muere da muchos
    frutos.
    012:025 Aquel que ama su vida la perderá. Quien odia su vida en este
    mundo la mantendrá hasta la vida eterna.
    012:026 Si alguno me sirve, que me siga. Donde yo este, estará el que
    me sirva. Si alguno me sirve el Padre lo honrará.

    012:027 «Ahora mi alma está perturbada. ¿Qué debo decir `Padre,
    sálvame de este momento?´ Pero por esta causa llegue a este
    momento.
    012:028 ¡ Padre, glorifica tu nombre!»
    Entonces vino una voz del cielo diciendo, «Yo lo he
    glorificado y lo glorificaré de nuevo.»

    012:029 La multitud que estaba allí y la escuchó dijo que había
    tronado. Otros dijeron, «Un ángel le ha hablado.»

    012:030 Jesús contestó,«Esta voz no ha venido por mi causa sino por la
    de ustedes.
    012:031 Ahora es el juicio de este mundo. Ahora el príncipe de este
    mundo será expulsado.
    012:032 Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mi.»
    012:033 Pero él dijo esto, refiriéndose a la forma de su muerte.
    012:034 La multitud le contestó, «Hemos escuchado de la ley que el
    Cristo[141] permanece para siempre. ¿Cómo dices que `El Hijo
    del Hombre debe ser levantado?´ ¿Quién es este Hijo del
    Hombre?»

    012:035 Entonces Jesús les dijo,«La luz aún estará con ustedes un poco
    más. Caminen mientras tengan la luz, para que la oscuridad no
    los sorprenda. Aquel que camina en la oscuridad no sabe a
    donde va.
    012:036 Mientras tengan la luz crean en ella, para que puedan
    convertirse en niños de la luz[142].» Jesús dijo estas cosas,
    se alejó y se escondió de ellos.
    012:037 Pero aunque Él había hecho tantas señales ante ellos, ellos
    aún no creían en Él,
    012:038 pues la palabra del profeta Isaías se tenía que cumplir, él
    dijo
    «Señor, ¿quién ha creído nuestro reporte?¿A quién ha sido
    revelado el brazo del Señor?»
    012:039 Por esta razón no podían creer, pues Isaías también dijo,

    012:040 Han[143] enceguecido sus ojos y han endurecido sus corazones[
    144], Para que no puedan ver con sus ojos, ni percibir con sus
    corazones, para que no regresen a mí, y que Yo no los sane.»
    012:041 Isaías dijo estas cosas cuando vio su gloria[145] y habló de
    Él.
    012:042 A pesar de esto muchos de los dirigentes creyeron en Él, pero
    por los fariseos no lo confesaban para no ser expulsados de
    las sinagogas,
    012:043 pues amaban mas la honra dada por los hombres que la dada por
    Dios.

    012:044 Jesús grito y dijo,«Quien crea en mí, no cree en mí[146] sino
    en el que me envió.
    012:045 El que me ve, ve al que me envió.
    012:046 He venido como una luz al mundo, para que el que crea en mi no
    permanezca en la oscuridad.
    012:047 Si alguien escucha mis palabras y no cree, no lo juzgo. Pues
    yo no vine a juzgar al mundo sino a salvarlo.
    012:048 Aquel que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo
    juzgue. La misma palabra que yo hablé lo juzgarán en el último
    día.
    012:049 Pues yo no hablé por mi cuenta, sino que el Padre que me
    mandó, me ordenó lo que debería decir y hablar[147].
    012:050 Yo se que su mandamiento es vida eterna. Por esto las cosas
    que yo hablo las digo tal como el Padre me lo ha indicado.»

    13

    013:001 Era antes de la fiesta de la pascua, Jesús sabía que su hora
    había llegado, que partiría de este mundo hacia el Padre,
    habiendo amado a los suyos de este mundo, y amándolos hasta el
    final.
    013:002 Después de la cena, el diablo ya había puesto en el corazón de
    Judas Iscariote, el hijo de Simón, que lo traicionaría,
    013:003 Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en
    sus manos[148], y que venía de Dios e iba hacia Dios,
    013:004 se levantó de la mesa, puso a un lado su vestido. Tomó una
    toalla, y la envolvió alrededor de su cintura.
    013:005 Entonces vertió agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies
    de los discípulos[149], y a secarlos con la toalla que
    llevaba.
    013:006 Entonces llego a Simón Pedro. Él le dijo, «¿Señor, lavas mis
    pies?»

    013:007 Jesús le contestó, «No sabes lo que hago ahora, pero lo
    entenderás después.»

    013:008 Pedro le dijo, «¡Nunca lavarás mis pies!»
    Jesús le contestó, «Si no lavo tus pies, no tomarás parte
    conmigo.»

    013:009 Simón Pedro le dijo, «¡Señor, en ese caso[150] no sólo mis
    pies, sino que también mis manos y mi cabeza!»

    013:010 Jesús le dijo, «Quien se ha bañado sólo necesita que se laven
    sus pies, para quedar completamente limpio. Tu estás limpio,
    pero no todos ustedes.»
    013:011 Porque Él conocía al que lo traicionaría, entonces dijo, «No
    todos ustedes están limpios.»
    013:012 Después de haber lavado su pies, se puso su abrigo, se sentó
    de nuevo y les dijo«¿ Saben lo que les he hecho?
    013:013 Me llaman, `Maestro´ y `Señor.´ Lo dicen correctamente pues
    eso soy.
    013:014 Entonces si yo, el Señor y el Maestro, he lavado sus pies,
    ustedes también deberían lavárselos unos a otros.
    013:015 Pues les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan tal como
    les he hecho.
    013:016 Con seguridad les digo, un sirviente no es más grande que su
    señor, ni el que es enviado es más grande que quien lo envió.
    013:017 Si saben estas cosas, benditos son si las hacen.
    013:018 No hablo con respecto a todos ustedes. Conozco a quienes he
    escogido. Pero para que la escritura se cumpla, `Aquel que
    come pan conmigo ha levantado el talón contra mí[151].´
    013:019 Desde ahora, antes de que ocurra se los digo, para que cuando
    ocurra ustedes puedan creer que YO SOY.
    013:020 Con seguridad les digo, aquel que recibe a cualquiera que yo
    haya enviado; me recibe a mí; y aquel que me recibe a mí,
    recibe al que me envió.»

    013:021 Mientras Jesús decía esto, su espíritu se perturbó, y dio
    testimonio, «Con seguridad les digo que uno de ustedes me
    traicionará.»

    013:022 Los discípulos se miraron unos a otros, preguntándose sobre
    quién hablaba.
    013:023 Uno de sus discípulos, a quien Jesús amaba, estaba en la mesa,
    inclinado contra el pecho de Jesús[152].
    013:024 Entonces por señas [153], Simón Pedro le dijo, «Dinos quien es
    aquel de quien Él habla.»

    013:025 Inclinándose de nuevo como estaba, sobre el pecho de
    Jesús[154] le preguntó, «Señor, ¿Quién es?»

    013:026 Entonces Jesús le contestó, «Es aquel a quien yo de este
    pedazo de pan después de remojarlo.» Así que cuando había
    remojado el pedazo de pan, se lo entregó a Judas, el hijo de
    Simón Iscariote.
    013:027 Entonces, después de recibir[155] el pedazo de pan, satán
    entró en él.
    Entonces Jesús le dijo, «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»

    013:028 Ninguno de la mesa sabía porque le decía esto.
    013:029 Cómo Judas tenía la caja del dinero, algunos pensaron que
    Jesús le decía «Compra las cosas que necesitamos para la
    fiesta,» o que debería dar algo a los pobres.
    013:030 Entonces, habiendo recibido el pedazo de pan, salió de
    inmediato. Era de noche.

    013:031 Cuando se había ido, Jesús dijo, «Ahora el Hijo del Hombre ha
    sido glorificado[156], y Dios ha sido glorificado en Él.
    013:032 Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también lo glorificará
    en si mismo, y lo glorificará de inmediato.
    013:033 Niñitos, estaré con usted un poco más. Me buscarán, y como le
    dije a los Judíos, `A donde voy ustedes no pueden ir,´ así que
    ahora les digo.
    013:034 Les doy un nuevo mandamiento, que se amen los unos a los
    otros, como yo los he amado; que así se amen unos a otros.
    013:035 Por esto todos sabrán que ustedes son mis discípulos, si
    tienen amor unos por otros.»

    013:036 Simón Pedro le dijo, «Señor, ¿A donde vas?»
    Jesús le contestó «A donde voy, no me puedes seguir ahora,
    pero me seguirás después[157].»

    013:037 Pedro le dijo, «Señor, ¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo
    daré mi vida por ti.»

    013:038 Jesús le contestó, «¿Darás tu vida por mi? Con seguridad te
    digo, el gallo no habrá cantado tres veces sino hasta que me
    hayas negado tres veces.

    14

    014:001 «Que tu[158] su corazón no se angustie. Cree en Dios. Cree
    también en mí.
    014:002 En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera
    así, yo te lo diría. Voy a preparar un lugar para ti.
    014:003 Si yo voy y preparo un lugar para ti, volveré y te recibiré yo
    mismo; para que donde yo este, ustedes también puedan estar.
    014:004 Ustedes saben a donde voy y conocen el camino.»

    014:005 Tomás le dijo, «Señor no sabemos a donde vas. ¿Cómo podríamos
    saber el camino?»

    014:006 Jesús le dijo, «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie
    llega al Padre, excepto a través de mi.
    014:007 Si ustedes me hubieran conocido, habrían conocido a mi Padre
    también. Desde ahora, ustedes lo conocen, y lo han visto.»

    014:008 Felipe le dijo, «Señor, muestranos al Padre, y eso será
    suficiente para nosotros.»

    014:009 Jesús le dijo, «He estado con ustedes tanto tiempo, ¿Y no me
    conoces, Felipe? Aquél que me ha visto a mí, ha visto al
    Padre. ¿ Cómo es que dices, `Muestranos al Padre?´
    014:010 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las
    palabras que les digo, no las digo por mi mismo; sino mi Padre
    quien vive en mí que hace sus obras.
    014:011 Creánme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; o en otro
    caso creánme por causa de las obras.
    014:012 Con seguridad les digo, aquel que crea en mí, en las obras que
    hago, también hará; y hará obras más grandes que estas, porque
    yo voy a mi Padre.
    014:013 Cualquier cosa que pidan en mi nombre, eso haré, para que el
    Padre pueda ser glorificado en el Hijo.
    014:014 Si piden algo en mi nombre, eso haré.
    014:015 Si me aman, sigan mis mandamientos.
    014:016 Yo oraré al Padre, y Él les dará otro Consejero[159] que podrá
    estar con ustedes por siempre,
    014:017 el Espíritu de la Verdad, que el mundo no puede recibir;
    porque no lo ha visto[160], ni lo conoce. Ustedes lo conocen,
    porque vive con ustedes, y estará en ustedes.
    014:018 No los dejaré huérfanos. Vendré a ustedes[161].
    014:019 Un corto tiempo más, y el mundo no me verá más; pero ustedes
    me verán. Porque yo vivo, ustedes vivirán también.
    014:020 Ese día ustedes sabrán que yo estoy en mi Padre, y ustedes en
    mí, y yo en ustedes.
    014:021 Aquel que tenga mis mandamientos y los siga, esa persona es
    quien me ama. Quien me ama será amado por mi Padre, y yo lo
    amaré, y me revelaré ante él.»

    014:022 Judas (no Iscariote) le dijo, «Señor, ¿Qué ha pasado, para que
    te reveles a nosotros, pero no al mundo?»

    014:023 Jesús le contestó, «Si alguien me ama, Mi Padre lo amará, y
    nosotros iremos a él, y haremos nuestra casa con él[162].
    014:024 Quien no me ama, no sigue mis palabras. La voz que ustedes
    oyen no es la mía, sino del Padre que me envió.
    014:025 Les he dicho estas cosas mientras aún estoy viviendo con
    ustedes.
    014:026 Pero el Consejero[163], el Espíritu Santo, a quien el Padre
    enviará en mi nombré, Él les enseñará todas las cosas, y les
    recordará todo lo que les he dicho.
    014:027 Dejo Paz en ustedes. Les doy mi Paz; se las doy no como el
    mundo la da. No dejen que sus corazones se angustien, ni
    tengan miedo[164 ].
    014:028 Ustedes escucharon que les dije, `Me voy, y vendré a ustedes.´
    Si ustedes me amaran, ustedes se regocijarían, porque dije
    `Voy al Padre;´ pues el Padre es más grande que Yo.
    014:029 Les he dicho esto antes de que ocurra, para que cuando ocurra,
    ustedes puedan creer.
    014:030 No hablaré mucho más con ustedes, porque el príncipe del mundo
    viene, pero él no tiene nada en mí[165].
    014:031 Pero que el mundo sepa que amo al Padre, y el Padre me ha
    ordenado, y así obró. Levantémonos, vámonos de aquí.

    15

    015:001 «Soy la verdadera vid[166], y mi Padre es el sembrador.
    015:002 Toda rama de mi que no da fruto, Él la retira. Toda rama que
    da fruto, Él la poda[167] para que pueda dar más frutos.
    015:003 Ustedes ya están podados por la palabra que les he dicho.
    015:004 Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Así como la rama no puede
    dar fruto por si misma, a menos que permanezca en la vid, así
    ustedes tampoco pueden, a menos que permanezcan en mí.
    015:005 Soy la vid. Ustedes son las ramas. Quien permanezca en mí, y
    yo en él, dará muchos frutos, porque apartados de mí ustedes
    no pueden hacer nada.
    015:006 Si alguien no permanece en mí, será arrojado como una rama
    seca[168]; y los recogerán, los arrojarán al fuego y
    arderán[169].
    015:007 Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en
    ustedes[170], pidan cualquier cosa que deseen, y se les
    realizará.

    015:008 «En esto se da gloria a mi Padre, que ustedes den muchos
    frutos; y que así sean mis discípulos.
    015:009 Así como mi Padre me ha amado, así también los he amado.
    Mantenganse en mi amor.
    015:010 Si siguen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; tal como
    yo he seguido los mandamientos de mi Padre, y me mantengo en
    su amor.
    015:011 Les he dicho estas cosas, para que la felicidad perdure en
    ustedes, y para que su felicidad pueda ser completa.

    015:012 «Este es mi mandamiento, que se amen unos a otros, como yo los
    he amado.
    015:013 Nadie puede tener más amor, que quien entrega su vida por sus
    amigos.
    015:014 Ustedes son mis amigos, si hacen cualquier cosa que les
    ordene.
    015:015 No los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que su señor
    hace. Sino que los he llamado amigos, porque todo lo que he
    oído de mi padre, se los he dado a conocer.
    015:016 Ustedes no me escogieron, sino que yo los escogí, para que
    fueran y dieran fruto, y para que su fruto se mantuviera; para
    que el Padre pueda darles cualquier cosa que pidan en mi
    nombre.

    015:017 «Les ordeno esto, que se amen unos a otros.
    015:018 Si el mundo los odia, sepan que a mí me ha odiado antes que a
    ustedes.
    015:019 Si fueran del mundo, el mundo amaría a los suyos. Pero como no
    son del mundo, porque yo los he elegido fuera del mundo[171],
    entonces el mundo los odia.
    015:020 Recuerden la palabra que les dije: `Un siervo no es más grande
    que su señor.´ Si me persiguieron, también los perseguirán.
    Los que sigan mi palabra, también seguirán la de ustedes.
    015:021 Pero todas estas cosas se las harán por causa de mi nombre,
    porque no conocen a quien me envió.
    015:022 Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, ellos no
    habrían pecado; pero ahora no tienen excusa para su pecado.
    015:023 Aquel que me odia a mí, odia a mi Padre también.
    015:024 Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que nadie más
    hizo, no habrían pecado. Pero ahora que han visto, también nos
    han odiado al Padre y a mí.
    015:025 Pero esto ha ocurrido para que la palabra que estaba escrita
    en su ley se cumpliera, `Me odiaron sin causa alguna.´

    015:026 «Cuando venga el Consejero , el espíritu de la Verdad que
    procede del Padre, a quien les enviaré desde el Padre, Él dará
    testimonio sobre mí.
    015:027 Ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo
    desde el comienzo.

    16

    016:001 «Les he dicho estas cosas, para que no tropiecen[172].
    016:002 Los sacarán de las sinagogas. Sí, vendrá el tiempo en el que
    cualquiera que los mate, pensará que ofrece un servicio a
    Dios.
    016:003 Harán estas cosas[173] porque no han conocido ni al Padre, ni
    a mí.
    016:004 Pero les he dicho estas cosas, para que cuando llegue el
    tiempo, puedan recordar que se las había dicho. No les dije
    estas cosas desde el comienzo, porque estaba con ustedes.
    016:005 Pero ahora me voy donde aquel que me envió, ¿Ninguno de
    ustedes me pregunta, `A donde vas?´
    016:006 Como les he dicho estas cosas, la preocupación ha embargado
    sus corazones.
    016:007 Sin embargo les digo la verdad: Es ventaja para ustedes que yo
    me vaya, porque si yo no me fuera, el Consejero no vendría a
    ustedes. Pero si me voy, se los enviaré.
    016:008 Cuando venga, condenará[ 174] al mundo por el pecado, por la
    rectitud y por el juicio;
    016:009 por el pecado, porque no creen en mí;
    016:010 por la rectitud, porque voy al Padre y no me verán más;
    016:011 por el juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido
    juzgado[175].

    016:012 «Tengo aún muchas cosas por decirles, pero ustedes no pueden
    soportarlas ahora.
    016:013 Pero cuando Él, el Espíritu de la Verdad, haya venido, Él los
    guiará a la verdad completa, porque no hablará por si mismo;
    sino que el hablará todo lo que escuche. Él les declarará
    cosas que vendrán.
    016:014 Él me glorificará, porque tomará de lo que es mio, y se los
    declara.
    016:015 Todas las cosas que el Padre tiene son mías; por esto les dije
    que Él toma[176] de lo que es mio, y se los declarará.
    016:016 Un poco más, y ya no me verán. Otro poco más y me
    verán[177].»

    016:017 Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros,
    «¿Qué es esto que Él nos dice, `Un poco más y ya no me verán.
    Otro poco más y me verán;´ y `Porque voy al Padre?´»
    016:018 Entonces dijeron, «¿ Que es esto que dice, `Un poco más?´ No
    sabemos de lo que habla.»

    016:019 Entonces Jesús percibió que ellos querían preguntarle, y les
    dijo, «¿Se preguntan entre ustedes sobre esto, que les he
    dicho, `Un poco más, y ya no me verán. Otro poco más y me
    verán?´
    016:020 Yo les aseguro, que llorarán y se lamentarán pero el mundo se
    alegrará. Estarán tristes pero su tristeza se convertirá en
    alegría.
    016:021 Una mujer cuando da a luz siente preocupación porque ha
    llegado su hora. Pero cuando ha traído al niño, no recuerda su
    angustia, por la alegría del nacimiento de un ser humano en el
    mundo.
    016:022 Entonces ustedes ahora sienten preocupación, pero los veré de
    nuevo, y sus corazones se alegrarán, y nadie les podrá quitar
    la felicidad.

    016:023 «Ese día no me harán preguntas. Con seguridad les digo,
    cualquier cosa que pidan al Padre en mi nombre, Él se la dará.
    016:024 Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan, y
    recibirán, para que su felicidad pueda ser completa.
    016:025 Les he dicho estas cosas en parábolas[178]. Pero se acerca el
    tiempo en el que no les hablaré más con parábolas, sino que
    les hablaré directamente sobre el Padre.
    016:026 En ese día, pedirán en mi nombre; y no les diré que oraré al
    Padre por ustedes,
    016:027 pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado, y
    han creído que vine de Dios.
    016:028 He venido del Padre[ 179], y he venido al mundo. De nuevo dejo
    el mundo y voy al Padre.»

    016:029 Sus discípulos le dijeron, «Observa, ahora hablas
    directamente, y no hablas con parábolas.
    016:030 Ahora sabemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que
    nadie te pregunte. Por esto creemos que tu has venido del
    Padre.»

    016:031 Jesús les contestó, «¿Ahora creen?
    016:032 Observen, la hora se acerca, sí, ha llego, cuando ustedes se
    dispersarán, cada uno a su propio sitio, y me dejarán sólo.
    Pero no estoy sólo porque el Padre está conmigo.
    016:033 Les he dicho estas cosas, para que puedan tener paz en
    mí[180]. En el mundo tienen opresión, ¡Pero anímense! He
    conquistado el mundo.»

    17

    017:001 Jesús dijo estas cosas, y levantando los ojos al cielo dijo, «
    Padre el momento ha llegado. Glorifica a tu Hijo, que tu Hijo
    también te pueda glorificar;
    017:002 así como le diste autoridad sobre toda carne, Él dará vida
    eterna a todos los que le has dado.
    017:003 Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti el único y
    verdadero Dios, y a aquel a quien enviaste, Jesús Cristo.
    017:004 Yo te glorifique en la tierra. He logrado la labor que me has
    puesto.
    017:005 Ahora Padre, glorifícame contigo mismo, con la gloria que yo
    tenía antes de que el mundo existiera.
    017:006 Yo le revelé tu nombre a las personas que me has dado del
    mundo. Eran tuyos y me los has dado a mí. Ellos le han hecho
    caso a tu palabra.
    017:007 Ahora ellos saben que todas las cosas que me has dado vienen
    de ti[181],
    017:008 pues las palabras que me has dado se las he dado a ellos, y
    ellos las recibieron, y se aseguraron de que yo venía de ti, y
    han creído que tu me has enviado.
    017:009 Rezo por ellos. No rezo por el mundo sino por aquellos que me
    has dado, pues ellos son tuyos.
    017:010 Todas las cosas que son mías son tuyas, y las tuyas son mías,
    y yo estoy glorificado en ellas.
    017:011 Yo no seguiré en el mundo pero ellos si, yo voy a ti. Padre
    Santo, cuídalos en tu nombre el cual me has dado a mí, que
    sean uno así como nosotros lo somos.
    017:012 Mientras que estaba en el mundo con ellos los mantuve en tu
    nombre. Los que me has dado los he mantenido. Ninguno está
    perdido, excepto el hijo de la destrucción, para que la
    escritura se cumpliera.
    017:013 Pero ahora voy a Ti, y digo estas cosas en el mundo, para que
    puedan completar en ellos mi felicidad[182].
    017:014 Les he dado tu palabra. El mundo los ha odiado, porque no son
    del mundo, así como yo no soy del mundo.
    017:015 No oro para que los saques del mundo, sino para que los cuides
    del maligno.
    017:016 No son del mundo así como yo tampoco soy del mundo.
    017:017 Santifícalos[183] en tu verdad. Tu palabra es verdad.
    017:018 Tal como me enviaste al mundo, así los he enviado a ellos al
    mundo.
    017:019 Por su causa me santifico a mi mismo, para que ellos mismos
    puedan ser santificados en la verdad.
    017:020 No sólo por ellos oro, sino también por aquellos que creen en
    mí por medio de su palabra,
    017:021 que todos puedan ser uno; así como tu, Padre, estás en mí y yo
    en ti, que ellos también puedan ser uno en nosotros; para que
    el mundo pueda creer que tu me enviaste.
    017:022 La gloria que me has dado, se las he dado a ellos; para que
    puedan ser uno, así como nosotros somos uno;
    017:023 Yo en ellos, y tu en mí, para que puedan ser perfeccionados en
    uno; que el mundo pueda saber que tu me enviaste, y que los
    amaste, así como me amaste.
    017:024 Padre, también deseo que aquellos que me has dado, estén
    conmigo donde yo este, que puedan ver mi gloria, la cual tu me
    has dado, porque me amabas desde antes de la fundación del
    mundo.
    017:025 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocía; y
    ellos supieron que tu me enviaste.
    017:026 Les he dado a conocer tu nombre, y lo haré conocido; para que
    el amor con el que me has amado pueda estar en ellos, y yo en
    ellos.»

    18

    018:001 Cuando Jesús había dicho estas palabras, paso con sus
    discípulos sobre el puente Cedrón, donde había un jardín, al
    cual Él y sus discípulos entraron.
    018:002 Ocurrió que Judas, quien lo traicionó, también conocía el
    lugar, porque Jesús lo frecuentaba con sus discípulos.
    018:003 Entonces Judas, habiendo tomado una tropa de soldados y
    oficiales de los sacerdotes jefes y de los fariseos, fue allí
    con linternas, antorchas y armas.
    018:004 Jesús, sabiendo todas las cosas que le ocurrirían, avanzó y
    les dijo, «¿A quién buscan?»

    018:005 Le contestaron, «A Jesús de Nazaret.»
    Jesús les dijo, «YO SOY.»
    También Judas, quien lo traicionó, estaba con ellos.
    018:006 Y cuando Él les dijo «YO SOY», retrocedieron y cayeron al
    piso.

    018:007 De nuevo les pregunto Jesús, «¿A quién buscan?»
    Ellos dijeron, «Jesús de Nazaret.»

    018:008 Jesús les dijo, «Ya les dije que YO SOY. Entonces si me buscan
    a mí, dejen que estos sigan su camino,»
    018:009 para que se cumpliera la palabra[184] que dice, «De aquellos
    que me has dado, no he perdido ninguno.»

    018:010 Entonces Simón Pedro, quien tenía una espada, la sacó, y le
    dio al siervo del sumo sacerdote, cortando su oreja derecha.
    El nombre del siervo era Malco.
    018:011 Entonces Jesús le dijo a Pedro, «Pon la espada en su funda.
    ¿Acaso no debo beber la copa que el Padre me ha dado?»

    018:012 Entonces los soldados, el oficial a cargo y los oficiales de
    los judíos, apresaron a Jesús, lo ataron,
    018:013 y lo condujeron primero donde Anás, pues él era el suegro de
    Caifás, quien era el sumo sacerdote aquel año.
    018:014 Fue Caifás quien aconsejó a los Judíos que era apropiado que
    muriera un hombre por la gente.
    018:015 Simón Pedro siguió a Jesús, así como otro discípulo. Ocurría
    que ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró
    junto con Jesús a la corte del sumo sacerdote;
    018:016 pero Pedro permaneció afuera junto a la puerta. El otro
    discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, salió y habló
    a la que cuidaba la puerta, e hizo entrar a Pedro.
    018:017 Entonces la empleada que cuidaba la puerta le dijo a Pedro, «¿
    Eres también uno de los discípulos de ese hombre?»
    Él dijo, «No lo soy.»

    018:018 Los siervos y los oficiales estaba allí, pues habían hecho un
    fuego de carbón porque hacia frío, y permanecían allí
    calentándose. Pedro estaba con ellos y se calentaba.
    018:019 Entonces, el sumo sacerdote le preguntó a Jesús sobre sus
    discípulos y sobre su enseñanza.
    018:020 Jesús le contestó, «Hablé abiertamente al mundo. Siempre
    enseñe en las sinagogas, y en el templo, donde los judíos
    siempre se reúnen. No dije nada en secreto.
    018:021 ¿Por qué me preguntas? Pregúntale a quienes han oído lo que
    les he dicho. Ellos saben las cosas que he dicho.»

    018:022 Cuando dijo esto, uno de los oficiales se levantó y le dio una
    bofetada a Jesús con su mano, diciendo, «¿Le respondes al sumo
    sacerdote así?»

    018:023 Jesús le contestó, «Si he hablado mal, doy testimonio del
    mal[185 ]; pero si lo hice bien ¿Por qué me golpeas?

    018:024 Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
    018:025 Simón Pedro se quedo allí y se calentaba. Entonces le dijeron,
    «Tu no eres uno de sus discípulos, ¿Lo eres?»
    Él lo negó, y dijo, «No lo soy.»

    018:026 Uno de los siervos del sumo sacerdote, siendo pariente de
    aquel a quien Pero había cortado la oreja, dijo, «¿No te vi en
    el jardín con Él?»

    018:027 Entonces Pedro lo negó de nuevo, y de inmediato el gallo
    cantó.

    018:028 Llevaron a Jesús de donde Caifás a la tienda del Pretor. Era
    temprano, y ellos mismos no entraron a la tienda, para no
    quedar impuros, y poder comer la pascua.
    018:029 Pilato entonces fue donde ellos, y les dijo, «¿Qué acusación
    traen contra este hombre?

    018:030 Le contestaron, «Si este hombre no fuera un malhechor, no te
    lo habríamos entregado.»

    018:031 Pilato entonces les dijo, «Tómenlo ustedes, y júzguenlo de
    acuerdo a su ley.»
    Entonces los judíos le dijeron, «No es legal para nosotros
    condenar a muerte a alguien, »
    018:032 para que la palabra de Jesús se pudiera cumplir, la que dijo,
    señalando la clase de muerte que tendría.

    018:033 Pilato entonces entró de nuevo a la tienda, llamó a Jesús, y
    le dijo, «¿Eres el Rey de los Judíos?»

    018:034 Jesús le contestó, «¿Dices esto por ti mismo, o otros te
    hablaron de mí?»

    018:035 Pilato respondió, «No soy Judío, ¿Acaso lo soy? Tu propia
    nación y los jefes de los sacerdotes te han enviado a mí. ¿Qué
    has hecho?»

    018:036 Jesús le contestó, «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino
    fuero de este mundo, mis siervos pelearían, para que yo no
    fuera entregado a los Judíos. Pero ocurre que mi Reino no es
    de aquí.»

    018:037 Pilato entonces le dijo, «¿Entonces eres un rey?»
    Jesús le contestó, «Dices que soy un rey. Por esta razón he
    nacido, y por esta razón he venido al mundo, para dar
    testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad
    escucha mi voz.»

    018:038 Pilato le dijo, «¿Qué es la verdad?»
    Después de haber dicho esto, fue de nuevo donde los judíos, y
    les dijo, «No encuentro bases para condenarlo.
    018:039 Pero ustedes tienen una costumbre, que yo les libere a alguien
    en la Pascua. Entonces ¿ Quieren que les libere al Rey de los
    Judíos?»

    018:040 Entonces todos gritaron, diciendo, «¡No a este hombre, sino a
    Barrabás!» Ocurría que Barrabás era un ladrón.

    19

    019:001 Así que Pilato tomó a Jesús[186], y lo flageló.
    019:002 Los soldados trenzaron espinas en una corona, la pusieron
    sobre su cabeza y lo vistieron con un manto púrpura.
    019:003 Se mantenían diciendo, «!Salve, Rey de los Judíos¡» y
    golpeándolo.

    019:004 Entonces Pilato salió de nuevo, y les dijo, «Observen, se los
    traigo, para que sepan que no encuentro bases para
    condenarlo.»

    019:005 Entonces Jesús salió, llevando el manto púrpura y la corona de
    espinas. Pilato les dijo, «¡Observen, al hombre!»

    019:006 Entonces cuando los jefes de los sacerdotes y los oficiales lo
    vieron, gritaron diciendo, «¡Crucifícalo¡ ¡Crucifícalo!»
    Pilato les dijo, «Tómenlo ustedes mismos, y crucifíquenlo,
    porque no encuentro bases para condenarlo.»

    019:007 Los judíos le contestaron, «Tenemos una ley, y de acuerdo a
    nuestra ley, Él debe morir, porque se ha creído el Hijo de
    Dios.»

    019:008 Entonces cuando Pilato escuchó esto, se asustó más.
    019:009 Entró a la tienda de nuevo, y le dijo a Jesús, «¿De donde
    eres?» Pero Jesús no le respondió.
    019:010 Pilato entonces le dijo, «¿No me estás hablando? ¿ No sabes
    que tengo el poder para liberarte, y tengo el poder para
    crucificarte?»

    019:011 Jesús le contestó, «No tendrías poder alguno contra mí, si no
    te hubiera sido dado desde arriba[187]. Así que quien me ha
    entregado a ti tiene mayor pecado.»

    019:012 Tras esto, Pilato buscaba liberarlo, pero los Judíos gritaron
    diciendo, «¡Si liberas a este hombre, no eres amigo del Cesar!
    ¡ Cualquiera que se crea rey habla contra el Cesar!»

    019:013 Entonces cuando Pilato escuchó estas palabras, sacó a Jesús,
    se sentó en la silla del juez en un lugar llamado «El
    Pavimento[188],» en Hebreo «Gabbatha.»
    019:014 Era el día de la preparación de la Pascua, era cerca de la
    sexta hora.[189]Le dijo a los Judíos, «¡Observen a su Rey!»

    019:015 Gritaron, «¡Lejos con Él!, ¡Lejos con Él! ¡Crucifícalo¡»
    Pilato les dijo, «¿Debo crucificar a su Rey?»
    Los jefes de los sacerdotes contestaron, «¡No tenemos más rey
    que al Cesar!»

    019:016 Así que se los entregó para que fuera crucificado. Tomaron a
    Jesús y lo sacaron.
    019:017 Salió, cargando su cruz, a un lugar llamado « El sitio de la
    calavera,» que en Hebreo es llamado, «Gólgota,»
    019:018 donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado,
    y Jesús en el medio.
    019:019 Pilato también escribió un título y lo puso sobre la cruz.
    Decía, «JESÚS DE NAZARET, EL REY DE LOS JUDÍOS.»
    019:020 Entonces muchos de los Judíos leyeron este título, pues el
    lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca a la ciudad; y
    estaba escrito en hebreo, latín y griego.
    019:021 Los jefes de los sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato,
    «No escribas, `El rey de los judíos,´ sino `dijo, soy el rey
    de los Judíos.´»

    019:022 Pilato contestó, «Lo que he escrito, escrito está.»

    019:023 Entonces los soldados, cuando habían crucificado a Jesús,
    tomaron su ropa, hicieron cuatro partes, una para cada
    soldado, y también la túnica. La túnica no tenía junturas, era
    tejida desde la parte de arriba.
    019:024 Entonces se dijeron unos a otros, «No lo dividamos, hagamos un
    sorteo para decidir de quien será,» para que se cumplieran las
    Escrituras, que dicen,
    «Repartieron mi ropa entre ellos. Por mi túnica echaron
    suertes.» Y esto fue lo que hicieron los soldados.
    019:025 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su
    madre, María la mujer de Clofás y María Magdalena.
    019:026 Entonces cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo que amaba
    allí, le dijo a su madre, «¡Mujer, mira a tu hijo¡»
    019:027 Entonces le dijo al discípulo, «¡Observa a tu madre!» Desde
    esa hora, el discípulo la acogió en su casa.

    019:028 Después de esto, Jesús vio[190] que todo estaba hecho. Para
    que las escrituras pudieran completarse, dijo, «Estoy
    sediento.»
    019:029 Había allí un recipiente lleno de vinagre[191], así que
    pusieron una esponja llena de vinagre sobre un hisopo, y se la
    pusieron en la boca.
    019:030 Cuando Jesús recibió el vinagre, dijo, «Está terminado[ 192].»
    Inclinó su cabeza, y entregó su espíritu.

    019:031 Entonces los Judíos, como era el día de la preparación, para
    que los cuerpos no permanecieran en la cruz el día sabático
    (pues el día sabático era especial), le pidieron a Pilato que
    rompiera sus piernas, y que pudieran ser retirados.
    019:032 Entonces los solados fueron y rompieron las piernas del
    primero, y del que estaba crucificado con él;
    019:033 pero cuando fueron donde Jesús, y vieron que ya estaba muerto,
    no rompieron sus piernas.
    019:034 Sin embargo uno de los soldados clavó su costado con una
    lanza, y de inmediato brotaron sangre y agua.
    019:035 Quien ha visto ha dado testimonio y su testimonio es cierto.
    Sabe que dice la verdad, para que ustedes pueda creer.
    019:036 Pues estas cosas ocurrieron para que las Escrituras pudieran
    cumplirse, «Ni uno de sus huesos será roto.»
    019:037 También otra Escritura dice, «Ellos mirarán a aquel que
    cortaron.»

    019:038 Después de esto, José de Arimatea, siendo discípulo de Jesús,
    en secreto por miedo a los judíos, le pidió a Pilato que le
    permitiera llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato le dio permiso.
    Entonces fue y se llevó el cuerpo.
    019:039 Nicodemo, quien había ido donde Jesús en la noche, también fue
    con una mezcla de mirra y aloe, como cien libras [193].
    019:040 Así que se llevaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en
    ropas de lino con la mezcla de hierbas de acuerdo a la
    costumbre judía para enterrar.
    019:041 En el lugar donde fue crucificado había un jardín. En el
    jardín había una tumba nueva donde ningún hombre había yacido
    antes.
    019:042 Entonces a causa del día de preparación de los judíos (pues la
    tumba estaba a mano) dejaron a Jesús allí.

    20

    020:001 Ocurrió que el primer día de la semana, María Magdalena fue
    temprano a la tumba, mientras aún estaba oscuro y vio que la
    piedra había sido retirada de la tumba.
    020:002 Entonces corrió y fue donde Simón Pedro, y el otro discípulo a
    quién Jesús amaba, y les dijo, «¡Se han llevado al Señor de la
    tumba, y no sabemos[194] donde lo han dejado!»

    020:003 Entonces Pedro y el otro discípulo salieron, y fueron hacia la
    tumba.
    020:004 Ambos corrieron. El otro discípulo sobrepasó a Pedro, y llegó
    primero a la tumba.
    020:005 Deteniéndose y mirando,vio las ropas de lino allí, pero no
    entró.
    020:006 Entonces Simón Pedro llegó siguiéndolo, y entró a la tumba.
    Vio la ropa de lino
    020:007 y la que había tenido sobre su cabeza, enrollada en otro
    lugar, separada del resto de ropa.
    020:008 Entonces el otro discípulo que había llegado primero también
    entró a la tumba,vio y creyó.
    020:009 Pues hasta entonces no conocían la Escritura, de acuerdo a la
    cual, Él debía resucitar de entre los muertos.
    020:010 Entonces los discípulos fueron de nuevo a sus casas.

    020:011 Pero Maria se mantuvo fuera de la tumba llorando. Mientras
    lloraba, se arrodilló[195], miró en la tumba,
    020:012 y vio dos ángeles vestidos de blanco, uno a la cabeza y otro a
    los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús.
    020:013 Le dijeron, «¿Mujer, por qué estás llorando?»
    Ella les dijo, «Porque se han llevado a mi Señor, y no se
    donde lo han dejado.»
    020:014 Cuando había dicho esto, dio vuelta y vio a Jesús de pie, pero
    no supo que era Jesús.

    020:015 Jesús le dijo, «¿Mujer, por qué estás llorando? ¿A quién
    buscas?»
    Ella, suponiendo que se trataba del jardinero, le dijo,
    «Señor, si te lo has llevado, dime donde lo has puesto, e iré
    a llevármelo.»

    020:016 Jesús le dijo, «María.»
    Ella se volteó y le dijo[196], «¡Rabuni!» que significa
    «¡Maestro!»

    020:017 Jesús le dijo, «No me toques[197], porque aún no he ascendido
    a mi Padre; pero ve donde mis hermanos a decirles, `Estoy
    ascendiendo a mi Padre y Padre de ustedes a mi Dios y Dios de
    ustedes.´»

    020:018 María Magdalena fue y le dijo a los discípulos que había visto
    al Señor, y que Él le había dicho estas cosas.
    020:019 Entonces cuando llegó la tarde, ese día, el primer día de la
    semana, y cuando las puertas del lugar donde estaban reunidos
    los discípulos estaban cerradas por temor a los judíos, Jesús
    llegó, apareció en medio de ellos, y les dijo, «La paz esté
    con ustedes.»

    020:020 Cuando les había dicho esto, les mostró sus manos y su
    costado. Entonces los discípulos se alegraron cuando vieron al
    Señor.
    020:021 Entonces Jesús les dijo de nuevo, «La paz esté con ustedes.
    Así como el Padre me ha enviado, así los envió yo.»
    020:022 Cuando había dicho esto, respiró sobre ellos, y les dijo,
    «¡Reciban al Espíritu Santo!
    020:023 Cualesquiera pecados que perdonen, esos son perdonados[198 ].
    Cualesquiera pecados retengan, esos son retenidos.

    020:024 Pero Tomás, uno de los doce, llamado dídimo, no estaba con
    ellos cuando Jesús llegó.
    020:025 Entonces los otros discípulos le dijeron, «¡ Hemos visto al
    Señor!»
    Pero él les dijo, «A menos que yo vea en sus manos la huella
    de los clavos, y ponga mi mano[199] en su costado, no
    creeré.»

    020:026 Después de ocho días sus discípulos estaban reunidos, y Tomás
    estaba con ellos. Jesús llegó, estando las puertas cerradas,
    apareció en el medio, y dijo, «La paz esté con ustedes.»
    020:027 Entonces le dijo a Tomás, «Acerca tu dedo, mira mis manos.
    Acerca tu mano, ponla en mi costado. No seas incrédulo,
    cree.»

    020:028 Tomás le contestó, «¡Mi Señor y mi Dios!»

    020:029 Jesús le dijo, «Porque me has visto [200], has creído.
    Benditos aquellos que no han visto, y han creído.»

    020:030 Entonces Jesús hizo muchas otras señales en la presencia de
    sus discípulos, que no se escriben en este libro;
    020:031 las que se escriben son para que tu puedas creer que Jesús es
    el Cristo, el Hijo de Dios, y que creyendo, puedas tener vida
    en su nombre.

    21

    021:001 Después de esto, Jesús se reveló nuevamente a sus discípulos
    en el lago de Tiberias. Él se reveló de esta forma.
    021:002 Simón Pedro, Tomás el llamado dídimo, Natanael de Cana en
    Galilea, los hijos de Cebedeo y otros dos discípulos estaban
    reunidos.
    021:003 Simón Pedro les dijo, «Voy a pescar.»
    Ellos le dijeron, «También vamos contigo.» Salieron de
    inmediato y entraron al bote. Esa noche, no pescaron nada.
    021:004 Cuando llegó el día, Jesús estaba en la playa, aunque sus
    discípulos no reconocieron que era Él.
    021:005 Entonces Jesús les dijo, Niños, ¿Tienen algo para comer?
    Ellos le contestaron, «No.»

    021:006 Él les dijo, «Arrojen la red a la derecha del bote, y
    encontrarán algunos.»
    Entonces la arrojaron, y no fueron capaces de sacarla por la
    cantidad de peces.
    021:007 El discípulo al que Jesús amaba le dijo a Pedro, «¡Es el
    Señor!»
    Así que cuando Simón Pedro escuchó que era el Señor, envolvió
    su saco a su alrededor (pues estaba desnudo), y se lanzó al
    mar[201].
    021:008 Los demás discípulos fueron en el botecito (pues no estaban
    lejos de la tierra, sino como a doscientos codos[202] de
    distancia), jalando la red llena de peces.
    021:009 Así que cuando llegaron a tierra, encontraron fuego de
    carbones allí, y pescado puesto en estos, y pan.
    021:010 Jesús les dijo, «Traigan algo del pescado que han cogido.»

    021:011 Simón Pedro fue y sacó la red a tierra, llena de grandes
    pescados, ciento cincuenta y tres; y aún habiendo tantos, la
    red no se rompió.

    021:012 Jesús le dijo, «Vengan y desayunen.»
    Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle «¿Quién
    eres?» sabiendo que era el Señor.

    021:013 Entonces Jesús tomó el pan, se los dio, y así mismo el
    pescado.
    021:014 Esta fue la tercera ocasión en la que Jesús se reveló a sus
    discípulos después de haberse levanto de la muerte.
    021:015 Cuando habían comido su desayuno, Jesús le dijo a Simón Pedro,
    «Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas más que estos?»
    Él le dijo, «Si, Señor; sabes el afecto que siento por ti.»
    Jesús le dijo, «Alimenta mis corderos[203].»
    021:016 Le dijo por segunda vez, «Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas?»
    Él le dijo, «Si, Señor; sabes el afecto que siento por ti.»
    Él le dijo, «Cuida mis ovejas.»
    021:017 Le dijo por tercera vez, «Simón, hijo de Jonás, ¿Sientes
    afecto por mí?»
    Pedro se afligió porque le preguntaba por tercera vez, «¿Me
    tienes afecto?» Él le dijo, «Señor, tu lo sabes todo. Sabes
    que te tengo afecto.»
    Jesús le dijo, «Alimenta mis ovejas[204].
    021:018 Con seguridad les digo, cuando eran jóvenes, se vestían por si
    mismos, y caminaban por donde querían. Pero que son viejos,
    estirarán sus manos y otro los vestirá, y los llevará a donde
    ustedes no quieren ir.»

    021:019 Dijo esto, queriendo decir con que clase de muerte le daría
    gloria a Dios. Después de decir esto, dijo «Sígueme.»

    021:020 Entonces Pedro, dándose vuelta,vio a un discípulo siguiéndolo.
    Este era el discípulo al que Jesús amaba sinceramente, el
    mismo que se había reclinado en el pecho de Jesús en la cena y
    le había preguntado, «¿Señor quien te va a traicionar?»
    021:021 Pedro al verlo, le dijo a Jesús, «Señor, ¿Qué respecto a este
    hombre?»

    021:022 Jesús le dijo, «Si yo deseo que se quede hasta que yo regrese,
    ¿ Qué significa para ti? Tu sígueme. »
    021:023 Entonces entre los hermanos[ 205] empezó a decirse, que ese
    discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría,
    sino que «Si yo deseo que se quede hasta que yo regrese, ¿Qué
    significa para ti?»
    021:024 Este es el discípulo que da testimonio sobre estas cosas, y
    que escribió estas cosas. Sabemos que su testimonio es cierto.
    021:025 Hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, si todas fueran
    escritas, supongo que no habría espacio suficiente en el mundo
    para los libros que se escribirían.

    ————–

    [1] Versión: 0.9. Damos gracias a Dios. Traducción basada
    especialmente en [WEB]. Los nombres en español han sido
    tomados de
    [DiosHablaHoy]. Algunos cambios en la traducción (anotados en
    pies
    de página) se basan en [DieBibel], [DiosHablaHoy], [Peshitta]
    y [
    Elberfelder]. Las comparaciones con [TR], [NU] y [MT] son
    tomadas
    de [WEB] y fueron realizadas por Michael Jhonson. Hasta el
    momento
    han colaborado traduciendo a español, comparando y
    corrigiendo:
    Melissa Giraldo y Vladimir Támara. Puede buscar una versión
    más
    actualizada en http://de.geocities.com/nuestroamigojesus/bdp o
    ayudar a mejorar esta traducción en la lista evangelios-dp a
    la que
    puede suscribirse en:
    http://groups.yahoo.com/group/evangelios-dp

    [2] [Peshitta] dice `Miltha´ con nota al pie de página:
    `"Miltha"
    … puede significar Palabra, Manifestación, Instancia o
    Substancia, entre muchas otras cosas.

    [3] [Peshitta] dice `estaba con Dios.´

    [4] [DieBibel], [DiosHablaHoy], [Peshitta] y [Elberfelder]
    dicen
    `Al comienzo estaba con Dios.´

    [5] La palabra traducida como «subyugó» (katelaben) también
    puede
    ser traducida «comprendido.» Se refiere a atrapar a un enemigo
    para
    acabar con él. [WEB], [Elberfelder] dicen `no la han
    subyugado,´ [
    Peshitta] dice `no la subyugó.´

    [6] [Peshitta] dice `Era la luz de la verdad que ilumina a
    todos
    los que vienen al mundo.´

    [7] [Peshitta] dice `la autoridad.´

    [8] En [DiosHablaHoy] dice bendición tras bendición,
    [DieBibel]
    dice `clemencia tras clemencia,´ [Peshitta] dice `gracia a
    cuenta
    de gracia.´

    [9] En [DiosHablaHoy] dice `El amor y la verdad.´

    [10] [NU] dice "Dios."

    [11] [WEB] dice `que es preferido antes de mí,´ [Peshitta]
    dice
    `pero que está antes de mi,´ esta parte no aparece en
    [Elberfelder]

    [12] En [DiosHablaHoy] dice `al oriente del Jordán,´
    [Peshitta]
    dice `en el cruce del Jordán.´

    [13] [Peshitta] dice `otro día.´

    [14] Esta parte no aparece en [Peshitta].

    [15] 4:00 PM.

    [16] «Mesías» (Hebreo) y «Cristo» (Griego) ambos significan
    «El
    Ungido.» La aclaración `que se interpreta como Cristo´ no
    aparece
    en [Peshitta].

    [17] En [WEB], [Peshitta] dice Jonás, [DiosHablaHoy] y en
    [DieBibel
    ] dice Juan. En [DieBibel] hay un pie de página que dice que
    el
    padre de Pedro en todo el evangelio de Juan es llamado Juan,
    aunque
    es llamado Jonás en Mateo 16,17.

    [18] [DieBibel] y [Elberfelder] dicen `piedra´ en lugar de
    `Pedro.´
    La aclaración no aparece en [Peshitta], aunque está como pie
    de
    página.

    [19] [Peshitta] dice en nota al pie `Beth-Saida literalmente
    significa "Casa/Lugar de pesca", está situada sobre el lago de
    Galilea.´

    [20] [Elberfelder] dice sólo `conmigo.´

    [21] La traducción `de acuerdo a la forma Judía de purificar´
    concuerda con la de [DieBibel], aunque en [DiosHablaHoy] dice
    `para
    el agua que usan los judíos en sus ceremonias de
    purificación.´

    [22] 2 a 3 metretes son entre 20 y 30 galones de EUA, 16 a 25
    galones imperiales, o entre 75 y 115 litros.

    [23] [Peshitta] y [Elberfelder] dicen `están ebrios.´

    [24] De acuerdo al comentario en Mateo 12,35 de [DieBibel],
    "la
    palabras "hermano" y "hermana" por su uso en arameo, hebreo y
    griego, puede ser abreviación de familiar (e.g primo)".

    [25] La palabra traducida como "de nuevo" aquí y en Juan 3,7
    (anothen) también significa «otra vez» o «desde arriba.»

    [26] La misma palabra griega (pneuma) significa viento,
    aliento y
    espíritu.

    [27] La parte `quien está en el cielo´ no aparece en
    [DieBibel]

    [28] [Peshitta] dice `condenarlo.´

    [29] [Peshitta] dice `dar vida al mundo.´

    [30] [DieBibel] en lugar de `Ellos fueron para ser bautizados´
    dice
    `La gente iba, para ser bautizada.´

    [31] [Peshitta] dice `de un discípulo de Juan con un judío.´

    [32] [DiosHablaHoy] dice `con un hijo.´

    [33] [DiosHablaHoy] dice `al este del Jordán.´

    [34] [Peshitta] agrega `un mensajero que ha sido enviado antes
    de
    Él.´

    [35] `que en verdad es Dios´ es tomada de [DieBibel] que
    concuerda
    con [Elberfelder], [WEB] y [Peshitta] dicen `que Dios es la
    verdad´
    y [DiosHablaHoy] dice `que Dios dice la verdad.´

    [36] En este contexto, la misma palabra puede traducirse como
    «
    desobedece» o «no cree.»

    [37] En [DiosHablaHoy] dice `Los fariseos se enteraron de que
    Jesús
    tenía más seguidores y bautizaba más que Juan.´ El sentido es
    el
    mismo en [DieBibel], [WEB] y [Elberfelder].

    [38] [Elberfelder] dice `un pozo de Jacob.´

    [39] Medio día.

    [40] En [DieBibel] dice de donde provienen los dones de Dios.

    [41] En [DieBibel] dice `que regala vida eterna,´ en
    [DiosHablaHoy]
    dice `brotará en él como un manantial de vida eterna.´

    [42] En [DiosHablaHoy] dice `llega la hora en la que ustedes
    adorarán al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a
    Jerusalén.´

    [43] [DieBibel] dice `porque así el Padre desea ser alabado,´
    [
    DiosHablaHoy] dice lo mismo. Con la traducción escogida
    concuerdan
    [DieBibel], [Peshitta] y [Elberfelder].

    [44] [Peshitta] no incluye la aclaración `aquel que es llamado
    Cristo.´

    [45] [Elberfelder] no dice `¿Qué estás buscando?.´

    [46] [DieBibel] dice `Vivo de un alimento que ustedes no
    conocen.´

    [47] [WEB] dice `cumplir su trabajo,´ [DieBibel], [Peshitta],
    [
    Elberfelder] y [DiosHablaHoy] dicen `completar su trabajo.´

    [48] [Peshitta] dice `maduros.´

    [49] [Peshitta] y [WEB] dicen `el Cristo,´ ni [DieBibel], ni [
    DiosHablaHoy], ni [Elberfelder] lo dicen.

    [50] En [DieBibel] y [Peshitta] dicen `servidor real.´ [
    DiosHablaHoy] dice `oficial del rey.´

    [51] 1:00 P.M.

    [52] [DiosHablaHoy] dice `toda su familia.´

    [53] [Peshitta] no dice `por la puerta de las ovejas.´

    [54] [Peshitta] dice `un lugar de bautismo.´

    [55] [DiosHablaHoy] en lugar de `Betesda´ dice `Betzata.´

    [56] Ni [DieBibel] ni [DiosHablaHoy] agregan al final de 5,3
    `que
    esperaban el movimiento del agua;´ ni la explicación en 5,4,
    aunque
    están en notas al pie de página. [DieBibel] dice que es una
    adición
    a los textos antiguos.

    [57] El día sabático o de descanso era el sábado.

    [58] [Peshitta] dice `había sido presionado por la multitud.´

    [59] En [DieBibel] y [Elberfelder] dicen `el Hijo del hombre,´
    [
    Peshitta] dice `de hombre.´

    [60] En [DieBibel] dice `juzgo, como escucho del Padre.´

    [61] [WEB] y [Peshitta] dicen `Ustedes han enviado a Juan,´ [
    Elberfelder] dice `Ustedes han sido enviados a Juan.´

    [62] [WEB] dice `no vendrán a mí,´ [Peshitta] dice `no desean
    venir
    a mí.´

    [63] [WEB] dice `en el que recibe gloria de otro,´ [DieBibel]
    dice
    `cuando ustedes reciben la gloria de otro?,´ [Peshitta] dice
    `que
    reciben gloria quienes se alaban unos a otros.´

    [64] [WEB] dice `incluso Moisés.´

    [65] El original dice `mar.´

    [66] [Peshitta] dice `de Tiberius.´

    [67] [WEB] dice tajadas de cebada.

    [68] En [DieBibel] dice `y los distribuyó a la gente,´
    [Peshitta] y
    [Elberfelder] tienen el mismo sentido.

    [69] [Peshitta] agrega `de las cinco tajadas de pan de
    cebada.´

    [70] En [WEB] y [Peshitta] dice al final `por si mismo,´ en [
    DieBibel] dice `solo,´ en [DiosHablaHoy] dice `a lo alto de la
    montaña para estar solo.´

    [71] 25 a 30 estadios corresponden aproximadamente de 5 a 6
    kilómetros o de 3 a 4 millas.

    [72] En Griego y Hebreo se usa la misma palabra para «cielo»,
    «los
    cielos», «el firmamento» y «el aire.»

    [73] En [DieBibel] dice `que no los deje yacer en tierra,´ en
    [
    DiosHablaHoy] dice `que yo no pierda a ninguno de los que me
    ha
    dado.´

    [74] En [DiosHablaHoy] dice `que ha venido de Dios.´

    [75] [Peshitta][WEB][Elberfelder][DieBibel][DiosHablaHoy]

    [76] En [DiosHablaHoy] dice `que da vida.´

    [77] [DieBibel] dice `Pero no es así con el pan que viene del
    cielo: Cuando alguien de este coma, no morirá.´

    [78] [DiosHablaHoy] dice `vive unido a mí.´

    [79] En [DiosHablaHoy] dice `Esto que dice es muy difícil de
    aceptar; ¿Quién puede hacerle caso?´

    [80] [DiosHablaHoy] y [Peshitta] dicen `¿Esto los ofende?´

    [81] [DiosHablaHoy] dice `el cuerpo no aprovecha

    [82] [Elberfelder] y [DieBibel] dicen `tu eres Dios bendito,´
    [
    Peshitta] , [WEB] y [DiosHablaHoy] dicen `el Cristo, el Hijo
    del
    Dios viviente.´

    [83] Ver nota de pie de página de Juan 2,12.

    [84] Tanto [DieBibel] como [DiosHablaHoy] dicen: aquel que
    quiere
    ser conocido no hace nada en secreto

    [85] [DieBibel] dice `la escritura,´ [DiosHablaHoy] dice `Cómo
    sabe
    este tantas cosas.´

    [86] [DieBibel] dice es `digno de confianza,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `dice la verdad.´

    [87] [WEB] dice `hice cada parte de un hombre completa.´

    [88] [DieBibel] dice `por quien me envió, garanticen la
    verdad,´ [
    DiosHablaHoy] dice `vengo enviado por uno que es digno de
    confianza.´

    [89] En [WEB] dice `dispersión.´ [DiosHablaHoy] dice `a los
    judíos
    que viven dispersos en el extranjero y a enseñar a los
    paganos.´ la
    traducción `diáspora´ es tomada de [DieBibel].

    [90] [DieBibel] dice `qué significa esto que Él ha dicho.´

    [91] [DiosHablaHoy] dice `del corazón del que cree en mí.´

    [92] Traducción tomada de [DieBibel], [WEB] dice `quien había
    ido
    donde Jesús en la noche

    [93] [DieBibel] aclara `uno de sus propias filas´

    [94] [DieBibel] dice `lee,´ [DiosHablaHoy] dice `estudia.´

    [95] [Peshitta] no incluye los versículos del 1 al 12 de este
    capítulo.

    [96] [Elberfelder] no dice `condenados por su conciencia.´

    [97] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dice `¿Donde están?´

    [98] [Peshitta] comienza el capítulo 8 en este versículo.

    [99] [DiosHablaHoy] dice `Ustedes juzgan según los criterios
    humanos.´

    [100] [DieBibel], [Elberfelder] y [Peshitta] dicen `Yo soy,´ [
    DiosHablaHoy] dice `Yo soy el que soy´

    [101] [DieBibel] dice `¿Por qué aún hablo con ustedes?´ con
    nota al
    pie de página `No es seguro que se encuentre el sentido del
    texto
    griego aquí,´ [DiosHablaHoy] dice `¿Por qué he de hablar con
    ustedes?´ con nota al pie de página `Otra posible traducción:
    Lo
    que desde el principio les digo,´ [Elberfelder] dice `Con
    seguridad, lo que también les he dicho,´ [Peshitta] dice `Aún
    si
    comenzara a hablar con ustedes.´

    [102] [Peshitta] dice `en contra de ustedes.´

    [103] [DieBibel] dice `garantiza la verdad,´ [DiosHablaHoy]
    dice
    `dice la verdad.´

    [104] [DiosHablaHoy] no dice `casa´ sino `familia.´

    [105] [Peshitta] dice `no están abiertos a mi palabra´ con
    nota al
    pie de página que aclara `No se vacían a ustedes mismos (para
    hacer
    espacio) para mi palabra.´

    [106] [DieBibel], [Elberfelder] y [DiosHablaHoy] dicen `oído
    de,´ [
    WEB] y [Peshitta] dice `visto.´

    [107] [DiosHablaHoy] dice `porque yo vengo de Dios y aquí
    estoy´

    [108] [Peshitta] dice `por mi propia voluntad.´

    [109] [WEB] dice `no pueden,´ la traducción escogida fue
    tomada de
    [DieBibel].

    [110] [WEB] dice `de estas,´ la traducción fue tomada de
    [DieBibel
    ].

    [111] [WEB] y [Peshitta] dicen `Hay uno que busca y juzga,´ [
    DiosHablaHoy] dice `Yo no quiero que me honren, aunque hay
    alguien
    que quiere que se me honre, y Él juzga,´ el mismo sentido
    tiene [
    Elberfelder].

    [112] [DiosHablaHoy] dice `yo existo desde antes que existiera
    Abraham.´

    [113] [WEB] y [Peshitta] coinciden en la traducción escogida,
    [
    DiosHablaHoy] y [Elberfelder] dicen `se escondió y salió del
    templo.´

    [114] [Peshitta] no incluye la aclaración (que significa
    «Enviado
    »).

    [115] [Peshitta] dice `que mendigaba desde el comienzo.´

    [116] [Peshitta] agrega `desde el comienzo.´

    [117] [DiosHablaHoy] dice `Dinos la verdad delante de Dios´

    [118] [DieBibel], [Peshitta] y [Elberfelder] dicen `teme a
    Dios.´

    [119] Redacción de [DieBibel]

    [120] [DiosHablaHoy] dice `cuando se encontró con él.´

    [121] [DiosHablaHoy] dice `se puso de rodillas´

    [122] [Peshitta] dice `Y todos los que han venido son
    estafadores y
    ladrones si las ovejas no los escucharon.´

    [123] [Peshitta] dice `las destruye.´

    [124] La «Fiesta de la Dedicación» es el nombre griego
    «Chanukkah,»
    una celebración de la rededicación del templo.

    [125] [DiosHablaHoy] dice `Lo que el Padre me ha dado es más
    grande
    que todo´ con nota al pie que señala la traducción aquí usada.

    [126] [DiosHablaHoy] dice `Si Dios llama´

    [127] [DiosHablaHoy] dice `apartó.´

    [128] [DiosHablaHoy] dice `que hace mi padre.´

    [129] [DieBibel] y [Elberfelder] dicen `al otro lado del
    Jordán,´ [
    DiosHablaHoy] dice `al oriente del Jordán,´ [Peshitta] dice
    `cruzando el Jordán.´

    [130] [WEB] dice `entonces,´ la traducción `aunque´ es tomada
    de [
    DiosHablaHoy].

    [131] «Dídimo» significa «Gemelo.»

    [132] 15 estadios es cerca de 2.8 kilómetros o 1.7 millas.

    [133] [DieBibel] dice `lugar sagrado´ con nota al pie de
    página `El
    lugar sagrado es el templo,´ [DiosHablaHoy] dice `nuestro
    templo.´

    [134] [Elberfelder], [DiosHablaHoy] y [DieBibel] dicen
    `ustedes,´ [
    WEB] y [Peshitta] dice `nosotros.´

    [135] [DiosHablaHoy] dice `como era sumo sacerdote aquel año,
    dijo
    por inspiración de Dios.´ [DieBibel] dice `con inspiración
    profética´ con nota al pie de página `Para los evangelistas es
    el
    sumo sacerdote de cada año la herramienta de Dios, es quien
    debe
    anunciar una verdad más profunda.´

    [136] Una libra romana de 12 onzas, o cerca de 340 gramos.

    [137] 300 denarios son casi los jornales de un año de un
    trabajador
    del campo.

    [138] [DiosHablaHoy] dice `ciudad de Sión.´

    [139] En [DiosHablaHoy] no aparece esta parte

    [140] [Peshitta] dice `gentiles.´

    [141] En [DieBibel] y en [DiosHablaHoy] dice `Mesías.´

    [142] En [DiosHablaHoy] dice `para que pertenezcan a la luz.´
    En [
    DieBibel] dice `para que sean hijos de la luz.´

    [143] [WEB], [Elberfelder], [DieBibel] dicen `él ha,´
    [DiosHablaHoy
    ] dice `Dios ha,´ [Peshitta] dice `ellos han´

    [144] En [DiosHablaHoy] dice entorpecido su mente en vez de
    endurecido corazones.

    [145] [DiosHablaHoy] dice `la gloria de Jesús´

    [146] [DiosHablaHoy] dice `no cree solamente en mi.´

    [147] [DiosHablaHoy] dice `enseñar.´

    [148] [DiosHablaHoy] dice `que Dios le había dado toda la
    autoridad.´

    [149] De acuerdo a nota al pie de [DieBibel], lavar los pies
    de
    alguien era una tarea de los esclavos.

    [150] [WEB] no dice `en ese caso,´ estas palabras son tomadas
    de [
    Peshitta].

    [151] [DieBibel] dice `me ha traicionado´ con nota al pie de
    página
    con la misma traducción, [DiosHablaHoy] dice `se ha vuelto
    contra
    mi,´ la misma traducción está en [Peshitta] y [Elberfelder].

    [152] [DieBibel] y [DiosHablaHoy] dicen `al lado de Jesús.,´ [
    DiosHablaHoy] agrega `de forma que podían conversar mientras
    cenaban.´

    [153] [DieBibel] dice `inclinando su cabeza, debía preguntar
    sobre
    quien hablaba Jesús,´ [DiosHablaHoy] dice `Simón Pedro le dijo
    por
    señas que le preguntara de quién estaba hablando.´

    [154] [DiosHablaHoy] dice `acercándose más a Jesús´

    [155] [WEB] dice 'después del pedazo de pan,´ agregamos
    `recibir´
    de [DieBibel]

    [156] [DiosHablaHoy] emplea `se muestra la gloria´ en lugar de
    `glorifica.´

    [157] [Peshitta] dice `al final.´

    [158] [DieBibel] en lugar de `tu´ usa `ustedes.´

    [159] Del griego Parakleton: Consejero, Ayudante, Intercesor,
    el
    que reconforta. [DiosHablaHoy] dice `el Defensor,´ [Peshitta]
    dice
    `redentor.´

    [160] [WEB] dice `lo ve,´ [Peshitta] dice `lo ha visto.´

    [161] [Peshitta] agrega `en corto tiempo´ al final de este
    versículo. Las demás traducciones agregan esto al comienzo del
    siguiente versículo, comenzando una nueva oración.

    [162] [DiosHablaHoy] dice `vendremos a vivir en él.´

    [163] [DiosHablaHoy] dice `el Defensor.´

    [164] [WEB] dice `ni dejen que se asusten,´ [Peshitta] dice
    `ni
    tengan miedo.´

    [165] [DieBibel] dice `pero él no tienen poder sobre mí.´

    [166] [Peshitta] dice `Vid de la Verdad.´

    [167] [Elberfelder] dice `limpia.´

    [168] [WEB] y [Elberfelder] dicen `como una rama y se seca,´ [
    Peshitta] dice `como una rama que está seca.´

    [169] [DiosHablaHoy] dice `como las ramas que se recogen y se
    queman en el fuego.´

    [170] [DiosHablaHoy] dice `permanecen fieles a mis enseñanzas´

    [171] [DiosHablaHoy] dice `Pero yo los escogí a ustedes entre
    los
    que son del mundo.´

    [172] [WEB] dice para que no los hagan tropezar,
    [DiosHablaHoy]
    dice `para que no pierdan su fe en mí,´ la traducción escogida
    coincide con la de [DieBibel].

    [173] [TR] dice `Les harán estas cosas.´

    [174] [DiosHablaHoy] dice `mostrará claramente a la gente del
    mundo,´ [DieBibel] dice "demostrará culpable al mundo,´
    [Peshitta]
    y [WEB] coinciden.

    [175] [DiosHablaHoy] dice `condenado.´

    [176] [TR] dice `tomará.´

    [177] [Peshitta] y [Elberfelder] agregan `porque voy al
    Padre.´

    [178] [WEB] dice `lenguaje figurado,´ [Peshitta] dice
    `parábolas.´

    [179] [DiosHablaHoy] y [Elberfelder] dicen `salí de la
    presencia
    del Padre.´

    [180] [DiosHablaHoy] dice `en su unión conmigo.´

    [181] [Peshitta] dice `de tu presencia.´

    [182] [DieBibel] dice `para que tengan mi felicidad completa
    en
    ellos.´

    [183] [DiosHablaHoy] dice `conságralos´

    [184] [DiosHablaHoy] dice `lo que Jesús mismo había dicho.´

    [185] [DieBibel] dice `así dirijo,´ en [DiosHablaHoy] dice
    `dime en
    que ha consistido,´ [Peshitta] dice `doy testimonio contra el
    mal,´
    [Elberfelder] dice `miseria´ en lugar de `mal.´

    [186] [Peshitta] no dice `tomó a Jesús.´

    [187] [DiosHablaHoy] dice `si Dios no te la hubiera dado.´

    [188] [DiosHablaHoy] dice `empedrado.´

    [189] Mediodía.

    [190] [NU] y [TR] dicen «supo» en lugar de «vio.»

    [191] [DiosHablaHoy] dice `vino agrio.´

    [192] [DiosHablaHoy] dice `Todo está cumplido.´

    [193] 100 libras romanas de 12 onzas cada una, o cerca de 72
    libras
    o 33 kilos.

    [194] [Peshitta] dice `se.´

    [195] [DiosHablaHoy] dice `se agacho para mirar dentro.´

    [196] [DiosHablaHoy] y [Peshitta] agregan `en hebreo´

    [197] [DiosHablaHoy] dice `suéltame´

    [198] [Peshitta] dice `Si le perdonan pecados a un hombre,
    estos le
    serán perdonados.´

    [199] [Elberfelder] agrega `y ponga mi mano en la huella de
    los
    clavos y en su costado.´

    [200] [TR] añade «Tomás.»

    [201] [Peshitta] agrega `para ir donde Jesús.´

    [202] 200 codos son cerca de 100 yardas o cerca de 91 metros.

    [203] [Peshitta] dice `cuida mis ovejas por mi.´

    [204] [Peshitta] dice `cuida mis ovejas hembras.´

    [205] La palabra «hermanos» aquí podría traducirse
    correctamente
    como «hermanos y hermanas.»

    Bibliografía

    [DieBibel] Einheitsübersetzung der Heiligen Schrift. Die
    Bibel.
    Gesamtausgabe. Otto Knoch, Heinrich Arenhe, Gerhard Barth, et
    al.
    Verlag Katholissches Bibelwerk GmbH. 1980. Todos los derechos
    reservados.

    [DiosHablaHoy] Dios Habla Hoy. La Biblia. Sociedades bíblicas
    unidas. 1995. Todos los derechos reservados.

    [Peshitta] Peshitta Aramaic/English Interlinear New Testament.
    Paul
    D. Younan. http://www.peshitta.org/ Permite uso o reproducción
    de
    cualquier parte en cualquier forma sin permiso previo.

    [WEB] World English Bible Michael Johnson con base en American
    Standard Bible de 1911. http://www.ebible.org 2002. Dominio
    público.

    [Elberfelder] Johannes Evangelium: mit Erklärungen von Werner
    Heukelbach. Elberfelder. Missionswerk Werner Heukelbach. Todos
    los
    derechos reservados.

    [esv] Las sagradas Escrituras Versión Antigua. Russell Martin
    Stendal. Copyright (c) 1999. Puede ser usada libremente
    siempre y
    cuando su contenido no sea alterado.

    [TR] Textus Receptus. Greek New Testament underlying the King
    James
    Version.

    [NU] Nestle-Aland ed. 27/UBS ed. 4.

    [MT] Majority Text Greek New Testament.

    ——————————————————————-

  • Biografia del libertador Simon Bolívar, ó La independencia de la América del sud

    Biografia del libertador Simon Bolívar, ó La independencia de la América del sud

    Aproximadamente 25.472 palavras.

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    PG Distributed Proofreaders. This file was produced from
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    nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr.

    [Ilustracion: SIMON BOLÍVAR]

    BIBLIOTECA DE LA JUVENTUD

    * * * * *

    BIOGRAFIA

    DEL LIBERTADOR

    SIMON BOLÍVAR

    ó

    LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA DEL SUD

    RESEÑA HISTÓRICO-BIOGRÁFICA

    POR L. C.

    PARIS

    LIBRERIA DE ROSA Y BOURET

    23, CALLE VISCOSTI, 23

    * * * * *

    1868

    El general Bolívar es delgado, y algo menos de una regular estatura.
    Viste bien, y tiene un modo de andar y presentarse franco y militar. Es
    ginete muy fuerte y atrevido, y capaz de resistir grandes fatigas. Sus
    maneras son buenas y su aire sin afectacion, pero que no predispone
    mucho á su favor. Se dice que en su juventud fué de buena figura; pero
    actualmente es de rostro pálido, pelo negro con canas, ojos negros y
    penetrantes; pero generalmente inclinados á tierra ó de lado cuando
    habla; nariz bien formada, frente alta y ancha y barba afilada; la
    expresion de su semblante es cautelosa, triste….

    * * * * *

    Su carácter, viciado por la adulacion, es arrogante y caprichoso…. Su
    imaginacion y su persona son de una actividad maravillosa…. Su voz es
    gruesa y áspera; pero habla elocuentemente en casi todas materias….

    * * * * *

    (Retrato hecho por el general SUCRE.)

    PROLOGO

    Ardua empresa es la de escribir la biografia de los hombres célebres
    contemporáneos. En todo tiempo, aquel que por sus méritos ha llegado á
    colocarse sobre el nivel de las gentes, siempre se ha visto atacado por
    la mordacidad de sus émulos y por muchos á quienes sus actos no podian
    menos de herir, ora en sus intereses, ora en sus familias. ¿Que
    resolucion se ha llevado á cabo sin lastimar intereses creados, sin
    sembrar la devastacion y la muerte por todas partes?

    Por mas que el hombre de que vamos á ocuparnos haya derramado en su
    camino la sangre de sus hermanos, no por eso dejará de ser el
    _Libertador_ de un pueblo que gemia bajo el yugo de la opresion.

    En la obra de la independencia de su pais que desde los primeros años
    del presente siglo fué iniciada, por el espíritu mismo de la época, en
    aquellas espléndidas regiones, el nombre de Bolívar fué conocido ya
    entre sus compatriotas; y desde el momento en que se le vé aparecer
    afiliado á la santa causa de la libertad, por su mérito personal es
    honrado con el alto cargo de los intereses de Venezuela cerca de los
    poderosos gobiernos de las naciones europeas.

    Aun cuando no se hallase adornado de otro alguno, bastarian su
    constancia, su amor sin limites ni resfriamiento por la libertad de su
    pais; bastarian su génio infatigable para administrar y allegar medios
    de sostener la lucha con gloria, su noble desinterés, su probidad y su
    grandeza de ánimo durante los reveses de que fué víctima; bastaria, en
    fin, su sana intencion, su respeto hácia el descubridor del Nuevo Mundo
    y 16 años de no interrumpidos servicios prestados por su patria, que al
    cabo habia de ultrajarle menospreciando sus servicios y la rectitud de
    sus sentimientos, para que nuestra pluma no vacilase un solo punto en
    distinguirle con el glorioso título de _héroe_, añadido á los que el
    mismo pueblo venezolano, y á nombre de él sus representantes, le dieron,
    sin duda con justicia, de _Libertador_ y _Padre de la Patria_.

    ¿El espíritu público podia llegar á estraviarse hasta el extremo de
    honrarle de una manera indebida, precisamente en los momentos en que las
    exigencias de la guerra, que siempre va acompañada del desórden y el
    dolor, venian á destrozar los intereses, el bienestar y aun el corazon
    de los mismos que asi le aclamaban? Esta y otras consideraciones no
    menos poderosos nos han dado valor para acometer la empresa de ofrecer
    el retrato del célebre guerrero americano; pero como el mejor medio
    indudablemente es el de pedir prestados los colores á los
    acontecimientos mismos en que figuró desde su juventud, ofrecemos un
    bosquejo de los mas principales en la larga lucha que los Sud-americanos
    sostuvieron para conquistar su independencia.

    Si nuestro pincel no ha sido empleado con acierto, no se culpe jamás á
    nuestro buen deseo.

    EL AUTOR.

    CAPITULO PRIMERO

    Introduccion.–Causas que influyeron en la sublevacion de la América del
    Sud.–Llegada de unos confinados á presidio.–Primeros movimientos
    revolucionarios de Venezuela.–Picton.–Publicidad de los futuros
    acontecimientos.–Carbonell y Rico.–Medidas represivas.–Expatriaciones
    y encarcelamientos.–Vasconcelos.–Actos con que se inauguraba en el
    mando.–Sus efectos.–Gestiones patrióticas.–Miranda.–Bolívar, su
    juventud, su regreso á Europa.

    Entre las nobles y dignas figuras que en el glorioso cuadro de la
    independencia se destacan majestuosamente durante la revolucion que
    dió la libertad á las antiguas colonias españolas de la América Central
    y de la América del Sud, la del esforzado caraqueño Simon Bolívar se
    encuentra en primera línea al lado de las de Miranda, San Martin y Sucre,
    orlada de inmortal auréola.

    El ejemplo de los Estados-Unidos del Norte influyó de una manera
    extraordinaria en el porvenir de los pueblos Sud-americanos, que desde
    muy atrás venian experimentando la tiránica opresion de los vireyes
    españoles, y el eco del santo grito de emancipacion dado por Washington
    en las márgenes del Potomac, poderoso á despertar el entusiasmo patrio,
    resonó en las del Magdalena, el Orinoco y el Plata, conmoviendo tambien
    el corazon de los Andes.

    Corria el año 1796, cuando en el puerto de la Guaira, remitidos desde
    España, desembarcaron Manuel Cortés Campomanes, José Laz, Sebastian
    Andrés y Juan Bautista Picornell con destino á los presidios de América,
    como cabezas de cierta conspiracion, cuyo fin era dar á la monarquia
    española una forma democrática despues de derribar el trono de Cárlos
    IV, rey incapaz de alcanzarse por sus actos el buen nombre con que su
    antecesor habla bajado al sepulcro.

    Iniciados estos hombres, como la mayor parte de los españoles ilustrados
    de su tiempo, en las doctrinas propaladas por la revolucion francesa, se
    anunciaron desde luego con el carácter de mártires de la causa
    republicana, dando pábulo por medio de sus sencillos y fáciles
    principios políticos al entusiasmo liberal que habia principiado á
    germinarse en el ánimo fogoso de la juventud.

    Conspirábase ya en favor de las nuevas ideas, cuando Sir Tomás Picton,
    gobernador inglés de la isla de la Trinidad, recibió un despacho en el
    cual su gobierno le encargaba favoreciese la causa de la independencia
    americana; pues por aquel entonces, rotas las buenas relaciones entre
    España é Inglaterra, ésta buscaba todos los medios hábiles de hacer la
    guerra á aquella, y el mencionado despacho, impreso de órden de Picton,
    circuló con gran rapidez entre todos los venezolanos.

    Esta determinacion del gobernador inglés tenia lugar el 26 de Junio, y
    cerca un año mas tarde, el 4 de igual mes de 1797, los conspiradores
    resolvian dar libertad á los encarcelados para que fuesen á buscar
    auxilios extranjeros, y facilitaban la evasion de todos ellos menos Laz,
    que habia sido ya remitido á su presidio hacia algun tiempo, sin que
    este hecho diese lugar por parte del gobierno á otra cosa que á algunas
    pobres é infructuosas averiguaciones.

    La gestion de aquellos hombres decididos en contra del gobierno que los
    habia expatriado, poniendo entre ellos y su suelo natural la inmensidad
    de los mares, fué bastante activa y produjo algunos buenos resultados,
    disponiendo favorablemente los ánimos de los americanos residentes en
    Europa á la causa de las libertades patrias.

    Casi todos los habitantes de la Guaira sabian que por el mes de Enero de
    1798 un grande acontecimiento tendria lugar en el pais, y hablaban de
    sus planes con poca reserva y sobrado calor.

    Era por entonces capitan general Don Pedro Carbonell, en cuyas manos
    vino la casualidad á poner el hilo de la trama, ó mas bien que la
    casualidad la poca discrecion de un comerciante de Carácas, llamado Don
    Manuel Montesinos y Rico, quien deseoso de hacer prosélitos se franqueó
    á su barbero, mancebo timorato y de pocas luces. Este, despues de haber
    descubierto el secreto á otros jóvenes de su clase, y previo acuerdo de
    todos, fué á consultar el caso con un sacerdote amigo suyo llamado Don
    Domingo Lander. Por boca de este y de otro clérigo llegó á oidos del
    provisor, quien lo notició al capitan general.

    Preso Rico y ocupados sus papeles, ofreció Carbonell á los conjurados el
    perdon y olvido de su delito, siempre que se presentasen en cierto
    término ante su autoridad. Semejante medida produjo grande alarma entre
    todos los iniciados, despertando en sus ánimos el temor de verse
    denunciados unos á otros, y corrieron de tropel á ponerse en manos de
    las autoridades, con la inocente credulidad de hombres novicios en el
    arte de conspirar.

    Pronto las cárceles se vieron atestadas de venezolanos honrados y
    laboriosos. Aun no habia corrido un mes desde la denuncia, cuando ya se
    oficiaba á la Córte de España diciéndole: "que á excepcion de dos, que
    habian buscado amparo en las colonias extranjeras, los demás cómplices
    se hallaban presos." Don Manuel Grial, capitan retirado y Don José Maria
    España eran los referidos prófugos.

    Pero en vez de perdonar y olvidar, conforme á la promesa, en Agosto del
    mismo año ordenaba la Audiencia que los detenidos fuesen desterrados á
    perpetuidad y trasladados unos á la metrópoli y otros á Puerto-Rico.

    Algunos meses despues, el capitan general era reemplazado por Don Manuel
    de Guevara Vasconcelos, quien haciendo un uso inhumano de las ámplias
    facultades de que iba investido, condenó á ser ahorcados y
    descuartizados á seis de los principales conspiradores. Este inicuo é
    injusto proceder exacerbó al pueblo venezolano, tanto mas cuanto que los
    promovedores de la conspiracion, Sebastian Andrés y José Laz, á pesar de
    su mayor delito por esta circunstancia y la de ser reincidentes no
    merecieron otra pena que la de reclusion en las provincias de Panamá y
    Puerto-Cabello.

    Asi inauguraba Guevara su entrada en el mando y la del año 1799, en cuyo
    mes de Abril fué apresado Don José Maria España, á quien su mala
    estrella trajo desde la Trinidad á la Guaira en busca de su esposa; la
    tierna solicitud de esta no bastó á tenerle bien oculto ni defendido
    contra las pesquisas de los agentes del gobierno. El 8 de Marzo, esto
    es, á los nueve dias de su captura, sufrió el desgraciado la pena de
    horca y su cabeza, dentro de una jaula de hierro, estuvo expuesta al
    público en la Guaira, mientras sus mutilados miembros fueron
    distribuidos entre varios pueblos y fijados en escarpias al borde de
    los caminos.

    Pero semejantes medidas de terror solo servian para enconar mas y mas
    los ánimos y excitar el ódio y general descontento de un pueblo digno de
    mejor suerte, tratado con tan cruel manera, como el mas abyecto de
    los esclavos.

    Asi cerraban los desaciertos de España el siglo XVIII, contribuyendo no
    poco de este modo á acelerar la emancipacion de Venezuela y la de todas
    las otras colonias, cuyos clamores, llevados á Europa por algunos de sus
    mas decididos patriotas, solicitaban de Francia é Inglaterra los
    necesarios socorros para emprender la obra santa de su independencia y
    tratar de sacudir para siempre el pesado, el ominoso yugo ejercido alli
    desde hacia tres siglos por los españoles con menoscabo, injusticia y
    fragrante impunidad de los sagrados derechos naturales de aquellos que
    llevaban su sangre, de aquellos cuyo sudor y afanes no eran aun
    bastantes á alimentar su insaciable codicia.

    Entre los celosos gestores de la mas noble de las causas figuraban el
    peruano Don José Caro, el granadino Don Antonio Nariño y, con sus vastas
    relaciones y gran nombre europeo, el caraqueño Don Francisco Miranda.
    Llenos todos tres de ardiente patriotismo, todos tres animados del
    mejor deseo, ponian en juego cuantos medios estaban á su mano para
    concertar en el antiguo continente la manera de cambiar la faz política
    de su pais, dándole un gobierno independiente y republicano que guiase
    los pueblos á la prosperidad y adelantos que el movimiento general de la
    época y la riqueza de la América reclamaban.

    Tal era la situacion de Venezuela al perderse en la inmensidad de los
    tiempos el siglo último, siglo que, al engendrar un Napoleon y un
    Washington, hizo participe de una chispa de su génio revolucionario al
    hombre que mas tarde habia de merecer el glorioso nombre de _Libertador
    de su pais_, y cuyos altos hechos vendrian á inmortalizar el cincel, el
    bronce y la pluma. Simon Bolívar pisaba los umbrales de la vida en la
    ciudad de Carácas el dia 24 de Julio de 1783. Nacia adornado de los
    talentos y dotes necesarias para consumar la obra de la independencia
    del Sud de América, y á ser el reparador de la injusticia que los
    hombres de otro tiempo habian inferido al intrépido y sábio descubridor
    del Nuevo Mundo, intentando, con la mas noble elevacion del espiritu al
    mismo tiempo que exponia su vida en los campos de batalla, perpetuar el
    recuerdo de Colon en la Confederacion que se esforzó en constituir bajo
    el título de _Colombia_.

    Este probo, inteligente, noble, infatigable y decidido patriota, tuvo la
    desgracia de perder sus padres en la mas tierna edad. Estos fueron Juan
    Vicente y Maria de la Concepcion Palacios. Su afecto filial, falto de
    objetos tan queridos, rebosaba en su pecho y le consagró lodo entero á
    su patria, única madre que el cielo le habia conservado y por la cual
    mas tarde sacrificaba gustoso su sangre y su fortuna.

    Diez años contaba apenas cuando pasó á Europa con la mira de completar
    su educacion y perfeccionarse en la carrera de las armas, hácia la cual
    le llamaba su natural inclinacion, sobreescitada por el mas ardiente
    amor de gloria. ¿Qué otra aspiracion mas digna y santa podia acariciar
    un corazon huérfano y un corazon sensible como el suyo?

    Despues de haber viajado por Francia é Italia, donde las ideas liberales
    y de progreso prestaron á las suyas el calor y solidez que mas tarde
    habian de producir la independencia de su pais natal, y á poco de haber
    buscado entro los brazos de una esposa en la córte de España el amor de
    la familia, se trasladó á Venezuela. Aqui, trascurridos pocos meses, la
    compañera que habia elegido pasó á mejor vida, dejándole de nuevo en la
    antigua soledad y lleno de tristeza.

    Entonces, por segunda vez, se encaminó hácia el Continente Europeo y
    presenció la coronacion de Napoleon I, de cuyo génio militar y político
    era apasionado admirador, y cuatro años despues vibraba en sus oidos el
    grito de _independencia ó muerte_ dado por los españoles al lanzarse al
    campo para estorbar por medio de las armas el poderoso vuelo de las
    águilas invasoras.

    CAPITULO II

    Aparente restablecimiento del órden.–Tentativas de Miranda.–Don Juan
    Casas.–Su situacion comprometida.–Los emisarios de Mural.–Actitud
    tomada por el pueblo venezolano.–La junta auxiliar.–Gestiones del
    Ayuntamiento.–Creacion de una junta suprema.–Bolívar y Emparan.–
    Aborto de conspiracion.–Confirmacion de los rumores acerca de los
    sucesos de España.–Primer paso hácia la revolucion.–Destitucion de
    Emparan.–Declaraciones del Ayuntamiento de Carácas.–Destierro de las
    antiguas autoridades españolas.–Pronunciamientos.–Los emisarios en la
    provincia de Coro.–Primera salida á campaña.–Mision de Bolívar en
    Europa.–Don Antonio Cortabarria.–Actos de la junta de Carácas.–Conato
    de levantamiento.–Prisiones y asesinatos.–Rómpense las
    hostilidades.–Vuelta de Miranda.–Conflicto de la Junta.–Demostracion
    popular.–Nombramiento de Miranda.

    Volvamos á anudar el hilo de los acontecimientos de Venezuela.

    Ahogada en la apariencia la revolucion, fermentó sordamente durante los
    primeros años del siglo actual entre la juventud venezolana. Las
    familias que tuvieron la desgracia de perder alguno de sus miembros, y
    aquellas que habian sufrido y sufrian aun las consecuencias del primer
    paso dado hácia el templo de la libertad, aleccionadas por la
    experiencia, se agitaban con cautela en favor de la santa causa y
    esperaban el momento oportuno de poder obrar con mayor acierto, con
    nueva decision y energia.

    Despues de mil y mil contrariedades, el 25 de Marzo de 1806 se
    presentaba Miranda en la Costa Firme, á vista de Ocumare, con una
    corbeta y dos goletas, únicos auxilios que pudo conseguir de la América
    del Norte. Sus fuerzas de desembarco se componian de unos 200 jóvenes
    que se le unieron un Haiti. Atacado de improviso por dos bergantines,
    despues de una vigorosa pero inútil pelea, con pérdida de las goletas,
    se retiró á Trinidad, donde impetró el auxilio de los ingleses y muy
    particularmente el de Cochrane, almirante de la escuadra que estacionaba
    entonces en las islas de Barlovento.

    De alli á cuatro meses guiaba quince diferentes buques con 500 hombres,
    y habiendo puesto en fuga á los enemigos que defendian la costa, penetró
    vencedor en la Vela de Coro el segundo dia de Agosto; pero no
    encontrando alli la acogida y proteccion que esperaba, renunció á su
    expedicion y regresó á Trinidad, pasando luego á Europa desde esta isla.
    Diez de los suyos, hechos prisioneros en el combate, fueron pasados por
    las armas en Puerto-Cabello y varios otros confinados á los presidios.

    Este fué el último de los actos del mando de Vasconcelos.

    Los acontecimientos de España en 1808 pusieron al capitan general
    sucesor, Don Juan Casas, en la mas crítica situacion. Los comisionados
    mandados alli por Murat que le exigian obediencia al nuevo monarca, y la
    presencia de un buque de guerra inglés en las costas, le envolvieron en
    una inmensa perplejidad. Por otra parte, la imprudente lectura que un
    oficial francés hizo en público de la _Gaceta de Bayona_ produjo un
    motin entre los oficiales criollos y españoles, que dieron el grito de
    "¡Viva Fernando VII y mueran los franceses!" Además, la actitud del
    pueblo le impidió decidir por si solo en tan árduas circunstancias, y
    acordó reunir una junta auxiliar compuesta de un miembro por cada
    tribunal, corporacion y clases de la sociedad.

    La junta, presidida por Casas, se hizo cargo de los despachos de Murat y
    de los que el gobierno británico habia enviado por medio de Colincour y
    de Cochrane, y optó decididamente por la conservacion del estado de
    cosas sin alteracion de ninguna especie. Esta medida, como era natural,
    mantuvo y sobreescitó la general inquietud, ocasionando motines y
    alborotos que el capitan general tuvo que castigar con mano fuerte.

    El ayuntamiento le instaba á que constituyese una junta como las de la
    metrópoli, algunos dias antes de la llegada de un comisionado mandado
    por la junta de Sevilla. El 28 de Julio Casas accedió á las instancias
    del ayuntamiento, y el 5 de Agosto se presentaba en Carácas el
    mencionado agente.

    Constituida la junta, no sin que antes hubiesen mediado contestaciones
    entre el cabildo y el capitan general que exigió de este obediencia
    ciega, subsistió hasta el 13 de Enero de 1809, en que fué reconocida la
    soberania de la central, instalada en Aranjuez por Setiembre del
    año anterior.

    Declarados como parte esencial é integrante de la monarquia española sus
    dominios ultramarinos, el valiente, antiguo y distinguido capitan de la
    marina real Don Vicente de Emparan fué nombrado, en reemplazo de Casas,
    como capitan general de Venezuela.

    Bolívar acompañó en su viaje al nuevo representante militar de España,
    pues como buen patriota no podia vivir lejos del suelo que le habia
    visto nacer y cuya precaria suerte tantas veces aceleraba los latidos de
    su noble y esforzado corazon. La idea de poder dar á su pais dias de
    dicha y prosperidad, abriéndole la senda de su futura independencia, en
    mas de una ocasion habia venido á interrumpir su sueño y á mecer sus
    halagüeñas esperanzas de gloria. El 17 de Mayo Emparan y Bolívar pisaban
    la Costa Firme. Las primeras disposiciones del nuevo capitan general
    fueron tan violentas y desacertadas, que todos, sin excepcion alguna,
    asi españoles como criollos, con ánimo de no separar la colonia de la
    madre patria, formaron el plan de derrocar su poder y de constituir en
    seguida un gobierno análogo al de aquella.

    Espiraba el mes de Marzo de 1810, y segun estaba convenido, el marqués
    del Toro, coronel del batallon miliciano de los valles de Aragua, debia
    señalar la entrada del de Abril apoderándose por sorpresa del capitan
    general, quien noticioso del proyecto, merced á un vil denunciador, dió
    un golpe de mano á los conspiradores.

    Contra lo que podia esperarse, y en desacuerdo con sus primeros actos
    de gobierno, se limitó Emparan á confinar en Maracaibo, Margarita y
    otros puntos de la provincia á los principales autores del
    abortado plan.

    Vagos rumores se esparcieron por este tiempo acerca de la disolucion de
    la Junta central y de la dispersion de sus miembros, rumores que fueron
    confirmados el 18 de Abril, dia de Miércoles Santo, de una manera muy
    ámplia, pues además se supo que toda la Península, menos Cádiz y la Isla
    de Leon, estaba ya ocupada por los franceses; lo cual hizo cundir la
    inquietud con la rapidez del rayo entre todas las clases del pueblo, y
    hasta los mismos españoles manifestaban temores, sobresaltos y
    desconfianza del gobierno.

    La ocasion se presentaba muy propicia para hacer renacer en los criollos
    las pasadas pretensiones, y conjurándose nuevamente, atrajeron á su
    partido á los principales jefes y oficiales de las tropas que guarnecian
    la ciudad; y hasta el cabildo, que estaba compuesto de españoles y
    americanos casi por partes iguales, se prestó á provocar una discusion
    con el capitan general.

    El dia siguiente, con motivo de la asistencia á la celebracion de los
    oficios de Jueves Santo, el ayuntamiento, fiel á su promesa, pasó una
    invitacion á Emparan, quien se presentó en la casa capitular y encontró
    al cuerpo municipal constituido en sesion extraordinaria, arrogándose
    agenas facultades y tratando del peligro que corria la América, de la
    política que debia adoptarse en aquellas circunstancias y de la
    perentoria necesidad de organizar un gobierno propio que la pusiera á
    cubierto de la anarquia.

    Emparan, despues de haber eludido hábilmente las consideraciones y
    dificultades que el ayuntamiento le presentaba, concluyó declarando:
    _"que seria inconvenientísima toda innovacion,"_ y salió de alli
    dirigiéndose luego hácia la iglesia metropolitana. Pero los
    conspiradores le siguen, le interceptan el paso, y uno de ellos, llamado
    Francisco Sálias, auxiliado del populacho, le obliga á volver á la casa
    capitular sin que los cuerpos de guardia que encuentran al paso opongan
    la menor resistencia, sino que, antes por el contrario, manifiestan su
    actitud amenazadora negando á su jefe los honores de ordenanza.

    Emparan tuvo que asentir á la idea de formar una Junta suprema; pero
    habiendo tenido los capitulares la debilidad de acceder por su parte á
    que este siguiera ocupando al frente de ella el cargo de Presidente, un
    doctor y canónigo de la catedral de Carácas, el Señor Don José Cortés
    Madariaga, que se anunció en el ayuntamiento como diputado del clero y
    del pueblo, en un interesante y elocuente discurso pidió la deposicion
    del capitan general.

    En tan críticas circunstancias, Emparan, presentándose en el balcon á la
    muchedumbre que cercaba la casa capitular, apeló á su voto; pero esta,
    siguiendo á los conjurados, gritó: _¡Afuera! ¡Afuera! No le
    queremos.–Ni yo tampoco quiero el mando_, dijo él despechado, si bien
    tratando de disimular su enojo y bochorno. Tomóse acta de estas palabras
    y se consideraron alli mismo como una renuncia voluntaria.

    El ayuntamiento, auxiliado por varios particulares llamados á su seno en
    calidad de diputados de las diferentes corporaciones y clases de la
    sociedad, declaró: _"Que las provincias de Venezuela procederian á
    constituir un gobierno encargado de ejercer la soberania á nombre y en
    representacion de Fernando VII_," neto por medio del cual desconoció la
    autoridad de la regencia, y luego expulsó de su territorio las
    autoridades principales que hasta alli habian representado á la nacion
    española, aboliendo al propio tiempo el odioso tributo de los indios y
    la Inútil de esclavos.

    Una vez desterrado el capitan general, el mando superior de las armas
    fué conferido á un sugeto de gran instruccion y valor personal; este era
    el coronel Fernando Toro, hermano del marqués de este nombre, que habia
    sido educado en España.

    Pronto las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Varinas y asi
    sucesivamente las demás, menos las de Coro y Maracaibo que se declararon
    fieles á la regencia, enviaron sus diputados á la junta, reconociendo
    asi el nuevo gobierno de Venezuela. Y si bien es cierto que á poco la
    Guayana se retractó de su primer acuerdo mandando presos á la metrópoli,
    á la Habana y Puerto-Rico á los adictos al nuevo órden de cosas, por
    otra parte, el reconocimiento hecho por Mérida del gobierno establecido
    en la capital, separándose de Maracaibo con noble entusiasmo, compensó
    en parte semejante defeccion.

    La Junta envió á Coro y Maracaibo algunos comisionados para tratar con
    las autoridades españolas, y estas los recibieron como traidores, y como
    á tales los remitieron sin vacilar un momento á las prisiones de
    Puerto-Rico. En vista de semejante atropello, ordenó la Junta que el
    marqués del Toro partiese al frente de alguna tropa contra la provincia
    de Coro; y dicho señor, cumpliendo con lo dispuesto por aquella, situó
    por lo pronto su cuartel general en Carora.

    Mientras estos sucesos tenian lugar, el coronel Simon Bolívar, investido
    de los poderes necesarios por la Junta y acompañado de Luis Lopez
    Mendez, se dirigia á Inglaterra para solicitar la proteccion de su
    gobierno contra el enemigo comun, en el caso de que este intentara
    apoderarse de Venezuela, y al propio tiempo impetrar su mediacion con el
    de España para que no se turbase la paz y buena armonia que hasta alli
    habian existido entre los habitantes de ambos hemisferios.

    Aunque Bolívar fué bien recibido por el marqués Wellesley, ministro de
    Negocios Extranjeros de la Gran-Bretaña, solo obtuvo contestaciones
    evasivas á causa de la alianza que por aquel tiempo tenian hecha las dos
    naciones. Cumplida esta mision, nuestro héroe se hizo á la vela de
    regreso para su pais nativo en compañia del general Miranda.

    Las Córtes generales y extraordinarias de la nacion española, instaladas
    el 24 de Setiembre en la Isla de Leon, dieron omnimoda facultades al
    ministro del Supremo Consejo de España é Indias Don Antonio Cortabarria
    para que, auxiliado por algunos buques de guerra, las tropas de
    Puerto-Rico, Cuba y Cartagena, interviniese en los asuntos de las
    colonias; pero con la prevencion de no apelar á la fuerza de las armas
    sino en el caso extremo de que los medios de persuasion fuesen de todo
    punto estériles. Para esto debia obrar de acuerdo con el gobernador de
    Maracaibo, Don Fernando Miyares, á quien el mismo Cortabarria llevaba el
    nombramiento de capitan general de Venezuela.

    La junta de Carácas se negó en un principio á reconocer y prestar
    obediencia á las Córtes generales; pero luego, accediendo á la opinion
    de sus miembros mas respetables, quiso dar una prueba de desinterés
    convocando á un Congreso nacional. Hubo por entonces un conato de
    sublevacion en sentido de reconocimiento del Consejo de regencia, y
    sorprendidos por la Junta, los revoltosos fueron condenados unos á
    encierro en las bóvedas de Puerto-Cabello y la Guaira, y otros
    desterrados á perpetuidad. Entre estos últimos figuraban los ricos
    hermanos peninsulares Don Francisco y Don Manuel Gonzalez y Linares, del
    comercio de Carácas.

    La noticia de horribles asesinatos perpetrados en Quito en las personas
    de varios decididos patriotas, produjo grande indignacion en el pueblo
    caraqueño, quien, cercando el palacio de la Junta, pedia la expulsion de
    los españoles y canarios; pero la Junta, decretando se hiciesen honores
    fúnebres á los desgraciados americanos, logró apaciguar el tumulto; y
    para evitar la reproduccion de semejantes escándalos y trastornos, la
    noche de aquel mismo dia, que era el 24 de Octubre, apresó y expulsó á
    los que suponia promovedores de disturbios. Estos fueron José Maria
    Gallegos, José Félix Ribas y tres hermanos suyos.

    Treinta y cinco dias despues de este acontecimiento, es decir, el 28 de
    Noviembre, el ejército de occidente, al mando de Toro, atacaba á las
    tropas de guarnicion en Coro, desalojándolas de un reducto y tomándoles
    un cañon; y dos dias despues ponia en fuga á las de Miyares, que le
    salió al paso en Sabaneta con 800 hombres entre infantes y caballos,
    haciéndole algunos prisioneros y ganando una pieza de campaña. En Carora
    dejó de picarles la retaguardia, y despues de guarnecer esta poblacion,
    asi como tambien la de Barquisimeto, se retiró á Carácas, donde corria
    la noticia de la llegada de Miranda al territorio venezolano.

    La Junta que gobernaba en nombre de Fernando VII, creyó que el dar asilo
    á tan ardiente republicano seria altamente contradictorio con la
    situacion en que se habia colocado, y trató de estorbar el desembarco de
    este general, y hasta llegó á brindarle con una dependencia diplomática
    á fin de alejarle. Pero el pueblo le tendió su mano protectora,
    recibiéndole con las mas singulares muestras de respeto y deferencia.
    Entonces el gobierno hizo alarde de entusiasmo y le confirió el título
    de teniente general, mandando que se buscasen y destruyesen todos los
    documentos que la anterior administracion formuló contra el buen nombre
    de tan distinguido militar y patriota.

    De este modo terminaba el año 1810, preparándose, merced á
    acontecimientos que casi nos atreveremos á calificar de providenciales,
    la realizacion de los deseos en que ardia el corazon de los venezolanos.

    CAPITULO III

    Entrada del año 1811.–Reunion y organizacion de un Congreso.
    –Disposiciones adoptadas por esto Cuerpo.–Conspiraciones.–Salida del
    general Toro para Valencia.–Nombramiento de Miranda como jefe del
    ejército.–Sus actos.–Constitucion de Venezuela.–La capital del
    Estado.–Monteverde.–Sucesos de la época y posteriores á la llegada de
    este personaje.–Molestar de la causa de Venezuela.–Terremoto.
    –Influencia de sus desastres unidos á los de la guerra.–Defeccion de
    algunas ciudades.–Suspension de la ley del Estado.–Donativos.–Proyectos
    de Miranda.–Elevacion de Bolívar al gobierno de Puerto-Cabello.–Esfuerzos
    inútiles.–Escenas sangrientos.–Descrédito de Miranda.–Ofrecimientos
    estériles.–Derrota del Dictador.–Bandolerismo.–Inminente peligro de
    Bolívar y su viaje á la Guaira.–Proposiciones de armisticio.–
    Capitulaciones.–Monteverde se hace dueño del pais.

    Inaugurábase el año 1811 con el bloqueo de las provincias venezolanas,
    bloqueo que Cortabarria mandaba ejecutar en cumplimiento de un decreto
    de la regencia, mientras que la junta, fiel á su convocatoria, llevaba á
    cabo la reunion del aplazado Congreso. Conforme á lo dispuesto por ella
    debia constar de cuarenta y cuatro diputados.

    El 2 de Marzo era el dia señalado para la reunion, la cual debia
    verificarse en la capital, donde aquel alto cuerpo quedó instalado,
    formando una Cámara, comun é indivisa, compuesta de respetables
    patricios enviados por las provincias de Barcelona, Varinas, Carácas,
    Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. Entre sus dignos miembros
    figuraban el general Miranda, el marqués del Toro, Francisco Javier
    Ustáriz, Lino Clemente, Martin Tovar, Juan German Roscio, Antonio
    Nicolás Briceño, Francisco Javier Yánes y otros varios.

    Despues de haber organizado su servicio; el Congreso nombró tres
    individuos encargados de ejercer el poder ejecutivo, y otros tres como
    suplentes para los casos necesarios de ausencia ó enfermedad de los
    primeros, que fueron los señores Baltasar Padron, jurisconsulto
    acreditado; Juan Escalona, oficial de milicias elevado á la clase de
    coronel por la Junta Suprema, y Cristóbal Mendoza, que ejercia de
    abogado. Además estableció un Consejo Consultor.

    Uno de los acuerdos mas importantes del Cuerpo Legislativo fué el de la
    sancion de la famosa acta, por la cual se declaraba que las provincias
    de Venezuela en él representadas, formarian en lo sucesivo una
    Confederacion de Estados libres é independientes, con absoluta
    separacion de España. Cada uno de estos podria darse la forma de
    gobierno que mas le conviniera, conforme á la voluntad de sus pueblos.

    Pronto se hicieron sentir algunos movimientos revolucionarios,
    promovidos por los agentes de Cortabarria, que fueron sofocados por las
    fuerzas del gobierno, y condenadas á la última pena por sus tribunales
    las personas que aparecian como autoras de la rebelion. Pero una
    peligrosa sublevacion estalló en Valencia, donde los revoltosos,
    desconociendo la autoridad del Congreso, proclamaron la legitimidad de
    Fernando VII.

    El general Toro voló á reprimirla, logrando en un principio desalojar al
    enemigo de sus puestos avanzados, y concluyendo por ser rechazado á su
    vez hasta Maracay, desde cuyo punto envió emisarios á Carácas para que
    le auxiliaran con tropas de refuerzo. El gobierno entonces nombró á
    Miranda general en jefe del ejército; marchó este contra los españoles y
    les obligó á capitular, entrando en la ciudad sublevada el 13 de Julio.
    Pero por falta de la precaucion necesaria los vencidos, que habian
    conservado armas y municiones, saliendo de sus cuarteles cayeron sobre
    las tropas de Miranda, llevándolas en precipitada fuga hasta Guaraca.

    Despues de un hecho tan poco noble, Miranda, en ánimo de tomar venganza,
    allegó nuevas fuerzas y en los dias 12 y 15 de Agosto, reducidos los
    españoles al último extremo, se rindieron á discrecion por haberles sido
    rechazadas cuantas proposiciones de capitulacion habian presentado. Los
    prisioneros fueron condenados á muerte por los tribunales, pena que el
    Congreso determinó se conmutara por otras.

    Formulada, discutida y sancionada la Constitucion federal de las siete
    provincias venezolanas, se publicó el decreto en 21 de Diciembre.
    Reconocíase como base el sistema representativo, residiendo la soberania
    en el pueblo; dividíase el poder en legislativo, ejecutivo y judicial,
    formando cuerpos independientes entre sí; garantizábase el derecho
    popular y la inviolabilidad de domicilio; proscribíase para siempre el
    uso de la tortura y el fuero personal, y ninguna sentencia pronunciada
    por traicion contra el Estado tendria carácter difamatorio para los
    hijos del reo; abolíase la trata de negros y los indios eran igualados
    á los demás venezolanos en derechos y deberes: desarrollábase la
    instruccion pública; extinguíanse los títulos de nobleza hereditarios,
    asi como toda calificacion degradante de raza y, por último, quedaba
    adoptado el pabellon amarillo, azul y rojo, enarbolado por Miranda
    cuando su expedicion de 1806, considerándolo como distintivo de la
    federacion.

    La ciudad de Valencia fué declarada despues como capital del Estado; y
    el Congreso suspendió sus tareas el 15 de Febrero de 1812, aplazando su
    próxima reunion para el 1° de Marzo, no sin haber antes de disolverse
    ordenado guarnecer la márgen izquierda del Orinoco para colocarse á la
    defensiva.

    Desde esta fecha hasta la llegada del capitan de fragata Domingo
    Monteverde, natural de Canarias y al servicio de España, hubo algunos
    encuentros, prósperos unos y adversos otros, entre las tropas federales
    mandadas por los coroneles Francisco Gonzalez y Moreno, Manuel Villapol
    y Francisco Solá y las españolas; estos combates tuvieron lugar en Santa
    Cruz de la Soledad, en las aguas entre el caño de Macareo y el de
    Pedernales, en Barrancas, en Lorondo y en Angostura, donde, despues de
    un grave descalabro en que Villapol tuvo que fortificarse en Maturin
    para salvar su gente, Moreno y Solá desaparecieron, dejando sus soldados
    en el mas criminal abandono y á merced del enemigo.

    Monteverde llegó á Coro en compañia del brigadier Don Juan Manuel
    Cagigal y otros jefes militares, llevando consigo dinero, armas y demás
    necesario para hacer la guerra á las provincias sublevadas; y desde este
    momento los patriotas, no por falta de valor y decision sino á causa del
    menor número, fueron estrechados y acosados con mayor actividad
    cada dia.

    El 15 de Marzo protegia Monteverde la revolucion que en Liquisique
    acaudillaba deslealmente el indio Reyes Vargas, que sin grandes
    merecimientos habia recibido el nombramiento de capitan del gobierno de
    Venezuela; y á los seis dias de esta defeccion los patriotas, á quien
    una grave dolencia privaba de su jefe el comandante Gil, eran derrotados
    completamente en Carora.

    La causa de la independencia principiaba á perder terreno en Venezuela,
    viniendo un sacudimiento momentáneo de la naturaleza á juntarse con los
    de la guerra. El 28 de Marzo, dia de Jueves Santo, á las cuatro de la
    tarde, un espantoso terremoto destruyó la mayor parte de Carácas,
    sepultando millares de habitantes bajo sus minas. Igual desgracia
    afligió á la Guaira, Barquisimeto, San Felipe, Mérida y otras
    poblaciones, en las que, asi como en la primera, perecieron gran número
    de voluntarios al servicio de la Confederacion. No faltaron adeptos al
    antiguo régimen que hicieran correr la voz de que semejante natural
    suceso era un castigo del cielo, puesto que venia á cumplirse
    precisamente en el dia mismo en que dos años antes la revolucion habia
    depuesto y desterrado á las autoridades españolas.

    Este acontecimiento, unido á los desastres que la guerra hacia sentir á
    los pueblos, no dejó de influir en favor de la regencia, cuyas armas,
    guiadas por el general Monteverde, se presentaban favorecidas por la
    fortuna en todas partes y ocupaban la arruinada ciudad de Barquisimeto
    el 7 de Abril. Alli se detuvo su jefe algunos dias desenterrando
    pertrechos y armamentos, reclutando gente y dando acogida á algunas
    partidas que con sus oficiales desertaron de las filas republicanas. El
    dia 25 batia cerca de San Cárlos al coronel Miguel Ustáriz, bajo cuyas
    órdenes puso Jalon cerca de 1.400 hombres. En lo mas encarnizado de la
    pelea, y cuando el triunfo estaba aun indeciso, el escuadron de Pao se
    pasó á los realistas dándoles la victoria. Casi todos los soldados de
    Venezuela que habian tomado parte en la accion cayeron en el campo de
    batalla; y, con los pocos que se quedaban, Ustáriz se refugió
    en Valencia.

    Mérida, Trujillo y otras poblaciones de la parte occidental fueron
    declarándose por el invasor, que se disponia á proseguir su marcha; y en
    tan tristes circunstancias la idea de la dictadura vino á apoderarse del
    ánimo de los leales. El poder trató de realizarla delegando todas sus
    facultades en el marqués del Toro, quien rehusó esta distincion;
    entonces fué puesta la suerte de la santa causa en manos de Miranda;
    este no tuvo dificultad en admitir el alto cargo y peligrosa confianza
    con el título de Generalísimo, por juzgarlo menos pretencioso y mas
    modesto que el de dictador.

    La Constitucion, promulgada aun no hacia tres meses, quedó en suspenso
    de este modo; y mientras que el jefe absoluto fijaba su cuartel general
    en Maracay, y en Varinas se juntaba una fuerza considerable de
    caballeria, y salian emisarios en busca de hombres, buques y
    subsistencias, Ustáriz, elevado al cargo de gobernador de Valencia, se
    veia abandonado de sus tropas y, dejando la plaza en poder de
    Monteverde, se retiraba á la Cabrera.

    En medio de tantos desastres como sufria la causa de la independencia,
    los generosos donativos de muchos extranjeros, amantes del nuevo órden
    de cosas y de la libertad de América, vinieron á fortificar un tanto los
    abatidos ánimos, que recobraron su antigua esperanza viendo como al
    mismo tiempo se organizaba un cuerpo de franceses á las órdenes del
    coronel Ducaylá, y cómo algunos alemanes é ingleses de distincion, entre
    los cuales figuraban Sir Gregor MacGregor empuñaban las armas en defensa
    de Venezuela.

    Miranda formó entonces el plan de estrechar á Monteverde: al intento,
    despues de haberse asegurado de la custodia de Puerto-Cabello, poniendo
    en esta plaza un oficial de _toda confianza_ asi por su _aptitud_ como
    por su _valor y decision hácia la santa causa de la independencia_,
    cubrió el punto de los Guayos con un fuerte destacamento que á los pocos
    dias, mientras él avanzaba en la línea de las operaciones proyectadas,
    fué batido y desbaratado el 8 de Mayo por la deslealtad de algunas
    compañias que se pasaron al enemigo. En vista de esto volvió atrás y se
    dispuso á fortificar bien la Cabrera, Guayca y Magdalena para poder
    hacer frente á los ataques de Monteverde, quien se disponia á atacarle.

    El _hombre de confianza_, el militar experto, el valiente soldado, el
    inteligente y decidido patriota que Miranda colocó en el mando de
    Puerto-Cabello, aquel que habia merecido este cargo delicado y de cuya
    aptitud para el desempeño no podia dudarse un solo instante, no era otro
    que el coronel Simon Bolívar, á quien el Generalísimo consideraba como
    el oficial mas activo y de mas vasta instruccion de todo su ejército.

    A pesar de los esfuerzos de Miranda, de los auxilios que encontraba, de
    alguna que otra accion en que el enemigo era rechazado, no por eso
    dejaba de agravarse la causa de la independencia, siendo derrotados sus
    patriotas hasta en las llanuras de Carácas, en Calabozo y San Juan de
    los Morros, donde el jefe español Don Eusebio Antoñanzas pasó á
    cuchillo, sin piedad alguna, no solo á los prisioneros sino tambien á
    las mujeres y los niños.

    La autoridad y prestigio del dictador menguaban de dia en dia,
    haciéndose mas frecuentes las decepciones de sus subordinados; por lo
    que, para vigorizar su poder, se rodeó en Maracay de algunas personas
    notables pertenecientes á los altos cargos del poder ejecutivo, del
    Congreso y del gobierno peculiar de Carácas, y de todas formó una
    especie de Consejo Consultor que le auxiliaba en los casos graves y
    circunstancias apremiantes ó difíciles.

    Sin embargo, de nada sirvió que la promulgacion de una _ley marcial_
    llamando á las armas á todos los venezolanos, excepto los ordenados _in
    sacris_ y unos pocos empleados de la administracion civil, y la de un
    decreto ofreciendo la libertad á los esclavos que se alistasen por diez
    años, prometiendo indemnizar á sus amos en mejores circunstancias, le
    diesen una superioridad numérica sobre el enemigo; pues habiendo
    perdido el punto de Magdalena y las alturas que dominan á Maracay, el
    jefe venezolano se encontraba cortado en sus posiciones, viéndose
    forzado á retirarse y pegar fuego á los ricos depósitos de víveres y
    municiones que venia formando en aquella poblacion.

    Con sus fuerzas, las de Guayca y la Cabrera, se encaminó hácia la
    Victoria: pero Monteverde, sabedor de este movimiento, se adelantó hasta
    San Mateo y le sorprendió, poniendo en desordenada fuga á sus soldados.
    Mientras tanto la capital de la república se encontraba en un estado de
    continua alarma, pues los esclavos de Curiepe y otros puntos de la costa
    y de los valles orientales, á pretexto de defender los derechos de
    Fernando VII, desde el 24 de Junio, en que habian tomado las armas,
    andaban cometiendo todo género de desmanes, tropelias y vejaciones con
    el mas feroz vandalismo, y Monteverde avanzaba hácia alli, despues de
    haber dejado algunas tropas frente á la Victoria.

    En el punto que este movimiento del enemigo tenia lugar, una nueva
    decepcion ponia á Bolívar en inminente peligro y con él á la república.
    El último dia de Junio, el oficial de milicias Francisco Fernandez
    Vinoni, con alguna tropa, el presidio y varios reos de Estado,
    proclamaba á Fernando VII, enarbolando en el castillo de San Felipe de
    Puerto-Cabello una bandera roja, y despues de algunas intimaciones
    infructuosas rompia el fuego de su artilleria contra la plaza. En tan
    crítica situacion, y fuera de sí con un suceso que tal vez iba á decidir
    de la suerte del pais, trató Bolívar sin embargo de sostenerse, y lo
    hizo asi durante tres dias; pero al saber que los españoles de Valencia
    se dirigian ya hácia alli y que sus puestos avanzados se pasaban al
    enemigo, antes de abandonar Puerto-Cabello quiso tentar fortuna y mandó
    á su encuentro unos 200 hombres con los coroneles Mirés y Jalon. Estos
    fueron derrotados en San Estéban y habiendo quedado prisionero el último
    con solo siete soldados regresó el primero al lado de Bolívar.

    Con 40 hombres que le quedaban, despues de haber capitulado los
    habitantes de Puerto-Cabello temiendo la ruina de la poblacion, el digno
    jefe trató de defenderse todavia en las afueras desde el Trincheron:
    pero el dia 6 no contando sino 8 oficiales á su servicio, se embarcó con
    ellos en Borburata, arribó á la Guaira y comunicó á Miranda desde
    Carácas, algunos dias despues, los incidentes de tan lamentable
    acontecimiento.

    Asi que lo supo el Generalísimo, propuso á Monteverde, que se hallaba en
    Valencia, una suspension de hostilidades; pero el general español por
    toda respuesta se ofreció á concederle una capitulacion; la cual,
    admitida en principio por Miranda, pronto recibió este las condiciones
    que, despues de ajustadas, dieron lugar á algunas diferencias. Pero
    apremiado por Monteverde las ratificó Miranda el 25 de Julio de aquel
    año, el de 1812, _quedando la Confederacion,_ conforme á las
    capitulaciones, asi como el _armamento_ y _demás objetos militares_ en
    poder del general español _bajo garantia de respeto á las personas,
    cualesquiera que hubieren sido su conducta y opiniones durante la
    revolucion._

    Al dia siguiente las tropas españolas penetraban en la Victoria, y tres
    mas tarde en Carácas, de donde huyeron algunos patriotas con intencion
    de embarcarse en la Guaira, y entre los que asi se precipitaban, poco
    seguros del cumplimiento de lo estipulado, figuraba tambien el
    desgraciado Generalísimo de la efímera Confederacion venezolana.

    CAPITULO IV

    Bolívar se embarca para Curazao.–Tirios y Troyanos.–Constitucion de
    1812.–Complot de varios jóvenes patriotas.–Marino y Bermudez.–
    Atrocidades de Zuazola.–Sus consecuencias.–Sitio de Maturin.–La
    revolucion revive.–Bolívar en Cartagena.–Principia á ejecutar sus
    planes.–Paso del Zulia.–Asciende á brigadier.–Penetra en Venezuela.–
    La guerra á muerte.–Conquistas.–Proclama.–Nuevos triunfos.–Entrada
    de Bolívar en Carácas.

    Bolívar, cuyo ánimo acostumbrado desde la niñez á los grandes reveses y
    cuyo amor por la patria no se abatian en ninguna circunstancia, dominado
    en la que tan cruelmente pesaba sobre el pueblo venezolano por la idea
    de salvarle y de sacudir un dia el pesado yugo que venia á esclavizarle
    de nuevo, trató de conservarse, y merced á la buena amistad del español
    Don Francisco Iturbe, que gozaba de gran favor cerca de Monteverde,
    obtuvo un salvoconducto y se embarcó en seguida para Curazao.

    La terminacion de la campaña trajo la desavenencia entre el capitan
    general Miyares y Monteverde, que se negaba á reconocer su autoridad en
    los paises por él recuperados para la España, dando por resultado la
    destitucion del primero y la elevacion del pacificador á la dignidad
    superior de Venezuela. Entonces, alegando que se conspiraba nuevamente,
    apresó á muchos distinguidos americanos. Miranda siguió muchos meses en
    los calabozos de Puerto-Cabello, de donde fué trasladado á Cádiz y con
    destino al arsenal de la Carraca, que andando el tiempo le vió morir el
    dia 14 de Mayo de 1816. Juan Pablo Ayala, Madariaga, Mirés y Roscio,
    patriotas venerables, fueron tambien remitidos á España y encerrados en
    seguida en los presidios de África.

    La Constitucion española, jurada en Cádiz por Fernando VII, fué
    publicada por Monteverde el 3 de Diciembre y adoptada, cinco dias mas
    tarde, por el pueblo y el clero. Pero algunos jóvenes patriotas, llenos
    de intrepidez y desesperacion, concibieron el proyecto de sorprender,
    desembarcando en la Guaira, el destacamento realista que alli estaba y
    cuya fuerza consistia en 300 hombres, la mayor parte güireños. Eligieron
    como jefe al rico margariteño Santiago Mariño, quien para el golpe de
    mano intentado no contaba sino con el insignificante número de seis
    fusiles. Sin embargo, llegada la ocasion de obrar, la guarnicion del
    puerto, abandonando á sus jefes, se unió con los venezolanos.

    Pronto las fuerzas de Mariño, convenientemente distribuidas entre él,
    Bernardo Bermudez y José Francisco, derrotaron las tropas de Cervéris y
    ocuparon á Maturin, cuya guarnicion huyó tan luego como Bermudez se
    presentó en sus cercanias. Con no menos rapidez, las fuerzas destacadas
    por órden del capitan general al mando de Don Antonio Zuazola batieron á
    los patriotas, primero en los Magueyes, y el 16 de Marzo de 1813 en
    Aragua. Este jefe no solo fusiló á los prisioneros que hizo, sino que
    mostró la mayor inhumanidad mandando matar á inofensivas mujeres, á
    venerables ancianos y á inocentes niños.

    Una parte de los derrotados y otros muchos patriota, irritados en vista
    del proceder de Zuazola, se refugiaron en Maturin, donde Piar y Azcúa
    mandaban durante la ausencia de Bermudez, y cuyos jefes lograron
    desbaratar con solo 500 hombres, en una salida que hicieron de la plaza,
    á 1.500 mandados por Don Lorenzo de la Hoz, rechazando despues á fuerzas
    mayores todavia, y poniendo al capitan general en el caso de presentarse
    en el teatro de la guerra á dirigir por sí mismo las operaciones.

    Monteverde, á la vista ya de Maturin con mas de 2.000 hombres, intimó la
    rendicion de la plaza en el término de dos horas, so pena, en caso
    contrario, de entregarla al furor de sus soldados. La contestacion fué:
    "_Que el pueblo de Maturin estaba resuelto á perecer en defensa de las
    libertades patrias_." Entonces tuvo lugar un sostenido y encarnizado
    combate por ambas partes, retirándose al fin los españoles con pérdida
    de 500 hombres muertos en el campo de batalla, entre los que habia 27
    oficiales, y abandonando Monteverde al enemigo cinco cañones, muchas
    armas y pertrechos, su propio equipaje y mas de 6.000 pesos de plata.

    Este memorable hecho de armas tenia lugar el 25 de Mayo; y desde esta
    fecha la revolucion cobraba nueva vida. Entre tanto el general San
    Martin adelantaba tambien en la causa de la independencia en
    Buenos-Aires, y todo parecia anunciar dias de bonanza para la América.
    El abatido espíritu público volvia á levantarse, saliendo como del
    estupor de un terrible sueño á la realidad amable de la vida, cuando el
    leal Bolívar, á quien el gobierno de España habia confiscado los bienes,
    que eran cuantiosos, con anterioridad á los últimos sucesos referidos,
    se presentaba en Cartagena en los primeros dias de Octubre de 1812,
    decidido á inmolar su existencia en aras de la patria por su libertad y
    engrandecimiento. Venia acompañado de los hermanos Miguel, de Manuel
    Cortés Campomanes, de Fernando Carabaño, de José Félix Ribas y de varios
    distinguidos oficiales.

    El plan que guiaba sus pasos, mirado aun por los menos desconfiados como
    irrealizable, era el de dar la libertad á Venezuela con el concurso de
    la Nueva-Granada, que hasta cierto punto habia seguido la misma marcha
    en su revolucion contra los españoles realistas. En Cartagena obtuvo el
    mando de una pequeña fuerza, con la cual subió por las márgenes del
    Magdalena, y despues de haber batido varias partidas de las tropas
    enemigas en diferentes puntos de aquel rio, desde Ocaña solicitó el
    permiso del gobierno de Cartagena para pasar á Cúcuta.

    Obtenido el consentimiento, con grande esperanza y entusiasmo emprendia
    su obra el valeroso caudillo. Solicitó auxilios del gobierno de
    Cundinamarca, que le facilitó 500 hombres, y se puso en marcha con ánimo
    de llegar hasta Carácas conforme á su ofrecimiento. El coronel español
    Don Ramon Correa podia disponer hasta de unos 4.000 hombres que por
    aquella parte guardaban la frontera venezolana. Pero Bolívar, valiéndose
    de ingeniosas extratagemas, apoyado por el pueblo y con relaciones de
    falsos espias, hizo que el enemigo abandonase algunas fuertes
    posiciones, llegando asi á la vista de San José de Cúcuta, donde Correa
    habia concentrado mas de 800 hombres.

    Al amanecer del 28 de Febrero de 1813 ocupó Simon Bolívar las alturas
    sitas al Oeste de San José, para cuya operacion tuvo que atravesar el
    caudaloso Zulia con una miserable canoa, y cayendo sobre las tropas
    españolas, despues de arrojarlas de sus posiciones, cargándolas á la
    bayoneta las derrotó completamente, ocupó su artilleria, fusiles y
    cuantos pertrechos tenia Correa dentro de la villa, y retirándose á la
    Grita, los valles quedaron libres del todo. El empleo de brigadier, el
    título de ciudadano de la Union, y además el mando en jefe de la
    division, de Cúcuta, fueron las recompensas otorgadas á Bolívar por tan
    señalado triunfo.

    Unida su fuerza á la que trajo el coronel Manuel Castillo, jefe militar
    de Pamplona, ascendia ya á unos 1.200 hombres bien municionados y
    armados. Con 800 destacó al citado coronel para que atacase á Correa,
    quien el 13 de Abril se veia forzado á abandonar la angostura de la
    Grita, en donde estaba bien atrincherado. Entonces Bolívar se dirigió á
    Venezuela con sus exiguas fuerzas, pero con buenos oficiales. Entre
    estos iba en clase de mayor general de la expedicion el venezolano
    Rafaél Urdaneta, el valiente jóven José Félix Ribas y el comandante
    Atanasio Giraldot, asi como tambien el capitan Luciano D'Eluyar. Estos
    últimos eran dos bizarros granadinos. En Cúcuta quedaron Joaquin
    Ricaurte, segundo jefe del ejército, Francisco de Paula Santander y
    algunos otros.

    El jefe venezolano fué recibido en Mérida con grandes muestras de
    aprecio y entusiasmo el dia primero de Junio. Alli concibió el mas
    grande, el mas importante y trascendental de sus pensamientos
    revolucionarios. Desde el principio de la guerra eran condenados á
    muerte por los españoles cuantos individuos caian en su poder, con las
    armas en la mano, mientras que los suramericanos daban cuartel á sus
    enemigos. Esta ventajosa circunstancia hacia que los naturales, puestos
    en el duro trance de servir, se afiliasen con preferencia en las filas
    realistas. Asi, pues, la _guerra á muerte_ fué el grandioso pensamiento
    que habia de dar á Venezuela su deseada independencia. Antes de imprimir
    á su resolucion un carácter solemne, se limitó por el momento á publicar
    una proclama, fecha el 8 de Junio, en la cual lanzaba á los enemigos la
    amenaza de una guerra de exterminio si ellos seguian usando con los
    prisioneros el mismo rigor que hasta entonces. Y luego marchó sobre
    Trujillo, donde entró Giraldot sin encontrar la menor resistencia.

    Menos de un mes bastó á Bolívar para conquistar dos provincias
    venezolanas, libertando por una serie no interrumpida de triunfos el
    extenso pais que media entre Tenerife y Trujillo, desde cuyo último
    punto, el 15 de Julio, anunció á la república la solemne resolucion que
    desde aquel dia adoptaba, declarando la _guerra á muerte á los enemigos
    armados contra la patria_. "Españoles y canarios, decia en su
    manifiesto; contad con la muerte aun siendo indiferentes, si no obrais
    activamente en favor de la libertad de la América. Americanos, contad
    con la vida aun cuando seais culpables."

    Al siguiente dia, al pié de la cordillera que separa la comarca de
    Niquitao de las llanuras de Varinas, en el punto llamado las Mesitas,
    los oficiales Urdaneta y Ribas atacaban con 550 hombres á un cuerpo de
    realistas compuesto de 800 soldados, venciéndolos tras un reñido combate
    que duró desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde. Unos
    450 prisioneros y todas las armas de los realistas quedaron en poder de
    los vencedores.

    A esta victoria siguió la de los Horcones, nombre del territorio en que
    Ribas volvió á derrotar á los españoles y está situado entre el Tocuyo y
    la ciudad de Barquisimeto. Por fin, desbaratando aqui y alli cuantos
    obstáculos se oponian á su paso, el 7 de Agosto Simon Bolívar hacia su
    entrada triunfal en Carácas, victoreado por un pueblo entusiasta y
    numeroso que le saludaba con el glorioso nombre de _Libertador de
    su pais._

    CAPITULO V

    Situacion del partido independiente,–Consecuencias de la toma de Cumaná
    y del fusilamiento de Bernardo Bermudez.–Sitio de Puerto-Cabello.–
    Represalias.–Refuerzo de tropas españolas.–Muerte de un valiente
    granadino.–Es vengado por sus compatriotas.–Combate de
    Mosquitero.–Bolívar es nombrado general en jefe del ejército y titulado
    Libertador.–Nuevos triunfos de las armas republicanas.–Sus efectos
    sobre Monteverde.–El Libertador da cuenta de sus operaciones al pueblo
    de Carácas.–Continuan las victorias.–Fin de varios patriotas
    notables.–Rasgo heróico de Ricaurte.–Asedio de Valencia.–La situacion
    de los independientes se agrava.–Inútil tentativa.–Batalla de
    Carabobo.–Descalabros.–Triste espectáculo de la emigracion.–Bóves se
    declara como primer jefe del ejército español.–Sus primeros
    actos.–Desgraciado combate de Aragua.–Deliberacion.–Bolívar y Mariño
    se embarcan para Margarita.–El depósito sagrado.

    Antes de continuar la relacion de los sucesos que siguieron á la
    entrada del jefe venezolano en Carácas, preciso es echar una mirada al
    estado en que se encontraban los republicanos. Dos facciones distintas
    figuraban dentro del partido que se batia por la causa de la
    independencia. Una, partidaria de las divisiones provinciales, se
    esforzaba por el triunfo del federalismo, en tanto que la otra, aferrada
    al principio de la unidad como único medio de fuerza y consistencia,
    aspiraba á la concentracion del poder en el gobierno. A la cabeza de
    esta, lleno de la mas profunda conviccion, se hallaba Simon Bolívar.
    Tal era el estado de los independientes en Venezuela, despues de la
    reaccion provocada por los triunfos que sus armas habian obtenido desde
    el desembarco de Mariño, á principios de 1813, con los refugiados en
    Chacachacare, islote perteneciente al gobierno inglés de Trinidad.

    Luego que este valiente margariteño logró apoderarse de Cumaná auxiliado
    por un paisano, el coronel Juan Arismendi, primera autoridad militar de
    Margarita desde el 5 de Junio, fecha de su última proclamacion en pro de
    la independencia, Antoñanzas, herido de gravedad, huyó á morir en
    Curazao. Hacia el mismo tiempo, hecho prisionero por los realistas,
    Bernardo Bermudez habia sido fusilado por órden de Cervéris; pero
    recogido con vida el mismo jefe mandaba asesinarlo en su propio lecho al
    tener noticia de la victoria alcanzada por Mariño, quien luego añadió á
    este lauro el de la toma de Barcelona.

    Este acontecimiento obligó al jefe que defendia la ciudad, el mariscal
    de campo Don Juan Manuel Cajigal, á retirarse á Guayana; y entre los
    oficiales que lo acompañaron, Francisco Tomás Morales y José Tomás
    Bóves, adquirieron despues gran celebridad, lanzándose desde aquel
    momento, al frente de una division de caballeria, á recorrer en medio de
    mil azares las llanuras de Carácas. Volvamos ahora á seguir á Bolívar en
    su expedicion, diciendo antes que Monteverde huyó á encerrarse en
    Puerto-Cabello tan luego como supo que aquel, favorecido por su valor,
    su génio y la fortuna, se aproximaba á Valencia.

    Un año hacia que en los calabozos de Puerto-Cabello gemia prisionero el
    valiente Jalon, y Bolívar, tanto por salvarle cuanto por humillar á
    Monteverde, puso sitio á la plaza con las tropas de Urdaneta y la
    division de Ribas, mandadas por Giraldot. En una de las salidas que los
    de la plaza intentaban Zuazola cayó prisionero; y Bolívar propuso
    inmediatamente su cange con Jalon, propuesta que fué rechazada por
    Monteverde, quien persistia en su conducta de no querer tratar con los
    enemigos. Esto y el haber Monteverde fusilado algunos prisioneros,
    obligó al jefe venezolano a ordenar que Zuazola pagase sus desmanes
    siendo ahorcado al frente de la plaza. Crueles represalias se siguieron
    por parte del sitiado.

    Unos 1.200 hombres de desembarco, al mando del coronel Salomon,
    vinieron en auxilio de Monteverde el l6 de Setiembre, y Bolívar,
    levantando el sitio, se dirigió hácia Valencia. Á los pocos dias, el
    capitan general salia en persecucion de los sitiadores y destacaba una
    fuerza que ocupó el cerro de Bárbula, en el ramal de los montes de
    Guataparo; y el 50 del mismo mes las columnas de Giraldot, D'Eluyar y
    Urdaneta atacaban la vanguardia española, y trepando la montaña el arma
    al brazo ponian en fuga al enemigo, haciéndole gran número de
    prisioneros. En esta gloriosa accion el bizarro Giraldot, al tiempo que
    plantaba la bandera tricolor sobre la mas fuerte posicion de los
    realistas, herido de un balazo cayó para no levantarse mas.

    Entonces los soldados granadinos, para vengar la muerte de su heróico
    compatriota, pidieron y obtuvieron de Bolívar la formacion de un cuerpo
    aparte; y D'Eluyar, á la cabeza de mil valientes, derrotaba á los
    españoles en el sitio llamado las Trincheras, coronado por un triunfo
    completo, de cuyas resultas, herido en la cara de un balazo, Monteverde
    huia á encerrarse en Puerto-Cabello. El sitio de esta plaza quedó
    restablecido otra vez y Giraldot vengado al tercer dia de su muerte.

    Una semana mas tarde, á 11 de Octubre, el teniente coronel Campo Elias
    reunia algunas fuerzas á los mil fusileros con que, conforme á las
    órdenes de Bolívar, habia salido de Coro; y habiendo allegado hasta
    1.200 caballos, puesto á las órdenes de Miguel Ustáriz, alcanzaba una
    espléndida victoria en el sitio de Mosquitero sobre los 2.000 ginetes y
    500 peones que mandaban Bóves y Morales, quienes, acompañados de solo
    treinta hombres de caballeria, se refugiaron en Guayabal, sobre la
    izquierda del Apure. El jefe de la infanteria española, Francisco Tomás
    Morales, salió gravemente herido de la batalla.

    El mismo dia en que las armas republicanas se señalaban con tan glorioso
    hecho, se reunian en Carácas las autoridades civiles y el cabildo en
    medio de los victores, aplausos y aclamaciones del pueblo, y de comun
    acuerdo conferian á Simon Bolívar el empleo de capitan general del
    ejército y el título de LIBERTADOR DE VENEZUELA. Pero el célebre
    caudillo no se durmió sobre sus laureles ni interrumpió un solo instante
    la marcha de sus operaciones; y ordenando al general Ribas que acudiera
    de Carácas, salió él de Valencia, y el 25 de Noviembre, con 2.000
    hombres entre infantes y ginetes; estorbó el movimiento intentado por la
    division de Salomon sobre las alturas de Vijirima, y, batiéndola con
    grandes ventajas, la obligó á retirarse á Puerto-Cabello. De alli á diez
    dias Salomon procuraba un nuevo combate en Araure con fuerzas bastante
    superiores en número, y las armas republicanas, dirigidas por el mismo
    Bolívar, obtenian una señalada victoria, pues, con muy pocas pérdidas,
    ocuparon todo el tren militar del enemigo, que huyó dejando en el campo
    mas de mil muertos.

    En esta brillante jornada dieron heróicas pruebas el general Urdaneta,
    el coronel Florencio Palacios, el teniente coronel Manuel Manrique, los
    capitanes Campo Elias, Briceño, Ribas Dávila, Villapol, Mateo Salcedo y
    otros varios republicanos. Los soldados merecieron gracia de su jefe,
    que hizo de todos los mayores elogios en el parte detallado de esta
    brillante accion. Estas derrotas trajeron consigo el desaliento y la
    desconfianza en las filas españolas; y el 28 de Diciembre los
    defensores de la plaza de Puerto-Cabello, destituyeron del mando á
    Monteverde, quien once dias despues se retiraba á ocultar su humillacion
    en Curazao.

    Bolívar volvió á Carácas, y haciendo que el gobernador político
    Cristóbal Mendoza convocase á las corporaciones, vecinos mas notables y,
    en fin, á todos los padres de familia, el 2 de Enero de 1814, en el
    convento de San Francisco, ante una inmensa concurrencia, dió cuenta de
    los actos administrativos de su dictadura y esperó el fallo del pueblo.
    Á propuesta del gobernador, en medio de la mas viva, entusiasta y
    prolongada aclamacion, se confirmaron al Libertador los poderes de que
    hasta alli habia estado investido; y lleno este de gozo, dirigió frases,
    de gratitud al pueblo venezolano por la confianza con que lo honraba.

    Partió en seguida para el campo de batalla, y despues que Ribas
    rechazaba valerosamente á Bóves en la Victoria el 12 de Febrero,
    poniendo sus tropas en dispersion, si bien teniendo que lamentar entre
    otras la pérdida del distinguido Ribas Dávila, el 28 del mismo mes, con
    solos 1.800 hombres por parte de Bolívar y 7.000 por la de Bóves,
    vencido este tuvo que dejar el campo de la accion, que era el de San
    Mateo, despues de haber costado á los republicanos este triunfo 203
    hombres entre muertos y heridos. Entre los primeros habia que lamentar
    al valiente Villapol y otros dos oficiales, y entre los segundos habia,
    con Campo Elias, otros 30 oficiales; pero la pérdida del enemigo fué
    mucho mayor. Ricaurte guarnecia en la cima de un cerro cercano á San
    Mateo una casa perteneciente á Bolívar y destinada á servir de parque.
    [Nota: Algunos dicen que el Libertador nació en esta casa, que hoy se
    vé reedificada.] La fuerza de que disponia no era capaz de hacer frente
    el ataque de la fuerte columna que Bóves destacó contra la casa; y
    conociendo que su resistencia seria inútil, hace salir á sus soldados,
    se queda solo, pega fuego á los pertrechos del parque y destruye asi al
    enemigo, quedando sepultado con él entre los escombros.

    A fines de Marzo los realistas ponian sitio á Valencia con 4.000 hombres
    que Don José Cevallos traia de refresco de la provincia de Coro, pero
    sin artilleria. La ciudad estaba defendida por Urdaneta como primer
    jefe, Juan Escalona como segundo, y el Doctor Espejo como gobernador
    político. El comandante Taborda dirigia las baterias. Despues de varios
    incidentes, siempre ventajosos para los sitiados, el 5 de Abril,
    replegando sus fuerzas en la falda del Morro, el jefe sitiador
    desapareció por el camino del Tocuyito. Bolívar entró en la plaza el
    mismo dia, acompañado de algunos oficiales; y despues de tributar á los
    heróicos defensores los elogios que merecian se dirigió hácia
    Puerto-Cabello.

    A causa de la escasez de recursos y de algunos descalabros que por el
    espacio de un mes habian experimentado los patriotas, su situacion
    principiaba á hacerse un tanto embarazosa. Cagigal en persona mandaba el
    ejército que habia traido Cevallos, y hostilizaba activamente á los
    republicanos, cuando el 16 de Mayo resolvió Bolívar presentarle batalla,
    lo cual verificó el dia siguiente en los campos del Tocuyito, sin poder
    conseguir cosa alguna por haber paralizado la accion una fuerte lluvia,
    y el 18 se retiró tranquilamente acampando en las afueras de Valencia.

    Diez dias mas tarde Bolívar desplegaba los grandes recursos de su génio
    militar presentando un bien combinado plan de batalla á Cagigal en las
    llanuras de Carabobo. El jefe español, por su parte, se habia situado
    convenientemente y con admirable órden. La primera línea de los
    republicanos estaba mandada por Urdaneta, mientras el Libertador, Ribas,
    Mariño y otros jefes operaban en la segunda. La fuerza total ascendia á
    unos 5.200 hombres; el enemigo presentaba en línea mas de 6.000. Las
    acertadas disposiciones de Bolívar, hábilmente ejecutadas por sus jefes,
    dieron como resultado el exterminio de casi toda la infanteria enemiga,
    pues los ginetes huyeron ilesos á refugiarse en parte segura, por la
    derecha del camino del Pao. Con solo la pérdida de unos 60 hombres entre
    muertos y heridos obtuvo en este dia el jefe venezolano 8 banderas, toda
    la artilleria enemiga, mas de 500 fusiles, gran número de caballerias,
    municiones, provisiones y ganados, salvando asi por quinta vez á
    su patria.

    A pesar de las medidas preventivas tomadas por Bolívar, seguro como
    estaba de que Bóves allegaba gente para tomar desquite de la última
    derrota de los realistas, no pudo evitar que en la Puerta los 5.000
    ginetes y 5.000 infantes españoles derrotaran á Meriño, cuya fuerza no
    llegaba á una mitad de este número. Mas de l.000 republicanos quedaron
    sobre el campo de batalla, muchos de ellos asesinados despues de haber
    sido hechos prisioneros. El coronel Aldao y el comandante Freites fueron
    muertos en la accion; y entre los prisioneros el coronel Jalon, cangeado
    hacia algun tiempo por el teniente coronel Marimon. Tambien pereció en
    este aciago dia el secretario de Estado Antonio Muñoz y Tévar.

    Mientras Bolívar y Mariño, que habian salvado con bien, habiendo
    despachado emisarios á Escalona para que defendiese la plaza de
    Valencia, corrian á sacar recursos de la capital, Bóves, despues de
    perseguir á los vencidos hasta la Victoria y destacado su columna de
    1.500 hombres al mando del capitan Ramon Gonzalez para que se dirigiese
    á Carácas con el resto de su gente, se presentó el 19 delante de
    Valencia, y reduciendo á Escalona en ella al estrecho recinto de la
    Plaza Mayor, le obligó á capitular, ofreciéndole ante Dios que
    respetaria la vida y propiedad de cuantos ocupaban la plaza; pero á los
    dos dias el coronel Alcover, el Doctor Espejo, todos los oficiales,
    menos Escalona que pudo huir á favor de un disfraz, los sargentos y
    varios particulares de Valencia perecian vilmente asesinados.

    Poco antes de la toma de esta ciudad, Carácas fué tambien ocupada por
    los españoles, y el 6 de Julio Bolívar, afligido por el triste
    espectáculo de las numerosas familias que como un fúnebre cortejo
    seguian sus pasos, caminaba hácia Barcelona por la montaña de Capaya y
    la costa del mar. Bóves por este tiempo, á ejemplo de Monteverde, se
    apoderó del mando y erigido en señor absoluto de sus actos, dejó en
    Carácas como gobernador al traidor Quero, en Valencia al oficial Don
    Luis Dato, y ordenó á Morales que partiese en persecucion de Bolívar.
    Durante los diez dias que permaneció en Carácas hizo circular dos
    indultos, y despues ofició á todas las autoridades y justicias mayores
    de los pueblos para que de mano poderosa mandase fusilar á cuantos
    hubiesen tenido participacion en la muerte de unos prisioneros,
    ejecutada mientras el coronel Arismendi era gobernador interino de
    aquella capital.

    En el tránsito logró todavia Bolívar recojer y organizar hasta 2.000
    hombres, que hizo se posesionasen de Aragua de Barcelona. El coronel
    Bermudez acompañaba al jefe venezolano en calidad de su segundo. El 18
    de Agosto, y guiando la respetable fuerza de 8.000 bayonetas, Morales
    atacó á los republicanos; despues de un largo combate la victoria vino á
    declararse por los realistas, si bien es cierto á un precio muy alto,
    pues les costó mil hombres y mas de dos mil heridos. Lleno de furor el
    jefe español mandó pasar á cuchillo, además de los prisioneros, á gran
    parte de inofensivos vecinos, sin respetar sexo ni edad.

    Acosado por tan fatales reveses de fortuna, otro menos enérgico y de fé
    no tan pura ni entusiasta por la libertad de su cara patria, habria
    desesperado de su empresa; pero el Libertador, cuyo temple y constancia
    eran inquebrantables, oyendo los consejos de un prudente valor se
    dirigió á Cumaná, donde unido á Ribas, Mariño, Valdés, Azcúa y otros
    bravos oficiales, pesó, midió y estudió las circunstancias que hacian su
    situacion tan precaria, y, despues de un largo debate, decidieron la
    evacuacion de la ciudad. La poca tropa que alli habia salió el 25 de
    Agosto para Maturin; y en la escuadrilla que mandaba Bianchi, Mariño y
    Bolívar se hicieron á la veja con rumbo á la Margarita, pues el
    _Libertador_ tenia que poner á salvo el gran tesoro que el alto clero de
    Carácas habia colocado en sus manos para atender á las necesidades de la
    República. Aquel tesoro se componia de todas las joyas de las iglesias,
    y Bolívar en tan difíciles momentos, tenia que hacer uso de ellas para
    comprar el armamento y demás necesario á la creacion de un ejército
    respetable, capaz de ayudarle á salvar la madre patria, asegurando para
    siempre á sus hijos el goce de la libertad, objeto de sus mas ardientes
    deseos y por el cual sacrificaba, no solo la existencia, sino tambien la
    gran fortuna que sus padres le habian dejado.

    CAPITULO VI

    Un abuso de confianza.–Juicio contra Bolívar y Mariño por su
    ausencia.–Destitucion del Libertador–Nuevo asedio de Maturin.
    –Derrotas de Morales.–Muerte de Bóves.–La adversidad persigue
    á los republicanos.–Maturin cae en manos de Morales.–Triste fin de
    Ribas.–Ventajas de las armas españolas.–Entrevista de Urdaneta y
    Bolívar.–Este se presenta á dar cuenta de su conducta al gobierno y es
    bien acogido.–Conquista de Santa Fé de Bogotá.–Conflictos de Bolívar
    con el gobernador de Cartagena.–Consecuencias de la rebeldia.–Retirase
    el Libertador á Jamaica.–Cartagena es tomada por Morillo.–Nuevos
    derramamientos de sangre.–La república parece haber tocado á su
    fin.–Sucesos de Margarita.–Bolívar amenazado por el puñal de un
    traidor.–Preparativos hechos por Brion.

    La desgracia no habla cesado aun de afligir y poner á prueba el noble
    amor del heróico patricio; no habia cesado aun de acrisolar con el fuego
    de los mas rudos tormentos su lealtad y su constancia; aun no habia
    descargado sobre su cabeza el mayor y mas formidable de sus golpes. Una
    nueva defeccion, hija de la tentadora codicia, vino á cortar las alas á
    su patriótica y halagüeña esperanza. Las riquezas que llevaba
    embriagaron el avaro corazon de Bianchi, y con el mayor cinismo declaró
    á Bolívar que estaba dispuesto á despojarle, lo cual habria verificado
    por completo si las vivas reclamaciones de los portadores de aquel
    tesoro, destinado á comprar la libertad de la América del Sud, no
    hubieran conseguido que, avistando la Margarita, el desleal marino les
    cediese una parte muy pequeña de las alhajas y dos buques de su
    escuadrilla para que guiasen á Cartagena; pero desbaratados sus planes
    se dirigieron hácia Carúpano y desembarcaron en este punto el 5 de
    Setiembre.

    Pero otra nueva desventura les esperaba alli. Durante su ausencia los
    jefes militares de la provincia los juzgaron como traidores; y por haber
    abandonado el ejército, este era su juicio, se dió un decreto de
    proscripcion contra ellos, y Ribas y Piar habian merecido los dos
    primeros cargos militares. Ribas se presentó en Carúpano el dia
    siguiente á la llegada de Bolívar y Mariño; puso preso á este, y dejó
    libre, pero destituido, al noble cuanto desgraciado _Libertador_. Sin
    embargo, por uno de esos actos inexplicables en los hombres, por uno de
    esos caprichos de la suerte, el mismo que acababa de robarles se
    presentó en actitud amenazadora á protegerlos; y habiéndolos reclamado
    enérgicamente á Ribas, les prestó auxilios y partieron para Cartagena
    el dia 8, mas dispuestos que nunca á sacrificarse por su patria.

    Por este mismo tiempo, con cerca de 6.500 hombres, Morales se presentaba
    delante de Maturin é intimaba la rendicion, ofreciendo una honrosísima
    capitulacion á los que defendian este punto; pero el pueblo maturinense
    reproducia otra vez sus antiguas palabras, diciendo con entereza: _"Que
    preferia el exterminio á la esclavitud."_ Bermudez tenia á su lado al
    leal Pedro Zaraza, al sumiso y valiente Cedeño, al activo José Tadeo
    Monágas, á otros distinguidos jefes, 1.000 ginetes y como unos 300
    infantes, todos ellos valientes, todos buenos patricios.

    Grande fué la victoria que Bermudez alcanzó sobre Morales, á pesar de la
    superioridad numérica de las fuerzas mandadas por este, en la batalla
    que le presentó el dia 12 de Setiembre. Despues de haberle muerto mas de
    2.000 hombres, cogiéndole hasta 900 prisioneros, se hizo dueño de 2.100
    fusiles, 6.000 bestias de carga, 700 caballos con sus monturas, mas de
    150.000 cartuchos, gran número de reses y, otras provisiones de boca,
    sin otro sacrificio por su parte que el de 75 muertos y unos 120
    heridos. El jefe español huyó á Urica con la gente que le quedaba para
    esperar alli á Bóves.

    Llegó este general algunos dias despues, y el 5 de Diciembre sus fuerzas
    y las de Morales derrotaban cerca de Urica á Ribas y Bermudez. Cara
    costó esta victoria al general en jefe español, pues Morales recogió su
    cadáver en el campo de batalla, mientras los jefes republicanos, casi
    solos, de alli á poco tiempo regresaron á Maturin. No era solo esta la
    derrota que tenian que llorar los partidarios de la independencia
    americana, pues otras muchas iban experimentando por su division de
    pareceres, altivas presunciones é indigna insubordinacion los caudillos
    defensores de la libertad en la parte oriental de Venezuela.

    Inútil fué la resistencia que en Maturin pudieron oponer á Morales los
    que escaparon con vida de la última refriega. El nuevo general del
    ejército español, por tal le reconoció su oficialidad, llevándolo todo á
    sangre y fuego, degolló sin piedad y sin distincion de edad ni de sexo á
    los leales maturinenses. Bermudez se refugió con menos de 200 hombres
    en las montañas del Tigre; Ribas, en compañia de unos pocos, suponiendo
    encontrar á Urdaneta, se encaminó hácia la comarca de Barquisimeto.
    Apresado este valeroso guerrero mientras dormia en los montes de
    Tamanaco, su cabeza, con el mismo gorro frigio que constantemente solia
    usar, fué llevada á Carácas en una jaula de hierro y expuesta al público
    sobre el camino de la Guaira.

    En el curso del último mes de aquel año se hizo dueño Morales de toda la
    parte oriental, y su escuadrilla bloqueó las costas desde Irapa á
    Trinidad, impidiendo la huida á los patriotas. Sometido tambien al
    propio tiempo el occidente venezolano por las armas de España, Urdaneta
    se puso bajo la proteccion de la Nueva-Granada, esperando adquirir
    noticias algun dia de la reaparicion de Bolívar. Vióle con efecto en
    Pamplona, y le dejó camino de Tunja, á donde se dirigia para dar cuenta
    de su conducta al gobierno general, con ánimo tranquilo y lleno como
    siempre de su franca lealtad y de su nunca abatido entusiasmo.

    El gobierno le acogió benévolamente, aprobó todos sus actos, y como
    prueba de su cabal conviccion y confianza, le encargó tomar á Bogotá, lo
    que realizó el 12 de Diciembre, concediendo á los vencidos una
    capitulacion honrosa. Esta ciudad fué desde luego asiento del gobierno,
    que ordenó al ilustre caraqueño descendiese el Magdalena para obrar
    contra Santa Marta, y este partió al frente de la division de Urdaneta,
    reforzada por algunos reclutas granadinos. La sumision de Santa Fé de
    Bogotá trajo consigo el reconocimiento por las provincias del Congreso
    reunido en Tunja para juzgar á Bolívar, y un nuevo esfuerzo para
    establecer un gobierno constitucional.

    A fin de facilitar el buen resultado de la empresa, fué autorizado
    Bolívar á tomar en los arsenales de Cartagena algunos cañones y cuanto
    al intento necesitare; pero el jefe que mandaba en aquella plaza se negó
    á ello, y entonces se vió en el caso de sitiar á sus mismos
    coreligionarios. Mientras ejecutaba esta para él repugnante operacion
    con ánimo de castigar la desobediencia, á fin de mantener el órden y
    disciplina, sin las cuales era imposible marchar adelante en el camino
    de la emancipacion proclamada, el general español Don Pablo Morillo
    fondeaba en Puerto Santo, á 5 de Abril de 1815, al mando de una
    expedicion que, incluso la fuerza de marina, constaba de 15.000 hombres
    auxiliados por 18 piezas de artilleria, un regimiento de dragones, otro
    de húsares y algunas compañias de zapadores.

    A vista de tan formidable refuerzo, y cansado de luchar sin fruto contra
    un cúmulo tal de inconvenientes, hijos la mayor parte de la rastrera
    envidia, y sin desistir por eso de esperar tiempos mejores para empezar
    de nuevo la conquista de las libertades de su pais, puso á disposicion
    del jefe de Cartagena las fuerzas que llevaba, y á los tres dias de la
    llegada de Morillo se retiró á Jamaica, donde despues se le reunieron
    Mariño y algunos otros jefes y oficiales venezolanos.

    Poco despues el general Morillo puso sitio a Cartagena, que á causa del
    que le habia hecho sufrir el Libertador, se hallaba exhausta de viveres
    y no pudo resistir sino algunos dias. La toma de esta importante
    poblacion facilito á los realistas el medio de reconquistar la
    Nueva-Granada, y pronto corrió á torrentes en el patíbulo la sangre de
    sus decididos y honrados habitantes.

    La república habia dejado de existir en la apariencia; pero aun se
    albergaban en las montañas pequeñas y diseminadas algunas partidas, como
    vivo testimonio de que el fuego de la revolucion existia en el corazon
    de los bosques, preparado á producir nuevos incendios, lo mismo que en
    los corazones de los Sud-americanos, dispuestos ya favorablemente al
    recobro de sus siempre hollados derechos, por mas que en aquellos
    momentos se viesen ahogados por la fuerza brutal.

    Para gobernador de la isla de Margarita nombró Morillo á Don Antonio
    Herraiz, cuyo bondadoso carácter no estando en armonia con el violento
    sistema de secuestros y prisiones que en todas partes se llevaba á cabo,
    dió márgen á que al poco tiempo quedase destituido, y fué á reemplazarle
    persona mas idónea, mas dura de corazon, y por lo tanto en conformidad
    con las arbitrariedades y vejaciones por aquel entonces á la órden del
    dia. El reemplazante no era otro que el teniente coronel Don Joaquin
    Urreiztieta, que en seguida se inauguró haciendo una ruda persecucion á
    los principales sugetos de la isla. Entre otros que decidieron vender
    cara su vida en vez de esperar á que inicuamente se la quitaran,
    despojándolos de sus haciendas y encerrándolos en lóbregos calabozos,
    Arismendi se refugió en los montes decidido á rendir la suya, pero con
    las armas en la mano.

    Entretanto la Providencia parecia proteger los dias del Libertador en
    Jamaica, alejando de su pecho el puñal traidor que habia de atentar
    contra ellos. Un español, pagado por Don Salvador Moxó, que habia
    sustituido á Cevallos mientras un viaje de este á la Península, logró
    seducir en Kingstown á uno de los sirvientes de Bolívar; y cierta noche,
    acercándose á la hamaca en que solia dormir, clavó su acero homicida en
    el corazon de la persona que alli estaba acostada. Al ¡ay! lanzado por
    la victima Bolívar se levantó, hizo preso al criminal y lo entregó á la
    justicia, que oida la confesion del infiel servidor le condenó á sufrir
    la última pena.

    Este incidente necesita una explicacion. El Libertador y un emigrado de
    Carácas amigo suyo, llamado Amestoz, acostumbraban dormir en la misma
    habitacion. El primero se acostaba en una hamaca y el segundo en una
    cama. Pero aquel dia, en que el calor fué extraordinario, habiéndose
    retirado Amestoz mas temprano se acostó en la hamaca mientras volvia su
    amigo. Cogióle el sueño, y Bolívar á su llegada, por no molestarle,
    ocupó la cama que estaba vacia. Este cambio casual le salvó la vida. Sin
    embargo, el aguerrido soldado, el esforzado campeon de la independencia
    de Venezuela, si bien no pudo menos de lamentar el sangriento é inhumano
    fin de su querido amigo, no por eso se inquietó y siguió habitando en
    Kingstown hasta que sabedor de que el capitan propietario de la corbeta
    _Dardo_, Luis Brion, habia marchado hácia Cartagena con algun armamento,
    y se hallaba en los Cayos de San Luis allegando gente y acopiando
    víveres para acudir al socorro de la plaza, voló á ofrecerle su espada,
    entusiasta como siempre, como siempre alentado por el mismo noble valor
    y la misma imperturbable esperanza.

    CAPITULO VII

    Apertura de una nueva campada.–Presas hechas por la escuadrilla de
    Bolívar.–Su acogida en Margarita.–Expedicion á Costa-Firme.–Decretos
    dados por Bolívar en Ocumare.–Sucesos de Güiria.–Emigracion á Haiti.
    –MacGregor y Piar.–Nueva expedicion de Bolívar.–Desembarco en
    Juan Griego.–Nueva-Granada en poder de Morillo.–Reúnense en Venezuela
    algunos elementos dispersos.–Nombramientos inútiles.–La causa liberal
    á principios de 1817.–Regreso de Morillo.–Aspiracion de Mariño,
    simulacro de un Congreso y sus actos.–Conducta de Bolívar.
    –Arrepentimiento de Brion y sus buenos efectos.–Mas defecciones.
    –Fusilamiento de Piar.–Creacion de un Consejo de Estado.
    –Reparticion de bienes nacionales.–Planes militares de Bolívar.
    –Nuevo peligro de muerte.–Sublevacion de Paez.–Manifesto del
    Libertador.–Ascenso de Santander.–La fortuna vuelve la espalda á
    los republicanos.–Famoso decreto.–Bolívar deja la Guayana.

    Durante la terminacion del año 1810 y los cinco primeros meses de 1817
    la isla de Margarita iniciaba con buen éxito una nueva campaña.
    Arismendi habia logrado hacer frente á las armas españolas y desde
    mediados de Noviembre las tenia circunscritas á las fortificaciones de
    Pampetar y Santa Rosa; pero se esforzaba inútilmente por reducirlas del
    todo, disponiendo ya de mas de 1.500 combatientes medianamente armados.
    Entretanto, reunido á Brion, el Libertador disponia de siete goletas
    armadas de guerra y se hacia á la vela del puerto de Anquin con 250
    hombres, el 30 de Marzo, acompañado de Mariño como jefe de estado
    mayor, del coronel Cárlos Soublette en calidad de segundo y, además, del
    ilustre granadino Francisco Antonio Zea, de Piar, del escocés MacGregor
    y del coronel Pedro Briceño Mendez, secretario suyo.

    Esta expedicion, que llevaba abundantes fusiles y municiones, cerca de
    la isla de Santa Cruz apresó un buque mercante español, y el bergantin y
    la goleta de guerra _Intrépido_ y _Rita_, vispera de surgir felizmente
    en el puerto de Juan Griego, esto es, el dia 5 de Mayo. Los dos últimas
    presos bloqueaban la Margarita por el rumbo de Occidente. La isla toda
    recibió con júbilo á los expedicionarios; y reunidos luego en la iglesia
    de la villa del Norte los jefes y oficiales de la isla, los emigrados
    del continente y, en fin, muchos honrados y respetables moradores de
    Margarita, reconocieron por jefe supremo á Bolívar y como segundo al
    valiente general Mariño.

    Entonces dispuso una expedicion á Costa-Firme donde, asi que llegó, fué
    reconocida su autoridad por Monágas y otros jefes de guerrillas,
    logrando aumentar sus tropas hasta unos mil hombres; y para hacer una
    invasion en la provincia de Carácas, toda vez que el general Morillo se
    encontraba en Nueva-Granada realizando su reconquista, guió para la
    costa de Ocumare, que abordó el 6 de Julio. Alli publicó dos decretos;
    uno relativo á la pena de muerte y otro á la libertad de esclavos; pero
    los desgraciados encuentros que tuvo le obligaron á reembarcarse para la
    isla de Bonaire, donde el comandante Francisco Piñanzo organizaba un
    batallon que, á las órdenes de MacGregor, habia partido ya con objeto de
    reunirse á las fuerzas de Zaragoza y Monágas en los Llanos.

    Bolívar encontró á Brion en Bonaire, y, prévio algunas disposiciones
    relativas á la escuadrilla, acompañado de Bermudez dió á la vela para
    Güiria, punto en que desembarcó el 16 de Agosto, y donde una semana
    despues veia desconocida su autoridad, so protesto de haber abandonado
    la expedicion de Ocumare. Este hecho nació de una trama urdida por
    Mariño y Bermudez, que se arrogaron los primeros cargos en el ejército;
    y vendido otra vez mas por aquellos á quien él mismo habia elevado,
    partió para Haiti en seguida, fijando su residencia en Puerto-Príncipe
    luego de su llegada á esta isla.

    MacGregor realizaba mientras tanto sus planes y, en compañia de los
    caudillos que habia salido á buscar, mas algunos otros partidarios que
    se le reunieron, batió varias veces al enemigo; el 13 de Setiembre
    entraba con su victoriosa division en Barcelona y algunos dias despues
    se ponia á las órdenes de Piar, que llegó tras él á la ciudad. Pero á
    poco tiempo de este acontecimiento MacGregor marchaba á las Antillas, á
    consecuencia de disensiones habidas entre él y sus compañeros; y Piar,
    con 1.500 hombres, se dirigia hácia la provincia de Guayana con
    intencion de unir su fuerza á la que alli mandaba Cedeño. Tambien por
    entonces, á principios de Noviembre, despues de varios hechos de armas
    favorables á los patriotas y en los que se distinguió, entre otros, el
    capitan José Antonio Paez, los soldados españoles evacuaban la isla de
    Margarita.

    Retirado el Libertador en Puerto-Príncipe trabajaban en tanto para
    organizar una nueva expedicion, cediendo á las instancias que varios
    jefes y oficiales distinguidos del ejército le habian dirigido; y ya
    contaba de hecho con Brion, á cuyos buques, unidos los de Villaret
    formaron una escuadrilla respetable, y con varios oficiales italianos
    del disuelto ejército de Napoleon, que con el general español Francisco
    Javier Mina habian llegado á Haiti por aquel tiempo. Hechos sus
    preparativos salió del puerto de Jacmel y, el 28 de Diciembre, tras una
    navegacion de siete dias, desembarcando en Juan Griego expedia una
    proclama-manifiesto sobre las causas y motivos de su separacion del
    mando y la necesidad urgente de reunir un Congreso en Margarita para el
    establecimiento de un gobierno apropiado á las circunstancias, en
    consonancia con la voluntad de los pueblos libertados de la opresion; y
    el último dia del año, entrando en Barcelona, se puso nuevamente á la
    cabeza del ejército.

    Cumplíanse estos sucesos y al propio tiempo se refugiaban en el
    territorio venezolano los patriotas que pudieron escapar de la
    sanguinaria cuchilla de Morillo, dueño ya de la Nueva-Granada. Entre
    ellos se encontraban varios jefes y oficiales de mérito, tanto
    granadinos como venezolanos, y asi como hubieron llegado á Guadaslito
    para dar unidad y eficacia á los esfuerzos comunes–tal era al menos su
    propósito–establecieron un gobierno, nombrando como Presidente de la
    República al ex-gobernador de Pamplona, teniente coronel Fernando
    Serrano, y á Urdaneta, á Servier y al Doctor Francisco Javier Yánes por
    Consejeros de Estado, con el coronel Santander como jefe del ejército.
    Este gobierno nacia muerto porque los jefes venezolanos aspiraban á
    concentrar el poder en un solo jefe de confianza entre los llaneros,
    para que les condujese á la guerra investido de un carácter absoluto; y
    renunciando Santander el mando, recayó en Paez, á quien la junta elevó
    al grado de general de brigada. Pronto allegó gente y se hizo temible en
    las llanuras á las tropas realistas, derrotadas mas tarde por él en
    varios encuentros.

    A principios de 1817, libertada la isla de Margarita, recuperadas las
    provincias de Barcelona y Cumaná, y dueños ya los venezolanos de las
    llanuras de Carácas, Paez habia ocupado el territorio que se extiende
    entre el Arauca y el Apure, Piar seguia hostilizando al enemigo en la
    Guayana y merced á los desmanes de Morillo que habian enconado el ánimo
    de los llaneros, la guerra habia cambiado de faz y se hacia enteramente
    nacional, si bien aun quedaba por realizar la grande obra de disciplinar
    el ejército, cortando el vuelo á las ambiciones de algunos jefes,
    nacidas del mismo desórden en que hasta entonces estuvo envuelta la
    causa de la independencia.

    Coronado por algunos triunfos se encontraba Bolívar en Guayana, cuando
    tuvo noticia de que Morillo, de vuelta ya en Venezuela, reuniendo su
    gente con la del coronel Don José Aldama, en el Chaparro, el dia 13 de
    Mayo, se disponia á pasar el Orinoco al frente de 6.000 hombres, y que
    Mariño, aspirando como siempre al mando supremo, reunia en Cariaco un
    Congreso revistiéndole de poderes para legislar y ante el cual
    representaba la farsa de ofrecer la dimision del Libertador con la suya
    propia para obtener la distincion que ambicionaba.

    Este Congreso, sin autoridad legítima, nombró como funcionarios del
    poder legítimo á los generales Fernando Toro y Simon Bolívar, con el
    coronel Francisco Javier Maiz y por suplentes á Zea, al coronel
    Vallenilla y á Madariaga, que acababa de llegar de la Península
    española. Mariño quedaba en el soñado cargo de general en jefe del
    ejército; y Brion, cómplice en este descabellado negocio, ascendia nada
    menos que á almirante. Aunque Piar mostró su adhesion á semejante
    proyecto, la mayor parte de los jefes de division, asi como la
    oficialidad y la tropa, unánimes todos y conociendo los méritos de su
    verdadero jefe, manifestaron la firme resolucion de seguir á sus
    órdenes, y Bolívar reprobó pública y solemnemente la Asamblea
    de Cariaco.

    Al poco tiempo, profundamente convencido de su error, llevó Brion al
    Liberlador su escuadra, con la cual y la escuadrilla de Antonio Diaz
    salió de Pampalar el 31 del mismo mes de Mayo, y despues de algunos
    combates en que los patriotas pelearon con la acostumbrada bizarria,
    sometió á Guayana. Mientras verificaba esta operacion, el brigadier Don
    José de Canterac, al frente de 3.000 peninsulares, llegaba al Morro de
    Barcelona y el republicano Piar, movido por la ambicion, minaba
    lentamente la estabilidad de las posesiones alcanzadas, promoviendo la
    discordia entre los jefes, alentando la tropa á la rebeldia y haciendo
    renacer la ya olvidada idea de colores y diferencias de raza.

    Semejante proceder no podia ser tolerado en los momentos en que la union
    era tan necesaria para marchar viento en popa á la conquista de la
    independencia. Asi, pues, arrestado de órden de Bolívar, fué conducido á
    Angostura, juzgado en consejo de guerra y condenado á muerte. Brion
    desempeñó el papel de Presidente del tribunal; y la ejecucion de la
    sentencia pronunciada contra el reo tuvo lugar el 16 de Octubre de 1817,
    produciendo los mas excelentes resultados en el ejército, pues
    restableció algun tanto la disciplina, afirmó la autoridad suprema, y
    dió una alta idea á propios y extraños, á amigos y enemigos, de aquel
    gobierno militar, verdadero cáos hasta entonces.

    Despues de este acto, sensible para quien como el Libertador mil veces
    habia combatido al lado de tan valiente militar, puso jefes dignos de su
    confianza al frente de las libertadas provincias, creó un Consejo de
    Estado con derecho de consulta en las materias de guerra y en las
    gubernativas, con voto deliberativo en las administrativas y económicas,
    declarando al propio tiempo capital y residencia provisional del
    gobierno de Venezuela la ciudad de Angostura. Por último, dictó una ley
    en la cual se mandaba repartir los bienes nacionales con justa regla y
    proporcion entre sus compañeros de armas; y, despues de ordenar á Zaraza
    y á Monágas que cubriesen con su caballeria el primero las llanuras de
    Carácas y el segundo las de Barcelona, el Libertador remontó el Orinoco
    con todas sus fuerzas, yendo á reunirse al ejército que mandaba Paez en
    el Apure, lo cual realizó por Enero de 1818.

    El año que espiraba habia sido fecundo en buenos resultados para las
    armas republicanas, no solo en Venezuela sino tambien en Buenos-Aires, y
    por la proclamacion de independencia que hizo Chile; pero el año que
    daba principio habia de ser les infausto. En el sitio llamado Rincon de
    los Toros, cerca de San José de los Tiznados, la noche del 16 de Abril,
    una partida de realistas á favor de la oscuridad, penetró osadamente en
    el campamento de Bolívar, habiéndose este visto en peligro de perder la
    vida, que el cielo le conservó una vez mas como necesaria al triunfu de
    la santa causa.

    Hallábase despues en Guayana reorganizando sus tropas y separándose de
    los muchos desastres que las habian afligido desde aquella noche fatal,
    cuando un comisionado de la provincia granadina de Casanare se presentó
    á informarle de que Paez, desconociendo su autoridad y la del Consejo de
    gobierno, habia sido elevado por el ejército del Apure á la dignidad de
    primer jefe y director supremo del pais. El mismo mensajero traia el
    encargo de pedirle que nombrase una persona leal y capaz que, encargada
    del mando general, regularizase las operaciones en su provincia. Bolívar
    dió un manifiesto en que no solo se limitaba á reprobar la insurreccion,
    sino en el cual se extendia á dar en cara el villano proceder á cuantos
    bajo una hipócrita apariencia se vendian como amigos suyos y de la
    independencia nacional. En seguida ordenó que Francisco de Paula
    Santander, ascendido al grado de general de brigada, con Jacinto Lara,
    varios excelentes oficiales y los tenientes coroneles granadinos Antonio
    Obando, Francisco Vélez, Joaquin Paris y Vicente Gonzalez, con armas,
    municiones y demás pasase á Casanare como jefe de operaciones de un
    cuerpo avanzado que alli debia formarse y mantenerse para, mas adelante,
    invadir la Nueva-Granada y devolverle la libertad de que Morillo la
    habia privado.

    En vano la fortuna, volviendo la espalda al mas constante y benemérito
    de los venezolanos de su tiempo, pretendia humillar y arrebatarlo el
    entusiasta amor que á su patria profesaba; en vano descargaba sobre él,
    en formidable turbion, defecciones y crueles golpes; en medio de la
    tormenta, como la empinada palma que sacudida por el huracan se dobla
    para erguirse con gran fuerza, asi el ánimo altivo del inquebrantable
    guerrero se rehacia de los vaivenes que le azotaban y, siempre sereno,
    siempre confiado en la bondad de su causa, despreciando los embates que
    sus émulos promovian, continuaba ocupándose de la organizacion de un
    gobierno que, afianzando la libertad, á la cual habia consagrado su vida
    entera, labrase el bienestar futuro de su pais y, el 10 de Octubre,
    propuso al Consejo de Estado que al efecto convocase la reunion de
    un Congreso.

    Algo mas tarde, el 20 de Noviembre, temeroso de que las potencias
    europeas, solicitadas por el gobierno español, ya casi convencido de la
    inutilidad de sus esfuerzos, llegasen á prestarle apoyo para la
    conservacion de sus colonias, expidió un famoso decreto en el cual
    declaraba abiertamente "_que el pueblo de Venezuela estaba resuelto á
    sepultarse todo entero en medio de sus ruinas, por mas que la España, la
    Europa y aun el mundo entero, llegasen á tratar de encorvarle nuevaments
    bajo el yugo que pronto iban á sacudir_."

    Esto no obstante, la adversidad le perseguia este año hasta el último
    dia; viéndose al fin obligado á desprenderse de la Guayana, seguia el
    curso del Orinoco en direccion de las llanuras de Apure, al acercarse el
    nuevo año, con objeto de consolidar el poder del gobierno entre las
    tropas republicanas alli acantonadas, y con el de oponerse á Morillo en
    el teatro probable de sus operaciones, marchando, en medio de todos sus
    reveses, siempre fijo el pensamiento en dias de gloria para él y para su
    amada patria.

    CAPITULO VIII

    Vindicacion de Paez.–La reconciliacion.–El caudillo del Apure asciende
    á general.–Reunion del Congreso y abdicacion de Bolívar que es honrado
    con mas gloriosos nombres.–Ideas del padre de la patria respecto á la
    república.–Propuesta hecha por él al Congreso.–Provincias
    representadas en el Cuerpo Legislativo.–Persistencia de Bolívar en su
    renuncia. Por fin conserva su mando.–Refuerzos extranjeros–Nueva
    campaña.–Victoria de Paez.–Bolívar marcha á Nueva-Granada.–Disposiciones
    militares.–Viaje de la expedicion y sus resultados.–Triunfo de Bolívar
    en Boyacá.–Fuga del virey á Honda.–Entrada del Libertador en
    Bogotá.–Medidas gubernativas.–Bolívar en Angostura.–Sus gestiones
    respecto á la Confederacion.–Nacimiento de á República de Colombia.

    Muchos é importantísimos eran los servicios prestados á la causa de la
    independencia por el caudillo del Apure, y si la ambicion habia podido
    estraviarle, los medios empleados para llevarlo á cabo no se habian
    desviado del santo fin; no podian mirarse como disolventes, puesto que
    habian emanado del loco amor por la patria y hasta cierto punto daban
    una buena idea de su génio diplomático. Conservando en su gobierno al
    Libertador, rodeado de ilustres y beneméritas personas, solo habia
    buscado el medio de hacerle dejar vacio su puesto de general en jefe
    para entrar él á reemplazarle en el mando. Esto ni menoscababa el
    prestigio de la autoridad, ni minaba la disciplina, ni amenguaba lo mas
    mínimo el entusiasmo de los defensores de la libertad.

    Bolívar y Paez se vieron en San Juan de Payara el 16 de Enero de 1819, y
    pronto quedaron reconciliados por el deseo que en ambos existia de
    levantar el ánimo de sus soldados, algo abatido por los desastres del
    año anterior, y marchar en buena armonia desde enfonces al noble fin que
    les hacia exponer su vida en el campo de batalla. Asi reunieron un
    ejército de 2.000 ginetes y número igual de infantes, poco mas ó menos,
    inclusos mil hombres mandados por el general Anzuátegui y la division á
    cuyo frente se hallaba Cedeño; y como sello de esta alianza, elevado
    Paez á general de division, delegándole por entonces el mando de todas
    las tropas, con el fin de disponer lo necesario á la reunion del
    Congreso, aplazada para el mes de Febrero, Bolívar se puso en marcha con
    direccion á Angostura.

    Paez avanzaba victorioso por las llanuras, y el Congreso de Guayana se
    reunia el 15 de Febrero, dia en que Bolívar ante aquel deponia su
    autoridad suprema. Pero este alto Cuerpo, despues de confirmar
    unánimemente los actos y disposiciones del dimitente, le aclamó de nuevo
    _Libertador, padre de la patria_ y _terror del despotismo_, con la mas
    sincera expresion de gratitud y afecto.

    Conocidas eran desde 1815 las ideas del célebre campeon americano
    respecto á la Constitucion de la república, su forma de gobierno, su
    administracion y nombre que debia llevar. Llamariase _Colombia_, como
    tributo de justicia, gratitud y honor al grande hombre que dió al mundo
    antiguo un nuevo mundo, y en cuanto á lo demás, la forma de gobierno de
    Inglaterra creia ser la mas conveniente para la nueva república, que se
    compondria de Venezuela, Nueva-Granada y Quito. Á diferencia de la
    nacion que tomaba por modelo, el rey seria representado por un _poder
    ejecutivo_ de eleccion, vitalicio cuando mas, pero nunca hereditario,
    dado caso de que optara por la _República_; un _Senado legislativo_
    hereditario y una _Cámara,_ tambien legislativa, de libre eleccion, sin
    mas restricciones que las de la Baja de Inglaterra.

    Esto mismo propuso al Congreso tan luego como dió principio á sus
    sesiones, ampliando sus antiguas ideas con la formacion de cierto poder
    moral que llamó _Areópago_. Compondriase de dos distintas Cámaras, cuyas
    atribuciones eran: en la una, el velar de la educacion de los niños
    desde su cuna hasta la edad de 12 años; y en la otra, la de castigar los
    vicios con el oprobio y la infamia, y dar el premio conveniente á las
    virtudes públicas por medio de los honores. Semejante innovacion fué
    desechada, y en cuanto á la Constitucion que se votó, el Congreso se
    apartaba bastante de algunas de las disposiciones enunciadas
    por Bolívar.

    Un Congreso general, dividido en dos Cámaras de _Representantes_ y de
    _Senadores_, ejerceria el poder legislativo, siendo meramente vitalicios
    los segundos. Habria un _Presidente de la República_ por cuatro años, y
    reelegible por una sola vez, encargado de ejercer el poder ejecutivo.
    Este, aunque personalmente responsable ante el Congreso por usurpacion ó
    mal uso de las rentas públicas, traicion, venalidad ó conspiracion
    contra la ley del Estado, gozaba sin embargo de muy ámplias facultades.
    Además habria un Vice-Presidente sucesor en los casos de destitucion,
    renuncia ó muerte. En cuanto al resto era grande a afinidad que existia
    entre este y el código Constitucional sancionado en 1811 por el Congreso
    que Miranda reunió el 2 de Marzo.

    Carácas, Barcelona, Cumaná, Varinas, Guayana y Margarita por parte de
    Venezuela, y Casanare, única provincia granadina ocupada por las armas
    republicanas, se hallaban dignamente representadas en esta ocasion
    solemne. Bolívar manifestó repetidas veces al Congreso que no se
    encargaria mas de la suprema autoridad ejecutiva; pero despues de mil y
    mil vivas instancias por parte de sus compañeros, aceptó la presidencia,
    que fué investida de facultades mas ámplias, tanto políticas como
    militares, en las provincias que fuesen teatro de la guerra. Estas
    atribuciones podia delegarlas en caso de necesidad; y mientras se
    hallase en campaña, el ciudadano Francisco Antonio Zea, en calidad de
    Vice-Presidente, ejerceria la potestad ejecutiva. El ministerio de
    Estado quedó compuesto de los señores: coronel Pedro Briceño Mendez como
    ministro de Guerra y Marina, Diego Bautista Urbaneja del Interior y
    Justicia, y el Dr. Manuel Palacios de Hacienda.

    Hacia el mismo tiempo desembarcaban en Angostura y Margarita tres
    cuerpos de tropas reclutadas en Inglaterra, mandados por Elsom, English
    y Uzlar, sirviendo esto á Bolívar para completar su plan de campaña, á
    cuya combinacion se consagraba seriamente y con su habitual actividad.
    En su consecuencia, Urdaneta pasó á organizar en Margarita una division
    que debia componerse de los dos cuerpos de ingleses que alli habia con
    English y Uzlar, y ponerse al frente de ellos despues de haber
    organizado otro de gentes del pais. Hecho esto, con la escuadra de Brion
    debia dirigirse á tomar Carácas y entenderse luego por la retaguardia
    hasta enlazar sus fuerzas con las del ejército del Apure, que el
    Libertador mandaria en persona. Mientras tanto Mariño, con la division
    de Oriente, distraeria la atencion del enemigo en aquella direccion. El
    coronel Manuel Manrique, con los cuerpos organizados en Angostura y las
    tropas de Elsom, pasaria inmediatamente á reunirse á Paez.

    Principiadas las operaciones, y habiendo remontado el Orinoco, el 17 de
    Marzo Bolívar se reunia al ejército del Apure; y Paez, con solo 150
    caballos á sus órdenes, el 1° de Abril, en las Queseras del Medio,
    derrotó la division que mandaba Morillo. Poco despues Bolívar se dirigia
    á atacar la provincia de Varinas; pero un aviso del general Santander
    acerca de la buena disposicion de Nueva Granada, le hizo suspender su
    intento, y reuniendo una junta de guerra le expuso sus intenciones de
    aprovechar la ocasion, puesto que se presentaba favorable. Anzuátegui,
    Torres, Iribarren, Rangel, Briceño Mendez, Plaza y el jefe de Estado
    Mayor Soublette fueron sus vocales, y todos aprobaron el proyecto con el
    mayor entusiasmo. Al momento se despachó un emisario á Paez, que estaba
    en Guasdualito, y otros fueron con instrucciones y órdenes á los demás
    generales que habia en Venezuela.

    Reunido á Paez en el Mantecal, le mandó que permaneciese en Apure
    haciendo frente al enemigo acantonado en Varinas, y que tratase de
    interceptarlas comunicaciones entre Venezuela y Nueva Granada, ocupando
    á Pamplona, ó si posible fuera, á Suata. Bolívar pasó en seguida el
    Arauca con un regimiento de caballeria de guias del Apure, un escuadron
    de carabineros y dos de lanceros del Alto Llano de Carácas, los
    batallones Rifles, Albion, Barcelona y Bravos de Paez á las órdenes de
    Anzuátegui. Al cabo de veintiseis dias de un camino lleno de peligrosos
    accidentes á causa de las lluvias é inundaciones de la estacion, el 11
    de Junio se avistaban Santander y Bolívar en Tarne, y el 23 se reunia en
    Pore con la vanguardia de la division mandada por el primero, la que
    guiaba Anzuátegui, componiendo entre ambas unos 2.500 hombres.

    Convenia aprovechar el tiempo; Morillo se estacionaba en cuarteles de
    invierno, y la ocasion era propicia para la reconquista; leve fué el
    descanso concedido á la tropa, que Bolívar llevó inmediatamente por el
    camino de Morcote hácia la cordillera, logrando desalojar, sin grande
    esfuerzo, á la avanzada que defendia la formidable posicion de Paya el
    dia 27 de Junio y comenzar el paso de la Serrania. Á pesar de lo que en
    tan larga travesia padeció el ejército libertador, con el heróico
    esfuerzo y decidido concurso de venezolanos y granadinos, recogiendo
    laureles en todas las ocasiones que el enemigo se oponia al paso, el 5
    de Agosto Bolívar se apoderó de Tunja, derrotando una vez mas las tropas
    del virey Don Juan Sámano, mandadas por el brigadier Barreiro, á quien
    Morillo habia enviado en su auxilio.

    Desde esta ventajosa situacion el Libertador podia acechar los
    movimientos de Barreiro, cuyo fin era el de reunirse con el virey, y
    estorbar á todo trance que sus proyectos se realizasen. Asi sucedió,
    alcanzando un completo triunfo en Boyacá. El jefe realista mandaba 5.000
    hombres, Bolívar contaba con una tercera parte menos; pero gracias á su
    admirable estrategia, no solo consiguió derrotar al enemigo, sino que
    cercándole y acosándole por todas partes, despues de sembrar la muerte
    en el campo de batalla, cuantos lograron sobrevivir depusieron las armas
    y se entregaron á discrecion. Además del coronel Jimenez, segundo en el
    mando de aquella columna respetable, casi toda la oficialidad, 1.800
    soldados, artilleria, armamento, caballos y municiones quedaron on poder
    del vencedor, que á poco de esta victoria, con el ejército mayor que
    basta alli habia tenido la República, marchaba á batir las tropas
    de Sámano.

    Sobrecogido este por el terror, asi que recibió la noticia del desastre,
    huyó á Honda, pero con tal precipitacion, que abandonó depósitos,
    archivos, oficinas públicas y cerca de un millon de pesos que habia en
    la casa de moneda. Esto tenia lugar el 9 de Agosto, y al siguiente, dia
    de San Lorenzo, saludado por las expresiones de la mas viva alegria,
    entraba el Libertador en Santa Fé de Bogotá. Tres dias duraron los
    festejos del pueblo bogoteño, despues de los cuales Bolívar se ocupó
    asiduamente de los arreglos económicos, administrativos y militares,
    cuya operacion duró hasta el 13 de Setiembre, en que apareció un decreto
    por el cual se establecia un gobierno provisional para la Nueva-Granada,
    encargándole de él, como Vice-Presidente, al general Santander.

    Una semana despues, entre las aclamaciones del pueblo, el Presidente de
    Venezuela salia de Bogotá, y el 12 de Diciembre, cuando nadie le
    esperaba, penetró en Angostura á dar cuenta al Congreso de sus
    operaciones militares, recomendando el mérito de sus compañeros de
    armas, haciendo un justo elogio del heroismo con que el pueblo
    granadino se habia portado, y manifestando, por último, que la union
    entre Venezuela y Nueva-Granada, como ya cien veces, lo habia dicho, era
    la garantia mas segura de la emancipacion de toda la América del Sud.

    Entonces se sancionó una ley fundamental que establecia la reunion de la
    Nueva-Granada y Venezuela bajo el glorioso título de _República de
    Colombia_, dividiendo el nuevo Estado en los departamentos de Venezuela,
    Quito y Cundinamarca: y la reunion de un Congreso general en 1° de Enero
    del año siguiente en la villa del Rosario de Cúcuta para la formacion de
    una Constitucion, rigiéndose mientras tanto por un Presidente y un
    Vice-Presidente con carácter provisional. En seguida Bolívar dictó
    algunas disposiciones para la prosecucion de la campaña, y el 24 salió
    con direccion á Guasdualito, satisfecho de haber abierto los cimientos
    de la para él tan deseada República colombiana.

    CAPITULO IX

    Principios del año 1820.–Proposiciones de paz.–Resultado de las
    negociaciones.–Momentos de esperanza por la forma política que la
    España ha adoptado.–Estipulacion de un armisticio.–Entrevista de
    Morillo y Bolívar.–El general español se retira del mando.–Don Miguel
    de la Torre.–Estado de los asuntos del Perú.–Acantonamientos
    militares.–Ruptura de las hostilidades.–Batalla de Carabobo.–Sucesos
    que siguieron.–Tributo rendido al vencedor.–Entrada de Bolívar en
    Carácas.–Conquistas.–Estado próspero de la causa de la
    libertad.–Desgracia de la expedicion de Urdaneta contra Quito.–Sucre
    toma el mando de ella.–Prepárase para la nueva campaña.–Acciones de
    Yaguada y Riobamba.–Armisticio acordado por Aymeric.

    Fernando VII acababa de jurar en Cádiz la Constitucion de 1812, y á
    fines de Marzo Morillo recibia esta noticia proponiéndose, segun
    manifiesto fecha 11 de Abril, el restablecimiento de la paz por medio de
    una reconciliacion fraternal entre España y la República de Colombia. En
    su consecuencia, el 7 de Junio de 1820 el jefe español proclamaba el
    Código de la monarquia española en Carácas, solicitando en seguida una
    suspension de hostilidades de los caudillos patriotas, mientras se
    entablaban las negociaciones necesarias entre su gobierno y el Congreso.

    Nada consiguió con esta gestion, porque los patriotas contestaron:
    "_que solo podrian acceder cuando las órdenes partieran de la legítima
    autoridad por ellos reconocida_."

    En vano se dirigió despues al Congreso y particularmente á Bolívar,
    quien como el caso requeria hizo una convocatoria extraordinaria, en la
    cual, con toda dignidad y entereza, fueron rechazadas las proposiciones
    de Morillo. Los resultados de acto semejante probaron que el pueblo
    venezolano y granadino bajo pretexto alguno querian volver á estrechar
    relaciones con los españoles, adquiriendo de este modo gran importancia
    á los ojos de todo el mundo. Esto no obstante, como medida conveniente á
    los planes del Libertador, el 21 de Setiembre solicitó de Morillo
    únicamente el armisticio que antes le propusiera, siempre que le diesen
    á Colombia las garantias y seguridades necesarias, cosa que estaba en el
    caso de poder exigir; y despues de repetidas conferencias entre los
    comisionados por una y otra parte, Bolívar establecia su cuartel general
    en Sábana Grande y Morillo el suyo en Carache, pueblos ambos de la
    provincia de Trujillo.

    La forma liberal adoptada por la monarquia española daba lugar á
    esperar una convencion favorable á las miras é intereses de la América,
    cuyos triunfos se iban extendiendo por todos lados, y en la noche del 25
    de Noviembre se firmó un armisticio de seis meses, prorogables á
    conformidad de ambos contratantes por el tiempo que se estimase
    conveniente, en el caso de no haberse podido ajustar las condiciones de
    la paz dentro del término prescrito. Además de este se firmó el
    preliminar de otro tratado para regularizar la guerra, en todo evento,
    conforme lo reclamaban la humanidad y la justicia. Toda vez que fueron
    terminados estos tratos, á instancias del jefe español Bolívar marchó á
    celebrar una entrevista con él, el dia 27, en el pueblo de Santa Ana.
    Morillo salió á su encuentro hasta las afueras y le tendió amistosamente
    los brazos. Alli estuvieron juntos los dos caudillos hasta el siguiente
    dia, y despues de reiterar el juramento de eterna amistad, se
    despidieron victoreando á Colombia y á la madre España, llenos todos de
    la mas cordial alegria.

    Fatigado Morillo por la lucha que inútilmente habia sostenido contra la
    libertad, defendida por aquel pueblo heróico, solicitó su retiro del
    mando; aunque desatendida en un principio la súplica, al fin logró que
    le reemplazara el eminente y bizarro general Don Miguel de la Torre y se
    embarcó para Cádiz el 17 de Diciembre. Y mientras estos acontecimientos
    tenian lugar en Colombia, Buenos-Aires gemia envuelto en el cáos de la
    disolucion política y el general San Martin, al frente de veinte velas,
    montado en el navio de su nombre, zarpaba en el puerto de Valparaiso la
    tarde del 20 de Agosto, siendo bien recibido por el pais, donde mas
    tarde ocupó Lima y el Callao.

    Calabozo, Barquisimeto, Tocuyo, San Cárlos, Carácas, Cumaná, Maracaibo,
    Puerto-Cabello y la Guaira eran los puntos en que el ejército español,
    compuesto á principios de 1821 de solo 11.000 hombres, estaba
    acantonado. El armisticio, firmado hacia cosa de dos meses, fué roto por
    el pronunciamiento de Maracaibo en favor de la independencia el 28 de
    Enero y por la ocupacion que las tropas de Urdaneta hicieron de esta
    plaza. En vano La Torre protestó y representó contra tamaña violacion;
    frases de amistad, promesas, amenazas, todo fué inútil, y las
    hostilidades comenzaron de nuevo el 28 de Abril, dia aplazado de
    comun acuerdo.

    Favorables fueron los encuentros habidos desde esta fecha hasta mediados
    de Junio para las armas republicanas; pero el 24 lograron sobreponerse
    al poder de España en la batalla de Carabobo, Paez y Bolívar eran los
    campeones de aquellas; La Torre, al frente de mas de 5.000 soldados
    españoles, ocupaba las llanuras. Tres eran las divisiones del
    Libertador: mandaba Paez la primera, que se componia de 1.500 ginetes,
    el batallon Británico y el del Apure. Cedeño guiaba la segunda,
    compuesta del batallon de Tiradores, el de Vargas, el de Boyacá y el
    escuadron Sagrado. En la tercera, dirigida por el coronel Plaza,
    figuraban los batallones Rifles, Granaderos, Anzuátegui, vencedor en
    Boyacá y un regimiento de caballeria. El total de estas tres columnas
    era de unos 6.000 combatientes.

    Altamente gloriosa, y con la insignificante baja de 200 hombres entre
    muertos y heridos, fué la jornada de Carabobo. Á excepcion del valiente
    coronel Don Tomás Garcia que, al frente del primero de Valancey, supo
    retirarse con vida hasta Valencia, el resto del ejército quedó
    completamente derrotado. Batallones enteros cayeron prisioneros en manos
    de los patriotas, en tanto que otros, arrojando las armas, dispersos
    como aves espantadas, huyeron á guarecerse en los bosques. Entre los
    muertos del ejército de Bolívar hubo que lamentar dos pérdidas de
    consideracion: el general Cedeño y el coronel Ambrosio Plaza quedaron
    sepultados bajo sus propios laureles.

    Habíase reunido ya el Congreso en la villa del Rosario de Cúcuta y se
    ocupaba de formar la Constitucion del Estado cuando á consecuencia del
    éxito obtenido en Carabobo, decretó los honores del triunfo para el
    ejército y sus dignos jefes, ordenando al propio tiempo que el retrato
    del hijo ilustre de Carácas, del benemérito padre de la patria, fuese
    colocado en las Cámaras legislativas con la siguiente inscripcion: SIMON
    BOLÍVAR, LIBERTADOR DE COLOMBIA.

    Cinco dias despues de tan relevante hecho de armas, con el cual podia
    darse ya por asegurada la libertad de la República colombiana, el
    celebérrimo caudillo caraqueño entró en su pueblo natal, donde una vez
    mas fué acogido con extraordinaria y completa ovacion. Pero no era esto
    solo la consecuencia necesaria de la victoria de Carabobo; la Guaira se
    rindió el dia 2 de Julio, y mas tarde, el 11 de Octubre, segun
    disposicion de bloqueo que anteriormente habia dado el Presidente y jefe
    supremo del ejército al general Mariano Montilla, este tomaba la plaza
    de Cartagena.

    Todos los acontecimientos conspiraban ya en favor de la independencia
    general de la América del Sud, pues en el mismo año, sin contar la
    actitud favorable que habia tomado Quito, el general San Martin en el
    Perú minaba el poder del virey Pezuela que se vió depuesto del mando por
    sus mismas tropas, hecho inaudito en aquel pais; constituia un gobierno
    á cuya cabeza se ponia como dictador; daba al pueblo una Constitucion y
    derrotaba al enemigo comun. Como lo hemos indicado mas arriba, á fines
    del año último tambien Guayaquil habia proclamado su independencia, y á
    las órdenes del general Luis Urdaneta mandó una expedicion contra Quito;
    pero derrotado el 12 de Noviembre de 1820 en las cercanias de Guachi,
    este dejó á Miguel Valdés en el mando y se retiró de aquellos lejanos
    climas. A su vez Valdés fué batido en Genoi el 2 de Febrero siguiente,
    replegándose sobre el pueblo de Mercaderes, donde el general Antonio
    José de Sucre se hizo cargo del mando de aquella desgraciada expedicion.

    Por aquel tiempo se circuló la noticia del armisticio, y el nuevo jefe
    delegando sus funciones al general Pedro Leon Torres mientras su
    ausencia, pasó inmediatamente á Guayaquil, donde le llevaba la idea de
    organizar nuevas tropas para que la próxima campaña no le cogiese
    desprevenido. Asi, pues, á la ruptura de las hostilidades se encaminó á
    Quito, encontrándose que el coronel Don Francisco Gonzalez le salia al
    paso con una division por él organizada en Cuenca, fecundando de este
    modo el movimiento que hacia la de Don Melchor Aymeric, Presidente de la
    provincia á donde Sucre llevaba sus refuerzos revolucionarios.

    Gonzalez fué derrotado en Yaguachi, y su plan con Aymeric quedó
    desbaratado por completo. Este emprendió su retirada hácia la capital, y
    con el fin de rehacerse, se parapetó por lo pronto en Riobamba. Sucre
    entonces colocó su fuerza al otro lado de la cordillera del Chimborazo
    en el pueblo de Mocha, situado en el paralelo de Riobamba, y ambos
    ejércitos continuaron su camino hasta que, encontrándose en Guachi el 12
    de Setiembre, trabaron un encarnizado combate; el jefe republicano, á
    pesar de su valor y de la mortandad causada al enemigo, resultó vencido
    con pérdidas de consideracion.

    Trascurridos dos meses desde esta malaventurada accion de guerra,
    conforme á propuesta de Sucre, concedió Aymeric una suspension de armas
    de noventa dias, durante los cuales el general republicano, que era
    adorado en el pais por sus virtudes habia de prepararse y reclutar gente
    con objeto de reaparecer en su dia mas formidable que antes.

    CAPITULO X

    Primer Congreso de Colombia.–Este no admite la renuncia que hace
    Bolívar.–Publicacion de la Constitucion de Colombia.–Sancion de la ley
    política del Estado.–Eleccion de Bolívar para la presidencia del
    Congreso.–Proyecto de libertar Perú.–Preparativos de marcha.–Paso de
    Sucre por la cordillera occidental.–Ocupacion de la provincia de
    Loja.–Abrese la campaña de Quito.–Entrada del ejército libertador en
    Pasto.–Conquistas de Sucre.–Batalla de Pichincha.–Sumision de
    Quito.–Ovaciones.–Oferta hecha al Perú.–Entrevista de Bolívar y San
    Martin.–Estado del Perú.–Reunion del Congreso de Colombia.–Expedicion
    á Maracaibo.–Combate naval.–La fortuna se muestra propicia á la
    República.–Capitulacion de Morales.–Venezuela queda libre.

    Por un decreto de Roscio, expedido en Angostura el 9 de Noviembre de
    1820, á 6 de Mayo del siguiente año el primer Congreso de Colombia se
    instaló en la villa del Rosario de Cúcuta, con diputados elegidos libre
    y legalmente por las provincias emancipadas del poder de España, cuyo
    número era el de veintidos entre las de Venezuela y Nueva-Granada.
    Principió sus sesiones ocupándose de la renuncia que Bolívar habia hecho
    de su magistratura política, y determinó: que este leal y desinteresado
    patricio, mientras se daba al Estado un gobierno definitivo por medio
    de una Constitucion, siguiese como hasta alli en el desempeño de
    su cargo.

    Por fin, el 12 de Julio de 1821, despues de la batalla de Carabobo, se
    publicaba la ley fundamental que, bajo la denominacion de República de
    Colombia, reunia en un solo cuerpo nacional á Venezuela y Nueva-Granada
    con un gobierno popular representativo, declarando su independencia
    absoluta de toda dominacion extranjera y de todo dominio particular, y
    dividiendo el ejercicio del poder supremo en legislativo, ejecutivo y
    judicial. Santa Fé de Bogotá era declarada capital hasta tanto que, en
    mejores tiempos, se erigiese una ciudad al efecto con el nombre del
    Libertador Bolívar.

    El 30 de Agosto quedó sancionada la Constitucion del Estado, la cual
    diferia de las anteriores en algunos puntos esenciales. Los senadores no
    eran vitalicios, siguiéndose para todo cargo público los principios de
    eleccion periódica y alternativa; y el poder ejecutivo seria ejercido
    por un solo individuo. Entre las importantes leyes dadas al pais habia
    dos, una del 19 y otra del 28 de Julio, ambas notables. La primera
    declaraba que desde el dia de su publicacion se considerarian _libres_
    los hijos que nacieren de _esclavas_; la otra suprimia todos los
    conventos de regulares que no tuviesen por lo menos ocho religiosos de
    misa en aquella misma fecha, aplicándose á la educacion nacional todos
    los bienes y propiedades, derechos y acciones legados á las comunidades
    que se hallaren comprendidas en la citada ley. Esta exceptuaba á los
    hospitalarios, considerada la utilidad de sus servicios.

    El 7 de Setiembre, conforme á la facultad que la Constitucion concedia
    al Congreso de nombrar por la primera vez los cargos de Presidente y
    Vice-Presidente, la eleccion recayó en Bolívar y Santander, aquel para
    el primero de dichos empleos y este para el segundo. Luego, con fecha 2
    de Octubre, otra ley dividia el territorio en siete departamentos, que
    eran: Orinoco, Venezuela, Zulia, Boyacá, Cundinamarca, Cauca y
    Magdalena; y despues de otros varios trabajos del alto Cuerpo
    legislativo, dejando á Santander al frente de la administracion, el
    Libertador partió de Cúcuta para Bogotá, con objeto de hacer los
    preparativos necesarios á la campaña que habia proyectado hácia el Sud.

    Asi terminaba este año, fecundo en notables acontecimientos, y en los
    primeros dias de Enero del siguiente, 1822, en conformidad con lo
    dispuesto por un decreto del poder ejecutivo, la reunion del mando
    militar quedaba establecida en los departamentos de Venezuela, Orinoco y
    Zulia. El general Cárlos Soublette, con el cargo de intendente, quedaba
    en el primero al frente de la direccion de la guerra, y Paez en calidad
    de comandante general del mismo; Bermudez en el de Orinoco, y Lino
    Clemente en el de Zulia. Bolívar hácia este tiempo se dirigia de Cali á
    Popayan para esperar alli las fuerzas con que pensaba dar principio á la
    campaña de Quito. Mientras esta operacion se realizaba, ya próximo á
    espirar el plazo de los tres meses de armisticio, Sucre atravesaba la
    cordillera occidental el 9 de Febrero y ocupaba á Zaragoza en la
    provincia de Loja, punto en el cual las tropas enviadas del Perú por el
    dictador San Martin vinieron á reunirselo.

    Abierta la campaña de Quito, dirigiéndose hácia Pasto, el Libertador
    destrozó en Bomboná las tropas acaudilladas por Don Basilio Garcia el 7
    de Marzo; pero tuvo que lamentar la pérdida del general Pedro Leon
    Torres. El 8 de Junio entró victorioso en Pasto, haciendo prisionero á
    Garcia y las tropas que habian quedado á este jefe español. Entro tanto
    Sucre y Aymeric se batian encarnizadamente por el lado de Guayaquil,
    apoderándose el primero, una tras de otra, de las poblaciones de Cuenca
    y Alausi, teniendo que batirse siempre contra fuerzas superiores en
    número. La toma de Riobamba tuvo despues lugar el 22 de Abril, tras un
    brillante combate, en el que Sucre dió una prueba mas de sus buenas
    dotes militares.

    Por la llanura de Turubamba se dirigió de esta ciudad á Quito, logrando
    situarse al pié de las alturas que forman la cresta del Pichincha entre
    los pueblos de Chillogallo y Magdalena, flanqueando de este modo y por
    la retaguardia al enemigo. Movióse durante la noche del 23 de Mayo, y al
    siguiente dia, con sorpresa de sus burlados contrarios, apareció sobre
    la montaña, de donde aquellos intentaron desalojarle; pero derrotados
    completamente y careciendo de seguro refugio, rindieron, mediante
    capitulacion, la ciudad de Quito el 25 de Mayo, dia en que 280 años
    antes albergó la misma por primera vez las armas españolas. Aymeric, con
    el resto de sus tropas, quedó en poder de Sucre, el vencedor en la
    batalla de Pichincha. Cuatro dias despues los ciudadanos de la
    conquistada capital ratificaban solemnemente el pacto de union entre
    Quito, Venezuela y la Nueva-Granada.

    Las capitulaciones de Pasto y de Quito aseguraron la libertad en un
    vasto y hermoso pais, no hollado hasta entonces por plantas
    republicanas, quedando en poder de Sucre 14 piezas de artilleria, 1.260
    prisioneros, de los que 160 pertenecian á la clase de oficiales, y en
    fin, los fusiles y cuantos elementos de guerra poseian los enemigos. A
    poco de la toma de la capital de esta rica provincia, esto es, el 15 de
    Junio, entraba Bolívar en ella precedido de las mas calurosas y
    expresivas muestras de aprecio y entusiasmo de los pueblos del tránsito.
    De aqui se trasladó á Guayaquil, donde las aclamaciones de júbilo se
    reprodujeron, pasando despues á Cuenca, desde cuyo punto puso á
    disposicion del gobierno del Perú una division de 4.000 colombianos.

    San Martin corrió á encontrar á Bolívar, y el 25 de Julio se abrazaban
    en Guayaquil estos dos valientes guerreros, que habiendo partido desde
    ambos extremos del Nuevo Mundo, iban á conferenciar acerca de la
    independencia de su pais bajo el ardiente sol del Ecuador. Tres dias
    pasaron reunidos estos dos héroes americanos, sin que un solo momento se
    les viese al uno sin el otro; pero el resultado de sus conferencias
    quedó envuelto en la noche del misterio. Solo se sabe que aunque en las
    entrevistas reinó la mas atenta cordialidad entre ellos, su separacion,
    sin embargo, no fué de aquellas en que la amistad deja ver la efusion
    del entusiasmo ó la ternura de un vivo afecto. Entre las ideas políticas
    de estos dos hombres eminentes se alzaba tal vez una gran valla.

    Los realistas ocupaban por entonces, no solo todo el Alto Perú, sino
    tambien la mayor parte del Bajo, y se encontraban muy animados y llenos
    de esperanza á causa de sus recientes triunfos. Los patriotas poseian
    únicamente á Lima y los paises situados en la costa del Norte; además
    se hallaban separados en diferentes partidos políticos, que minaban por
    su base la fuerza de la causa comun del Sud de América, y sus recursos
    metálicos no eran sobrados, antes por el contrario, andaban escasos. Tal
    era la situacion del Perú desde fines de 1822 á mediados de 1823.

    El 8 de Abril de este año el Congreso de Colombia se reunia otra vez, y
    el 4 de Julio autorizaba al Libertador para que pasase á llevar sus
    auxilios al Perú, acto el mas notable de aquella legislatura. Ya
    conocemos la entrevista que luego tuvieron el llamado dictador de aquel
    pais y el ilustre caraqueño. En el trascurso del mismo año Montilla
    preparaba en la ciudad de Hacha una expedicion contra Maracaibo,
    combinándose al efecto con las fuerzas navales que mandaba el coronel
    jefe de la escuadra José Padilla, quien juzgó posible la arriesgada
    empresa de forzar la barra, operacion que se ofreció á cumplir y que
    cumplió el 8 de Mayo con solo la pérdida del bergantin _General
    Bolívar_, al mando y de la propiedad del capitan de navio Nicolás Joly.

    Una vez libre de cruzar las aguas del lago, en las cuales llegó á
    enseñorearse, á fines de Junio, y mientras el general Francisco Estéban
    Gomez, por enfermedad de Montilla, se dirigia contra Maracaibo, Morales
    reforzaba su escuadrilla con dos goletas que el capitan Laborde traia de
    Curazao. Reunida la flotilla española en Zaparas, fondeaba el 22 de
    Julio entre Maracaibo y el islote de Capitan-Chico. Los independientes
    hacian lo propio en Altagracia y Punta de Piedras. Ambos combatientes, á
    vista uno del otro, esperaban el viento para acometerse, cuando
    habiéndolo tenido favorable los patriotas, abordaron el 24, tres horas
    despues del medio dia, al enemigo, y trabando un reñidísimo combate
    quedó vencedor Padilla. Los realistas tuvieron 800 bajas entre muertos y
    heridos, mas 420 prisioneros entre oficiales, clase de tropa y
    marineria. Los patriotas contaron 44 muertos entre oficiales y tropa y
    119 heridos.

    Las armas republicanas, favorecidas por su valor y la buena causa,
    marchaban sembrando por su camino los laureles de la victoria y
    añadiendo cada dia una piedra mas al colosal edificio de su
    independencia. Alli donde se presentaban, desalentados por sus estériles
    esfuerzos los antiguos dominadores de Venezuela, cedian el campo á los
    ya aguerridos soldados de la libertad. El 3 de Agosto capituló Morales
    bajo las mas generosas condiciones de los republicanos, que haciéndolo
    asi se coronaban de gloria; y doce dias despues se hacia á la vela aquel
    memorable general con rumbo á la isla de Cuba. En el resto del año Coro
    y Puerto Cabello, últimos baluartes de la dominacion española en
    Venezuela, cayeron tambien en manos de los valientes y beneméritos hijos
    del Nuevo Mundo, cuya heróica sangre venia derramándose hacia tantos
    años, y por fin, al despedirse el de 1823, podian exclamar, enarbolando
    el pabellon de Colombia: "_Ya somos libres._"

    CAPITULO XI

    Bolívar en Lima.–El espíritu público en el Perú.–Pérdidas.
    –Disolucion del Congreso.–El Libertador organiza una gran
    expedicion.–Paso de los desfiladeros de los Andes.–Victoria de los
    colombianos en Junin.–Retirada de las tropas españolas.–Descanso.
    –Combinaciones estratégicas.–Bolívar se dirije al Alto Perú.–Batalla
    de Ayacucho.–Capitulaciones.–Entrada de Bolívar en Lima.–Convocatoria
    para la reunion de un Congreso.–Su reunion y sus actos.–República
    Bolívar.–Rendicion del Callao.–Emancipacion de la América del Sud
    realizada.–Consideraciones.–Principia á turbarse el órden entre los
    venezolanos.–Deposicion decretada contra Paez.–Sublevacion de Valencia.
    –Los partidos.–Asamblea provocada por los federalistas de Carácas.
    –Bolívar se dirije á Venezuela.–Proclama dada en Maracaibo.
    –Acontecimientos del Perú.

    El 1° de Setiembre de 1825 habia hecho el libertador su entrada en
    Lima, donde fué investido del poder dictatorial, con autorizacion de
    disponer libremente de todos los recursos del pais; pero en vista de la
    oposicion de algunos partidos políticos, y comprendiendo que con los
    elementos disolventes que minaban su noble empresa no seria posible
    llegar al término que se habia propuesto, se retiró á Trujillo.
    Abandonada asi la capital, pronto se vió ocupada por las tropas
    realistas al mando del general Canterac.

    A principios de 1824 el estado de la causa de la independencia era
    lastimoso en el Perú y marchaba desalentadamente á la ruina. Pérdidas el
    5 de Febrero las fortalezas del Callao, se disolvió el Congreso,
    depositando en Bolívar la esperanza de su salvacion. El ilustre jefe
    colombiano, aun cuando no fuera por su ardiente amor hácia la causa de
    la libertad de la América del Sud, no podia mirar con indiferencia los
    peligros que vendrian á amenazar la obra por él realizada hasta alli si
    las armas españolas llegasen á entronizarse en el Perú; y cuando recibió
    la triste noticia de los últimos desastres se hallaba en la provincia de
    Huamalies organizando tropas y esperando refuerzos de su república para
    continuar las operaciones de su cuenta y riesgo, pudiendo oponer de alli
    á poco á las desgracias ocurridas un ejército de 4.000 patriotas del
    pais y 6.000 colombianos.

    Cruzó entonces los desfiladeros de los Andes, mientras Canterac
    guarnecia los de Jauja y situaba sus puestos avanzados en Casas, y
    marchó decididamente sobre Pasco. El general español, que ignoraba la
    direccion seguida por su contrario, se encaminó hácia este mismo punto
    con objeto de practicar un reconocimiento. Aqui supo que el 5 de Agosto
    habia pasado Bolívar tomando por la derecha de la laguna de Junin, y
    retrocedió en el acto para estorbar que las fuerzas enemigas vinieran á
    situarse á su espalda. Al practicar este movimiento, y á los tres dias
    de haberlo emprendido, Canterac fué alcanzado por Bolívar y los
    realistas sufrieron una gran derrota en Junin ó Pampa de los Reyes.

    Los vencedores siguieron en persecucion de Canterac que, sucesivamente y
    en buen órden, fué retirándose á Tarma, Jauja, Huancayo y Huamanga,
    llegando por fin á Cuzco con una pérdida de mas de 2.000 hombres. El
    ejército libertador no pasó de Huamanga sino despues de haber descansado
    alli por espacio de un mes, en cuyo tiempo, segun lo dispuso su jefe, el
    general Sucre debia dirigirse sobre Challuanca para amenazar la
    retaguardia del enemigo, en tanto que él practicaba un reconocimiento
    hácia el Apurimac, operacion en la cual vino á sorprenderles el invierno
    y se suspendieron las que despues de esta debian verificarse. Entonces
    Bolívar, movido por causas poderosas, se separó de su ejército,
    dejándole en cuarteles de invierno, y se dirigió al Alto Perú con el
    fin de preparar los medios necesarios para cerrar la campaña y al propio
    tiempo organizar un buen gobierno en aquel pais.

    Mas tarde, el 9 de Diciembre, los tropas de Sucre se coronaban de
    laureles en Ayacucho, alcanzando una decisiva victoria sobre las armas
    españolas, mandadas por Laserna, virey entonces del Perú. Á cerca de
    9.500 hombres ascendian las fuerzas del virey, mientras que no llegaban
    á 6.000 las comandadas por el general republicano; pero bien combinado y
    hábilmente dirigido el plan de batalla, los realistas fueron deshechos
    completamente, quedando en poder de Sucre, además de Laserna, 15
    generales, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 oficiales, 3.200
    soldados, cabos y sargentos, 11 piezas de artilleria, gran número de
    fusiles, municiones y en fin, todos los pertrechos de guerra
    pertenecientes al enemigo, que habia sido puesto en el caso de rendirse
    por capitulacion.

    En esta memorable jornada, la mas brillante de las que tuvieron lugar en
    la América del Sud, junto al jefe que la alcanzó se distinguieron
    heróicamente José Maria Córdoba, el inglés Miller y el general Lamar.
    Segun las bases de la capitulacion los españoles se obligaban á entregar
    los paises aun dominados por ellos en el Alto y Bajo Perú y los
    vencedores á respetar las vidas y haciendas de los vencidos y de sus
    partidarios, costeando además el viaje á la península á los individuos
    del ejército que asi lo solicitasen. La batalla de Ayacucho inmortalizó
    el nombre del valiente hijo de Cumaná, tan buen patriota como virtuoso
    ciudadano, tan hábil como noble general.

    Al siguiente dia de esta batalla Bolívar entraba en Lima y expedia un
    decreto por el cual convocaba un Congreso para el 10 de Febrero del
    próximo año. Llegada esta fecha y reunido ya, los primeros actos de este
    cuerpo se encaminaron á manifestar de una manera solemne su gratitud
    hácia los libertadores del pais, ordenando se abriese una medalla en
    honor del Libertador y que en la plaza principal de Lima se le erigiese
    una estátua. Además hízole presente de dos millones de pesos, para que
    uno lo distribuyese entre los generales y demás clases de ejército,
    reservándose el otro para si, lo cual rehusó dignamente; y al mismo
    tiempo distinguió al general Sucre con el título de mariscal de
    Ayacucho. Despues confirió á Bolívar el poder ejecutivo, y este pidió
    permiso á Colombia para poder aceptarlo, pues, segun sus palabras en
    esta ocasion, _reconocia monstruosa aquella autoridad é impropia de él._

    Bajo la denominacion de _República Bolívar_ (mas tarde Bolivia), se
    constituyeron por medio de una Asamblea general, declarando en
    independencia, las provincias del Alto Perú á 10 de Julio del mismo año
    1825 y confiaron al Libertador la autoridad ejecutiva por todo el tiempo
    de su permanencia en el territorio del Estado, y Sucre quedó encargado
    del mando inmediato de los departamentos en que aquel habia sido
    dividido. A los tres meses no cabales, esto es, el 6 de Octubre, despues
    de haber encargado al Libertador que formase una Constitucion política
    para el pais, se disolvió la Asamblea, aplazando la reunion del cuerpo
    constituyente, reunion que debia realizarse el 25 de Mayo del
    siguiente año.

    A pesar de los esfuerzos hechos por los partidarios de la independencia,
    el general Rodil, refugiado en el Callao, sostuvo durante mas de un año
    esta plaza, rendida por fin el 23 de Enero de 1826, dia en que el Perú,
    á consecuencia de este acontecimiento quedaba totalmente emancipado de
    España y la América del Sud veia terminarse la sangrienta y larga lucha
    comenzada y llevada á feliz término por los valientes hijos de
    Venezuela, bajo la gloriosa direccion del celebérrimo Bolívar.

    Pero el pueblo colombiano, como sucede con todos los pueblos colocados
    en análogas circunstancias, si bien cediendo á un natural impulso, habia
    desplegado todas sus fuerzas para sacudir el yugo de la esclavitud, no
    bien dispuesto aun á recibir la nueva forma de gobierno, poco ilustrado
    para conocer los medios de aprovecharse de la libertad que habia
    conquistado, y no comprendiendo el valor de los deberes que adquiria al
    adquirir nuevos derechos, pronto se vió envuelto en las discordias
    civiles por no prestarse de buen grado á ellos. Resistiéndose los
    caraqueños á la tercera invitacion hecha por Paez, que queria dar
    cumplimiento al decreto sobre la organizacion de milicias, se vió este
    jefe obligado á hacer algunas prisiones, y con tal motivo Carácas
    presentó 17 dias antes á la toma del Callao la imágen de una espantosa
    revolucion.

    So color de haber sido hollados los derechos del pueblo en la manera de
    dar cumplimiento á los decretos del gobierno, la Cámara de los
    representantes fulminó contra Paez una acusacion, que en 30 de Marzo
    admitió el Senado, suspendiéndole de su empleo y citándole á dar cuenta
    de su conducta. No solo desobedeció esta órden trasmitida por medio del
    poder ejecutivo, sino que por disposicion de la Asamblea municipal de
    Valencia, en cuya ciudad se hallaba Paez entonces, el 30 de Abril
    reasumió el mando de que el Senado le habia separado, dando lugar este
    hecho á que todos los pueblos se creyeran autorizados á desconocer el
    legítimo gobierno, y pronto se vió la República envuelta en las
    discordias civiles.

    Dos fueron los bandos que se alzaron: uno _federal_ y otro _central_,
    siendo los partidarios del primero de los sistemas quienes marchaban á
    su fin con mayor unidad, con mas perfecta armonia. Los federalistas de
    Carácas concitaron á Paez para que convocara y presidiera una Asamblea
    general con objeto de fijar el destino político de Venezuela en
    aquellas circunstancias; y verificada la reunion el 7 de Noviembre,
    despues de mediar violentas discusiones y una incalificable votacion,
    Paez quedó autorizado; conforme á los poderes de que la Asamblea le
    habia investido, dió un decreto señalando el 10 de Diciembre para la
    reunion de los colegios electorales y para la instalacion del Cuerpo
    constituyente en Valencia fijó igual dia de Enero de 1827.

    Bolívar, noticioso de los escándalos promovidos en Venezuela, partió de
    Lima el 4 de Setiembre y cuarenta dias mas tarde entraba en Santa Fé de
    Bogotá, siendo recibido con generales muestras de afecto. El 25 de
    Noviembre se dirigió á Venezuela y durante su travesia hasta Cúcuta fué
    reuniendo tropas para presentarse con imponente actitud. El 16 del
    siguiente mes dió una proclama desde Maracaibo en que, ofreciendo
    acelerar la gran Convencion nacional para que legalmente tuviera el
    pueblo leyes fundamentales, decia: _solo él_ (el pueblo) _conoce su bien
    y es dueño de su suerte, y no un poderoso, ni un partido, ni una sola
    fraccion del mismo pueblo_. El Libertador, al cual volvian algunos de
    los extraviados patricios, llegó por Coro á Puerto-Cabello el último dia
    del año, época en que Paez se encontraba en Valencia.

    Los acontecimientos del Perú mientras el trascurso del año que asi
    espiraba fueron: la reunion del Congreso constituyente de Bolivia, que
    con lijeras variantes aceptó el proyecto que le habia enviado Bolívar,
    acompañado del reconocimiento de aquella república por el Consejo de
    gobierno del Perú; el nombramiento del general Sucre como Presidente
    vitalicio del Estado, dignidad que solo admitió por dos años; la
    declaracion de nulidad en los poderes otorgados por los colegios de
    algunas provincias á sus representantes, hecha por el Consejo de
    gobierno peruano en su primer Congreso constitucional; la disolucion de
    este; la reunion del colegio electoral de la provincia de Lima, en
    virtud de decreto de la autoridad competente, el 16 de Agosto; la
    aceptacion que el mismo hizo de la Constitucion boliviana como Código
    fundamental del Perú, y el nombramiento de Bolívar para Presidente
    perpetuo de la República, actos sancionados por el Consejo de gobierno,
    en vista de la unanimidad conque los colegios electorales habian
    procedido en todos sus acuerdos.

    CAPITULO XII

    Disposiciones conciliatorias.–Bolívar y Paez se reconcilian.–Error
    político.–Reclamaciones de Nueva-Granada y del Perú.–Dimision del
    Libertador ante el quinto Congreso reunido en Bogotá.–No es admitida
    su dimision.–Se levantan facciones en Venezuela.–El Congreso
    Constituyente del Perú.–Agitaciones políticas y desunion de Colombia.
    –Fracasa la Convencion de Ocaña.–Acta del 15 de Junio de 1828.
    –Conjuracion á mano armada.–Peligro del Libertador.–Acto de justicia
    contra los conspiradores.–Nueva convocacion á un Congreso
    Constituyente.–Trabajos de zapa de los descontentos.–Manifiesto de
    Bolívar.–Consecuencias del manifiesto.–Es llamado el Libertador por
    algunos miembros del Congreso de Colombia.–Sancion del Código
    político.–Cesacion de la dictadura y de la representacion de la
    Colombia.–Viaje de Bolívar á Cartagena.–Decretos de Paez.–Instalacion
    del Congreso en Valencia.–Nueva Constitucion de
    Venezuela.–Fallecimiento del Libertador.

    El año 1827 era inaugurado por el Libertador de una manera política y
    conciliatoria. El primer dia de aquel desde Puerto Cabello publicó un
    decreto de amnistia, confirmando á Paez la autoridad de jefe civil y
    militar que al principio de la revolucion le habia sido conferido por
    los concejos municipales. Este dictó al siguiente otro decreto por el
    cual reconocia y mandaba reconocer á Bolívar como Presidente de la
    República, anulando al propio tiempo todas sus anteriores resoluciones,
    inclusa la de reunion de un Congreso. El 4, á las dos de la tarde, ambos
    jefes se habian visto y abrazado al pié del cerro de Naguanagua,
    entrando luego juntos en Valencia entre las aclamaciones entusiastas del
    pueblo; y el 10 del mismo mes todo Carácas se deshacia en expresiones de
    la mas grande admiracion al acoger en su recinto á su ilustre hijo, el
    Libertador de la América del Sud.

    El excesivo amor de este grande hombre por la causa que tan constante y
    noblemente habia defendido, el vivo deseo que le agitaba de consolidar
    su grande obra, le hizo cometer un error, perdonable bajo este punto de
    vista. Pero ¿quién que sintiese como él sentia, quién que como él se
    viese rodeado de tan rebeldes circunstancias cuando apenas lucia la
    primer aurora de la libertad de su patria, quién que como él la
    encontrase amenazada de ser envuelta entre las sombras de una
    devastadora tempestad en el momento mismo de nacer, no hubiera tratado
    de evitar á toda costa las tristes consecuencias que resultarian de la
    desunion entre los elementos políticos que debian formar entonces su mas
    firme apoyo? Esto fué sin duda lo que le hizo halagar á los disidentes,
    lo que le obligó á apagar su desenfrenada ambicion y deseo de mando,
    produciendo entre sus amigos el descontento y la envidia. ¡Amigos!…¡Qué
    lastimoso abusó se ha hecho de esta bella frase, empleándola sin
    razon en vez de _adeptos_ al tratarse de aquellos hombres que, como
    Bolívar, llegan á tener entre sus manos los destinos de una nacion!

    En la Nueva-Granada, lo mismo que en el Perú, muchos militares dirigian
    representaciones al gobierno reprobando las reformas introducidas en la
    primitiva ley del Estado; y despues de tantos y tan inmensos
    sacrificios, despues de tanta y tan preciosa sangre vertida en aras de
    la patria, mezquinos intereses, miras egoistas de dominio, envidias y
    rencores mal comprimidos, encienden los ánimos y los concitan á la
    guerra mas inicua que la humanidad conoce entre la iniquidad misma de la
    guerra, á la que el génio del mal despierta y mantiene en el corazon de
    los que debiera unir el vínculo fraternal de las costumbres, del idioma,
    del pais y la familia. Asi, pues, por desgracia, al triunfo de la
    independencia sucedia la discordia civil en la América del Sud, enconada
    y sobreexcitada por medidas cuyo espíritu, cuyo fin no era otro que el
    de la conciliacion, el bienestar y la fuerza. Pero el hombre propone y
    Dios dispone.

    Ante el quinto Congreso, reunido en Bogotá, dimitió Bolívar su cargo de
    Presidente, y despues de largos y acalorados debates, por 50 contra 24
    votos no fué atendido. Esta dimision la hizo desde su pueblo natal; en
    vista de la negativa, el 10 de Setiembre pasó á Bogotá, jurando
    nuevamente ante el Congreso, al efecto reunido en sesion extraordinaria,
    sostener y defender como hasta alli la Constitucion de la República. En
    Venezuela mientras tanto se habian levantado facciones que, como la de
    Cisneros en Carácas, llevaban la devastacion á todas partes.

    El Congreso constituyente del Perú se habia reunido, con antelacion á
    los hechos últimamente citados, el 1° de Mayo, y declaró que la
    Constitucion jurada en 9 de Diciembre del año anterior _era nula y sin
    ningun efecto, por haber sido sancionada de un modo ilegal y atentatoria
    á la soberania del pueblo_; restableciendo provisionalmente en su fuerza
    y vigor, con supresion de algunos capitulos, interin el Cuerpo
    Legislativo se ocupaba de formar otra nueva, la admitida y votada en
    1823. Don José de Lamar, gran mariscal, y Don Manuel Salazar y
    Barquijano fueron elegidos, el primero como Presidente y el segundo como
    Vice-Presidente de la República. Tales fueron los hechos mas notables ó
    importantes de la América del Sud en este año.

    En el siguiente de 1828 dos eran los grandes partidos que se agitaban en
    el seno de la Colombia. Los que aspiraban con la mejor buena fé del
    mundo á hacer alteraciones liberales en la ley fundamental,–cuyo medio,
    á los ojos de sus émulos, era el mas á propósito para derrocar al
    Libertador, asi como tambien para los que deseaban dividir el territorio
    colombiano en tres distintos estados independientes entre si,–formaban
    el primero de estos partidos. En el segundo estaban afiliados la mayor
    parte de los generales, jefes y oficiales venezolanos, mas todos los
    extranjeros que subsistian al servicio de la Colombia y los deudos y
    amigos de Bolívar, que se esforzaban en sostener la integridad de la
    república creada por la union de Venezuela, Quito y la Nueva-Granada.
    Esta era precisamente la division intentada por los de la faccion
    contraria.

    Despues de haber fracasado la Convencion nacional reunida en Ocaña el 9
    de Abril, á causa de lo encontrado de las opiniones y principios
    políticos alli representados, una junta de personas notables, formada en
    Bogotá, suscribia el 13 de Junio una acta en la cual hacian solemne
    protesta contra toda reforma que emanase de la Convencion, depositando
    el cargo supremo de la República y su entera confianza en el general
    Bolívar, ejemplo que luego fué imitado y seguido en toda su latitud por
    los demás pueblos. De una manera tan pública y esplicita fué reconocido
    el ilustre Libertador como jefe supremo del Estado y revestido de las
    mas ámplias facultades.

    El 24 del mismo mes, este hombre, objeto de tantos y tan continuos
    ataques, doblemente realzados por ellos, por sus actos de desinterés y
    por su heróica perseverancia en el fin que se habia propuesto desde el
    principio de la campaña de la independencia; este hombre, digno de un
    pueblo, no mejor, pero sí mas ilustrado, comenzó á legislar en
    importantes materias, suprimiendo la Vice-Presidencia y dando al Consejo
    de Estado una forma nueva y mas adecuada á las necesidades que
    le rodeaban.

    Llegó á tan alto grado el encono de sus adversarios políticos, que
    conjurándose contra él, dominados por el criminal objeto de arrancarle
    el mando con la vida á un mismo tiempo, apellidándole _tirano de la
    patria_, el 25 de Setiembre atacaron de mano armada en Bogotá el palacio
    á la hora de la media noche, despues de asesinar á los centinelas, y
    lograron penetrar hasta la estancia del Libertador; afortunadamente pudo
    este salvarse arrojándose á la calle desde una ventana que por falta de
    prevision de parte de los agresores habia quedado sin custodia alguna.
    Una vez libre, pudo luego con su actividad y energia de costumbre tomar
    las medidas necesarias; y habiendo sido aprehendidos los conjurados,
    todos pagaron con la vida su temeraria empresa menos el general
    Santander, complicado tambien en la trama y á quien la última pena fué
    conmutada por Consejo de gobierno en la de destierro con privacion
    del empleo.

    De esta manera, y con la convocacion de un Congreso en Bogotá para el 2
    de Enero de 1830, el cual vendria investido con el carácter de
    Constituyente, cerraba sus puertas el año 1828, año lleno de malestar
    por la efervescencia de los partidos en que estaba dividida la opinion
    pública del pais, tanto mas temible cuanto que se alzaba en el corazon
    de hombres vigorosos y avezados á los azares de la guerra.

    Fácil es comprender que á pesar de tan enérgicas medidas el mal no
    habria cesado; y asi era en efecto. Siguió sorda y lentamente bullendo
    en los ánimos de los descontentos durante el año 1829, y arraigándose
    mas profundamente toda vez que el peso del poder no le permitia salir á
    la superficie; pero como el momento señalado para la instalacion del
    Congreso se acercase, publicó Bolívar un manifiesto en que autorizaba á
    los pueblos para que pudiesen emitir libremente su dictamen, ya por
    medio de la imprenta, ya por otro cualquiera de los permitidos por
    la ley.

    A una reunion provocada por el jefe general de policia, que lo era
    Arismendi, acudieron varios vecinos notables de Carácas con el fin de
    tratar de las peticiones que debian elevarse al Congreso. Una carta
    circular de Paez los animaba tambien á emitir sus opiniones con plena
    franqueza y libertad. Asi es que acordaron pedir á la autoridad superior
    civil de su provincia se convocase el pueblo á una Asamblea general,
    súplica que fué atendida, ordenándose inmediatamente la convocatoria.
    Esta Asamblea, legalmente constituida en la capital el 26 de Noviembre,
    resolvió: "desconocer la autoridad del Libertador; separar á Venezuela
    del gobierno de Bogotá; consultar la voluntad de los antiguos
    departamentos de aquella, invitándoles á que por medio de un cuerpo
    constituyente reconociesen, defendiesen y manifestasen públicamente la
    separacion que de aquel gobierno intentaban los venezolanos, todo lo
    cual quedó consignado." Por último, decidieron "que el general Paez se
    encargase del mando de los departamentos en tanto se verificara la
    instalacion del nuevo Congreso."

    No reinaba menos agitacion entre los granadinos. El 2 de Enero de 1830,
    constituidos en comision preparatoria varios miembros del Congreso de
    Colombia en Bogotá, dieron principio á sus tareas, y el 4 se pusieron de
    acuerdo sobre la conveniencia de hacer que Bolívar en persona instalase
    el Congreso para demostrar á los pueblos la buena armonia en que sus
    representantes se hallaban con el padre de la patria, llamándole á fin
    de combinar los medios mas acertados de conjurar las calamidades que
    amenazaban al pais. Acudió Bolívar al llamamiento, y el 20 del mismo
    mes, cinco dias despues de su llegada á Bogotá, dejó instalado el
    Congreso, renunciando formalmente á la presidencia que se le habia
    conferido; pero su renuncia fué desechada, exigiéndole que hasta que la
    Constitucion quedase sancionada y nombrados los funcionarios superiores
    en el órden político, para cortar las alas á la anarquia conservase su
    autoridad, único medio que el Congreso estimaba hábil en aquellas
    amenazadoras circunstancias.

    En efecto, el 29 de Abril quedó sancionado el Código político y,
    nombrados como Presidente y Vice-Presidente, para el primer cargo
    Joaquin Mosquera y para el segundo el general Domingo Caicedo, tuvo fin
    la dictadura. Doce dias despues cerraba el Congreso las sesiones de
    aquella Asamblea legislativa, que fué la postrera de las reunidas á
    nombre y en representacion de Colombia.

    El Libertador de la América del Sud, reducido ya á la simple condicion
    de ciudadano, el 8 de Mayo salió para Cartagena con objeto de pasar á
    Europa; y al despedirse de los constituyentes, herido en lo intimo de su
    noble corazon de patriota, no por su separacion del alto cargo que hasta
    alli habia ejercido, el cual tantas y tantas veces como al presente
    renunciara leal y dignamente, ni tampoco lastimado en su ambicion,
    puesto que solo se retiraba "rico de honores y de gloria;" pronunció
    estas notables palabras: _Me ruborizo al pensarlo, pero la independencia
    es el único bien que hemos conquistado á costa de todos los demás._

    En Venezuela, mientras tanto, con fecha 13 de Enero, el general Paez
    expedia dos decretos, uno por el cual creaba para el despacho de un
    gobierno provisional tres ministerios de Estado, cuyas funciones debian
    ejercer, en Guerra y Marina, el general Soublette; en Interior, Justicia
    y Policia, el Dr. Miguel Peña; en Hacienda y Relaciones exteriores, el
    Licenciado Diego Bautista Urbaneja; y el otro concerniente á la manera
    con que debia precederse para las elecciones del Congreso
    Constituyente, que constando al menos de las dos terceras partes, debia
    reunirse en Valencia el dia 30 de Abril.

    Instalado este el 8 de Mayo, su primer acto fué la confirmacion del
    poder ejecutivo de que Paez estaba investido hasta nueva resolucion del
    Congreso, cuyas tareas quedaron terminadas el 22 de Setiembre,
    sancionando un Código fundamental por el que declaraba: "que el gobierno
    de Venezuela es y será siempre republicano, popular, representativo,
    responsable y de eleccion," dividiendo la potestad suprema en judicial,
    legislativa y ejecutiva, con un cuarto poder exclusivamente destinado á
    entender en la parte municipal. De este modo la forma adoptada era un
    término medio entre el centralismo y el federalismo. El poder ejecutivo
    quedaba á cargo de un magistrado con el título de Presidente de la
    República, y tanto este cargo como el de Vice-Presidente, cesaban á los
    cuatro años en sus funciones, no siendo reelegibles sino despues de
    pasar por lo menos un período constitucional. Cuatro secretarios
    responsables serian elegidos por el Presidente para el ejercicio de su
    ministerio. El poder legislativo constaria de un Congreso popular,
    dividido en dos Cámaras, una de diputados representantes y otra de
    senadores, elegidos tambien por solo cuatro años.

    Este fué el último resultado que alcanzó á ver Bolívar, el hombre cuyos
    esfuerzos bastaron á conquistar la independencia de su pais, y los
    cuales fueron impotentes para conservar la integridad de Colombia. Desde
    este momento, perseguido por la idea de la inevitable ruina de la nacion
    que á costa de su sangre y de casi toda su fortuna habia logrado sacar
    de la nada, herido mortalmente en su tierna y constante afeccion hácia
    su adorada patria, el 17 de Diciembre, á la una de la tarde y los 47
    años de edad, espiró en la quinta de San Pedro, situada á corta
    distancia de Santa Marta, dirigiendo la expresion de su último
    sacrificio á los pueblos de Colombia en estos memorables palabra: Si _mi
    muerte contribuye á que cesen los partidos y la union se consolide, yo
    bajaré tranquilo al sepulcro_.

    ¿Podia exigirse mas del heróico Libertador de la América del Sud? Sus
    restos descansan en la Santa Iglesia metropolitana de Carácas desde el
    17 de Diciembre de 1842, despues de haber permanecido doce años justos
    entre los granadinos. ¡Cosa extraña! el general José Antonio Paez era
    Presidente de la República de Venezuela cuando el Congreso sancionaba la
    traslacion de las preciosas cenizas del Padre de la Patria.

    FIN.

  • La dame aux camélias

    La dame aux camélias

    Aproximadamente 69.129 palavras.

    À la voix de Prudence, Marguerite se leva, et, venant à nous après avoir
    échangé un regard de remerciements avec madame Duvernoy, elle nous dit:

    –Entrez, messieurs, et soyez les bienvenus.

    Chapitre IX

    –Bonsoir, mon cher Gaston, dit Marguerite à mon compagnon, je suis bien
    aise de vous voir. Pourquoi n'êtes-vous pas entré dans ma loge aux
    Variétés?

    –Je craignais d'être indiscret.

    –Les amis, et Marguerite appuya sur ce mot, comme si elle eût voulu
    faire comprendre à ceux qui étaient là que, malgré la façon familière
    dont elle l'accueillait, Gaston n'était et n'avait toujours été qu'un
    ami, les amis ne sont jamais indiscrets.

    –Alors, vous me permettez de vous présenter M. Armand Duval!

    –J'avais déjà autorisé Prudence à le faire.

    –Du reste, madame, dis-je alors en m'inclinant et en parvenant à rendre
    des sons à peu près intelligibles, j'ai déjà eu l'honneur de vous être
    présenté.

    L'œil charmant de Marguerite sembla chercher dans son souvenir, mais
    elle ne se souvint point, ou parut ne point se souvenir.

    –Madame, repris-je alors, je vous suis reconnaissant d'avoir oublié
    cette première présentation, car j'y fus très ridicule et dus vous
    paraître très ennuyeux. C'était, il y a deux ans, à l'Opéra-Comique;
    j'étais avec Ernest de ***…

    –Ah! je me rappelle! reprit Marguerite avec un sourire. Ce n'est pas
    vous qui étiez ridicule, c'est moi qui étais taquine, comme je le suis
    encore un peu, mais moins cependant. Vous m'avez pardonné, monsieur?

    Et elle me tendit sa main que je baisai.

    –C'est vrai, reprit-elle. Figurez-vous que j'ai la mauvaise habitude de
    vouloir embarrasser les gens que je vois pour la première fois. C'est
    très sot. Mon médecin dit que c'est parce que je suis nerveuse et
    toujours souffrante: croyez mon médecin.

    –Mais vous paraissez très bien portante.

    –Oh! j'ai été bien malade.

    –Je le sais.

    –Qui vous l'a dit?

    –Tout le monde le savait; je suis venu souvent savoir de vos nouvelles,
    et j'ai appris avec plaisir votre convalescence.

    –On ne m'a jamais remis votre carte.

    –Je ne l'ai jamais laissée.

    –Serait-ce vous, ce jeune homme qui venait tous les jours s'informer de
    moi pendant ma maladie, et qui n'a jamais voulu dire son nom?

    –C'est moi.

    –Alors, vous êtes plus qu'indulgent, vous êtes généreux. Ce n'est pas
    vous, comte, qui auriez fait cela, ajouta-t-elle en se tournant vers M.
    de N…, et après avoir jeté sur moi un de ces regards par lesquels les
    femmes complètent leur opinion sur un homme.

    –Je ne vous connais que depuis deux mois, répliqua le comte.

    –Et monsieur qui ne me connaît que depuis cinq minutes! Vous répondez
    toujours des niaiseries.

    Les femmes sont impitoyables avec les gens qu'elles n'aiment pas.

    Le comte rougit et se mordit les lèvres.

    J'eus pitié de lui, car il paraissait être amoureux comme moi, et la
    dure franchise de Marguerite devait le rendre bien malheureux, surtout
    en présence de deux étrangers.

    –Vous faisiez de la musique quand nous sommes entrés, dis-je alors pour
    changer la conversation, ne me ferez-vous pas le plaisir de me traiter
    en vieille connaissance, et ne continuerez-vous pas?

    –Oh! fit-elle en se jetant sur le canapé et en nous faisant signe de
    nous y asseoir, Gaston sait bien quel genre de musique je fais. C'est
    bon quand je suis seule avec le comte, mais je ne voudrais pas vous
    faire endurer pareil supplice.

    –Vous avez cette préférence pour moi? Répliqua M. de N… avec un
    sourire qu'il essaya de rendre fin et ironique.

    –Vous avez tort de me la reprocher; c'est la seule.

    Il était décidé que ce pauvre garçon ne dirait pas un mot. Il jeta sur
    la jeune femme un regard vraiment suppliant.

    –Dites donc, Prudence, continua-t-elle, avez-vous fait ce que je vous
    avais priée de faire?

    –Oui.

    –C'est bien, vous me conterez cela plus tard. Nous avons à causer, vous
    ne vous en irez pas sans que je vous parle.

    –Nous sommes sans doute indiscrets, dis-je alors, et, maintenant que
    nous avons ou plutôt que j'ai obtenu une seconde présentation pour faire
    oublier la première, nous allons nous retirer, Gaston et moi.

    –Pas le moins du monde; ce n'est pas pour vous que je dis cela. Je veux
    au contraire que vous restiez.

    Le comte tira une montre fort élégante, à laquelle il regarda l'heure:

    –Il est temps que j'aille au club, dit-il.

    Marguerite ne répondit rien.

    Le comte quitta alors la cheminée, et venant à elle:

    –Adieu, madame.

    Marguerite se leva.

    –Adieu, mon cher comte, vous vous en allez déjà?

    –Oui, je crains de vous ennuyer.

    –Vous ne m'ennuyez pas plus aujourd'hui que les autres jours. Quand
    vous verra-t-on?

    –Quand vous le permettrez.

    –Adieu, alors!

    C'était cruel, vous l'avouerez.

    Le comte avait heureusement une fort bonne éducation et un excellent
    caractère. Il se contenta de baiser la main que Marguerite lui tendait
    assez nonchalamment, et de sortir après nous avoir salués.

    Au moment où il franchissait la porte, il regarda Prudence.

    Celle-ci leva les épaules d'un air qui signifiait:

    –Que voulez-vous, j'ai fait tout ce que j'ai pu.

    –Nanine! cria Marguerite, éclaire M. le comte.

    Nous entendîmes ouvrir et fermer la porte.

    –Enfin! s'écria Marguerite en reparaissant, le voilà parti; ce
    garçon-là me porte horriblement sur les nerfs.

    –Ma chère enfant, dit Prudence, vous êtes vraiment trop méchante avec
    lui, lui qui est si bon et si prévenant pour vous. Voilà encore sur
    votre cheminée une montre qu'il vous a donnée, et qui lui a coûté au
    moins mille écus, j'en suis sûre.

    Et madame Duvernoy, qui s'était approchée de la cheminée, jouait avec le
    bijou dont elle parlait, et jetait dessus des regards de convoitise.

    –Ma chère, dit Marguerite en s'asseyant à son piano quand je pèse d'un
    côté ce qu'il me donne et de l'autre ce qu'il me dit, je trouve que je
    lui passe ses visites bon marché.

    –Ce pauvre garçon est amoureux de vous.

    –S'il fallait que j'écoutasse tous ceux qui sont amoureux de moi, je
    n'aurais seulement pas le temps de dîner.

    Et elle fit courir ses doigts sur le piano, après quoi se retournant
    elle nous dit:

    –Voulez-vous prendre quelque chose? Moi, je boirais bien un peu de
    punch.

    –Et moi, je mangerais bien un peu de poulet, dit Prudence; si nous
    soupions?

    –C'est cela, allons souper, dit Gaston.

    –Non, nous allons souper ici.

    Elle sonna. Nanine parut.

    –Envoie chercher à souper.

    –Que faut-il prendre?

    –Ce que tu voudras, mais tout de suite, tout de suite.

    Nanine sortit.

    –C'est cela, dit Marguerite en sautant comme une enfant, nous allons
    souper. Que cet imbécile de comte est ennuyeux!

    Plus je voyais cette femme, plus elle m'enchantait. Elle était belle à
    ravir. Sa maigreur même était une grâce.

    J'étais en contemplation.

    Ce qui se passait en moi, j'aurais peine à l'expliquer. J'étais plein
    d'indulgence pour sa vie, plein d'admiration pour sa beauté. Cette
    preuve de désintéressement qu'elle donnait en n'acceptant pas un homme
    jeune, élégant et riche, tout prêt à se ruiner pour elle, excusait à mes
    yeux toutes ses fautes passées.

    Il y avait dans cette femme quelque chose comme de la candeur.

    On voyait qu'elle en était encore à la virginité du vice. Sa marche
    assurée, sa taille souple, ses narines roses et ouvertes, ses grands
    yeux légèrement cerclés de bleu, dénotaient une de ces natures ardentes
    qui répandent autour d'elles un parfum de volupté, comme ces flacons
    d'Orient qui, si bien fermés qu'ils soient, laissent échapper le parfum
    de la liqueur qu'ils renferment.

    Enfin, soit nature, soit conséquence de son état maladif, il passait de
    temps en temps dans les yeux de cette femme des éclairs de désirs dont
    l'expansion eût été une révélation du ciel pour celui qu'elle eût aimé.
    Mais ceux qui avaient aimé Marguerite ne se comptaient plus, et ceux
    qu'elle avait aimés ne se comptaient pas encore.

    Bref, on reconnaissait dans cette fille la vierge qu'un rien avait faite
    courtisane, et la courtisane dont un rien eût fait la vierge la plus
    amoureuse et la plus pure. Il y avait encore chez Marguerite de la
    fierté et de l'indépendance: deux sentiments qui, blessés, sont capables
    de faire ce que fait la pudeur. Je ne disais rien, mon âme semblait être
    passée toute dans mon cœur et mon cœur dans mes yeux.

    –Ainsi, reprit-elle tout à coup, c'est vous qui veniez savoir de mes
    nouvelles quand j'étais malade?

    –Oui.

    –Savez-vous que c'est très beau, cela! Et que puis-je faire pour vous
    remercier?

    –Me permettre de venir de temps en temps vous voir.

    –Tant que vous voudrez, de cinq heures à six, de onze heures à minuit.
    Dites donc, Gaston, jouez-moi l'Invitation à la valse.

    –Pourquoi?

    –Pour me faire plaisir d'abord, et ensuite parce que je ne puis pas
    arriver à la jouer seule.

    –Qu'est-ce qui vous embarrasse donc?

    –La troisième partie, le passage en dièse.

    Gaston se leva, se mit au piano et commença cette merveilleuse mélodie
    de Weber, dont la musique était ouverte sur le pupitre.

    Marguerite, une main appuyée sur le piano, regardait le cahier, suivait
    des yeux chaque note qu'elle accompagnait tout bas de la voix, et, quand
    Gaston en arriva au passage qu'elle lui avait indiqué, elle chantonna en
    faisant aller ses doigts sur le dos du piano:

    –Ré, mi, ré, do, ré, fa, mi, ré, voilà ce que je ne puis faire.
    Recommencez.

    Gaston recommença, après quoi Marguerite lui dit:

    –Maintenant laissez-moi essayer.

    Elle prit sa place et joua à son tour; mais ses doigts rebelles se
    trompaient toujours sur l'une des notes que nous venons de dire.

    –Est-ce incroyable, dit-elle avec une véritable intonation d'enfant,
    que je ne puisse pas arriver à jouer ce passage! Croiriez-vous que je
    reste quelquefois jusqu'à deux heures du matin dessus! Et quand je pense
    que cet imbécile de comte le joue sans musique et admirablement, c'est
    cela qui me rend furieuse contre lui, je crois.

    Et elle recommença, toujours avec les mêmes résultats.

    –Que le diable emporte Weber, la musique et les pianos! dit-elle en
    jetant le cahier à l'autre bout de la chambre; comprend-on que je ne
    puisse pas faire huit dièses de suite?

    Et elle se croisait les bras en nous regardant et en frappant du pied.

    Le sang lui monta aux joues et une toux légère entr'ouvrit ses lèvres.

    –Voyons, voyons, dit Prudence, qui avait ôté son chapeau et qui lissait
    ses bandeaux devant la glace, vous allez encore vous mettre en colère et
    vous faire mal; allons souper, cela vaudra mieux; moi, je meurs de faim.

    Marguerite sonna de nouveau, puis elle se remit au piano et commença à
    demi-voix une chanson libertine, dans l'accompagnement de laquelle elle
    ne s'embrouilla point.

    Gaston savait cette chanson, et ils en firent une espèce de duo.

    –Ne chantez donc pas ces saletés-là, dis-je familièrement à Marguerite
    et avec un ton de prière.

    –Oh! comme vous êtes chaste! me dit-elle en souriant et en me tendant
    la main.

    –Ce n'est pas pour moi, c'est pour vous.

    Marguerite fit un geste qui voulait dire: oh! il y a longtemps que j'en
    ai fini, moi, avec la chasteté.

    En ce moment Nanine parut.

    –Le souper est-il prêt? demanda Marguerite.

    –Oui, madame, dans un instant.

    –À propos, me dit Prudence, vous n'avez pas vu l'appartement; venez,
    que je vous le montre.

    Vous le savez, le salon était une merveille.

    Marguerite nous accompagna un peu, puis elle appela Gaston et passa avec
    lui dans la salle à manger pour voir si le souper était prêt.

    –Tiens, dit tout haut Prudence en regardant sur une étagère et en y
    prenant une figure de Saxe, je ne vous connaissais pas ce petit
    bonhomme-là!

    –Lequel?

    –Un petit berger qui tient une cage avec un oiseau.

    –Prenez-le, s'il vous fait plaisir.

    –Ah! Mais je crains de vous en priver.

    –Je voulais le donner à ma femme de chambre, je le trouve hideux; mais
    puisqu'il vous plaît, prenez-le.

    Prudence ne vit que le cadeau et non la manière dont il était fait. Elle
    mit son bonhomme de côté, et m'emmena dans le cabinet de toilette, où,
    me montrant deux miniatures qui se faisaient pendant, elle me dit:

    –Voilà le comte de G… qui a été très amoureux de Marguerite; c'est
    lui qui l'a lancée. Le connaissez-vous?

    –Non. Et celui-ci? demandai-je en montrant l'autre miniature.

    –C'est le petit vicomte de L… il a été forcé de partir.

    –Pourquoi?

    –Parce qu'il était à peu près ruiné. En voilà un qui aimait Marguerite!

    –Et elle l'aimait beaucoup sans doute?

    –C'est une si drôle de fille, on ne sait jamais à quoi s'en tenir. Le
    soir du jour où il est parti, elle était au spectacle, comme d'habitude,
    et cependant elle avait pleuré au moment du départ.

    En ce moment, Nanine parut, nous annonçant que le souper était servi.

    Quand nous entrâmes dans la salle à manger, Marguerite était appuyée
    contre le mur, et Gaston, lui tenant les mains, lui parlait tout bas.

    –Vous êtes fou, lui répondait Marguerite, vous savez bien que je ne
    veux pas de vous. Ce n'est pas au bout de deux ans que l'on connaît une
    femme comme moi, qu'on lui demande à être son amant. Nous autres, nous
    nous donnons tout de suite ou jamais. Allons, messieurs, à table.

    Et, s'échappant des mains de Gaston, Marguerite le fit asseoir à sa
    droite, moi à sa gauche, puis elle dit à Nanine:

    –Avant de t'asseoir, recommande à la cuisine que l'on n'ouvre pas si
    l'on vient sonner.

    Cette recommandation était faite à une heure du matin.

    On rit, on but et l'on mangea beaucoup à ce souper. Au bout de quelques
    instants, la gaieté était descendue aux dernières limites, et ces mots
    qu'un certain monde trouve plaisants et qui salissent toujours la bouche
    qui les dit éclataient de temps à autre, aux grandes acclamations de
    Nanine, de Prudence et de Marguerite. Gaston s'amusait franchement;
    c'était un garçon plein de cœur, mais dont l'esprit avait été un peu
    faussé par les premières habitudes. Un moment, j'avais voulu m'étourdir,
    faire mon cœur et ma pensée indifférents au spectacle que j'avais sous
    les yeux et prendre ma part de cette gaieté qui semblait un des mets du
    repas; mais peu à peu, je m'étais isolé de ce bruit, mon verre était
    resté plein, et j'étais devenu presque triste en voyant cette belle
    créature de vingt ans boire, parler comme un portefaix, et rire d'autant
    plus que ce que l'on disait était plus scandaleux.

    Cependant cette gaieté, cette façon de parler et de boire, qui me
    paraissaient chez les autres convives les résultats de la débauche, de
    l'habitude ou de la force, me semblaient chez Marguerite un besoin
    d'oublier, une fièvre, une irritabilité nerveuse. À chaque verre de vin
    de Champagne, ses joues se couvraient d'un rouge fiévreux, et une toux,
    légère au commencement du souper, était devenue à la longue assez forte
    pour la forcer à renverser sa tête sur le dos de sa chaise et à
    comprimer sa poitrine dans ses mains toutes les fois qu'elle toussait.

    Je souffrais du mal que devaient faire à cette frêle organisation ces
    excès de tous les jours.

    Enfin arriva une chose que j'avais prévue et que je redoutais. Vers la
    fin du souper, Marguerite fut prise d'un accès de toux plus fort que
    tous ceux qu'elle avait eus depuis que j'étais là. Il me sembla que sa
    poitrine se déchirait intérieurement. La pauvre fille devint pourpre,
    ferma les yeux sous la douleur et porta à ses lèvres sa serviette qu'une
    goutte de sang rougit. Alors elle se leva et courut dans son cabinet de
    toilette.

    –Qu'a donc Marguerite? demanda Gaston.

    –Elle a qu'elle a trop ri et qu'elle crache le sang, fit Prudence. Oh!
    ce ne sera rien, cela lui arrive tous les jours. Elle va revenir.
    Laissons-la seule, elle aime mieux cela.

    Quant à moi, je ne pus y tenir, et, au grand ébahissement de Prudence et
    de Nanine qui me rappelaient, j'allai rejoindre Marguerite.

    Chapitre X

    La chambre où elle s'était réfugiée n'était éclairée que par une seule
    bougie posée sur une table. Renversée sur un grand canapé, sa robe
    défaite, elle tenait une main sur son cœur et laissait pendre l'autre.
    Sur la table il y avait une cuvette d'argent à moitié pleine d'eau;
    cette eau était marbrée de filets de sang.

    Marguerite, très pâle et la bouche entr'ouverte, essayait de reprendre
    haleine. Par moments, sa poitrine se gonflait d'un long soupir qui,
    exhalé, paraissait la soulager un peu, et la laissait pendant quelques
    secondes dans un sentiment de bien-être.

    Je m'approchai d'elle, sans qu'elle fît un mouvement, je m'assis et pris
    celle de ses mains qui reposait sur le canapé.

    –Ah! c'est vous? me dit-elle avec un sourire.

    Il paraît que j'avais la figure bouleversée, car elle ajouta:

    –Est-ce que vous êtes malade aussi?

    –Non; mais vous, souffrez-vous encore?

    –Très peu; et elle essuya avec son mouchoir les larmes que la toux
    avait fait venir à ses yeux; je suis habituée à cela maintenant.

    –Vous vous tuez, madame, lui dis-je alors d'une voix émue; je voudrais
    être votre ami, votre parent, pour vous empêcher de vous faire mal
    ainsi.

    –Ah! cela ne vaut vraiment pas la peine que vous vous alarmiez,
    répliqua-t-elle d'un ton un peu amer; voyez si les autres s'occupent de
    moi: c'est qu'ils savent bien qu'il n'y a rien à faire à ce mal-là.

    Après quoi elle se leva et, prenant la bougie, elle la mit sur la
    cheminée et se regarda dans la glace.

    –Comme je suis pâle! dit-elle en rattachant sa robe et en passant ses
    doigts sur ses cheveux délissés. Ah! bah! allons nous remettre à table.
    Venez-vous?

    Mais j'étais assis et je ne bougeais pas.

    Elle comprit l'émotion que cette scène m'avait causée, car elle
    s'approcha de moi et, me tendant la main, elle me dit:

    –Voyons, venez.

    Je pris sa main, je la portai à mes lèvres en la mouillant malgré moi de
    deux larmes longtemps contenues.

    –Eh bien, mais êtes-vous enfant! dit-elle en se rasseyant auprès de
    moi; voilà que vous pleurez! Qu'avez-vous?

    –Je dois vous paraître bien niais, mais ce que je viens de voir m'a
    fait un mal affreux.

    –Vous êtes bien bon! Que voulez-vous? Je ne puis pas dormir, il faut
    bien que je me distraie un peu. Et puis des filles comme moi, une de
    plus ou de moins, qu'est-ce que cela fait? Les médecins me disent que le
    sang que je crache vient des bronches; j'ai l'air de les croire, c'est
    tout ce que je puis faire pour eux.

    –Écoutez, Marguerite, dis-je alors avec une expansion que je ne pus
    retenir, je ne sais pas l'influence que vous devez prendre sur ma vie,
    mais ce que je sais, c'est qu'à l'heure qu'il est, il n'y a personne,
    pas même ma sœur, à qui je m'intéresse comme à vous. C'est ainsi depuis
    que je vous ai vue. Eh bien, au nom du ciel, soignez-vous, et ne vivez
    plus comme vous le faites.

    –Si je me soignais, je mourrais. Ce qui me soutient, c'est la vie
    fiévreuse que je mène. Puis, se soigner, c'est bon pour les femmes du
    monde qui ont une famille et des amis; mais nous, dès que nous ne
    pouvons plus servir à la vanité ou au plaisir de nos amants, ils nous
    abandonnent, et les longues soirées succèdent aux longs jours. Je le
    sais bien, allez, j'ai été deux mois dans mon lit; au bout de trois
    semaines, personne ne venait plus me voir.

    –Il est vrai que je ne vous suis rien, repris-je; mais si vous le
    vouliez je vous soignerais comme un frère, je ne vous quitterais pas, et
    je vous guérirais. Alors, quand vous en auriez la force, vous
    reprendriez la vie que vous menez, si bon vous semblait; mais j'en suis
    sûr, vous aimeriez mieux une existence tranquille qui vous ferait plus
    heureuse et vous garderait jolie.

    –Vous pensez comme cela ce soir, parce que vous avez le vin triste,
    mais vous n'auriez pas la patience dont vous vous vantez.

    –Permettez-moi de vous dire, Marguerite, que vous avez été malade
    pendant deux mois, et que, pendant ces deux mois, je suis venu tous les
    jours savoir de vos nouvelles.

    –C'est vrai; mais pourquoi ne montiez-vous pas?

    –Parce que je ne vous connaissais pas alors.

    –Est-ce qu'on se gêne avec une fille comme moi?

    –On se gêne toujours avec une femme; c'est mon avis du moins.

    –Ainsi, vous me soigneriez?

    –Oui.

    –Vous resteriez tous les jours auprès de moi?

    –Oui.

    –Et même toutes les nuits?

    –Tout le temps que je ne vous ennuierais pas.

    –Comment appelez-vous cela?

    –Du dévouement.

    –Et d'où vient ce dévouement?

    –D'une sympathie irrésistible que j'ai pour vous.

    –Ainsi vous êtes amoureux de moi? dites-le tout de suite, c'est bien
    plus simple.

    –C'est possible; mais si je dois vous le dire un jour, ce n'est pas
    aujourd'hui.

    –Vous ferez mieux de ne me le dire jamais.

    –Pourquoi?

    –Parce qu'il ne peut résulter que deux choses de cet aveu.

    –Lesquelles?

    –Ou que je ne vous accepte pas, alors vous m'en voudrez, ou que je vous
    accepte, alors vous aurez une triste maîtresse; une femme nerveuse,
    malade, triste, ou gaie d'une gaieté plus triste que le chagrin, une
    femme qui crache le sang et qui dépense cent mille francs par an, c'est
    bon pour un vieux richard comme le duc; mais c'est bien ennuyeux pour un
    jeune homme comme vous, et la preuve, c'est que tous les jeunes amants
    que j'ai eus m'ont bien vite quittée.

    Je ne répondais rien: j'écoutais. Cette franchise qui tenait presque de
    la confession, cette vie douloureuse que j'entrevoyais sous le voile
    doré qui la couvrait, et dont la pauvre fille fuyait la réalité dans la
    débauche, l'ivresse et l'insomnie, tout cela m'impressionnait tellement
    que je ne trouvais pas une seule parole.

    –Allons, continua Marguerite, nous disons là des enfantillages.
    Donnez-moi la main et rentrons dans la salle à manger. On ne doit pas
    savoir ce que notre absence veut dire.

    –Rentrez, si bon vous semble, mais je vous demande la permission de
    rester ici.

    –Pourquoi?

    –Parce que votre gaieté me fait trop de mal.

    –Eh bien, je serai triste.

    –Tenez, Marguerite, laissez-moi vous dire une chose que l'on vous a
    dite souvent sans doute, et à laquelle l'habitude de l'entendre vous
    empêchera peut-être d'ajouter foi, mais qui n'en est pas moins réelle,
    et que je ne vous répéterai jamais.

    –C'est?… dit-elle avec le sourire que prennent les jeunes mères pour
    écouter une folie de leur enfant.

    –C'est que, depuis que je vous ai vue, je ne sais comment ni pourquoi,
    vous avez pris une place dans ma vie; c'est que j'ai eu beau chasser
    votre image de ma pensée, elle y est toujours revenue; c'est
    qu'aujourd'hui, quand je vous ai rencontrée, après être resté deux ans
    sans vous voir, vous avez pris sur mon cœur et mon esprit un ascendant
    plus grand encore; c'est qu'enfin, maintenant que vous m'avez reçu, que
    je vous connais, que je sais tout ce qu'il y a d'étrange en vous, vous
    m'êtes devenue indispensable, et que je deviendrai fou, non pas
    seulement si vous ne m'aimez pas, mais si vous ne me laissez pas vous
    aimer.

    –Mais, malheureux que vous êtes, je vous dirai ce que disait madame
    D…: vous êtes donc bien riche! Mais vous ne savez donc pas que je
    dépense six ou sept mille francs par mois, et que cette dépense est
    devenue nécessaire à ma vie? mais vous ne savez donc pas, mon pauvre
    ami, que je vous ruinerais en un rien de temps, et que votre famille
    vous ferait interdire pour vous apprendre à vivre avec une créature
    comme moi? Aimez-moi bien, comme un bon ami, mais pas autrement. Venez
    me voir, nous rirons, nous causerons; mais ne vous exagérez pas ce que
    je vaux, car je ne vaux pas grand-chose. Vous avez un bon cœur, vous
    avez besoin d'être aimé, vous êtes trop jeune et trop sensible pour
    vivre dans notre monde. Prenez une femme mariée. Vous voyez que je suis
    une bonne fille et que je vous parle franchement.

    –Ah çà! que diable faites-vous là? cria Prudence, que nous n'avions pas
    entendue venir, et qui apparaissait sur le seuil de la chambre avec ses
    cheveux à moitié défaits et sa robe ouverte. Je reconnaissais dans ce
    désordre la main de Gaston.

    –Nous parlons raison, dit Marguerite, laissez-nous un peu; nous vous
    rejoindrons tout à l'heure.

    –Bien, bien, causez, mes enfants, dit Prudence en s'en allant et en
    fermant la porte comme pour ajouter encore au ton dont elle avait
    prononcé ces dernières paroles.

    –Ainsi, c'est convenu, reprit Marguerite, quand nous fûmes seuls, vous
    ne m'aimerez plus?

    –Je partirai.

    –C'est à ce point-là?

    J'étais trop avancé pour reculer, et d'ailleurs cette fille me
    bouleversait. Ce mélange de gaieté, de tristesse, de candeur, de
    prostitution, cette maladie même qui devait développer chez elle la
    sensibilité des impressions comme l'irritabilité des nerfs, tout me
    faisait comprendre que si, dès la première fois, je ne prenais pas
    d'empire sur cette nature oublieuse et légère, elle était perdue pour
    moi.

    –Voyons, c'est donc sérieux ce que vous dites? fit-elle.

    –Très sérieux.

    –Mais pourquoi ne m'avez-vous pas dit cela plus tôt?

    –Quand vous l'aurais-je dit?

    –Le lendemain du jour où vous m'avez été présenté à l'Opéra-Comique.

    –Je crois que vous m'auriez fort mal reçu, si j'étais venu vous voir.

    –Pourquoi?

    –Parce que j'avais été stupide la veille.

    –Cela, c'est vrai. Mais cependant vous m'aimiez déjà à cette époque?

    –Oui.

    –Ce qui ne vous a pas empêché d'aller vous coucher et de dormir bien
    tranquillement après le spectacle. Nous savons ce que sont ces grands
    amours-là.

    –Eh bien, c'est ce qui vous trompe. Savez-vous ce que j'ai fait le soir
    de l'Opéra-Comique?

    –Non.

    –Je vous ai attendue à la porte du café Anglais. J'ai suivi la voiture
    qui vous a emmenés, vous et vos trois amis, et, quand je vous ai vue
    descendre seule et rentrer seule chez vous, j'ai été bien heureux.

    Marguerite se mit à rire.

    –De quoi riez-vous?

    –De rien.

    –Dites-le-moi, je vous en supplie, ou je vais croire que vous vous
    moquez encore de moi.

    –Vous ne vous fâcherez pas?

    –De quel droit me fâcherais-je?

    –Eh bien, il y avait une bonne raison pour que je rentrasse seule.

    –Laquelle?

    –On m'attendait ici.

    Elle m'eût donné un coup de couteau qu'elle ne m'eût pas fait plus de
    mal. Je me levai, et, lui tendant la main:

    –Adieu, lui dis-je.

    –Je savais bien que vous vous fâcheriez, dit-elle. Les hommes ont la
    rage de vouloir apprendre ce qui doit leur faire de la peine.

    –Mais je vous assure, ajoutai-je d'un ton froid, comme si j'avais voulu
    prouver que j'étais à jamais guéri de ma passion, je vous assure que je
    ne suis pas fâché. Il était tout naturel que quelqu'un vous attendît,
    comme il est tout naturel que je m'en aille à trois heures du matin.

    –Est-ce que vous avez aussi quelqu'un qui vous attend chez vous?

    –Non, mais il faut que je parte.

    –Adieu, alors.

    –Vous me renvoyez?

    –Pas le moins du monde.

    –Pourquoi me faites-vous de la peine?

    –Quelle peine vous ai-je faite?

    –Vous me dites que quelqu'un vous attendait.

    –Je n'ai pas pu m'empêcher de rire à l'idée que vous aviez été si
    heureux de me voir rentrer seule, quand il y avait une si bonne raison
    pour cela.

    –On se fait souvent une joie d'un enfantillage, et il est méchant de
    détruire cette joie, quand, en la laissant subsister, on peut rendre
    plus heureux encore celui qui la trouve.

    –Mais à qui croyez-vous donc avoir affaire? Je ne suis ni une vierge ni
    une duchesse. Je ne vous connais que d'aujourd'hui et ne vous dois pas
    compte de mes actions. En admettant que je devienne un jour votre
    maîtresse, il faut que vous sachiez bien que j'ai eu d'autres amants que
    vous. Si vous me faites déjà des scènes de jalousie avant, qu'est-ce que
    ce sera donc après, si jamais l'après existe! Je n'ai jamais vu un homme
    comme vous.

    –C'est que personne ne vous a jamais aimée comme je vous aime.

    –Voyons, franchement, vous m'aimez donc bien?

    –Autant qu'il est possible d'aimer, je crois.

    –Et cela dure depuis…?

    –Depuis un jour que je vous ai vue descendre de calèche et entrer chez
    Susse, il y a trois ans.

    –Savez-vous que c'est très beau? Eh bien, que faut-il que je fasse pour
    reconnaître ce grand amour?

    –Il faut m'aimer un peu, dis-je avec un battement de cœur qui
    m'empêchait presque de parler; car, malgré les sourires demi-moqueurs
    dont elle avait accompagné toute cette conversation, il me semblait que
    Marguerite commençait à partager mon trouble, et que j'approchais de
    l'heure attendue depuis si longtemps.

    –Eh bien, et le duc?

    –Quel duc?

    –Mon vieux jaloux.

    –Il n'en saura rien.

    –Et s'il le sait?

    –Il vous pardonnera.

    –Hé non! Il m'abandonnera, et qu'est-ce que je deviendrai?

    –Vous risquez bien cet abandon pour un autre.

    –Comment le savez-vous?

    –Par la recommandation que vous avez faite de ne laisser entrer
    personne cette nuit.

    –C'est vrai; mais celui-là est un ami sérieux.

    –Auquel vous ne tenez guère, puisque vous lui faites défendre votre
    porte à pareille heure.

    –Ce n'est pas à vous de me le reprocher, puisque c'était pour vous
    recevoir, vous et votre ami.

    Peu à peu je m'étais rapproché de Marguerite, j'avais passé mes mains
    autour de sa taille et je sentais son corps souple peser légèrement sur
    mes mains jointes.

    –Si vous saviez comme je vous aime! lui disais-je tout bas.

    –Bien vrai?

    –Je vous jure.

    –Eh bien, si vous me promettez de faire toutes mes volontés sans dire
    un mot, sans me faire une observation, sans me questionner, je vous
    aimerai peut-être.

    –Tout ce que vous voudrez!

    –Mais je vous en préviens, je veux être libre de faire ce que bon me
    semblera, sans vous donner le moindre détail sur ma vie. Il y a
    longtemps que je cherche un amant jeune, sans volonté, amoureux sans
    défiance, aimé sans droits. Je n'ai jamais pu en trouver un. Les hommes,
    au lieu d'être satisfaits qu'on leur accorde longtemps ce qu'ils eussent
    à peine espéré obtenir une fois, demandent à leur maîtresse compte du
    présent, du passé et de l'avenir même. À mesure qu'ils s'habituent à
    elle, ils veulent la dominer, et ils deviennent d'autant plus exigeants
    qu'on leur donne tout ce qu'ils veulent. Si je me décide à prendre un
    nouvel amant maintenant, je veux qu'il ait trois qualités bien rares,
    qu'il soit confiant, soumis et discret.

    –Eh bien, je serai tout ce que vous voudrez.

    –Nous verrons.

    –Et quand verrons-nous?

    –Plus tard.

    –Pourquoi?

    –Parce que, dit Marguerite en se dégageant de mes bras et en prenant
    dans un gros bouquet de camélias rouges apporté le matin un camélia
    qu'elle passa à ma boutonnière, parce qu'on ne peut pas toujours
    exécuter les traités le jour où on les signe. C'est facile à comprendre.

    –Et quand vous reverrai-je? dis-je en la pressant dans mes bras.

    –Quand ce camélia changera de couleur.

    –Et quand changera-t-il de couleur?

    –Demain, de onze heures à minuit. Êtes-vous content?

    –Vous me le demandez?

    –Pas un mot de tout cela ni à votre ami, ni à Prudence, ni à qui que ce
    soit.

    –Je vous le promets.

    –Maintenant, embrassez-moi et rentrons dans la salle à manger.

    Elle me tendit ses lèvres, lissa de nouveau ses cheveux, et nous
    sortîmes de cette chambre, elle en chantant, moi à moitié fou.

    Dans le salon elle me dit tout bas, en s'arrêtant:

    –Cela doit vous paraître étrange que j'aie l'air d'être prête à vous
    accepter ainsi tout de suite; savez-vous d'où cela vient? Cela vient,
    continua-t-elle en prenant ma main et en la posant contre son cœur, dont
    je sentis les palpitations violentes et répétées, cela vient de ce que,
    devant vivre moins longtemps que les autres, je me suis promis de vivre
    plus vite.

    –Ne me parlez plus de la sorte, je vous en supplie.

    –Oh! consolez-vous, continua-t-elle en riant. Si peu de temps que j'aie
    à vivre, je vivrai plus longtemps que vous ne m'aimerez.

    Et elle entra en chantant dans la salle à manger.

    –Où est Nanine? dit-elle en voyant Gaston et Prudence seuls.

    –Elle dort dans votre chambre, en attendant que vous vous couchiez,
    répondit Prudence.

    –La malheureuse! Je la tue! Allons, messieurs, retirez-vous; il est
    temps.

    Dix minutes après, Gaston et moi nous sortions. Marguerite me serrait la
    main en me disant adieu et restait avec Prudence.

    –Eh bien, me demanda Gaston, quand nous fûmes dehors, que dites-vous de
    Marguerite?

    –C'est un ange, et j'en suis fou.

    –Je m'en doutais; le lui avez-vous dit?

    –Oui.

    –Et vous a-t-elle promis de vous croire.

    –Non.

    –Ce n'est pas comme Prudence.

    –Elle vous l'a promis?

    –Elle a fait mieux, mon cher! On ne le croirait pas, elle est encore
    très bien, cette grosse Duvernoy!

    Chapitre XI

    En cet endroit de son récit, Armand s'arrêta.

    –Voulez-vous fermer la fenêtre? me dit-il, je commence à avoir froid.
    Pendant ce temps, je vais me coucher.

    Je fermai la fenêtre. Armand, qui était très faible encore, ôta sa robe
    de chambre et se mit au lit, laissant pendant quelques instants reposer
    sa tête sur l'oreiller comme un homme fatigué d'une longue course ou
    agité de pénibles souvenirs.

    –Vous avez peut-être trop parlé, lui dis-je; voulez-vous que je m'en
    aille et que je vous laisse dormir? Vous me raconterez un autre jour la
    fin de cette histoire.

    –Est-ce qu'elle vous ennuie?

    –Au contraire.

    –Je vais continuer alors; si vous me laissiez seul, je ne dormirais
    pas.

    –Quand je rentrai chez moi, reprit-il, sans avoir besoin de se
    recueillir, tant tous ces détails étaient encore présents à sa pensée,
    je ne me couchai pas; je me mis à réfléchir sur l'aventure de la
    journée. La rencontre, la présentation, l'engagement de Marguerite
    vis-à-vis de moi, tout avait été si rapide, si inespéré, qu'il y avait
    des moments où je croyais avoir rêvé. Cependant ce n'était pas la
    première fois qu'une fille comme Marguerite se promettait à un homme
    pour le lendemain du jour où il le lui demandait.

    J'avais beau me faire cette réflexion, la première impression produite
    par ma future maîtresse sur moi avait été si forte qu'elle subsistait
    toujours. Je m'entêtais encore à ne pas voir en elle une fille semblable
    aux autres, et, avec la vanité si commune à tous les hommes, j'étais
    prêt à croire qu'elle partageait invinciblement pour moi l'attraction
    que j'avais pour elle.

    Cependant j'avais sous les yeux des exemples bien contradictoires, et
    j'avais entendu dire souvent que l'amour de Marguerite était passé à
    l'état de denrée plus ou moins chère, selon la saison.

    Mais comment aussi, d'un autre côté, concilier cette réputation avec les
    refus continuels faits au jeune comte que nous avions trouvé chez elle?

    Vous me direz qu'il lui déplaisait et que, comme elle était
    splendidement entretenue par le duc, pour faire tant que de prendre un
    autre amant, elle aimait mieux un homme qui lui plût. Alors, pourquoi ne
    voulait-elle pas de Gaston, charmant, spirituel, riche, et
    paraissait-elle vouloir de moi qu'elle avait trouvé si ridicule la
    première fois qu'elle m'avait vu?

    Il est vrai qu'il y a des incidents d'une minute qui font plus qu'une
    cour d'une année.

    De ceux qui se trouvaient au souper, j'étais le seul qui se fût inquiété
    en la voyant quitter la table. Je l'avais suivie, j'avais été ému à ne
    pouvoir le cacher, j'avais pleuré en lui baisant la main. Cette
    circonstance, réunie à mes visites quotidiennes pendant les deux mois de
    sa maladie, avait pu lui faire voir en moi un autre homme que ceux
    connus jusqu'alors, et peut-être s'était-elle dit qu'elle pouvait bien
    faire pour un amour exprimé de cette façon ce qu'elle avait fait tant de
    fois, que cela n'avait déjà plus de conséquence pour elle.

    Toutes ces suppositions, comme vous le voyez, étaient assez
    vraisemblables; mais quelle que fût la raison à son consentement, il y
    avait une chose certaine, c'est qu'elle avait consenti.

    Or, j'étais amoureux de Marguerite, j'allais l'avoir, je ne pouvais rien
    lui demander de plus. Cependant, je vous le répète, quoique ce fût une
    fille entretenue, je m'étais tellement, peut-être pour la poétiser, fait
    de cet amour un amour sans espoir, que plus le moment approchait où je
    n'aurais même plus besoin d'espérer, plus je doutais.

    Je ne fermai pas les yeux de la nuit.

    Je ne me reconnaissais pas. J'étais à moitié fou. Tantôt je ne me
    trouvais ni assez beau, ni assez riche, ni assez élégant pour posséder
    une pareille femme, tantôt je me sentais plein de vanité à l'idée de
    cette possession: puis je me mettais à craindre que Marguerite n'eût
    pour moi qu'un caprice de quelques jours, et, pressentant un malheur
    dans une rupture prompte, je ferais peut-être mieux, me disais-je, de ne
    pas aller le soir chez elle, et de partir en lui écrivant mes craintes.
    De là, je passais à des espérances sans limites, à une confiance sans
    bornes. Je faisais des rêves d'avenir incroyables; je me disais que
    cette fille me devrait sa guérison physique et morale, que je passerais
    toute ma vie avec elle, et que son amour me rendrait plus heureux que
    les plus virginales amours.

    Enfin, je ne pourrais vous répéter les mille pensées qui montaient de
    mon cœur à ma tête et qui s'éteignirent peu à peu dans le sommeil qui me
    gagna au jour.

    Quand je me réveillai, il était deux heures. Le temps était magnifique.
    Je ne me rappelle pas que la vie m'ait jamais paru aussi belle et aussi
    pleine. Les souvenirs de la veille se représentaient à mon esprit, sans
    ombres, sans obstacles et gaiement escortés des espérances du soir. Je
    m'habillai à la hâte. J'étais content et capable des meilleures actions.
    De temps en temps mon cœur bondissait de joie et d'amour dans ma
    poitrine. Une douce fièvre m'agitait. Je ne m'inquiétais plus des
    raisons qui m'avaient préoccupé avant que je m'endormisse. Je ne voyais
    que le résultat, je ne songeais qu'à l'heure où je devais revoir
    Marguerite.

    Il me fut impossible de rester chez moi. Ma chambre me semblait trop
    petite pour contenir mon bonheur; j'avais besoin de la nature entière
    pour m'épancher.

    Je sortis.

    Je passai par la rue d'Antin. Le coupé de Marguerite l'attendait à sa
    porte; je me dirigeai du côté des Champs-Elysées. J'aimais, sans même
    les connaître, tous les gens que je rencontrais.

    Comme l'amour rend bon!

    Au bout d'une heure que je me promenais des chevaux de Marly au
    rond-point et du rond-point aux chevaux de Marly, je vis de loin la
    voiture de Marguerite; je ne la reconnus pas, je la devinai.

    Au moment de tourner l'angle des Champs-Elysées, elle se fit arrêter, et
    un grand jeune homme se détacha d'un groupe où il causait pour venir
    causer avec elle.

    Ils causèrent quelques instants; le jeune homme rejoignit ses amis, les
    chevaux repartirent, et moi, qui m'étais approché du groupe, je reconnus
    dans celui qui avait parlé à Marguerite ce comte de G… dont j'avais vu
    le portrait et que Prudence m'avait signalé comme celui à qui Marguerite
    devait sa position.

    C'était à lui qu'elle avait fait défendre sa porte, la veille; je
    supposai qu'elle avait fait arrêter sa voiture pour lui donner la raison
    de cette défense, et j'espérai qu'en même temps elle avait trouvé
    quelque nouveau prétexte pour ne pas le recevoir la nuit suivante.

    Comment le reste de la journée se passa, je l'ignore; je marchai, je
    fumai, je causai, mais de ce que je dis, de ceux que je rencontrai, à
    dix heures du soir, je n'avais aucun souvenir.

    Tout ce que je me rappelle, c'est que je rentrai chez moi, que je passai
    trois heures à ma toilette, et que je regardai cent fois ma pendule et
    ma montre, qui malheureusement allaient l'une comme l'autre.

    Quand dix heures et demie sonnèrent, je me dis qu'il était temps de
    partir.

    Je demeurais à cette époque rue de Provence: je suivis la rue du
    Mont-Blanc, je traversai le boulevard, pris la rue Louis-le-Grand, la
    rue de Port-Mahon, et la rue d'Antin. Je regardai aux fenêtres de
    Marguerite.

    Il y avait de la lumière.

    Je sonnai.

    Je demandai au portier si mademoiselle Gautier était chez elle.

    Il me répondit qu'elle ne rentrait jamais avant onze heures ou onze
    heures un quart.

    Je regardai ma montre.

    J'avais cru venir tout doucement, je n'avais mis que cinq minutes pour
    venir de la rue de Provence chez Marguerite.

    Alors, je me promenai dans cette rue sans boutiques, et déserte à cette
    heure.

    Au bout d'une demi-heure Marguerite arriva. Elle descendit de son coupé
    en regardant autour d'elle, comme si elle eût cherché quelqu'un.

    La voiture repartit au pas, les écuries et la remise n'étant pas dans la
    maison. Au moment où Marguerite allait sonner, je m'approchai et lui
    dis:

    –Bonsoir!

    –Ah! c'est vous? me dit-elle d'un ton peu rassurant sur le plaisir
    qu'elle avait à me trouver là.

    –Ne m'avez-vous pas permis de venir vous faire visite aujourd'hui?

    –C'est juste; je l'avais oublié.

    Ce mot renversait toutes mes réflexions du matin, toutes mes espérances
    de la journée. Cependant, je commençais à m'habituer à ces façons et je
    ne m'en allai pas, ce que j'eusse évidemment fait autrefois.

    Nous entrâmes.

    Nanine avait ouvert la porte d'avance.

    –Prudence est-elle rentrée? demanda Marguerite.

    –Non, madame.

    –Va dire que dès qu'elle rentrera elle vienne. Auparavant, éteins la
    lampe du salon, et, s'il vient quelqu'un, réponds que je ne suis pas
    rentrée et que je ne rentrerai pas.

    C'était bien là une femme préoccupée de quelque chose et peut-être
    ennuyée d'un importun. Je ne savais quelle figure faire ni que dire.
    Marguerite se dirigea du côté de sa chambre à coucher; je restai où
    j'étais.

    –Venez, me dit-elle.

    Elle ôta son chapeau, son manteau de velours et les jeta sur son lit,
    puis se laissa tomber dans un grand fauteuil, auprès du feu qu'elle
    faisait faire jusqu'au commencement de l'été, et me dit en jouant avec
    la chaîne de sa montre:

    –Eh bien, que me conterez-vous de neuf?

    –Rien, sinon que j'ai eu tort de venir ce soir.

    –Pourquoi?

    –Parce que vous paraissez contrariée et que, sans doute, je vous
    ennuie.

    –Vous ne m'ennuyez pas; seulement je suis malade, j'ai souffert toute
    la journée, je n'ai pas dormi et j'ai une migraine affreuse.

    –Voulez-vous que je me retire pour vous laisser mettre au lit?

    –Oh! vous pouvez rester; si je veux me coucher, je me coucherai bien
    devant vous.

    En ce moment on sonna.

    –Qui vient encore? dit-elle avec un mouvement d'impatience.

    Quelques instants après, on sonna de nouveau.

    –Il n'y a donc personne pour ouvrir? Il va falloir que j'ouvre
    moi-même.

    En effet, elle se leva en me disant:

    –Attendez ici.

    Elle traversa l'appartement, et j'entendis ouvrir la porte d'entrée.

    –J'écoutai.

    Celui à qui elle avait ouvert s'arrêta dans la salle à manger. Aux
    premiers mots, je reconnus la voix du jeune comte de N…

    –Comment vous portez-vous ce soir? disait-il.

    –Mal, répondit sèchement Marguerite.

    –Est-ce que je vous dérange?

    –Peut-être.

    –Comme vous me recevez! Que vous ai-je fait, ma chère Marguerite?

    –Mon cher ami, vous ne m'avez rien fait. Je suis malade, il faut que je
    me couche; ainsi vous allez me faire le plaisir de vous en aller. Cela
    m'assomme de ne pas pouvoir rentrer le soir sans vous voir apparaître
    cinq minutes après. Qu'est-ce que vous voulez? que je sois votre
    maîtresse? Eh bien, je vous ai déjà dit cent fois que non, que vous
    m'agacez horriblement, et que vous pouvez vous adresser autre part. Je
    vous le répète aujourd'hui pour la dernière fois: je ne veux pas de
    vous, c'est bien convenu; adieu. Tenez, voici Nanine qui rentre; elle va
    vous éclairer. Bonsoir.

    Et, sans ajouter un mot, sans écouter ce que balbutiait le jeune homme,
    Marguerite revint dans sa chambre et referma violemment la porte, par
    laquelle Nanine, à son tour, rentra presque immédiatement.

    –Tu m'entends, lui dit Marguerite, tu diras toujours à cet imbécile que
    je n'y suis pas ou que je ne veux pas le recevoir. Je suis lasse, à la
    fin, de voir sans cesse des gens qui viennent me demander la même chose,
    qui me payent et qui se croient quittes avec moi. Si celles qui
    commencent notre honteux métier savaient ce que c'est, elles se feraient
    plutôt femmes de chambre. Mais non; la vanité d'avoir des robes, des
    voitures, des diamants nous entraîne; on croit à ce que l'on entend, car
    la prostitution a sa foi, et l'on use peu à peu son cœur, son corps, sa
    beauté; on est redoutée comme une bête fauve, méprisée comme un paria,
    on n'est entourée que de gens qui vous prennent toujours plus qu'ils ne
    vous donnent, et on s'en va un beau jour crever comme un chien, après
    avoir perdu les autres et s'être perdue soi-même.

    –Voyons, madame, calmez-vous, dit Nanine; vous avez mal aux nerfs ce
    soir.

    –Cette robe me gêne, reprit Marguerite en faisant sauter les agrafes de
    son corsage; donne-moi un peignoir. Eh bien, et Prudence?

    –Elle n'était pas rentrée, mais on l'enverra à madame dès qu'elle
    rentrera.

    –En voilà encore une, continua Marguerite en ôtant sa robe et en
    passant un peignoir blanc, en voilà encore une qui sait bien me trouver
    quand elle a besoin de moi, et qui ne peut pas me rendre un service de
    bonne grâce. Elle sait que j'attends cette réponse ce soir, qu'il me la
    faut, que je suis inquiète, et je suis sûre qu'elle est allée courir
    sans s'occuper de moi.

    –Peut-être a-t-elle été retenue?

    –Fais-nous donner le punch.

    –Vous allez encore vous faire du mal, dit Nanine.

    –Tant mieux! Apporte-moi aussi des fruits, du pâté ou une aile de
    poulet, quelque chose tout de suite, j'ai faim.

    Vous dire l'impression que cette scène me causait, c'est inutile; vous
    le devinez, n'est-ce pas?

    –Vous allez souper avec moi, me dit-elle; en attendant, prenez un
    livre, je vais passer un instant dans mon cabinet de toilette.

    Elle alluma les bougies d'un candélabre, ouvrit une porte au pied de son
    lit et disparut.

    Pour moi, je me mis à réfléchir sur la vie de cette fille, et mon amour
    s'augmenta de pitié.

    Je me promenais à grands pas dans cette chambre, tout en songeant, quand
    Prudence entra.

    –Tiens, vous voilà? me dit-elle: où est Marguerite?

    –Dans son cabinet de toilette.

    –Je vais l'attendre. Dites donc, elle vous trouve charmant; saviez-vous
    cela?

    –Non.

    –Elle ne vous l'a pas dit un peu?

    –Pas du tout.

    –Comment êtes-vous ici?

    –Je viens lui faire une visite.

    –À minuit?

    –Pourquoi pas?

    –Farceur!

    –Elle m'a même très mal reçu.

    –Elle va mieux vous recevoir.

    –Vous croyez?

    –Je lui apporte une bonne nouvelle.

    –Il n'y a pas de mal; ainsi elle vous a parlé de moi?

    –Hier au soir, ou plutôt cette nuit, quand vous avez été parti avec
    votre ami… à propos, comment va-t-il, votre ami? C'est Gaston R…, je
    crois, qu'on l'appelle?

    –Oui, dis-je, sans pouvoir m'empêcher de sourire en me rappelant la
    confidence que Gaston m'avait faite, et en voyant que Prudence savait à
    peine son nom.

    –Il est gentil, ce garçon-là; qu'est-ce qu'il fait?

    –Il a vingt-cinq mille francs de rente.

    –Ah! vraiment! eh bien, pour en revenir à vous, Marguerite m'a
    questionnée sur votre compte; elle m'a demandé qui vous étiez, ce que
    vous faisiez, quelles avaient été vos maîtresses; enfin tout ce qu'on
    peut demander sur un homme de votre âge. Je lui ai dit tout ce que je
    sais, en ajoutant que vous êtes un charmant garçon, et voilà.

    –Je vous remercie; maintenant, dites-moi donc de quelle commission elle
    vous avait chargée hier.

    –D'aucune; c'était pour faire partir le comte, ce qu'elle disait, mais
    elle m'en a chargée d'une pour aujourd'hui, et c'est la réponse que je
    lui apporte ce soir.

    En ce moment, Marguerite sortit de son cabinet de toilette, coquettement
    coiffée de son bonnet de nuit orné de touffes de rubans jaunes, appelées
    techniquement des choux.

    Elle était ravissante ainsi.

    Elle avait ses pieds nus dans des pantoufles de satin, et achevait la
    toilette de ses ongles.

    –Eh bien, dit-elle en voyant Prudence, avez-vous vu le duc?

    –Parbleu!

    –Et que vous a-t-il dit?

    –Il m'a donné.

    –Combien?

    –Six mille.

    –Vous les avez?

    –Oui.

    –A-t-il eu l'air contrarié?

    –Non.

    –Pauvre homme!

    Ce pauvre homme! fut dit d'un ton impossible à rendre. Marguerite prit
    les six billets de mille francs.

    –Il était temps, dit-elle. Ma chère Prudence, avez-vous besoin
    d'argent?

    –Vous savez, mon enfant, que c'est dans deux jours le 15, si vous
    pouviez me prêter trois ou quatre cents francs, vous me rendriez
    service.

    –Envoyez demain matin, il est trop tard pour faire changer.

    –N'oubliez pas.

    –Soyez tranquille. Soupez-vous avec nous?

    –Non, Charles m'attend chez moi.

    –Vous en êtes donc toujours folle?

    –Toquée, ma chère! A demain. Adieu, Armand.

    Madame Duvernoy sortit.

    Marguerite ouvrit son étagère et jeta dedans les billets de banque.

    –Vous permettez que je me couche! dit-elle en souriant et en se
    dirigeant vers son lit.

    –Non seulement je vous le permets, mais encore je vous en prie.

    Elle rejeta sur le pied de son lit la guipure qui le couvrait et se
    coucha.

    –Maintenant, dit-elle, venez vous asseoir près de moi et causons.

    Prudence avait raison: la réponse qu'elle avait apportée à Marguerite
    l'égayait.

    –Vous me pardonnez ma mauvaise humeur de ce soir? me dit-elle en me
    prenant la main.

    –Je suis prêt à vous en pardonner bien d'autres.

    –Et vous m'aimez?

    –À en devenir fou.

    –Malgré mon mauvais caractère?

    –Malgré tout.

    –Vous me le jurez!

    –Oui, lui dis-je tout bas.

    Nanine entra alors portant des assiettes, un poulet froid, une bouteille
    de bordeaux, des fraises et deux couverts.

    –Je ne vous ai pas fait faire du punch, dit Nanine, le bordeaux est
    meilleur pour vous. N'est-ce pas, monsieur?

    –Certainement, répondis-je, tout ému encore des dernières paroles de
    Marguerite et les yeux ardemment fixés sur elle.

    –Bien, dit-elle, mets tout cela sur la petite table, approche-la du
    lit; nous nous servirons nous-mêmes. Voilà trois nuits que tu passes, tu
    dois avoir envie de dormir, va te coucher; je n'ai plus besoin de rien.

    –Faut-il fermer la porte à double tour?

    –Je le crois bien! Et surtout dis qu'on ne laisse entrer personne
    demain avant midi.

    Chapitre XII

    À cinq heures du matin, quand le jour commença à paraître à travers les
    rideaux, Marguerite me dit:

    –Pardonne-moi si je te chasse, mais il le faut. Le duc vient tous les
    matins; on va lui répondre que je dors, quand il va venir, et il
    attendra peut-être que je me réveille.

    Je pris dans mes mains la tête de Marguerite, dont les cheveux défaits
    ruisselaient autour d'elle, et je lui donnai un dernier baiser, en lui
    disant:

    –Quand te reverrai-je?

    –Écoute, reprit-elle, prends cette petite clef dorée qui est sur la
    cheminée, va ouvrir cette porte; rapporte la clef ici et va-t'en. Dans
    la journée, tu recevras une lettre et mes ordres, car tu sais que tu
    dois obéir aveuglément.

    –Oui, et si je demandais déjà quelque chose?

    –Quoi donc?

    –Que tu me laissasses cette clef.

    –Je n'ai jamais fait pour personne ce que tu me demandes là.

    –Eh bien, fais-le pour moi, car je te jure que, moi, je ne t'aime pas
    comme les autres t'aimaient.

    –Eh bien, garde-la; mais je te préviens qu'il ne dépend que de moi que
    cette clef ne te serve à rien.

    –Pourquoi?

    –Il y a des verrous en dedans de la porte.

    –Méchante!

    –Je les ferai ôter.

    –Tu m'aimes donc un peu?

    –Je ne sais pas comment cela se fait, mais il me semble que oui.
    Maintenant va-t'en; je tombe de sommeil.

    Nous restâmes quelques secondes dans les bras l'un de l'autre, et je
    partis.

    Les rues étaient désertes, la grande ville dormait encore, une douce
    fraîcheur courait dans ces quartiers que le bruit des hommes allait
    envahir quelques heures plus tard.

    Il me sembla que cette ville endormie m'appartenait; je cherchais dans
    mon souvenir les noms de ceux dont j'avais jusqu'alors envié le bonheur;
    et je ne m'en rappelais pas un sans me trouver plus heureux que lui.

    Être aimé d'une jeune fille chaste, lui révéler le premier cet étrange
    mystère de l'amour, certes, c'est une grande félicité, mais c'est la
    chose du monde la plus simple. S'emparer d'un cœur qui n'a pas
    l'habitude des attaques, c'est entrer dans une ville ouverte et sans
    garnison. L'éducation, le sentiment des devoirs et la famille sont de
    très fortes sentinelles; mais il n'y a sentinelles si vigilantes que ne
    trompe une fille de seize ans, à qui, par la voix de l'homme qu'elle
    aime, la nature donne ses premiers conseils d'amour qui sont d'autant
    plus ardents qu'ils paraissent plus purs.

    Plus la jeune fille croit au bien, plus elle s'abandonne facilement,
    sinon à l'amant, du moins à l'amour, car étant sans défiance, elle est
    sans force, et se faire aimer d'elle est un triomphe que tout homme de
    vingt-cinq ans pourra se donner quand il voudra. Et cela est si vrai que
    voyez comme on entoure les jeunes filles de surveillance et de remparts!
    Les couvents n'ont pas de murs assez hauts, les mères de serrures assez
    fortes, la religion de devoirs assez continus pour renfermer tous ces
    charmants oiseaux dans leur cage, sur laquelle on ne se donne même pas
    la peine de jeter des fleurs. Aussi comme elles doivent désirer ce monde
    qu'on leur cache, comme elles doivent croire qu'il est tentant, comme
    elles doivent écouter la première voix qui, à travers les barreaux,
    vient leur en raconter les secrets, et bénir la main qui lève, la
    première, un coin du voile mystérieux.

    Mais être réellement aimé d'une courtisane, c'est une victoire bien
    autrement difficile. Chez elles, le corps a usé l'âme, les sens ont
    brûlé le cœur, la débauche a cuirassé les sentiments. Les mots qu'on
    leur dit, elles les savent depuis longtemps; les moyens que l'on
    emploie, elles les connaissent, l'amour même qu'elles inspirent, elles
    l'ont vendu. Elles aiment par métier et non par entraînement. Elles sont
    mieux gardées par leurs calculs qu'une vierge par sa mère et son
    couvent; aussi ont-elles inventé le mot caprice pour ces amours sans
    trafic qu'elles se donnent de temps en temps comme repos, comme excuse,
    ou comme consolation; semblables à ces usuriers qui rançonnent mille
    individus, et qui croient tout racheter en prêtant un jour vingt francs
    à quelque pauvre diable qui meurt de faim, sans exiger d'intérêt et sans
    lui demander de reçu.

    Puis, quand Dieu permet l'amour à une courtisane, cet amour, qui semble
    d'abord un pardon, devient presque toujours pour elle un châtiment. Il
    n'y a pas d'absolution sans pénitence. Quand une créature, qui a tout
    son passé à se reprocher, se sent tout à coup prise d'un amour profond,
    sincère, irrésistible, dont elle ne se fût jamais crue capable; quand
    elle a avoué cet amour, comme l'homme aimé ainsi la domine! Comme il se
    sent fort avec ce droit cruel de lui dire: «vous ne faites pas plus pour
    de l'amour que vous n'avez fait pour de l'argent.»

    Alors elles ne savent quelles preuves donner. Un enfant, raconte la
    fable, après s'être longtemps amusé dans un champ à crier: «au secours!»
    Pour déranger des travailleurs, fut dévoré un jour par un ours, sans que
    ceux qu'il avait trompés si souvent crussent cette fois aux cris réels
    qu'il poussait. Il en est de même de ces malheureuses filles, quand
    elles aiment sérieusement. Elles ont menti tant de fois qu'on ne veut
    plus les croire, et elles sont, au milieu de leurs remords, dévorées par
    leur amour.

    De là, ces grands dévouements, ces austères retraites dont quelques-unes
    ont donné l'exemple.

    Mais, quand l'homme qui inspire cet amour rédempteur a l'âme assez
    généreuse pour l'accepter sans se souvenir du passé, quand il s'y
    abandonne, quand il aime enfin, comme il est aimé, cet homme épuise d'un
    coup toutes les émotions terrestres, et après cet amour son cœur sera
    fermé à tout autre.

    Ces réflexions, je ne les faisais pas le matin où je rentrais chez moi.
    Elles n'eussent pu être que le pressentiment de ce qui allait m'arriver,
    et malgré mon amour pour Marguerite, je n'entrevoyais pas de semblables
    conséquences; aujourd'hui je les fais. Tout étant irrévocablement fini,
    elles résultent naturellement de ce qui a eu lieu.

    Mais revenons au premier jour de cette liaison. Quand je rentrai,
    j'étais d'une gaieté folle. En songeant que les barrières placées par
    mon imagination entre Marguerite et moi avaient disparu, que je la
    possédais, que j'occupais un peu sa pensée, que j'avais dans ma poche la
    clef de son appartement et le droit de me servir de cette clef, j'étais
    content de la vie, fier de moi, et j'aimais Dieu qui permettait tout
    cela.

    Un jour, un jeune homme passe dans une rue, il y coudoie une femme, il
    la regarde, il se retourne, il passe. Cette femme, il ne la connaît pas,
    elle a des plaisirs, des chagrins, des amours où il n'a aucune part. Il
    n'existe pas pour elle, et peut-être, s'il lui parlait, se
    moquerait-elle de lui comme Marguerite avait fait de moi. Des semaines,
    des mois, des années s'écoulent, et tout à coup, quand ils ont suivi
    chacun leur destinée dans un ordre différent, la logique du hasard les
    ramène en face l'un de l'autre. Cette femme devient la maîtresse de cet
    homme et l'aime. Comment? Pourquoi? Leurs deux existences n'en font plus
    qu'une; à peine l'intimité existe-t-elle, qu'elle leur semble avoir
    existé toujours, et tout ce qui a précédé s'efface de la mémoire des
    deux amants. C'est curieux, avouons-le.

    Quant à moi, je ne me rappelais plus comment j'avais vécu avant la
    veille. Tout mon être s'exaltait en joie au souvenir des mots échangés
    pendant cette première nuit. Ou Marguerite était habile à tromper, ou
    elle avait pour moi une de ces passions subites qui se révèlent dès le
    premier baiser, et qui meurent quelquefois, du reste, comme elles sont
    nées.

    Plus j'y réfléchissais, plus je me disais que Marguerite n'avait aucune
    raison de feindre un amour qu'elle n'aurait pas ressenti, et je me
    disais aussi que les femmes ont deux façons d'aimer qui peuvent résulter
    l'une de l'autre: elles aiment avec le cœur ou avec les sens. Souvent
    une femme prend un amant pour obéir à la seule volonté de ses sens, et
    apprend, sans s'y être attendue, le mystère de l'amour immatériel et ne
    vit plus que par son cœur; souvent une jeune fille, ne cherchant dans le
    mariage que la réunion de deux affections pures, reçoit cette soudaine
    révélation de l'amour physique, cette énergique conclusion des plus
    chastes impressions de l'âme.

    Je m'endormis au milieu de ces pensées. Je fus réveillé par une lettre
    de Marguerite, lettre contenant ces mots:

    «Voici mes ordres: ce soir au Vaudeville. Venez pendant le troisième
    entr'acte.

    «M. G.»

    Je serrai ce billet dans un tiroir, afin d'avoir toujours la réalité
    sous la main, dans le cas où je douterais, comme cela m'arrivait par
    moments.

    Elle ne me disait pas de l'aller voir dans le jour, je n'osai me
    présenter chez elle; mais j'avais un si grand désir de la rencontrer
    avant le soir que j'allai aux Champs-Elysées, où, comme la veille, je la
    vis passer et redescendre.

    À sept heures, j'étais au Vaudeville.

    Jamais je n'étais entré si tôt dans un théâtre.

    Toutes les loges s'emplirent les unes après les autres. Une seule
    restait vide: l'avant-scène du rez-de-chaussée.

    Au commencement du troisième acte, j'entendis ouvrir la porte de cette
    loge, sur laquelle j'avais presque constamment les yeux fixés,
    Marguerite parut.

    Elle passa tout de suite sur le devant, chercha à l'orchestre, m'y vit
    et me remercia du regard.

    Elle était merveilleusement belle ce soir-là.

    Etais-je la cause de cette coquetterie? M'aimait-elle assez pour croire
    que, plus je la trouverais belle, plus je serais heureux? Je l'ignorais
    encore; mais si telle avait été son intention, elle réussissait, car,
    lorsqu'elle se montra, les têtes ondulèrent les unes vers les autres, et
    l'acteur alors en scène regarda lui-même celle qui troublait ainsi les
    spectateurs par sa seule apparition.

    Et j'avais la clef de l'appartement de cette femme, et dans trois ou
    quatre heures elle allait de nouveau être à moi.

    On blâme ceux qui se ruinent pour des actrices et des femmes
    entretenues; ce qui m'étonne, c'est qu'ils ne fassent pas pour elles
    vingt fois plus de folies. Il faut avoir vécu, comme moi, de cette
    vie-là, pour savoir combien les petites vanités de tous les jours
    qu'elles donnent à leur amant soudent fortement dans le cœur, puisque
    nous n'avons pas d'autre mot, l'amour qu'il a pour elle.

    Prudence prit place ensuite dans la loge, et un homme que je reconnus
    pour le comte de G… s'assit au fond.

    À sa vue, un froid me passa sur le cœur.

    Sans doute, Marguerite s'apercevait de l'impression produite sur moi par
    la présence de cet homme dans sa loge, car elle me sourit de nouveau, et
    tournant le dos au comte, elle parut fort attentive à la pièce. Au
    troisième entr'acte, elle se retourna, dit deux mots; le comte quitta la
    loge, et Marguerite me fit signe de venir la voir.

    –Bonsoir! me dit-elle quand j'entrai, et elle me tendit la main.

    –Bonsoir! répondis-je en m'adressant à Marguerite et à Prudence.

    –Asseyez-vous.

    –Mais je prends la place de quelqu'un. Est-ce que M. le comte de G…
    ne va pas revenir?

    –Si; je l'ai envoyé me chercher des bonbons pour que nous puissions
    causer seuls un instant. Madame Duvernoy est dans la confidence.

    –Oui, mes enfants, dit celle-ci; mais soyez tranquilles, je ne dirai
    rien.

    –Qu'avez-vous donc ce soir? dit Marguerite en se levant et en venant
    dans l'ombre de la loge m'embrasser sur le front.

    –Je suis un peu souffrant.

    –Il faut aller vous coucher, reprit-elle avec cet air ironique si bien
    fait pour sa tête fine et spirituelle.

    –Où?

    –Chez vous.

    –Vous savez bien que je n'y dormirai pas.

    –Alors, il ne faut pas venir nous faire la moue ici parce que vous avez
    vu un homme dans ma loge.

    –Ce n'est pas pour cette raison.

    –Si fait, je m'y connais, et vous avez tort; ainsi ne parlons plus de
    cela. Vous viendrez après le spectacle chez Prudence, et vous y resterez
    jusqu'à ce que je vous appelle. Entendez-vous?

    –Oui.

    Est-ce que je pouvais désobéir?

    –Vous m'aimez toujours? reprit-elle.

    –Vous me le demandez!

    –Vous avez pensé à moi?

    –Tout le jour.

    –Savez-vous que je crains décidément de devenir amoureuse de vous?
    demandez plutôt à Prudence.

    –Ah! répondit la grosse fille, c'en est assommant.

    –Maintenant, vous allez retourner à votre stalle; le comte va rentrer,
    et il est inutile qu'il vous trouve ici.

    –Pourquoi?

    –Parce que cela vous est désagréable de le voir.

    –Non; seulement si vous m'aviez dit désirer venir au Vaudeville ce
    soir, j'aurais pu vous envoyer cette loge aussi bien que lui.

    –Malheureusement, il me l'a apportée sans que je la lui demande, en
    m'offrant de m'accompagner. Vous le savez très bien, je ne pouvais pas
    refuser. Tout ce que je pouvais faire, c'était de vous écrire où
    j'allais pour que vous me vissiez, et parce que moi-même j'avais du
    plaisir à vous revoir plus tôt; mais, puisque c'est ainsi que vous me
    remerciez, je profite de la leçon.

    –J'ai tort, pardonnez-moi.

    –À la bonne heure, retournez gentiment à votre place, et surtout ne
    faites plus le jaloux.

    Elle m'embrassa de nouveau, et je sortis.

    Dans le couloir, je rencontrai le comte qui revenait.

    Je retournai à ma stalle.

    Après tout, la présence de M. de G… dans la loge de Marguerite était
    la chose la plus simple. Il avait été son amant, il lui apportait une
    loge, il l'accompagnait au spectacle, tout cela était fort naturel, et,
    du moment où j'avais pour maîtresse une fille comme Marguerite, il me
    fallait bien accepter ses habitudes.

    Je n'en fus pas moins très malheureux le reste de la soirée, et j'étais
    fort triste en m'en allant, après avoir vu Prudence, le comte et
    Marguerite monter dans la calèche qui les attendait à la porte.

    Et cependant, un quart d'heure après, j'étais chez Prudence. Elle
    rentrait à peine.

    Chapitre XIII

    –Vous êtes venu presque aussi vite que nous, me dit Prudence.

    –Oui, répondis-je machinalement. Où est Marguerite?

    –Chez elle.

    –Toute seule?

    –Avec M. de G…

    Je me promenai à grands pas dans le salon.

    –Eh bien, qu'avez-vous?

    –Croyez-vous que je trouve drôle d'attendre ici que M. de G… sorte de
    chez Marguerite?

    –Vous n'êtes pas raisonnable non plus. Comprenez donc que Marguerite ne
    peut pas mettre le comte à la porte. M. de G… a été longtemps avec
    elle, il lui a toujours donné beaucoup d'argent; il lui en donne encore.
    Marguerite dépense plus de cent mille francs par an; elle a beaucoup de
    dettes. Le duc lui envoie ce qu'elle lui demande, mais elle n'ose pas
    toujours lui demander tout ce dont elle a besoin. Il ne faut pas qu'elle
    se brouille avec le comte qui lui fait une dizaine de mille francs par
    an au moins. Marguerite vous aime bien, mon cher ami, mais votre liaison
    avec elle, dans son intérêt et dans le vôtre, ne doit pas être sérieuse.
    Ce n'est pas avec vos sept ou huit mille francs de pension que vous
    soutiendrez le luxe de cette fille-là; ils ne suffiraient pas à
    l'entretien de sa voiture. Prenez Marguerite pour ce qu'elle est, pour
    une bonne fille spirituelle et jolie; soyez son amant pendant un mois,
    deux mois; donnez-lui des bouquets, des bonbons et des loges; mais ne
    vous mettez rien de plus en tête, et ne lui faites pas des scènes de
    jalousie ridicule. Vous savez bien à qui vous avez affaire; Marguerite
    n'est pas une vertu. Vous lui plaisez, vous l'aimez bien, ne vous
    inquiétez pas du reste. Je vous trouve charmant de faire le susceptible!
    Vous avez la plus agréable maîtresse de Paris! Elle vous reçoit dans un
    appartement magnifique, elle est couverte de diamants, elle ne vous
    coûtera pas un sou, si vous le voulez, et vous n'êtes pas content. Que
    diable! Vous en demandez trop.

    –Vous avez raison, mais c'est plus fort que moi, l'idée que cet homme
    est son amant me fait un mal affreux.

    –D'abord, reprit Prudence, est-il encore son amant? C'est un homme dont
    elle a besoin, voilà tout. Depuis deux jours, elle lui fait fermer sa
    porte; il est venu ce matin, elle n'a pas pu faire autrement que
    d'accepter sa loge et de le laisser l'accompagner. Il l'a reconduite, il
    monte un instant chez elle, il n'y reste pas, puisque vous attendez ici.
    Tout cela est bien naturel, il me semble. D'ailleurs vous acceptez bien
    le duc?

    –Oui, mais celui-là est un vieillard, et je suis sûr que Marguerite
    n'est pas sa maîtresse. Puis, on peut souvent accepter une liaison et
    n'en pas accepter deux. Cette facilité ressemble trop à un calcul et
    rapproche l'homme qui y consent, même par amour, de ceux qui, un étage
    plus bas, font un métier de ce consentement et un profit de ce métier.

    –Ah! Mon cher, que vous êtes arriéré! Combien en ai-je vus, et des plus
    nobles, des plus élégants, des plus riches, faire ce que je vous
    conseille et cela, sans efforts, sans honte, sans remords! Mais cela se
    voit tous les jours. Mais comment voudriez-vous que les femmes
    entretenues de Paris fissent pour soutenir le train qu'elles mènent, si
    elles n'avaient pas trois ou quatre amants à la fois? Il n'y a pas de
    fortune, si considérable qu'elle soit, qui puisse subvenir seule aux
    dépenses d'une femme comme Marguerite. Une fortune de cinq cent mille
    francs de rente est une fortune énorme en France; eh bien, mon cher ami,
    cinq cent mille francs de rente n'en viendraient pas à bout, et voici
    pourquoi: un homme qui a un pareil revenu a une maison montée, des
    chevaux, des domestiques, des voitures, des chasses, des amis; souvent
    il est marié, il a des enfants, il fait courir, il joue, il voyage, que
    sais-je, moi! Toutes ces habitudes sont prises de telle façon qu'il ne
    peut s'en défaire sans passer pour être ruiné et sans faire scandale.
    Tout compte fait, avec cinq cent mille francs par an, il ne peut pas
    donner à une femme plus de quarante ou cinquante mille francs dans
    l'année, et encore c'est beaucoup. Eh bien, d'autres amours complètent
    la dépense annuelle de la femme. Avec Marguerite, c'est encore plus
    commode; elle est tombée par un miracle du ciel sur un vieillard riche à
    dix millions, dont la femme et la fille sont mortes, qui n'a plus que
    des neveux riches eux-mêmes, qui lui donne tout ce qu'elle veut sans
    rien lui demander en échange; mais elle ne peut pas lui demander plus de
    soixante-dix mille francs par an, et je suis sûre que si elle lui en
    demandait davantage, malgré sa fortune et l'affection qu'il a pour elle,
    il le lui refuserait.

    «Tous ces jeunes gens ayant vingt ou trente mille livres de rente à
    Paris, c'est-à-dire à peine de quoi vivre dans le monde qu'ils
    fréquentent, savent très bien, quand ils sont les amants d'une femme
    comme Marguerite, qu'elle ne pourrait pas seulement payer son
    appartement et ses domestiques avec ce qu'ils lui donnent. Ils ne lui
    disent pas qu'ils le savent, ils ont l'air de ne rien voir, et quand ils
    en ont assez ils s'en vont. S'ils ont la vanité de suffire à tout, ils
    se ruinent comme des sots et vont se faire tuer en Afrique après avoir
    laissé cent mille francs de dettes à Paris. Croyez-vous que la femme
    leur en soit reconnaissante? Pas le moins du monde. Au contraire, elle
    dit qu'elle leur a sacrifié sa position et que, pendant qu'elle était
    avec eux, elle perdait de l'argent. Ah! vous trouvez tous ces détails
    honteux, n'est-ce pas? Ils sont vrais. Vous êtes un charmant garçon, que
    j'aime de tout mon cœur; je vis depuis vingt ans parmi les femmes
    entretenues, je sais ce qu'elles sont et ce qu'elles valent, et je ne
    voudrais pas vous voir prendre au sérieux le caprice qu'une jolie fille
    a pour vous.

    «Puis, outre cela, admettons, continua Prudence, que Marguerite vous
    aime assez pour renoncer au comte et au duc, dans le cas où celui-ci
    s'apercevrait de votre liaison et lui dirait de choisir entre vous et
    lui, le sacrifice qu'elle vous ferait serait énorme, c'est
    incontestable. Quel sacrifice égal pourriez-vous lui faire, vous? Quand
    la satiété serait venue, quand vous n'en voudriez plus enfin, que
    feriez-vous pour la dédommager de ce que vous lui auriez fait perdre?
    Rien. Vous l'auriez isolée du monde dans lequel étaient sa fortune et
    son avenir, elle vous aurait donné ses plus belles années, et elle
    serait oubliée. Ou vous seriez un homme ordinaire, alors, lui jetant son
    passé à la face, vous lui diriez qu'en la quittant vous ne faites
    qu'agir comme ses autres amants, et vous l'abandonneriez à une misère
    certaine; ou vous seriez un honnête homme, et, vous croyant forcé de la
    garder auprès de vous, vous vous livreriez vous-même à un malheur
    inévitable, car cette liaison, excusable chez le jeune homme, ne l'est
    plus chez l'homme mûr. Elle devient un obstacle à tout, elle ne permet
    ni la famille, ni l'ambition, ces secondes et dernières amours de
    l'homme. Croyez-m'en donc, mon ami, prenez les choses pour ce qu'elles
    valent, les femmes pour ce qu'elles sont, et ne donnez pas à une fille
    entretenue le droit de se dire votre créancière en quoi que ce soit.

    C'était sagement raisonné et d'une logique dont j'aurais cru Prudence
    incapable. Je ne trouvai rien à lui répondre, sinon qu'elle avait
    raison; je lui donnai la main et la remerciai de ses conseils.

    –Allons, allons, me dit-elle, chassez-moi ces mauvaises théories, et
    riez; la vie est charmante, mon cher, c'est selon le verre par lequel on
    la regarde. Tenez, consultez votre ami Gaston, en voilà un qui me fait
    l'effet de comprendre l'amour comme je le comprends. Ce dont il faut que
    vous soyez convaincu, sans quoi vous deviendrez un garçon insipide,
    c'est qu'il y a à côté d'ici une belle fille qui attend impatiemment que
    l'homme qui est chez elle s'en aille, qui pense à vous, qui vous garde
    sa nuit et qui vous aime, j'en suis certaine. Maintenant venez vous
    mettre à la fenêtre avec moi, et regardons partir le comte qui ne va pas
    tarder à nous laisser la place.

    Prudence ouvrit une fenêtre, et nous nous accoudâmes à côté l'un de
    l'autre sur le balcon.

    Elle regardait les rares passants, moi je rêvais.

    Tout ce qu'elle m'avait dit me bourdonnait dans la tête, et je ne
    pouvais m'empêcher de convenir qu'elle avait raison; mais l'amour réel
    que j'avais pour Marguerite avait peine à s'accommoder de cette
    raison-là. Aussi poussais-je de temps en temps des soupirs qui faisaient
    retourner Prudence, et lui faisaient hausser les épaules comme un
    médecin qui désespère d'un malade.

    «Comme on s'aperçoit que la vie doit être courte, disais-je en moi-même,
    par la rapidité des sensations! Je ne connais Marguerite que depuis deux
    jours, elle n'est ma maîtresse que depuis hier, et elle a déjà tellement
    envahi ma pensée, mon cœur et ma vie, que la visite de ce comte de G…
    est un malheur pour moi.»

    Enfin le comte sortit, remonta dans sa voiture et disparut. Prudence
    ferma sa fenêtre.

    Au même moment Marguerite nous appelait.

    –Venez vite, on met la table, disait-elle, nous allons souper.

    Quand j'entrai chez elle, Marguerite courut à moi, me sauta au cou et
    m'embrassa de toutes ses forces.

    –Sommes-nous toujours maussade? me dit-elle.

    –Non, c'est fini, répondit Prudence, je lui ai fait de la morale, et il
    a promis d'être sage.

    –À la bonne heure!

    Malgré moi, je jetai les yeux sur le lit, il n'était pas défait; quant à
    Marguerite, elle était déjà en peignoir blanc.

    On se mit à table.

    Charme, douceur, expansion, Marguerite avait tout, et j'étais bien forcé
    de temps en temps de reconnaître que je n'avais pas le droit de lui
    demander autre chose; que bien des gens seraient heureux à ma place, et
    que, comme le berger de Virgile, je n'avais qu'à jouir des loisirs qu'un
    dieu ou plutôt qu'une déesse me faisait.

    J'essayai de mettre en pratique les théories de Prudence et d'être aussi
    gai que mes deux compagnes; mais ce qui chez elles était nature, chez
    moi était effort, et le rire nerveux que j'avais, et auquel elles se
    trompèrent, touchait de bien près aux larmes.

    Enfin le souper cessa, et je restai seul avec Marguerite. Elle alla,
    comme elle en avait l'habitude, s'asseoir sur son tapis devant le feu et
    regarder d'un air triste la flamme du foyer.

    Elle songeait! A quoi? Je l'ignore; moi, je la regardais avec amour et
    presque avec terreur en pensant à ce que j'étais prêt à souffrir pour
    elle.

    –Sais-tu à quoi je pensais?

    –Non.

    –À une combinaison que j'ai trouvée.

    –Et quelle est cette combinaison?

    –Je ne puis pas encore te la confier, mais je puis te dire ce qui en
    résulterait. Il en résulterait que dans un mois d'ici je serais libre,
    je ne devrais plus rien, et nous irions passer ensemble l'été à la
    campagne.

    –Et vous ne pouvez pas me dire par quel moyen?

    –Non, il faut seulement que tu m'aimes comme je t'aime, et tout
    réussira.

    –Et c'est vous seule qui avez trouvé cette combinaison?

    –Oui.

    –Et vous l'exécuterez seule?

    –Moi seule aurai les ennuis, me dit Marguerite avec un sourire que je
    n'oublierai jamais, mais nous partagerons les bénéfices.

    Je ne pus m'empêcher de rougir à ce mot de bénéfices; je me rappelai
    Manon Lescaut mangeant avec Desgrieux l'argent de M. de B…

    Je répondis d'un ton un peu dur et en me levant:

    –Vous me permettrez, ma chère Marguerite, de ne partager les bénéfices
    que des entreprises que je conçois et que j'exploite moi-même.

    –Qu'est-ce que cela signifie?

    –Cela signifie que je soupçonne fort M. le comte de G… d'être votre
    associé dans cette heureuse combinaison dont je n'accepte ni les charges
    ni les bénéfices.

    –Vous êtes un enfant. Je croyais que vous m'aimiez, je me suis trompée,
    c'est bien.

    Et, en même temps, elle se leva, ouvrit son piano et se remit à jouer
    l'Invitation à la valse, jusqu'à ce fameux passage en majeur qui
    l'arrêtait toujours.

    Etait-ce par habitude, ou pour me rappeler le jour où nous nous étions
    connus? Tout ce que je sais, c'est qu'avec cette mélodie les souvenirs
    me revinrent, et, m'approchant d'elle, je lui pris la tête entre mes
    mains et l'embrassai.

    –Vous me pardonnez? Lui dis-je.

    –Vous le voyez bien, me répondit-elle; mais remarquez que nous n'en
    sommes qu'au second jour, et que déjà j'ai quelque chose à vous
    pardonner. Vous tenez bien mal vos promesses d'obéissance aveugle.

    –Que voulez-vous, Marguerite, je vous aime trop, et je suis jaloux de
    la moindre de vos pensées. Ce que vous m'avez proposé tout à l'heure me
    rendrait fou de joie, mais le mystère qui précède l'exécution de ce
    projet me serre le cœur.

    –Voyons, raisonnons un peu, reprit-elle en me prenant les deux mains et
    en me regardant avec un charmant sourire auquel il m'était impossible de
    résister; vous m'aimez, n'est-ce pas? et vous seriez heureux de passer
    trois ou quatre mois à la campagne avec moi seule; moi aussi, je serais
    heureuse de cette solitude à deux, non seulement j'en serais heureuse,
    mais j'en ai besoin pour ma santé. Je ne puis quitter Paris pour un si
    long temps sans mettre ordre à mes affaires, et les affaires d'une femme
    comme moi sont toujours très embrouillées; eh bien, j'ai trouvé le moyen
    de tout concilier, mes affaires et mon amour pour vous, oui, pour vous,
    ne riez pas, j'ai la folie de vous aimer! Et voilà que vous prenez vos
    grands airs et me dites des grands mots. Enfant, trois fois enfant,
    rappelez-vous seulement que je vous aime, et ne vous inquiétez de
    rien.–Est-ce convenu, voyons?

    –Tout ce que vous voulez est convenu, vous le savez bien.

    –Alors, avant un mois, nous serons dans quelque village, à nous
    promener au bord de l'eau et à boire du lait. Cela vous semble étrange
    que je parle ainsi, moi, Marguerite Gautier; cela vient, mon ami, de ce
    que quand cette vie de Paris, qui semble me rendre si heureuse, ne me
    brûle pas, elle m'ennuie, et alors j'ai des aspirations soudaines vers
    une existence plus calme qui me rappellerait mon enfance. On a toujours
    eu une enfance, quoi que l'on soit devenue. Oh! soyez tranquille, je ne
    vais pas vous dire que je suis la fille d'un colonel en retraite et que
    j'ai été élevée à Saint-Denis. Je suis une pauvre fille de la campagne,
    et je ne savais pas écrire mon nom il y a six ans. Vous voilà rassuré,
    n'est-ce pas? Pourquoi est-ce à vous le premier à qui je m'adresse pour
    partager la joie du désir qui m'est venu? Sans doute parce que j'ai
    reconnu que vous m'aimiez pour moi et non pour vous, tandis que les
    autres ne m'ont jamais aimée que pour eux.

    «J'ai été bien souvent à la campagne, mais jamais comme j'aurais voulu y
    aller. C'est sur vous que je compte pour ce bonheur facile, ne soyez
    donc pas méchant et accordez-le-moi. Dites-vous ceci: elle ne doit pas
    vivre vieille, et je me repentirais un jour de n'avoir pas fait pour
    elle la première chose qu'elle m'a demandée, et qu'il était si facile de
    faire.

    Que répondre à de pareilles paroles, surtout avec le souvenir d'une
    première nuit d'amour, et dans l'attente d'une seconde?

    Une heure après, je tenais Marguerite dans mes bras, et elle m'eût
    demandé de commettre un crime que je lui eusse obéi.

    À six heures du matin je partis, et avant de partir je lui dis:

    –À ce soir?

    Elle m'embrassa plus fort, mais elle ne me répondit pas.

    Dans la journée, je reçus une lettre qui contenait ces mots:

    «Cher enfant, je suis un peu souffrante, et le médecin m'ordonne le
    repos. Je me coucherai de bonne heure ce soir et ne vous verrai pas.
    Mais, pour vous récompenser, je vous attendrai demain à midi. Je vous
    aime.»

    Mon premier mot fut: «elle me trompe!»

    Une sueur glacée passa sur mon front, car j'aimais déjà trop cette femme
    pour que ce soupçon ne me bouleversât point.

    Et cependant je devais m'attendre à cet événement presque tous les jours
    avec Marguerite, et cela m'était arrivé souvent avec mes autres
    maîtresses, sans que je m'en préoccupasse fort. D'où venait donc
    l'empire que cette femme prenait sur ma vie?

    Alors je songeai, puisque j'avais la clef de chez elle, à aller la voir
    comme de coutume. De cette façon, je saurais bien vite la vérité, et, si
    je trouvais un homme, je le souffletterais.

    En attendant, j'allai aux Champs-Elysées. J'y restai quatre heures. Elle
    ne parut pas. Le soir, j'entrai dans tous les théâtres où elle avait
    l'habitude d'aller. Elle n'était dans aucun.

    À onze heures, je me rendis rue d'Antin.

    Il n'y avait pas de lumière aux fenêtres de Marguerite. Je sonnai
    néanmoins. Le portier me demanda où j'allais.

    –Chez mademoiselle Gautier, lui dis-je.

    –Elle n'est pas rentrée.

    –Je vais monter l'attendre.

    –Il n'y a personne chez elle.

    Evidemment c'était là une consigne que je pouvais forcer puisque j'avais
    la clef, mais je craignis un esclandre ridicule, et je sortis.

    Seulement, je ne rentrai pas chez moi, je ne pouvais quitter la rue, et
    ne perdais pas des yeux la maison de Marguerite. Il me semblait que
    j'avais encore quelque chose à apprendre, ou du moins que mes soupçons
    allaient se confirmer.

    Vers minuit, un coupé que je connaissais bien s'arrêta vers le numéro 9.

    Le comte de G… en descendit et entra dans la maison, après avoir
    congédié sa voiture.

    Un moment j'espérai que, comme à moi, on allait lui dire que Marguerite
    n'était pas chez elle, et que j'allais le voir sortir; mais à quatre
    heures du matin j'attendais encore.

    J'ai bien souffert depuis trois semaines, mais ce n'est rien, je crois,
    en comparaison de ce que je souffris cette nuit-là.

    Chapitre XIV

    Rentré chez moi, je me mis à pleurer comme un enfant. Il n'y a pas
    d'homme qui n'ait été trompé au moins une fois, et qui ne sache ce que
    l'on souffre.

    Je me dis, sous le poids de ces résolutions de la fièvre que l'on croit
    toujours avoir la force de tenir, qu'il fallait rompre immédiatement
    avec cet amour, et j'attendis le jour avec impatience pour aller retenir
    ma place, retourner auprès de mon père et de ma sœur, double amour dont
    j'étais certain, et qui ne me tromperait pas, lui.

    Cependant je ne voulais pas partir sans que Marguerite sût bien pourquoi
    je partais. Seul, un homme qui n'aime décidément plus sa maîtresse la
    quitte sans lui écrire.

    Je fis et refis vingt lettres dans ma tête.

    J'avais eu affaire à une fille semblable à toutes les filles
    entretenues, je l'avais beaucoup trop poétisée, elle m'avait traité en
    écolier, en employant, pour me tromper, une ruse d'une simplicité
    insultante, c'était clair. Mon amour-propre prit alors le dessus. Il
    fallait quitter cette femme sans lui donner la satisfaction de savoir ce
    que cette rupture me faisait souffrir, et voici ce que je lui écrivis de
    mon écriture la plus élégante, et des larmes de rage et de douleur dans
    les yeux:

    «Ma chère Marguerite,

    «J'espère que votre indisposition d'hier aura été peu de chose. J'ai
    été, à onze heures du soir, demander de vos nouvelles, et l'on m'a
    répondu que vous n'étiez pas rentrée. M. de G… a été plus heureux que
    moi, car il s'est présenté quelques instants après, et à quatre heures
    du matin il était encore chez vous.

    «Pardonnez-moi les quelques heures ennuyeuses que je vous ai fait
    passer, et soyez sûre que je n'oublierai jamais les moments heureux que
    je vous dois.

    «Je serais bien allé savoir de vos nouvelles aujourd'hui, mais je compte
    retourner près de mon père.

    «Adieu, ma chère Marguerite; je ne suis ni assez riche pour vous aimer
    comme je le voudrais, ni assez pauvre pour vous aimer comme vous le
    voudriez. Oublions donc, vous, un nom qui doit vous être à peu près
    indifférent, moi, un bonheur qui me devient impossible.

    «Je vous renvoie votre clef, qui ne m'a jamais servi et qui pourra vous
    être utile, si vous êtes souvent malade comme vous l'étiez hier.»

    Vous le voyez, je n'avais pas eu la force de finir cette lettre sans une
    impertinente ironie, ce qui prouvait combien j'étais encore amoureux.

    Je lus et relus dix fois cette lettre, et l'idée qu'elle ferait de la
    peine à Marguerite me calma un peu. J'essayai de m'enhardir dans les
    sentiments qu'elle affectait, et quand, à huit heures, mon domestique
    entra chez moi, je la lui remis pour qu'il la portât tout de suite.

    –Faudra-t-il attendre une réponse? Me demanda Joseph (mon domestique
    s'appelait Joseph, comme tous les domestiques).

    –Si l'on vous demande s'il y a une réponse, vous direz que vous n'en
    savez rien et vous attendrez.

    Je me rattachais à cette espérance qu'elle allait me répondre.

    Pauvres et faibles que nous sommes!

    Tout le temps que mon domestique resta dehors, je fus dans une agitation
    extrême. Tantôt me rappelant comment Marguerite s'était donnée à moi, je
    me demandais de quel droit je lui écrivais une lettre impertinente,
    quand elle pouvait me répondre que ce n'était pas M. de G… qui me
    trompait, mais moi qui trompais M. de G…; raisonnement qui permet à
    bien des femmes d'avoir plusieurs amants. Tantôt, me rappelant les
    serments de cette fille, je voulais me convaincre que ma lettre était
    trop douce encore et qu'il n'y avait pas d'expressions assez fortes pour
    flétrir une femme qui se riait d'un amour aussi sincère que le mien.
    Puis, je me disais que j'aurais mieux fait de ne pas lui écrire, d'aller
    chez elle dans la journée, et que, de cette façon, j'aurais joui des
    larmes que je lui aurais fait répandre.

    Enfin, je me demandais ce qu'elle allait me répondre, déjà prêt à croire
    l'excuse qu'elle me donnerait.

    Joseph revint.

    –Eh bien? Lui dis-je.

    –Monsieur, me répondit-il, madame était couchée et dormait encore, mais
    dès qu'elle sonnera, on lui remettra la lettre, et s'il y a une réponse
    on l'apportera.

    Elle dormait!

    Vingt fois je fus sur le point de renvoyer chercher cette lettre, mais
    je me disais toujours:

    –On la lui a peut-être déjà remise, et j'aurais l'air de me repentir.

    Plus l'heure à laquelle il était vraisemblable qu'elle me répondît
    approchait, plus je regrettais d'avoir écrit.

    Dix heures, onze heures, midi sonnèrent.

    À midi, je fus au moment d'aller au rendez-vous, comme si rien ne
    s'était passé. Enfin, je ne savais qu'imaginer pour sortir du cercle de
    fer qui m'étreignait.

    Alors, je crus, avec cette superstition des gens qui attendent, que, si
    je sortais un peu, à mon retour je trouverais une réponse. Les réponses
    impatiemment attendues arrivent toujours quand on n'est pas chez soi.

    Je sortis sous prétexte d'aller déjeuner.

    Au lieu de déjeuner au café Foy, au coin du boulevard, comme j'avais
    l'habitude de le faire, je préférai aller déjeuner au Palais-Royal et
    passer par la rue d'Antin. Chaque fois que de loin j'apercevais une
    femme, je croyais voir Nanine m'apportant une réponse. Je passai rue
    d'Antin sans avoir même rencontré un commissionnaire. J'arrivai au
    Palais-Royal, j'entrai chez Véry. Le garçon me fit manger ou plutôt me
    servit ce qu'il voulut, car je ne mangeai pas.

    Malgré moi, mes yeux se fixaient toujours sur la pendule.

    Je rentrai, convaincu que j'allais trouver une lettre de Marguerite.

    Le portier n'avait rien reçu. J'espérais encore dans mon domestique.
    Celui-ci n'avait vu personne depuis mon départ.

    Si Marguerite avait dû me répondre, elle m'eût répondu depuis longtemps.

    Alors, je me mis à regretter les termes de ma lettre; j'aurais dû me
    taire complètement, ce qui eût sans doute fait faire une démarche à son
    inquiétude; car, ne me voyant pas venir au rendez-vous la veille, elle
    m'eût demandé les raisons de mon absence, et alors seulement j'eusse dû
    les lui donner. De cette façon, elle n'eût pu faire autrement que de se
    disculper, et ce que je voulais, c'était qu'elle se disculpât. Je
    sentais déjà que, quelques raisons qu'elle m'eût objectées, je les
    aurais crues, et que j'aurais mieux tout aimé que de ne plus la voir.

    J'en arrivai à croire qu'elle allait venir elle-même chez moi, mais les
    heures se passèrent et elle ne vint pas.

    Décidément, Marguerite n'était pas comme toutes les femmes, car il y en
    a bien peu qui, en recevant une lettre semblable à celle que je venais
    d'écrire, ne répondent pas quelque chose.

    À cinq heures, je courus aux Champs-Elysées.

    –Si je la rencontre, pensais-je, j'affecterai un air indifférent, et
    elle sera convaincue que je ne songe déjà plus à elle.

    Au tournant de la rue Royale, je la vis passer dans sa voiture; la
    rencontre fut si brusque que je pâlis. J'ignore si elle vit mon émotion;
    moi, j'étais si troublé que je ne vis que sa voiture.

    Je ne continuai pas ma promenade aux Champs-Elysées. Je regardai les
    affiches des théâtres, car j'avais encore une chance de la voir.

    Il y avait une première représentation au Palais-Royal. Marguerite
    devait évidemment y assister.

    J'étais au théâtre à sept heures.

    Toutes les loges s'emplirent, mais Marguerite ne parut pas.

    Alors, je quittai le Palais-Royal, et j'entrai dans tous les théâtres où
    elle allait le plus souvent, au Vaudeville, aux Variétés, à
    l'Opéra-Comique.

    Elle n'était nulle part.

    Ou ma lettre lui avait fait trop de peine pour qu'elle s'occupât de
    spectacle, ou elle craignait de se trouver avec moi, et voulait éviter
    une explication.

    Voilà ce que ma vanité me soufflait sur le boulevard, quand je
    rencontrai Gaston qui me demanda d'où je venais.

    –Du Palais-Royal.

    –Et moi de l'Opéra, me dit-il; je croyais même vous y voir.

    –Pourquoi?

    –Parce que Marguerite y était.

    –Ah! Elle y était?

    –Oui.

    –Seule?

    –Non, avec une de ses amies.

    –Voilà tout?

    –Le comte de G… est venu un instant dans sa loge; mais elle s'en est
    allée avec le duc. À chaque instant, je croyais vous voir paraître. Il y
    avait à côté de moi une stalle qui est restée vide toute la soirée, et
    j'étais convaincu qu'elle était louée par vous.

    –Mais pourquoi irais-je où Marguerite va?

    –Parce que vous êtes son amant, pardieu!

    –Et qui vous a dit cela?

    –Prudence, que j'ai rencontrée hier. Je vous en félicite, mon cher;
    c'est une jolie maîtresse que n'a pas qui veut. Gardez-la, elle vous
    fera honneur.

    Cette simple réflexion de Gaston me montra combien mes susceptibilités
    étaient ridicules.

    Si je l'avais rencontré la veille et qu'il m'eût parlé ainsi, je n'eusse
    certainement pas écrit la sotte lettre du matin.

    Je fus au moment d'aller chez Prudence et de l'envoyer dire à Marguerite
    que j'avais à lui parler; mais je craignis que pour se venger elle ne me
    répondît qu'elle ne pouvait pas me recevoir, et je rentrai chez moi
    après être passé par la rue d'Antin.

    Je demandai de nouveau à mon portier s'il avait une lettre pour moi.

    Rien! Elle aura voulu voir si je ferais quelque nouvelle démarche et si
    je rétracterais ma lettre aujourd'hui, me dis-je en me couchant; mais,
    voyant que je ne lui écris pas, elle m'écrira demain.

    Ce soir-là surtout je me repentis de ce que j'avais fait. J'étais seul
    chez moi, ne pouvant dormir, dévoré d'inquiétude et de jalousie quand,
    en laissant suivre aux choses leur véritable cours, j'aurais dû être
    auprès de Marguerite et m'entendre dire les mots charmants que je
    n'avais entendus que deux fois, et qui me brûlaient les oreilles dans ma
    solitude.

    Ce qu'il y avait d'affreux dans ma situation, c'est que le raisonnement
    me donnait tort; en effet, tout me disait que Marguerite m'aimait.
    D'abord, ce projet de passer un été avec moi seul à la campagne, puis
    cette certitude que rien ne la forçait à être ma maîtresse, puisque ma
    fortune était insuffisante à ses besoins et même à ses caprices. Il n'y
    avait donc eu chez elle que l'espérance de trouver en moi une affection
    sincère, capable de la reposer des amours mercenaires au milieu
    desquelles elle vivait, et dès le second jour je détruisais cette
    espérance, et je payais en ironie impertinente l'amour accepté pendant
    deux nuits. Ce que je faisais était donc plus que ridicule, c'était
    indélicat. Avais-je seulement payé cette femme, pour avoir le droit de
    blâmer sa vie, et n'avais-je pas l'air, en me retirant dès le second
    jour, d'un parasite d'amour qui craint qu'on ne lui donne la carte de
    son dîner? Comment! Il y avait trente-six heures que je connaissais
    Marguerite; il y en avait vingt-quatre que j'étais son amant, et je
    faisais le susceptible; et au lieu de me trouver trop heureux qu'elle
    partageât pour moi, je voulais avoir tout à moi seul, et la contraindre
    à briser d'un coup les relations de son passé qui étaient les revenus de
    son avenir. Qu'avais-je à lui reprocher? Rien. Elle m'avait écrit
    qu'elle était souffrante, quand elle eût pu me dire tout crûment, avec
    la hideuse franchise de certaines femmes, qu'elle avait un amant à
    recevoir; et au lieu de croire à sa lettre, au lieu d'aller me promener
    dans toutes les rues de Paris, excepté dans la rue d'Antin; au lieu de
    passer ma soirée avec mes amis et de me présenter le lendemain à l'heure
    qu'elle m'indiquait, je faisais l'Othello, je l'espionnais, et je
    croyais la punir en ne la voyant plus. Mais elle devait être enchantée
    au contraire de cette séparation; mais elle devait me trouver
    souverainement sot, et son silence n'était pas même de la rancune;
    c'était du dédain.

    J'aurais dû alors faire à Marguerite un cadeau qui ne lui laissât aucun
    doute sur ma générosité, et qui m'eût permis, la traitant comme une
    fille entretenue, de me croire quitte avec elle; mais j'eusse cru
    offenser par la moindre apparence de trafic, sinon l'amour qu'elle avait
    pour moi, du moins l'amour que j'avais pour elle, et puisque cet amour
    était si pur qu'il n'admettait pas le partage, il ne pouvait payer par
    un présent, si beau qu'il fût, le bonheur qu'on lui avait donné, si
    court qu'eût été ce bonheur.

    Voilà ce que je me répétais la nuit, et ce qu'à chaque instant j'étais
    prêt à aller dire à Marguerite.

    Quand le jour parut, je ne dormais pas encore, j'avais la fièvre; il
    m'était impossible de penser à autre chose qu'à Marguerite.

    Comme vous le comprenez, il fallait prendre un parti décisif, et en
    finir avec la femme ou avec mes scrupules, si toutefois elle consentait
    encore à me recevoir.

    Mais, vous le savez, on retarde toujours un parti décisif: aussi, ne
    pouvant rester chez moi, n'osant me présenter chez Marguerite, j'essayai
    un moyen de me rapprocher d'elle, moyen que mon amour-propre pourrait
    mettre sur le compte du hasard, dans le cas où il réussirait.

    Il était neuf heures; je courus chez Prudence, qui me demanda à quoi
    elle devait cette visite matinale.

    Je n'osai pas lui dire franchement ce qui m'amenait. Je lui répondis que
    j'étais sorti de bonne heure pour retenir une place à la diligence de
    C…, où demeurait mon père.

    –Vous êtes bien heureux, me dit-elle, de pouvoir quitter Paris par ce
    beau temps-là.

    Je regardai Prudence, me demandant si elle se moquait de moi.

    Mais son visage était sérieux.

    –Irez-vous dire adieu à Marguerite? reprit-elle toujours sérieusement.

    –Non.

    –Vous faites bien.

    –Vous trouvez?

    –Naturellement. Puisque vous avez rompu avec elle, à quoi bon la
    revoir?

    –Vous savez donc notre rupture?

    –Elle m'a montré votre lettre.

    –Et que vous a-t-elle dit?

    –Elle m'a dit: «Ma chère Prudence, votre protégé n'est pas poli: on
    pense ces lettres-là, mais on ne les écrit pas!»

    –Et de quel ton vous a-t-elle dit cela?

    –En riant et elle a ajouté: «Il a soupé deux fois chez moi, et il ne me
    fait même pas de visite de digestion.»

    Voilà l'effet que ma lettre et mes jalousies avaient produit. Je fus
    cruellement humilié dans la vanité de mon amour.

    –Et qu'a-t-elle fait hier au soir?

    –Elle est allée à l'opéra.

    –Je le sais. Et ensuite?

    –Elle a soupé chez elle.

    –Seule?

    –Avec le comte de G…, je crois.

    Ainsi ma rupture n'avait rien changé dans les habitudes de Marguerite.

    C'est pour ces circonstances-là que certaines gens vous disent: «Il
    fallait ne plus penser à cette femme qui ne vous aimait pas.»

    –Allons, je suis bien aise de voir que Marguerite ne se désole pas pour
    moi, repris-je avec un sourire forcé.

    –Et elle a grandement raison. Vous avez fait ce que vous deviez faire,
    vous avez été plus raisonnable qu'elle, car cette fille-là vous aimait,
    elle ne faisait que parler de vous, et aurait été capable de quelque
    folie.

    –Pourquoi ne m'a-t-elle pas répondu, puisqu'elle m'aime?

    –Parce qu'elle a compris qu'elle avait tort de vous aimer. Puis les
    femmes permettent quelquefois qu'on trompe leur amour, jamais qu'on
    blesse leur amour-propre, et l'on blesse toujours l'amour-propre d'une
    femme quand, deux jours après qu'on est son amant, on la quitte, quelles
    que soient les raisons que l'on donne à cette rupture. Je connais
    Marguerite, elle mourrait plutôt que de vous répondre.

    –Que faut-il que je fasse alors?

    –Rien. Elle vous oubliera, vous l'oublierez, et vous n'aurez rien à
    vous reprocher l'un à l'autre.

    –Mais si je lui écrivais pour lui demander pardon?

    –Gardez-vous-en bien, elle vous pardonnerait.

    Je fus sur le point de sauter au cou de Prudence.

    Un quart d'heure après, j'étais rentré chez moi et j'écrivais à
    Marguerite:

    «Quelqu'un qui se repent d'une lettre qu'il a écrite hier, qui partira
    demain si vous ne lui pardonnez, voudrait savoir à quelle heure il
    pourra déposer son repentir à vos pieds.

    «Quand vous trouvera-t-il seule? Car, vous le savez, les confessions
    doivent être faites sans témoins.»

    Je pliai cette espèce de madrigal en prose, et je l'envoyai par Joseph,
    qui remit la lettre à Marguerite elle-même, laquelle lui répondit
    qu'elle répondrait plus tard.

    Je ne sortis qu'un instant pour aller dîner, et à onze heures du soir je
    n'avais pas encore de réponse.

    Je résolus alors de ne pas souffrir plus longtemps et de partir le
    lendemain.

    En conséquence de cette résolution, convaincu que je ne m'endormirais
    pas si je me couchais, je me mis à faire mes malles.

    Chapitre XV

    Il y avait à peu près une heure que Joseph et moi nous préparions tout
    pour mon départ, lorsqu'on sonna violemment à ma porte.

    –Faut-il ouvrir? me dit Joseph.

    –Ouvrez, lui dis-je, me demandant qui pouvait venir à pareille heure
    chez moi, et n'osant croire que ce fût Marguerite.

    –Monsieur, me dit Joseph en rentrant, ce sont deux dames.

    –C'est nous, Armand, me cria une voix que je reconnus pour celle de
    Prudence.

    Je sortis de ma chambre.

    Prudence, debout, regardait les quelques curiosités de mon salon;
    Marguerite, assise sur le canapé, réfléchissait.

    Quand j'entrai, j'allai à elle, je m'agenouillai, je lui pris les deux
    mains, et, tout ému, je lui dis: pardon.

    Elle m'embrassa au front et me dit:

    –Voilà déjà trois fois que je vous pardonne.

    –J'allais partir demain.

    –En quoi ma visite peut-elle changer votre résolution? Je ne viens pas
    pour vous empêcher de quitter Paris. Je viens parce que je n'ai pas eu
    dans la journée le temps de vous répondre, et que je n'ai pas voulu vous
    laisser croire que je fusse fâchée contre vous. Encore Prudence ne
    voulait-elle pas que je vinsse; elle disait que je vous dérangerais
    peut-être.

    –Vous, me déranger, vous, Marguerite! Et comment?

    –Dame! Vous pouviez avoir une femme chez vous, répondit Prudence, et
    cela n'aurait pas été amusant pour elle d'en voir arriver deux.

    Pendant cette observation de Prudence, Marguerite me regardait
    attentivement.

    –Ma chère Prudence, répondis-je, vous ne savez pas ce que vous dites.

    –C'est qu'il est très gentil votre appartement, répliqua Prudence;
    peut-on voir la chambre à coucher!

    –Oui.

    Prudence passa dans ma chambre, moins pour la visiter que pour réparer
    la sottise qu'elle venait de dire, et nous laisser seuls, Marguerite et
    moi.

    –Pourquoi avez-vous amené Prudence? lui dis-je alors.

    –Parce qu'elle était avec moi au spectacle, et qu'en partant d'ici je
    voulais avoir quelqu'un pour m'accompagner.

    –N'étais-je pas là?

    –Oui; mais outre que je ne voulais pas vous déranger, j'étais bien sûre
    qu'en venant jusqu'à ma porte, vous me demanderiez à monter chez moi,
    et, comme je ne pouvais pas vous l'accorder, je ne voulais pas que vous
    partissiez avec le droit de me reprocher un refus.

    –Et pourquoi ne pouviez-vous pas me recevoir?

    –Parce que je suis très surveillée, et que le moindre soupçon pourrait
    me faire le plus grand tort.

    –Est-ce bien la seule raison?

    –S'il y en avait une autre, je vous la dirais; nous n'en sommes plus à
    avoir des secrets l'un pour l'autre.

    –Voyons, Marguerite, je ne veux pas prendre plusieurs chemins pour en
    arriver à ce que je veux vous dire. Franchement, m'aimez-vous un peu?

    –Beaucoup.

    –Alors, pourquoi m'avez-vous trompé?

    –Mon ami, si j'étais madame la duchesse telle ou telle, si j'avais deux
    cent mille livres de rente, que je fusse votre maîtresse et que j'eusse
    un autre amant que vous, vous auriez le droit de me demander pourquoi je
    vous trompe; mais je suis mademoiselle Marguerite Gautier, j'ai quarante
    mille francs de dettes, pas un sou de fortune, et je dépense cent mille
    francs par an; votre question devient oiseuse et ma réponse inutile.

    –C'est juste, dis-je en laissant tomber ma tête sur les genoux de
    Marguerite; mais moi je vous aime comme un fou.

    –Eh bien, mon ami, il fallait m'aimer un peu moins ou me comprendre un
    peu mieux. Votre lettre m'a fait beaucoup de peine. Si j'avais été
    libre, d'abord je n'aurais pas reçu le comte avant-hier, ou, l'ayant
    reçu, je serais venue vous demander le pardon que vous me demandiez tout
    à l'heure, et je n'aurais pas à l'avenir d'autre amant que vous. J'ai
    cru un moment que je pourrais me donner ce bonheur-là pendant six mois;
    vous ne l'avez pas voulu; vous teniez à connaître les moyens, eh! mon
    Dieu, les moyens étaient bien faciles à deviner. C'était un sacrifice
    plus grand que vous ne croyez que je faisais en les employant. J'aurais
    pu vous dire: j'ai besoin de vingt mille francs; vous étiez amoureux de
    moi, vous les eussiez trouvés, au risque de me les reprocher plus tard.
    J'ai mieux aimé ne rien vous devoir; vous n'avez pas compris cette
    délicatesse, car c'en est une. Nous autres, quand nous avons encore un
    peu de cœur, nous donnons aux mots et aux choses une extension et un
    développement inconnus aux autres femmes; je vous répète donc que, de la
    part de Marguerite Gautier, le moyen qu'elle trouvait de payer ses
    dettes sans vous demander l'argent nécessaire pour cela était une
    délicatesse dont vous devriez profiter sans rien dire. Si vous ne
    m'aviez connue qu'aujourd'hui, vous seriez trop heureux de ce que je
    vous promettrais, et vous ne me demanderiez pas ce que j'ai fait
    avant-hier. Nous sommes quelquefois forcées d'acheter une satisfaction
    pour notre âme aux dépens de notre corps, et nous souffrons bien
    davantage quand, après, cette satisfaction nous échappe.

    J'écoutais et je regardais Marguerite avec admiration. Quand je songeais
    que cette merveilleuse créature, dont j'eusse envié autrefois de baiser
    les pieds, consentait à me faire entrer pour quelque chose dans sa
    pensée, à me donner un rôle dans sa vie, et que je ne me contentais pas
    encore de ce qu'elle me donnait, je me demandais si le désir de l'homme
    a des bornes, quand, satisfait aussi promptement que le mien l'avait
    été, il tend encore à autre chose.

  • La Chartreuse De Parme

    La Chartreuse De Parme

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    LA CHARTREUSE DE PARME

    par Stendhal

    LIVRE PREMIER

    Gia mi fur dolci inviti a empir le carte
    I luoghi ameni.

    Ariost, sat. IV.

    CHAPITRE PREMIER

    Milan en 1796

    Le 15 mai 1796, le général Bonaparte fit son entrée dans Milan à la
    tête de cette jeune armée qui venait de passer le pont de Lodi, et
    d’apprendre au monde qu’après tant de siècles César et Alexandre avaient
    un successeur. Les miracles de bravoure et de génie dont l’Italie fut
    témoin en quelques mois réveillèrent un peuple endormi; huit jours
    encore avant l’arrivée des Français, les Milanais ne voyaient en eux
    qu’un ramassis de brigands, habitués à fuir toujours devant les troupes
    de Sa Majesté Impériale et Royale: c’était du moins ce que leur répétait
    trois fois la semaine un petit journal grand comme la main, imprimé sur
    du papier sale.

    Au Moyen Age, les Lombards républicains avaient fait preuve d’une
    bravoure égale à celle des Français, et ils méritèrent de voir leur
    ville entièrement rasée par les empereurs d’Allemagne. Depuis qu’ils
    étaient devenus de fidèles sujets, leur grande affaire était d’imprimer
    des sonnets sur de petits mouchoirs de taffetas rose quand arrivait le
    mariage d’une jeune fille appartenant à quelque famille noble ou riche.
    Deux ou trois ans après cette grande époque de sa vie, cette jeune fille
    prenait un cavalier servant: quelquefois le nom du sigisbée choisi par
    la famille du mari occupait une place honorable dans le contrat de
    mariage. Il y avait loin de ces mœurs efféminées aux émotions profondes
    que donna l’arrivée imprévue de l’armée française. Bientôt surgirent
    des mœurs nouvelles et passionnées. Un peuple tout entier s’aperçut,
    le 15 mai 1796, que tout ce qu’il avait respecté jusque-là était
    souverainement ridicule et quelquefois odieux. Le départ du dernier
    régiment de l’Autriche marqua la chute des idées anciennes: exposer sa
    vie devint à la mode; on vit que pour être heureux après des siècles
    de sensations affadissantes, il fallait aimer la patrie d’un amour
    réel et chercher les actions héroïques. On était plongé dans une nuit
    profonde par la continuation du despotisme jaloux de Charles Quint et de
    Philippe II; on renversa leurs statues, et tout à coup l’on se trouva
    inondé de lumière. Depuis une cinquantaine d’années, et à mesure que
    l’Encyclopédie et Voltaire éclataient en France, les moines criaient au
    bon peuple de Milan, qu’apprendre à lire ou quelque chose au monde était
    une peine fort inutile, et qu’en payant bien exactement la dîme à son
    curé, et lui racontant fidèlement tous ses petits péchés, on était à
    peu près sûr d’avoir une belle place au paradis. Pour achever d’énerver
    ce peuple autrefois si terrible et si raisonneur, l’Autriche lui avait
    vendu à bon marché le privilège de ne point fournir de recrues à son
    armée.

    En 1796, l’armée milanaise se composait de vingt-quatre faquins habillés
    de rouge, lesquels gardaient la ville de concert avec quatre magnifiques
    régiments de grenadiers hongrois. La liberté des mœurs était extrême,
    mais la passion fort rare; d’ailleurs, outre le désagrément de devoir
    tout raconter au curé, sous peine de ruine même en ce monde, le bon
    peuple de Milan était encore soumis à certaines petites entraves
    monarchiques qui ne laissaient pas que d’être vexantes. Par exemple
    l’archiduc, qui résidait à Milan et gouvernait au nom de l’Empereur,
    son cousin, avait eu l’idée lucrative de faire le commerce des blés. En
    conséquence, défense aux paysans de vendre leurs grains jusqu’à ce que
    Son Altesse eût rempli ses magasins.

    En mai 1796, trois jours après l’entrée des Français, un jeune peintre
    en miniature, un peu fou, nommé Gros, célèbre depuis, et qui était venu
    avec l’armée, entendant raconter au grand café des Servi (à la mode
    alors) les exploits de l’archiduc, qui de plus était énorme, prit la
    liste des glaces imprimée en placard sur une feuille de vilain papier
    jaune. Sur le revers de la feuille il dessina le gros archiduc; un
    soldat français lui donnait un coup de baïonnette dans le ventre, et,
    au lieu de sang, il en sortait une quantité de blé incroyable. La chose
    nommée plaisanterie ou caricature n’était pas connue en ce pays de
    despotisme cauteleux. Le dessin laissé par Gros sur la table du café
    des Servi parut un miracle descendu du ciel; il fut gravé dans la nuit,
    et le lendemain on en vendit vingt mille exemplaires.

    Le même jour, on affichait l’avis d’une contribution de guerre de six
    millions, frappée pour les besoins de l’armée française, laquelle,
    venant de gagner six batailles et de conquérir vingt provinces, manquait
    seulement de souliers, de pantalons, d’habits et de chapeaux.

    La masse de bonheur et de plaisir qui fit irruption en Lombardie avec
    ces Français si pauvres fut telle que les prêtres seuls et quelques
    nobles s’aperçurent de la lourdeur de cette contribution de six
    millions, qui, bientôt, fut suivie de beaucoup d’autres. Ces soldats
    français riaient et chantaient toute la journée; ils avaient moins
    de vingt-cinq ans, et leur général en chef, qui en avait vingt-sept,
    passait pour l’homme le plus âgé de son armée. Cette gaieté, cette
    jeunesse, cette insouciance, répondaient d’une façon plaisante aux
    prédications furibondes des moines qui, depuis six mois, annonçaient du
    haut de la chaire sacrée que les Français étaient des monstres, obligés,
    sous peine de mort, à tout brûler et à couper la tête à tout le monde. A
    cet effet, chaque régiment marchait avec la guillotine en tête.

    Dans les campagnes l’on voyait sur la porte des chaumières le soldat
    français occupé à bercer le petit enfant de la maîtresse du logis, et
    presque chaque soir quelque tambour, jouant du violon, improvisait un
    bal. Les contredanses se trouvant beaucoup trop savantes et compliquées
    pour que les soldats, qui d’ailleurs ne les savaient guère, pussent les
    apprendre aux femmes du pays, c’étaient celles-ci qui montraient aux
    jeunes Français la Monférine, la Sauteuse et autres danses italiennes.

    Les officiers avaient été logés, autant que possible, chez les gens
    riches; ils avaient bon besoin de se refaire. Par exemple, un lieutenant
    nommé Robert eut un billet de logement pour le palais de la marquise
    del Dongo. Cet officier, jeune réquisitionnaire assez leste, possédait
    pour tout bien, en entrant dans ce palais, un écu de six francs qu’il
    venait de recevoir à Plaisance. Après le passage du pont de Lodi, il
    prit à un bel officier autrichien tué par un boulet un magnifique
    pantalon de nankin tout neuf, et jamais vêtement ne vint plus à propos.
    Ses épaulettes d’officier étaient en laine, et le drap de son habit
    était cousu à la doublure des manches pour que les morceaux tinssent
    ensemble; mais il y avait une circonstance plus triste: les semelles
    de ses souliers étaient en morceaux de chapeau également pris sur le
    champ de bataille, au-delà du pont de Lodi. Ces semelles improvisées
    tenaient au-dessus des souliers par des ficelles fort visibles, de façon
    que lorsque le majordome de la maison se présenta dans la chambre du
    lieutenant Robert pour l’inviter à dîner avec Mme la marquise, celui-ci
    fut plongé dans un mortel embarras. Son voltigeur et lui passèrent les
    deux heures qui les séparaient de ce fatal dîner à tâcher de recoudre
    un peu l’habit et à teindre en noir avec de l’encre les malheureuses
    ficelles des souliers. Enfin le moment terrible arriva. «De la vie je
    ne fus plus mal à mon aise, me disait le lieutenant Robert; ces dames
    pensaient que j’allais leur faire peur, et moi j’étais plus tremblant
    qu’elles. Je regardais mes souliers et ne savais comment marcher avec
    grâce. La marquise del Dongo, ajoutait-il, était alors dans tout l’éclat
    de sa beauté: vous l’avez connue avec ses yeux si beaux et d’une douceur
    angélique et ses jolis cheveux d’un blond foncé qui dessinaient si
    bien l’ovale de cette figure charmante. J’avais dans ma chambre une
    Hérodiade de Léonard de Vinci qui semblait son portrait. Dieu voulut
    que je fusse tellement saisi de cette beauté surnaturelle que j’en
    oubliai mon costume. Depuis deux ans je ne voyais que des choses laides
    et misérables dans les montagnes du pays de Gênes: j’osai lui adresser
    quelques mots sur mon ravissement.

    «Mais j’avais trop de sens pour m’arrêter longtemps dans le genre
    complimenteur. Tout en tournant mes phrases, je voyais, dans une salle
    à manger toute de marbre, douze laquais et des valets de chambre vêtus
    avec ce qui me semblait alors le comble de la magnificence. Figurez-vous
    que ces coquins-là avaient non seulement de bons souliers, mais encore
    des boucles d’argent. Je voyais du coin de l’œil tous ces regards
    stupides fixés sur mon habit, et peut-être aussi sur mes souliers, ce
    qui me perçait le cœur. J’aurais pu d’un mot faire peur à tous ces gens;
    mais comment les mettre à leur place sans courir le risque d’effaroucher
    les dames? car la marquise pour se donner un peu de courage, comme elle
    me l’a dit cent fois depuis, avait envoyé prendre au couvent où elle
    était pensionnaire en ce temps-là, Gina del Dongo, sœur de son mari,
    qui fut depuis cette charmante comtesse Pietranera: personne dans la
    prospérité ne la surpassa par la gaieté et l’esprit aimable, comme
    personne ne la surpassa par le courage et la sérénité d’âme dans la
    fortune contraire.

    «Gina, qui pouvait avoir alors treize ans, mais qui en paraissait
    dix-huit, vive et franche, comme vous savez, avait tant de peur
    d’éclater de rire en présence de mon costume, qu’elle n’osait
    pas manger; la marquise, au contraire, m’accablait de politesses
    contraintes; elle voyait fort bien dans mes yeux des mouvements
    d’impatience. En un mot, je faisais une sotte figure, je mâchais le
    mépris, chose qu’on dit impossible à un Français. Enfin une idée
    descendue du ciel vint m’illuminer: je me mis à raconter à ces dames
    ma misère, et ce que nous avions souffert depuis deux ans dans les
    montagnes du pays de Gênes où nous retenaient de vieux généraux
    imbéciles. Là, disais-je, on nous donnait des assignats qui n’avaient
    pas cours dans le pays, et trois onces de pain par jour. Je n’avais pas
    parlé deux minutes, que la bonne marquise avait les larmes aux yeux, et
    la Gina était devenue sérieuse.

    «–Quoi, monsieur le lieutenant, me disait celle-ci, trois onces de pain!

    «–Oui, mademoiselle; mais en revanche la distribution manquait trois
    fois la semaine, et comme les paysans chez lesquels nous logions étaient
    encore plus misérables que nous, nous leur donnions un peu de notre pain.

    «En sortant de table, j’offris mon bras à la marquise jusqu’à la porte
    du salon, puis, revenant rapidement sur mes pas, je donnai au domestique
    qui m’avait servi à table cet unique écu de six francs sur l’emploi
    duquel j’avais fait tant de châteaux en Espagne.

    «Huit jours après, continuait Robert, quand il fut bien avéré que les
    Français ne guillotinaient personne, le marquis del Dongo revint de son
    château de Grianta, sur le lac de Côme, où bravement il s’était réfugié
    à l’approche de l’armée, abandonnant aux hasards de la guerre sa jeune
    femme si belle et sa sœur. La haine que ce marquis avait pour nous était
    égale à sa peur, c’est-à-dire incommensurable: sa grosse figure pâle
    et dévote était amusante à voir quand il me faisait des politesses. Le
    lendemain de son retour à Milan, je reçus trois aunes de drap et deux
    cents francs sur la contribution des six millions: je me remplumai, et
    devins le chevalier de ces dames, car les bals commencèrent.

    L’histoire du lieutenant Robert fut à peu près celle de tous les
    Français; au lieu de se moquer de la misère de ces braves soldats, on en
    eut pitié, et on les aima.

    Cette époque de bonheur imprévu et d’ivresse ne dura que deux petites
    années; la folie avait été si excessive et si générale, qu’il me serait
    impossible d’en donner une idée, si ce n’est par cette réflexion
    historique et profonde: ce peuple s’ennuyait depuis cent ans.

    La volupté naturelle aux pays méridionaux avait régné jadis à la cour
    des Visconti et des Sforce, ces fameux ducs de Milan. Mais depuis l’an
    1635, que les Espagnols s’étaient emparés du Milanais, et emparés en
    maîtres taciturnes, soupçonneux, orgueilleux, et craignant toujours la
    révolte, la gaieté s’était enfuie. Les peuples, prenant les mœurs de
    leurs maîtres, songeaient plutôt à se venger de la moindre insulte par
    un coup de poignard qu’à jouir du moment présent.

    La joie folle, la gaieté, la volupté, l’oubli de tous les sentiments
    tristes, ou seulement raisonnables, furent poussés à un tel point,
    depuis le 15 mai 1796, que les Français entrèrent à Milan, jusqu’en
    avril 1799, qu’ils en furent chassés à la suite de la bataille de
    Cassano, que l’on a pu citer de vieux marchands millionnaires, de vieux
    usuriers, de vieux notaires qui, pendant cet intervalle, avaient oublié
    d’être moroses et de gagner de l’argent.

    Tout au plus eût-il été possible de compter quelques familles
    appartenant à la haute noblesse, qui s’étaient retirées dans leurs
    palais à la campagne, comme pour bouder contre l’allégresse générale
    et l’épanouissement de tous les cœurs. Il est véritable aussi que ces
    familles nobles et riches avaient été distinguées d’une manière fâcheuse
    dans la répartition des contributions de guerre demandées pour l’armée
    française.

    Le marquis del Dongo, contrarié de voir tant de gaieté, avait été un des
    premiers à regagner son magnifique château de Grianta, au-delà de Côme,
    où les dames menèrent le lieutenant Robert. Ce château, situé dans une
    position peut-être unique au monde, sur un plateau de cent cinquante
    pieds au-dessus de ce lac sublime dont il domine une grande partie,
    avait été une place forte. La famille del Dongo le fit construire au
    quinzième siècle, comme le témoignaient de toutes parts les marbres
    chargés de ses armes; on y voyait encore des ponts-levis et des fossés
    profonds, à la vérité privés d’eau; mais avec ces murs de quatre-vingts
    pieds de haut et de six pieds d’épaisseur, ce château était à l’abri
    d’un coup de main; et c’est pour cela qu’il était cher au soupçonneux
    marquis. Entouré de vingt-cinq ou trente domestiques qu’il supposait
    dévoués, apparemment parce qu’il ne leur parlait jamais que l’injure à
    la bouche, il était moins tourmenté par la peur qu’à Milan.

    Cette peur n’était pas tout à fait gratuite: il correspondait fort
    activement avec un espion placé par l’Autriche sur la frontière suisse
    à trois lieues de Grianta, pour faire évader les prisonniers faits sur
    le champ de bataille, ce qui aurait pu être pris au sérieux par les
    généraux français.

    Le marquis avait laissé sa jeune femme à Milan: elle y dirigeait
    les affaires de la famille, elle était chargée de faire face aux
    contributions imposées à la casa del Dongo, comme on dit dans le pays;
    elle cherchait à les faire diminuer, ce qui l’obligeait à voir ceux des
    nobles qui avaient accepté des fonctions publiques, et même quelques
    non nobles fort influents. Il survint un grand événement dans cette
    famille. Le marquis avait arrangé le mariage de sa jeune sœur Gina avec
    un personnage fort riche et de la plus haute naissance; mais il portait
    de la poudre: à ce titre, Gina le recevait avec des éclats de rire, et
    bientôt elle fit la folie d’épouser le comte Pietranera. C’était à la
    vérité un fort bon gentilhomme, très bien fait de sa personne, mais
    ruiné de père en fils, et, pour comble de disgrâce, partisan fougueux
    des idées nouvelles. Pietranera était sous-lieutenant dans la légion
    italienne, surcroît de désespoir pour le marquis.

    Après ces deux années de folie et de bonheur, le Directoire de Paris,
    se donnant des airs de souverain bien établi, montra une haine mortelle
    pour tout ce qui n’était pas médiocre. Les généraux ineptes qu’il donna
    à l’armée d’Italie perdirent une suite de batailles dans ces mêmes
    plaines de Vérone, témoins deux ans auparavant des prodiges d’Arcole
    et de Lonato. Les Autrichiens se rapprochèrent de Milan; le lieutenant
    Robert, devenu chef de bataillon et blessé à la bataille de Cassano,
    vint loger pour la dernière fois chez son amie la marquise del Dongo.
    Les adieux furent tristes; Robert partit avec le comte Pietranera qui
    suivait les Français dans leur retraite sur Novi. La jeune comtesse, à
    laquelle son frère refusa de payer sa légitime, suivit l’armée montée
    sur une charrette.

    Alors commença cette époque de réaction et de retour aux idées
    anciennes, que les Milanais appellent «i tredici mesi» (les treize
    mois), parce qu’en effet leur bonheur voulut que ce retour à la sottise
    ne durât que treize mois, jusqu’à Marengo. Tout ce qui était vieux,
    dévot, morose, reparut à la tête des affaires, et reprit la direction
    de la société: bientôt les gens restés fidèles aux bonnes doctrines
    publièrent dans les villages que Napoléon avait été pendu par les
    Mameluks en Egypte, comme il le méritait à tant de titres.

    Parmi ces hommes qui étaient allés bouder dans leurs terres et qui
    revenaient altérés de vengeance, le marquis del Dongo se distinguait par
    sa fureur; son exagération le porta naturellement à la tête du parti.
    Ces messieurs, fort honnêtes gens quand ils n’avaient pas peur, mais qui
    tremblaient toujours, parvinrent à circonvenir le général autrichien:
    assez bon homme, il se laissa persuader que la sévérité était de la
    haute politique, et fit arrêter cent cinquante patriotes: c’était bien
    alors ce qu’il y avait de mieux en Italie.

    Bientôt on les déporta aux bouches de Cattaro, et jetés dans des grottes
    souterraines, l’humidité et surtout le manque de pain firent bonne et
    prompte justice de tous ces coquins.

    Le marquis del Dongo eut une grande place, et, comme il joignait une
    avarice sordide à une foule d’autres belles qualités, il se vanta
    publiquement de ne pas envoyer un écu à sa sœur, la comtesse Pietranera:
    toujours folle d’amour, elle ne voulait pas quitter son mari, et mourait
    de faim en France avec lui. La bonne marquise était désespérée; enfin
    elle réussit à dérober quelques petits diamants dans son écrin, que son
    mari lui reprenait tous les soirs pour l’enfermer sous son lit dans une
    caisse de fer: la marquise avait apporté huit cent mille francs de dot
    à son mari, et recevait quatre-vingts francs par mois pour ses dépenses
    personnelles. Pendant les treize mois que les Français passèrent hors de
    Milan, cette femme si timide trouva des prétextes et ne quitta pas le
    noir.

    Nous avouerons que, suivant l’exemple de beaucoup de graves auteurs,
    nous avons commencé l’histoire de notre héros une année avant sa
    naissance. Ce personnage essentiel n’est autre, en effet, que Fabrice
    Valserra, marchesino del Dongo, comme on dit à Milan 1. Il venait
    justement de se donner la peine de naître lorsque les Français furent
    chassés, et se trouvait, par le hasard de la naissance, le second fils
    de ce marquis del Dongo si grand seigneur, et dont vous connaissez déjà
    le gros visage blême, le sourire faux et la haine sans bornes pour les
    idées nouvelles. Toute la fortune de la maison était substituée au fils
    aîné Ascanio del Dongo, le digne portrait de son père. Il avait huit
    ans, et Fabrice deux, lorsque tout à coup ce général Bonaparte, que
    tous les gens bien nés croyaient pendu depuis longtemps, descendit du
    mont Saint-Bernard. Il entra dans Milan: ce moment est encore unique
    dans l’histoire; figurez-vous tout un peuple amoureux fou. Peu de jours
    après, Napoléon gagna la bataille de Marengo. Le reste est inutile à
    dire. L’ivresse des Milanais fut au comble; mais, cette fois, elle
    était mélangée d’idées de vengeance: on avait appris la haine à ce bon
    peuple. Bientôt l’on vit arriver ce qui restait des patriotes déportés
    aux bouches de Cattaro; leur retour fut célébré par une fête nationale.
    Leurs figures pâles, leurs grands yeux étonnés, leurs membres amaigris,
    faisaient un étrange contraste avec la joie qui éclatait de toutes
    parts. Leur arrivée fut le signal du départ pour les familles les plus
    compromises. Le marquis del Dongo fut des premiers à s’enfuir à son
    château de Grianta. Les chefs des grandes familles étaient remplis
    de haine et de peur; mais leurs femmes, leurs filles, se rappelaient
    les joies du premier séjour des Français, et regrettaient Milan et
    les bals si gais, qui aussitôt après Marengo s’organisèrent à la Casa
    Tanzi. Peu de jours après la victoire, le général français, chargé de
    maintenir la tranquillité dans la Lombardie, s’aperçut que tous les
    fermiers des nobles, que toutes les vieilles femmes de la campagne,
    bien loin de songer encore à cette étonnante victoire de Marengo qui
    avait changé les destinées de l’Italie, et reconquis treize places
    fortes en un jour, n’avaient l’âme occupée que d’une prophétie de saint
    Giovita, le premier patron de Brescia. Suivant cette parole sacrée,
    les prospérités des Français et de Napoléon devaient cesser treize
    semaines juste après Marengo. Ce qui excuse un peu le marquis del Dongo
    et tous les nobles boudeurs des campagnes, c’est que réellement et sans
    comédie ils croyaient à la prophétie. Tous ces gens-là n’avaient pas lu
    quatre volumes en leur vie; ils faisaient ouvertement leurs préparatifs
    pour rentrer à Milan au bout des treize semaines, mais le temps, en
    s’écoulant, marquait de nouveaux succès pour la cause de la France. De
    retour à Paris, Napoléon, par de sages décrets, sauvait la révolution
    à l’intérieur, comme il l’avait sauvée à Marengo contre les étrangers.
    Alors les nobles lombards, réfugiés dans leurs châteaux, découvrirent
    que d’abord ils avaient mal compris la prédiction du saint patron de
    Brescia: il ne s’agissait pas de treize semaines, mais bien de treize
    mois. Les treize mois s’écoulèrent, et la prospérité de la France
    semblait s’augmenter tous les jours.

    Nous glissons sur dix années de progrès et de bonheur, de 1800 à
    1810; Fabrice passa les premières au château de Grianta, donnant et
    recevant force coups de poing au milieu des petits paysans du village,
    et n’apprenant rien, pas même à lire. Plus tard, on l’envoya au
    collège des jésuites à Milan. Le marquis son père exigea qu’on lui
    montrât le latin, non point d’après ces vieux auteurs qui parlent
    toujours des républiques, mais sur un magnifique volume orné de plus
    de cent gravures, chef-d’œuvre des artistes du XVIIe siècle; c’était
    la généalogie latine des Valserra, marquis del Dongo, publiée en 1650
    par Fabrice del Dongo, archevêque de Parme. La fortune des Valserra
    étant surtout militaire, les gravures représentaient force batailles,
    et toujours on voyait quelque héros de ce nom donnant de grands coups
    d’épée. Ce livre plaisait fort au jeune Fabrice. Sa mère, qui l’adorait,
    obtenait de temps en temps la permission de venir le voir à Milan; mais
    son mari ne lui offrant jamais d’argent pour ces voyages, c’était sa
    belle-sœur, l’aimable comtesse Pietranera, qui lui en prêtait. Après le
    retour des Français, la comtesse était devenue l’une des femmes les plus
    brillantes de la cour du prince Eugène, vice-roi d’Italie.

    Lorsque Fabrice eut fait sa première communion, elle obtint du marquis,
    toujours exilé volontaire, la permission de le faire sortir quelquefois
    de son collège. Elle le trouva singulier, spirituel, fort sérieux, mais
    joli garçon, et ne déparant point trop le salon d’une femme à la mode;
    du reste, ignorant à plaisir, et sachant à peine écrire. La comtesse,
    qui portait en toutes choses son caractère enthousiaste, promit sa
    protection au chef de l’établissement, si son neveu Fabrice faisait
    des progrès étonnants, et à la fin de l’année avait beaucoup de prix.
    Pour lui donner les moyens de les mériter, elle l’envoyait chercher
    tous les samedis soir, et souvent ne le rendait à ses maîtres que le
    mercredi ou le jeudi. Les jésuites, quoique tendrement chéris par le
    prince vice-roi, étaient repoussés d’Italie par les lois du royaume,
    et le supérieur du collège, homme habile, sentit tout le parti qu’il
    pourrait tirer de ses relations avec une femme toute-puissante à la
    cour. Il n’eut garde de se plaindre des absences de Fabrice, qui, plus
    ignorant que jamais, à la fin de l’année obtint cinq premiers prix. A
    cette condition, la brillante comtesse Pietranera, suivie de son mari,
    général commandant une des divisions de la garde, et de cinq ou six
    des plus grands personnages de la cour du vice-roi, vint assister à la
    distribution des prix chez les jésuites. Le supérieur fut complimenté
    par ses chefs.

    La comtesse conduisait son neveu à toutes ces fêtes brillantes qui
    marquèrent le règne trop court de l’aimable prince Eugène. Elle
    l’avait créé de son autorité officier de hussards, et Fabrice, âgé de
    douze ans, portait cet uniforme. Un jour, la comtesse, enchantée de
    sa jolie tournure, demanda pour lui au prince une place de page, ce
    qui voulait dire que la famille del Dongo se ralliait. Le lendemain,
    elle eut besoin de tout son crédit pour obtenir que le vice-roi voulût
    bien ne pas se souvenir de cette demande, à laquelle rien ne manquait
    que le consentement du père du futur page, et ce consentement eût été
    refusé avec éclat. A la suite de cette folie, qui fit frémir le marquis
    boudeur, il trouva un prétexte pour rappeler à Grianta le jeune Fabrice.
    La comtesse méprisait souverainement son frère; elle le regardait comme
    un sot triste, et qui serait méchant si jamais il en avait le pouvoir.
    Mais elle était folle de Fabrice, et, après dix ans de silence, elle
    écrivit au marquis pour réclamer son neveu: sa lettre fut laissée sans
    réponse.

    A son retour dans ce palais formidable, bâti par le plus belliqueux de
    ses ancêtres, Fabrice ne savait rien au monde que faire l’exercice et
    monter à cheval. Souvent le comte Pietranera, aussi fou de cet enfant
    que sa femme, le faisait monter à cheval, et le menait avec lui à la
    parade.

    En arrivant au château de Grianta, Fabrice, les yeux encore bien
    rouges des larmes répandues en quittant les beaux salons de sa tante,
    ne trouva que les caresses passionnées de sa mère et de ses sœurs. Le
    marquis était enfermé dans son cabinet avec son fils aîné, le marchesino
    Ascanio. Ils y fabriquaient des lettres chiffrées qui avaient l’honneur
    d’être envoyées à Vienne; le père et le fils ne paraissaient qu’aux
    heures des repas. Le marquis répétait avec affectation qu’il apprenait à
    son successeur naturel à tenir, en partie double, le compte des produits
    de chacune de ses terres. Dans le fait, le marquis était trop jaloux de
    son pouvoir pour parler de ces choses-là à un fils, héritier nécessaire
    de toutes ces terres substituées. Il l’employait à chiffrer des dépêches
    de quinze ou vingt pages que deux ou trois fois la semaine il faisait
    passer en Suisse, d’où on les acheminait à Vienne. Le marquis prétendait
    faire connaître à ses souverains légitimes l’état intérieur du royaume
    d’Italie qu’il ne connaissait pas lui-même, et toutefois ses lettres
    avaient beaucoup de succès; voici comment. Le marquis faisait compter
    sur la grande route, par quelque agent sûr, le nombre des soldats de tel
    régiment français ou italien qui changeait de garnison, et, en rendant
    compte du fait à la cour de Vienne, il avait soin de diminuer d’un grand
    quart le nombre des soldats présents. Ces lettres, d’ailleurs ridicules,
    avaient le mérite d’en démentir d’autres plus véridiques, et elles
    plaisaient. Aussi, peu de temps avant l’arrivée de Fabrice au château,
    le marquis avait-il reçu la plaque d’un ordre renommé: c’était la
    cinquième qui ornait son habit de chambellan. A la vérité, il avait le
    chagrin de ne pas oser arborer cet habit hors de son cabinet; mais il ne
    se permettait jamais de dicter une dépêche sans avoir revêtu le costume
    brodé, garni de tous ses ordres. Il eût cru manquer de respect d’en agir
    autrement.

    La marquise fut émerveillée des grâces de son fils. Mais elle avait
    conservé l’habitude d’écrire deux ou trois fois par an au général comte
    d’A***; c’était le nom actuel du lieutenant Robert. La marquise avait
    horreur de mentir aux gens qu’elle aimait; elle interrogea son fils et
    fut épouvantée de son ignorance.

    «S’il me semble peu instruit, se disait-elle, à moi qui ne sais rien,
    Robert, qui est si savant, trouverait son éducation absolument manquée;
    or maintenant il faut du mérite.» Une autre particularité qui l’étonna
    presque autant, c’est que Fabrice avait pris au sérieux toutes les
    choses religieuses qu’on lui avait enseignées chez les jésuites. Quoique
    fort pieuse elle-même, le fanatisme de cet enfant la fit frémir. «Si
    le marquis a l’esprit de deviner ce moyen d’influence, il va m’enlever
    l’amour de mon fils.» Elle pleura beaucoup, et sa passion pour Fabrice
    s’en augmenta.

    La vie de ce château, peuplé de trente ou quarante domestiques, était
    fort triste; aussi Fabrice passait-il toutes ses journées à la chasse
    ou à courir le lac sur une barque. Bientôt il fut étroitement lié avec
    les cochers et les hommes des écuries; tous étaient partisans fous des
    Français et se moquaient ouvertement des valets de chambre dévots,
    attachés à la personne du marquis ou à celle de son fils aîné. Le grand
    sujet de plaisanterie contre ces personnages graves, c’est qu’ils
    portaient de la poudre à l’instar de leurs maîtres.

    CHAPITRE II

    …Alors que Vesper vint embrunir nos yeux,
    Tout épris d’avenir, je contemple les cieux,
    En qui Dieu nous escrit, par notes non obscures,
    Les sorts et les destins de toutes créatures.
    Car lui, du fond des cieux regardant un humain,
    Parfois mû de pitié, lui montre le chemin;
    Par les astres du ciel qui sont ses caractères,
    Les choses nous prédit et bonnes et contraires;
    Mais les hommes, chargés de terre et de trépas,
    Méprisent tel écrit, et ne le lisent pas.
    Ronsard

    Le marquis professait une haine vigoureuse pour les lumières: «Ce
    sont les idées, disait-il, qui ont perdu l’Italie.» Il ne savait trop
    comment concilier cette sainte horreur de l’instruction, avec le désir
    de voir son fils Fabrice perfectionner l’éducation si brillamment
    commencée chez les jésuites. Pour courir le moins de risques possible,
    il chargea le bon abbé Blanès, curé de Grianta, de faire continuer à
    Fabrice ses études en latin. Il eût fallu que le curé lui-même sût
    cette langue; or elle était l’objet de ses mépris; ses connaissances en
    ce genre se bornaient à réciter, par cœur, les prières de son missel,
    dont il pouvait rendre à peu près le sens à ses ouailles. Mais ce curé
    n’en était pas moins fort respecté et même redouté dans le canton; il
    avait toujours dit que ce n’était point en treize semaines ni même en
    treize mois, que l’on verrait s’accomplir la célèbre prophétie de saint
    Giovita, le patron de Brescia. Il ajoutait, quand il parlait à des
    amis sûrs, que ce nombre treize devait être interprété d’une façon qui
    étonnerait bien du monde, s’il était permis de tout dire (1813).

    Le fait est que l’abbé Blanès, personnage d’une honnêteté et d’une vertu
    primitives, et de plus homme d’esprit, passait toutes les nuits au haut
    de son clocher; il était fou d’astrologie. Après avoir usé ses journées
    à calculer des conjonctions et des positions d’étoiles, il employait la
    meilleure part de ses nuits à les suivre dans le ciel. Par suite de sa
    pauvreté, il n’avait d’autre instrument qu’une longue lunette à tuyau
    de carton. On peut juger du mépris qu’avait pour l’étude des langues un
    homme qui passait sa vie à découvrir l’époque précise de la chute des
    empires et des révolutions qui changent la face du monde. «Que sais-je
    de plus sur un cheval, disait-il à Fabrice, depuis qu’on m’a appris
    qu’en latin il s’appelle equus?»

    Les paysans redoutaient l’abbé Blanès comme un grand magicien: pour lui,
    à l’aide de la peur qu’inspiraient ses stations dans le clocher, il les
    empêchait de voler. Ses confrères les curés des environs, fort jaloux de
    son influence, le détestaient; le marquis del Dongo le méprisait tout
    simplement parce qu’il raisonnait trop pour un homme de si bas étage.
    Fabrice l’adorait: pour lui plaire il passait quelquefois des soirées
    entières à faire des additions ou des multiplications énormes. Puis
    il montait au clocher: c’était une grande faveur et que l’abbé Blanès
    n’avait jamais accordée à personne; mais il aimait cet enfant pour sa
    naïveté.

    –Si tu ne deviens pas hypocrite, lui disait-il, peut-être tu seras un
    homme.

    Deux ou trois fois par an, Fabrice, intrépide et passionné dans ses
    plaisirs, était sur le point de se noyer dans le lac. Il était le chef
    de toutes les grandes expéditions des petits paysans de Grianta et de
    la Cadenabia. Ces enfants s’étaient procuré quelques petites clefs, et
    quand la nuit était bien noire, ils essayaient d’ouvrir les cadenas
    de ces chaînes qui attachent les bateaux à quelque grosse pierre ou
    à quelque arbre voisin du rivage. Il faut savoir que sur le lac de
    Côme l’industrie des pêcheurs place des lignes dormantes à une grande
    distance des bords. L’extrémité supérieure de la corde est attachée
    à une planchette doublée de liège, et une branche de coudrier très
    flexible, fichée sur cette planchette, soutient une petite sonnette qui
    tinte lorsque le poisson, pris à la ligne, donne des secousses à la
    corde.

    Le grand objet de ces expéditions nocturnes, que Fabrice commandait en
    chef, était d’aller visiter les lignes dormantes, avant que les pêcheurs
    eussent entendu l’avertissement donné par les petites clochettes.
    On choisissait les temps d’orage; et, pour ces parties hasardeuses,
    on s’embarquait le matin, une heure avant l’aube. En montant dans
    la barque, ces enfants croyaient se précipiter dans les plus grands
    dangers, c’était là le beau côté de leur action; et, suivant l’exemple
    de leurs pères, ils récitaient dévotement un Ave Maria. Or, il arrivait
    souvent qu’au moment du départ, et à l’instant qui suivait l’Ave
    Maria, Fabrice était frappé d’un présage. C’était là le fruit qu’il
    avait retiré des études astrologiques de son ami l’abbé Blanès, aux
    prédictions duquel il ne croyait point. Suivant sa jeune imagination,
    ce présage lui annonçait avec certitude le bon ou le mauvais succès;
    et comme il avait plus de résolution qu’aucun de ses camarades, peu à
    peu toute la troupe prit tellement l’habitude des présages, que si, au
    moment de s’embarquer, on apercevait sur la côte un prêtre, ou si l’on
    voyait un corbeau s’envoler à main gauche, on se hâtait de remettre le
    cadenas à la chaîne du bateau, et chacun allait se recoucher. Ainsi
    l’abbé Blanès n’avait pas communiqué sa science assez difficile à
    Fabrice; mais à son insu, il lui avait inoculé une confiance illimitée
    dans les signes qui peuvent prédire l’avenir.

    Le marquis sentait qu’un accident arrivé à sa correspondance chiffrée
    pouvait le mettre à la merci de sa sœur; aussi tous les ans, à l’époque
    de la Sainte-Angela, fête de la comtesse Pietranera, Fabrice obtenait la
    permission d’aller passer huit jours à Milan. Il vivait toute l’année
    dans l’espérance ou le regret de ces huit jours. En cette grande
    occasion, pour accomplir ce voyage politique, le marquis remettait à
    son fils quatre écus, et, suivant l’usage, ne donnait rien à sa femme,
    qui le menait. Mais un des cuisiniers, six laquais et un cocher avec
    deux chevaux, partaient pour Côme, la veille du voyage, et chaque jour,
    à Milan, la marquise trouvait une voiture à ses ordres, et un dîner de
    douze couverts.

    Le genre de vie boudeur que menait le marquis del Dongo était assurément
    fort peu divertissant; mais il avait cet avantage qu’il enrichissait
    à jamais les familles qui avaient la bonté de s’y livrer. Le marquis,
    qui avait plus de deux cent mille livres de rente, n’en dépensait pas
    le quart; il vivait d’espérances. Pendant les treize années de 1800 à
    1813, il crut constamment et fermement que Napoléon serait renversé
    avant six mois. Qu’on juge de son ravissement quand, au commencement
    de 1813, il apprit les désastres de la Bérésina! La prise de Paris et
    la chute de Napoléon faillirent lui faire perdre la tête; il se permit
    alors les propos les plus outrageants envers sa femme et sa sœur. Enfin,
    après quatorze années d’attente, il eut cette joie inexprimable de
    voir les troupes autrichiennes rentrer dans Milan. D’après les ordres
    venus de Vienne, le général autrichien reçut le marquis del Dongo avec
    une considération voisine du respect; on se hâta de lui offrir une
    des premières places dans le gouvernement, et il l’accepta comme le
    paiement d’une dette. Son fils aîné eut une lieutenance dans l’un des
    plus beaux régiments de la monarchie; mais le second ne voulut jamais
    accepter une place de cadet qui lui était offerte. Ce triomphe, dont
    le marquis jouissait avec une insolence rare, ne dura que quelques
    mois, et fut suivi d’un revers humiliant. Jamais il n’avait eu le
    talent des affaires, et quatorze années passées à la campagne, entre
    ses valets, son notaire et son médecin, jointes à la mauvaise humeur
    de la vieillesse qui était survenue, en avaient fait un homme tout
    à fait incapable. Or il n’est pas possible, en pays autrichien, de
    conserver une place importante sans avoir le genre de talent que réclame
    l’administration lente et compliquée, mais fort raisonnable, de cette
    vieille monarchie. Les bévues du marquis del Dongo scandalisaient
    les employés et même arrêtaient la marche des affaires. Ses propos
    ultra-monarchiques irritaient les populations qu’on voulait plonger
    dans le sommeil et l’incurie. Un beau jour, il apprit que Sa Majesté
    avait daigné accepter gracieusement la démission qu’il donnait de son
    emploi dans l’administration, et en même temps lui conférait la place de
    second grand majordome major du royaume lombardo-vénitien. Le marquis
    fut indigné de l’injustice atroce dont il était victime; il fit imprimer
    une lettre à un ami, lui qui exécrait tellement la liberté de la presse.
    Enfin il écrivit à l’Empereur que ses ministres le trahissaient, et
    n’étaient que des jacobins. Ces choses faites, il revint tristement
    à son château de Grianta. Il eut une consolation. Après la chute de
    Napoléon, certains personnages puissants à Milan firent assommer dans
    les rues le comte Prina, ancien ministre du roi d’Italie, et homme du
    premier mérite. Le comte Pietranera exposa sa vie pour sauver celle du
    ministre, qui fut tué à coups de parapluie, et dont le supplice dura
    cinq heures. Un prêtre, confesseur du marquis del Dongo, eût pu sauver
    Prina en lui ouvrant la grille de l’église de San Giovanni, devant
    laquelle on traînait le malheureux ministre, qui même un instant fut
    abandonné dans le ruisseau, au milieu de la rue; mais il refusa d’ouvrir
    sa grille avec dérision, et, six mois après, le marquis eut le bonheur
    de lui faire obtenir un bel avancement.

    Il exécrait le comte Pietranera, son beau-frère, lequel, n’ayant pas
    cinquante louis de rente, osait être assez content, s’avisait de se
    montrer fidèle à ce qu’il avait aimé toute sa vie, et avait l’insolence
    de prôner cet esprit de justice sans acceptation de personnes, que le
    marquis appelait un jacobinisme infâme. Le comte avait refusé de prendre
    du service en Autriche, on fit valoir ce refus, et, quelques mois après
    la mort de Prina, les mêmes personnages qui avaient payé les assassins
    obtinrent que le général Pietranera serait jeté en prison. Sur quoi la
    comtesse, sa femme, prit un passeport et demanda des chevaux de poste
    pour aller à Vienne dire la vérité à l’Empereur. Les assassins de Prina
    eurent peur, et l’un d’eux, cousin de Mme Pietranera, vint lui apporter
    à minuit, une heure avant son départ pour Vienne, l’ordre de mettre
    en liberté son mari. Le lendemain, le général autrichien fit appeler
    le comte Pietranera, le reçut avec toute la distinction possible, et
    l’assura que sa pension de retraite ne tarderait pas à être liquidée sur
    le pied le plus avantageux. Le brave général Bubna, homme d’esprit et de
    cœur, avait l’air tout honteux de l’assassinat de Prina et de la prison
    du comte.

    Après cette bourrasque, conjurée par le caractère ferme de la comtesse,
    les deux époux vécurent, tant bien que mal, avec la pension de retraite,
    qui, grâce à la recommandation du général Bubna, ne se fit pas attendre.

    Par bonheur, il se trouva que, depuis cinq ou six ans, la comtesse avait
    beaucoup d’amitié pour un jeune homme fort riche, lequel était aussi
    ami intime du comte, et ne manquait pas de mettre à leur disposition le
    plus bel attelage de chevaux anglais qui fût alors à Milan, sa loge au
    théâtre de la Scala, et son château à la campagne. Mais le comte avait
    la conscience de sa bravoure, son âme était généreuse, il s’emportait
    facilement, et alors se permettait d’étranges propos. Un jour qu’il
    était à la chasse avec des jeunes gens, l’un d’eux, qui avait servi
    sous d’autres drapeaux que lui, se mit à faire des plaisanteries sur la
    bravoure des soldats de la république cisalpine; le comte lui donna un
    soufflet, l’on se battit aussitôt, et le comte, qui était seul de son
    bord, au milieu de tous ces jeunes gens, fut tué. On parla beaucoup de
    cette espèce de duel, et les personnes qui s’y étaient trouvées prirent
    le parti d’aller voyager en Suisse.

    Ce courage ridicule qu’on appelle résignation, le courage d’un sot qui
    se laisse prendre sans mot dire n’était point à l’usage de la comtesse.
    Furieuse de la mort de son mari, elle aurait voulu que Limercati, ce
    jeune homme riche, son ami intime, prît aussi la fantaisie de voyager en
    Suisse, et de donner un coup de carabine ou un soufflet au meurtrier du
    comte Pietranera.

    Limercati trouva ce projet d’un ridicule achevé et la comtesse s’aperçut
    que chez elle le mépris avait tué l’amour. Elle redoubla d’attention
    pour Limercati; elle voulait réveiller son amour, et ensuite le
    planter là et le mettre au désespoir. Pour rendre ce plan de vengeance
    intelligible en France, je dirai qu’à Milan, pays fort éloigné du
    nôtre, on est encore au désespoir par amour. La comtesse, qui, dans
    ses habits de deuil, éclipsait de bien loin toutes ses rivales, fit
    des coquetteries aux jeunes gens qui tenaient le haut du pavé, et l’un
    d’eux, le comte N…, qui, de tout temps, avait dit qu’il trouvait le
    mérite de Limercati un peu lourd, un peu empesé pour une femme d’autant
    d’esprit, devint amoureux fou de la comtesse. Elle écrivit à Limercati:

    Voulez-vous agir une fois en homme d’esprit?
    Figurez-vous que vous ne m’avez jamais connue.
    Je suis, avec un peu de mépris peut-être,
    votre très humble servante.
    G<small>INA</small> P<small>IETRANERA</small>.

    A la lecture de ce billet, Limercati partit pour un de ses châteaux;
    son amour s’exalta, il devint fou, et parla de se brûler la cervelle,
    chose inusitée dans les pays à enfer. Dès le lendemain de son arrivée
    à la campagne, il avait écrit à la comtesse pour lui offrir sa main et
    ses deux cent mille livres de rente. Elle lui renvoya sa lettre non
    décachetée par le groom du comte N… Sur quoi Limercati a passé trois
    ans dans ses terres, revenant tous les deux mois à Milan, mais sans
    avoir jamais le courage d’y rester, et ennuyant tous ses amis de son
    amour passionné pour la comtesse, et du récit circonstancié des bontés
    que jadis elle avait pour lui. Dans les commencements, il ajoutait
    qu’avec le comte N… elle se perdait, et qu’une telle liaison la
    déshonorait.

    Le fait est que la comtesse n’avait aucune sorte d’amour pour le comte
    N…, et c’est ce qu’elle lui déclara quand elle fut tout à fait sûre du
    désespoir de Limercati. Le comte, qui avait de l’usage, la pria de ne
    point divulguer la triste vérité dont elle lui faisait confidence:

    –Si vous avez l’extrême indulgence, ajouta-t-il, de continuer à me
    recevoir avec toutes les distinctions extérieures accordées à l’amant
    régnant, je trouverai peut-être une place convenable.

    Après cette déclaration héroïque la comtesse ne voulut plus des chevaux
    ni de la loge du comte N… Mais depuis quinze ans elle était accoutumée
    à la vie la plus élégante: elle eut à résoudre ce problème difficile ou
    pour mieux dire impossible: vivre à Milan avec une pension de quinze
    cents francs. Elle quitta son palais, loua deux chambres à un cinquième
    étage, renvoya tous ses gens et jusqu’à sa femme de chambre remplacée
    par une pauvre vieille faisant des ménages. Ce sacrifice était dans le
    fait moins héroïque et moins pénible qu’il ne nous semble; à Milan la
    pauvreté n’est pas un ridicule, et partant ne se montre pas aux âmes
    effrayées comme le pire des maux. Après quelques mois de cette pauvreté
    noble, assiégée par les lettres continuelles de Limercati, et même du
    comte N… qui lui aussi voulait épouser, il arriva que le marquis del
    Dongo, ordinairement d’une avarice exécrable, vint à penser que ses
    ennemis pourraient bien triompher de la misère de sa sœur. Quoi! une del
    Dongo être réduite à vivre avec la pension que la cour de Vienne, dont
    il avait tant à se plaindre, accorde aux veuves de ses généraux!

    Il lui écrivit qu’un appartement et un traitement dignes de sa sœur
    l’attendaient au château de Grianta. L’âme mobile de la comtesse
    embrassa avec enthousiasme l’idée de ce nouveau genre de vie; il y avait
    vingt ans qu’elle n’avait pas habité ce château vénérable s’élevant
    majestueusement au milieu des vieux châtaigniers plantés du temps des
    Sforce. «Là, se disait-elle, je trouverai le repos, et, à mon âge,
    n’est-ce pas le bonheur? (Comme elle avait trente et un ans elle se
    croyait arrivée au moment de la retraite.) Sur ce lac sublime où je suis
    née, m’attend enfin une vie heureuse et paisible.»

    Je ne sais si elle se trompait, mais ce qu’il y a de sûr c’est que cette
    âme passionnée, qui venait de refuser si lestement l’offre de deux
    immenses fortunes, apporta le bonheur au château de Grianta. Ses deux
    nièces étaient folles de joie.

    –Tu m’as rendu les beaux jours de la jeunesse, lui disait la marquise
    en l’embrassant; la veille de ton arrivée, j’avais cent ans. La comtesse
    se mit à revoir, avec Fabrice, tous ces lieux enchanteurs voisins de
    Grianta, et si célébrés par les voyageurs: la villa Melzi de l’autre
    côté du lac, vis-à-vis le château, et qui lui sert de point de vue,
    au-dessus le bois sacré des Sfondrata, et le hardi promontoire qui
    sépare les deux branches du lac, celle de Côme, si voluptueuse, et celle
    qui court vers Lecco, pleine de sévérité: aspects sublimes et gracieux,
    que le site le plus renommé du monde, la baie de Naples, égale, mais
    ne surpasse point. C’était avec ravissement que la comtesse retrouvait
    les souvenirs de sa première jeunesse et les comparait à ses sensations
    actuelles. «Le lac de Côme, se disait-elle, n’est point environné, comme
    le lac de Genève, de grandes pièces de terre bien closes et cultivées
    selon les meilleures méthodes, choses qui rappellent l’argent et la
    spéculation. Ici de tous côtés je vois des collines d’inégales hauteurs
    couvertes de bouquets d’arbres plantés par le hasard, et que la main
    de l’homme n’a point encore gâtés et forcés à rendre du revenu. Au
    milieu de ces collines aux formes admirables et se précipitant vers le
    lac par des pentes si singulières, je puis garder toutes les illusions
    des descriptions du Tasse et de l’Arioste. Tout est noble et tendre,
    tout parle d’amour, rien ne rappelle les laideurs de la civilisation.
    Les villages situés à mi-côte sont cachés par de grands arbres, et
    au-dessus des sommets des arbres s’élève l’architecture charmante de
    leurs jolis clochers. Si quelque petit champ de cinquante pas de large
    vient interrompre de temps à autre les bouquets de châtaigniers et de
    cerisiers sauvages, l’œil satisfait y voit croître des plantes plus
    vigoureuses et plus heureuses là qu’ailleurs. Par-delà ces collines,
    dont le faîte offre des ermitages qu’on voudrait tous habiter, l’œil
    étonné aperçoit les pics des Alpes, toujours couverts de neige, et leur
    austérité sévère lui rappelle des malheurs de la vie ce qu’il en faut
    pour accroître la volupté présente. L’imagination est touchée par le son
    lointain de la cloche de quelque petit village caché sous les arbres:
    ces sons portés sur les eaux qui les adoucissent prennent une teinte de
    douce mélancolie et de résignation, et semblent dire à l’homme: La vie
    s’enfuit, ne te montre donc point si difficile envers le bonheur qui se
    présente, hâte-toi de jouir.» Le langage de ces lieux ravissants, et qui
    n’ont point de pareils au monde, rendit à la comtesse son cœur de seize
    ans. Elle ne concevait pas comment elle avait pu passer tant d’années
    sans revoir le lac. «Est-ce donc au commencement de la vieillesse,
    se disait-elle, que le bonheur se serait réfugié?» Elle acheta une
    barque que Fabrice, la marquise et elle ornèrent de leurs mains, car
    on manquait d’argent pour tout, au milieu de l’état de maison le plus
    splendide; depuis sa disgrâce le marquis del Dongo avait redoublé de
    faste aristocratique. Par exemple, pour gagner dix pas de terrain sur le
    lac, près de la fameuse allée de platanes, à côté de la Cadenabia, il
    faisait construire une digue dont le devis allait à quatre-vingt mille
    francs. A l’extrémité de la digue on voyait s’élever, sur les dessins
    du fameux marquis Cagnola, une chapelle bâtie tout entière en blocs de
    granit énormes, et, dans la chapelle, Marchesi, le sculpteur à la mode
    de Milan, lui bâtissait un tombeau sur lequel des bas-reliefs nombreux
    devaient représenter les belles actions de ses ancêtres.

    Le frère aîné de Fabrice, le marchesino Ascagne, voulut se mettre des
    promenades de ces dames; mais sa tante jetait de l’eau sur ses cheveux
    poudrés, et avait tous les jours quelque nouvelle niche à lancer à sa
    gravité. Enfin il délivra de l’aspect de sa grosse figure blafarde la
    joyeuse troupe qui n’osait rire en sa présence. On pensait qu’il était
    l’espion du marquis son père, et il fallait ménager ce despote sévère et
    toujours furieux depuis sa démission forcée.

    Ascagne jura de se venger de Fabrice.

    Il y eut une tempête où l’on courut des dangers; quoiqu’on eût
    infiniment peu d’argent, on paya généreusement les deux bateliers
    pour qu’ils ne dissent rien au marquis, qui déjà témoignait beaucoup
    d’humeur de ce qu’on emmenait ses deux filles. On rencontra une seconde
    tempête; elles sont terribles et imprévues sur ce beau lac: des rafales
    de vent sortent à l’improviste de deux gorges de montagnes placées
    dans des directions opposées et luttent sur les eaux. La comtesse
    voulut débarquer au milieu de l’ouragan et des coups de tonnerre; elle
    prétendait que, placée sur un rocher isolé au milieu du lac, et grand
    comme une petite chambre, elle aurait un spectacle singulier; elle se
    verrait assiégée de toutes parts par des vagues furieuses, mais, en
    sautant de la barque, elle tomba dans l’eau. Fabrice se jeta après elle
    pour la sauver, et tous deux furent entraînés assez loin. Sans doute
    il n’est pas beau de se noyer, mais l’ennui, tout étonné, était banni
    du château féodal. La comtesse s’était passionnée pour le caractère
    primitif et pour l’astrologie de l’abbé Blanès. Le peu d’argent qui lui
    restait après l’acquisition de la barque avait été employé à acheter un
    petit télescope de rencontre, et presque tous les soirs, avec ses nièces
    et Fabrice, elle allait s’établir sur la plate-forme d’une des tours
    gothiques du château. Fabrice était le savant de la troupe, et l’on
    passait là plusieurs heures fort gaiement, loin des espions.

    Il faut avouer qu’il y avait des journées où la comtesse n’adressait la
    parole à personne; on la voyait se promener sous les hauts châtaigniers,
    plongée dans de sombres rêveries; elle avait trop d’esprit pour ne pas
    sentir parfois l’ennui qu’il y a à ne pas échanger ses idées. Mais le
    lendemain elle riait comme la veille: c’étaient les doléances de la
    marquise, sa belle-sœur, qui produisaient ces impressions sombres sur
    cette âme naturellement si agissante.

    –Passerons-nous donc ce qui nous reste de jeunesse dans ce triste
    château! s’écriait la marquise.

    Avant l’arrivée de la comtesse, elle n’avait pas même le courage d’avoir
    de ces regrets.

    L’on vécut ainsi pendant l’hiver de 1814 à 1815. Deux fois, malgré sa
    pauvreté, la comtesse vint passer quelques jours à Milan; il s’agissait
    de voir un ballet sublime de Vigano, donné au théâtre de la Scala, et le
    marquis ne défendait point à sa femme d’accompagner sa belle-sœur. On
    allait toucher les quartiers de la petite pension, et c’était la pauvre
    veuve du général cisalpin qui prêtait quelques sequins à la richissime
    marquise del Dongo. Ces parties étaient charmantes; on invitait à dîner
    de vieux amis, et l’on se consolait en riant de tout, comme de vrais
    enfants. Cette gaieté italienne, pleine de brio et d’imprévu, faisait
    oublier la tristesse sombre que les regards du marquis et de son fils
    aîné répandaient autour d’eux à Grianta. Fabrice, à peine âgé de seize
    ans, représentait fort bien le chef de la maison.

    Le 7 mars 1815, les dames étaient de retour, depuis l’avant-veille, d’un
    charmant petit voyage de Milan; elles se promenaient dans la belle allée
    de platanes récemment prolongée sur l’extrême bord du lac. Une barque
    parut, venant du côté de Côme, et fit des signes singuliers. Un agent
    du marquis sauta sur la digue: Napoléon venait de débarquer au golfe
    de Juan. L’Europe eut la bonhomie d’être surprise de cet événement,
    qui ne surprit point le marquis del Dongo; il écrivit à son souverain
    une lettre pleine d’effusion de cœur; il lui offrait ses talents et
    plusieurs millions, et lui répétait que ses ministres étaient des
    jacobins d’accord avec les meneurs de Paris.

    Le 8 mars, à six heures du matin, le marquis, revêtu de ses insignes,
    se faisait dicter, par son fils aîné, le brouillon d’une troisième
    dépêche politique; il s’occupait avec gravité à la transcrire de sa
    belle écriture soignée, sur du papier portant en filigrane l’effigie du
    souverain. Au même instant, Fabrice se faisait annoncer chez la comtesse
    Pietranera.

    –Je pars, lui dit-il, je vais rejoindre l’Empereur, qui est aussi roi
    d’Italie; il avait tant d’amitié pour ton mari! Je passe par la Suisse.
    Cette nuit, à Menagio, mon ami Vasi, le marchand de baromètres, m’a
    donné son passeport; maintenant donne-moi quelques napoléons, car je
    n’en ai que deux à moi; mais s’il le faut, j’irai à pied.

    La comtesse pleurait de joie et d’angoisse.

    –Grand Dieu! pourquoi faut-il que cette idée te soit venue!
    s’écriait-elle en saisissant les mains de Fabrice.

    Elle se leva et alla prendre dans l’armoire au linge, où elle était
    soigneusement cachée, une petite bourse ornée de perles; c’était tout ce
    qu’elle possédait au monde.

    –Prends, dit-elle à Fabrice; mais au nom de Dieu! ne te fais pas tuer.
    Que restera-t-il à ta malheureuse mère et à moi, si tu nous manques?
    Quant au succès de Napoléon, il est impossible, mon pauvre ami; nos
    messieurs sauront bien le faire périr. N’as-tu pas entendu, il y a huit
    jours, à Milan, l’histoire des vingt-trois projets d’assassinat tous
    si bien combinés et auxquels il n’échappa que par miracle? et alors
    il était tout-puissant. Et tu as vu que ce n’est pas la volonté de le
    perdre qui manque à nos ennemis; la France n’était plus rien depuis son
    départ.

    C’était avec l’accent de l’émotion la plus vive que la comtesse parlait
    à Fabrice des futures destinées de Napoléon.

    –En te permettant d’aller le rejoindre, je lui sacrifie ce que j’ai de
    plus cher au monde, disait-elle. Les yeux de Fabrice se mouillèrent, il
    répandit des larmes en embrassant la comtesse, mais sa résolution de
    partir ne fut pas un instant ébranlée. Il expliquait avec effusion à
    cette amie si chère toutes les raisons qui le déterminaient, et que nous
    prenons la liberté de trouver bien plaisantes.

    –Hier soir, il était six heures moins sept minutes, nous nous
    promenions, comme tu sais, sur le bord du lac dans l’allée de platanes,
    au-dessous de la Casa Sommariva, et nous marchions vers le sud. Là,
    pour la première fois, j’ai remarqué au loin le bateau qui venait de
    Côme, porteur d’une si grande nouvelle. Comme je regardais ce bateau
    sans songer à l’Empereur, et seulement enviant le sort de ceux qui
    peuvent voyager, tout à coup j’ai été saisi d’une émotion profonde. Le
    bateau a pris terre, l’agent a parlé bas à mon père, qui a changé de
    couleur, et nous a pris à part pour nous annoncer la terrible nouvelle.
    Je me tournai vers le lac sans autre but que de cacher les larmes de
    joie dont mes yeux étaient inondés. Tout à coup, à une hauteur immense
    et à ma droite j’ai vu un aigle, l’oiseau de Napoléon; il volait
    majestueusement, se dirigeant vers la Suisse, et par conséquent vers
    Paris. Et moi aussi, me suis-je dit à l’instant, je traverserai la
    Suisse avec la rapidité de l’aigle, et j’irai offrir à ce grand homme
    bien peu de chose, mais enfin tout ce que je puis offrir, le secours de
    mon faible bras. Il voulut nous donner une patrie et il aima mon oncle.
    A l’instant, quand je voyais encore l’aigle, par un effet singulier
    mes larmes se sont taries; et la preuve que cette idée vient d’en
    haut, c’est qu’au même moment, sans discuter, j’ai pris ma résolution
    et j’ai vu les moyens d’exécuter ce voyage. En un clin d’œil toutes
    les tristesses qui, comme tu sais, empoisonnent ma vie, surtout les
    dimanches, ont été comme enlevées par un souffle divin. J’ai vu cette
    grande image de l’Italie se relever de la fange où les Allemands la
    retiennent plongée 2; elle étendait ses bras meurtris et encore à demi
    chargés de chaînes vers son roi et son libérateur. Et moi, me suis-je
    dit, fils encore inconnu de cette mère malheureuse, je partirai, j’irai
    mourir ou vaincre avec cet homme marqué par le destin, et qui voulut
    nous laver du mépris que nous jettent même les plus esclaves et les plus
    vils parmi les habitants de l’Europe.

    «Tu sais, ajouta-t-il à voix basse en se rapprochant de la comtesse,
    et fixant sur elle ses yeux d’où jaillissaient des flammes, tu sais ce
    jeune marronnier que ma mère, l’hiver de ma naissance, planta elle-même
    au bord de la grande fontaine dans notre forêt, à deux lieues d’ici:
    avant de rien faire, j’ai voulu l’aller visiter. Le printemps n’est pas
    trop avancé, me disais-je: eh bien! si mon arbre a des feuilles, ce sera
    un signe pour moi. Moi aussi je dois sortir de l’état de torpeur où je
    languis dans ce triste et froid château. Ne trouves-tu pas que ces vieux
    murs noircis, symboles maintenant et autrefois moyens du despotisme,
    sont une véritable image du triste hiver? ils sont pour moi ce que
    l’hiver est pour mon arbre.

    «Le croirais-tu, Gina? hier soir à sept heures et demie j’arrivais à mon
    marronnier; il avait des feuilles, de jolies petites feuilles déjà assez
    grandes! Je les baisai sans leur faire de mal. J’ai bêché la terre avec
    respect à l’entour de l’arbre chéri. Aussitôt, rempli d’un transport
    nouveau, j’ai traversé la montagne; je suis arrivé à Menagio: il me
    fallait un passeport pour entrer en Suisse. Le temps avait volé, il
    était déjà une heure du matin quand je me suis vu à la porte de Vasi. Je
    pensais devoir frapper longtemps pour le réveiller; mais il était debout
    avec trois de ses amis. A mon premier mot: «Tu vas rejoindre Napoléon!»
    s’est-il écrié, et il m’a sauté au cou. Les autres aussi m’ont embrassé
    avec transport. «Pourquoi suis-je marié!» disait l’un d’eux.

    Mme Pietranera était devenue pensive; elle crut devoir présenter
    quelques objections. Si Fabrice eût eu la moindre expérience, il eût
    bien vu que la comtesse elle-même ne croyait pas aux bonnes raisons
    qu’elle se hâtait de lui donner. Mais, à défaut d’expérience, il avait
    de la résolution; il ne daigna pas même écouter ces raisons. La comtesse
    se réduisit bientôt à obtenir de lui que du moins il fît part de son
    projet à sa mère.

    –Elle le dira à mes sœurs, et ces femmes me trahiront à leur insu!
    s’écria Fabrice avec une sorte de hauteur héroïque.

    –Parlez donc avec plus de respect, dit la comtesse souriant au milieu
    de ses larmes, du sexe qui fera votre fortune; car vous déplairez
    toujours aux hommes, vous avez trop de feu pour les âmes prosaïques.

    La marquise fondit en larmes en apprenant l’étrange projet de son
    fils; elle n’en sentait pas l’héroïsme, et fit tout son possible pour
    le retenir. Quand elle fut convaincue que rien au monde, excepté les
    murs d’une prison, ne pourrait l’empêcher de partir, elle lui remit
    le peu d’argent qu’elle possédait; puis elle se souvint qu’elle avait
    depuis la veille huit ou dix petits diamants valant peut-être dix mille
    francs, que le marquis lui avait confiés pour les faire monter à Milan.
    Les sœurs de Fabrice entrèrent chez leur mère tandis que la comtesse
    cousait ces diamants dans l’habit de voyage de notre héros; il rendait à
    ces pauvres femmes leurs chétifs napoléons. Ses sœurs furent tellement
    enthousiasmées de son projet, elles l’embrassaient avec une joie si
    bruyante qu’il prit à la main quelques diamants qui restaient encore à
    cacher, et voulut partir sur-le-champ.

    –Vous me trahiriez à votre insu, dit-il à ses sœurs. Puisque j’ai
    tant d’argent, il est inutile d’emporter des hardes; on en trouve
    partout. Il embrassa ces personnes qui lui étaient si chères, et partit
    à l’instant même sans vouloir rentrer dans sa chambre. Il marcha si
    vite, craignant toujours d’être poursuivi par des gens à cheval, que le
    soir même il entrait à Lugano. Grâce à Dieu, il était dans une ville
    suisse, et ne craignait plus d’être violenté sur la route solitaire par
    des gendarmes payés par son père. De ce lieu, il lui écrivit une belle
    lettre, faiblesse d’enfant qui donna de la consistance à la colère du
    marquis. Fabrice prit la poste, passa le Saint-Gothard; son voyage
    fut rapide, et il entra en France par Pontarlier. L’Empereur était à
    Paris. Là commencèrent les malheurs de Fabrice; il était parti dans la
    ferme intention de parler à l’Empereur: jamais il ne lui était venu
    à l’esprit que ce fût chose difficile. A Milan, dix fois par jour il
    voyait le prince Eugène et eût pu lui adresser la parole. A Paris, tous
    les matins, il allait dans la cour du château des Tuileries assister
    aux revues passées par Napoléon; mais jamais il ne put approcher de
    l’Empereur. Notre héros croyait tous les Français profondément émus
    comme lui de l’extrême danger que courait la patrie. A la table de
    l’hôtel où il était descendu, il ne fit point mystère de ses projets
    et de son dévouement; il trouva des jeunes gens d’une douceur aimable,
    encore plus enthousiastes que lui, et qui, en peu de jours, ne
    manquèrent pas de lui voler tout l’argent qu’il possédait. Heureusement,
    par pure modestie, il n’avait pas parlé des diamants donnés par sa mère.
    Le matin où, à la suite d’une orgie, il se trouva décidément volé,
    il acheta deux beaux chevaux, prit pour domestique un ancien soldat
    palefrenier du maquignon, et, dans son mépris pour les jeunes Parisiens
    beaux parleurs, partit pour l’armée. Il ne savait rien, sinon qu’elle se
    rassemblait vers Maubeuge. A peine fut-il arrivé sur la frontière, qu’il
    trouva ridicule de se tenir dans une maison, occupé à se chauffer devant
    une bonne cheminée, tandis que des soldats bivouaquaient. Quoi que pût
    lui dire son domestique, qui ne manquait pas de bon sens, il courut se
    mêler imprudemment aux bivouacs de l’extrême frontière, sur la route de
    Belgique. A peine fut-il arrivé au premier bataillon placé à côté de la
    route, que les soldats se mirent à regarder ce jeune bourgeois, dont la
    mise n’avait rien qui rappelât l’uniforme. La nuit tombait, il faisait
    un vent froid. Fabrice s’approcha d’un feu, et demanda l’hospitalité en
    payant. Les soldats se regardèrent étonnés surtout de l’idée de payer,
    et lui accordèrent avec bonté une place au feu; son domestique lui
    fit un abri. Mais, une heure après, l’adjudant du régiment passant à
    portée du bivouac, les soldats allèrent lui raconter l’arrivée de cet
    étranger parlant mal français. L’adjudant interrogea Fabrice, qui lui
    parla de son enthousiasme pour l’Empereur avec un accent fort suspect;
    sur quoi ce sous-officier le pria de le suivre jusque chez le colonel,
    établi dans une ferme voisine. Le domestique de Fabrice s’approcha
    avec les deux chevaux. Leur vue parut frapper si vivement l’adjudant
    sous-officier, qu’aussitôt il changea de pensée, et se mit à interroger
    aussi le domestique. Celui-ci, ancien soldat, devinant d’abord le plan
    de campagne de son interlocuteur, parla des protections qu’avait son
    maître, ajoutant que, certes, on ne lui chiperait pas ses beaux chevaux.
    Aussitôt un soldat appelé par l’adjudant lui mit la main sur le collet;
    un autre soldat prit soin des chevaux, et, d’un air sévère, l’adjudant
    ordonna à Fabrice de le suivre sans répliquer.

    Après lui avoir fait faire une bonne lieue, à pied, dans l’obscurité
    rendue plus profonde en apparence par le feu des bivouacs qui de toutes
    parts éclairaient l’horizon, l’adjudant remit Fabrice à un officier
    de gendarmerie qui, d’un air grave, lui demanda ses papiers. Fabrice
    montra son passeport qui le qualifiait marchand de baromètres portant sa
    marchandise.

    –Sont-ils bêtes, s’écria l’officier, c’est aussi trop fort!

    Il fit des questions à notre héros qui parla de l’Empereur et de la
    liberté dans les termes du plus vif enthousiasme; sur quoi l’officier de
    gendarmerie fut saisi d’un rire fou.

    –Parbleu! tu n’es pas trop adroit! s’écria-t-il. Il est un peu fort de
    café que l’on ose nous expédier des blancs-becs de ton espèce!

    Et quoi que pût dire Fabrice, qui se tuait à expliquer qu’en effet il
    n’était pas marchand de baromètres, l’officier l’envoya à la prison de
    B…, petite ville du voisinage où notre héros arriva sur les trois
    heures du matin, outré de fureur et mort de fatigue.

    Fabrice, d’abord étonné, puis furieux, ne comprenant absolument rien
    à ce qui lui arrivait, passa trente-trois longues journées dans cette
    misérable prison; il écrivait lettres sur lettres au commandant de la
    place, et c’était la femme du geôlier, belle Flamande de trente-six
    ans, qui se chargeait de les faire parvenir. Mais comme elle n’avait
    nulle envie de faire fusiller un aussi joli garçon, et que d’ailleurs
    il payait bien, elle ne manquait pas de jeter au feu toutes ces
    lettres. Le soir, fort tard, elle daignait venir écouter les doléances
    du prisonnier; elle avait dit à son mari que le blanc-bec avait de
    l’argent, sur quoi le prudent geôlier lui avait donné carte blanche.
    Elle usa de la permission et reçut quelques napoléons d’or, car
    l’adjudant n’avait enlevé que les chevaux, et l’officier de gendarmerie
    n’avait rien confisqué du tout. Une après-midi du mois de juin, Fabrice
    entendit une forte canonnade assez éloignée. On se battait donc enfin!
    son cœur bondissait d’impatience. Il entendit aussi beaucoup de bruit
    dans la ville; en effet un grand mouvement s’opérait, trois divisions
    traversaient B… Quand, sur les onze heures du soir, la femme du
    geôlier vint partager ses peines, Fabrice fut plus aimable encore que de
    coutume; puis lui prenant les mains:

    –Faites-moi sortir d’ici, je jurerai sur l’honneur de revenir dans la
    prison dès qu’on aura cessé de se battre.

    –Balivernes que tout cela! As-tu du <i>quibus</i>? Il parut inquiet, il ne
    comprenait pas le mot <i>quibus</i>. La geôlière, voyant ce mouvement, jugea
    que les eaux étaient basses, et, au lieu de parler de napoléons d’or
    comme elle l’avait résolu, elle ne parla plus que de francs.

    –Ecoute, lui dit-elle, si tu peux donner une centaine de francs, je
    mettrai un double napoléon sur chacun des yeux du caporal qui va venir
    relever la garde pendant la nuit. Il ne pourra te voir partir de prison,
    et si son régiment doit filer dans la journée, il acceptera.

    Le marché fut bientôt conclu. La geôlière consentit même à cacher
    Fabrice dans sa chambre d’où il pourrait plus facilement s’évader le
    lendemain matin.

    Le lendemain, avant l’aube, cette femme tout attendrie dit à Fabrice:

    –Mon cher petit, tu es encore bien jeune pour faire ce vilain métier:
    crois-moi, n’y reviens plus.

    –Mais quoi! répétait Fabrice, il est donc criminel de vouloir défendre
    la patrie?

    –Suffit. Rappelle-toi toujours que je t’ai sauvé la vie; ton cas
    était net, tu aurais été fusillé, mais ne le dis à personne, car tu
    nous ferais perdre notre place à mon mari et à moi; surtout ne répète
    jamais ton mauvais conte d’un gentilhomme de Milan déguisé en marchand
    de baromètres, c’est trop bête. Ecoute-moi bien, je vais te donner
    les habits d’un hussard mort avant-hier dans la prison: n’ouvre la
    bouche que le moins possible, mais enfin, si un maréchal des logis ou
    un officier t’interroge de façon à te forcer de répondre, dis que tu
    es resté malade chez un paysan qui t’a recueilli par charité comme
    tu tremblais la fièvre dans un fossé de la route. Si l’on n’est pas
    satisfait de cette réponse, ajoute que tu vas rejoindre ton régiment. On
    t’arrêtera peut-être à cause de ton accent: alors dis que tu es né en
    Piémont, que tu es un conscrit resté en France l’année passée, etc.

    Pour la première fois, après trente-trois jours de fureur, Fabrice
    comprit le fin mot de tout ce qui lui arrivait. On le prenait pour un
    espion. Il raisonna avec la geôlière, qui, ce matin-là, était fort
    tendre, et enfin tandis qu’armée d’une aiguille elle rétrécissait les
    habits du hussard, il raconta son histoire bien clairement à cette femme
    étonnée. Elle y crut un instant; il avait l’air si naïf, et il était si
    joli habillé en hussard!

    –Puisque tu as tant de bonne volonté pour te battre, lui dit-elle enfin
    à demi persuadée, il fallait donc en arrivant à Paris t’engager dans
    un régiment. En payant à boire à un maréchal des logis, ton affaire
    était faite! La geôlière ajouta beaucoup de bons avis pour l’avenir, et
    enfin, à la petite pointe du jour, mit Fabrice hors de chez elle, après
    lui avoir fait jurer cent et cent fois que jamais il ne prononcerait
    son nom, quoi qu’il pût arriver. Dès que Fabrice fut sorti de la petite
    ville, marchant gaillardement le sabre de hussard sous le bras, il lui
    vint un scrupule. Me voici, se dit-il, avec l’habit et la feuille de
    route d’un hussard mort en prison, où l’avait conduit, dit-on, le vol
    d’une vache et de quelques couverts d’argent! j’ai pour ainsi dire
    succédé à son être… et cela sans le vouloir ni le prévoir en aucune
    manière! Gare la prison!… Le présage est clair, j’aurai beaucoup à
    souffrir de la prison!

    Il n’y avait pas une heure que Fabrice avait quitté sa bienfaitrice,
    lorsque la pluie commença à tomber avec une telle force qu’à peine le
    nouvel hussard pouvait-il marcher, embarrassé par des bottes grossières
    qui n’étaient pas faites pour lui. Il fit rencontre d’un paysan monté
    sur un méchant cheval, il acheta le cheval en s’expliquant par signes;
    la geôlière lui avait recommandé de parler le moins possible, à cause de
    son accent.

    Ce jour-là l’armée, qui venait de gagner la bataille de Ligny, était
    en pleine marche sur Bruxelles; on était à la veille de la bataille de
    Waterloo. Sur le midi, la pluie à verse continuant toujours, Fabrice
    entendit le bruit du canon; ce bonheur lui fit oublier tout à fait les
    affreux moments de désespoir que venait de lui donner cette prison si
    injuste. Il marcha jusqu’à la nuit très avancée, et comme il commençait
    à avoir quelque bon sens, il alla prendre son logement dans une maison
    de paysan fort éloignée de la route. Ce paysan pleurait et prétendait
    qu’on lui avait tout pris; Fabrice lui donna un écu, et il trouva de
    l’avoine. Mon cheval n’est pas beau, se dit Fabrice; mais qu’importe,
    il pourrait bien se trouver du goût de quelque adjudant, et il alla
    coucher à l’écurie à ses côtés. Une heure avant le jour, le lendemain,
    Fabrice était sur la route, et, à force de caresses, il était parvenu à
    faire prendre le trot à son cheval. Sur les cinq heures, il entendit la
    canonnade: c’étaient les préliminaires de Waterloo.

    CHAPITRE III

    Fabrice trouva bientôt des vivandières, et l’extrême reconnaissance
    qu’il avait pour la geôlière de B… le porta à leur adresser la parole:
    il demanda à l’une d’elles où était le 4^{e} régiment de hussards, auquel
    il appartenait.

    –Tu ferais tout aussi bien de ne pas tant te presser mon petit soldat,
    dit la cantinière touchée par la pâleur et les beaux yeux de Fabrice. Tu
    n’as pas encore la poigne assez ferme pour les coups de sabre qui vont
    se donner aujourd’hui. Encore si tu avais un fusil, je ne dis pas, tu
    pourrais lâcher ta balle tout comme un autre.

    Ce conseil déplut à Fabrice; mais il avait beau pousser son cheval, il
    ne pouvait aller plus vite que la charrette de la cantinière. De temps
    à autre le bruit du canon semblait se rapprocher et les empêchait de
    s’entendre, car Fabrice était tellement hors de lui d’enthousiasme et de
    bonheur, qu’il avait renoué la conversation. Chaque mot de la cantinière
    redoublait son bonheur en le lui faisant comprendre. A l’exception de
    son vrai nom et de sa fuite de prison, il finit par tout dire à cette
    femme qui semblait si bonne. Elle était fort étonnée et ne comprenait
    rien du tout à ce que lui racontait ce beau jeune soldat.

    –Je vois le fin mot, s’écria-t-elle enfin d’un air de triomphe: vous
    êtes un jeune bourgeois amoureux de la femme de quelque capitaine du 4^{e}
    de hussards. Votre amoureuse vous aura fait cadeau de l’uniforme que
    vous portez, et vous courez après elle. Vrai, comme Dieu est là-haut,
    vous n’avez jamais été soldat; mais, comme un brave garçon que vous
    êtes, puisque votre régiment est au feu, vous voulez y paraître, et ne
    pas passer pour un capon.

    Fabrice convint de tout: c’était le seul moyen qu’il eût de recevoir de
    bons conseils. «J’ignore toutes les façons d’agir de ces Français, se
    disait-il, et, si je ne suis pas guidé par quelqu’un, je parviendrai
    encore à me faire jeter en prison, et l’on me volera mon cheval.

    –D’abord, mon petit, lui dit la cantinière, qui devenait de plus en
    plus son amie, conviens que tu n’as pas vingt et un ans: c’est tout le
    bout du monde si tu en as dix-sept.

    C’était la vérité, et Fabrice l’avoua de bonne grâce.

    –Ainsi, tu n’es pas même conscrit; c’est uniquement à cause des beaux
    yeux de la madame que tu vas te faire casser les os. Peste! elle n’est
    pas dégoûtée. Si tu as encore quelques-uns de ces jaunets qu’elle t’a
    remis, il faut primo que tu achètes un autre cheval; vois comme ta rosse
    dresse les oreilles quand le bruit du canon ronfle d’un peu près; c’est
    là un cheval de paysan qui te fera tuer dès que tu seras en ligne. Cette
    fumée blanche, que tu vois là-bas par-dessus la haie, ce sont des feux
    de peloton, mon petit! Ainsi, prépare-toi à avoir une fameuse venette,
    quand tu vas entendre siffler les balles. Tu ferais aussi bien de manger
    un morceau tandis que tu en as encore le temps.

    Fabrice suivit ce conseil, et, présentant un napoléon à la vivandière,
    la pria de se payer.

    –C’est pitié de le voir! s’écria cette femme; le pauvre petit ne sait
    pas seulement dépenser son argent! Tu mériterais bien qu’après avoir
    empoigné ton napoléon je fisse prendre son grand trot à Cocotte; du
    diable si ta rosse pourrait me suivre. Que ferais-tu, nigaud, en me
    voyant détaler? Apprends que, quand le brutal gronde, on ne montre
    jamais d’or. Tiens, lui dit-elle, voilà dix-huit francs cinquante
    centimes, et ton déjeuner te coûte trente sous. Maintenant, nous allons
    bientôt avoir des chevaux à revendre. Si la bête est petite, tu en
    donneras dix francs, et, dans tous les cas, jamais plus de vingt francs,
    quand ce serait le cheval des quatre fils Aymon.

    Le déjeuner fini, la vivandière, qui pérorait toujours, fut interrompue
    par une femme qui s’avançait à travers champs, et qui passa sur la route.

    –Holà, hé! lui cria cette femme; holà! Margot! ton 6^{e} léger est sur la
    droite.

    –Il faut que je te quitte, mon petit, dit la vivandière à notre héros;
    mais en vérité tu me fais pitié; j’ai de l’amitié pour toi, sacré dié!
    Tu ne sais rien de rien, tu vas te faire moucher, comme Dieu est Dieu!
    Viens-t’en au 6^{e} léger avec moi.

    –Je comprends bien que je ne sais rien, lui dit Fabrice, mais je veux
    me battre et suis résolu d’aller là-bas vers cette fumée blanche.

    –Regarde comme ton cheval remue les oreilles! Dès qu’il sera là-bas,
    quelque peu de vigueur qu’il ait, il te forcera la main, il se mettra à
    galoper, et Dieu sait où il te mènera. Veux-tu m’en croire? Dès que tu
    seras avec les petits soldats, ramasse un fusil et une giberne, mets-toi
    à côté des soldats et fais comme eux, exactement. Mais, mon Dieu, je
    parie que tu ne sais pas seulement déchirer une cartouche.

    Fabrice, fort piqué, avoua cependant à sa nouvelle amie qu’elle avait
    deviné juste.

    –Pauvre petit! il va être tué tout de suite; vrai comme Dieu! ça ne
    sera pas long. Il faut absolument que tu viennes avec moi, reprit la
    cantinière d’un air d’autorité.

    –Mais je veux me battre.

    –Tu te battras aussi; va, le 6^{e} léger est un fameux, et aujourd’hui il
    y en a pour tout le monde.

    –Mais serons-nous bientôt à votre régiment?

    –Dans un quart d’heure tout au plus.

    «Recommandé par cette brave femme, se dit Fabrice, mon ignorance de
    toutes choses ne me fera pas prendre pour un espion, et je pourrai me
    battre.» A ce moment, le bruit du canon redoubla, un coup n’attendait
    pas l’autre.

    –C’est comme un chapelet, dit Fabrice.

    –On commence à distinguer les feux de peloton, dit la vivandière en
    donnant un coup de fouet à son petit cheval qui semblait tout animé par
    le feu.

    La cantinière tourna à droite et prit un chemin de traverse au milieu
    des prairies; il y avait un pied de boue; la petite charrette fut sur
    le point d’y rester: Fabrice poussa à la roue. Son cheval tomba deux
    fois; bientôt le chemin, moins rempli d’eau, ne fut plus qu’un sentier
    au milieu du gazon. Fabrice n’avait pas fait cinq cents pas que sa rosse
    s’arrêta tout court: c’était un cadavre, posé en travers du sentier, qui
    faisait horreur au cheval et au cavalier.

    La figure de Fabrice, très pâle naturellement, prit une teinte verte
    fort prononcée: la cantinière, après avoir regardé le mort, dit, comme
    se parlant à elle-même:

    –Ça n’est pas de notre division. Puis, levant les yeux sur notre héros,
    elle éclata de rire.

    –Ah! ah! mon petit! s’écria-t-elle, en voilà du nanan!

    Fabrice restait glacé. Ce qui le frappait surtout c’était la saleté des
    pieds de ce cadavre qui déjà était dépouillé de ses souliers, et auquel
    on n’avait laissé qu’un mauvais pantalon tout souillé de sang.

    –Approche, lui dit la cantinière; descends de cheval; il faut que tu
    t’y accoutumes; tiens, s’écria-t-elle, il en a eu par la tête.

    Une balle, entrée à côté du nez, était sortie par la tempe opposée, et
    défigurait ce cadavre d’une façon hideuse; il était resté avec un œil
    ouvert.

    –Descends donc de cheval, petit, dit la cantinière, et donne-lui une
    poignée de main pour voir s’il te la rendra.

    Sans hésiter, quoique prêt à rendre l’âme de dégoût, Fabrice se jeta à
    bas de cheval et prit la main du cadavre qu’il secoua ferme; puis il
    resta comme anéanti; il sentait qu’il n’avait pas la force de remonter à
    cheval. Ce qui lui faisait horreur surtout c’était cet œil ouvert.

    «La vivandière va me croire un lâche», se disait-il avec amertume; mais
    il sentait l’impossibilité de faire un mouvement: il serait tombé. Ce
    moment fut affreux; Fabrice fut sur le point de se trouver mal tout à
    fait. La vivandière s’en aperçut, sauta lestement à bas de sa petite
    voiture, et lui présenta, sans mot dire, un verre d’eau-de-vie qu’il
    avala d’un trait; il put remonter sur sa rosse, et continua la route
    sans dire une parole. La vivandière le regardait de temps à autre du
    coin de l’œil.

    –Tu te battras demain, mon petit, lui dit-elle enfin, aujourd’hui tu
    resteras avec moi. Tu vois bien qu’il faut que tu apprennes le métier de
    soldat.

    –Au contraire, je veux me battre tout de suite, s’écria notre héros
    d’un air sombre, qui sembla de bon augure à la vivandière. Le bruit
    du canon redoublait et semblait s’approcher. Les coups commençaient à
    former comme une basse continue; un coup n’était séparé du coup voisin
    par aucun intervalle, et sur cette basse continue, qui rappelait le
    bruit d’un torrent lointain, on distinguait fort bien les feux de
    peloton.

    Dans ce moment la route s’enfonçait au milieu d’un bouquet de bois; la
    vivandière vit trois ou quatre soldats des nôtres qui venaient à elle
    courant à toutes jambes; elle sauta lestement à bas de sa voiture et
    courut se cacher à quinze ou vingt pas du chemin. Elle se blottit dans
    un trou qui était resté au lieu où l’on venait d’arracher un grand
    arbre. «Donc, se dit Fabrice, je vais voir si je suis un lâche!» Il
    s’arrêta auprès de la petite voiture abandonnée par la cantinière et
    tira son sabre. Les soldats ne firent pas attention à lui et passèrent
    en courant le long du bois, à gauche de la route.

    –Ce sont des nôtres, dit tranquillement la vivandière en revenant tout
    essoufflée vers sa petite voiture… Si ton cheval était capable de
    galoper, je te dirais: pousse en avant jusqu’au bout du bois, vois s’il
    y a quelqu’un dans la plaine. Fabrice ne se le fit pas dire deux fois,
    il arracha une branche à un peuplier, l’effeuilla et se mit à battre son
    cheval à tour de bras; la rosse prit le galop un instant puis revint à
    son petit trot accoutumé. La vivandière avait mis son cheval au galop:

    –Arrête-toi donc, arrête! criait-elle à Fabrice.

    Bientôt tous les deux furent hors du bois; en arrivant au bord de
    la plaine, ils entendirent un tapage effroyable, le canon et la
    mousqueterie tonnaient de tous les côtés, à droite, à gauche, derrière.
    Et comme le bouquet de bois d’où ils sortaient occupait un tertre élevé
    de huit ou dix pieds au-dessus de la plaine, ils aperçurent assez bien
    un coin de la bataille; mais enfin il n’y avait personne dans le pré
    au-delà du bois. Ce pré était bordé, à mille pas de distance, par une
    longue rangée de saules, très touffus; au-dessus des saules paraissait
    une fumée blanche qui quelquefois s’élevait dans le ciel en tournoyant.

    –Si je savais seulement où est le régiment! disait la cantinière
    embarrassée. Il ne faut pas traverser ce grand pré tout droit. A propos,
    toi, dit-elle à Fabrice, si tu vois un soldat ennemi, pique-le avec la
    pointe de ton sabre, ne va pas t’amuser à le sabrer.

    A ce moment, la cantinière aperçut les quatre soldats dont nous venons
    de parler, ils débouchaient du bois dans la plaine à gauche de la route.
    L’un d’eux était à cheval.

    –Voilà ton affaire, dit-elle à Fabrice. Holà! ho! cria-t-elle à celui
    qui était à cheval, viens donc ici boire le verre d’eau-de-vie; les
    soldats s’approchèrent.

    –Où est le 6^{e} léger? cria-t-elle.

    –Là-bas, à cinq minutes d’ici, en avant de ce canal qui est le long des
    saules; même que le colonel Macon vient d’être tué.

    –Veux-tu cinq francs de ton cheval, toi?

    –Cinq francs! tu ne plaisantes pas mal, petite mère, un cheval
    d’officier que je vais vendre cinq napoléons avant un quart d’heure.

    –Donne-m’en un de tes napoléons, dit la vivandière à Fabrice.

    Puis s’approchant du soldat à cheval:

    –Descends vivement, lui dit-elle, voilà ton napoléon.

    Le soldat descendit, Fabrice sauta en selle gaiement, la vivandière
    détachait le petit portemanteau qui était sur la rosse.

    –Aidez-moi donc, vous autres! dit-elle aux soldats, c’est comme ça que
    vous laissez travailler une dame!

    Mais à peine le cheval de prise sentit le portemanteau, qu’il se mit à
    se cabrer, et Fabrice, qui montait fort bien, eut besoin de toute sa
    force pour le contenir.

    –Bon signe! dit la vivandière, le monsieur n’est pas accoutumé au
    chatouillement du portemanteau.

    –Un cheval de général, s’écriait le soldat qui l’avait vendu, un cheval
    qui vaut dix napoléons comme un liard!

    –Voilà vingt francs, lui dit Fabrice, qui ne se sentait pas de joie de
    se trouver entre les jambes un cheval qui eût du mouvement.

    A ce moment, un boulet donna dans la ligne de saules, qu’il prit de
    biais, et Fabrice eut le curieux spectacle de toutes ces petites
    branches volant de côté et d’autre comme rasées par un coup de faux.

    –Tiens, voilà le brutal qui s’avance, lui dit le soldat en prenant ses
    vingt francs.

    Il pouvait être deux heures.

    Fabrice était encore dans l’enchantement de ce spectacle curieux,
    lorsqu’une troupe de généraux, suivis d’une vingtaine de hussards,
    traversèrent au galop un des angles de la vaste prairie au bord de
    laquelle il était arrêté: son cheval hennit, se cabra deux ou trois fois
    de suite, puis donna des coups de tête violents contre la bride qui le
    retenait. «Eh bien, soit!» se dit Fabrice.

    Le cheval laissé à lui-même partit ventre à terre et alla rejoindre
    l’escorte qui suivait les généraux. Fabrice compta quatre chapeaux
    bordés. Un quart d’heure après, par quelques mots que dit un hussard son
    voisin, Fabrice comprit qu’un de ces généraux était le célèbre maréchal
    Ney. Son bonheur fut au comble; toutefois il ne put deviner lequel des
    quatre généraux était le maréchal Ney; il eût donné tout au monde pour
    le savoir, mais il se rappela qu’il ne fallait pas parler. L’escorte
    s’arrêta pour passer un large fossé rempli d’eau par la pluie de la
    veille, il était bordé de grands arbres et terminait sur la gauche la
    prairie à l’entrée de laquelle Fabrice avait acheté le cheval. Presque
    tous les hussards avaient mis pied à terre; le bord du fossé était à
    pic et fort glissant, et l’eau se trouvait bien à trois ou quatre pieds
    en contrebas au-dessous de la prairie. Fabrice, distrait par sa joie,
    songeait plus au maréchal Ney et à la gloire qu’à son cheval, lequel
    étant fort animé, sauta dans le canal; ce qui fit rejaillir l’eau à une
    hauteur considérable. Un des généraux fut entièrement mouillé par la
    nappe d’eau, et s’écria en jurant:

    –Au diable la f… bête!

    Fabrice se sentit profondément blessé de cette injure. «Puis-je en
    demander raison?» se dit-il. En attendant, pour prouver qu’il n’était
    pas si gauche, il entreprit de faire monter à son cheval la rive
    opposée du fossé; mais elle était à pic et haute de cinq à six pieds.
    Il fallut y renoncer; alors il remonta le courant, son cheval ayant de
    l’eau jusqu’à la tête, et enfin trouva une sorte d’abreuvoir; par cette
    pente douce il gagna facilement le champ de l’autre côté du canal. Il
    fut le premier homme de l’escorte qui y parut, il se mit à trotter
    fièrement le long du bord: au fond du canal les hussards se démenaient,
    assez embarrassés de leur position; car en beaucoup d’endroits l’eau
    avait cinq pieds de profondeur. Deux ou trois chevaux prirent peur et
    voulurent nager, ce qui fit un barbotement épouvantable. Un maréchal des
    logis s’aperçut de la manœuvre que venait de faire ce blanc-bec, qui
    avait l’air si peu militaire.

    –Remontez! il y a un abreuvoir à gauche! s’écria-t-il, et peu à peu
    tous passèrent.

    En arrivant sur l’autre rive, Fabrice y avait trouvé les généraux tout
    seuls; le bruit du canon lui sembla redoubler; ce fut à peine s’il
    entendit le général, par lui si bien mouillé, qui criait à son oreille:

    –Où as-tu pris ce cheval?

    Fabrice était tellement troublé qu’il répondit en italien:

    –L’ho comprato poco fa. (Je viens de l’acheter à l’instant.)

    –Que dis-tu? lui cria le général.

    Mais le tapage devint tellement fort en ce moment, que Fabrice ne put
    lui répondre. Nous avouerons que notre héros était fort peu héros en ce
    moment. Toutefois la peur ne venait chez lui qu’en seconde ligne; il
    était surtout scandalisé de ce bruit qui lui faisait mal aux oreilles.
    L’escorte prit le galop; on traversait une grande pièce de terre
    labourée, située au-delà du canal, et ce champ était jonché de cadavres.

    –Les habits rouges! les habits rouges! criaient avec joie les hussards
    de l’escorte.

    Et d’abord Fabrice ne comprenait pas; enfin il remarqua qu’en effet
    presque tous les cadavres étaient vêtus de rouge. Une circonstance lui
    donna un frisson d’horreur; il remarqua que beaucoup de ces malheureux
    habits rouges vivaient encore, ils criaient évidemment pour demander du
    secours, et personne ne s’arrêtait pour leur en donner. Notre héros,
    fort humain, se donnait toutes les peines du monde pour que son cheval
    ne mît les pieds sur aucun habit rouge. L’escorte s’arrêta; Fabrice,
    qui ne faisait pas assez d’attention à son devoir de soldat, galopait
    toujours en regardant un malheureux blessé.

    –Veux-tu bien t’arrêter, blanc-bec! lui cria le maréchal des logis.
    Fabrice s’aperçut qu’il était à vingt pas sur la droite en avant
    des généraux, et précisément du côté où ils regardaient avec leurs
    lorgnettes. En revenant se ranger à la queue des autres hussards restés
    à quelques pas en arrière, il vit le plus gros de ces généraux qui
    parlait à son voisin, général aussi, d’un air d’autorité et presque de
    réprimande; il jurait. Fabrice ne put retenir sa curiosité; et, malgré
    le conseil de ne point parler, à lui donné par son amie la geôlière, il
    arrangea une petite phrase bien française, bien correcte, et dit à son
    voisin:

    –Quel est-il ce général qui gourmande son voisin?

    –Pardi, c’est le maréchal!

    –Quel maréchal?

    –Le maréchal Ney, bêta! Ah çà! où as-tu servi jusqu’ici?

    Fabrice, quoique fort susceptible, ne songea point à se fâcher de
    l’injure; il contemplait, perdu dans une admiration enfantine, ce fameux
    prince de la Moskova, le brave des braves.

    Tout à coup on partit au grand galop. Quelques instants après, Fabrice
    vit, à vingt pas en avant, une terre labourée qui était remuée d’une
    façon singulière. Le fond des sillons était plein d’eau, et la terre
    fort humide, qui formait la crête de ces sillons, volait en petits
    fragments noirs lancés à trois ou quatre pieds de haut. Fabrice remarqua
    en passant cet effet singulier; puis sa pensée se remit à songer à la
    gloire du maréchal. Il entendit un cri sec auprès de lui: c’étaient
    deux hussards qui tombaient atteints par des boulets; et, lorsqu’il les
    regarda, ils étaient déjà à vingt pas de l’escorte. Ce qui lui sembla
    horrible, ce fut un cheval tout sanglant qui se débattait sur la terre
    labourée, en engageant ses pieds dans ses propres entrailles; il voulait
    suivre les autres: le sang coulait dans la boue.

    «Ah! m’y voilà donc enfin au feu! se dit-il. J’ai vu le feu! se
    répétait-il avec satisfaction. Me voici un vrai militaire.» A ce moment,
    l’escorte allait ventre à terre, et notre héros comprit que c’étaient
    des boulets qui faisaient voler la terre de toutes parts. Il avait beau
    regarder du côté d’où venaient les boulets, il voyait la fumée blanche
    de la batterie à une distance énorme, et, au milieu du ronflement égal
    et continu produit par les coups de canon, il lui semblait entendre des
    décharges beaucoup plus voisines; il n’y comprenait rien du tout.

    A ce moment, les généraux et l’escorte descendirent dans un petit chemin
    plein d’eau, qui était à cinq pieds en contrebas.

    Le maréchal s’arrêta, et regarda de nouveau avec sa lorgnette. Fabrice,
    cette fois, put le voir tout à son aise; il le trouva très blond, avec
    une grosse tête rouge. «Nous n’avons point des figures comme celle-là
    en Italie, se dit-il. Jamais, moi qui suis si pâle et qui ai des
    cheveux châtains, je ne serai comme ça», ajoutait-il avec tristesse.
    Pour lui ces paroles voulaient dire: «Jamais je ne serai un héros.»
    Il regarda les hussards; à l’exception d’un seul, tous avaient des
    moustaches jaunes. Si Fabrice regardait les hussards de l’escorte,
    tous le regardaient aussi. Ce regard le fit rougir, et, pour finir son
    embarras, il tourna la tête vers l’ennemi. C’étaient des lignes fort
    étendues d’hommes rouges; mais, ce qui l’étonna fort, ces hommes lui
    semblaient tout petits. Leurs longues files, qui étaient des régiments
    ou des divisions, ne lui paraissaient pas plus hautes que des haies.
    Une ligne de cavaliers rouges trottait pour se rapprocher du chemin en
    contrebas que le maréchal et l’escorte s’étaient mis à suivre au petit
    pas, pataugeant dans la boue. La fumée empêchait de rien distinguer du
    côté vers lequel on s’avançait; l’on voyait quelquefois des hommes au
    galop se détacher sur cette fumée blanche.

    Tout à coup, du côté de l’ennemi, Fabrice vit quatre hommes qui
    arrivaient ventre à terre. «Ah! nous sommes attaqués», se dit-il; puis
    il vit deux de ces hommes parler au maréchal. Un des généraux de la
    suite de ce dernier partit au galop du côté de l’ennemi, suivi de deux
    hussards de l’escorte et des quatre hommes qui venaient d’arriver. Après
    un petit canal que tout le monde passa, Fabrice se trouva à côté d’un
    maréchal des logis qui avait l’air fort bon enfant. «Il faut que je
    parle à celui-là, se dit-il, peut-être ils cesseront de me regarder.» Il
    médita longtemps.

    –Monsieur, c’est la première fois que j’assiste à la bataille, dit-il
    enfin au maréchal des logis; mais ceci est-il une véritable bataille?

    –Un peu. Mais vous, qui êtes-vous?

    –Je suis le frère de la femme d’un capitaine.

    –Et comment l’appelez-vous, ce capitaine?

    Notre héros fut terriblement embarrassé; il n’avait point prévu cette
    question. Par bonheur, le maréchal et l’escorte repartaient au galop.
    Quel nom français dirai-je? pensait-il. Enfin il se rappela le nom du
    maître d’hôtel où il avait logé à Paris; il rapprocha son cheval de
    celui du maréchal des logis, et lui cria de toutes ses forces:

    –Le capitaine Meunier!

    L’autre, entendant mal à cause du roulement du canon, lui répondit:

    –Ah! le capitaine Teulier? Eh bien! il a été tué.

    «Bravo! se dit Fabrice. Le capitaine Teulier; il faut faire l’affligé.»

    –Ah, mon Dieu! cria-t-il, et il prit une mine piteuse.

    On était sorti du chemin en contrebas, on traversait un petit pré, on
    allait ventre à terre, les boulets arrivaient de nouveau, le maréchal se
    porta vers une division de cavalerie. L’escorte se trouvait au milieu de
    cadavres et de blessés; mais ce spectacle ne faisait déjà plus autant
    d’impression sur notre héros; il avait autre chose à penser.

    Pendant que l’escorte était arrêtée, il aperçut la petite voiture d’une
    cantinière, et sa tendresse pour ce corps respectable l’emportant sur
    tout, il partit au galop pour la rejoindre.

    –Restez donc, s…! lui cria le maréchal des logis.

    «Que peut-il me faire ici?» pensa Fabrice, et il continua de galoper
    vers la cantinière. En donnant de l’éperon à son cheval, il avait eu
    quelque espoir que c’était sa bonne cantinière du matin; les chevaux
    et les petites charrettes se ressemblaient fort, mais la propriétaire
    était tout autre, et notre héros lui trouva l’air fort méchant. Comme il
    l’abordait, Fabrice l’entendit qui disait:

    –Il était pourtant bien bel homme!

    Un fort vilain spectacle attendait là le nouveau soldat; on coupait
    la cuisse à un cuirassier, beau jeune homme de cinq pieds dix pouces.
    Fabrice ferma les yeux et but coup sur coup quatre verres d’eau-de-vie.

    –Comme tu y vas, gringalet! s’écria la cantinière. L’eau-de-vie lui
    donna une idée: il faut que j’achète la bienveillance de mes camarades
    les hussards de l’escorte.

    –Donnez-moi le reste de la bouteille, dit-il à la vivandière.

    –Mais sais-tu, répondit-elle, que ce reste-là coûte dix francs, un jour
    comme aujourd’hui?

    Comme il regagnait l’escorte au galop:

    –Ah! tu nous rapportes la goutte! s’écria le maréchal des logis, c’est
    pour ça que tu désertais? Donne.

    La bouteille circula; le dernier qui la prit la jeta en l’air après
    avoir bu.

    –Merci, camarade! cria-t-il à Fabrice.

    –Tous les yeux le regardèrent avec bienveillance. Ces regards ôtèrent
    un poids de cent livres de dessus le cœur de Fabrice: c’était un de ces
    cœurs de fabrique trop fine qui ont besoin de l’amitié de ce qui les
    entoure. Enfin il n’était plus mal vu de ses compagnons, il y avait
    liaison entre eux! Fabrice respira profondément, puis d’une voix libre,
    il dit au maréchal des logis:

    –Et si le capitaine Teulier a été tué, où pourrais-je rejoindre ma sœur?

    Il se croyait un petit Machiavel, de dire si bien Teulier au lieu de
    Meunier.

    –C’est ce que vous saurez ce soir, lui répondit le maréchal des logis.

    L’escorte repartit et se porta vers des divisions d’infanterie. Fabrice
    se sentait tout à fait enivré; il avait bu trop d’eau-de-vie, il roulait
    un peu sur sa selle: il se souvint fort à propos d’un mot que répétait
    le cocher de sa mère: «Quand on a levé le coude, il faut regarder entre
    les oreilles de son cheval, et faire comme fait le voisin.» Le maréchal
    s’arrêta longtemps auprès de plusieurs corps de cavalerie qu’il fit
    charger; mais pendant une heure ou deux notre héros n’eut guère la
    conscience de ce qui se passait autour de lui. Il se sentait fort las,
    et quand son cheval galopait il retombait sur la selle comme un morceau
    de plomb.

    Tout à coup le maréchal des logis cria à ses hommes:

    –Vous ne voyez donc pas l’Empereur, s…! Sur-le-champ l’escorte cria
    vive l’Empereur! à tue-tête. On peut penser si notre héros regarda de
    tous ses yeux, mais il ne vit que des généraux qui galopaient, suivis,
    eux aussi, d’une escorte. Les longues crinières pendantes que portaient
    à leurs casques les dragons de la suite l’empêchèrent de distinguer les
    figures. «Ainsi, je n’ai pu voir l’Empereur sur un champ de bataille, à
    cause de ces maudits verres d’eau-de-vie!» Cette réflexion le réveilla
    tout à fait.

    On redescendit dans un chemin rempli d’eau, les chevaux voulurent boire.

    –C’est donc l’Empereur qui a passé là? dit-il à son voisin.

    –Eh! certainement, celui qui n’avait pas d’habit brodé. Comment ne
    l’avez-vous pas vu? lui répondit le camarade avec bienveillance.

    Fabrice eut grande envie de galoper après l’escorte de l’Empereur et de
    s’y incorporer. Quel bonheur de faire réellement la guerre à la suite
    de ce héros! C’était pour cela qu’il était venu en France. «J’en suis
    parfaitement le maître, se dit-il, car enfin je n’ai d’autre raison pour
    faire le service que je fais, que la volonté de mon cheval qui s’est mis
    à galoper pour suivre ces généraux.»

    Ce qui détermina Fabrice à rester, c’est que les hussards ses nouveaux
    camarades lui faisaient bonne mine; il commençait à se croire l’ami
    intime de tous les soldats avec lesquels il galopait depuis quelques
    heures. Il voyait entre eux et lui cette noble amitié des héros du Tasse
    et de l’Arioste. S’il se joignait à l’escorte de l’Empereur, il y aurait
    une nouvelle connaissance à faire; peut-être même on lui ferait la mine
    car ces autres cavaliers étaient des dragons et lui portait l’uniforme
    de hussard ainsi que tout ce qui suivait le maréchal. La façon dont on
    le regardait maintenant mit notre héros au comble du bonheur; il eût
    fait tout au monde pour ses camarades; son âme et son esprit étaient
    dans les nues. Tout lui semblait avoir changé de face depuis qu’il était
    avec des amis, il mourait d’envie de faire des questions. «Mais je
    suis encore un peu ivre, se dit-il, il faut que je me souvienne de la
    geôlière.» Il remarqua en sortant du chemin creux que l’escorte n’était
    plus avec le maréchal Ney; le général qu’ils suivaient était grand,
    mince, et avait la figure sèche et l’œil terrible.

    Ce général n’était autre que le comte d’A…, le lieutenant Robert du 15
    mai 1796. Quel bonheur il eût trouvé à voir Fabrice del Dongo.

    Il y avait déjà longtemps que Fabrice n’apercevait plus la terre volant
    en miettes noires sous l’action des boulets; on arriva derrière un
    régiment de cuirassiers, il entendit distinctement les biscaïens frapper
    sur les cuirasses et il vit tomber plusieurs hommes.

    Le soleil était déjà fort bas, et il allait se coucher lorsque
    l’escorte, sortant d’un chemin creux, monta une petite pente de trois
    ou quatre pieds pour entrer dans une terre labourée. Fabrice entendit
    un petit bruit singulier tout près de lui: il tourna la tête, quatre
    hommes étaient tombés avec leurs chevaux; le général lui-même avait été
    renversé, mais il se relevait tout couvert de sang. Fabrice regardait
    les hussards jetés par terre: trois faisaient encore quelques mouvements
    convulsifs, le quatrième criait:

    –Tirez-moi de dessous.

    Le maréchal des logis et deux ou trois hommes avaient mis pied à terre
    pour secourir le général qui, s’appuyant sur son aide de camp, essayait
    de faire quelques pas; il cherchait à s’éloigner de son cheval qui se
    débattait renversé par terre et lançait des coups de pied furibonds.

    Le maréchal des logis s’approcha de Fabrice. A ce moment notre héros
    entendit dire derrière lui et tout près de son oreille:

    –C’est le seul qui puisse encore galoper.

    Il se sentit saisir les pieds; on les élevait en même temps qu’on lui
    soutenait le corps par-dessous les bras; on le fit passer par-dessus la
    croupe de son cheval, puis on le laissa glisser jusqu’à terre, où il
    tomba assis.

    L’aide de camp prit le cheval de Fabrice par la bride; le général,
    aidé par le maréchal des logis, monta et partit au galop; il fut suivi
    rapidement par les six hommes qui restaient. Fabrice se releva furieux,
    et se mit à courir après eux en criant:

    –Ladri! ladri!(voleurs! voleurs!)

    Il était plaisant de courir après des voleurs au milieu d’un champ de
    bataille.

    L’escorte et le général, comte d’A…, disparurent bientôt derrière une
    rangée de saules. Fabrice, ivre de colère, arriva aussi à cette ligne de
    saules; il se trouva tout contre un canal fort profond qu’il traversa.
    Puis, arrivé de l’autre côté, il se remit à jurer en apercevant de
    nouveau, mais à une très grande distance, le général et l’escorte qui se
    perdaient dans les arbres.

    –Voleurs! voleurs! criait-il maintenant en français.

    Désespéré, bien moins de la perte de son cheval que de la trahison,
    il se laissa tomber au bord du fossé, fatigué et mourant de faim. Si
    son beau cheval lui eût été enlevé par l’ennemi, il n’y eût pas songé;
    mais se voir trahir et voler par ce maréchal des logis qu’il aimait
    tant et par ces hussards qu’il regardait comme des frères! c’est ce qui
    lui brisait le cœur. Il ne pouvait se consoler de tant d’infamie, et,
    le dos appuyé contre un saule, il se mit à pleurer à chaudes larmes.
    Il défaisait un à un tous ses beaux rêves d’amitié chevaleresque et
    sublime, comme celle des héros de la Jérusalem délivrée. Voir arriver la
    mort n’était rien, entouré d’âmes héroïques et tendres, de nobles amis
    qui vous serrent la main au moment du dernier soupir! mais garder son
    enthousiasme, entouré de vils fripons!!! Fabrice exagérait comme tout
    homme indigné. Au bout d’un quart d’heure d’attendrissement, il remarqua
    que les boulets commençaient à arriver jusqu’à la rangée d’arbres à
    l’ombre desquels il méditait. Il se leva et chercha à s’orienter. Il
    regardait ces prairies bordées par un large canal et la rangée de saules
    touffus: il crut se reconnaître. Il aperçut un corps d’infanterie qui
    passait le fossé et entrait dans les prairies, à un quart de lieue en
    avant de lui. «J’allais m’endormir, se dit-il; il s’agit de n’être
    pas prisonnier»; et il se mit à marcher très vite. En avançant il fut
    rassuré, il reconnut l’uniforme, les régiments par lesquels il craignait
    d’être coupé étaient français. Il obliqua à droite pour les rejoindre.

    Après la douleur morale d’avoir été si indignement trahi et volé, il en
    était une autre qui, à chaque instant, se faisait sentir plus vivement:
    il mourait de faim. Ce fut donc avec une joie extrême qu’après avoir
    marché, ou plutôt couru pendant dix minutes, il s’aperçut que le corps
    d’infanterie, qui allait très vite aussi, s’arrêtait comme pour prendre
    position. Quelques minutes plus tard, il se trouvait au milieu des
    premiers soldats.

    –Camarades, pourriez-vous me vendre un morceau de pain?

    –Tiens, cet autre qui nous prend pour des boulangers!

    Ce mot dur et le ricanement général qui le suivit accablèrent Fabrice.
    La guerre n’était donc plus ce noble et commun élan d’âmes amantes de
    la gloire qu’il s’était figuré d’après les proclamations de Napoléon!
    Il s’assit, ou plutôt se laissa tomber sur le gazon; il devint très
    pâle. Le soldat qui lui avait parlé, et qui s’était arrêté à dix pas
    pour nettoyer la batterie de son fusil avec son mouchoir, s’approcha et
    lui jeta un morceau de pain, puis, voyant qu’il ne le ramassait pas, le
    soldat lui mit un morceau de ce pain dans la bouche. Fabrice ouvrit les
    yeux, et mangea ce pain sans avoir la force de parler. Quand enfin il
    chercha des yeux le soldat pour le payer, il se trouva seul, les soldats
    les plus voisins de lui étaient éloignés de cent pas et marchaient. Il
    se leva machinalement et les suivit. Il entra dans un bois; il allait
    tomber de fatigue et cherchait déjà de l’œil une place commode; mais
    quelle ne fut pas sa joie en reconnaissant d’abord le cheval, puis la
    voiture, et enfin la cantinière du matin! Elle accourut à lui et fut
    effrayée de sa mine.

    –Marche encore, mon petit, lui dit-elle; tu es donc blessé? et ton beau
    cheval? En parlant ainsi elle le conduisait vers sa voiture, où elle
    le fit monter, en le soutenant par-dessous les bras. A peine dans la
    voiture, notre héros, excédé de fatigue, s’endormit profondément. 3

    CHAPITRE IV

    Rien ne put le réveiller, ni les coups de fusil tirés fort près de la
    petite charrette, ni le trot du cheval que la cantinière fouettait
    à tour de bras. Le régiment attaqué à l’improviste par des nuées de
    cavalerie prussienne, après avoir cru à la victoire toute la journée,
    battait en retraite, ou plutôt s’enfuyait du côté de la France.

    Le colonel, beau jeune homme, bien ficelé, qui venait de succéder
    à Macon, fut sabré; le chef de bataillon qui le remplaça dans le
    commandement, vieillard à cheveux blancs, fit faire halte au régiment.

    –F…! dit-il aux soldats, du temps de la république on attendait pour
    filer d’y être forcé par l’ennemi… Défendez chaque pouce de terrain et
    faites-vous tuer, s’écriait-il en jurant; c’est maintenant le sol de la
    patrie que ces Prussiens veulent envahir!

    La petite charrette s’arrêta, Fabrice se réveilla tout à coup. Le
    soleil était couché depuis longtemps; il fut tout étonné de voir qu’il
    était presque nuit. Les soldats couraient de côté et d’autre dans une
    confusion qui surprit fort notre héros; il trouva qu’ils avaient l’air
    penaud.

    –Qu’est-ce donc? dit-il à la cantinière.

    –Rien du tout. C’est que nous sommes flambés, mon petit; c’est la
    cavalerie des Prussiens qui nous sabre, rien que ça. Le bêta de général
    a d’abord cru que c’était la nôtre. Allons, vivement, aide-moi à réparer
    le trait de Cocotte qui s’est cassé.

  • Jusqu’à l’extrême regard Poésie

    Jusqu’à l’extrême regard Poésie

    Aproximadamente 3.997 palavras.

    Huguette Bertrand

    JUSQU'À L'EXTRÊME REGARD

    poésie

    Éditions En Marge

    =========================================

    Suis en amour avec le jour qui passe
    près de ma fenêtre
    par-dessus ma chair ruisselante d'avenir
    sous un amoncellement de gestes fous
    que l'histoire raconte pour bercer la petite fille
    Suis en amour avec la nuit qui passe
    près de mon lit
    dans les hauts-fonds de mon âme
    parmi les spasmes et tous ces bruits
    arrachés au plaisir d'être là
    comme un fruit dans son nectar

    Suis en amour avec les mots d'amour
    près de la vie
    comme des semences d'éternité

    ___________________________

    Devant toi comme quelqu'un qui attend
    qui attend que la nuit soit consommée
    en attendant que tu sois là
    l'âme à nue
    en plein coeur du rire
    envoyée dans tous les sens
    débridée par les mots écrits comme ça
    en plein jour
    en pleine nuit
    alors que les coeurs s'entrechoquent à travers les ondes
    provoquent des signes amourachés tendres

    Comment résister aux mots désordonnés
    sans faux pli
    des mots qui provoquent la rencontre l'amitié
    la vie jusqu'au bord du risque
    le risque de perdre son âme dans l'âme de l'autre
    cet autre soi-même accordé à la vie
    ses rythmes
    ses accords à travers les saisons provocantes
    une provocation d'images chauffées à blanc
    pour le bonheur de l'instant

    Comment résister aux heures arrogantes
    ce trajet de l'esprit en voyage sur les sens
    quand le regard touche les courbes brûlantes du délire
    quand la main vient se poser sur le cri

    Un silence dérobé à l'envie d'être là
    jusqu'au bout

    ___________________________

    Parmi les feux de la nuit
    ce parcours du silence de ton âme secrète
    s'abreuve à la source de nos avenues intimes
    jusqu'au tréfonds de nos corps lancinants
    comme un puits si profond
    d'où surgissent les vertiges du matin
    ses accords sur la portée du coeur
    à n'en plus finir

    L'amour se consume
    à travers une nuée de caresses étonnées

    ___________________________

    Les doigts du ciel effleurent le sanctuaire de la folle amante
    gonflée dans la poitrine du vent
    et d'inutiles colères se heurtent aux douleurs des griffes
    emprisonnées dans les veines du temps

    Les lèvres s'habituent aux désirs
    quand la crue des souffles inonde l'espace
    jusqu'à l'épuisement des gestes

    Cernées les images passent
    l'amour délire

    ___________________________

    Le temps
    mon frère
    vient d'arriver avec en poche
    le poids de ma fragilité
    déposée aux pieds de la tendresse
    parfois emportée par le vent du large
    ses milliers de p'tits papiers accrochés au fil des jours
    et du printemps venu râteler ses émotions
    éparpillées sur le gazon

    ___________________________

    Dans la prison du désir
    je tue les heures une à une
    sans blesser les instants de l'espace amoureux
    sans piétiner les sourires
    sans mélanger la couleur des gris trop gris
    sans mourir sous le toit indigné par la caresse des jours
    sans suivre le cours du rêve inachevé
    des lendemains avides de temps

    À même cette prison
    j'habitue mes mots au délire
    pour contrôler les enchantements
    pour nager dans les attentes trop vives

    ___________________________

    Oui je rêve que je ne rêve pas
    dans le délire de tes nuits
    dans la conscience du jour
    cette envie de colorer tes arcs-en-ciel aux prises avec les nuages
    assise sous le chêne
    à brouter des impatiences dans la gueule du temps
    ce temps empanaché d'étoiles
    de fils d'araignée
    quand la voix cherche les contours d'une présence
    pour la suite du jour

    ___________________________

    Ma vie se berce au creux de la mémoire
    d'un amour retrouvé comme un mystère
    entre les seins affolés
    par une nuée d'interdits

    En proie aux fièvres
    mes rêves glissent sous le poids de la démesure
    sur les rives chaudes et parfumées du sommeil
    quand mes pores se tordent
    dans la nuit peuplée de sueurs
    de doux désirs entr'ouverts
    entre le souffle et les ongles

    Les bouches lasses se cueillent
    devant la lune éclose

    ___________________________

    Demain est toujours un autre jour
    qui nous suit pas à pas
    dans les décombres de la nuit
    ses rêves immobiles sous l'oreiller
    poursuivis dans le plein des silences
    qui charrient à distance les feux de l'âme
    cette distance que l'oeil inonde
    pour nettoyer les passions refoulées
    dans les abîmes d'un poème qui ne veut pas se taire
    un poème à la mesure du coeur
    aiguisé par la lenteur des heures à bout de cris

    ___________________________

    À l'approche de ton corps nu
    ma chair goûte tes fièvres
    de la courbe de tes rêves à la pointe du vertige
    et l'ivresse de mes lèvres déclenche le délire
    cette sauvage volupté
    quand mon souffle te parcourt satiné

    Se cambre ta raison
    sous mes doigts agités
    sans rancune
    de laisser échapper ce mouvement ondulé
    cette vague
    comme un spasme
    au bout du cri

    ___________________________

    L'amour veille dans le silence advenu
    ce silence ému par le vertige des jours
    jours de peurs
    jours des alentours défaits
    jours qui parlent tout bas
    jours évidés des sens
    jour dans la descente du jour
    long cortège des jours abandonnés à leurs songes

    ___________________________

    Ce jour n'en peut plus de dormir si tard dans son lit
    cette âme qui dort tout bonnement dans sa nuit
    un pan de nuit accrochée à la vie
    quand la vie se mesure à nos pas piétinés
    quand la vie nous rassure dans le délire des ombres

    De toutes ses coutures elle craque
    dans la charpie des heures
    s'effiloche en petites rivières nocturnes
    se rabat dans la dorure d'un soleil emprisonné
    dans un espace trop étroit
    un espace de temps trop vieux
    que la main pose sur la détresse du jour

    ___________________________

    Le soleil me joue des tours
    projette dans mon regard
    les jours étourdis par de trop grandes extases
    accrochées au clou de mon âme
    en attente du prochain soir violacé

    Par une fenêtre du coeur
    gémissent des musiques
    des gestes interrompus
    dans ce piège adossé au réveil

    ___________________________

    Tu peux toujours croquer quelques mots pour déjeuner
    pour accrocher les soucis
    dans l'oeil figé du temps qu'il fait dehors
    les branches tendues aux quatre vents

    ___________________________

    Quand un grand vent souffla sur la peau de l'automne
    elle prit la fuite
    et une chemise au hasard
    en parlant de rentrer dans un portrait de famille
    sans parlure
    sans ambiance
    puis revint ranger cette randonnée
    là où elle l'avait laissée
    juste sous le ciel étoilé de son lit

    Elle rêvait tout simplement

    ___________________________

    Suite de nuits
    que l'amour embrase de toute éternité
    pourchassée par le crime de n'être pas assouvie
    quand le souffle brusquement s'arrête
    dans le regard plongé au coeur d'un arbre d'automne
    comme une bête blessée
    fouettée par le vent
    et toutes ses feuilles qui gisent sur le sol défait

    Vive mémoire emportée par les rafales du temps

    ___________________________

    Il pleut des joies dans mes yeux
    des arcs-en-ciel sur mes épaules
    des délires crachés par la mer
    ramassés par une vague silencieuse
    à la lumière d'un vieux rêve taillé sur mesure

    Il pleut des odeurs de cheminées
    à l'image des hautes forêts
    des murmures échappés du rire
    qui bousculent mon espace intime
    pour tuer la peur
    ses durs reflets

    ___________________________

    Connectés à l'amour
    aux cordes des guitares
    celles trempées dans l'acier de l'aujourd'hui
    les lendemains paralysent le retour de quelques larmes
    appuyées sur les murs
    des maisons de novembre

    Que viennent les musiques à pleines mains
    sur la portée du coeur
    dans les sillons du jour accordés au plaisir d'être
    enfin

    ___________________________

    Dans la blancheur de l'être
    le coeur cultive un rêve abandonné dans les couloirs de la nuit
    parmi les angles
    et les assauts du regard
    venus explorer les fractures de l'âme
    ces traces fragiles qu'un silence inonde

    ___________________________

    Froid comme un hiver
    le bonheur se cherche un abri dans le bleuté des nuits
    porte le vague souvenir d'une main affolée
    comme une caresse sur l'éveil du jour
    en attendant une brassée de coeurs flottants

    L'amour et ses trouvailles
    ont rendu la brise à l'hiver

    ___________________________

    Côté coeur
    y a rien d'neuf
    à part le feu qui ronge ma langue
    quand les jours se cachent dans l'ombre

    Y a rien d'neuf au bout du jour
    quand les images s'ensablent dans ma mémoire
    que les nuits brûlent sous ma peau

    Y a rien d'neuf au bout d'la semaine
    à part les bruits
    les graffiti
    mes pieds en tête au bout d'la rue

    Y a rien d'neuf au bout du coeur
    à part tes yeux
    à part tes rêves
    pour caresser le bout d'ma vie

    ___________________________

    Quand tes musiques folles m'écoutent trop longtemps
    j'ai envie de faire trembler le jour
    qui se promène dans ma nuit
    d'envoyer mon âme en voyage
    pour la faire durer
    de chatouiller le soleil
    en faisant ma valise
    d'écrire des mots d'avance
    en cas de panne
    te parler au creux de mes phrases
    te chuchoter mes souvenirs ramassés en petits paquets d'émotions

    À travers la buée de mes espérances
    et la poussière des routes
    je m'abandonne dans un respir

    ___________________________

    Derrière les montagnes
    on aperçoit des regards vagabonder çà et là
    entre les arbres
    comme des sourires prolongés
    jusqu'au faîte de l'âme

    On aperçoit dans le tard des nuits
    quelques espaces de tendresse
    pour étouffer l'ennui
    quand le coeur fauve vient s'échouer
    aux abords des yeux ensablés
    par de trop longues heures d'attente

    Les jours nous regardent dormir entre les branches

    ___________________________

    Dans la cambrure du geste apparenté à l'infinie démesure
    ce temps passé tout contre vous
    enjolive les anciens printemps
    demeurés soudainement muets par temps de grands vents
    quand le destin fait rage

    Le corps comme un oiseau partage les tempêtes
    sur le chemin pavé de mots
    d'ardeurs arrachées à l'histoire

    ___________________________

    Comme une brise roucoulante
    venue s'échouer dans le cou de l'aube
    le corps transperce les nuages de mon âme
    et la chair de l'image
    qu'au loin je contemple tout près
    pour étancher la soif
    pour apprivoiser les battements du coeur dans l'instant

    ___________________________

    Déchirée par les départs toujours présents
    la douleur s'apaise
    quand le souffle rejoint le geste
    ce battement de vie
    à même ton âme greffée à la mienne

    Coincée entre l'espace et le temps
    mes mots en se taisant crient à tue-tête
    dans ce rêve sorti tout droit des nues
    habitat du coeur devenu oxygène

    À travers une verrière
    l'univers s'incline à genoux sur la nuit

    ___________________________

    Allongée sur les paumes du quotidien
    une femme de connivence avec le bonheur
    s'abandonne dans un fou rire
    pose délicate comme un fruit incandescent
    qu'enrobent les désirs
    venus valser sur ses nuits apprivoisées
    une femme moulée dans ses parures
    pour une fête empirique
    transparente parfumée
    visitée par les saisons
    inscrite au calendrier
    revue et corrigée par le mouvement perpétuel de la tendresse

    On imagine aussi les mains déployées d'un homme à plaisir
    venu raser ce rêve dans le jus des sens
    devant une bière enivrée d'illusions
    quand le temps forge des douleurs sous nos pieds désarmés
    échange l'amour contre la mort
    ses pitiés naissantes au bord des lèvres
    pour inquiéter nos nuits

    ___________________________

    Quand la vie m'étire à n'en plus finir
    j'étire l'avenir jusqu'à demain
    j'étire demain pour en finir avec l'avenir
    j'étire mes mots pour allonger le verbe
    je m'étire dans mon verbe pour conjuguer le désir à l'être
    et n'être plus que l'étirement d'un désir
    sur une distance allongée posée sur le temps
    un temps étiré par le hasard d'une rencontre
    une rencontre qui s'étire sur le devenir
    comme si demain n'existait pas

    Pour en finir
    le verbe me plonge dans ce désir de l'être
    en son devenir

    ___________________________

    Juste un peu plus de vie pour prendre l'amour par le goût
    quand le goût a le goût d'aller dormir près de la nuit
    cette nuit qui veille sur l'amour
    comme une vieille amante échevelée au goût du jour
    pas trop tannée
    juste encore en vie
    pour goûter aux nuits échevelées par l'amour

    ___________________________

    Elle est venue
    elle était peut-être déjà là
    debout en pyjama sur son destin
    dans sa chambre virginale
    appuyée sur un dégoût
    en attendant la conquête des seins des reins
    et autres viscères
    dépliant sa nuit sur le coeur englué
    dans son imagerie

    Finalement
    elle est peut-être venue
    mais je n'y étais pas

    ___________________________

    Devant les jours de banlieues
    le temps s'attriste
    ces îles roses à l'intimité fragile
    îles boiteuses à des années-lumière
    îles poisseuses dans le varech des regards
    îles érigées à la gloire de l'éphémère
    îles savantes pour dérouter le mouvement des foules
    îles languissant comme des pluies
    îles mortes déclarées sans avenue
    îles ennuyeuses remplies de crépuscules
    îles éclatées en plein visage de la vie

    ___________________________

    Vous avez dit amour
    quand on vous aperçoit aujourd'hui plongé dans un bain de tendresse
    pour savonner les mercredis oubliés
    vous écrivez amour sur le bout d'une table
    entre deux feuilles grises
    deux colères
    et vos gestes dévastés par de trop longues heures

    Se grave enfin sur la chair de l'autre
    votre coeur démesuré
    et vous buvez l'amour
    quand le corps presse la détente
    comme au premier jour
    en cette mi-temps de février

    ___________________________

    Je bois à la source de vos mots délivrés
    temporaires
    quand la vague soupire
    quand le corps n'en peut plus de vous regarder dans l'embrasure des montagnes
    à travers le songe de vos regards venus si près de toucher l'indécence
    ce velouté du coeur jusqu'au vacillement des sens
    déboutonnés jusqu'à l'os

    C'est de l'amour
    dans le concentré des jours
    quand l'impuissance du geste s'étire à n'en plus finir
    pour espacer les désirs qui se heurtent aux vives absences

    C'est de l'amour
    comme un fruit arraché haut et court à l'automne
    un fruit d'hiver mûri à même les délicaresses
    quand le printemps s'allume allègrement
    aux abords de l'été

    ___________________________

    Qu'avons-nous à dérober ces gestes
    qui ne craignent plus la pudeur d'embrasser le poète
    dans les eaux grouillantes du délire
    ni même de tremper nos doigts dans le suc de l'amour
    comme une rosée sur le bonheur d'être assouvie par de tendres ébats
    ce repas que le coeur attend avidement
    à travers la bruine des jours
    ce doux mensonge pour un monde inventé par la blessure
    de ne pouvoir aimer à n'en plus finir

    ___________________________

    Quand il fait trop nuit
    un nouveau regard vient border mes rêves abandonnés sur le rivage
    qu'une simple lueur vient consteller

    Mémoire de la main qui effleure la mémoire
    mémoire des yeux qui arpente la nuit
    mémoire de la nuit qui parfume l'ennui

    Une flamme ardente vient chanter sous ma lampe
    des airs sauvages
    accompagnés de petites ronflettes
    hallucinées

    ___________________________

    Ne pillez plus ces nouveaux jours
    quand le soleil verse son or sur nos chairs attendries par l'âge des pierres
    quand nos yeux pavoisent devant ce rêve emmitouflé dans un rayon de lune
    quand le galbe soyeusement apprivoisé cherche les contours de la main qui effleure

    Sous l'écorce de nos vies
    le temps est à l'oeuvre
    sculpte dans cette argile
    des lumières frêles
    que les mots épuisent aux confins de la mémoire

    Surgissent alors des amours effrontées

    ___________________________

    Dans la savane de nos âmes
    des loups s'y promènent
    avec un goût de représailles à portée de hurlement
    étrangeté qui ressemble à une vocation
    jusque-là étendue sur une plage
    devant une mer de naufrages
    de cris douteux

    ___________________________

    En vérité
    c'est de toi cette senteur du jardin
    jusqu'à l'extrême regard incendiaire
    à la poursuite des patiences
    et des pluies venues

    Encore toi
    ce pays sans avenue
    que l'on transporte en soi dans la terre fertile du désir

    Toujours toi
    à la cadence des jours
    blottis entre chaque phrase
    sans mesure
    comme une certitude du présent

    ___________________________

    L'hiver ne pensait pas qu'il était rendu là où il était
    sous une pluie de glaçons barbares
    venue blesser la conscience des arbres nus
    leurs bras ballants comme chômeur sans cause
    et pour cause

    L'hiver venu a dérapé sur sa neige fondante
    à la dérive
    sur la noire habitude de nos gestes gelés

    ___________________________

    Encore tout chaud
    mon jour incendié par l'abondance du rêve
    sème dans les sillons de l'amour
    un visage habité de réels immenses
    une gueule à désir
    flanqué d'un sourire limité par la séduction d'un regard efficace
    une peau de sable fin arrachée aux plages

    Entre des pieds acrobates
    un vertige se répand sur le droit fil funambule

    ___________________________

    Les yeux assoupis dans une vague d'espoir
    retournent au rivage
    cette écume de l'émoi

    Dérive des jours insensés vers l'abîme des tendresses
    où le galbe rocheux s'étale sur la surface des eaux
    dans l'ébène du soir
    d'un enfant infini projeté dans le regard de l'aube

    ___________________________

    Ce corps inouï emprisonne le soleil dans un doute
    que supporte mal le ciel blafard

    Ciel de tous les regards portés sur la chose
    ciel enculé par des évidences
    semences du ciel dans le ventre du passé
    enfants éventrés dans les décharges du ciel
    ciel baisé en silence par des nuits épousées
    ciel de vie détrempée dans la sueur des jours

    De feu de sang
    le ciel me désire

    ___________________________

    Après maints combats
    le coeur essoufflé s'endort ensoleillé
    porte en moi ce plaisir de brûler dans l'ombre

    Ces seules lignes décochées sur la cible
    ressemblent à une coïncidence
    quand la raison perd la tête

    Posez un timbre de voix sur le mot
    envoyez cette bizarrerie au hasard
    comme un mot d'amour à la mer

    ___________________________

    Assoupis
    des fragments d'été brûlent sous la peau
    comme une promesse aux herbes folles
    dans un corps à corps avec les étoiles

    Lents mouvements inclinés sur l'âme affamée
    suspendue sur un mur de glace
    dans lequel résonne un cri d'enfant
    assassiné par de trop longues années

    ___________________________

    Où veux-tu que je dépose mes caresses
    lorsque la lune est rouge
    lorsque mon cri échevelé vient te dire que l'amour fermente sous le lichen
    lorsque tu danses près d'un gouffre de lumière
    lorsque tu marches sur des plages garnies d'apothéoses et de galets hors saison
    lorsque la mer me confie son silence me propose ses regrets comme la terre ses alarmes
    lorsque tu ruisselles sous l'écorce de tes nuits inventées
    lorsque je traverse le pont de tes rires téméraires
    lorsque enfin nos mains fleurissent sous un grand pin argenté

    ___________________________

    Dans les chairs roses du ciel
    une lune magique pose sous le regard des jours irrités par la rage des heures folles

    Heures de plomb à l'épaule
    heures des portes battantes
    heures tranchées dans le sens du cadavre
    heures lacérées par les visages fuyants
    heures déshabillées dans un respir
    heures qui se bousculent à la porte des foules
    heures bleues heures grises comme des pierres étranglées
    vive douleur des heures incendiées
    heures fragiles et nues dans les chairs roses du ciel

    ___________________________

    Votre folie m'habille comme un gant
    si près de la lumière
    si près des heures libérées par la foudre de vos rires en relief
    sur mes mots éventrés par les silences
    les oubliances que je suis
    à même ce jour
    imprégnée d'alliances
    d'enfances étalées sur mes crépuscules
    ce foutu mensonge

    ___________________________

    J'ai les écluses fragiles dans le regard de l'aube
    quand mes mains s'abandonnent au vertige des mots
    devant ce phare absent
    devant l'image rebelle d'une nuit furieuse
    pluvieuse

    ___________________________

    Au passage
    les baisers creusent des habitudes au hasard des fatigues
    lèchent le destin étroit d'un visage oublié dans le givre des heures
    visage abandonné sous le doux regard d'une étoile lointaine
    quand la fête déjoue les ruses d'un soir exténué

    ___________________________

    Une promesse de chairs odorantes provoque des printemps délurés
    des échanges de rêves effrontés
    derrière une foule triste
    essuie gestes et marées sur les visages à portée de l'esclave

    ___________________________

    Sur ma page
    des mots ondulés me respirent jusqu'au sein du rêve
    me ramènent au coeur des choses
    à travers le cristallin de l'âme
    ses ébats
    dans la chaleur des sexes poétiques
    évanouis comme des mystères déraisonnables

    ___________________________

    Un cheptel de mots avance lentement
    vers l'écrin fertile de mes pensées
    en meuglant des souvenirs désespérés
    sous le dernier quartier d'une lune d'hiver

    ___________________________

    Ce brasier du coeur brûle les ailes d'un horizon étonné
    invente des poursuites
    dans la brousse des prunelles
    des déesses éplorées

    Femmes de bois
    fibres de terre
    de sang trop mûr
    assises sur l'humus des âges sacrés
    fiançailles englouties dans un bleu éternel

    ___________________________

    Frémissante
    elle reconnaît les cris
    comme une exaltation secrète de la source
    ses passions qu'elle boit à même la bouche des échos rythmés
    des instants convertis à l'être
    autrefois bafoués
    sans mémoire
    rejette par ses paumes entrouvertes
    la raison trébuchante
    qu'aucune foi ne peut atteindre
    dans l'aube assassinée

    ___________________________

    Il fait jaune feu dehors
    à travers les arbres déchus et mauves
    devant ce jour poudré d'indifférence
    égaré dans le vin de l'aube
    ennivrée

    Comme un rendez-vous avec la mémoire
    ce feu à côté de moi
    me projette dans le plein des choses à écrire

    Tranquillement demain me lira
    apaisera le fer à 23 heures pile
    mais comment en être sûre ?

    ___________________________

    Une mémoire constellée glane les langues assoiffées
    mystère des mots sanctifiés par le poète
    sous l'emprise d'un verre offert
    pour évaporer les désirs inconscients de l'Être
    dévorantes failles engorgées de désirs
    décapsulés
    bus jusqu'à la lie

    ___________________________

    Au coeur de l'essentiel
    le silence mijote des réponses
    condamnées à éblouir les peurs
    à hauteur du vrai
    en ce jour dessiné
    inévitable

    Le coeur aux aguets

    ___________________________

    Rage folle des amours punitives
    doux labeur de questions pour nos âmes affamées

    Rage folle des amours démembrées
    par les jours indomptés d'un coeur fauve insondable

    Rage folle des amours déchiquetées
    ensevelies sous les bruits de nos pas inévitables

    Rage folle des amours libertaires
    abandonnées dans un cri

    ___________________________

    Cette femme désertique apprend en silence
    mais le silence ne lui répond pas

    Elle se chuchote les mots amoureux du temps
    répand ses cris en rafales
    sur des tissus brodés d'étoiles
    retenant la pluie d'un visage abruti

    Elle rêve
    elle rêve aux doux gémissements amarrés au quai d'un grand lit
    sème sur des pierres
    les fines herbes de son coeur éclaté

    Abandonnée devant un soleil trop pur
    la joie s'écrira peu à peu
    sur le blanc de l'âme imaginée trop grise
    que les couleurs transporteront sur les ailes du vent

    Le meilleur s'en vient !

    =====================================
    © Éditions En Marge et Huguette Bertrand
    Dépôt légal / mai 1997
    Bibliothèque nationale du Québec
    Bibliothèque nationale du Canada
    ISBN 2-921818-14-0
    Tous droits réservés – All rights reserved

    ===========================================================

    Ce recueil de poésie est aussi édité sur le site web de la
    Bibliothèque nationale du Canada dans sa collection électronique
    à l'adresse suivante :
    [ http://collection.nlc-bnc.ca/100/200/300/huguette_bertrand/jusqua/regard.html ]

    This poetry book is also edited on the National Library of Canada's website
    in it's electronic collection at the following URL :
    [ http://collection.nlc-bnc.ca/100/200/300/huguette_bertrand/jusqua/regard.html ]

    ************
    Ce document fut présenté en lecture gratuite sur le site du "Project Gutenberg"
    en janvier 2002 par l'auteure Huguette Bertrand, (Québec) Canada

    This document has been released for free reading on "Project Gutenberg"
    on January 2002 by the author Huguette Bertrand, (Quebec) Canada

    ************
    Site personnel de l'auteure / The author's personal website :

    Espace poétique de Huguette Bertrand : [ http://www.espacepoetique.com ]

    Synopsis du site / Map site : [ http://www.espacepoetique.com/poete/map.html ]

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  • Jeannot et Colin

    Jeannot et Colin

    Aproximadamente 3.649 palavras.

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    OEUVRES

    DE

    VOLTAIRE.

    TOME XXXIII

    DE L' IMPRIMERIE DE A. FIRMIN DIDOT,

    RUE JACOB, N° 24.

    OEUVRES

    DE

    VOLTAIRE

    PRÉFACES, AVERTISSEMENTS, NOTES, ETC.

    PAR M. BEUCHOT.

    TOME XXXIII.

    ROMANS. TOME I.

    A PARIS,

    CHEZ LEFÈVRE, LIBRAIRE,

    RUE DE L'ÉPERON, K° 6. WERDET ET LEQUIEN FILS,

    RUE DU BATTOIR, N° 2O.

    MDCCCXXIX.

    JEANNOT ET COLIN.

    Préface de l'Éditeur

    Les deux contes, _Le blanc et le noir_, _Jeannot et Colin_, font
    partie du volume qui parut, en 1764, sous le titre de Contes de
    Guillaume Fade.

    ——

    Les notes sans signature, et qui sont indiquées par des lettres,
    sont de Voltaire.

    Les notes signées d'un K sont des éditeurs de Kehl, MM. Condorcet
    et Decroix. Il est impossible de faire rigoureusement la part de
    chacun.

    Les additions que j'ai faites aux notes de Voltaire ou aux notes
    des éditeurs de Kehl, en sont séparées par un–, et sont, comme
    mes notes, signées de l'initiale de mon nom.

    BEUCHOT.

    4 octobre 1829.

    JEANNOT ET COLIN.

    Plusieurs personnes dignes de foi ont vu Jeannot et Colin à
    l'école dans la ville d'Issoire, en Auvergne, ville fameuse dans
    tout l'univers par son collège et par ses chaudrons. Jeannot
    était fils d'un marchand de mulets très renommé; Colin devait le
    jour à un brave laboureur des environs, qui cultivait la terre
    avec quatre mulets, et qui, après avoir payé la taille, le
    taillon, les aides et gabelles, le sou pour livre, la capitation,
    et les vingtièmes, ne se trouvait pas puissamment riche au bout
    de l'année.

    Jeannot et Colin étaient fort jolis pour des Auvergnats; ils
    s'aimaient beaucoup; et ils avaient ensemble de petites
    privautés, de petites familiarités, dont on se ressouvient
    toujours avec agrément quand on se rencontre ensuite dans le
    monde.

    Le temps de leurs études était sur le point de finir, quand un
    tailleur apporta à Jeannot un habit de velours à trois couleurs,
    avec une veste de Lyon de fort bon goût; le tout était accompagné
    d'une lettre à M. de La Jeannotière. Colin admira l'habit, et ne
    fut point jaloux; mais Jeannot prit un air de supériorité qui
    affligea Colin. Dès ce moment Jeannot n'étudia plus, se regarda
    au miroir, et méprisa tout le monde. Quelque temps après un
    valet de chambre arrive en poste, et apporte une seconde lettre à
    monsieur le marquis de La Jeannotière; c'était un ordre de
    monsieur son père de faire venir monsieur son fils à Paris.
    Jeannot monta en chaise en tendant la main à Colin avec un
    sourire de protection assez noble. Colin sentit son néant, et
    pleura. Jeannot partit dans toute la pompe de sa gloire.

    Les lecteurs qui aiment à s'instruire doivent savoir que
    M. Jeannot, le père, avait acquis assez rapidement des biens
    immenses dans les affaires. Vous demandez comment on fait ces
    grandes fortunes? C'est parcequ'on est heureux. M. Jeannot
    était bien fait, sa femme aussi, et elle avait encore de la
    fraîcheur. Ils allèrent à Paris pour un procès qui les ruinait,
    lorsque la fortune, qui élève et qui abaisse les hommes à son
    gré, les présenta à la femme d'un entrepreneur des hôpitaux des
    armées, homme d'un grand talent, et qui pouvait se vanter d'avoir
    tué plus de soldats en un an que le canon n'en fait périr en dix.
    Jeannot plut à madame; la femme de Jeannot plut à monsieur.
    Jeannot fut bientôt de part dans l'entreprise; il entra dans
    d'autres affaires. Dès qu'on est dans le fil de l'eau, il n'y a
    qu'à se laisser aller; on fait sans peine une fortune immense.
    Les gredins, qui du rivage vous regardent voguer à pleines
    voiles, ouvrent des yeux étonnés; ils ne savent comment vous avez
    pu parvenir; ils vous envient au hasard, et font contre vous des
    brochures que vous ne lisez point. C'est ce qui arriva à Jeannot
    le père, qui fut bientôt M. de La Jeannotière, et qui, ayant
    acheté un marquisat au bout de six mois, retira de l'école
    monsieur le marquis son fils, pour le mettre à Paris dans le beau
    monde.

    Colin, toujours tendre, écrivit une lettre de compliments à son
    ancien camarade, et lui fit ces lignes pour le congratuler. Le
    petit marquis ne lui fit point de réponse: Colin en fut malade de
    douleur.

    Le père et la mère donnèrent d'abord un gouverneur au jeune
    marquis: ce gouverneur, qui était un homme du bel air, et qui ne
    savait rien, ne put rien enseigner à son pupille. Monsieur
    voulait que son fils apprît le latin, madame ne le voulait pas.
    Ils prirent pour arbitre un auteur qui était célèbre alors par
    des ouvrages agréables. Il fut prié à dîner. Le maître de la
    maison commença par lui dire: Monsieur, comme vous savez le
    latin, et que vous êtes un homme de la cour…. Moi, monsieur,
    du latin! je n'en sais pas un mot, répondit le bel esprit, et
    bien m'en a pris: il est clair qu'on parle beaucoup mieux sa
    langue quand on ne partage pas son application entre elle et les
    langues étrangères. Voyez toutes nos dames, elles ont l'esprit
    plus agréable que les hommes; leurs lettres sont écrites avec
    cent fois plus de grâce; elles n'ont sur nous cette supériorité
    que parcequ'elles ne savent pas le latin.

    Eh bien! n'avais-je pas raison? dit madame. Je veux que mon
    fils soit un homme d'esprit, qu'il réussisse dans le monde; et
    vous voyez bien que, s'il savait le latin, il serait perdu.
    Joue-t-on, s'il vous plaît, la comédie et l'opéra en latin?
    plaide-t-on en latin quand on a un procès? fait-on l'amour en
    latin? Monsieur, ébloui de ces raisons, passa condamnation, et
    il fut conclu que le jeune marquis ne perdrait point son temps à
    connaître Cicéron, Horace, et Virgile. Mais qu'apprendra-t-il
    donc? car encore faut-il qu'il sache quelque chose; ne
    pourrait-on pas lui montrer un peu de géographie? A quoi, cela
    lui servira-t-il? répondit le gouverneur. Quand monsieur le
    marquis ira dans ses terres, les postillons ne sauront-ils pas
    les chemins? ils ne l'égareront certainement pas. On n'a pas
    besoin d'un quart de cercle pour voyager, et on va très
    commodément de Paris en Auvergne, sans qu'il soit besoin de
    savoir sous quelle latitude on se trouve.

    Vous avez raison, répliqua le père; mais j'ai entendu parler
    d'une belle science qu'on appelle, je crois, l'astronomie.
    Quelle pitié! repartit le gouverneur; se conduit-on par les
    astres dans ce monde? et faudra-t-il que monsieur le marquis se
    tue à calculer une éclipse, quand il la trouve à point nommé dans
    l'almanach, qui lui enseigne de plus les fêtes mobiles, l'âge de
    la lune, et celui de toutes les princesses de l'Europe?

    Madame fut entièrement de l'avis du gouverneur. Le petit marquis
    était au comble de la joie; le père était très indécis. Que
    faudra-t-il donc apprendre à mon fils? disait-il. A être
    aimable, répondit l'ami que l'on consultait; et s'il sait les
    moyens de plaire, il saura tout: c'est un art qu'il apprendra
    chez madame sa mère, sans que ni l'un ni l'autre se donnent la
    moindre peine.

    Madame, à ce discours, embrassa le gracieux ignorant, et lui dit:
    On voit bien, monsieur, que vous êtes l'homme du monde le plus
    savant; mon fils vous devra toute son éducation: je m'imagine
    pourtant qu'il ne serait pas mal qu'il sût un peu d'histoire.
    Hélas! madame, à quoi cela est-il bon? répondit-il; il n'y a
    certainement d'agréable et d'utile que l'histoire du jour.
    Toutes les histoires anciennes, comme le disait un de nos beaux
    esprits[1], ne sont que des fables convenues; et pour les
    modernes, c'est un chaos qu'on ne peut débrouiller. Qu'importe à
    monsieur votre fils que Charlemagne ait institué les douze pairs
    de France, et que son successeur ait été bègue?

    [1] Fontenelle. B.

    Rien n'est mieux dit! s'écria le gouverneur: on étouffe l'esprit
    des enfants sous un amas de connaissances inutiles; mais de
    toutes les sciences la plus absurde, à mon avis, et celle qui est
    la plus capable d'étouffer toute espèce de génie, c'est la
    géométrie. Cette science ridicule a pour objet des surfaces ,
    des lignes, et des points, qui n'existent pas dans la nature. On
    fait passer en esprit cent mille lignes courbes entre un cercle
    et une ligne droite qui le touche, quoique dans la réalité on n'y
    puisse pas passer un fétu. La géométrie, en vérité, n'est qu'une
    mauvaise plaisanterie.

    Monsieur et madame n'entendaient pas trop ce que le gouverneur
    voulait dire; mais ils furent entièrement de son avis.

    Un seigneur comme monsieur le marquis, continua-t-il , ne doit
    pas se dessécher le cerveau dans ces vaines études. Si un jour
    il a besoin d'un géomètre sublime, pour lever le plan de ses
    terres, il les fera arpenter pour son argent. S'il veut
    débrouiller l'antiquité de sa noblesse, qui remonte aux temps les
    plus reculés, il enverra chercher un bénédictin. Il en est de
    même de tous les arts. Un jeune seigneur heureusement né n'est
    ni peintre, ni musicien, ni architecte, ni sculpteur; mais il
    fait fleurir tous ces arts en les encourageant par sa
    magnificence. Il vaut sans doute mieux les protéger que de les
    exercer; il suffit que monsieur le marquis ait du goût; c'est aux
    artistes à travailler pour lui; et c'est en quoi on a très grande
    raison de dire que les gens de qualité (j'entends ceux qui sont
    très riches) savent tout sans avoir rien appris, parcequ'en effet
    ils savent à la longue juger de toutes les choses qu'ils
    commandent et qu'ils paient.

    L'aimable ignorant prit alors la parole, et dit: Vous avez très
    bien remarqué, madame, que la grande fin de l'homme est de
    réussir dans la société. De bonne foi, est-ce par les sciences
    qu'on obtient ce succès? s'est-on jamais avisé dans la bonne
    compagnie de parler de géométrie? demande-t-on jamais à un
    honnête homme quel astre se lève aujourd'hui avec le soleil?
    s'informe-t-on à souper si Clodion-le-Chevelu passa le Rhin?
    Non, sans doute, s'écria la marquise de La Jeannotière, que ses
    charmes avaient initiée quelquefois dans le beau monde, et
    monsieur mon fils ne doit point éteindre son génie par l'étude de
    tous ces fatras; mais enfin que lui apprendra-t-on? car il est
    bon qu'un jeune seigneur puisse briller dans l'occasion, comme
    dit monsieur mon mari. Je me souviens d'avoir ouï dire à un abbé
    que la plus agréable des sciences était une chose dont j'ai
    oublié le nom, mais qui commence par un _B_.–Par un _B_, madame?
    ne serait-ce point la botanique?–Non, ce n'était point de
    botanique qu'il me parlait; elle commençait, vous dis-je, par un
    _B_, et finissait par un _on_.–Ah! j'entends, madame; c'est le
    blason: c'est, à la vérité, une science fort profonde; mais elle
    n'est plus à la mode depuis qu'on a perdu l'habitude de faire
    peindre ses armes aux portières de son carrosse; c'était la chose
    du monde la plus utile dans un état bien policé. D'ailleurs
    cette étude serait infinie; il n'y a point aujourd'hui de barbier
    qui n'ait ses armoiries; et vous savez que tout ce qui devient
    commun est peu fêté. Enfin, après avoir examiné le fort et le
    faible des sciences, il fut décidé que monsieur le marquis
    apprendrait à danser.

    La nature, qui fait tout, lui avait donné un talent qui se
    développa bientôt avec un succès prodigieux; c'était de chanter
    agréablement des vaudevilles. Les grâces de la jeunesse, jointes
    à ce don supérieur, le firent regarder comme le jeune homme de la
    plus grande espérance. Il fut aimé des femmes; et ayant la tête
    toute pleine de chansons, il en fit pour ses maîtresses. Il
    pillait _Bacchus_ et _l'Amour_ dans un vaudeville, la nuit et le
    jour dans un autre, les charmes et les alarmes dans un troisième;
    mais, comme il y avait toujours dans ses vers quelques pieds de
    plus ou de moins qu'il ne fallait, il les fesait corriger
    moyennant vingt louis d'or par chanson; et il fut mis dans
    l'_Année_ littéraire au rang des La Fare, des Chaulieu, des
    Hamilton, des Sarrasin, et des Voiture.

    Madame la marquise crut alors être la mère d'un bel esprit, et
    donna à souper aux beaux esprits de Paris. La tête du jeune
    homme fut bientôt renversée; il acquit l'art de parler sans
    s'entendre, et se perfectionna dans l'habitude de n'être propre à
    rien. Quand son père le vit si éloquent, il regretta vivement de
    ne lui avoir pas fait apprendre le latin, car il lui aurait
    acheté une grande charge dans la robe. La mère, qui avait des
    sentiments plus nobles, se chargea de solliciter un régiment pour
    son fils; et en attendant il fit l'amour. L'amour est
    quelquefois plus cher qu'un régiment. Il dépensa beaucoup,
    pendant que ses parents s'épuisaient encore davantage à vivre en
    grands seigneurs.

    Une jeune veuve de qualité, leur voisine, qui n'avait qu'une
    fortune médiocre, voulut bien se résoudre à mettre en sûreté les
    grands biens de monsieur et de madame de La Jeannotière, en se
    les appropriant, et en épousant le jeune marquis. Elle l'attira
    chez elle, se laissa aimer, lui fit entrevoir qu'il ne lui était
    pas indifférent, le conduisit par degrés, l'enchanta, le subjugua
    sans peine. Elle lui donnait tantôt des éloges, tantôt des
    conseils; elle devint la meilleure amie du père et de la mère.
    Une vieille voisine proposa le mariage; les parents, éblouis de
    la splendeur de cette alliance, acceptèrent avec joie la
    proposition: ils donnèrent leur fils unique à leur amie intime.
    Le jeune marquis allait épouser une femme qu'il adorait et dont
    il était aimé; les amis de la maison le félicitaient; on allait
    rédiger les articles, en travaillant aux habits de noce et à
    l'épithalame.

    Il était un matin aux genoux de la charmante épouse que l'amour,
    l'estime, et l'amitié, allaient lui donner; ils goûtaient, dans
    une conversation tendre et animée, les prémices de leur bonheur;
    ils s'arrangeaient pour mener une vie délicieuse, lorsqu'un valet
    de chambre de madame la mère arrive tout effaré. Voici bien
    d'autres nouvelles, dit-il; des huissiers déménagent la maison de
    monsieur et de madame; tout est saisi par des créanciers; on
    parle de prise de corps, et je vais faire mes diligences pour
    être payé de mes gages. Voyons un peu, dit le marquis, ce que
    c'est que ça, ce que c'est que cette aventure-là. Oui, dit la
    veuve, allez punir ces coquins-là, allez vite. Il y court, il
    arrive à la maison; son père était déjà emprisonné: tous les
    domestiques avaient fui chacun de leur côté, en emportant tout ce
    qu'ils avaient pu. Sa mère était seule, sans secours, sans
    consolation , noyée dans les larmes; il ne lui restait rien que
    le souvenir de sa fortune, de sa beauté, de ses fautes, et de ses
    folles dépenses.

    Après que le fils eut long-temps pleuré avec la mère, il lui dit
    enfin: Ne nous désespérons pas; cette jeune veuve m'aime
    éperdument; elle est plus généreuse encore que riche, je réponds
    d'elle; je vole à elle, et je vais vous l'amener. Il retourne
    donc chez sa maîtresse, il la trouve tête à tête avec un jeune
    officier fort aimable. Quoi! c'est vous, M. de La Jeannotière;
    que venez-vous faire ici? abandonne-t-on ainsi sa mère? Allez
    chez cette pauvre femme, et dites-lui que je lui veux toujours du
    bien: j'ai besoin d'une femme de chambre, et je lui donnerai la
    préférence. Mon garçon, tu me parais assez bien tourné, lui dit
    l'officier; si tu veux entrer dans ma compagnie, je te donnerai
    un bon engagement.

    Le marquis stupéfait, la rage dans le coeur, alla chercher son
    ancien gouverneur, déposa ses douleurs dans son sein, et lui
    demanda des conseils. Celui-ci lui proposa de se faire, comme
    lui, gouverneur d'enfants. Hélas! je ne sais rien, vous ne
    m'avez rien appris, et vous êtes la première cause de mon
    malheur; et il sanglotait en lui parlant ainsi. Faites des
    romans, lui dit un bel esprit qui était là; c'est une excellente
    ressource à Paris.

    Le jeune homme, plus désespéré que jamais, courut chez le
    confesseur de sa mère; c'était un théatin très accrédité, qui ne
    dirigeait que les femmes de la première considération; dès qu'il
    le vit, il se précipita vers lui. Eh! mon Dieu! monsieur le
    marquis, où est votre carrosse? comment se porte la respectable
    madame la marquise votre mère? Le pauvre malheureux lui conta le
    désastre de sa famille. A mesure qu'il s'expliquait, le théatin
    prenait une mine plus grave, plus indifférente, plus imposante:
    Mon fils, voilà où Dieu vous voulait; les richesses ne servent
    qu'à corrompre le coeur; Dieu a donc fait la grâce à votre mère
    de la réduire à la mendicité?

    Oui, monsieur.–Tant mieux, elle est sûre de son salut.–Mais,
    mon père, en attendant, n'y aurait-il pas moyen d'obtenir
    quelques secours dans ce monde?–Adieu, mon fils; il y a une dame
    de la cour qui m'attend. Le marquis fut prêt à s'évanouir; il
    fut traité à peu près de même par tous ses amis, et apprit mieux
    à connaître le monde dans une demi-journée que dans tout le reste
    de sa vie.

    Comme il était plongé dans l'accablement du désespoir, il vit
    avancer une chaise roulante, à l'antique, espèce de tombereau
    couvert, accompagné de rideaux de cuir, suivi de quatre
    charrettes énormes toutes chargées. Il y avait dans la chaise un
    jeune homme grossièrement vêtu; c'était un visage rond et frais
    qui respirait la douceur et la gaieté. Sa petite femme brune, et
    assez grossièrement agréable, était cahotée à côté de lui. La
    voiture n'allait pas comme le char d'un petit-maître: le voyageur
    eut tout le temps de contempler le marquis immobile, abîmé dans
    sa douleur. Eh! mon Dieu! s'écria-t-il, je crois que c'est là
    Jeannot. A ce nom le marquis lève les yeux, la voiture s'arrête:
    C'est Jeannot lui-même, c'est Jeannot. Le petit homme rebondi ne
    fait qu'un saut, et court embrasser son ancien camarade. Jeannot
    reconnut Colin; la honte et les pleurs couvrirent son visage. Tu
    m'as abandonné, dit Colin; mais tu as beau être grand seigneur,
    je t'aimerai toujours. Jeannot, confus et attendri, lui conta,
    en sanglotant, une partie de son histoire. Viens dans
    l'hôtellerie où je loge me conter le reste, lui dit Colin;
    embrasse ma petite femme, et allons dîner ensemble.

    Ils vont tous trois à pied, suivis du bagage. Qu'est-ce donc que
    tout cet attirail? vous appartient-il?–Oui, tout est à moi et à
    ma femme. Nous arrivons du pays; je suis à la tête d'une bonne
    manufacture de fer étamé et de cuivre. J'ai épousé la fille d'un
    riche négociant en ustensiles nécessaires aux grands et aux
    petits; nous travaillons beaucoup; Dieu nous bénit; nous n'avons
    point changé d'état, nous sommes heureux, nous aiderons notre ami
    Jeannot. Ne sois plus marquis; toutes les grandeurs de ce monde
    ne valent pas un bon ami. Tu reviendras avec moi au pays, je
    t'apprendrai le métier, il n'est pas bien difficile; je te
    mettrai de part, et nous vivrons gaiement dans le coin de terre
    où nous sommes nés.

    Jeannot éperdu se sentait partagé entre la douleur et la joie, la
    tendresse et la honte; et il se disait tout bas: Tous mes amis du
    bel air m'ont trahi, et Colin, que j'ai méprisé, vient seul à mon
    secours. Quelle instruction! La bonté d'âme de Colin développe
    dans le coeur de Jeannot le germe du bon naturel, que le monde
    n'avait pas encore étouffé. Il sentit qu'il ne pouvait
    abandonner son père et sa mère. Nous aurons soin de ta mère, dit
    Colin; et quant à ton bon-homme de père, qui est en prison,
    j'entends un peu les affaires; ses créanciers, voyant qu'il n'a
    plus rien, s'accommoderont pour peu de chose; je me charge de
    tout. Colin fit tant qu'il tira le père de prison. Jeannot
    retourna dans sa patrie avec ses parents , qui reprirent leur
    première profession. Il épousa une soeur de Colin, laquelle
    étant de même humeur que le frère, le rendit très heureux. Et
    Jeannot le père, et Jeannotte la mère, et Jeannot le fils, virent
    que le bonheur n'est pas dans la vanité.

    FIN DE JEANNOT ET COLIN.

  • Histoire des voyages de Scarmentado

    Histoire des voyages de Scarmentado

    Aproximadamente 3.527 palavras.

    OEUVRES

    DE

    VOLTAIRE.

    TOME XXXIII

    DE L' IMPRIMERIE DE A. FIRMIN DIDOT,

    RUE JACOB, N° 24.

    OEUVRES

    DE

    VOLTAIRE

    PRÉFACES, AVERTISSEMENTS, NOTES, ETC.

    PAR M. BEUCHOT.

    TOME XXXIII.

    ROMANS. TOME I.

    A PARIS,

    CHEZ LEFÈVRE, LIBRAIRE,

    RUE DE L'ÉPERON, K° 6. WERDET ET LEQUIEN FILS,

    RUE DU BATTOIR, N° 2O.

    MDCCCXXIX.

    HISTOIRE DES VOYAGES DE SCARMENTADO

    Préface de l'Éditeur

    Le prospectus des frères Cramer, pour leur édition de 1756,
    comprend les trois romans _Les deux consolés_, _Histoire des
    voyages de Scarmentado_, _Le songe de Platon_, au nombre des
    _morceaux neufs_ qu'ils allaient publier.

    Cependant la table chronologique qui est dans le tome LXX de
    l'édition in-8°de Kehl range les _Voyages de Scarmentado_ à
    l'année 1747. Longchamp[i] dit qu'ils furent composés en octobre
    1746, avec plusieurs autres romans, pendant la retraite de
    Voltaire à Sceaux. S'il fallait en croire Colini[ii], Voltaire
    aurait écrit les Voyages de Scarmentado après l'aventure de
    Francfort, en 1753. «Encore froissé des injustices qu'il venait
    d'éprouver, il composa les Voyages de Scarmentado, conte
    ingénieux, qui renferme des allusions visiblement applicables aux
    événements dans lesquels il avait figuré.» C'est au lecteur à
    prononcer si ce roman contient les allusions dont parle Colini.
    Pour moi, je ne les y ai point aperçues.

    [i] _Mémoires_, etc., page 140.

    [ii] _Mon séjour_, etc., page 61.

    Une édition de la Princesse de Babylone, qui parut en 1768 , est
    présentée comme une Suite des Voyages de Scarmentado.

    ——

    Les notes sans signature, et qui sont indiquées par des lettres,
    sont de Voltaire.

    Les notes signées d'un K sont des éditeurs de Kehl, MM. Condorcet
    et Decroix. Il est impossible de faire rigoureusement la part de
    chacun.

    Les additions que j'ai faites aux notes de Voltaire ou aux notes
    des éditeurs de Kehl, en sont séparées par un–, et sont, comme
    mes notes, signées de l'initiale de mon nom.

    BEUCHOT.

    4 octobre 1829.

    HISTOIRE
    DES VOYAGES
    DE SCARMENTADO,

    ÉCRITE PAR LUI-MÊME.

    1756.

    Je naquis dans la ville de Candie, en 1600. Mon père en était
    gouverneur; et je me souviens qu'un poète médiocre, qui n'était
    pas médiocrement dur, nommé _Iro_[1], fit de mauvais vers à ma
    louange, dans lesquels il me fesait descendre de Minos en droite
    ligne; mais mon père ayant été disgracié, il fit d'autres vers où
    je ne descendais plus que de Pasiphaé et de son amant. C'était
    un bien méchant homme que cet Iro, et le plus ennuyeux coquin qui
    fût dans l'île.

    [1] Anagramme de Roi, poète né avec des talents que son
    penchant pour la satire, les aventures qui en furent la suite,
    sa jalousie contre les hommes de la littérature qui lui étaient
    supérieurs, avilirent et rendirent malheureux. Le ballet des
    _Éléments_ et l'opéra de _Callirhoé_ sont les seuls de ses
    ouvrages qui lui aient survécu: il mourut vieux, et avait fini
    par se faire dévot. K.

    Mon père m'envoya, à l'âge de quinze ans, étudier à Rome.
    J'arrivai dans l'espérance d'apprendre toutes les vérités; car
    jusque-là on m'avait enseigné tout le contraire, selon l'usage de
    ce bas monde, depuis la Chine jusqu'aux Alpes. Monsignor
    Profondo, à qui j'étais recommandé, était un homme singulier, et
    un des plus terribles savants qu'il y eût au monde. Il voulut
    m'apprendre les catégories d'Aristote, et fut sur le point de me
    mettre dans la catégorie de ses mignons: je l'échappai belle. Je
    vis des processions, des exorcismes, et quelques rapines. On
    disait, mais très faussement, que la signora Olimpia, personne
    d'une grande prudence, vendait beaucoup de choses qu'on ne doit
    point vendre. J'étais dans un âge où tout cela me paraissait
    fort plaisant. Une jeune dame de moeurs très douces, nommée _la
    signora Fatelo_, s'avisa de m'aimer. Elle était courtisée par le
    révérend P. _Poignardini_, et par le révérend P. _Aconiti_,
    jeunes profès d'un ordre qui ne subsiste plus: elle les mit
    d'accord en me donnant ses bonnes grâces; mais en même temps je
    courus risque d'être excommunié et empoisonné. Je partis, très
    content de l'architecture de Saint-Pierre.

    Je voyageai en France; c'était le temps du règne de
    Louis-le-Juste[2]. La première chose qu'on me demanda, ce fut,
    Si je voulais à mon déjeuner un petit morceau du maréchal
    d'Ancre, dont le peuple avait fait rôtir la chair[3], et qu'on
    distribuait à fort bon compte à ceux qui en voulaient.

    [2] Louis XIII eut dès son enfance , dit Voltaire, le surnom de
    Juste, pai'cequ'il était né sous le signe de la Balance. Voyez
    tome XIX, _Le Siècle de Louis XIV_, chapitre 2. B.

    [3] Voyez: tome XVIII, page 177. B.

    Cet état était continuellement en proie aux guerres civiles,
    quelquefois pour une place au conseil, quelquefois pour deux
    pages de controverse. Il y avait plus de soixante ans que ce
    feu, tantôt couvert et tantôt soufflé avec violence, désolait ces
    beaux climats. C'étaient là les libertés de l'Église gallicane.
    Hélas! dis-je, ce peuple est pourtant né doux: qui peut l'avoir
    tiré ainsi de son caractère? Il plaisante, et il fait des
    Saint-Barthélemi. Heureux le temps où il ne fera que plaisanter!

    Je passai en Angleterre: les mêmes querelles y excitaient les
    mêmes fureurs. De saints catholiques avaient résolu, pour le
    bien de l'Église, de faire sauter en l'air, avec de la poudre, le
    roi, la famille royale, et tout le parlement, et de délivrer
    l'Angleterre de ces hérétiques. On me montra la place où la
    bienheureuse reine Marie, fille de Henri VIII, avait fait brûler
    plus de cinq cents de ses sujets. Un prêtre ibernois m'assura
    que c'était une très bonne action: premièrement parceque ceux
    qu'on avait brûlés étaient Anglais; en second lieu parcequ'ils ne
    prenaient jamais d'eau bénite, et qu'ils ne croyaient pas au trou
    de saint Patrice[4].Il s'étonnait surtout que la reine Marie ne
    fût pas encore canonisée; mais il espérait qu'elle le serait
    bientôt, quand le cardinal neveu aurait un peu de loisir.

    [4] Sur le trou de Saint-Patrice , voyez tome XXXII, page 177;
    et dans les _Mélanges_, année 1763, la septième des _Lettres
    sur les miracles_. B.

    J'allai en Hollande, où j'espérais trouver plus de tranquillité
    chez des peuples plus flegmatiques. On coupait la tête à un
    vieillard vénérable lorsque j'arrivai à La Haye. C'était la tête
    chauve du premier ministre Barneveldt, l'homme qui avait le mieux
    mérité de la république. Touché de pitié, je demandai quel était
    son crime, et s'il avait trahi l'état. Il a fait bien pis, me
    répondit un prédicant à manteau noir; c'est un homme qui croit
    que l'on peut se, sauver par les bonnes oeuvres aussi bien que
    par la foi. Vous sentez bien que, si de telles opinions
    s'établissaient, une république ne pourrait subsister, et qu'il
    faut des lois sévères pour réprimer de si scandaleuses horreurs.
    Un profond politique du pays me dit en soupirant: Hélas!
    monsieur, le bon temps ne durera pas toujours; ce n'est que par
    hasard que ce peuple est si zélé; le fond de son caractère est
    porté au dogme abominable de la tolérance, un jour il y viendra:
    cela fait frémir. Pour moi, en attendant que ce temps funeste de
    la modération et de l'indulgence fût arrivé, je quittai bien vite
    un pays où la sévérité n'était adoucie par aucun agrément, et je
    m'embarquai pour l'Espagne.

    La cour était à Séville, les galions étaient arrivés, tout
    respirait l'abondance et la joie dans la plus belle saison de
    l'année. Je vis au bout d'une allée d'orangers et de citronniers
    une espèce de lice immense entourée de gradins couverts d'étoffes
    précieuses. Le roi, la reine, les infants, les infantes, étaient
    sous un dais superbe. Vis-à-vis de cette auguste famille était
    un autre trône, mais plus élevé. Je dis à un de mes compagnons
    de voyage: A moins que ce trône ne soit réservé pour Dieu, je ne
    vois pas à quoi il peut servir. Ces indiscrètes paroles furent
    entendues d'un grave Espagnol, et me coûtèrent cher. Cependant
    je m'imaginais que nous allions voir quelque carrousel ou quelque
    fête de taureaux, lorsque le grand-inquisiteur parut sur ce
    trône, d'où il bénit le roi et le peuple.

    Ensuite vint une armée de moines défilant deux à deux, blancs,
    noirs, gris, chaussés, déchaussés, avec barbe, sans barbe, avec
    capuchon pointu, et sans capuchon; puis marchait le bourreau;
    puis on voyait au milieu des alguazils et des grands environ
    quarante personnes couvertes de sacs sur lesquels on avait peint
    des diables et des flammes. C'étaient des juifs qui n'avaient
    pas voulu renoncer absolument à Moïse, c'étaient des chrétiens
    qui avaient épousé leurs commères, ou qui n'avaient pas adoré
    Notre-Dame d'Atocha[5], ou qui n'avaient pas voulu se défaire de
    leur argent comptant en faveur des frères hiéronymites. On
    chanta dévotement de très belles prières, après quoi on brûla à
    petit feu tous les coupables; de quoi toute la famille royale
    parut extrêmement édifiée.

    [5] Sur Notre-Dame d'Atocha, voyez dans les _Mélanges_, année
    1769, une des notes de Voltaire sur son _Extrait d'un journal_
    (ou Mémoires du Dangeau). B.

    Le soir, dans le temps que j'allais me mettre au lit, arrivèrent
    chez moi deux familiers de l'inquisition avec la sainte
    Hermandad: ils m'embrassèrent tendrement, et me menèrent, sans me
    dire un seul mot, dans un cachot très frais, meublé d'un lit de
    natte et d'un beau crucifix. Je restai là six semaines, au bout
    desquelles le révérend père inquisiteur m'envoya prier de venir
    lui parler: il me serra quelque temps entre ses bras, avec une
    affection toute paternelle; il me dit qu'il était sincèrement
    affligé d'avoir appris que je fusse si mal logé; mais que tous
    les appartements de la maison étaient remplis, et qu'une autre
    fois il espérait que je serais plus à mon aise. Ensuite il me
    demanda cordialement si je ne savais pas pourquoi j'étais là. Je
    dis au révérend père que c'était apparemment pour mes péchés. Eh
    bien! mon cher enfant, pour quel péché? parlez-moi avec
    confiance. J'eus beau imaginer, je ne devinai point; il me mit
    charitablement sur les voies.

    Enfin je me souvins de mes indiscrètes paroles. J'en fus quitte
    pour la discipline et une amende de trente mille réales. On me
    mena faire la révérence au grand-inquisiteur: c'était un homme
    poli, qui me demanda comment j'avais trouvé sa petite fête. Je
    lui dis que cela était délicieux, et j'allai presser mes
    compagnons de voyage de quitter ce pays, tout beau qu'il est.
    Ils avaient eu le temps de s'instruire de toutes les grandes
    choses que les Espagnols avaient faites pour la religion. Ils
    avaient lu les mémoires du fameux évêque de Chiapa[6], par
    lesquels il paraît qu'on avait égorgé, ou brûlé, ou noyé dix
    millions d'infidèles en Amérique pour les convertir. Je crus que
    cet évêque exagérait; mais quand on réduirait ces sacrifices à
    cinq millions de victimes, cela serait encore admirable.

    [6] Las Cases: voyez tome XVII, pages 399, 426; et tome XXXII,
    pages 490-91. B.

    Le désir de voyager me pressait toujours. J'avais compté finir
    mon tour de l'Europe par la Turquie; nous en prîmes la route. Je
    me proposai bien de ne plus dire mon avis sur les fêtes que je
    verrais. Ces Turcs, dis-je à mes compagnons, sont des mécréants
    qui n'ont point été baptisés, et qui par conséquent seront bien
    plus cruels que les révérends pères inquisiteurs. Gardons le
    silence quand nous serons chez les mahométans.

    J'allai donc chez eux. Je fus étrangement surpris de voir en
    Turquie beaucoup plus d'églises chrétiennes qu'il n'y en avait
    dans Candie. J'y vis jusqu'à des troupes nombreuses de moines
    qu'on laissait prier la vierge Marie librement, et maudire
    Mahomet, ceux-ci en grec, ceux-là en latin, quelques autres en
    arménien[7]. Les bonnes gens que les Turcs! m'écriai-je. Les
    chrétiens grecs et les chrétiens latins étaient ennemis mortels
    dans Constantinople; ces esclaves se persécutaient les uns les
    autres, comme des chiens qui se mordent dans la rue, et à qui
    leurs maîtres donnent des coups de bâton pour les séparer. Le
    grand-vizir protégeait alors les Grecs. Le patriarche grec
    m'accusa d'avoir soupé chez le patriarche latin, et je fus
    condamné en plein divan à cent coups de latte sur la plante des
    pieds, rachetables de cinq cents sequins. Le lendemain le
    grand-vizir fut étranglé; le surlendemain son successeur, qui
    était pour le parti des Latins, et qui ne fut étranglé qu'un mois
    après, me condamna à la même amende, pour avoir soupé chez le
    patriarche grec. Je fus dans la triste nécessité de ne plus
    fréquenter ni l'église grecque ni la latine. Pour m'en consoler,
    je pris à loyer une fort belle Circassienne, qui était la
    personne la plus tendre dans le tête-à-tête, et la plus dévote à
    la mosquée. Une nuit, dans les doux transports de son amour,
    elle s'écria en m'embrassant, _Alla, Illa, Alla!_ ce sont les
    paroles sacramentales des Turcs; je crus que c'étaient celles de
    l'amour: je m'écriai aussi fort tendrement, _Alla, Illa, Alla!_
    Ah! me dit-elle, le Dieu miséricordieux soit loué! vous êtes
    Turc. Je lui dis que je le bénissais de m'en avoir donné la
    force, et je me crus trop heureux. Le matin l'iman vint pour me
    circoncire; et, comme je fis quelque difficulté, le cadi du
    quartier, homme loyal, me proposa de m'empaler: je sauvai mon
    prépuce et mon derrière avec mille sequins, et je m'enfuis vite
    en Perse, résolu de ne plus entendre ni messe grecque ni latine
    en Turquie, et de ne plus crier, _Alla, Illa, Alla_, dans un
    rendez-vous.

    [7] Voyez tome XVI, page 493. B.

    En arrivant à Ispahan on me demanda si j'étais pour le mouton
    noir ou pour le mouton blanc. Je répondis que cela m'était fort
    indifférent, pourvu qu'il fût tendre. Il faut savoir que les
    factions du _mouton blanc_ et du _mouton noir_[8] partageaient
    encore les Persans. On crut que je me moquais des deux partis;
    de sorte que je me trouvai déjà une violente affaire sur les bras
    aux portes de la ville: il m'en coûta encore grand nombre de
    sequins pour me débarrasser des moutons.

    [8] Voyez tome XVI, page 478. B.

    Je poussai jusqu'à la Chine avec un interprète, qui m'assura que
    c'était là le pays où l'on vivait librement et gaiement. Les
    Tartares s'en étaient rendus maîtres[9], après avoir tout mis à
    feu et à sang; et les révérends Pères jésuites d'un côté, comme
    les révérends Pères dominicains de l'autre, disaient qu'ils y
    gagnaient des âmes à Dieu, sans que personne en sût rien. On n'a
    jamais vu de convertisseurs si zélés; car ils se persécutaient
    les uns les autres tour-à-tour: ils écrivaient à Rome des volumes
    de calomnies; ils se traitaient d'infidèles et de prévaricateurs
    pour une âme. Il y avait surtout une horrible querelle entre eux
    sur la manière de faire la révérence. Les jésuites voulaient que
    les Chinois saluassent leurs pères et leurs mères à la mode de la
    Chine, et les dominicains voulaient qu'on les saluât à la mode de
    Rome[10]. Il m'arriva d'être pris par les jésuites pour un
    dominicain. On me fit passer chez sa majesté tartare pour un
    espion du pape. Le conseil suprême chargea un premier mandarin ,
    qui ordonna à un sergent qui commanda à quatre sbires du pays de
    m'arrêter et de me lier en cérémonie. Je fus conduit après cent
    quarante génuflexions devant sa majesté. Elle me fit demander si
    j'étais l'espion du pape, et s'il était vrai que ce prince dût
    venir en personne le détrôner. Je lui répondis que le pape était
    un prêtre de soixante-dix ans[11]; qu'il demeurait à quatre mille
    lieues de sa sacrée majesté tartaro-chinoise; qu'il avait environ
    deux mille soldats qui montaient la garde avec un parasol; qu'il
    ne détrônait personne, et que sa majesté pouvait dormir en
    sûreté. Ce fut l'aventure la moins funeste de ma vie. On
    m'envoya à Macao, d'où je m'embarquai pour l'Europe.

    [9] Voyez tome XVIIl, page 457. B.

    [10] Sur les querelles des cérémonies chinoises, voyez, tome XX.
    le chapitre XXXIX du _Siècle de Louis XIV_. B.

    [11] Innocent X, qui a régné de 1644 à 1655. B.

    Mon vaisseau eut besoin d'être radoubé vers les côtes de
    Golconde. Je pris ce temps pour aller voir la cour du grand
    Aureng-Zeb, dont on disait des merveilles dans le monde: il était
    alors dans Delhi. J'eus la consolation de l'envisager le jour de
    la pompeuse cérémonie dans laquelle il reçut le présent céleste
    que lui envoyait le shérif de la Mecque. C'était le balai avec
    lequel on avait balayé la maison sainte, le _caaba_, le _beth
    Alla_. Ce balai est le symbole du balai divin qui balaie toutes
    les ordures de l'âme. Aureng-Zeb ne paraissait pas en avoir
    besoin; c'était l'homme le plus pieux de tout l'Indoustan. Il
    est vrai qu'il avait égorgé un de ses frères et empoisonné son
    père; vingt raïas et autant d'omras étaient morts dans les
    supplices; mais cela n'était rien, et on ne parlait que de sa
    dévotion. On ne lui comparait que la sacrée majesté du
    sérénissime empereur de Maroc, Muley Ismael[10], qui coupait des
    têtes tous les vendredis après la prière.

    [12] Voltaire a parlé d'Aureng-Zeb et de Muley Ismael, tome
    XVIII, page 420; voyez aussi la table de ce tome XVIII. B.

    Je ne disais mot; les voyages m'avaient formé, et je sentais
    qu'il ne m'appartenait pas de décider entre ces deux augustes
    souverains. Un jeune Français, avec qui je logeais, manqua, je
    l'avoue, de respect à l'empereur des Indes et à celui de Maroc.
    Il s'avisa de dire très indiscrètement qu'il y avait en Europe de
    très pieux souverains qui gouvernaient bien leurs états et qui
    fréquentaient même les églises, sans pourtant tuer leurs pères et
    leurs frères, et sans couper les têtes de leurs sujets. Notre
    interprète transmit en indou le discours impie de mon jeune
    homme. Instruit par le passé, je fis vite seller mes chameaux:
    nous partîmes le Français et moi. J'ai su depuis que la nuit
    même les officiers du grand Aureng-Zeb étant venus pour nous
    prendre, ils ne trouvèrent que l'interprète. Il fut exécuté en
    place publique, et tous les courtisans avouèrent sans flatterie
    que sa mort était très juste.

    Il me restait de voir l'Afrique, pour jouir de toutes les
    douceurs de notre continent. Je la vis en effet. Mon vaisseau
    fut pris par des corsaires nègres. Notre patron fit de grandes
    plaintes, il leur demanda pourquoi ils violaient ainsi les lois
    des nations. Le capitaine nègre lui répondit: Vous avez le nez
    long, et nous l'avons plat; vos cheveux sont tout droits, et
    notre laine est frisée; vous avez la peau de couleur de cendre,
    et nous de couleur d'ébène; par conséquent nous devons, par les
    lois sacrées de la nature, être toujours ennemis. Vous nous
    achetez aux foires de la côte de Guinée, comme des bêtes de
    somme, pour nous faire travailler à je ne sais quel emploi aussi
    pénible que ridicule. Vous nous faites fouiller à coups de nerfs
    de boeuf dans des montagnes, pour en tirer une espèce de terre
    jaune qui par elle-même n'est bonne à rien, et qui ne vaut pas, à
    beaucoup près, un bon ognon d'Egypte; aussi quand nous vous
    rencontrons, et que nous sommes les plus forts, nous vous fesons
    labourer nos champs, ou nous vous coupons le nez et les oreilles.

    On n'avait rien à répliquer à un discours si sage. J'allai
    labourer le champ d'une vieille négresse, pour conserver mes
    oreilles et mon nez. On me racheta au bout d'un an. J'avais vu
    tout ce qu'il y a de beau, de bon, et d'admirable sur la terre:
    je résolus de ne plus voir que mes pénates. Je me mariai chez
    moi: je fus cocu , et je vis que c'était l'état le plus doux de
    la vie.

    FIN DE L'HISTOIRE DES VOYAGES DE SCARMENTADO.

    —– Transcriber's Note: —–

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  • Henri III et sa Cour

    Henri III et sa Cour

    Aproximadamente 22.510 palavras.

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    Henri III et sa cour
    par
    Alexandre Dumas (Père)

    PERSONNAGES

    HENRI III, roi de France
    CATHERINE DE MEDICIS, reine mère
    HENRI DE LORRAINE, DUC DE GUISE
    CATHERINE DE CLEVES, DUCHESSE DE GUISE
    PAUL ESTUERT, COMTE DE SAINT-MEGRIN
    NOGARET DE LA VALETTE, BARON D'EPERNON; ANNE D'ARQUES,
    VICOMTE DE JOYEUSE (favoris du roi)
    SAINT-LUC
    BUSSY D'AMBOISE, favori du duc d'Anjou
    BALZAC D'ENTRAGUES, plus souvent appelé ANTRAGUET
    COME RUGGIERI, astrologue
    SAINT-PAUL, aide de camp du duc de Guise
    ARTHUR, page de madame la duchesse de Guise
    BRIGARD, boutiquier
    BUSSY-LECLERC, procureur; LA CHAPELLE-MARTEAU, maître
    des comptes; CRUCE (ligueurs)
    DU HALDE
    GEORGES, domestique de Saint-Mégrin
    MADAME DE COSSE; MARIE (femmes de madame la duchesse de Guise)
    Un Page d'Antraguet

    ACTE PREMIER

    Un grand cabinet de travail chez Côme Ruggieri; quelques instruments
    de physique et de chimie; une fenêtre entr'ouverte au fond de
    l'appartement, avec un téléscope.

    SCENE PREMIERE

    RUGGIERI, puis CATHERINE DE MEDICIS

    RUGGIERI, appuyé sur son coude, un livre d'astrologie ouvert devant
    lui; il y mesure des figures avec un compas; une lampe posée sur une
    table, à droite, éclaire la scène.

    Oui!…cette conjuration me paraît plus puissante et plus sûre.
    (Regardant un sablier) Neuf heures bientôt…Qu'il me tarde d'être à
    minuit pour en faire l'épreuve? Réussirai-je enfin? parviendrai-je à
    évoquer un de ces génies que l'homme, dit-on, peut contraindre à lui
    obéir, quoiqu'ils soient plus puissants que lui?…Mais, si la chaîne
    des êtres créés se brisait à l'homme!…(Catherine de Médicis entre
    par une porte secrète; elle ôte son demi-masque noir, tandis que
    Ruggieri ouvre une autre volume, paraît comparer, et s'écrie:) Le
    doute partout!…

    CATHERINE

    Mon père…(Le touchant) Mon père!…

    RUGGIERI

    Qui?…Ah! Votre Majesté!…Comment, si tard, à neuf heures du soir,
    vous hasarder dans cette rue de Grenelle, si déserte et si
    dangereuse!

    CATHERINE

    Je ne viens point du Louvre, mon père; je viens de l'hôtel de
    Soissons, qui communique avec votre retraite par ce passage secret.

    RUGGIERI

    J'étais loin de m'attendre à l'honneur…

    CATHERINE

    Pardon, Ruggieri, si j'interromps vos doctes travaux; en toute autre
    circonstance, je vous demanderais la permission d'y prendre
    part…Mais ce soir…

    RUGGIERI

    Quelque malheur?

    CATHERINE

    Non; tous les malheurs sont encore dans l'avenir. Vous-même avez
    tiré l'horoscope de ce mois de juillet, et le résultat de vos calculs
    a été qu'aucun malheur réel ne menaçait notre personne, ni celle de
    notre auguste fils, pendant sa durée…Nous sommes aujourd'hui au 20,
    et rien n'a démenti votre prédiction. Avec l'aide de Dieu, elle
    s'accomplira tout entière.

    RUGGIERI

    C'est donc un nouvel horoscope que vous désirez, ma fille? Si vous
    voulez monter avec moi à la tour, vos connaissances en astronomie
    sont assez grandes pour que vous puissiez suivre mes opérations et
    les comprendre. Les constellations sont brillantes.

    CATHERINE

    Non, Ruggieri; c'est sur la terre que mes yeux sont fixés maintenant.
    Autour du soleil de la royauté se meuvent aussi des astres brillants
    et funestes; ce sont ceux-là qu'avec votre aide, mon père, je compte
    parvenir à conjurer.

    RUGGIERI

    Commandez, ma fille; je suis prêt à vous obéir.

    CATHERINE

    Oui,…vous m'êtes tout dévoué…Mais aussi ma protection, quoique
    ignorée de tous, ne vous est pas inutile…Votre réputation vous a
    fait bien des ennemis, mon père…

    RUGGIERI

    Je le sais.

    CATHERINE

    La Mole, en expirant, a avoué que les figures de cire à la
    ressemblance du roi, que l'on a trouvées sur l'autel, percées d'un
    poignard à la place du coeur, avaient été fournies par vous; et
    peut-être les mêmes juges qui l'ont condamné trouveraient-ils, sous
    les cendres chaudes encore de son bûcher, assez de feu pour allumer
    celui de Côme Ruggieri.

    RUGGIERI, avec crainte

    Je le sais,…je le sais.

    CATHERINE

    Ne l'oubliez pas…Restez moi fidèle…et, tant que le ciel laissera
    à Catherine de Médicis existence et pouvoir, ne craignez rien.
    Aidez-la donc à conserver l'un et l'autre.

    RUGGIERI

    Que puis-je faire pour Votre Majesté?

    CATHERINE

    D'abord, mon père, avez-vous signé la Ligue, comme je vous avais
    écrit de le faire?

    RUGGIERI

    Oui, ma fille; la première réunion des ligueurs doit même avoir lieu
    ici; car nul d'entre eux ne soupçonne la haute protection dont
    m'honore Votre Majesté…Vous voyez que je vous ai comprise et que
    j'ai été au delà de vos ordres.

    CATHERINE

    Et vous avez compris aussi que l'écho de leurs paroles devait
    retentir dans mon cabinet, et non dans celui du roi?

    RUGGIERI

    Oui, oui…

    CATHERINE

    Et maintenant, mon père, écoutez…Votre profonde retraite, vos
    travaux scientifiques, vous laissent peu de temps pour suivre les
    intrigues de la cour…Et, d'ailleurs, vos yeux, habitués à lire dans
    un ciel pur, perceraient mal l'atmosphère épaisse et trompeuse qui
    l'environne.

    RUGGIERI

    Pardon, ma fille!…les bruits du monde arrivent parfois jusqu'ici:
    je sais que le roi de Navarre et le duc d'Anjou ont fui la cour et se
    sont retirés, l'un dans son royaume, l'autre dans son gouvernement.

    CATHERINE

    Qu'ils y restent; ils m'inquiètent moins en province qu'à Paris… Le
    caractère franc du Béarnais, le caractère irrésolu du duc d'Anjou, ne
    nous menacent point de grands dangers; c'est plus près de nous que
    sont nos ennemis…Vous avez entendu parler du duel sanglant qui a eu
    lieu, le 27 avril dernier, près la porte Saint-Antoine, entre six
    jeunes gens de la cour; parmi les quatre qui ont été tués, trois
    étaient les favoris du roi.

    RUGGIERI

    J'ai su sa douleur; j'ai vu les magnifiques tombeaux qu'il a fait
    élever à Quélus, Schomberg et Maugiron; car il leur portait une
    grande amitié…Il avait promis, assure-t-on, cent mille livres aux
    chirurgiens, en cas que Quélus vînt en convalescence…Mais que
    pouvait la science de la terre contre les dix-neuf coups d'épée qu'il
    avait reçus?…Antraguet, son meurtrier, a du moins été puni par
    l'exil…

    CATHERINE

    Oui, mon père…Mais cette douleur s'apaise d'autant plus vite,
    qu'elle a été exagérée. Quélus, Schomberg et Maugiron ont été
    remplacés par d'Epernon, Joyeuse et Saint-Mégrin. Antraguet
    reparaîtra demain à la cour; le duc de Guise l'exige, et Henri n'a
    rien à refuser à son cousin de Guise. Saint-Mégrin et lui sont mes
    ennemis. Ce jeune gentilhomme bordelais m'inquiète. Plus instruit,
    moins frivole surtout que Joyeuse et d'Epernon, il a pris sur
    l'esprit de Henri un ascendant qui m'effraye…Mon père, il en ferait
    un roi.

    RUGGIERI

    Et le duc de Guise?

    CATHERINE

    En ferait un moine, lui…Je ne veux ni l'un ni l'autre…Il me faut
    un peu plus qu'un enfant, un peu moins qu'un homme…Aurais-je donc
    abâtardi son coeur à force de voluptés, éteint sa raison par des
    pratiques superstitieuses, pour qu'un autre que moi s'emparât de son
    esprit et le dirigeât à son gré?…Non; je lui ai donné un caractère
    factice, pour que ce caractère m'appartînt…Tous les calculs de ma
    politique, toutes les ressources de mon imagination ont tendu là…Il
    fallait rester régente de la France, quoique la France eût un roi; il
    fallait qu'on pût dire un jour: «Henri III a regné sous Catherine de
    Médicis…» J'y ai réussi jusqu'à présent…Mais ces deux hommes!…

    RUGGIERI

    Eh bien, René, votre valet de chambre, ne peut-il préparer pour eux
    des pommes de senteur, pareilles à celles que vous envoyâtes à Jeanne
    d'Albret, deux heures avant sa mort?…

    CATHERINE

    Non…Ils me sont nécessaires: ils entretiennent dans l'âme du roi
    cette irrésolution qui fait ma force. Je n'ai besoin que de jeter
    d'autres passions au travers de leurs projets politiques, pour les en
    distraire un instant; alors je me fais jour entre eux; j'arrive au
    roi, que j'aurai isolé avec sa faiblesse, et je ressaisis ma
    puissance…J'ai trouvé un moyen. Le jeune Saint-Mégrin est amoureux
    de la duchesse de Guise.

    RUGGIERI

    Et celle-ci?…

    CATHERINE

    L'aime aussi, mais sans se l'avouer encore à elle-même,
    peut-être…Elle est esclave de sa réputation de vertu…Ils en sont
    à ce point où il ne faut qu'une occasion, une rencontre, un
    tête-à-tête, pour que l'intrigue se noue; elle-même craint sa
    faiblesse, car elle le fuit…Mon père, ils se verront aujourd'hui;
    ils se verront seuls.

    RUGGIERI

    Où se verront-ils?

    CATHERINE

    Ici…Hier, au cercle, j'ai entendu Joyeuse et d'Epernon lier, avec
    Saint-Mégrin, la partie de venir faire tirer leur horoscope par
    vous…Dites aux deux premiers ce que bon vous semblera sur leur
    fortune future, que le roi veut porter à son comble, puisqu'il compte
    en faire ses beaux-frères…Mais trouvez le moyen d'éloigner ces
    jeunes fous…Restez seul avec Saint-Mégrin; arrachez-lui l'aveu de
    son amour; exaltez sa passion; dites-lui qu'il est aimé, que grâce à
    votre art, vous pouvez le servir; offrez-lui un tête-à-tête.
    (Montrant une alcôve cachée dans la boiserie) La duchesse de Guise
    est déjà là, dans ce cabinet si bien caché dans la boiserie, que vous
    avez fait faire pour que je puisse voir et entendre au besoin, sans
    être vue. Par Notre-Dame! il nous a déjà été utile, à moi pour mes
    expériences politiques, et à vous pour vos magiques opérations.

    RUGGIERI

    Et comment l'avez-vous déterminée à venir?…

    CATHERINE, ouvrant la porte du passage secret

    Pensez-vous que j'aie consulté sa volonté?

    RUGGIERI

    Vous l'avez donc fait entrer par la porte qui donne dans le passage
    secret?

    CATHERINE

    Sans doute…

    RUGGIERI

    Et vous avez songé aux périls auxquels vous exposiez Catherine de
    Clèves, votre filleule!…L'amour du Saint-Mégrin, la jalousie du duc
    de Guise…

    CATHERINE

    Et c'est justement de cet amour et de cette jalousie que j'ai
    besoin…M. de Guise irait trop loin, si nous ne l'arrêtions pas.
    Donnons-lui de l'occupation…D'ailleurs, vous connaissez ma maxime:

    Il faut tout tenter et faire,
    Pour son ennemi défaire.

    RUGGIERI

    Ainsi, ma fille, vous avez consenti à lui découvrir le secret de
    cette alcôve.

    CATHERINE

    Elle dort. Je l'ai invitée à prendre avec moi une tasse de cette
    liqueur que l'on tire de fèves arabes que vous avez rapportées de vos
    voyages, et j'y ai mêlé quelques gouttes du narcotique que je vous
    avais demandé pour cet usage.

    RUGGIERI

    Son sommeil a dû être profond; car la vertu de cette liqueur est
    souveraine.

    CATHERINE

    Oui…Et vous pourrez la tirer de ce sommeil à votre volonté?

    RUGGIERI

    A l'instant, si vous le voulez.

    CATHERINE

    Gardez-vous en bien!

    RUGGIERI

    Je crois vous avoir dit aussi qu'à son réveil toutes ses idées
    seraient quelque temps confuses, et que sa mémoire ne reviendrait
    qu'à mesure que les objets frapperaient les yeux.

    CATHERINE

    Oui…tant mieux! elle sera moins à même de se rendre compte de votre
    magie…Quant à Saint-Mégrin, il est, comme tous ces jeunes gens,
    superstitieux et crédule: il aime, il croira…D'ailleurs, vous ne
    lui laisserez pas le temps de se reconnaître. Vous devez avoir un
    moyen d'ouvrir cette alcôve, sans quitter cette chambre?

    RUGGIERI

    Il ne faut qu'appuyer sur un ressort caché dans les ornements de ce
    miroir magique. (Il appuie sur le ressort, et la porte de l'alcôve
    se lève à moitié)

    CATHERINE

    Votre adresse fera le reste, mon père, et je m'en rapporte à
    vous…Quelle heure comptez-vous?…

    RUGGIERI

    Je ne puis vous le dire…La présence de Votre Majesté m'a fait
    oublier de retourner ce sablier, et il faudrait appeler quelqu'un.

    CATHERINE

    C'est inutile; ils ne doivent pas tarder; voilà
    l'important…Seulement, mon père, je ferai venir d'Italie une
    horloge;…je la ferai venir pour vous…Ou plutôt, écrivez vous-même
    à Florence et demandez-la, quelque prix qu'elle coûte.

    RUGGIERI

    Votre Majesté comble tous mes désirs…Depuis longtemps, j'en eusse
    acheté une, si le prix exorbitant qu'il faut y mettre…

    CATHERINE

    Pourquoi ne pas vous adresser à moi, mon père?…Par Notre-Dame! il
    ferait beau voir que je laissasse manquer d'argent un savant tel que
    vous…Non…Venez demain, soit au Louvre, soit à notre hôtel de
    Soissons, et un bon de notre royale main, sur le surintendant de nos
    finances, vous prouvera que nous ne sommes ni oublieuse ni ingrate.
    Dieu soit avec vous, mon père! (Elle remet son masque et sort par la
    porte secrète)

    SCENE II

    RUGGIERI, LA DUCHESSE DE GUISE, endormie

    RUGGIERI

    Oui, j'irai te rappeler ta promesse…Ce n'est qu'à prix d'or que je
    puis me procurer ces manuscrits précieux qui me sont si
    nécessaires…(Ecoutant) On frappe…Ce sont eux. (Il va refermer la
    porte de l'alcôve)

    D'EPERNON, derrière le théâtre

    Holà! hé!

    RUGGIERI

    On y va, mes gentilshommes, on y va.

    SCENE III

    RUGGIERI, D'EPERNON, SAINT-MEGRIN, JOYEUSE

    D'EPERNON, à Joyeuse, qui entre appuyé sur une sarbacane et sur le
    bras de Saint-Mégrin

    Allons, allons, courage, Joyeuse! Voilà enfin notre sorcier…Vive
    Dieu! mon père, il faut avoir des jambes de chamois et des yeux de
    chat-huant pour arriver jusqu'à vous.

    RUGGIERI

    L'aigle bâtit son aire à la cime des rochers pour y voir de plus loin.

    JOYEUSE, s'étendant dans un fauteuil

    Oui; mais on voit clair pour y arriver, au moins.

    SAINT-MEGRIN

    Allons, allons, messieurs, il est probable que le savant Ruggieri ne
    comptait pas sur notre visite. Sans cela, nous aurions trouvé
    l'antichambre mieux éclairée…

    RUGGIERI

    Vous vous trompez, comte de Saint-Mégrin. Je vous attendais…

    D'EPERNON

    Tu lui avais donc écrit?

    SAINT-MEGRIN

    Non, sur mon âme; je n'en ai parlé à personne…

    D'EPERNON, à Joyeuse

    Et toi?

    JOYEUSE

    Moi? Tu sais que je n'écris que quand j'y suis forcé…Cela me fatigue.

    RUGGIERI

    Je vous attendais, messieurs, et je m'occupais de vous.

    SAINT-MEGRIN

    En ce cas, tu sais ce qui nous amène.

    RUGGIERI

    Oui.

    (D'Epernon et Saint-Mégrin se rapprochent de lui. Joyeuse se
    rapproche aussi, mais sans se lever de son fauteuil)

    D'EPERNON

    Alors toutes tes sorcelleries sont faites d'avances; nous pouvons
    t'interroger, tu vas nous répondre?

    RUGGIERI

    Oui…

    JOYEUSE

    Un instant, tête-Dieu!…(Tirant à lui Ruggieri) Venez ici, mon
    père…On dit que vous êtes en commerce avec Satan…Si cela était, si
    cet entretien avec vous pouvait compromettre notre salut,…j'espère que
    vous y regarderiez à deux fois, avant de damner trois gentilshommes des
    premières maisons de France?

    D'EPERNON

    Joyeuse a raison, et nous sommes trop bons chrétiens!…

    RUGGIERI

    Rassurez-vous, messieurs, je suis aussi bon chrétien que vous.

    D'EPERNON

    Puisque tu nous assures que ta sorcellerie n'a rien de commun avec
    l'enfer, eh bien, voyons, que te faut-il, ma tête ou ma main?…

    RUGGIERI

    Ni l'une ni l'autre; ces formalités sont bonnes pour le vulgaire;
    mais, toi, jeune homme, tu es placé assez au-dessus de lui pour que
    ce soit dans un astre brillant entre tous les astres que je lise ta
    destinée…Nogaret de la Valette, baron d'Epernon…

    D'EPERNON

    Comment! tu me connais aussi, moi?…Au fait, il n'y a rien là
    d'étonnant…Je suis devenu si populaire!

    RUGGIERI, reprenant

    Nogaret de la Valette, baron d'Epernon, ta faveur passée n'est rien
    auprès de ce que sera ta faveur future.

    D'EPERNON

    Vive Dieu! mon père, et comment irai-je plus loin?…Le roi m'appelle
    son fils.

    RUGGIERI

    Ce titre, son amitié seule te le donne, et l'amitié des rois est
    inconstante…Il t'appellera son frère, et les liens du sang le lui
    commanderont.

    D'EPERNON

    Comment! tu connais le projet du mariage…?

    RUGGIERI

    Elle est belle, la princesse Christine! Heureux sera celui qui la
    possédera!

    D'EPERNON

    Mais qui a pu t'apprendre?…

    RUGGIERI

    Ne t'ai-je pas dit, jeune homme, que ton astre était brillant entre
    tous les astres?…Et maintenant à vous, Anne d'Arques, vicomte de
    Joyeuse; à vous que le roi appelle aussi son enfant.

    JOYEUSE

    Eh bien; mon père, puisque vous lisez si bien dans le ciel, vous
    devez y voir tout le désir que j'ai de rester dans cet excellent
    fauteuil, si toutefois cela ne nuit pas à mon horoscope…Non? Eh
    bien, allez, je vous écoute.

    RUGGIERI

    Jeune homme, as-tu songé quelquefois, dans tes rêves d'ambition, que
    la vicomté de Joyeuse pût être érigée en duché;…que le titre de
    pair qu'on y joindrait te donnerait le pas sur tous les pairs de
    France, excepté les princes du sang royal, et ceux des maisons
    souveraines de Savoie, Lorraine et Clèves?…Oui…Eh bien, tu n'as
    fait que pressentir la moitié de ta fortune…Salut à l'époux de
    Marguerite de Vaudemont, soeur de la reine!…Salut au grand amiral
    du royaume de France!…

    JOYEUSE, se levant vivement

    Avec l'aide de Dieu et de mon épée, mon père, nous y arriverons.
    (Lui donnant sa bourse) Tenez, c'est bien mal récompenser la
    prédiction de si hautes destinées; mais c'est tout ce que j'ai sur
    moi.

    D'EPERNON

    De par Dieu! tu m'y fais penser, et moi qui oubliais…(Il fouille à
    son escarcelle) Eh bien, des dragées à sarbacane, voilà tout…Je ne
    pensais plus que j'avais perdu à la prime jusqu'à mon dernier
    philippus…Je ne sais ce que devient ce maudit argent; il faut qu'il
    soit trépassé…Vive Dieu! Saint-Mégrin, toi qui es ami de Ronsard,
    tu devrais bien le charger de faire son épitaphe…

    SAINT-MEGRIN

    Il est enterré dans les poches de ces coquins de ligueurs…Je crois
    qu'il n'y a plus guère que là qu'on puisse trouver les écus à la rose
    et les doublons d'Espagne…Cependant il m'en reste encore
    quelques-uns, et si tu veux…

    D'EPERNON, riant

    Non, non, garde-les pour acheter de l'ellébore; car il faut que vous
    sachiez, mon père, que, depuis quelque temps, notre camarade
    Saint-Mégrin est fou…Seulement, sa folie n'est pas gaie…Cependant,
    il vient de me donner une bonne idée…Il faut que je vous fasse payer
    mon horoscope par un ligueur…Voyons, sur lequel vais-je vous donne un
    bon?…Aide-moi, duc de Joyeuse. Ce titre sonne bien, n'est-ce pas?
    Voyons, cherche…

    JOYEUSE

    Que dis-tu de notre maître des comptes, La Chapelle-Marteau?…

    D'EPERNON

    Insolvable…En huit jours, il épuiserait les trésors de Philippe II.

    SAINT-MEGRIN

    Et le petit Brigard?…

    D'EPERNON

    Bah!…un prévot de boutiquiers! il offrirait de s'acquitter en
    cannelle et en herbe à la reine.

    RUGGIERI

    Thomas Crucé?…

    D'EPERNON

    Si je vous prenais au mot, mon père, vos épaules pourraient garder
    pendant quelque temps rancune à votre langue…Il n'est pas endurant.

    JOYEUSE

    Eh bien, Bussy Leclerc?

    D'EPERNON

    Vive Dieu….un procureur…Tu es de bon conseil, Joyeuse…(A
    Ruggieri) Tiens, voilà un bon de dix écus noble rose. Fais bien
    attention que la noble rose n'est pas démonétisée comme l'écu sol et
    le ducat polonais, et qu'elle vaut douze livres. Va chez ce coquin
    de ligueur de la part de d'Epernon et fais-toi payer; s'il refuse,
    dis-lui que j'irai moi-même avec vingt-cinq gentilshommes et dix ou
    douze pages…

    SAINT-MEGRIN

    Allons, maintenant que ton compte est réglé, je te rappellerai qu'on
    doit nous attendre au Louvre…Il faut rentrer, messieurs; partons!

    JOYEUSE

    Tu as raison; nous ne trouverions plus de chaises à porteurs.

    RUGGIERI, arrêtant Saint-Mégrin

    Comment! jeune homme, tu t'éloignes sans me consulter!…

    SAINT-MEGRIN

    Je ne suis pas ambitieux, mon père; que pourriez-vous me promettre?

    RUGGIERI

    Tu n'es pas ambitieux!…Ce n'est pas en amour du moins.

    SAINT-MEGRIN

    Que dites-vous, mon père! Parlez bas!

    RUGGIERI

    Tu n'es pas ambitieux, jeune homme, et, pour devenir la dame de tes
    pensées, il a fallu qu'une femme réunît dans son blason les armes de
    deux maisons souveraines, surmontées d'une couronne ducale…

    SAINT-MEGRIN

    Plus bas, mon père, plus bas!

    RUGGIERI

    Eh bien, doutes-tu encore de la science?

    SAINT-MEGRIN

    Non…

    RUGGIERI

    Veux-tu partir encore sans me consulter?

    SAINT-MEGRIN

    Je le devrais, peut-être…

    RUGGIERI

    J'ai cependant bien des révélations à te faire.

    SAINT-MEGRIN

    Qu'elles viennent du ciel ou de l'enfer, je les entendrai…Joyeuse,
    d'Epernon, laissez-moi: je vous rejoindrai bientôt dans
    l'antichambre…

    JOYEUSE

    Un instant, un instant!…ma sarbacane…De par sainte Anne! si
    j'aperçois une maison de ligueur à cinquante pas à la ronde, je ne
    veux pas lui laisser un seul carreau.

    D'EPERNON, à Saint-Mégrin

    Allons, dépêche-toi!…et nous te ferons bonne garde pendant ce
    temps. (Ils sortent.)

    SCENE IV

    RUGGIERI, SAINT-MEGRIN, puis LA DUCHESSE DE GUISE

    SAINT-MEGRIN, poussant la porte

    Bien, bien…(Revenant) Mon père… un seul mot… M'aime-t-elle?…
    Vous vous taisez, mon père… Malédiction!… Oh! faites…faites
    qu'elle m'aime! On dit que votre art a des ressources inconnues et
    certaines, des breuvages, des philtres! Quels que soient vos moyens,
    je les accepte, dussent-ils compromettre ma vie en ce monde et mon
    salut dans l'autre…Je suis riche. Tout ce que j'ai est à vous. De
    l'or, des bijoux; ah! votre science peut-être méprise ces trésors du
    monde! Eh bien, écoutez-moi, mon père! On dit que les magiciens
    quelquefois ont besoin, pour leurs expériences cabalistiques, du sang
    d'un homme vivant encore. (Lui présentant son bras nu) Tenez, mon
    père…Engagez-vous seulement à me faire aimer d'elle…

    RUGGIERI

    Mais es-tu sûr qu'elle ne t'aime pas?

    SAINT-MEGRIN

    Que vous dirai-je, mon père? jusqu'à l'heure du désespoir, ne
    reste-t-il pas au fond du coeur une espérance sourde?…Oui,
    quelquefois j'ai cru lire dans ses yeux, lorsqu'ils ne se
    détournaient pas assez vite…Mais je puis me tromper…Elle me fuit,
    et jamais je ne suis parvenu à me trouver seul avec elle.

    RUGGIERI

    Et si tu y réussissais enfin?

    SAINT-MEGRIN

    Cela étant, mon père!…son premier mot m'apprendrait ce que j'ai à
    craindre ou à espérer.

    RUGGIERI

    Et bien, viens et regarde dans cette glace…On l'appelle le miroir
    de réflexion…Quelle est la personne que tu désires y voir?

    SAINT-MEGRIN

    Elle, mon père!…

    (Pendant qu'il regarde, l'alcôve s'ouvre derrière lui et laisse
    apercevoir la duchesse de Guise endormie)

    RUGGIERI

    Regarde!

    SAINT-MEGRIN

    Dieu!…vrai Dieu!…c'est elle!…elle, endormie! Ah! Catherine!
    (L'alcôve se referme) Catherine! Rien…(regardant derrière) Rien
    non plus par ici…Tout a disparu: c'est un rêve, une illusion…Mon
    père, que je la voie…que je la revoie encore!…

    RUGGIERI

    Elle dormait, dis-tu?

    SAINT-MEGRIN

    Oui…

    RUGGIERI

    Ecoute: c'est surtout pendant le sommeil que notre pouvoir est plus
    grand…Je puis profiter du sien pour la transporter ici.

    SAINT-MEGRIN

    Ici, près de moi?

    RUGGIERI

    Mais, dès qu'elle est réveillée, rappelle-toi que toute ma puissance
    ne peut rien contre sa volonté…

    SAINT-MEGRIN

    Bien, mais hâtez-vous, mon père!…hâtez-vous!…

    RUGGIERI

    Prends ce flacon; il suffira de le lui faire respirer pour qu'elle
    revienne à elle…

    SAINT-MEGRIN

    Oui, oui; mais hâtez-vous…

    RUGGIERI

    T'engages-tu par serment à ne jamais révéler?…

    SAINT-MEGRIN

    Sur la part que j'espère dans le paradis, je vous le jure…

    RUGGIERI

    Eh bien, lis…(Tandis que Saint-Megrin parcourt quelques lignes du
    livre ouvert par Ruggieri, l'alcôve s'ouvre derrière lui; un ressort
    fait avancer le sofa dans la chambre, et la boiserie se referme)
    Regarde! (Il sort)

    SCENE V

    SAINT-MEGRIN, LA DUCHESSE DE GUISE

    SAINT-MEGRIN

    Elle!…c'est elle!…la voilà…(Il s'élance vers elle, puis
    s'arrête tout à coup) Dieu! j'ai lu que parfois des magiciens
    enlevaient au tombeau des corps qui, par la force de leurs
    enchantements, prenaient la ressemblance d'une personne vivante.
    Si…Que Dieu me protège! Ah!…rien ne change…Ce n'est donc pas
    un prestige, un rêve du ciel…Oh! son coeur bat à peine!…sa
    main…elle est glacée!…Catherine! réveille-toi: ce sommeil
    m'épouvante! Catherine!…Elle dort…Que faire?…Ah! ce
    flacon,…..j'oubliais…Ma tête est perdue!…(Il lui fait respirer
    le flacon)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ah!…

    SAINT-MEGRIN

    Oui, oui,…respire!…lève-toi!…parle, parle!…j'aime mieux
    entendre ta voix, dût-elle me bannir à jamais de ta présence, que de
    te voir dormir de ce sommeil froid.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ah! que je suis faible!…(Elle se lève en s'appuyant sur la tête de
    Saint-Mégrin, qui est à ses pieds) J'ai dormi longtemps…Mes
    femmes…comment s'appellent-elles?…(Apercevant Saint-Mégrin) Ah!
    c'est vous, comte? (Elle lui tend la main)

    SAINT-MEGRIN

    Oui…oui…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Vous!…mais pourquoi vous? Ce n'était pas vous que j'étais habituée
    à voir à mon réveil…Mon front est si lourd, que je ne puis y
    rassembler deux idées…

    SAINT-MEGRIN

    Oh! Catherine, qu'une seule s'y présente, qu'une seule y
    reste!…celle de mon amour pour toi…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oui,…oui,…vous m'aimez…Oh! depuis longtemps, je m'en suis
    aperçue… Et moi aussi, je vous aimais, et je vous le cachais…
    Pourquoi donc?…Il me semble pourtant qu'il y a bien du bonheur à le
    dire!…

    SAINT-MEGRIN

    Oh! redis-le donc encore!…redis-le, car il y a bien du bonheur à
    l'entendre!…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Mais j'avais un motif pour vous le cacher…Quel était-il donc?…
    Ah!… ce n'était pas vous que je devais aimer…(Se levant, et
    oubliant son mouchoir sur le sofa) Sainte Mère de Dieu! aurais-je dit
    que je vous aimais?…Malheureuse que je suis!…mon amour s'est
    réveillée avant ma raison.

    SAINT-MEGRIN

    Catherine! n'écoute que ton coeur. Tu m'aimes! tu m'aimes!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Moi? Je n'ai pas dit cela, monsieur le comte; cela n'est pas; ne
    croyez pas que cela soit…C'était un songe,…le sommeil,… le…
    Mais comment se fait-il que je sois ici?…Quelle est cette chambre?
    …Marie!…Madame de Cossé!… Laissez-moi, monsieur de
    Saint-Mégrin, éloignez-vous…

    SAINT-MEGRIN

    M'éloigner! et pourquoi?…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    O mon Dieu! mon Dieu! que m'arrive-t-il?…

    SAINT-MEGRIN

    Madame, je me vois ici, je vous y trouve, je ne sais comment…Il y a
    de l'enchantement, de la magie.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Je suis perdue!…moi qui jusqu'à présent vous ai fui, moi que déjà
    les soupçons de M. de Guise, mon seigneur et maître…

    SAINT-MEGRIN

    M. de Guise!…mille damnations!…M. de Guise, votre seigneur et
    maître!…Oh! puisse-t-il ne pas vous soupçonner à tort…et que tout
    son sang…tout le mien…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Monsieur le comte, vous m'effrayez.

    SAINT-MEGRIN

    Pardon!…mais quand je pense que je pouvais vous connaître libre,
    être aimé de vous, devenir aussi votre seigneur et maître…Il me
    fait bien mal, M. de Guise; mais que mon bon ange me manque au jour
    du jugement si je ne le lui rends pas…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Monsieur le comte!…Mais enfin…où suis-je? dites-le moi…
    Aidez-moi à sortir d'ici, à me rendre à l'hôtel de Guise, et je vous
    pardonne…

    SAINT-MEGRIN

    Me pardonner! et quel est donc mon crime?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Je suis ici…et vous me le demandez…Vous avez profité de son
    sommeil pour enlever une femme qui vous est étrangère, qui ne peut
    vous aimer, qui ne vous aime pas, monsieur le comte…

    SAINT-MEGRIN

    Qui ne m'aime pas!…Ah! madame, on n'aime pas comme j'aime, pour ne
    pas être aimé. J'en crois vos premières paroles, j'en crois…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Silence!

    SAINT-MEGRIN

    Ne craignez rien.

    JOYEUSE, dans l'antichambre

    Vive Dieu!…nous sommes en sentinelle, et on ne passe pas…

    LE DUC DE GUISE, derrière le théâtre

    Tête-Dieu! messieurs, prenez garde, en croyant jouer avec un renard,
    d'éveiller un lion…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Sainte Marie!…c'est la voix du duc de Guise!…où fuir? où me
    cacher?

    SAINT-MEGRIN, s'élançant vers la porte

    C'est le duc de Guise?…Eh bien…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Arrêtez, monsieur, au nom du ciel! vous me perdez.

    SAINT-MEGRIN

    C'est vrai…

    (Il court à la porte, passe entre les deux anneaux de fer la barre
    qui sert de verrou)

    RUGGIERI, entrant et prenant la duchesse par la main

    Silence, madame…Suivez-moi…

    (Il ouvre la porte secrète; la duchesse de Guise s'y élance, Ruggieri
    la suit; la porte se referme derrière eux)

    LE DUC DE GUISE, avec impatience

    Messieurs!…

    D'EPERNON

    Ne trouves-tu pas qu'il a un petit accent lorrain tout à fait
    agréable?…

    SAINT-MEGRIN, se retournant

    Maintenant, madame,…nous pouvons…Eh bien, où est-elle?…Tout
    cela ne serait-il pas l'oeuvre du démon? Que croire? Oh! ma tête!
    ma tête!…Maintenant, qu'il entre. (Il ouvre la porte)

    LE DUC DE GUISE, entrant

    J'aurais dû deviner, par ceux de l'antichambre, celui qui me ferait
    les honneurs de l'appartement…

    SAINT-MEGRIN

    Ne vous en prenez qu'à la circonstance, monsieur le duc, si je ne
    profite pas de ce moment pour vous rendre tous ceux dont je vous
    crois digne…Cela viendra, je l'espère…

    JOYEUSE

    Comment, Saint-Mégrin, c'est le Balafré lui-même?

    SAINT-MEGRIN

    Oui, oui, messieurs, c'est lui…Mais il se fait tard; partons!
    partons! (Ils sortent)

    SCENE VII

    LES MEMES, CRUCE; puis BUSSY-LECLERC, LA CHAPELLE-MARTEAU et BRIGARD

    LE DUC DE GUISE

    C'est vous, Crucé? quelles nouvelles?

    CRUCE

    Mauvaises, monseigneur, mauvaises! rien ne marche,…tout dégénère.
    Morbleu! nous sommes des conspirateurs à l'eau rose.

    LE DUC DE GUISE

    Comment cela?

    CRUCE

    Eh! oui…Nous perdons le temps en fadaises politiques; nous courons
    de porte en porte pour faire signer l'Union. Par saint Thomas! vous
    n'avez qu'à vous montrer, monsieur le duc; quand ils vous regardent,
    les huguenots sont de la Ligue…

    LE DUC DE GUISE

    Est-ce que votre liste?…

    CRUCE

    Trois ou quatre cents zélés l'ont signée; cent cinquante politiques y
    ont mis leur parafe; une trentaine de huguenots ont refusé en faisant
    la grimace…Quant à ceux-là, morbleu! j'ai fait une croix blanche
    sur leur porte, et, si jamais l'occasion se présente de décrocher ma
    pauvre arquebuse qui est au repos depuis six ans…Mais je n'aurai
    pas ce bonheur-là, monseigneur; les bonnes traditions se
    perdent…Tête-Dieu! si j'étais à votre place…

    LE DUC DE GUISE

    Et la liste?…

    CRUCE

    La voici…Faites-en des bourres, monsieur le duc, et plus tôt que
    plus tard.

    LE DUC DE GUISE

    Cela viendra, mon brave, cela viendra.

    CRUCE

    Dieu le veuille!…Ah! ah! voilà les camarades.

    (Entrent Bussy-Leclerc, La Chapelle-Marteau et Brigard)

    LE DUC DE GUISE

    Eh bien, messieurs, la récolte a-t-elle été bonne?

    BUSSY-LECLERC

    Pas mauvaise; deux ou trois cents signatures, pour ma part; des
    avocats, des procureurs.

    CRUCE

    Et toi, mon petit Brigard, as-tu fait marcher les boutiquiers?

    BRIGARD

    Ils ont tous signé.

    CRUCE, lui frappant sur l'épaule

    Vive Dieu! monsieur le duc, voilà un zélé. Tous ceux de l'Union peuvent
    se présenter à sa boutique, au coin de la rue Aubry-le-Boucher; ils y
    auront un rabais de trente deniers par livre sur tout ce qu'ils
    achèteront.

    LE DUC DE GUISE

    Et vous, monsieur Marteau?

    LA CHAPELLE-MARTEAU

    J'ai été moins heureux, monseigneur…Les maîtres des comptes ont
    peur, et M. le président de Thou n'a signé qu'avec restriction.

    LE DUC DE GUISE

    Il a donc ses fleurs de lis bien avant dans le coeur, votre président
    de Thou?…Est-ce qu'il n'a pas vu que l'on promet obéissance au roi
    et à sa famille?

    LA CHAPELLE-MARTEAU

    Oui; mais on se réunit sans sa permission.

    LE DUC DE GUISE

    Il a raison, M. de Thou…Je me rendrai demain au lever de Sa
    Majesté, messieurs…Mon premier soin aurait dû être d'obtenir la
    sanction du roi, il n'aurait pas osé me la refuser…Mais, Dieu
    merci! il n'est point encore trop tard. Demain, je mettrai sous les
    yeux de Henri de Valois la situation de son royaume; je me ferai
    l'interprête de ses sujets mécontents. Il a déjà reconnu tacitement
    la Ligue; je veux qu'il lui nomme publiquement un chef.

    LA CHAPELLE-MARTEAU

    Prenez garde, monseigneur! il n'y a pas loin du bassinet à la mèche
    d'un pistolet, et quelque nouveau Poltrot…

    LE DUC DE GUISE

    Il n'oserait!…D'ailleurs, j'irai armé.

    CRUCE

    Que Dieu soit pour vous et la bonne cause!…Cela fait, monseigneur,
    je crois qu'il sera temps de vous décider.

    LE DUC DE GUISE

    Oh! ma décision est prise depuis longtemps; ce que je ne décide pas
    en une heure, je ne le déciderai de ma vie.

    CRUCE

    Oui,…et, avec votre prudence, toute votre vie ne suffira peut-être
    pas à exécuter ce que vous aurez décidé en un quart d'heure…

    LE DUC DE GUISE

    Monsieur Crucé, dans un projet comme le nôtre, le temps est l'allié
    le plus sûr.

    CRUCE

    Tête-Dieu!…vous avez le temps d'attendre, vous; mais, moi, je suis
    pressé; et puisque tout le monde signe…

    LE DUC DE GUISE

    Oui…Et les douze mille hommes, tant Suisses que reîtres, que Sa
    Majesté vient de faire entrer dans sa bonne ville de Paris…ont-ils
    signé?…Chacun d'eux porte une arquebuse ornée d'une belle et bonne
    mèche, monsieur Crucé; sans compter les fauconneaux de la
    Bastille…Fiez-vous-en à moi pour marquer le jour; et, quand il sera
    venu…

    BUSSY-LECLERC

    Eh bien, que ferons-nous au Valois?

    LE DUC DE GUISE

    Ce que lui promettait hier madame de Montpensier, en me montrant une
    paire de ciseaux: une troisième couronne.

    BUSSY-LECLERC

    Ainsi soit-il!…n'est-ce pas, mon vieux sorcier? car je présume que
    tu es de notre avis, puisque tu ne dis rien…

    RUGGIERI

    J'attendais l'occasion favorable de vous présenter une petite
    requête.

    BUSSY-LECLERC

    Laquelle?

    RUGGIERI, lui donnant le billet de d'Epernon

    La voici…

    BUSSY-LECLERC

    Comment! un bon du d'Epernon…sur moi? C'est une plaisanterie.

    RUGGIERI

    Il a dit que, si vous n'y faisiez pas honneur, il irait vous trouver,
    et le ferait acquitter lui-même…

    BUSSY-LECLERC

    Qu'il vienne, morbleu!…a-t-il oublié qu'avant d'être procureur,
    j'ai été maître d'armes au régiment de Lorraine?…Je crois que le
    cher favori est jaloux des statues qui ornent les tombeaux de Quélus
    et de Maugiron? Eh bien, qu'à cela ne tienne: nous le ferons
    tailler en marbre à son tour.

    LE DUC DE GUISE

    Gardez-vous-en bien, maître Bussy! Je ne voudrais pas, pour
    vingt-cinq de mes amis, ne pas avoir un tel ennemi…Son insolence
    recrute pour nous…Donne-moi ce billet, Ruggieri. Dix écus noble
    rose, c'est cent vingt livres tournois…Les voici.

    BUSSY-LECLERC

    Que faites-vous donc, monseigneur?…

    LE DUC DE GUISE

    Soyez tranquille; quand le moment de régler nos comptes sera arrivé,
    je m'arrangerai de manière qu'il ne reste pas mon débiteur…Mais il
    se fait tard…A demain soir, messieurs. Les portes de l'hôtel de
    Guise seront ouvertes à tous nos amis; madame de Montpensier en fera
    les honneurs; et seront doublement bien reçus par elle ceux qui
    viendront avec la double croix! Ruggieri, reconduis ces messieurs.
    Ainsi, c'est dit; à demain soir, à l'hôtel de Guise.

    CRUCE

    Oui, monseigneur…(Ils sortent)

    SCENE VIII

    LE DUC DE GUISE, seul

    (Il s'assied sur le sofa où la duchesse a oublié son mouchoir)

    Par saint Henri de Lorraine! c'est un rude métier que celui que j'ai
    entrepris…Ces gens-là croient qu'on arrive au trône de France comme
    à un bénéfice de province. Le duc de Guise roi de France! c'est un
    beau rêve…Cela sera pourtant; mais, auparavant, que de rivaux à
    combattre! Le duc d'Anjou, d'abord;…c'est le moins à craindre; il
    est haï également du peuple et de la noblesse, et on le déclarerait
    facilement hérétique et inhabile à succéder…Mais, à son défaut
    l'Espagnol n'est-il pas là pour réclamer, à titre de beau-frère,
    l'héritage du Valois?…Le duc de Savoie, son oncle par alliance,
    voudra élever des prétentions. Un duc de Lorraine a épousé sa
    soeur…Peut-être y aurait-il un moyen: ce serait de faire passer la
    couronne de France sur la tête du vieux cardinal de Bourbon, et de le
    forcer à me reconnaître comme héritier…J'y songerai…Que de
    peines! de tourments!…pour qu'à la fin peut-être la balle d'un
    pistolet ou la lame d'un poignard…Ah! (Il laisse tomber sa main
    avec découragement; elle se pose sur le mouchoir oublié par la
    duchesse.) Qu'est cela?…Mille damnations! ce mouchoir appartient à
    la duchesse de Guise! voilà les armes réunies de Clèves et de
    Lorraine…Elle serait venue ici!…Saint-Mégrin!…O Mayenne!
    Mayenne! tu ne t'étais donc pas trompé! et lui…lui…(Appelant)
    Saint-Paul! (Son écuyer entre) Je vais…Saint-Paul! qu'on me
    cherche les mêmes hommes qui ont assassiné Dugast.

    ACTE DEUXIEME

    Une salle du Louvre.–A gauche, deux fauteuils et quelques tabourets
    préparés pour le roi, la reine mère et les courtisans. Joyeuse est
    couché dans l'un de ces fauteuils, et Saint-Mégrin, debout, appuyé
    sur le dossier de l'autre. Du côté opposé, d'Epernon est assis à une
    table sur laquelle est posé un échiquier. Au fond, Saint-Luc fait
    des armes avec du Halde. Chacun d'eux a près de lui un page à ses
    couleurs.

    SCENE PREMIERE

    JOYEUSE, SAINT-MEGRIN, D'EPERNON, SAINT-LUC, DU HALDE, Pages

    D'EPERNON

    Messieurs, qui de vous fait ma partie d'échecs, en attendant le
    retour du roi? Saint-Mégrin, ta revanche?

    SAINT-MEGRIN

    Non, je suis distrait aujourd'hui.

    JOYEUSE

    Oh! décidément, c'est la prédiction de l'astrologue…Vrai Dieu!
    c'est un véritable sorcier. Sais-tu bien qu'il avait prédit à Dugast
    qu'il n'avait plus que quelques jours à vivre, quand la reine
    Marguerite l'a fait assassiner? Je parie que c'est un horoscope du
    même genre qui occupe Saint-Mégrin, et que quelque grande dame dont
    il est amoureux…

    SAINT-MEGRIN, l'interrompant vivement

    Mais toi-même, Joyeuse, que ne fais-tu la partie de d'Epernon?

    JOYEUSE

    Non, merci.

    D'EPERNON

    Est-ce que tu veux réfléchir aussi, toi?

    JOYEUSE

    C'est, au contraire, pour ne pas être obligé de réfléchir.

    SAINT-LUC

    Eh bien, veux-tu faire des armes avec moi, vicomte?

    JOYEUSE

    C'est trop fatigant, et puis tu n'es pas de ma force. Fais une
    oeuvre charitable, tire d'Epernon d'embarras…

    SAINT-LUC

    Soit.

    JOYEUSE, tirant un bilboquet de son escarcelle

    Vive Dieu! messieurs, voilà un jeu…Celui-là ne fatigue ni le corps
    ni l'esprit…Sais-tu bien que cette nouvelle invention a eu un
    succès prodigieux chez la présidente? A propos, tu n'y étais pas,
    Saint-Luc; qu'es-tu donc devenu?

    SAINT-LUC

    J'ai été voir les Gelosi; tu sais, ces comédiens italiens qui ont
    obtenu la permission de représenter des mystères à l'hôtel de
    Bourbon.

    JOYEUSE

    Ah! oui,…moyennant quatre sous par personne.

    SAINT-LUC

    Et puis, en passant…Un instant, d'Epernon, je n'ai pas joué.

    JOYEUSE

    Et puis, en passant?…

    SAINT-LUC

    Où?

    JOYEUSE

    En passant, disais-tu?

    SAINT-LUC

    Oui…Je me suis arrêté en face de Nesle, pour y voir poser la
    première pierre d'un pont qu'on appellera le pont Neuf.

    D'EPERNON

    C'est Ducerceau qui l'a entrepris…On dit que le roi va lui accorder
    des lettres de noblesse.

    JOYEUSE

    Et justice sera faite…Sais-tu bien qu'il m'épargnera au moins six
    cents pas, toutes les fois que je voudrais aller à l'Ecole
    Saint-Germain? (Il laisse tomber son bilboquet, et appelle son page,
    qui est à l'autre bout de la salle) Bertrand, mon bilboquet…

    SAINT-LUC

    Messieurs, grande réforme! Ce matin, madame de Sauve m'a dit en
    confidence que le roi avait abandonné les fraises gaudronnées pour
    prendre les collets renversés à l'italienne.

    D'EPERNON

    Eh! que ne nous disais-tu pas cela!…Nous serons en retard d'un
    jour…Tiens, Saint-Mégrin le savait, lui…(A son page) Que je
    trouve demain un collet renversé au lieu de cette fraise…

    SAINT-LUC, riant

    Ah! ah!…tu te souviens que le roi t'a exilé quinze jours, parce
    qu'il manquait un bouton à ton pourpoint…

    JOYEUSE

    Eh bien, moi, je vais te rendre nouvelle pour nouvelle. Antraguet
    rentre aujourd'hui en grâce.

    SAINT-LUC

    Vrai?…

    JOYEUSE

    Oui, il est décidément guisard…C'est le Balafré qui a exigé du roi
    qu'il lui rendît son commandement…Depuis quelque temps, le roi fait
    tout ce qu'il veut.

    D'EPERNON

    C'est qu'il a besoin de lui…Il paraît que le Béarnais est en
    campagne, le harnais sur le dos…

    JOYEUSE

    Vous verrez que ce damné d'hérétique nous fera battre pendant
    l'été…Mettez-vous donc en campagne de cette chaleur-là,…avec cent
    cinquante livres de fer sur le corps!…pour revenir hâlé comme un
    Andalou…

    SAINT-LUC

    Ce serait un mauvais tour à te faire, Joyeuse…

    JOYEUSE

    Je l'avoue; j'ai plus peur d'un coup de soleil que d'un coup
    d'épée…et, si je le pouvais, je me battrais toujours, comme Bussy
    d'Amboise l'a fait dans son dernier duel, au clair de la lune…

    SAINT-LUC

    Quelqu'un a-t-il de ses nouvelles?

    D'EPERNON

    Il est toujours dans l'Anjou, près de Monsieur…C'est encore un
    ennemi de moins pour le guisard.

    JOYEUSE

    A propos de guisard, Saint-Mégrin, sais-tu ce qu'en dit la maréchale
    de Retz? Elle dit qu'auprès du duc de Guise, tous les princes
    paraissent peuple.

    SAINT-MEGRIN

    Guise!…toujours Guise!…Vive Dieu!…que l'occasion se présente
    (tirant son poignard et coupant son gant en morceaux), et, de par
    saint Paul de Bordeaux! je veux hacher tous ces petits princes
    lorrains comme ce gant.

    JOYEUSE

    Bravo, Saint-Mégrin!…Vrai-Dieu! je le hais autant que toi.

    SAINT-MEGRIN

    Autant que moi! Malédiction! si cela est possible; je donnerais mon
    titre de comte pour sentir, cinq minutes seulement, son épée contre
    la mienne…Cela viendra peut-être…

    DU HALDE

    Messieurs, messieurs, voilà Bussy…

    SAINT-MEGRIN

    Comment! Bussy d'Amboise?…

    SCENE II

    LES MEMES, BUSSY D'AMBOISE

    BUSSY D'AMBOISE

    Eh! oui, messieurs, lui-même, en personne…Aux amis,
    salut…Bonjour, Saint-Mégrin…

    SAINT-MEGRIN

    Et nous qui te croyions à cent lieues d'ici.

    BUSSY D'AMBOISE

    J'y étais, il y a trois jours…Aujourd'hui, me voilà.

    JOYEUSE

    Ah! ah!…vous êtes donc raccommodés?…Il voulait te tuer avec
    Quélus…Il n'y a pas de sa faute, si le coup n'a pas réussi…

    BUSSY D'AMBOISE

    Oui, pour la dame de Sauve…Mais, depuis, nous avons mesuré nos
    épées, et elles se sont trouvées de la même longueur…

    SAINT-LUC

    A propos de la dame de Sauve, on dit que, pour qu'elle soit plus sûre
    de ta fidélité, tu lui écris avec ton sang, comme Henri III écrivait
    de Pologne à la belle Renée de Chateauneuf…Sans doute elle était
    prévenue de ton arrivée, elle…

    BUSSY D'AMBOISE

    Non. Nous voyageons incognito…Mais je n'ai pas voulu passer si
    près de vous, sans venir vous demander s'il n'y avait pas quelqu'un
    de vous qui eût besoin d'un second…

    SAINT-MEGRIN

    Cela se pourra faire, si tu ne nous quittes pas trop tôt.

    BUSSY D'AMBOISE

    Tête-Dieu!…le cas échéant, je suis homme à retarder mon
    départ;…ainsi ne te gêne pas. Il y a si longtemps que cela ne
    m'est arrivé…c'est tout au plus si, en province, on trouve à se
    battre une fois par semaine…Heureusement que j'avais là, sous la
    main, mon ami Saint-Phal; nous nous sommes battus trois fois, parce
    qu'il soutenait avoir vu des X sur les boutons d'un habit, où je
    crois qu'il y avait des Y…

    SAINT-MEGRIN

    Bah! pas possible…

    BUSSY D'AMBOISE

    Parole d'honneur! Crillon était mon second…

    JOYEUSE

    Et qui avait raison?

    BUSSY D'AMBOISE

    Nous n'en savons rien encore: la quatrième rencontre en
    décidera…Mais que vois-je donc là-bas? Les pages d'Antraguet!…Je
    croyais que, depuis la mort de Quélus…

    SAINT-LUC

    Le duc de Guise a sollicité sa grâce.

    BUSSY D'AMBOISE

    Ah! oui, sollicité,…j'entends…Il est donc toujours insolent,
    notre beau cousin de Guise?…

    SAINT-MEGRIN

    Pas encore assez…

    D'EPERNON

    Vrai-Dieu! tu es difficile…Je suis sûr qu'au fond du coeur, le roi
    n'est pas de ton avis.

    SAINT-MEGRIN

    Qu'il dise donc un mot…

    D'EPERNON

    Ah! vois-tu, c'est qu'il est trop occupé dans ce moment, il apprend
    le latin.

    SAINT-MEGRIN

    Tête-Dieu! qu'a-t-il besoin de latin pour parler à des Français?
    Qu'il dise seulement: «A moi, ma brave noblesse!» et un millier
    d'épées qui coupent bien, sortiront des fourreaux où elles se
    rouillent. N'a-t-il plus dans la poitrine le même coeur qui battait
    à Jarnac et à Moncontour, ou ses gants parfumés ont-ils amolli ses
    mains, au point qu'elles ne puissent plus serrer la garde d'une épée?

    D'EPERNON

    Silence, Saint-Mégrin!…le voilà…

    UN PAGE, entrant

    Le roi!…

    BUSSY D'AMBOISE

    Je vais me tenir un peu à l'écart…Je ne me montrerai que s'il est
    de bonne humeur…

    UN SECOND PAGE

    Le roi! (Tout le monde se lève et se groupe)

    UN TROISIEME PAGE

    Le roi!

    SCENE III

    LES MEMES, HENRI, puis CATHERINE

    HENRI

    Salut, messieurs, salut…Villequier, qu'on prévienne madame ma mère
    de mon retour, et qu'on s'informe si l'on a apporté mon nouvel habit
    d'amazone…Ah! dites à la reine que je passerai chez elle, afin de
    fixer le jour de notre départ pour Chartres; car vous savez,
    Messieurs, que la reine et moi faisons un pèlerinage à Notre-Dame de
    Chartres, afin d'obtenir du ciel ce qu'il nous a refusé jusqu'à
    présent, un héritier de notre couronne. Ceux qui voudront nous
    suivre seront les bienvenus.

    SAINT-MEGRIN

    Sire, si, au lieu d'un pèlerinage à Notre-Dame de Chartres, vous
    ordonniez une campagne dans l'Anjou…si vos gentilshommes étaient
    revêtus de cuirasses au lieu de cilices, et portaient des épées en
    guise de cierges, Votre Majesté ne manquerait pas de pénitents, et
    vous me verriez au premier rang, sire, dussé-je faire la moitié de la
    route pieds nus sur des charbons ardents.

    HENRI

    Chaque chose aura son tour, mon enfant. Nous ne resterons pas en
    arrière dès qu'il le faudra; mais, en ce moment, grâce à Dieu, notre
    beau royaume de France est en paix, et le temps ne nous manque pas
    pour nous occuper de nos dévotions. Mais que vois-je! vous à ma
    cour, seigneur de Bussy? (A Catherine de Médicis qui entre) Venez,
    ma mère, venez: vous allez avoir des nouvelles de votre fils
    bien-aimé, qui, s'il eût été frère soumis et sujet respectueux,
    n'aurait jamais dû quitter notre cour…

    CATHERINE

    Il y revient, peut-être, mon fils…

    HENRI, s'asseyant

    C'est ce que nous allons savoir…Asseyez-vous, ma mère…Approchez,
    seigneur de Bussy…Où avez-vous quitté notre frère?

    BUSSY D'AMBOISE

    A Paris, sire.

    HENRI

    A Paris!…Serait-il dans notre bonne ville de Paris?

    BUSSY D'AMBOISE

    Non; mais il y est passé cette nuit.

    HENRI

    Et il se rend?…

    BUSSY D'AMBOISE

    Dans la Flandre…

    HENRI

    Vous l'entendez, ma mère. Nous allons sans doute avoir dans notre
    famille un duc de Brabant. Et pourquoi a-t-il passé si près de nous,
    sans venir nous présenter son hommage de fidélité, comme à son aîné
    et à son roi?…

    BUSSY D'AMBOISE

    Sire,…il connaît la grande amitié que lui porte Votre Majesté, et
    il a craint qu'une fois rentré au Louvre, vous ne l'en laissiez plus
    sortir.

    HENRI

    Et il a raison, monsieur; mais, en ce moment, l'absence de son bon
    serviteur et de sa fidèle épée doit lui faire faute; car peut-être
    bientôt compte-t-il se servir contre nous de l'un et de l'autre.
    Arrangez-vous donc, seigneur de Bussy, pour le rejoindre au plus
    vite, et pour nous quitter au plus tôt. (Un Page entre) Eh bien,
    qu'y a-t-il?

    CATHERINE

    Mon fils, c'est sans doute Antraguet qui profite de la permission que
    vous lui avez volontairement accordée de reparaître en votre royale
    présence…

    HENRI

    Oui, oui, volontairement!…Le meurtrier!…Ma mère, mon cousin de
    Guise m'impose un grand sacrifice; mais pour mes péchés, Dieu veut
    qu'il soit complet. (Au Page) Parlez.

    LE PAGE

    Charles Balzac d'Entragues, baron de Dunes, comte de Graville,
    ex-lieutenant général au gouvernement d'Orléans, demande à déposer
    aux pieds de Votre Majesté l'hommage de sa fidélité et de son
    respect.

    HENRI

    Oui, oui;…tout à l'heure nous recevrons notre sujet fidèle et
    respectueux; mais, auparavant, je veux me séparer de tous ce qui
    pourrait me rappeler cet affreux duel…Tiens, Joyeuse, tiens!…(Il
    tire de sa poitrine une espèce de sachet) Voilà les pendants
    d'oreilles de Quélus; porte-les en mémoire de notre ami
    commun…D'Epernon, voici la chaîne d'or de Maugiron…Saint-Mégrin,
    je te donnerai l'épée de Schomberg; elle était bien pesante pour un
    bras de dix-huit ans!…qu'elle te défende mieux que lui, en pareille
    circonstance. Et maintenant, messieurs, faites comme moi, ne les
    oubliez pas dans vos prières.

    Que Dieu reçoive en son giron
    Quélus, Schomberg et Maugiron.

    Restez autour de moi, mes amis, et asseyez-vous…Faites entrer…(A
    la vue d'Antraguet, il prend dans sa bourse un flacon qu'il respire)
    Approchez ici, baron, et fléchissez le genou…Charles Balzac
    d'Entragues, nous vous avons accordé la faveur de notre présence
    royale, au milieu de notre cour, pour vous rendre, là où nous vous
    les avions ôtés, vos dignités et vos titres…Relevez-vous, baron de
    Dunes, comte de Graville, gouverneur général de notre province
    d'Orléans, et reprenez près de notre personne royale les fonctions
    que vous y remplissiez autrefois…Relevez-vous.

    D'ENTRAGUES

    Non, sire,…je ne me relèverai pas, que Votre Majesté n'ait reconnu
    publiquement que ma conduite, dans ce funeste duel, a été celle d'un
    loyal et honorable cavalier.

    HENRI

    Oui,…nous le reconnaissons, car c'est la vérité…Mais vous avez
    porté des coups bien malheureux!…

    D'ENTRAGUES

    Et maintenant, sire, votre main à baiser, comme gage de pardon et
    d'oubli.

    HENRI

    Non, non, monsieur, ne l'espérez pas.

    CATHERINE

    Mon fils, que faites-vous?

    HENRI

    Non, madame, non…J'ai pu lui pardonner, comme chrétien, le mal
    qu'il m'a fait; mais je ne l'oublierai de ma vie.

    D'ENTRAGUES

    Sire,…j'appelle le temps à mon secours; peut-être ma fidélité et ma
    soumission finiront-elles par fléchir le courroux de Votre Majesté.

    HENRI

    C'est possible. Mais votre gouvernement doit avoir besoin de votre
    présence; il en est privé depuis longtemps, baron de Dunes, et le
    bien de nos fidèles sujets pourraient en souffrir…Qui fait ce
    bruit?

    D'EPERNON

    Ce sont ceux de Guise…

    HENRI

    Notre beau cousin de Lorraine ne profite pas du privilège qu'ont les
    princes souverains de paraître devant nous sans être annoncés…Ses
    pages ont toujours soin de faire assez de bruit pour que son arrivée
    ne soit pas un mystère…

    SAINT-MEGRIN

    Il traite, avec Votre Majesté, de puissance à puissance…Il a ses
    sujets comme vous avez les vôtres, et sans doute qu'il vient, armé de
    pied en cap, présenter en leur nom une humble requête à Votre
    Majesté.

    SCENE IV

    LES MEMES, LE DUC DE GUISE

    (Il est couvert d'une armure complète, précédé de deux Pages, et suivi
    par quatre, dont l'un porte son casque)

    HENRI

    Venez, monsieur le duc, venez…Quelqu'un qui s'est retourné au bruit
    que faisaient vos pages, et qui vous a aperçu de loin, offrait de
    parier que vous veniez encore nous supplier de réformer quelque abus,
    de supprimer quelque impôt…Mon peuple est un peuple bien heureux,
    mon beau cousin, d'avoir en vous un représentant si infatigable, et
    en moi un roi si patient!

    LE DUC DE GUISE

    Il est vrai que Votre Majesté m'a accordé bien des grâces,…et je
    suis fier d'avoir si souvent servi d'intermédiaire entre elle et ses
    sujets.

    SAINT-MEGRIN, à part

    Oui, comme le faucon entre le chasseur et le gibier…

    LE DUC DE GUISE

    Mais, aujourd'hui, sire, un motif plus puissant m'amène encore devant
    Votre Majesté, puisque c'est à la fois des intérêts de son peuple et
    des siens que j'ai à l'entretenir…

    HENRI

    Si l'affaire est si sérieuse, monsieur le duc, ne pourriez-vous pas
    attendre nos prochains états de Blois?…Les trois ordres de la
    nation ont là des représentants qui, du moins, ont reçu de nous
    mission de me parler au nom de leurs mandataires.

    LE DUC DE GUISE

    Votre Majesté voudra-t-elle bien songer que les états de Blois
    viennent de se dissoudre, et ne se rassembleront qu'au mois de
    novembre?…Lorsque le danger est pressant, il me semble qu'un
    conseil privé…

    HENRI

    Lorsque le danger est pressant!…Mais vous nous effrayez, monsieur
    de Guise…Eh bien, toutes les personnes qui composent notre conseil
    privé sont ici…Parlez, monsieur le duc, parlez.

    CATHERINE

    Mon fils, permettez que je me retire.

    HENRI

    Non, madame, non; M. le duc sait bien que nous n'avons rien de caché
    pour notre auguste mère, et que, dans plus d'une affaire importante,
    ses conseils nous ont même été d'un utile secours.

    LE DUC DE GUISE

    Sire, la démarche que je fais près de vous est hardie, peut-être trop
    hardie…Mais hésiter plus longtemps ne serait pas d'un bon et loyal
    sujet.

    HENRI

    Au fait, monsieur le duc, au fait…

    LE DUC DE GUISE

    Sire, des dépenses immenses, mais nécessaires, puisque Votre Majesté
    les a faites, ont épuisé le trésor de l'Etat…Jusqu'à présent, Votre
    Majesté, avec l'aide de ses fidèles sujets, a trouvé moyen de le
    remplir…Mais cela ne peut durer…L'approbation du saint-père a
    permis d'aliéner pour deux cent mille livres de rente sur les biens
    du clergé. Un emprunt a été fait aux membres du Parlement sous
    prétexte de faire sortir les gens de guerre étrangers…Les diamants
    de la couronne sont en gage pour la sûreté des trois millions dûs au
    duc Casimir…Les deniers destinés aux rentes de l'hôtel de ville ont
    été détournés pour un autre usage, et les états généraux ont eu
    l'audace de répondre par un refus, lorsque Votre Majesté a proposé
    d'aliéner les domaines.

    HENRI

    Oui, oui, monsieur le duc, je sais que nos finances sont en assez
    mauvais état…Nous prendrons un autre surintendant.

    LE DUC DE GUISE

    Cette mesure pourrait être suffisante en temps de paix, sire…mais
    Votre Majesté va se voir contrainte à la guerre. Les huguenots, que
    votre indulgence encourage, font des progrès effrayants. Favas s'est
    emparé de la Réole; Montferrand, de Périgueux; Condé de Dijon. Le
    Navarrois a été vu sous les murs d'Orléans; la Saintonge, l'Agénois
    et la Gascogne sont en armes, et les Espagnols, profitant de nos
    troubles, ont pillé Anvers, brûlé huit cents maisons, et passé sept
    mille habitants au fil de l'épée.

    HENRI

    Par la mort-Dieu! si ce que vous me dites là est vrai, il faut
    châtier les huguenots au dedans et les Espagnols au dehors. Nous ne
    craignons pas la guerre, mon beau cousin; et, s'il le fallait, nous
    irions nous-même sur le tombeau de notre aïeul Louis IX saisir
    l'oriflamme, et nous marcherions à la tête de notre brave armée, au
    cri de guerre de Jarnac et de Moncontour.

    SAINT-MEGRIN

    Et, si l'argent vous manque, sire, votre brave noblesse est là pour
    rendre à Votre Majesté ce qu'elle a reçu d'elle. Nos maisons, nos
    terres, nos bijoux peuvent se monnayer, monsieur le duc; et,
    vive-Dieu! en fondant les seules broderies de nos manteaux et les
    chiffres de nos dames, nous aurions de quoi envoyer à l'ennemi,
    pendant toute une campagne, des balles d'or et des boulets d'argent.

    HENRI

    Vous l'entendez, monsieur le duc?

    LE DUC DE GUISE

    Oui, sire. Mais, avant que cette idée vînt à M. le comte de
    Saint-Mégrin, trente mille de vos braves sujets l'avaient eue; ils
    s'étaient engagés par écrit à fournir de l'argent au trésor et des
    hommes à l'armée; ce fut le but de la sainte Ligue, sire, et elle le
    remplira, lorsque le moment en sera venu…Mais je ne puis cacher à
    Votre Majesté les craintes qu'éprouvent ses fidèles sujets, en ne la
    voyant pas reconnaître hautement cette grande association.

    HENRI

    Et que faudrait-il pour cela?

    LE DUC DE GUISE

    Lui nommer un chef, sire, d'une grande maison souveraine, digne de sa
    confiance et de son amour, par son courage et sa naissance, et qui
    surtout ait assez fait ses preuves comme bon catholique, pour
    rassurer les zélés sur la manière dont il agirait dans les
    circonstances difficiles…

    HENRI

    Par la mort-Dieu! monsieur le duc, je crois que votre zèle pour notre
    personne royale est tel, que vous seriez tout prêt à lui épargner
    l'embarras de chercher bien loin ce chef…Nous y penserons à loisir,
    mon beau cousin, nous y penserons à loisir.

    LE DUC DE GUISE

    Mais Votre Majesté devrait peut-être à l'instant…

    HENRI

    Monsieur le duc, quand je voudrai entendre un prêche, je me ferai
    huguenot…Messieurs, c'est assez nous occuper des affaires de
    l'Etat, songeons un peu à nos plaisirs. J'espère que vous avez reçu
    nos invitations pour ce soir, et que madame de Guise, madame de
    Montpensier, et vous, mon cousin, voudrez bien embellir notre bal
    masqué.

    SAINT-MEGRIN, montrant la cuirasse du duc

    Votre Majesté ne voit-elle pas que M. le duc est déjà en costume de
    chercheur d'aventures?

    LE DUC DE GUISE

    Et de redresseur de torts, monsieur le comte.

    HENRI

    En effet, mon beau cousin, cet habit me paraît bien chaud pour le
    temps qui court.

    LE DUC DE GUISE

    C'est que, pour le temps qui court, sire, mieux vaut une cuirasse
    d'acier qu'un justaucorps de satin.

    SAINT-MEGRIN

    M. le duc croit toujours entendre la balle de Poltrot siffler à ses
    oreilles.

    LE DUC DE GUISE

    Quand les balles m'arrivent en face, monsieur le comte (montrant sa
    blessure à la joue), voilà qui fait foi que je ne détourne pas la
    tête pour les éviter.

    JOYEUSE, prenant sa sarbacane

    C'est ce que nous allons voir…

    SAINT-MEGRIN, lui arrachant la sarbacane

    Attends!…il ne sera pas dit qu'un autre que moi en aura fait
    l'expérience. (Lui envoyant une dragée au milieu de la poitrine) A
    vous, monsieur le duc.

    TOUS

    Bravo! bravo!

    LE DUC DE GUISE, portant la main à son poignard

    Malédiction! (Saint-Paul l'arrête)

    SAINT-PAUL

    Qu'allez-vous faire!…

    HENRI

    Par la mort-Dieu! mon cousin de Guise, j'aurais cru que cette belle
    et bonne cuirasse de Milan était à l'épreuve de la balle…

    LE DUC DE GUISE

    Et vous aussi, sire!…Qu'ils rendent grâce à la présence de Votre
    Majesté.

    HENRI

    Oh! qu'à cela ne tienne, monsieur le duc, qu'à cela ne tienne;
    agissez comme si nous n'y étions pas…

    LE DUC DE GUISE

    Votre Majesté permet donc que je descende jusqu'à lui?…

    HENRI

    Non, monsieur le duc; mais je puis l'élever jusqu'à vous…Nous
    trouverons bien, dans notre beau royaume de France, un fief vacant,
    pour en doter notre fidèle sujet le comte de Saint-Mégrin.

    LE DUC DE GUISE

    Vous en êtes le maître, sire…Mais d'ici là?…

    HENRI

    Eh bien, nous ne vous ferons pas attendre…Comte Paul Estuert, nous
    te faisons marquis de Caussade.

    LE DUC DE GUISE

    Je suis duc, sire.

    HENRI

    Comte Paul Estuert, marquis de Caussade, nous te faisons duc de
    Saint-Mégrin; et maintenant, monsieur de Guise, répondez-lui…car il
    est votre égal.

    SAINT-MEGRIN

    Merci, sire, merci; je n'ai pas besoin de cette nouvelle faveur; et,
    puisque Votre Majesté ne s'y oppose pas, je veux le défier de manière
    à ce qu'il s'ensuive combat ou déshonneur…Or, écoutez, messieurs:
    moi, Paul Estuert, seigneur de Cassade, comte de Saint-Mégrin, à toi,
    Henri de Lorraine, duc de Guise; prenons à témoin tous ceux ici
    présents, que nous te défions au combat à outrance, toi et tous les
    princes de ta maison, soit à l'épée seule, soit à la dague et au
    poignard, tant que le coeur battra au corps, tant que la lame tiendra
    à la poignée; renonçant d'avance à ta merci, comme tu dois renoncer à
    la mienne; et, sur ce, que Dieu et Saint Paul me soient en aide!
    (Jetant son gant) A toi seul, ou à plusieurs!

    D'EPERNON

    Bravo, Saint-Mégrin! bien défié.

    LE DUC DE GUISE, montrant le gant.

    Saint-Paul…

    BUSSY D'AMBOISE

    Un instant, messieurs!…un instant! Moi, Louis de Clermont,
    seigneur de Bussy d'Amboise, me déclare ici parrain et second de Paul
    Estuert de Saint-Mégrin; offrant le combat à outrance à quiconque se
    déclarera parrain et second de Henri de Lorraine, duc de Guise; et,
    comme signe de défi et gage du combat, voici mon gant.

    JOYEUSE

    Vive-Dieu! Bussy, c'est un véritable vol que tu me fais…tu ne m'as
    pas donné le temps…Mais sois tranquille, si tu es tué…

    LE DUC DE GUISE

    Saint-Paul! (A part) Tu me provoques trop tard, ton sort est décidé.
    (Haut) Antraguet, tu seras mon second…Vous le voyez, messieurs, je
    vous fais beau jeu: je vous offre un moyen de venger Quélus…
    Saint-Paul, tu prépareras mon épée de bal; elle est juste de la même
    longueur que l'épée de combat de ces messieurs.

    SAINT-MEGRIN

    Vous avez raison, monsieur le duc: cette épée serait bien faible
    pour entamer une cuirasse aussi prudemment solide que celle-ci…Mais
    nous pouvons en venir aux mains, nus jusqu'à la ceinture, monsieur le
    duc, et l'on verra celui dont le coeur battra.

    HENRI

    Assez, messieurs, assez! nous honorerons le combat de notre
    présence, et nous le fixons à demain…Maintenant, chacun de vous
    peut réclamer un don, et, s'il est en notre puissance royale de vous
    l'accorder, vous serez satisfaits à l'instant…Que veux-tu,
    Saint-Mégrin?

    SAINT-MEGRIN

    Un égal partage du terrain et du soleil; pour le reste, je m'en
    rapporte à Dieu et à mon épée.

    HENRI

    Et vous, monsieur le duc, que demandez-vous?

    LE DUC DE GUISE

    La promesse formelle qu'avant le combat Votre Majesté reconnaîtra la
    Ligue, et nommera son chef. J'ai dit.

    HENRI

    Quoique nous ne nous attendissions pas à cette demande, nous vous
    l'octroyons, mon beau cousin…Messieurs, puisque M. de Guise nous y
    force, au lieu du bal masqué de cette nuit, nous aurons un conseil
    d'Etat…Je vous y convoque tous, messieurs. Quant aux deux
    champions, nous les invitons à profiter de cet intervalle, pour bien
    songer au salut de leur âme. Allez, messieurs, allez.

    SCENE V

    HENRI, CATHERINE

    HENRI

    Eh bien, ma mère, vous devez être contente, vos deux grands ennemis
    vont se détruire eux-mêmes, et vous devez m'en remercier; car j'ai
    autorisé un combat que j'aurais pu empêcher.

    CATHERINE

    Auriez-vous agi ainsi, mon fils, si vous eussiez su qu'une des
    conditions de ce combat serait de nommer un chef à la Ligue?

    HENRI

    Non, sur mon âme, ma mère; je comptais sur une diversion.

    CATHERINE

    Et vous avez résolu?

    HENRI

    Rien encore, car les chances du combat sont incertaines…Si M. de
    Guise était tué,…eh bien, on enterrerait la Ligue avec son chef;
    s'il ne l'était pas,…alors je prierais Dieu de m'éclairer…Mais,
    en tout cas, ma résolution une fois prise, je vous en avertis, rien
    ne m'en fera changer…La vue de mon trône me donne de temps en temps
    des envies d'être roi, ma mère, et je suis dans un de ces moments-là.

    CATHERINE

    Eh! mon fils, qui plus que moi désire vous voir une volonté ferme et
    puissante?…Miron me recommande le repos. Et, plus que jamais, je
    désire n'avoir aucune part du fardeau de l'Etat.

    HENRI

    Si je ne m'abuse, ma mère, j'ai vu s'étendre aujourd'hui vers mon
    trône un bras bardé de fer qui avait volonté de me débarrasser d'une
    partie, si ce n'est du tout.

    CATHERINE

    Et probablement vous lui accorderez ce qu'il demande, car ce chef que
    la Ligue exige par sa voix…

    HENRI

    Oui, oui, j'ai bien vu qu'il plaidait pour lui-même; et peut-être, ma
    mère, m'épargnerais-je bien des tourments en m'abandonnant à lui…
    comme l'a fait mon frère François II, après la conjuration
    d'Amboise… Et cependant, je n'aime pas qu'on vienne me prier armé
    comme l'était mon cousin de Guise; les genoux plient mal dans des
    cuissards d'acier.

    CATHERINE

    Et jamais votre cousin de Guise n'a plié le genou devant vous, qu'il
    n'ait, en se relevant, emporté un morceau de votre manteau royal.

    HENRI

    Par la mort-Dieu! il n'a jamais forcé notre volonté, cependant…Ce
    que nous lui avons accordé a toujours été de notre plein gré…et,
    cette fois encore, si nous le nommons chef de la Ligue, ce sera un
    devoir que nous lui imposerons comme son maître.

    CATHERINE

    Tous ces devoirs le rapprochent du trône, mon fils!…et malheur…
    malheur à vous, s'il met jamais le pied sur le velours de la première
    marche!

    HENRI

    Ce que vous dites là, ma mère, l'appuyeriez-vous sur quelques
    raisons?

    CATHERINE

    Cette Ligue, que vous allez autoriser, savez-vous quel est son
    but?…

    HENRI

    De soutenir l'autel et le trône.

    CATHERINE

    C'est du moins ce que dit votre cousin de Guise; mais du moment qu'un
    sujet se constitue, de sa propre autorité, défenseur de son roi, mon
    fils,…il n'est pas loin d'être un rebelle.

    HENRI

    M. le duc aurait-il de si coupables desseins?

    CATHERINE

    Les circonstances l'accusent, du moins…Hélas! mon fils, je ne puis
    veiller sur vous comme je le faisais autrefois, et cependant,
    peut-être aurai-je encore le bonheur de déjouer un grand complot.

    HENRI

    Un complot! on conspirerait contre moi?…Dites, dites, ma mère…
    Quel est ce papier?…

    CATHERINE

    Un agent du duc de Guise, l'avocat Jean David, est mort à Lyon… Son
    valet était un homme à moi; tous ses papiers m'ont été envoyés,
    celui-ci en faisait partie.

    HENRI

    Voyons, ma mère, voyons…(Après avoir jeté un coup d'oeil sur le
    papier) Comment! un traité entre don Juan d'Autriche et le duc de
    Guise!…un traité par lequel ils s'engagent à s'aider mutuellement à
    monter, l'un sur le trône des Pays-Bas, l'autre sur le trône de
    France! Sur le trône de France? que comptaient-ils donc faire de
    moi, ma mère?…

    CATHERINE

    Voyez le dernier article de l'acte d'association des ligueurs, car le
    voici tel…non pas que vous le connaissez, mon cher Henri, mais tel
    qu'il a été présenté à la sanction du saint-père, qui a refusé de
    l'approuver.

    HENRI, lisant

    «Puis, quand le duc de Guise aura exterminé les huguenots, se sera
    rendu maître des principales villes du royaume, et que tout pliera
    sous la puissance de la Ligue, il fera faire le procès à Monsieur,
    comme à un fauteur manifeste des hérétiques, et, après avoir rasé le
    roi et l'avoir confiné dans un couvent…» Dans un couvent!…Ils
    veulent m'ensevelir dans un cloître!…

    CATHERINE

    Oui, mon fils; ils disent que c'est là que votre dernière couronne
    vous attend…

    HENRI

    Ma mère, est-ce que Monsieur le duc l'oserait?

    CATHERINE

    Pépin a fondé une dynastie, mon fils: et qu'a donné Pépin à
    Childéric, en échange de son manteau royal?…

    HENRI

    Un cilice, ma mère; un cilice, je le sais; mais les temps sont
    changés; pour arriver au trône de France, il faut que la naissance y
    donne des droits.

    CATHERINE

    Ne peut-on en supposer?…Voyez cette généalogie.

    HENRI

    La maison de Lorraine remonterait à Charlemagne: Cela n'est pas,
    vous savez bien que cela n'est pas.

    CATHERINE

    Vous voyez que les mesures sont prises pour qu'on croie que cela est.

    HENRI

    Ah! notre cousin de Guise, vous en voulez terriblement à notre belle
    couronne de France…Ma mère, ne pourrait-on pas le punir d'oser y
    prétendre sans notre permission?

    CATHERINE

    Je vous comprends, mon fils; mais ce n'est pas le tout de couper, il
    faut recoudre.

    HENRI

    Mais il se bat demain avec Saint-Mégrin. Saint-Mégrin est brave et
    adroit.

    CATHERINE

    Et croyez-vous que le duc de Guise soit moins brave et moins adroit
    que lui?

    HENRI

    Ma mère, si nous faisions bénir l'épée de Saint-Mégrin…

    CATHERINE

    Mon fils, si le duc de Guise fait bénir la sienne…

    HENRI

    Vous avez raison…Mais qui m'empêche de nommer Saint-Mégrin chef de
    la Ligue?

    CATHERINE

    Et qui voudra le reconnaître? a-t-il un parti?…Peut-être y
    aurait-il un moyen de tout conjurer, mon fils; mais il faudrait de la
    résolution.

    HENRI, hésitant

    De la résolution!

    CATHERINE

    Oui; soyez roi, M. de Guise deviendra sujet soumis, sinon
    respectueux. Je le connais mieux que vous, Henri; il n'est fort que
    parce que vous êtes faible; sous son énergie apparente, il cache un
    caractère irrésolu…C'est un roseau peint en fer…Appuyez, il
    pliera.

    HENRI

    Oui, oui, il pliera. Mais quel est ce moyen? Voyons!…faut-il les
    exiler tous deux? Je suis prêt à signer leur exil.

    CATHERINE

    Non; peut-être ai-je un autre moyen…Mais jurez-moi qu'à l'avenir
    vous me consulterez avant eux sur tout ce que vous voudrez faire.

    HENRI

    N'est-ce que cela, ma mère? Je vous le jure.

    CATHERINE

    Mon fils, les serments prononcées devant l'autel sont plus agréables
    à Dieu.

    HENRI

    Et lient mieux les hommes, n'est-ce pas? Eh bien, venez, ma mère, je
    m'abandonne entièrement à vous.

    CATHERINE

    Oui, mon fils, passons dans votre oratoire.

    SCENE VI

    LE DUC DE GUISE, puis RUGGIERI

    LE DUC DE GUISE

    Quand donc une bonne arquebusade de favoris nous délivera-t-elle de ces
    insolents petits muguets? M. le comte Caussade de Saint-Mégrin…Le roi
    l'a fait comte; et qui sait où s'arrêtera ce champignon de fortune?
    Mayenne, avant son départ, me l'avait recommandé. Je dois m'en défier,
    dit-il: il a cru s'apercevoir qu'il aimait la duchesse de Guise et m'en
    a fait prévenir par Bassompierre…Tête-Dieu! si je n'étais aussi sûr de
    la vertu de ma femme, M. de Saint-Mégrin payerait cher ce soupçon!
    (Entre Ruggieri) Ah! c'est toi, Ruggieri.

    RUGGIERI

    Oui, monseigneur duc…

    LE DUC DE GUISE

    J'ai avancé d'un jour la réunion qui devait avoir lieu chez
    toi…Dans quelques minutes, nos amis seront ici…Je suis venu le
    premier, parce que je désirais te trouver seul. Nicolas Poulain m'a
    dit que je pouvais compter sur toi.

    RUGGIERI

    Il a dit vrai…Et mon art…

    LE DUC DE GUISE

    Laissons là ton art. Que j'y croie ou que je n'y croie pas, je suis
    trop bon chrétien pour y avoir recours. Mais je sais que tu es
    savant, versé dans la connaissance des manuscrits et des
    archives…C'est de cette science que j'ai besoin. Ecoute-moi.
    L'avocat Jean David n'a pu obtenir du saint-père qu'il ratifiât la
    Ligue; il est rentré en France…

    RUGGIERI

    Oui; les dernières lettres que j'ai reçues de lui étaient datées de
    Lyon.

    LE DUC DE GUISE

    Il y est mort; il était porteur de papiers importants…Ces papiers
    ont été soustraits. Parmi eux se trouvait une généalogie que le duc
    de Guise, mon père, de glorieuse mémoire, avait fait faire, en 1535,
    par François Rosières. On y prouvait que les princes lorrains
    étaient la seule et vraie posterité de Charlemagne. Mon père, il
    faut me refaire un nouvel arbre généalogique qui prenne sa racine
    dans celui des Carolingiens; il faut l'appuyer de nouvelles preuves.
    C'est un travail pénible et difficile, qui veut être bien payé.
    Voici un à-compte.

    RUGGIERI

    Vous serez content de moi, monseigneur.

    LE DUC DE GUISE

    Bien…Et que venaient faire ici ces jeunes papillons de cour que j'y
    ai trouvés?

    RUGGIERI

    Me consulter sur l'avenir.

    LE DUC DE GUISE

    Sont-ils donc mécontents du présent?…Ils seraient bien difficiles.
    Ils se sont éloignés, n'est-ce pas?

    RUGGIERI

    Oui, monseigneur; ils sont au Louvre maintenant.

    LE DUC DE GUISE

    Que le Valois s'endorme au bruit de leur bourdonnement, pour ne
    s'éveiller qu'à celui de la cloche qui lui sonnera matines…Mais il
    y a quelqu'un dans l'antichambre…Ah! ah! c'est le père Crucé.

    ACTE TROISIEME

    L'oratoire de la duchesse de Guise

    SCENE PREMIERE

    ARTHUR, MADAME DE COSSE, MARIE

    MADAME DE COSSE, déposant sur une table de toilette un domino noir

    Concevez-vous, Marie, madame la duchesse de Guise, qui veut aller au
    bal de la cour en simple domino?

    MARIE, déposant des fleurs sur la même table

    C'est que madame la duchesse n'est pas coquette…

    MADAME DE COSSE

    Mais, sans être coquette, on peut tirer parti de ses avantages…A
    quoi servira-t-il d'être jolie et bien faite, si l'on se couvre la
    figure de ce masque noir, et si l'on s'enveloppe la taille de ce
    domino large comme une robe d'ermite? pourquoi ne pas se mettre en
    Diane ou en Hébé?

    ARTHUR

    C'est qu'elle veut vous laisser ce costume, madame de Cossé.

    MADAME DE COSSE

    Voyez donc ce petit muguet!…Allez ramasser l'éventail de votre
    maîtresse, ou porter la queue de sa robe, et ne parlez pas toilette;
    vous n'y connaissez encore rien…Dans trois ou quatre ans, à la
    bonne heure!

    ARTHUR

    Tiens…Je vais avoir quinze ans.

    MADAME DE COSSE

    Quatorze ans, mon beau page, ne vous déplaise…

    MARIE

    Ce domino, d'ailleurs, n'est que pour entrer dans la salle de bal.
    Une partie des dames, vous le savez, ne se masquent que pour jouir du
    premier coup d'oeil, et reviennent ensuite en costume de ville.

    MADAME DE COSSE

    Et voilà le tort…Autrefois, on conservait son déguisement toute la
    nuit…Par exemple, au fameux bal masqué qui eut lieu lors de
    l'avènement au trône de Henri II, il y a vingt-cinq ans…Je n'en
    avais que vingt.

    ARTHUR

    Il y a trente ans, madame de Cossé, ne vous en déplaise.

    MADAME DE COSSE

    Vingt-cinq ou trente, peu importe…Alors je n'en avais que quinze.
    Eh bien, tout le monde resta en costume, jusqu'au moment où
    l'astronome Lucas Gaudric prédit au roi qu'il serait tué dans un
    combat singulier. Onze ans après Montgomery accomplit la prédiction.

    ARTHUR

    C'est bien malheureux! depuis ce temps, il n'y a plus de tournois.

    MADAME DE COSSE

    C'est effectivement quelque chose de bien fâcheux…Il ferait beau
    voir jouter les jeunes gens de votre époque: voilà de plaisants
    damerets, en comparaison des chevaliers de Henri II.

    ARTHUR

    Vous pourriez même dire, en comparaison des chevaliers du roi
    François Ier. Vous les avez vus, madame de Cossé.

    MADAME DE COSSE

    J'étais un enfant…Je ne m'en souviens pas…Un enfant au berceau,
    entendez-vous?

    MARIE

    Mais il me semble, madame, que le baron-duc d'Epernon, le vicomte de
    Joyeuse, le seigneur de Bussy, le baron de Dunes…

    ARTHUR

    Et le comte de Saint-Mégrin, donc!…

    MADAME DE COSSE

    Ah! vous voilà encore avec votre petit bordelais…J'aurais bien
    voulu le voir, avec une armure de deux cents livres, comme celle que
    portait M. de Cossé, mon noble époux, quand il me couronna dame de la
    beauté et des amours, et brisa en mon honneur cinq lances, dont M. de
    Saint-Mégrin ne pourrait pas remuer la plus petite avec les deux
    mains…C'était au fameux tournoi de Soissons…

    MARIE

    Au fameux tournoi de Soissons?…

    ARTHUR

    Eh! oui…au fameux tournoi de Soissons, en 1546, un an avant la mort
    du roi François Ier, quand madame de Cossé était encore au berceau…

    MADAME DE COSSE

    Petit drôle!…vous vous fiez bien à ce que vous êtes le parent de
    madame la duchesse de Guise.

    SCENE II

    LES MEMES, LA DUCHESSE DE GUISE

    ARTHUR, courant à elle

    Oh! venez, ma belle cousine et maîtresse! et protégez-moi contre le
    courroux de votre première dame d'honneur…

    LA DUCHESSE DE GUISE, distraite

    Qu'avez-vous fait? encore quelque espièglerie?…

    ARTHUR

    Chevalier discourtois, je me souviens des dates.

    MADAME DE COSSE, interrompant

    Madame la duchesse paraît préoccupée.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Moi? Non…N'auriez-vous pas trouvé ici un mouchoir à mes armes?

    MARIE

    Non, madame.

    ARTHUR

    Je vais le chercher; et, si je le trouve, quelle sera ma récompense?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ta récompense, enfant?…Un mouchoir mérite-t-il donc une grande
    récompense? Eh bien, cherche-le, Arthur.

    MARIE

    Pendant que Madame était retirée dans son appartement, où elle avait
    dit, en rentrant, qu'elle voulait rester seule, la reine Louise est
    venue pour lui faire une visite; elle avait dans sa bourse le plus
    joli petit sapajou…

    MADAME DE COSSE

    Oui, elle désirait connaître le déguisement de madame. Elle est
    entrée chez madame de Montpensier; et, comme j'y étais, je connais
    tous les costumes des seigneurs et dames de la cour.

    LA DUCHESSE DE GUISE, à Arthur, qui revient s'asseoir à ses pieds

    Eh bien?

    ARTHUR

    Je n'ai rien trouvé…

    MADAME DE COSSE

    M. de Joyeuse est en Alcibiade…Il a un casque d'or massif…Son
    costume lui coûte, dit-on, dix mille livres tournois. M. d'Epernon
    est…

    ARTHUR

    Et M. de Saint-Mégrin? (La duchesse tressaille)

    MADAME DE COSSE

    Ah!…M. de Saint-Mégrin? Il avait aussi un costume très-brillant;
    mais, aujourd'hui, il en a commandé un autre, tout simple, un costume
    d'astrologue, semblable à celui que porte Côme Ruggieri.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ruggieri?…Dites-moi, Ruggieri ne demeure-t-il pas rue de Grenelle,
    près de l'hôtel de Soissons?

    MARIE

    Oui.

    LA DUCHESSE DE GUISE, à part

    Plus de doute!…c'était chez lui…J'avais cru le
    reconnaître…(Haut) N'est-il venu aucune autre personne?

    MADAME DE COSSE

    Si…M. Brantôme, pour vous offrir le volume de ses _Dames
    galantes_… Je l'ai déposé sur cette table…La reine de Navarre y
    joue un grand rôle…Et puis M. Ronsard est aussi venu…il voulait
    absolument vous voir…Vous lui avez reproché, l'autre jour, chez
    madame de Montpensier, de ne pas assez soigner ses rimes, et il vous
    apportait une petite pièce de vers.

    LA DUCHESSE DE GUISE, avec distraction

    Sur la rime?…

    MADAME DE COSSE

    Non, madame; mais mieux rimée qu'il n'a coutume de le faire. Madame
    la duchesse veut-elle les entendre?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Donnez à Arthur, il les lira.

    ARTHUR, lisant

    Mignonne, allons voir si la rose
    Qui, ce matin, avoit desclose
    Sa robe de pourpre au soleil
    N'a point perdu, cette vesprée,
    Les plis de sa robe pourprée
    Et son teint au vostre pareil.

    Las! voyez comme en peu d'espace,
    Mignonne, elle a, dessus la place,
    Là, là, ses beautés laissé choir.
    O vrayment marastre nature!
    Puisqu'une telle fleur ne dure
    Que du matin jusques au soir!

    Or donc, écoutez-moi, mignonne,
    Tandis que votre âge fleuronne,
    Dans sa plus verte nouveauté,
    Cueillez, cueillez votre jeunesse;
    Comme à cette fleur, la vieillesse
    Fera ternir votre beauté.

    LA DUCHESSE DE GUISE, toujours distraite

    Mais il me semble qu'ils sont bien, ces vers.

    ARTHUR

    Oh! M. de Saint-Mégrin en fait au moins d'aussi jolis…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    M. de Saint-Mégrin?…

    MADAME DE COSSE

    Ce ne sont pas des vers amoureux, toujours…

    ARTHUR

    Et pourquoi cela?

    MADAME DE COSSE

    Il est probable qu'il n'a encore trouvé aucune femme digne de son
    amour, puisqu'il est le seul, parmi tous les jeunes gens de la cour,
    qui ne porte pas le chiffre de sa dame sur son manteau.

    ARTHUR

    Et s'il aimait quelqu'un dont il ne pût porter le chiffre?…Cela
    peut être.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oui,…cela peut être.

    MADAME DE COSSE, à Arthur

    Mais qu'a donc de si remarquable ce petit comte de Saint-Mégrin, pour
    être l'objet de votre enthousiasme?

    ARTHUR

    Si remarquable?…Ah! je ne demande rien que d'être digne de devenir
    son page, quand je ne pourrai plus être celui de ma belle cousine.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Tu l'aimes donc bien?

    ARTHUR

    Si j'étais femme, je n'aurais pas d'autre chevalier.

    LA DUCHESSE DE GUISE, vivement

    Mesdames, je puis achever ma toilette; je vous rappellerai, si j'ai
    besoin de vous…Reste, Arthur, reste; j'ai quelques commissions à te
    donner.

    SCENE III

    LA DUCHESSE DE GUISE, ARTHUR

    ARTHUR

    J'attends vos ordres.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Bien; mais je ne sais plus ce que j'avais à d'ordonner. Je suis
    distraite, préoccupée…Que tu es bizarre, avec ton fanatisme pour ce
    jeune vicomte de Joyeuse!

    ARTHUR

    Joyeuse?…Non…Saint-Mégrin.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ah! oui,…c'est vrai; mais que trouves-tu de si extraordinaire en ce
    jeune homme? Moi, je cherche en vain.

    ARTHUR

    Vous ne l'avez donc pas vu courir la bague avec le roi?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Si.

    ARTHUR

    Et qui donc pourriez-vous lui comparer pour l'adresse? S'il monte à
    cheval, c'est toujours le cheval le plus fougueux qui est le sien;
    s'il se bat moins souvent que les autres, c'est que l'on connaît sa
    force, et qu'on hésite à lui chercher querelle. Le roi seul,
    peut-être, pourrait se défendre contre lui. Tous nos jeunes
    seigneurs de la cour lui portent envie, et cependant la coupe de leur
    pourpoint et de leur manteau est toujours reglée sur celle des siens.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oui, oui, c'est vrai…Il est homme de bon goût; mais madame de Cossé
    parlait de sa froideur pour les dames, et tu ne voudrais pas prendre
    pour modèle chevalier qui ne les aimât pas.

    ARTHUR

    La dame de Sauve est là pour témoigner du contraire.

    LA DUCHESSE DE GUISE, vivement

    La dame de Sauve!…On dit qu'il ne l'a jamais aimée.

    ARTHUR

    S'il ne l'aime plus, il en aime certainement un autre.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    T'aurait-il choisi pour son confident?…Il ne ferait pas preuve de
    prudence, en le prenant si jeune…

    ARTHUR

    Si j'étais son confident, ma belle cousine, on me tuerait plutôt que
    de m'arracher son secret…Mais il ne m'a rien confié…J'ai vu.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Tu as vu…quoi?…qu'as-tu vu?

    ARTHUR

    Vous vous rappelez le jour ou le roi invita toute la cour à visiter
    les lions qu'il avait fait venir de Tunis, et qu'on avait placés au
    Louvre avec ceux qu'il y nourrit déjà?…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oh! oui…Leur aspect seul m'a effrayée, quoique je les visse d'une
    galerie élevée de dix pieds au-dessus d'eux.

    ARTHUR

    Eh bien, à peine en étions-nous sortis que leur gardien poussa un
    cri; je rentrai: M. de Saint-Mégrin venait de s'élancer dans
    l'enceinte des animaux pour y ramasser un bouquet qu'y avait laissé
    tomber une dame…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Le malheureux! ce bouquet était le mien.

    ARTHUR

    Le vôtre, ma belle cousine?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ai-je dit le mien?…Oui, le mien, ou celui de Madame de Sauve…Vous
    savez qu'il a éperdument aimé madame de Sauve…Le fou!…Et que
    faisait-il de ce bouquet?

    ARTHUR

    Oh! il l'appuyait avec passion sur sa bouche, il le pressait contre
    son coeur…Le gardien ouvrit une porte, et le fit sortir presque de
    force…Il riait comme un insensé, lui jetait de l'argent; puis il
    m'aperçut, cacha le bouquet dans sa poitrine, s'élança sur un cheval
    qui l'attendait dans la cour du Louvre, et disparut.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Est-ce tout?…est-ce tout?…Oh! encore, encore!…parle-moi encore
    de lui!

    ARTHUR

    Et depuis, je l'ai vu, il…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Silence, enfant!…M. le duc…Reste près de moi, Arthur; ne me
    quitte pas que je ne te l'ordonne…

    SCENE IV

    LES MEMES, LE DUC DE GUISE

    LE DUC DE GUISE

    Vous étiez levée, madame…Alliez-vous rentrer dans votre
    appartement?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Non, monsieur le duc, j'allais appeler mes femmes, pour ma toilette.

    LE DUC DE GUISE

    Elle est inutile, madame: le bal n'a pas lieu, et vous devez en être
    contente, vous paraissiez n'y aller qu'à contre-coeur?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Je suivais vos ordres, et j'ai fait ce que j'ai pu pour que vous ne
    vissiez pas qu'ils m'étaient pénibles.

    LE DUC DE GUISE

    Que voulez-vous!…J'ai compris que cette conclusion à laquelle vous
    vous condamniez était ridicule à votre âge…et qu'il fallait, de
    temps en temps, vous montrer à la cour; certaines personnes, madame,
    pourraient y remarquer votre absence, et l'attribuer à des motifs…
    Mais il s'agit d'autre chose, madame… Arthur, laissez-moi…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Et pourquoi éloigner cet enfant, monsieur le duc? est-ce donc un
    entretien secret que vous voudriez?…

    LE DUC DE GUISE

    Et pourquoi le retenir, madame? Craindriez-vous de rester seule avec
    moi?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Moi, monsieur! et pourquoi?

    LE DUC DE GUISE

    En ce cas, sortez, Arthur…Eh bien?…

    ARTHUR

    J'attends les ordres de ma maîtresse, monsieur le duc.

    LE DUC DE GUISE

    Vous l'entendez, madame?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Arthur, éloignez-vous.

    ARTHUR

    J'obéis. (Il sort)

    SCENE V

    LA DUCHESSE DE GUISE, LE DUC DE GUISE

    LE DUC DE GUISE

    Vrai-Dieu! madame, il est bizarre que les ordres donnés par ma bouche
    aient besoin d'être ratifiés par la vôtre…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ce jeune homme m'appartient, et il a cru devoir attendre de
    moi-même…

    LE DUC DE GUISE

    Cette obstination n'est pas naturelle, madame; on connaît Henri de
    Lorraine, et l'on sait qu'il a toujours chargé son poignard de
    réitérer un ordre de sa bouche.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Eh! monsieur, quelle conséquence pouvez-vous tirer de plus ou moins
    d'obéissance de cet enfant?

    LE DUC DE GUISE

    Moi? Aucune…Mais j'avais besoin de son absence pour vous exposer
    plus librement le motif qui m'amène…Voulez-vous bien me servir de
    secrétaire?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Moi, monsieur! Et pour écrire à qui?

    LE DUC DE GUISE

    Que vous importe! c'est moi qui dicterai. (En approchant une plume
    et du papier) Voilà ce qu'il vous faut.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Je crains de ne pouvoir former un seul mot; ma main tremble; ne
    pourriez-vous par une autre personne?…

    LE DUC DE GUISE

    Non, madame, il est indispensable que ce soit vous.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Mais, au moins, remettez à plus tard…

    LE DUC DE GUISE

    Cela ne peut se remettre, madame; d'ailleurs, il suffira que votre
    écriture soit lisible…Ecrivez donc.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Je suis prête…

    LE DUC DE GUISE, dictant

    «Plusieurs membres de la Sainte-Union se rassemblent cette nuit à
    l'Hôtel de Guise; les portes en resteront ouvertes jusqu'à une heure
    du matin; vous pouvez, à l'aide d'un costume de ligueur, passer sans
    être aperçu…L'appartement de madame la duchesse de Guise est au
    deuxième étage…»

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Je n'écrirai pas davantage, que je ne sache à qui est destiné ce
    billet…

    LE DUC DE GUISE

    Vous le verrez, madame, en mettant l'adresse.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Elle ne peut être pour vous, monsieur; et à tout autre, elle
    compromet mon honneur…

    LE DUC DE GUISE

    Votre honneur…Vive-Dieu! madame; et qui doit en être plus jaloux
    que moi?…Laissez-m'en juge, et suivez mon désir…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Votre désir?…Je dois m'y refuser.

    LE DUC DE GUISE

    Obéissez à mes ordres, alors…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    A vos ordres?…Peut-être ai-je le droit d'en demander la cause…

    LE DUC DE GUISE

    La cause, madame? Tous ces retardements me prouvent que vous la
    connaissez.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Moi! et comment?

    LE DUC DE GUISE

    Peu importe!…écrivez…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Permettez que je me retire…

    LE DUC DE GUISE

    Vous ne sortirez pas…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Vous n'obtiendrez rien de moi en me contraignant à rester.

    LE DUC DE GUISE, la forçant à s'asseoir

    Peut-être, vous réfléchirez, madame: mes ordres, méprisés par vous,
    ne le sont point encore par tout le monde…et, d'un mot, je puis
    substituer à l'oratoire élégant de l'hôtel de Guise l'humble cellule
    d'un cloître.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Désignez-moi le couvent où je dois me retirer, monsieur le duc; les
    biens que je vous ai apportés comme princesse de Porcian y payeront
    la dot de la duchesse de Guise.

    LE DUC DE GUISE

    Oui, madame; sans doute, vous jugez en vous-même que ce ne serait
    qu'une faible expiation. D'ailleurs, l'espoir vous suivrait au delà
    de la grille; il n'est point de murs si élevés qu'on ne puisse
    franchir, surtout si on y est aidé par un chevalier adroit, puissant
    et dévoué…Non, madame, non, je ne vous laisserai pas cette chance.
    Mais revenons à cette lettre; il faut qu'elle s'achève.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Jamais, monsieur, jamais!

    LE DUC DE GUISE

    Ne me poussez pas à bout, madame; c'est déjà beaucoup que j'aie
    consenti à vous menacer deux fois.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Eh bien, je préfère une reclusion éternelle.

    LE DUC DE GUISE

    Mort et damnation! croyez-vous donc que je n'aie que ce moyen?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Et quel autre?…(Le duc verse le contenu d'un flacon dans une petite
    coupe) Ah! vous ne voudriez pas m'assassiner…Que faites-vous,
    monsieur de Guise? que faites-vous?

    LE DUC DE GUISE

    Rien…J'espère seulement que la vue de ce breuvage aura une vertu
    que n'ont point mes paroles.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Eh quoi!…vous pourriez?…Ah!

    LE DUC DE GUISE

    Ecrivez, madame, ecrivez.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Non, non. Oh! mon Dieu! mon Dieu!

    LE DUC DE GUISE, saisissant la coupe

    Eh bien?…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Henri, au nom du ciel! Je suis innocente, je vous le jure…Que la
    mort d'une femme faible ne souille pas votre nom. Henri, ce serait
    un crime affreux, car je ne suis pas coupable; j'embrasse vos genoux;
    que voulez-vous de plus? Oui, oui, je crains la mort.

    LE DUC DE GUISE

    Il y a moyen de vous y soustraire.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Il est plus affreux qu'elle encore…Mais non, tout cela n'est qu'un
    jeu pour m'épouvanter. Vous n'avez pas pu avoir, vous n'avez pas eu
    cette exécrable idée.

    LE DUC DE GUISE, riant

    Un jeu, madame!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Non…Votre sourire m'a tout dit…Laissez-moi un instant pour me
    recueillir. (Elle abaisse la tête entre ses mains, et prie.)

    LE DUC DE GUISE

    Un instant, madame, rien qu'un instant.

    LA DUCHESSE DE GUISE, après s'être recueillie

    Et maintenant, ô mon Dieu! aie pitié de moi!

    LE DUC DE GUISE

    Etes-vous décidée?

    LA DUCHESSE DE GUISE, se relevant toute seule

    Je le suis.

    LE DUC DE GUISE

    A l'obéissance?

    LA DUCHESSE DE GUISE, prenant la coupe

    A la mort!

    LE DUC DE GUISE, lui arrachant la coupe et la jetant à terre

    Vous l'aimiez bien, madame!…Elle a préféré…Malédiction!
    malediction sur vous et sur lui!…sur lui surtout qui est tant aimé!
    Ecrivez.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Malheur! malheur à moi!

    LE DUC DE GUISE

    Oui, malheur! car il est plus facile à une femme d'expirer que de
    souffrir. (Lui saisissant le bras avec son gant de fer) Ecrivez.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oh! laissez-moi.

    LE DUC DE GUISE

    Ecrivez.

    LA DUCHESSE DE GUISE, essayant de dégager son bras

    Vous me faites mal, Henri.

    LE DUC DE GUISE

    Ecrivez, vous dis-je!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Vous me faites bien mal, Henri; vous me faites horriblement
    mal…Grâce! grâce! ah!

    LE DUC DE GUISE

    Ecrivez donc.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Le puis-je? Ma vue se trouble…Une sueur froide…O mon Dieu! mon
    Dieu! je te remercie, je vais mourir. (Elle s'évanouit)

    LE DUC DE GUISE

    Eh! non, madame.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Qu'exigez-vous de moi?

    LE DUC DE GUISE

    Que vous m'obéissiez.

    LA DUCHESSE DE GUISE, accablée

    Oui! oui! j'obéis. Mon Dieu! tu le sais, j'ai bravé la mort…la
    douleur seule m'a vaincue…elle a été au delà de mes forces. Tu
    l'as permis, ô mon Dieu! le reste est entre tes mains.

    LE DUC DE GUISE, dictant

    «L'appartement de madame la duchesse de Guise est au deuxième étage,
    et cette clef en ouvre la porte.» L'adresse maintenant. (Pendant
    qu'il plie la lettre, madame de Guise relève sa manche, et l'on voit
    sur son bras des traces bleuâtres)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Que dirait la noblesse de France, si elle savait que le duc de Guise
    a meurtri un bras de femme avec un gantelet de chevalier?

    LE DUC DE GUISE

    Le duc de Guise en rendra raison à quiconque viendra la lui demander.
    Achevez: «A Monsieur le comte de Saint-Mégrin.»

    LA DUCHESSE DE GUISE

    C'était donc bien à lui?

    LE DUC DE GUISE

    Ne l'aviez-vous pas deviné?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Monsieur le duc, ma conscience me permettait d'en douter, du moins.

    LE DUC DE GUISE

    Assez, assez. Appelez un de vos pages, et remettez-lui cette lettre
    (allant à la porte du salon et ôtant la clef) et cette clef.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ah! monsieur de Guise! puisse-t-on avoir plus pitié de vous que vous
    n'avez eu pitié de moi!

    LE DUC DE GUISE

    Appelez un page.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Aucun n'est là…

    LE DUC DE GUISE

    Arthur, votre page favori, ne doit pas être loin; appelez-le, je vous
    l'ordonne! appelez-le!…Mais, auparavant, madame, faites bien
    attention que je suis là, derrière cette portière…Un seul signe, un
    seul mot, cet enfant est mort…et c'est vous qui l'aurez tué…(Il
    siffle) Songez-y, madame…

    LA DUCHESSE, appelant

    Arthur!

    SCENE VI

    LES MEMES, ARTHUR

    ARTHUR

    Me voilà, madame, Dieu!…grand Dieu! que vous êtes pâle!…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Moi, pâle? Non, non…tu te trompes…(Lui tendant la lettre et la
    retirant) Ce n'est rien…Eloigne-toi, Arthur, éloigne-toi…

    ARTHUR

    Moi, vous quitter, quand vous souffrez!…Voulez-vous que j'appelle
    vos femmes?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Garde-t'en bien, Arthur!…Prends cette lettre,…cette clef,…et
    va-t'en…Pars!…pars!…

    ARTHUR, lisant

    «A Monsieur le comte de Saint-Mégrin…» Oh! qu'il sera heureux,
    madame!…Je cours… (Il sort)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Heureux?…Oh! non…non, reviens!…reviens, Arthur!…Arthur!…

    LE DUC DE GUISE, lui mettant la main sur la bouche

    Silence, madame!

    LA DUCHESSE DE GUISE, tombant dans ses bras

    Ah!…

    LE DUC DE GUISE, l'emportant dans le salon, et refermant la porte
    avec une double clef

    Et, maintenant, que cette porte ne se rouvre plus que pour lui!

    ACTE QUATRIEME

    Même décoration qu'au deuxième acte

    SCENE PREMIERE

    ARTHUR, puis SAINT-MEGRIN

    ARTHUR

    Dans la salle du conseil, l'appartement de M. de Saint-Mégrin, à
    gauche… (Saint-Mégrin sort de son appartement) Pour vous, comte.

    SAINT-MEGRIN

    Cette lettre et cette clef sont pour moi, dis-tu? Oui… «A Monsieur
    le comte de Saint-Mégrin.» De qui les tiens-tu?

    ARTHUR

    Quoique vous ne les attendissiez de personne, ne pouviez-vous les
    espérer de quelqu'un?

    SAINT-MEGRIN

    De quelqu'un?…Comment?…Et qui es-tu, toi-même?

    ARTHUR

    Etes-vous si ignorant en blason, comte, que vous ne puissiez
    reconnaître les armes réunies de deux maisons souveraines?…

    SAINT-MEGRIN

    La duchesse de Guise!… (Lui mettant la main sur la bouche)
    Tais-toi!…Je sais tout… (Il lit) Elle-même t'a remis cette
    lettre?…

    ARTHUR

    Elle-même.

    SAINT-MEGRIN

    Elle-même!…Jeune homme, ne cherche pas à m'abuser!…Je ne connais
    pas son écriture…Avoue-le-moi, tu as voulu me tromper…

    ARTHUR

    Moi, vous tromper?…Ah!…

    SAINT-MEGRIN

    Où t'a-t-elle remis cette lettre?

    ARTHUR

    Dans son oratoire.

    SAINT-MEGRIN

    Elle était seule?

    ARTHUR

    Seule.

    SAINT-MEGRIN

    Et que paraissait-elle éprouver?

    ARTHUR

    Je ne sais, mais elle était pâle, et tremblante.

    SAINT-MEGRIN

    Dans son oratoire! seule, pâle et tremblante!…Tout cela devait
    être, et cependant j'étais si loin de m'attendre…Non, c'est
    impossible. (Il relit) «Plusieurs membres de la Sainte-Union se
    rassemblent cette nuit à l'Hôtel de Guise; les portes en resteront
    ouvertes jusqu'à une heure du matin. A l'aide d'un déguisement de
    ligueur, vous pouvez passer sans être aperçu. L'appartement de
    madame la duchesse de Guise est au deuxième étage, et cette clef en
    ouvre la porte. –A Monsieur le comte de Saint-Mégrin.» C'est bien
    à moi…pour moi; ce n'est point un songe,…ma tête ne s'égare
    pas…Cette clef,…ce papier,…ces lignes tracées, tout est
    réel!…il n'y a point là d'illusion… (Il porte la lettre à ses
    lèvres) Je suis aimé!…aimé!…

    ARTHUR

    A votre tour, comte, silence!…

    SAINT-MEGRIN

    Oui, tu as raison, silence! et à toi aussi, jeune homme, silence!…
    Sois muet comme la tombe…Oublie ce que tu as fait, ce que tu as vu,
    ne te rappelle plus mon nom, ne te rappelle plus celui de ta
    maîtresse. Elle a montré de la prudence en te chargeant de ce
    message. Ce n'est point parmi les enfants qu'on doit craindre les
    délateurs.

    ARTHUR

    Et moi, comte, je suis fier d'avoir un secret à nous deux.

    SAINT-MEGRIN

    Oui;…mais un secret terrible; un de ces secrets qui tuent. Ah!
    fais en sorte que ta physionomie ne le trahisse pas, que tes yeux ne
    le révèlent jamais…Tu es jeune: conserve la gaieté et
    l'insouciance de ton âge. S'il arrive que nous nous rencontrions,
    passe sans me connaître, sans m'apercevoir; si tu avais encore dans
    l'avenir quelque chose à m'apprendre, ne l'exprime point par des
    paroles, ne le confie pas au papier; un signe, un regard me dira
    tout…Je devinerai le moindre de tes gestes; je comprendrai ta plus
    secrète pensée. Je ne puis te récompenser du bonheur que je te
    dois…Mais, si jamais tu avais besoin de mon aide ou de mon secours,
    viens à moi, parle…et ce que tu demanderas, tu l'auras, sur mon
    âme, fût-ce mon sang. Sors, sors, maintenant, et garde que personne
    ne te voie…Adieu, adieu!

    ARTHUR, lui pressant la main

    Adieu, comte, adieu!

    SCENE II

    SAINT-MEGRIN, puis GEORGES

    SAINT-MEGRIN

    Va, jeune homme, et que le ciel veille sur toi! Ah! je suis
    aimé!…Mais il est dix heures; j'ai à peine le temps de me procurer
    le costume à l'aide duquel…Georges! Georges! (Son valet entre)
    Il me faut pour ce soir un costume de ligueur; occupe-toi à l'instant
    de te le procurer. Que je le trouve ici quand j'en aurai besoin; va.
    (Georges sort) Mais qui vient ici?…Ah! c'est Côme Ruggieri.

    SCENE III

    SAINT-MEGRIN, RUGGIERI

    SAINT-MEGRIN

    Viens, oh! viens, mon père, que je te remercie. Eh bien, toutes tes
    prédictions se sont réalisées. Je te rends grâce, car je suis
    heureux; oh! oui, oui, plus heureux que tu ne peux le croire…Tu ne
    me réponds pas, tu m'examines!

    RUGGIERI, le conduisant vers la lumière

    Jeune homme, avance avec moi.

    SAINT-MEGRIN

    Oh! que peux-tu lire sur mon front, si ce n'est un avenir d'amour et
    de bonheur?

    RUGGIERI

    La mort, peut-être.

    SAINT-MEGRIN

    Que dites-vous, mon père!…

    RUGGIERI

    La mort!…

    SAINT-MEGRIN, riant

    Ah! mon père, de grâce, laissez-moi vivre jusqu'à demain, c'est tout
    ce que je vous demande.

    RUGGIERI

    Mon fils, souviens-toi de Dugast.

    SAINT-MEGRIN

    Dugast!…Il est vrai que je cours un danger; demain, je me bats avec
    le duc de Guise.

    RUGGIERI

    Demain! à quelle heure?

    SAINT-MEGRIN

    A dix heures.

    RUGGIERI

    Ce n'est pas cela. Si demain, à dix heures, tu vois encore la
    lumière du ciel, compte alors sur des jours longs et heureux.
    (Allant à la fenêtre) Vois-tu cette étoile?

    SAINT-MEGRIN

    Qui brille près d'une autre plus brillante encore?

    RUGGIERI

    Oui; et, à l'occident, distingues-tu ce nuage sombre qui n'est encore
    qu'un point dans l'immensité?

    SAINT-MEGRIN

    Oui; eh bien?…

    RUGGIERI

    Eh bien, dans une heure, cette étoile aura disparu sous ce nuage, et
    cette étoile, c'est la tienne. (Il sort)

    SCENE IV

    SAINT-MEGRIN, puis JOYEUSE

    SAINT-MEGRIN

    Cette étoile, c'est la mienne! Ruggieri, arrête!…Il ne m'entend
    pas; il entre chez la reine mère. Cette étoile, c'est la mienne; et
    ce nuage!…Vive-Dieu! je suis bien insensé de croire aux paroles de
    ce visionnaire…Ces signes ne l'ont jamais trompé, dit-il. Dugast,
    Dugast! et toi aussi, tu volais comme moi à un rendez-vous d'amour,
    lorsque tu es tombé assassiné; et ton sang, en sortant de tes
    vingt-deux blessures, bouillait encore d'espérance et de bonheur.
    Ah! si je dois mourir aussi, mon Dieu! mon Dieu! que je ne meure du
    moins qu'au retour! (Entre Joyeuse)

    JOYEUSE

    Je te cherchais, Saint-Mégrin. Eh bien, que fais-tu là? Est-ce que
    tu lis dans les astres, toi?

    SAINT-MEGRIN

    Moi? Non.

    JOYEUSE

    Je t'avais pris en entrant pour un astrologue. Quoi! encore? Mais
    qu'as-tu donc?

    SAINT-MEGRIN

    Rien, rien: je regarde le ciel.

    JOYEUSE

    Il est superbe! les étoiles étincellent.

    SAINT-MEGRIN, avec mélancolie

    Joyeuse, crois-tu qu'après notre mort, notre âme doive habiter un des
    ces globes brillants, sur lesquels notre vue s'est arrêtée tant de
    fois pendant notre vie?

    JOYEUSE

    Ces pensées ne me sont jamais venues, sur mon âme; elles sont trop
    tristes…Tu connais ma devise: *Hilariter*, joyeusement!…voilà
    pour ce monde…Quant à l'autre, peu m'importe ce qu'il sera, pourvu
    que je m'y trouve bien.

    SAINT-MEGRIN, sans l'écouter

    Crois-tu que, là, nous serons réunis aux personnes que nous avons
    aimées ici-bas?…Dis; crois-tu que l'éternité puisse être le
    bonheur?…

    JOYEUSE

    Vrai-Dieu! tu deviens fou, Saint-Mégrin; quel diable de langage me
    parles-tu là? Arrange-toi de manière que, demain, à pareille heure,
    M. de Guise puisse t'en donner des nouvelles sûres, et ne me demande
    pas cela, à moi. J'ai déjà le cou tout disloqué d'avoir regardé en
    l'air.

    SAINT-MEGRIN

    Tu as raison; oui, je suis un insensé…

    JOYEUSE

    Voici le roi…Voyons, éloigne cet air soucieux. On dirait, sur mon
    âme, que ce duel t'inquiète. Est-ce que tu serais fâché?…

    SAINT-MEGRIN

    Moi, fâché?…Vrai-Dieu! s'il me tue, Joyeuse, ce ne sera pas ma vie
    que je regretterai, ce sera de lui laisser la sienne.

    SCENE V

    LES MEMES, HENRI, D'EPERNON, SAINT-LUC, BUSSY, DU HALDE, Plusieurs
    Pages et Seigneurs; puis CATHERINE DE MEDICIS

    HENRI

    Soyez tranquilles, messieurs, soyez tranquilles: toutes nos mesures
    sont prises. Seigneur de Bussy, nous vous rendons notre amitié, en
    récompense de la manière dont vous avez secondé notre brave sujet le
    comte de Saint-Mégrin.

    BUSSY D'AMBOISE

    Sire!

    HENRI, à SAINT-MEGRIN

    Te voilà, mon digne ami; pourquoi n'es-tu pas venu me voir?
    Messieurs, ma mère assistera à la séance; prévenez-la qu'elle va
    s'ouvrir. Ah! auparavant, sur la première marche, placez un tabouret
    pour M. le comte de Saint-Mégrin. (A Saint-Mégrin) J'ai à te
    parler…Par la mort-Dieu! nous voilà tous rassemblés, messieurs; il
    ne nous manque plus que notre beau cousin de Guise…

    CATHERINE, entrant

    Il ne se fera pas attendre, mon fils; j'ai aperçu ses pages dans
    l'antichambre.

    HENRI

    Ils seront les bienvenus, ma mère. Messieurs, prenez vos places.
    D'Epernon, la tienne est devant cette table; c'est toi qui seras
    notre secrétaire, en l'absence de Morvilliers…

    CATHERINE

    Surtout, sire…

    HENRI

    Soyez tranquille, ma mère, soyez tranquille, vous avez ma parole.

    SCENE VI

    LES MEMES, LE DUC DE GUISE

    HENRI

    Entrez, mon beau cousin, entrez. Nous avions songé d'abord à faire
    dresser, nous-même, l'acte de reconnaissance que nous avions promis;
    mais nous avons pensé, depuis, que celui que M. d'Humières a fait
    signer aux nobles de Péronne et de la Picardie serait ce qu'il y
    aurait de mieux. Quant à celui de nomination du chef, un article au
    bas du premier suffira, et déjà vous avez sans doute quelques idées
    pour sa rédaction?

    LE DUC DE GUISE

    Oui, sire, je m'en suis occupé. J'ai voulu épargner à Votre Majesté
    la peine…l'ennui.

    HENRI

    Vous êtes bien aimable, mon cousin; veuillez donner cet acte à M. le
    baron d'Epernon: lisez-le-nous à haute et intelligible voix, baron.
    Or, écoutez, messieurs.

    D'EPERNON, lisant

    «Association faite entre les princes, seigneurs, gentilshommes et
    autres, tant de l'état écclésiastique que de la noblesse de Picardie.
    Premièrement…»

    HENRI

    Attends, d'Epernon. Messieurs, nous connaissons tous cet acte, dont
    je vous ai montré copie; il est donc inutile de lire les dix-huit
    articles dont il se compose: passez à la fin; et vous, monsieur le
    duc, approchez et dictez vous-même. Réfléchissez qu'il s'agit de
    nommer un chef à une grande association! Il faut donc que ce chef
    ait de grands pouvoirs…Enfin, mon beau cousin, faites comme pour
    vous.

    LE DUC DE GUISE

    Je vous remercie de votre confiance, sire, vous serez content.

    SAINT-MEGRIN

    Que faites-vous, sire?…

    HENRI

    Laisse-moi.

    LE DUC DE GUISE, dictant

    «1º L'homme que Sa Majesté honorera de son choix devra être issu
    d'une maison souveraine, digne de l'amour et de la confiance des
    Français par sa conduite passée et sa foi à la religion catholique.
    2º Le titre de lieutenant général du royaume de France lui sera
    octroyé, et les troupes seront mises à sa disposition. 3º Comme ses
    actions auront pour but le plus grand bien de la cause, il ne devra
    en rendre compte qu'à Dieu et à sa conscience.»

    HENRI

    Très-bien.

    SAINT-MEGRIN

    Bien!…Et vous pouvez approuver de semblables conditions, sire!…
    revêtir un homme d'une pareille puissance!

    HENRI

    Silence!

    JOYEUSE

    Mais, sire…

    HENRI

    Silence, messieurs! nous désirons, entendez-vous, nous désirons
    positivement que, quel que soit le choix que nous allons faire, il
    vous soit agréable. Mon cousin, donnez-leur donc, en bon et loyal
    sujet, un exemple de soumission. Vous êtes le premier de mon royaume
    après moi, mon beau cousin, et dans ce cas surtout, vous êtes
    intéressé à ce qu'on m'obéisse…

    LE DUC DE GUISE

    Sire, je reconnais d'avance pour chef de la Sainte-Union celui que
    vous allez désigner, et je regarderai comme rebelle quiconque osera
    braver ses ordres.

    HENRI

    C'est bien, monsieur le duc. Ecris, d'Epernon. (Se levant devant
    son trône) «Nous, Henri de Valois, par la grâce de Dieu, roi de
    France et de Pologne, approuvons, par le présent acte rédigé par
    notre féal et aimé cousin Henri de Lorraine, duc de Guise,
    l'association connue sous le nom de la Sainte-Union…et, de notre
    autorité, nous nous en déclarons le chef.»

    LE DUC DE GUISE

    Comment!…

    HENRI

    «En foi de quoi, nous l'avons fait revêtir de notre sceau royal
    (descendant du trône et prenant la plume), et l'avons signé de notre
    main. Henri de Valois.» (Passant la plume au duc de Guise) A vous,
    mon cousin; à vous qui êtes le premier du royaume, après moi…Eh
    bien, vous hésitez? Croyez-vous que le nom de Henri de Valois et les
    trois fleurs de lis de France ne figurent pas aussi dignement au bas
    de cet acte que le nom de Henri de Guise et les trois merlettes de
    Lorraine? Par la mort-Dieu! vous vouliez un homme que possédât
    l'amour des Français…Est-ce que nous ne sommes pas aimé, monsieur
    le duc? Répondez d'après votre coeur. Vous vouliez un homme d'une
    haute noblesse; je me crois aussi bon gentilhomme que qui que ce soit
    ici. Signez donc, monsieur le duc, signez; car vous avez dit
    vous-même que quiconque ne signerait pas, serait un rebelle.

    LE DUC DE GUISE, à Catherine à part

    O Catherine, Catherine!

    HENRI, indiquant la place où Guise doit signer

    Là, monsieur le duc, au-dessous de moi.

    JOYEUSE

    Vive-Dieu! je ne m'attendais pas à celle-là. (Tendant la main pour
    prendre la plume) Après vous, monsieur de Guise.

    HENRI

    Oui, messieurs, signez, signez tous. D'Epernon, tu veilleras à ce
    que des copies de cet acte soient envoyées dans toutes les provinces
    de notre royaume.

    D'EPERNON

    Oui, sire.

    SAINT-PAUL, à demi-voix, au duc de Guise

    Nous n'avons pas été heureux, monsieur le duc, dans notre première
    entreprise.

    LE DUC DE GUISE, de même, à Saint-Paul

    La fortune nous doit un dédommagement; la seconde réussira. Mayenne
    est arrivé. Vous prendrez ses ordres.

    HENRI

    Messieurs, nous vous demandons bien pardon de cette longue séance;
    cela n'a pas été tout à fait aussi amusant qu'un bal masqué; mais
    prenez-vous-en à notre beau cousin de Guise; c'est lui qui nous y a
    forcé. Adieu, monsieur le duc, adieu. Veillez toujours sur les
    besoins de l'Etat, en bon et fidèle sujet, comme vous venez de le
    faire, et n'oubliez pas que quiconque n'obéira pas au chef que j'ai
    nommé sera déclaré coupable de haute trahison. Sur ce, je vous
    abandonne à la garde de Dieu, messieurs. Reste, Saint-Mégrin…
    Etes-vous contente de moi, ma mère?

    CATHERINE

    Oui, mon fils; mais n'oubliez pas que c'est moi…

    HENRI

    Non, non, ma mère; d'ailleurs, vous vous chargeriez de m'en faire
    souvenir,…n'est-ce pas?

    SAINT-MEGRIN, à part

    Elle m'attend, et le roi m'a dit de rester. (Tous sortent sauf Henri
    et Saint-Mégrin)

    SCENE VII

    HENRI, SAINT-MEGRIN

    HENRI

    Eh bien, Saint-Mégrin, j'ai profité, je l'espère, de tes conseils;
    j'ai détrôné mon cousin de Guise, et me voilà roi des ligueurs, à sa
    place.

    SAINT-MEGRIN

    Puissiez-vous ne pas vous en repentir, sire! mais cette idée n'est
    pas de vous. J'y ai reconnu…

    HENRI

    Eh bien, quoi?…Parle…

    SAINT-MEGRIN

    La politique cauteleuse de votre mère…Elle croit avoir tout gagné,
    lorsqu'elle a gagné du temps. Je me doutais qu'elle machinait
    quelque chose contre le duc de Guise…Je l'avais entendue, en lui
    parlant, l'appeler son ami. Quant à vous, sire, c'est à regret que
    je vous ai vu signer cet acte. Vous étiez roi, vous n'êtes plus
    qu'un chef de parti.

    HENRI

    Et que fallait-il donc faire?

    SAINT-MEGRIN

    Repousser la politique florentine, et agir franchement.

    HENRI

    De quelle manière?

    SAINT-MEGRIN

    En roi…Vive-Dieu! les preuves de la rebellion de M. le duc de Guise
    ne vous auraient pas manqué.

    HENRI

    Je les avais.

    SAINT-MEGRIN

    Il fallait donc vous en servir et le faire juger.

    HENRI

    Les parlements sont pour lui.

    SAINT-MEGRIN

    Il fallait imposer aux parlements la puissance de votre volonté. La
    Bastille a de bonnes murailles, de larges fossés, un gouverneur
    fidèle; et M. de Guise, en s'y rendant, n'aurait eu qu'à suivre les
    traces des maréchaux de Montmorency et de Cossé.

    HENRI

    Mon ami, il n'y a pas de murailles assez solides pour enfermer un tel
    prisonnier…Je ne connais qu'un cercueil de plomb et un tombeau de
    marbre qui puissent m'en répondre…Mets-le seulement en état d'y
    entrer, Saint-Mégrin,…et je me charge de faire fondre l'un et
    d'élever l'autre.

    SAINT-MEGRIN

    Et, cela étant, sire, il sera puni, il est vrai, mais non pas comme
    il l'aura mérité.

    HENRI

    Peu m'importe la différence des moyens, quand le résultat est le
    même…J'espère, Saint-Mégrin, que tu n'as rien négligé pour te
    préparer à ce combat.

    SAINT-MEGRIN

    Non sire; mais je n'ai pas encore eu le temps d'accomplir mes devoirs
    religieux.

    HENRI

    Comment, tu n'en as pas eu le temps?…As-tu donc oublié le duel de
    Jarnac et de la Chataigneraie?…Il avait été fixé à quinze jours de
    celui du défi…Eh bien, ces quinze jours, Jarnac les a passés en
    prières, tandis que Chataigneraie courait de plaisirs en plaisirs,
    sans penser autrement à Dieu…Aussi, Dieu l'a puni, Saint-Mégrin.

    SAINT-MEGRIN

    Sire, mon intention est d'accomplir tous mes devoirs de chrétien;
    mais, auparavant, il en est d'autres qui m'appellent…Permettez…

    HENRI

    Comment, d'autres?

    SAINT-MEGRIN

    Sire, ma vie est entre les mains de Dieu…et, s'il a décide ma mort,
    sa volonté soit faite!

    HENRI

    Eh!…que dites-vous là…Votre existence vous appartient-elle,
    monsieur, pour en faire si peu de cas?…Non, par la mort-Dieu! elle
    est à nous qui sommes votre roi et votre ami. Quand il s'agira de
    vos affaires, vous vous laisserez tuer, si tel est votre bon plaisir;
    mais, quand il s'agira des nôtres, monsieur le comte, nous vous
    prions d'y regarder à deux fois.

    SAINT-MEGRIN

    Vrai-Dieu! sire, je ferai de mon mieux; soyez tranquille.

    HENRI

    Tu feras de ton mieux?…Ce n'est point assez: fais-lui jurer qu'il
    n'a ni plastron, ni talisman, ni armes cachées; et, quand il l'aura
    fait, alors rappelle toute ta force, tout ton courage; pousse
    vivement à lui.

    SAINT-MEGRIN

    Oui, sire.

    HENRI

    Une fois délivré de lui, vois-tu, nous ne sommes plus deux en France,
    je suis vraiment roi,…vraiment libre…Ma mère va être fière du
    conseil qu'elle m'a donné; car, tu avais raison, il vient d'elle, et
    il faudra que je le paye en obéissance…

    SAINT-MEGRIN

    Sire, Dieu et mon épée me seront en aide.

    HENRI

    Ton épée, je veux en juger par moi-même… (Il appelle) Du Halde!
    apporte des épeés émoussées.

    SAINT-MEGRIN

    Sire, est-ce à une pareille heure, quand Votre Majesté doit avoir
    besoin de repos?…

    HENRI

    Du repos!…du repos!…Ils sont tous à me parler de repos!…
    Crois-tu qu'il dorme, lui?…ou, s'il dort, que rêve-t-il? Qu'il
    commande insolemment sur le trône de France, et que moi…moi, son
    roi…je prie humblement dans un cloître…Un roi ne dort pas,
    Saint-Mégrin. (Appelant) Du Halde! donne-nous ces épées.

    SAINT-MEGRIN

    L'heure s'envole; elle m'attend. (Haut) Sire, il m'est impossible;
    vous m'avez rappelé des devoirs sacrés, il faut que je les
    accomplisse.

    HENRI

    Eh bien, écoute, demain… (L'heure sonne) Attends, c'est minuit je
    crois?

    SAINT-MEGRIN

    Oui, sire, c'est minuit.

    HENRI

    Chaque fois que sonne cette heure, je prie Dieu de bénir le jour où
    je vais entrer…Il faut que je te quitte; mais viens me trouver
    demain avant le combat. Du Halde, porte ces épées dans ma chambre.

    SAINT-MEGRIN

    J'irai, sire, j'irai.

    HENRI

    Bien, je compte sur toi.

    SAINT-MEGRIN

    Maintenant, je puis me retirer. Votre Majesté est satisfaite.

    HENRI

    Oui, le roi est si content, que l'ami veut faire quelque chose pour
    toi…Tiens, voici un talisman sur lequel Ruggieri a prononcé des
    charmes; celui qui le porte ne peut mourir, ni par le fer, ni par le
    feu. Je te le prête; tu me le rendras, au moins, après le combat?

    SAINT-MEGRIN

    Oui, sire…

    HENRI

    Adieu, Saint-Mégrin.

    SAINT-MEGRIN

    Adieu, sire, adieu!… (Le roi sort)

    SCENE VIII

    SAINT-MEGRIN, GEORGES

    SAINT-MEGRIN

    Je suis seul, enfin. (Appelant) Georges!…Ah! te voilà…Mon
    costume…Bien…Aide-moi!…Aide-moi!…

    GEORGES

    Vous allez sortir…Voulez-vous que je fasse venir une chaise à
    porteurs?

    SAINT-MEGRIN

    Non…

    GEORGES

    Le temps est à l'orage.

    SAINT-MEGRIN

    Oui. (Allant à la fenêtre, avec un rire convulsif) Il n'y aura
    bientôt plus une étoile au ciel…

    GEORGES

    Et vous allez sortir à pied?

    SAINT-MEGRIN

    Oui, à pied…

    GEORGES

    Sans armes?…

    SAINT-MEGRIN

    J'ai mon épée et mon poignard, cela suffit…Cependant, donne-moi
    l'épée de Schomberg; elle est plus forte. (A part) Je vais la voir;
    encore un instant et je suis à ses pieds.

    GEORGES

    La voici…Voulez-vous que je vous accompagne?

    SAINT-MEGRIN

    Non. Il faut que je sorte seul.

    GEORGES

    A minuit passé!…que dirait votre mère si elle savait?

    SAINT-MEGRIN

    Ma mère!…oui, oui, tu as raison…L'orage s'étend…Ma pauvre
    mère!…je voudrais bien la revoir,…ne fût-ce qu'un instant.
    Ecoute: tu lui donneras cette chaîne (coupant une boucle de ses
    cheveux avec son poignard), ces cheveux, demain, si tu ne me vois
    pas, entends-tu?

    GEORGES

    Et pourquoi, pourquoi?…

    SAINT-MEGRIN

    Tu ne sais pas, tu ne sais pas…Donne-moi mon manteau…

    GEORGES

    Mon maître,…mon jeune maître,…ne sortez pas, au nom du ciel!…la
    nuit sera terrible.

    SAINT-MEGRIN

    Oui, peut-être terrible… (A part) n'importe, il le faut, elle
    m'attend; j'ai tardé beaucoup…Malédiction! s'il était trop tard…

    GEORGES

    Au nom du ciel, laissez-moi vous suivre.

    SAINT-MEGRIN, avec colère

    Reste, je te l'ordonne.

    GEORGES

    Mon maître!

    SAINT-MEGRIN, lui tendant la main

    Non! embrasse-moi…Adieu…N'oublie pas ma mère.

    ACTE CINQUIEME

    Le salon dans lequel la duchesse de Guise est enfermée

    SCENE PREMIERE

    LA DUCHESSE DE GUISE, seule

    (Elle a encore sur la tête les fleurs dont elle était parée au
    troisième acte; elle écoute sonner l'heure)

    Minuit et demi…Avec quelle lenteur l'heure se traîne…Oh! s'il
    pouvait m'aimer assez peu pour ne pas venir…Jusqu'à une heure du
    matin, les portes de l'hôtel resteront ouvertes; déjà j'y ai vu
    entrer les ligueurs qui doivent s'y réunir. Sans doute, il n'était
    pas avec eux. Encore une demi-heure d'angoisses et de tourments…
    et, depuis deux heures que je suis enfermée dans cette chambre, je
    n'ai fait qu'écouter si je n'entendais point le bruit de ses pas.
    J'ai voulu prier;…prier!… (Ecoutant en se rapprochant de la
    porte) Ah! mon Dieu! Non…non…ce n'est pas encore lui… (Allant
    à la fenêtre) Si cette nuit était moins sombre, je pourrais
    l'apercevoir, et, par quelque signe, peut-être, l'avertir du danger;
    mais nul espoir!…La porte de l'hôtel se referme!…il est sauvé!
    pour cette nuit du moins…Quelque obstacle l'aura arrêté loin de
    moi. Arthur n'aura pu le trouver; et peut-être, demain, sera-t-il
    quelque moyen de lui faire connaître le piège où on voulait
    l'attirer. Oh! oui, j'en trouverai…je… (Ecoutant) J'ai cru
    entendre. (S'approchant de la porte) Des pas, encore! Sont-ce ceux
    de M. de Guise?…Non, non,…On monte; on s'arrête. Ah! on se
    rapproche…On vient! (Avec effroi) N'entrez pas! n'entrez pas!
    fuyez! Fuir, et comment? C'était derrière lui que la porte s'était
    refermée. Ah! mon Dieu! plus d'espoir!

    (La porte s'ouvre; elle recule à mesure que Saint-Mégrin s'avance)

    SCENE II

    LA DUCHESSE DE GUISE, SAINT-MEGRIN

    SAINT-MEGRIN

    Je ne m'étais donc pas trompé; c'était votre voix que j'avais
    entendue; elle m'a guidé!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ma voix! ma voix! elle vous disait de fuir.

    SAINT-MEGRIN

    Que j'étais insensé! je ne pouvais croire à tant de bonheur!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Cette porte est encore ouverte! fuyez, monsieur le comte, fuyez!

    SAINT-MEGRIN

    Ouverte! oui…Imprudent que je suis! (Il la referme)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Monsieur le comte, écoutez-moi!

    SAINT-MEGRIN

    Oh! oui, oui! parle! j'ai besoin de t'entendre, pour croire à ma
    félicité.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Fuyez, fuyez! la mort est là!…des assassins!

    SAINT-MEGRIN

    Que dites-vous! quels sont ces mots de mort et d'assassins?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oh! écoutez-moi,…écoutez-moi…Au nom du ciel! sortez de ce délire
    insensé…Il y va de la vie, vous dis-je! ils vous ont attiré dans un
    piège infernal; ils veulent vous assassiner.

    SAINT-MEGRIN

    M'assassiner! cette lettre n'était donc pas de vous?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Elle était de moi; mais la violence, la torture…Voyez! (Elle lui
    montre son bras) Voyez…

    SAINT-MEGRIN

    Ah!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    C'est moi qui ai écrit ce billet;…mais c'est le duc qui l'a dicté.

    SAINT-MEGRIN, le déchirant

    Le duc! et j'ai pu croire?…Non, non, je ne l'ai pas cru un seul
    instant. Mon Dieu! mon Dieu! mon Dieu! elle ne m'aime pas!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Maintenant que vous savez tout, fuyez, fuyez! je vous l'ai dit, il y
    va de la vie.

    SAINT-MEGRIN

    Elle ne m'aime pas…

    (Il met sa main dans sa poitrine, et la meurtrit)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oh mon Dieu! mon Dieu!

    SAINT-MEGRIN, riant

    C'est ma vie, dites-vous, qu'ils veulent? Eh bien, je vais la leur
    porter, mais sans rien conserver de vous! tenez, voilà ce bouquet,
    que mon existence a failli payer. D'un mot, vous m'avez détaché de
    la vie, comme ces fleurs de leur tige…Adieu! adieu! pour jamais!
    (Il veut rouvrir la porte) Cette porte est renfermée.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    C'est lui! il sait déjà que vous êtes ici.

    SAINT-MEGRIN

    Ah! qu'il vienne! qu'il vienne! Henri! n'auras-tu de courage que
    pour meurtrir les bras d'une femme?…Ah! viens! viens!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ne l'appelez pas! ne l'appelez pas! il doit venir!…

    SAINT-MEGRIN

    Que vous importe? je vous suis indifférent. Ah! la pitié! oui…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Mais, si vous m'aidiez, peut-être pourriez-vous fuir.

    SAINT-MEGRIN

    Moi, fuir! et pourquoi? ma mort et ma vie ne sont-elles pas des
    événements également étrangers dans votre existence?…Fuir! et
    fuirais-je aussi votre indifférence, votre haine peut-être?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Mon indifférence! ma haine! ah! plût au ciel!…

    SAINT-MEGRIN

    Plût au ciel! dis-tu? Un mot, un mot encore, et je t'obéirai
    aveuglement…Dis; ma mort doit-elle être pour toi plus affreuse que
    l'assassinat d'un homme?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Grand Dieu! il le demande…Oh! oui, oui.

    SAINT-MEGRIN

    Tu ne me trompes pas! je te rends grâce! Tu parlais de fuir! de
    moyens! Quels sont-ils? Fuir, moi, fuir devant le duc de Guise?…
    Jamais!…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ce n'est pas devant le duc de Guise que vous fuiriez, c'est devant
    des assassins. Retenu dans une autre partie de l'hôtel, par cette
    réunion de ligueurs, il a voulu s'assurer qu'une fois ici, vous ne
    sauriez lui échapper. Si nous pouvions seulement fermer cette porte,
    nous aurions encore quelques instants; mais la barre en a été
    enlevée; une seconde clef est entre ses mains (cherchant), et
    l'autre…

    SAINT-MEGRIN

    N'est-ce que cela? Attendez. (Il brise la pointe de son poignard
    dans la serrure) Maintenant, cette porte ne s'ouvrira plus qu'on ne
    l'enfonce.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Bien! bien! cherchons un moyen, une issue…Mes idées se heurtent! ma
    tête se brise!…

    SAINT-MEGRIN, s'élançant vers la fenêtre

    Cette fenêtre…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Gardez-vous-en bien! vous vous tueriez!

    SAINT-MEGRIN

    Me tuer sans vengeance! Vous avez raison; je les attendrai.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    O mon Dieu! mon Dieu! secourez-nous! Oh! toutes les mesures de
    vengeance ne sont que trop bien prises…Et c'est moi, moi qui n'ai
    pas pu souffrir… (Tombant à genoux) Comte, au nom du ciel! votre
    pardon (se relevant), ou plutôt, non, non, ne me pardonnez pas…et,
    si vous mourez, je mourrai avec vous. (Elle tombe dans un fauteuil)

    SAINT-MEGRIN, à ses pieds

    Eh bien, rends-moi donc la mort plus douce. Dis, dis-moi que tu
    m'aimes…C'est un pied dans la tombe que je t'en conjure. Je ne
    suis plus pour toi qu'un mourant. Les préjugés du monde
    disparaissent, les liens de la société se brisent devant l'agonie.
    Entoure mes derniers moments des félicités du ciel…Ah! dis, dis-moi
    que je suis aimé.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Eh bien, oui, je vous aime! et depuis longtemps. Que de combats je
    me suis livrés pour fuir vos yeux, pour m'éloigner de votre voix!
    Vos regards, vos paroles me poursuivaient partout. Non! pour nous,
    la société n'a plus de liens, le monde n'a plus de préjugés…
    Ecoute-moi donc: oui, oui, je t'aime…Ici, dans cette même chambre,
    que de fois j'ai fui un monde que ton absence dépeuplait pour moi!
    que de fois je suis venue m'isoler avec mon amour et mes pleurs! Et,
    alors, je revoyais tes yeux, j'entendais encore tes paroles, et je te
    répondais. Eh bien, ces moments, ils ont été les plus doux de ma
    vie.

    SAINT-MEGRIN

    Oh! assez! assez! tu ne veux donc pas que je puisse mourir?…
    Malédiction!…Là, toutes les félicités de la terre, et là, la mort,
    l'enfer…Oh! tais-toi, ne me dis plus que tu m'aimes…Avec ta
    haine, j'aurais bravé leurs poignards; et, maintenant, ah! je crois
    que j'ai peur! Tais-toi! tais-toi!

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Saint-Mégrin, oh! ne me maudis pas.

    SAINT-MEGRIN

    Si, si, je te maudis, pour ton amour qui me fait entrevoir le ciel et
    mourir!…mourir, jeune, aimé de toi! Est-ce que je puis mourir?…
    Non, non; redis-moi que tout cela n'était qu'illusion et mensonge!

    (On entend du bruit)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ecoutez!…Ah! ce sont eux!

    SAINT-MEGRIN

    Ce sont eux. (Tirant son épée et s'appuyant dessus avec calme)
    Eloigne-toi; tu m'as vu faible, insensé; en face de la mort, je
    redeviens un homme…Eloigne-toi!

    LA DUCHESSE DE GUISE, après un moment de réflexion

    Saint-Mégrin! écoutez,…écoutez. Cette fenêtre, oui, oui! je m'en
    souviens…Il y a un balcon au premier étage; si vous l'atteignez une
    fois,…une ceinture,…une corde; vous pouvez descendre jusque-là,
    et alors vous êtes sauvé. (Cherchant) Mon Dieu! rien, rien.

    SAINT-MEGRIN

    Calme-toi! calme-toi! (Allant à la fenêtre) Si je pouvais seulement
    distinguer ce balcon!…mais rien qu'un gouffre.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ecoute…On entend du bruit dans la rue. (Se précipitant vers la
    fenêtre) Qui que vous soyez, au secours! au secours!

    SAINT-MEGRIN, l'arrachant de la fenêtre

    Que fais-tu? veux-tu les avertir? (Un paquet de cordes tombe dans la
    chambre) Qu'est cela?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ah! vous êtes sauvé! (Elle prend la corde) D'où cela vient-il? Un
    billet. (Elle lit) «Quelques mots que j'ai entendus m'ont tout
    appris. Je n'ai que ce moyen de vous sauver et je l'emploie.
    ARTHUR.» Arthur! O cher enfant! (A Saint-Mégrin) C'est Arthur;
    fuyez, fuyez vite!

    SAINT-MEGRIN, attachant la corde

    En aurai-je le temps? Cette porte (on l'agite violemment), cette
    porte…

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Attendez.

    (Elle passe son bras entre les deux anneaux de fer)

    SAINT-MEGRIN

    Ah! Dieu! que faites-vous?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Laisse! Laisse! c'est le bras qu'il a déjà meurtri.

    SAINT-MEGRIN

    J'aime mieux mourir.

    LE DUC DE GUISE, ébranlant la porte

    Ouvrez, madame, ouvrez.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Fuyez, fuyez! En fuyant, vous sauvez ma vie; si vous restez, je jure
    de mourir avec vous, et je mourrai déshonorée…Fuyez, fuyez!

    SAINT-MEGRIN

    Tu m'aimeras toujours?

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Oui, oui.

    LE DUC DE GUISE, en dehors

    Des leviers, des haches,…que j'enfonce cette porte.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Pars donc! oui…oui…adieu!

    SAINT-MEGRIN

    Adieu!…Vengeance!

    (Il met son épée entre ses dents et descend par la fenêtre)

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Mon Dieu! mon Dieu! je te remercie, il est sauvé. (Un moment de
    silence; puis tout à coup des cris, un cliquetis d'armes) Ah! (Elle
    quitte la porte, court à la fenêtre) Arthur! Saint-Mégrin!

    (Elle pousse un second cri, et revient tomber au milieu de la scène)

    SCENE III

    LA DUCHESSE DE GUISE, presque évanouie; LE DUC DE GUISE, suivi de
    SAINT-PAUL, et de PLUSIEURS HOMMES

    LE DUC DE GUISE, après un coup d'oeil rapide

    Il sera descendu par cette fenêtre…Mais Mayenne était dans la rue
    avec vingt hommes, et le bruit des armes…Va, Saint-Paul; vous,
    suivez-le. Va, et tu me diras si tout est fini. (Heurtant du pied la
    duchesse) Ah! c'est vous, madame. Eh bien, je vous ai ménagé un
    tête-à-tête.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Monsieur le duc, vous l'avez fait assassiner!

    LE DUC DE GUISE

    Laissez-moi, madame; laissez-moi.

    LA DUCHESSE DE GUISE, à genoux, le prenant à bras-le-corps

    Non, je m'attache à vous.

    LE DUC DE GUISE

    Laissez-moi, vous dis-je!…ou bien, oui, oui. Venez! à la lueur des
    torches, vous pourrez le revoir encore une fois. (Il la traîne
    jusqu'à la fenêtre) Eh bien, Saint-Paul?

    SAINT-PAUL, dans la rue

    Attendez; il n'est pas tombé seul. Ah! ah!

    LE DUC DE GUISE

    Est-ce lui?

    SAINT-PAUL

    Non, c'est le petit page.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Arthur! Ah! pauvre enfant!

    LE DUC DE GUISE

    L'auraient-ils laissé fuir?…Les misérables!…

    LA DUCHESSE DE GUISE, avec espoir

    Oh!…

    SAINT-PAUL

    Le voici.

    LE DUC DE GUISE

    Mort?

    SAINT-PAUL

    Non, couvert de blessures, mais respirant encore.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Il respire! On peut le sauver. Monsieur le duc, au nom du ciel…

    SAINT-PAUL

    Il faut qu'il ait quelque talisman contre le fer et contre le feu…

    LE DUC DE GUISE, jetant par la croisée le mouchoir de la duchesse de
    Guise

    Eh bien, serre-lui la gorge avec ce mouchoir; la mort lui sera plus
    douce; il est aux armes de la duchesse de Guise.

    LA DUCHESSE DE GUISE

    Ah! (Elle tombe)

    LE DUC DE GUISE, après avoir regardé un instant dans la rue

    Bien! et maintenant que nous avons fini avec le valet, occupons-nous
    du maître.

    End of Project Gutenberg's Henri III et sa Cour, by Alexandre Dumas (Père)